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Colectiva en el Archivo Histórico Municipal

A cien años de la Revolución

La Revolución de 2010 (José Luis López Torres / Acrílico sobre tela. 80 X 50 cms. / 2010).

Con el tema A cien años de la Revolución Mexicana, la agrupación Despertares, Arte Colectivo exhibe una muestra que reúne a varios autores en la galería de exposiciones temporales del Archivo Hisórico Municipal y Museo de la Ciudad. La muestra tiene bastantes puntos de interés y, la verdad sea dicha, esta última exposición del año en el archivo histórico municipal viene a confirmar la muy buena fortuna con la que ha corrido el recinto en materia de exposiciones colectivas durante 2010, ya que en general han sido ricas en contenido.
Comienzo este post con un excelente acrílico de José Luis López Torres que figura en la muestra, La Revolución de 2010, que aparece arriba de estas líneas.
Resuelta con el genuino temperamento expresionista que López Torres maneja como pocos autores en la capital michoacana, esta visión algo fantasmal de un rostro encendido y de oscuras cuencas resulta muy demandante para el espectador. Desde la soución gestual, desde los ritmos visuales, desde las tensiones y el modulado juego con la temperatura del color, el autor consigue una dramática imagen en la que no parece faltar nada: el temor, la ira, la exigencia y el caos. Una aparición que de un solo golpe de vista dice mucho de nuestro momento.

El blanco se tiñó de rojo (Emma Michel B. / Óleo y acrílico en tela sobre tablero. 90 X 122 coms / sin fecha).

Desde un tratamiento más académico (en el sentido de que el dibujo se sujeta a cánones de representación realista), Emma Michel propone el óleo El blanco se tiñó de rojo, que reincide en la reflexión acerca de la realidad desde una imagen poderosa en la que las franjas verde, blanca y roja de la bandera nacional han sido dispuestas de una forma distinta, lo bastante libres como para evitar la metáfora simplona, pero lo suficientemente acotadas para que no pierdan su sentido, mientras un personaje de ojos vendados, que a causa de ese rasgo podría ser una metáfora de la justicia, se sostiene la soga de una horca. La zona correspondiente a la franja blanca del lábaro patrio aparece surcada por titulares de noticias que hablan de la violencia y la corrupción en el país. Un buen trabajo expresivo al buscar una imagen que totalice un punto de vista acerca de los tiempos que vivimos.

¿Y tú ya te sacaste la foto? (Carmen Jacobo / Mixta sobre madera. 100 X 80 cms. / 2009)

Otro buen trabajo, que no pierde de vista la mirada crítica, es esta apretada composición de ritmos que han sido cifrados a partir de un tablero en el que predominan fotografías de adelitas revolucionarias. El título (Y tú ¿ya te sacaste la foto?) juega irónicamente con cierta frase publicitaria del Instituto Federal Electoral... ese que mantiene en pie a un sistema de partidos que desde hace unos buenos quince años sirve exactamente para dos cosas, dada la paulatina y constante uniformidad de intereses que ha disuelto las distancias reales, de fondo, que alguna vez distinguió a las diferentes facciones partidistas de la política nacional. Una imagen exigente, que invita a la ciudadanía a dejar de lado las pantuflas y pasar a la acción.

Sin título (Jared Jiménez González / Acrílico y paliacate sobre tela. 61 X 80 cms / 2010)

Pero a la hora del zarpazo irónico, probablemente nadie le gane en esta colectiva a Jared Jiménez y su mixta Sin título, pero a la que no cuesta ningún trabajo darle uno. La imagen, desenfadada y directa, muestra la silueta de la República Mexicana. En el área correspondiente al Golfo de México hay una brújula (probablemente para aquellos que necesitan encontrar un norte), del lado derecho, en el área correspondiente al océano Pacífico, aparece la silueta de un jinete revolucionario y, pendiendo debajo del bastidor del cuadro, hay unos calzones holgados en espera de alguien que tenga el suficiente ánimo y coraje para ponérselos. La obra (que también le guiña el ojo a la bandera nacional al establecer zonas correspondientes a las tres franjas del lábaro) muy bien podría titularse "sin calzones" o establecer cualquier otro juego similar con la imagen de una sociedad que necesita definirse ante las sombras que recorren al país.






Sin título (Colectivo Arte no domestikado / Stencil y sticker sobre madera. 122 X 200 cms / Sin fecha)

Probablemente todos las han visto: son las pegatinas que durante los últimos dos años han ido apareciendo de manera sistemática en diferentes puntos del centro histórico de Morelia e incluso en zonas de la periferia de la ciudad. Viñetas, caricaturas y dibujos que, ya desde cierto desenfado kistch o desde muy combativas soluciones gráficas, interrogan a la realidad, interpelan al transeúnte y reclaman la atención de quien las mira, en ocasiones con demandas muy urgentes. Los trabajos (que son, sólo parcialmente, los que aparecen en las seis fotos arriba de estas líneas) son obra de un colectivo anónimo -y que conservó su anonimato en esta muestra-, el cual participa con una selección de materiales que son una bocanada de aire fresco por su irreverencia y por su puntería crítica en contextos que van de lo nacional a lo local.
Ludismo e inteligencia son sus rasgos definitorios, como se puede apreciar en la selección fotográfica. He aquí una estrategia artística genuinamente popular y que tiene el plus de comprometerse sin caer en el panfleto, gracias a su saludable capacidad de no tomarse en serio (la cual es, paradójica pero inevitablemente, la mejor forma de ser absolutamente seria). Una iniciativa sin desperdicio.

The Frag (Edelberto Díaz Martínez / Óleo sobre tela. 90 X 60 cms / sin fecha)


Porque muchas veces la ceguera no es sólo física, la ceguera nace por la ambición al poder / Luis Alberto Rojas / Acrílico sobre tela. 60 X 40 cms / 2010)

Viva México o los todavía del pueblo (Laura Andrade / Mixta sobre madera. 71 X 60 cms. / 2010

Con un poderoso contraste entre los planos de color que surcan su superficie, acotando un apretado ritmo de trazos cortos y dinámicos, y las líneas que delimitan estáticamente a los tres personajes protagónicos, la mixta Viva México o los todavía del pueblo, de Laura Andrade es otro de los trabajos que interroga críticamente al espectador en torno a la pertinencia y recurrencia de personajes a la vez históricos, icónicos y cotidianos.

Poder (Ana Sofía Serrano / Grafito y pluma de gel.43 X 32 cms / 2009)

¿Libertad? (Jesús Naranjo / Litografía en lámina. 42 X 25 cms. /2010)

Libertad en éxtasis (Daniel Herrejón L. “Arck” / Óleo sobre madera [fragmento]. 180 X 50 / 2010)

Ira (Antonio Sustaita Aranda / Talla en madera de aguacate. 48 X 50 cms / 2010)

Desde los terrenos de la escultura, Antonio Sustaita propone Ira, una talla en madera cuyo tema tiene de nueva cuenta una definida veta social. Rostros vociferantes surcan la superficie de una cruz que se arquea caprichosamente (un poco, quiero inferir, como se distorsionaba el personaje de El grito en el célebre óleo de Edvard Munch). Si esto es realmente así, el homenaje se da la mano con la relectura de una forma muy apropiada, ya que lo que era intimismo dramático en el lienzo del artista noruego aquí adquiere una nota trágica de explícita dimensión social-colectiva. Una talla notable.

¿Quién mató a Pollete? (Jesús Moreno / Acrílico sobre tela. 100 X 80 cms / 2010)

Jesús Moreno (ex integrante de lo que hace más de una década fue el colectivo La Pura Neta), presenta el acrílico ¿Quién mató a Pollete?, que solamente puede acudir al humor grotesco para brindar una caricatura de la ya de por sí caricaturizada realidad nacional de nuestros días. Con un sarcasmo infinito, Moreno deforma las figuras, ventila espectros, exhibe pulsiones. Nada es serio en la tragicomedia nacional.
Desnuda (Pablo Belistáin / Talla en madera. 18 X 12 X ? CMS. 2010).

EN VIDEO / Aspectos de la inauguración
Inauguran la exposición el miércoles 1 de diciembre

Anuncian la colectiva Nodo 2

El Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce, sede de la experiencia, a la que se añaden mesas de trabajo del II Encuentro de Pensamiento y Arte Contemporáneo

Fernando García, María Eugenia Fuentes Lanning y Víctor Jiménez Verduzco durante la conferencia de prensa para dar a conocer algunos perfiles de la segunda edición de la colectiva Nodo.

Instalaciones, videos, fotografías, esculturas y arte sonoro son algunas de las manifestaciones del arte actual que dan cuerpo a Nodo 2, desplazamiento diagonal, muestra colectiva surgida del proyecto promovido por Nodo Laboratorio de Arte que, apoyado por la Secretaría de Cultura y la Escuela Popular de Bellas Artes de la UMSNH, se presentará en la planta alta del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce (MACAZ), a partir de su inauguración, el miércoles 1 de diciembre a las 20:00 horas.
Así se dio a conocer este lunes en una conferencia de prensa en la que participaron la directora del MACAZ, María Eugenia Fuentes Lanning y dos de los impulsores de Nodo, Fernando García y Víctor Jiménez Verduzco (Jiverd).
Serán el grupo Ars Games, de España, Cristina Bustamante, Hernani Villaseñor, Francisco Javier Zúñiga, Brenda Guido Serrano, Denis Alí Rodríguez, Ricardo Zambrano, Adela Goldbard, Jesús Jiménez, Fernando García, Víctor Jiverd, Kissel Bravo, Néstor Jiménez y Noé Barrera, quienes presenten sus obras en esta exhibición, que permanecerá abierta al público hasta el 23 de enero de 2011.
María Eugenia Fuente Lanning, directora del MACAZ, explicó en conferencia de prensa que Nodo 2, desplazamiento diagonal tiene, como su antecesora a la colectiva Nodo, Estado periférico que fue exhibida en 2008, tiene la intención de provocar algo en el espectador, de ahí que la Secretaría de Cultura, a través del recinto que ella dirige, se sienta comprometido y convencido en apoyar esta clase de proyectos, cuya propuesta, si bien puede considerarse arriesgada, no pretende agredir ni molestar a quien la observa.
Agregó que de esta manera los curadores de la muestra han sido los artistas visuales y promotores del proyecto Fernando García, Víctor Jiverd y Kissel Bravo, quienes le han dado continuidad al proyecto y, con el objeto de enriquecerlo, también han estructurado el Segundo Encuentro de Pensamiento y Arte Contemporáneo, que se celebrará del 1 al 4 de diciembre con el propósito de analizar el hecho artístico y su impacto social y cultural; la condición del pensamiento hispanoamericano desde las periferias, en el contexto del arte actual, y la revisión de los hechos que rodean a este segundo encuentro.
De esta manera, el MACAZ será punto de encuentros, conexiones y dispositivos que permitan volcarse a otros lugares, desplazados, virtuales, conectados y nómadas. "Una plataforma para acceder y conectarse con las propuestas de los artistas, en lugar de cercar dentro de los límites de una exposición cerrada resultados inamovibles, es decir, un conjunto de procesos artísticos dentro/a través/fuera/simultáneamente/ con el espacio-museo".
En dicha jornada académica y teórica, se contará con la participación del artista visual Jesús Jiménez, así como de Teresa Bordons y Fabián Jiménez Gatto, de la Universidad Autónoma de Querétaro, y de Cristian López Reventós, de la Universitat Autónoma de Barcelona, entre otras personalidades.
Por su parte Fernando García y Víctor Jiverd, explicaron que Nodo 2, desplazamiento diagonal es producto de lo experimentado al interior de Nodo Lab y éste es el momento de mostrar lo realizado por artistas locales, para lo que se cuenta con un eje temático a partir del cual se abordará el arte como un territorio inestable y móvil.
Jiverd explicó que ésta no es una representación del arte michoacano, sino un ejercicio en el que se muestran los resultados, que podrían antojarse como producciones híbridas o mixtas, de un trabajo de experimentación, en aras de abrir un espacio alternativo para el arte.
Agregó que en su opinión, la cultural actual se filtra por diferentes lugares, de manera que se torna imperceptible, y que el arte está presente de manera cotidiana.
La propuesta de este proyecto es mostrar las posibilidades de relocalización del arte dentro y fuera del museo, en diálogo con una realidad actual, en que se acercan los lugares más lejanos y las redes de conexión están cambiando los valores de la presencia, por las virtudes de la accesibilidad.
Al considerar la premisa de que el arte no sólo ocupa un espacio concreto para trabajar sino que se extiende por espacios múltiples y movedizos, en la nueva era de la conectividad donde se rebasan los territorios físicos se abren otras posibilidades en las prácticas artísticas.
Juan Torres en la Galería de Turismo

Fiesta de Muertos en Michoacán






Lo numinoso y lo social
Perteneciente a una tradición figurativa que corresponde al arte moderno mexicano, la obra de Juan Torres se ha caracterizado en sus mejores momentos por su atención a los contenidos místico-profanos que definen a gran parte de las fiestas y fechas del calendario popular y rural mexicano. Esa veta numinosa perdura en esta exposición, pero coexiste con otros intereses.
Buena parte de la obra plástica, por ejemplo, se refiere explícitamente a las conmemoraciones de Los Fieles Difuntos en panteones y hogares de distintas comunidades de Michoacán. Óleos y mixtas como Panteón de Capula, Ofrenda con Cristo, Angelito, Panteón de Tupátaro, Migrantes visitan a sus muertos, Ofrenda, Día de Muertos en la Sierra y, de manera muy significativa, Virgen de la Salud, se aplican a captar el sentido mítico y cosmogónico que subyace al ritual en comunidades lacustres, de la sierra e incluso de la costa de la entidad, pero también incluyen apuntes de naturaleza más sociológica e incluso antropológica al mostrar cómo se modifican los atuendos de ciertos personajes o los materiales para los objetos de culto, de acuerdo a las mareas que impone el dinámico vaivén del permanente oleaje del mestizaje cultural.




Homenaje y legado
Juan Torres estará inaugurando en breve otra exposición individual en Morelia, esta vez con obra reciente, de este mismo año, en el Centro Cultural Universitario, con el tema de la mujer y la Revolución Mexicana. Mientras, Fiesta de Muertos en Michoacán es una aproximación a parte de la obra que ha realizado en los últimos cinco años, la mayoría inédita en Morelia. Obligadamente, no están aquí los mejores títulos de esa producción, ya que buena parte de ella fue vendida a coleccionistas privados durante una exposición en Monterrey. No importa. La exposición es también un homenaje al artista: y merecido, dada no sólo su trayectoria sino el papel que ha jugado como impulsor de nuevos diseños y tratamientos para la alfarería en Capula.
Baste recordar el papel que Torres jugó en el desarrollo de las hoy muy populares Catrinas de barro, inspiradas en la obra gráfica de José Guadalupe Posada, y para las cuales los artesanos de Capula cuentan con una marca colectiva otorgada por el IMPI y la Secretaría de Economía, la cual los protege comercialmente.
Por cierto, al lado de las Catrinas, los capulenses cuentan con otras dos de las más de 30 marcas colectivas Región de Origen que expiden en México las instituciones citadas: una para su alfarería tradicional y otra para su alfarería punteada.

EN VIDEO / Aspectos de la inauguración


La zorra y el burro. Un acrílico correspondiente a la serie Nunca pienses que por burrerías..., en la galería OMO.

Desde que en 1958 el vendedor de camisas Jerónimo Julio Arango Arias (en colaboración con sus hermanos menores Manuel y Plácido) le dio un giro radical a su tienda de ropa para ingresar al negocio de la distribución de alimentos y fundó lo que llegaría a ser la cadena de tiendas Aurrerá (absorbidas desde 1997, en jugosa transacción, por Walmart), el concepto del supermercado ingresó a la vida de los mexicanos, directamente importado del modelo estadunidense.
En cincuenta años el impacto de esa experiencia ha sido enorme. Entre otras cosas, porque ha colaborado activamente a importar los hábitos propios de las sociedades de consumo primermundistas a un país como el nuestro, aún en vías de desarrollo. Esta circunstancia ha acentuado las influencias indeseables del modelo, con su secuela de efectos en los ámbitos de la salud, de los estereotipos sociales y de éxito, así como en la exigente tiranía de las modas.
Y, a fin de cuentas, ¿todo eso por qué? Porque el modelo le da un giro extremo a la lógica de la necesidad. En establecimientos como los supermercados lo primero a lo que se nos condiciona es a dejar de consumir lo que realmente necesitamos para empezar, cada vez más, a necesitar lo que consumimos, que es algo totalmente distinto.
Es debido a este efecto por lo que a los supermercados se les suele llamar Paraísos del consumismo. Y es inevitable. Todo, en esos lugares, está diseñado para que el cliente promedio adquiera más de lo que necesita o de lo que originalmente fue a buscar.
El fenómeno es tan incisivo (por lo cotidiano que resulta y por la complicidad mediática de todas las formas de publicidad que nos bombardean), que termina por reconstruirnos socialmente sobre la idea de que todo es mercancía, puesto que todo es susceptible de ser comprado o vendido… hasta nosotros mismos: nuestra imagen, nuestros talentos, nuestra posición.


Caras y máscaras, lo real y lo fabulesco, coexistiendo en la galería.

De todo esto se ocupa Fábulas del supermercado, una intervención de gran ludismo emprendida por la autora michoacana Verónica Loaiza Servín y en la que echa mano de la fotografía, la pintura y la instalación. La propuesta fue inaugurada además con una actividad performativa el pasado martes 5 de octubre en la galería privada OMO, en el centro histórico de la capital michoacana.

Las fábulas irónicas
Fábulas del supermercado se distribuye en por lo menos cuatro ejes. Uno de ellos consiste en los seis breves apólogos y aforismos (o refranes) concebidos por el arquitecto, grabador, fotógrafo y escritor Edgardo Leija, que giran en torno a temas como el riesgo de la infidelidad; las consecuencias de la gula y, sobre todo, el vértigo, el festejo y la audacia de distintos tipos de exceso.
En Los borregos…, por ejemplo, propone: Los borregos visten de blanco, / la zorra manzana muerde; / si por suculento manjar te ves tentado, / birria segura te vuelven.
En Dos forros… la premisa dicta: Dos forros de amigas yo tenía; / pero por borregas en engorda, / ya nomás me queda la bulimia.
A su vez, en Nunca pienses… la tentación orgiástica deviene perfecto rito de complicidad que reza: Nunca pienses que por burrerías / no querrán salir las zorras; / con tu amigo une tus fuerzas / y tendrán bonita orgía.
Aunque burros…, en fin, sentencia: Aunque burros sean, / uno nunca es suficiente; / dos burros: ¡suena excelente! / aunque te vas a empachar si te pasean.
Por lo que hace a los refranes, hay dos, chispeantes e ingeniosos. El primero aduce: Más vale chivo pasmado / que chivo empacado. El segundo sugiere: A pescado dado, hasta Buda queda congelado.


La primera imagen de la serie fotográfica Nunca pienses que por burrerías..., en la exposición.

El coqueteo kitsch
Ya como construcciones literarias, los textos citados son piezas celebratorias de una ética marcada por la ironía. Por sí mismas, son totalmente juguetonas y el suyo es un jugueteo inteligente: parten del tópico consumista pero terminan elaborando moralejas que manifiestan la ética, los usos y las necesidades de las generaciones jóvenes de nuestro tiempo.
El aspecto lúdico se refuerza con las imágenes. Las series fotográficas emprendidas por Verónica Loaiza y que acompañan a cada texto acentúan los contenidos picarescos, eróticos e incluso grotescos (esa borrega híbrida –a causa de su camisa a rayas, tipo cebra– que desfallece de indigestión al lado de los anaqueles con pan de dulce), siempre desde un humor que se funda en una perspectiva kitsch: las máscaras de fiesta infantil con la que sus protagonistas se transforman en chivas, zorras, ovejas, conejas o burros humanizados. La atención con la que enfatiza los colores chillones (de suyo prototípicos de la estética de supermercado) y la gestualidad deliberadamente estereotipada para ilustrar situaciones.
Así, por ejemplo, una pareja de ovejas celebrando sus nupcias en la sección de frutas y verduras de un supermercado configuran la primera serie, en la que aparece, rampante, la zorra (fabulesca… pero también metafórica), que por un lado ofrece un contraste muy perturbador, ya que representa la agresiva dimensión carnívora ingresando al universo de los pacíficos devoradores de pasto, pero que por otro lado (el del humor) posa bien sexosa con sus prendas entalladas y ofrece su tentadora manzana al ovino consorte, quien afronta el dilema de ceder al placer o responder al deber, y de quien probablemente nunca sabremos bien a bien si consumó su desliz con éxito o si efectivamente acabó convertido en birria (como pide el texto). Lo único cierto es la imagen final y ambigua de esa borrega a solas ante su pastel de bodas, pero cuyo gesto neutro impide determinar si la suya es una soledad triunfante e invicta.
Probablemente la serie más explícita de todas sea, en este sentido, la dedicada a la gula y la bulimia, mientras que una de las más juguetonas es la del aforismo dedicado a la chiva pasmada.
En todas, sin embargo, el kitsch esencial de sus contenidos también contribuye a una operación extra: la de mostrarnos un consumo compulsivo en el que nuestras identidades se reducen a un mundo de apariencias.


De la serie alusiva a la gula Dos forros de amigas yo tenía...

Un paso más se registra en los acrílicos sobre tela que acompañan a las series fotográficas y que Verónica resuelve, en términos técnicos, con una eficaz sabiduría plástica: ha omitido por completo todo trazo. No hay una sola línea que defina contenidos en sus lienzos; en cambio, ha cifrado formas y figuras exclusivamente a partir de los planos de color.
Más allá de este acierto (que cumple objetivos a la vez sintéticos y expresivos), en lienzos como Nunca pienses que por burrerías… las obras acentúan traviesas trasgresiones a la moral en uso al presentarnos a esa pareja perfecta (zorra con burro), cuyo subtexto es toda una provocación.

Una selva con otro nombre
Pero Fábulas del supermercado es también una instalación que consiste en un conjunto de víveres propios de supermercado que han sido intervenidos para ser transformados, ellos mismos, en enseres-zoo, en artículos-fauna. Los distintos anaqueles establecidos en la galería OMO alojan cartones de puré de tomate La Costeña, pero con carátulas de sonrientes burritos; empaques plásticos de pasta para sopa y cajitas de galletas Nabisco con rostros conejiles o paquetes tamaño familiar de saladitas Gamesa con compulsivas borreguitas consumidoras de donas; cereales zorriles; chiveños envases de jugo de naranja; latas de sardinas con conejitas de kimono y pescados crudos; latas de chiles jalapeños con inevitable impronta de borricos.
La característica caótica, salvaje, de instinto en bruto, propia del mundo natural, detona aquí (aunque, no se olvide, sin perder su encanto kitsch) a partir de una de las más refinadas invenciones de nuestra civilización: el establecimiento de autoservicio. He aquí una selva con otro nombre (diría Óscar Wilde), en medio de la cual se disuelve cualquier disimulo y emerge, entre otras, la idea de la omnipresente cadena alimenticia y la lucha por la supervivencia de la que cada cual es protagonista. No hay sino comer o ser comido.
Así de cruel.
Así de elemental.
Así de civilizado.


Algunos de los víveres intervenidos que figuran en la ambientación.

Vista parcial del proverbial tomógrafo que es sello de OMO.

Animales en acción
Aforismos y fábulas breves; secuencias fotográficas; lienzos al acrílico; objetos intervenidos (una manzana real incluida, por cierto). La bien problematizada interacción de estos cuatro contenidos y sus discursos bastan para proponer una rica gama de lecturas en torno a Fábulas del supermercado.
Para redondear el pastel, la noche inaugural, con la colaboración de bailarines, casi todos del colectivo La Serpiente, hubo un performance en el que chivitas, borreguitas y (esta vez) una zorra y una coneja travestis, interactuaron con el público desde diferentes temas y mixturas.
Todas las intervenciones tuvieron su cuota perturbadora, aunque muy probablemente –o, en todo caso, a nivel personal–, la más subversiva de todas fue la de esa coneja enfundada en su kimono azul que, cual Cronos o Medea, se estuvo ocupando de pasear a sus pequeños conejitos en un carrito de supermercado para, posteriormente, irlos descabezando y ofrecerlos entre la concurrencia, ya bocadillos de sushi, ya paráfrasis de hostia tinta en vino.


De la serie Los borregos visten de blanco, la zorra manzana muerde..., otra de las secuencias fotográficas que integran la exposición

EN VIDEO / Aspectos y entrevista


Distintos aspectos de Fábulas del supermercado durante la inauguración y entrevista con la autora.

Danae (Héctor Falcón, 2008). Lágrimas solidificadas bañadas en oro, de la serie Golden tears. Uno de los trabajos que participan de la colectiva Canción de amor, que se inaugura el viernes a las 18:30 horas en Pátzcuaro, en el ex Colegio Jesuita.

Libremente inspiradas por Fragmentos de un discurso amoroso (Barthes, ’77) y con un conjunto de obras que recorre generosamente el espectro del arte visual contemporáneo (de la instalación a la estampa, del arte digital a la pintura, del grabado al arte objeto y de la escultura al videoarte), Erandi Ávalos y Lucía Cavalchini se han entregado a la tarea de reunir a 23 artistas que participan en la colectiva Canción de amor, fragmentos visuales sobre el imaginario amoroso.
La exposición se inaugura el viernes 25 de junio en el Ex Colegio Jesuita de la ciudad de Pátzcuaro a partir de las 18:30 horas.

Pasión, polifonía y colaboración
Concebida como “una polifonía visual sobre el amar” y como “un retrato colectivo del estado actual del discurso amoroso y sus ramificaciones”, la colectiva Love song / Canción de amor se ha preocupado no solamente por congregar a artistas que pertenecen a distintas prosapias, trayectorias y generaciones, sino también por reunir una variedad de soportes, plataformas, técnicas, estilos y formatos que casi agotan las posibilidades expresivas del arte contemporáneo actual.
Esta prolijidad se extiende a una serie de actividades derivadas de la colectiva, entre ellas el concierto de inauguración, así como un ciclo de cine que ofrecerá funciones durante las cuatro semanas que durará abierta la muestra. Al abanico se añade la propia página web de la colectiva (el blog
lovesong2010.wordpress.com), donde los usuarios y visitantes pueden interactuar con algunos contenidos de la exposición y participar en secciones que operan como foros.
En el propio blog, un texto firmado por Cavalchini y Ávalos puntualiza que la idea de la exposición Canción de amor se inspira en el célebre texto de Roland Barthes, quien “construye un retrato colectivo, en la medida en que todos somos sujetos amorosos, y fragmentario, en el sentido en que el libro se estructura a través de palabras-imágenes que pertenecen al léxico amoroso, que es un espejo del estado del amor y su lenguaje”.
Luego de la inauguración de esta colectiva, la intención de las curadoras es dejar el proyecto abierto y promover su itinerancia, tanto en la república como en el extranjero, en el transcurso del 2010 y 2011.

She is in love (María García-Ibáñez, 2006 / 07). Escena 7 de la serie Cuentos Polacos. Acrílico sobre tela de sábana. 170x140 cms.

Perfil y expositores
La exposición que abre este fin de semana en Pátzcuaro aspira a convertirse en una de las exhibiciones más importantes de arte contemporáneo de los últimos tiempos en Michoacán y hay que decir que tal ambición no es ningún “castillo en el aire”, si se toma en cuenta el perfil de los expositores invitados. Los contenidos de la muestra incluyen obra de autores como Sarah Minter, Felipe Ehrenberg, Fernando Llanos, Héctor Falcón, Omar Torres, Bruno Bresani, María Ibañez, Chiara Trivelli, Félix Fernández, Juan Perno, Miho Hagino y José Luis Bongore, cada uno de los cuales se ha forjado una trayectoria sólida en la escena nacional e internacional.
A los anteriores se suman autores que radican en Michoacán y que, a semejanza del grupo anterior, tienen los intereses y caminos más variopintos, pero siempre desde un denominador de calidad que los respalda sólidamente. Entre algunos de estos autores se encuentran Enrique Luft Pavlata, Laura de Montanaro, Eduardo Bautista, Mina Romero, René Serrano, Leonardo Flores y Kali Ferreyra.

Amor desde un contexto cultural
En entrevista con Poliedro, Lucía Cavalchini ofrece algunos pincelazos a la génesis del proyecto y a sus alcances. Dice:
“La colectiva se nos ocurrió a las dos, a Erandi y a mí, hace más de un año mientras viajábamos a bordo de un auto, por los días en que montábamos una exposición aquí en Morelia. Fue entonces cuando nos planteamos la posibilidad de hablar de amor en un contexto cultural, porque el del amor es un tema hacia el que el arte contemporáneo guarda cierta distancia aunque a mí me parece un tema útil, bello y que nos identifica como seres humanos, como sujetos. Es un tema del que también dependen todas nuestras relaciones interpersonales: políticas, existenciales, sociales, éticas… Es decir, la idea de la exposición nunca ha sido la de sólo hablar del amor en un contexto abstracto o de pajaritos y maripositas, sino de hacerlo desde el ámbito de las vivencias de cada quien”.
Puntualizó que al comienzo la colectiva fue solamente una idea, “pero gracias a la beca de la Secretaría de Cultura de Michoacán (un apoyo del programa de coinversiones del Secrea) dispusimos de un presupuesto para realizar la exposición y a partir de entonces comenzamos a hacer el trabajo curatorial”.
Confesaría asimismo que “El amor es un tema tan grande y tan universal que nos asustó un poco la idea de acercarnos a esto, pero por otro lado pensamos: vamos a enfocarnos a lo que es el amor-pasión: el erotismo, la relación de pareja”.

Pornosotros (Fernando Llanos, 2010). Videomuro con corazón dibujado sobre 91 portadas originales de películas porno en formato VHS, 200x200 cms., otro de los trabajos que figuran en la colectiva.

Una experiencia lúdica
A su vez, Erandi Ávalos señala que la experiencia de organizar y preparar esta colectiva fue muy lúdica “porque estamos hablando del amor en la modalidad de la pasión. Y nos dimos cuenta de que eso te lleva a caminos infinitos. Cada artista aportó trabajos propios. Algunas de las piezas que verán en la exposición fueron realizadas ex profeso, otras las hallamos cazando por ahí. Lo importante es que hay obra de muchos tonos, algunos bastante oscuros, porque finalmente el amor también los tiene así, y otras muy luminosas”.
El hecho es que el ludismo se extendió no sólo al proceso de curaduría, sino a la misma conformación del guión museográfico.
“Ha sido preciso jugar con algunas de las piezas y obras, en función de las posibilidades del espacio. Kali ferreyra, por ejemplo, readaptó el discurso de lo que va a presentar y que forma parte de su proyecto Ailovyiu. En otros casos, como el de Héctor Falcón, las piezas de su serie Golden Tears llegaron mientras se iba construyendo el discurso, de modo que las piezas mismas fueron las que finalmente dictaron cómo era preciso ir organizando el discurso”.

Erandi Ávalos, del colectivo Núcleo, Arte & Conciencia, una de las dos curadoras de la exposición.

Por un turismo cultural contemporáneo
Tanto Lucía como Erandi se extienden asimismo en el hecho de que esta colectiva busca aportar su grano de arena a la tarea de impulsar en Michoacán un turismo cultural más contemporáneo.
Explican que destinos como Michoacán todavía fundan la mayor parte de su apuesta de turismo cultural en las tradiciones o en atractivos que tienen facetas explícitamente antropológicas, arqueológicas o ecológicas, lo cual está bien… “pero se deja de lado una línea que en países latinoamericanos como Brasil, o como ocurre en los Estados Unidos y en varias naciones europeas, tiene un nivel altísimo: la atracción de un sector turístico vivamente interesado en el arte contemporáneo”.
Al abundar en el particular, Erandi señala: “En Pátzcuaro hay gente valiosísima desde esta perspectiva, como creadores con propuestas frescas y que están muy al tanto de las novedades. También hay un público muy activo, conformado en parte por los propios habitantes de la región y también por los turistas, que tienen una presencia muy fuerte”.

Lucía Cavalchini, la otra curadora de la exposición colectiva en el Ex Colegio Jesuita de Pátzcuaro. En primer plano, Sandhina.

Anécdota y extras
Mientras, en un texto delicioso que firma la propia Erandi y que aparece en la página electrónica de la revista Revés (visítenla desde
aquí), la autora comenta la siguiente anécdota: “Cabe mencionar que solicitamos nos dieran espacio en el Centro Cultural Clavijero (en Morelia), y después de mil vueltas sin pelarnos, nos mandaron por un tubo... La neta, ellos se lo pierden por estar jugando a ‘mi centro cultural y yo’. Por fortuna para el arte y los michoacanos, el Jesuita de Pátzcuaro es bien bonito y generoso”.
En la inauguración, que comienza a las 18:30 horas, tocarán el dueto Hipocresía y cinismo en el siglo XXI, de Morelia, y el grupo Mi Reyna, del DF. En tanto, los organizadores han compilado un CD conmemorativo de la exposición con música alusiva al tema.
A su vez, el ciclo de cine que se ofrecerá en las próximas semanas incluye entre otros títulos los filmes Deseando amar (Wong Kar Wai, 2000, Francia-Hong Kong); Contra la pared (Fatih Akin, 2004, Alemania); El marido de la peluquera (Patrice Leconte, 1990, Francia); Así es la vida (Arturo Ripstein, 2000, México, España, Francia); Los amantes del circulo polar (Julio Medem, 1998, España-Francia) y El último tango en París (Bernardo Bertolucci, 1972, Francia-Italia).

EN VIDEO

Fragmento de las entrevistas con Lucía Cavalchini y Erandi Ávalos acerca de la colectiva Canción de amor, que se inaugura el viernes en el ex colegio jesuita de Pátzcuaro.
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Embrujos pa' no llorar / óleo sobre tela adherida a mdf / 94 X 120.5 centímetros / Enrique Ortega Espino, 2009. Una de las obras que figuran en la colectiva México en los imaginarios de los artistas contemporéneos de Michoacán, cuyo tema son los festejos patrios de este año desde una perspectiva abierta.

Con un total de 127 obras realizadas por 82 artistas en técnicas, soportes, estilos y tendencias diversas , el lunes 14 de junio se inauguró en Morelia, en cuatro salas del Centro Cultural Clavijero (CCC), la magna colectiva El Bicentenario y el Centenario: México en los imaginarios de los artistas contemporáneos de Michoacán.
Hasta donde me alcanza la memoria, esta es la más amplia colectiva que haya sido organizada en la capital michoacana para mostrar el quehacer de los autores visuales regionales en los últimos veinte años. En este sentido, la muestra es una auténtica fiesta. Es también una de las colectivas más plurales que se han organizado en su tipo, pues congrega generaciones y prosapias de lo más variopinto, en un mosaico incluyente que oscila entre las manifestaciones de inspiración más naïf hasta algunas audacias alternativas absolutamente post-Nintendo.
El acto de inauguración, a las 19:00 horas, lo encabezó el Secretario de Cultura de Michoacán, Jaime Hernández, recién desempacado de un viaje al estado de Illinois. Al funcionario lo acompañaron Ivonne Solano, titular del Centro de Documentación e Investigación de las Artes de la Secum; la crítica de arte Argelia Castillo, quien ha sido la curadora de esta colectiva, y el director del CCC, Vicente Guijosa.
La muestra, como se anunció hace unos días en conferencia de prensa, es la carta de presentación de lo que será la Galería de Arte Michoacano (GAMA), en Clavijero. También representa en cierto sentido el cierre “con broche de oro” de un proceso de varios años emprendido por el Centro de Documentación e Investigación de las Artes, a través del cual se ha ido elaborando un registro de artistas contemporáneos de Michoacán.
Imposible dar cuenta con justicia, en este momento, siquiera de algunas de las singularidades de esta exposición colectiva. Las inauguraciones, con su abarrotamiento de público, son siempre momentos más propios para el encuentro y el festejo social que para el diálogo con las obras.
Para paliar esta carencia, mi mejor alternativa ha sido la de acudir al personaje que se ha ocupado de ir configurando esta muestra que permanecerá abierta al público en el CCC hasta comienzos de septiembre: la crítica de arte Argelia Castillo, quien habla de su experiencia, de ejes temáticos y de ciertos contenidos de la exposición.
En lo esencial, Castillo acentúa la vocación incluyente de la colectiva, que “ha dado cabida a muy diversas expresiones plásticas y visuales de los artistas que respondieron a la convocatoria de reimaginar a nuestro país, teniendo como referencia a los procesos fundacionales de 1810 y 1910”.
La muestra está abierta diariamente el público en las salas 8,9, 10 y 11 del Centro Cultural Clavijero.

EN VIDEO



Videoentrevista con Argelia Castillo, curadora de la exposición colectiva El Bicentenario y el Centenario: México visto a través de los imaginarios de los artistas contemporáneos de Michoacán.
Lizeth Ibarra en la galería Omo

Anatomías etéreas


de un pensamiento



Mutación de la estructura (óleo sobre tela, 70 X 90. 2004. Fragmento) Sandra Lizet Ibarra Pérez.

Nueve óleos de formato medio (en dimensiones de 70 X 90 y 80 X 113) integran la exposición Anatomías etéreas de un pensamiento, que es la segunda exposición que se inaugura en la galería privada Omo, en el centro histórico de Morelia.
Las obras a la vista han sido seleccionadas de dos series emprendidas por Sandra Lizet Ibarra Pérez entre 2004 y 2009: Abstracciones del cuerpo y Cambiando un territorio estéril.
Los nueve trabajos participan del expresionismo abstracto, esa corriente amplísima en su variedad que nació como parte de las vanguardias europeas de comienzos del siglo XX. De manera muy particular, la autora asienta buena parte de sus premisas y de su temperamento en la vertiente denominada abstracción biomórfica, en la que las ideas que subyacen colores, planos y formas proceden de un universo orgánico, biológico, más o menos explícito.

Hacia la puerta áurea (óleo sobre tela, 80 X 113. 2009. Fragmento) Sandra Lizet Ibarra Pérez.

Pero la manera en que la autora se aproxima a esta tendencia merece una explicación. Por ejemplo, Sandra Lizet Ibarra está lejos de hacer fetiches o figuras rupestres; sin embargo, ha aprovechado la lección de tales formas para inventar ritmos más dinámicos en sus lienzos.
Un permanente movimiento de vaivén opera en sus óleos y conduce sucesivamente de la intuición fantástica a la intelectualización, de la imagen mágica a la representación.

Máscara primitiva (óleo sobre tela, 70 X 90. 2005. Fragmento) Sandra Lizet Ibarra Pérez.

El resultado es muy lírico (pero siempre es bueno recordar que “lo lírico” se caracteriza por el predominio de las motivaciones subjetivas sobre las objetivas: experiencias en las que la manifestación artística se torna más personal que nunca).
En este sentido, la obra a la vista es más sensibilidad que energía. Las de Ibarra son formas estáticas (aunque, dentro de su estatismo no renuncien a la vibración del ritmo mediante el juego de planos que se yuxtaponen o se contraponen entre las formas o desde las formas mismas). Pero desde tal punto de vista, en los títulos en exposición estas vibraciones todavía persisten en sujetarse a figuras reconocibles. Aún en los planos que simplemente se intersectan o que se cruzan se deja adivinar una costilla, una puerta abierta al misterio, bípedos y cuadrúpedos más o menos informes, aves intuidas… y el espectador puede recomponer esas sugerencias sin invertir demasiada imaginación.

Arqueología moderna (óleo sobre tela, 80 X 113. 2008. Fragmento) Sandra Lizet Ibarra Pérez.

Al ver los trabajos de la autora y pensando en el ámbito de abstracción biomórfica al que definidamente se corresponden, siento que a las obras les falta dar un paso adicional, en el que la profundidad espacial se transforme en profundidad dinámica. Quiero decir: algo que ya no represente ni sugiera la representación de alguna forma dada, sino que adquiera una pureza (por el momento todavía anhelada) que revele con toda su potencia un estado de ánimo, ya manifestado desde las ecuaciones geométricas de lo intelectual o desde el desgarrón con que barrunta el instinto.
Lo interesante de los trabajos, en todo caso, es que a la autora no la impulsa un racionalismo cartesiano; Lizeth Ibarra no trata de explicar la naturaleza. Tampoco quiere expresar el mundo que limitan las experiencias sensibles. Sin embargo, sí adopta una posición metafísica-espiritual que en lo personal me resulta confusa. Pero como tampoco deja nada librado a la intuición mística propiamente dicha, lo que consigue en la mayor parte de sus lienzos es una construcción lírica a secas, que comienza y termina en una subjetividad razonante y que, por serlo, lastra mucho del potencial implícito en los trabajos.

Fuerza primitiva (óleo sobre tela, 70 X 90. 2007. Fragmento) Sandra Lizet Ibarra Pérez.

Evidentemente, como una autora informalista, Ibarra rechaza los dos sistemas de que se valieron los pintores desde el Siglo XVI para incorporar la injerencia de la realidad física en la constitución mental de las formas plásticas: rechaza tanto la perspectiva geométrica de los clásicos como la perspectiva atmosférica de los románticos. Oscila, en cambio, entre una forma conceptual que se torna estática y una inquietud de adivinación que le otorga cierta vitalidad.
Adicionalmente, como descompone las formas en planos y con frecuencia las reduce casi a sus valores concretos (esferas, estrellas, medias lunas, círculos…), está siempre guiñándole el ojo a la geometría… pero desde ese lirismo al que ya me referí y que en varios momentos convierte a las obras en experiencias de ornato, es decir: obras más o menos inofensivas, en las que predomina un oficio capaz de seguir y responder al gusto promedio imperante en determinados públicos.

Conexión neuronal (óleo sobre tela, 90 X 70. 2005. Fragmento) Sandra Lizet Ibarra Pérez.

Todas las libertades están permitidas al pintor, a condición de provocar lirismo”, escribía Amedée Ozenfant hace ya sus buenos noventa años. Pero esta frase, que parece tan simple e incluso inocua, amerita más atención. No es lo que parece.
El más purista de los pintores cubistas franceses se refería ante todo a la necesidad de una libertad que le diera al artista la opción de no someterse a la religión ni a la política ni a la historia ni a las costumbres ni a la naturaleza. Es decir: pedía una libertad capaz de luchar en contra de todo cuanto se presentaba hecho al artista... y de paso invitaba al espectador a alcanzar esa zona “fuera del tiempo y del espacio” en la que las artes se dan la mano con una forma de pensamiento tan pura como la del pensamiento matemático.
Recurro, pues, a Ozenfant, porque para él el término lirismo era sinónimo de precisión y de arrogancia metafísica: la única manera de exprersarse de modo provechoso para alguien que quizás ya no cree en la existencia de una armonía preestablecida, pero sí en la capacidad humana de crearla (y que por eso se funda en la libertad absoluta).
Pienso que la premisa señala, con gran fidelidad, los aciertos y las limitaciones de una exposición como esta.

La estructura de una máquina para tomografías en desuso también se aloja en la galería.