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VII Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce


Intimismo y mediación


Una primera entrega dedicada al premio de adquisición y algunas menciones en la categoría de plástica, en la exposición que aloja el MACAZ


El óleo sobre papel Accidente en Xola y Uxmal (2009, 52 x 78 cms.) de Luis Carlos Hurtado Hernández.

Este miércoles 19 de enero se conmemora el séptimo aniversario luctuoso de Alfredo Zalce y, por lo menos desde la trinchera de este blog creo que una manera directa y valiosa de reconocer al personaje consiste en revisar algunas de las características más significativas de las obras que participan de la VII Bienal Nacional de Pintura y Grabado que lleva el nombre del artista y que actualmente se aloja en las salas del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce.
Para emprender esta labor es preciso ubicar a Alfredo Zalce en su contexto. Es asombroso descubrir la cantidad de juicios perezosos en torno al autor (ya a favor o en contra), sólo por no poner al artista y a su obra en la justa perspectiva.
Y Zalce es un gran autor. Pero sólo podremos empezar a alcanzar acuerdos sobre la naturaleza de su grandeza y las parcelas de su genio si lo ubicamos en el lugar que le corresponde.

Perspectiva y fundamentos
Zalce pertenece a la pintura moderna mexicana y, como otros integrantes de esa vieja guardia, emprendió un arte nativo que se nutrió de las influencias que germinaban en la Europa de fines del XIX y comienzos del XX. Las lecciones del postimpresionismo, bien aprendidas, debidamente exploradas y digeridas, le permitieron configurar un lenguaje personalísimo, a la vez sintético, lírico y geométrico.
Y aunque Zalce no tuvo la experiencia de viajar a Europa para empaparse directamente de los maestros del periodo, caso de Diego Rivera y otros, recibió influencias bien ubicables que se pueden rastrear hasta llegar a autores como Paul Cèzzane (de ahí los rasgos constructivistas que jamás lo abandonaron y sobre los que cimentó su estilo, geometrizando las formas y despojándolas de todo lo accesorio, en pos de lo esencial indispensable, aunque con un intimismo muy emotivo que siempre le estuvo vedado al severo e hiperintelectual temperamento cezzaniano).
La aportación de Zalce en términos de estilo ha consistido precisamente en la manera de acometer sus soluciones geométricas, siempre sujeto a la línea para modular y expresar una idea (como corresponde al notable dibujante y grabador que jamás dejó de ser) y ensayando y manifestando cumplidamente una densidad espiritual a partir del trabajo con la vibración de los colores (como el romántico que en el fondo siempre lo acompañó a la hora de pintar), todo problematizado en cromatismos complejos, alejados de la simplicidad de los tonos primarios.
Zalce le aporta una sensualidad y un intimismo insólitos a la geometría (porque le imprime una manifestación emotiva inédita a un principio que es, de suyo, cerebral, matemático y ordenador). Es así como interpreta cuanto ve sin abandonar las figuras. Pasa incluso de la mera representación a la creación de signos en sus momentos de mayor talento imaginativo. Sobre todo, es un autor que comprende como pocos la importancia de la estructura y, en especial, el valor gráfico y dibujístico que reposa en las tensiones y en los ritmos visuales que subyacen y animan formas y planos.
Todas estas son conquistas y aportaciones de Alfredo Zalce al modernismo mexicano y son las que lo hacen grande. Es su contribución al arte moderno nacional. Lo importante es reconocer estos atributos, que atesoran la esencia de su genio creador y, sobre todo, importa advertir que Zalce y los autores de su generación envejecieron en el cumplimiento de una tarea gloriosa: preparar el terreno para la aparición de las vanguardias, abriéndole de esa manera las puertas a lo porvenir. En particular, Zalce y Tamayo cumplieron a conciencia con esa misión y sería absolutamente necio demandarles algo más.

Bienal y transvanguardia
Lo anterior no agota el tema, pero establece elementos para poner en perspectiva los trabajos que participan de la VII Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce, que aloja el MACAZ.
Como corresponde a la obra del personaje al cual está dedicada la bienal, las piezas inscritas se manifiestan en los terrenos de la figuración, que por lo demás es la más auténtica tradición visual mexicana: esa que se desarrolló a partir del pictograma y los códices precolombinos.
Bien afianzados en esta herencia figurativa, los jóvenes autores de la VII Bienal presentan obras que reinciden en la figuración, pero concibiéndola como una operación sincrética entre la expresión del individualismo y la continuidad con la tradición, de la que se apropian temática y estilísticamente de forma totalmente desprejuiciada. Son muy conscientes de la herencia de la que provienen y la atienden, pero no para continuarla, sino para desafiarla. La idea rectora de los diversos desafíos presentes es el descrédito de la idea de originalidad, sobre la que se asentaban las tesis de la modernidad artística. Desde tal posición (que en un texto previo relacioné con la transvanguardia), los artistas que se alojan en las salas del MACAZ se desmarcan del concepto evolucionista del arte (ese que pide una continuidad entre escuelas, corrientes, estilos, movimientos y tendencias) y llevan adelante, en cambio, una revisión (ya crítica, ya irreverente) de sus orígenes culturales: ponen en duda las posibilidades de trasgresión e innovación sobre las que se fundaron los movimientos que los antecedieron y van en pos de otros procesos y de otras categorías, ya proponiendo o ya cuestionando.


Detalle a Accidente... para apreciar los rasgos de la pincelada (el ritmo y la manera de abordar las cualidades matéricas del acrílico), así como el control del color a partir de una serie de tensiones de inspiración abstracta.

Extremos en tensión
En su óleo sobre papel Accidente en Xola y Uxmal (2009, 52 x 78 cms.), merecidísimo ganador del Premio de Adquisición en la categoría de pintura, Luis Carlos Hurtado Hernández interpela eficazmente a dos de las más extremas corrientes de la vanguardia del siglo XX (el fotorrealismo y la abstracción). Por otro lado, en términos dialógicos, el autor nos presenta una imagen muy íntima, muy personal, en torno a los temas de la violencia, del distanciamiento y de la indiferencia (esas “micro narrativas” de vocación urbana, de las que hablaba la crítica de arte Argelia Castillo en la inauguración de la bienal, en noviembre pasado).
Revisando el segundo aspecto, Hurtado Hernández nos propone una situación a la vez trágica y cotidiana: ha ocurrido un accidente en la esquina de la calle en que vive. Desde la ventana de su casa o departamento, en un segundo o tercer piso, él observa al personaje atropellado, la llegada de la ambulancia y las unidades de policía, así como el aglomeramiento habitual de curiosos en casos así. La violencia ha irrumpido en el crucero, con su saldo de muerte o de heridas, alterando la percepción de un espacio que ya no es cotidiano y anónimo; se ha cargado de significaciones que inciden en el permanente drama de la supervivencia. Una vida agoniza o ha sido segada. El hecho cuestiona a cada testigo (ya en las realidades imaginativas de la tela o en la realidad directa del espectador del cuadro) acerca de su propia vulnerabilidad.
Con una elegancia encomiable, que no es el menor de sus aciertos, Hurtado nos cuestiona sutilmente acerca de nuestra actitud ante la violencia, ante lo impredecible, ante la vida y la muerte.
Pero si en términos discursivos Accidente en Xola y Uxmal hila muy fino para llevarnos a una experiencia extrema desde el territorio más rutinario, es en los términos formales, técnicos y estilísticos donde este pequeño óleo se revela como una obrita maestra.
Porque el autor va en pos de un tratamiento fotorrealista, pero desde una articulación semántica que se lo debe todo a las lecciones propias de lo abstracto. Por ejemplo, aunque construye formas que nos hacen sentir “como si” estuviéramos viendo el incidente desde una postura anecdótica, jamás acude a la línea para concretar las figuras. En cambio, traza, perfila y define a partir de los puros planos de color, con una paleta muy calculada tanto en su densidad matérica como en su equilibrio cromático.
Si uno se acerca lo suficiente a la superficie del soporte, advierte que todo se ha resuelto en un juego de ritmos y texturas muy vitales, todos abstractos.
En cambio, a medida que uno marca su distancia y se va alejando de la obra, esta va adquiriendo una visualidad convencional y cartesiana. Lo curioso de este tratamiento es que, entre más nos alejamos de la plataforma, son más los detalles “realistas” que captamos.
Esta tensión exquisita entre la más antigua premisa de la tradición académica (“la mejor forma de ver un cuadro es contemplándolo de lejos”) y la manera de responder a esta demanda por parte del autor, es el triunfo del lienzo. Parece fácil. No lo es. Exige un muy desafiante ejercicio de problematización.

Acrílico sobre tela Mass media (2009, 78.5 x 126 cms.), de Favio Martínez García (Morelia, Michoacán).


La falacia exquisita
El acrílico sobre tela Mass media (2009, 78.5 x 126 cms.), de Favio Martínez García (Morelia, Michoacán) es un eficaz fetiche pop. Sobre un plano/muro (en realidad un fragmento estampado de papel tapiz), aparecen unas chicas/modelo en plan de camisas mojadas que posan en sus breves ropas, chorreadas del dulce, para montar las galletitas que dan forman al título o para incitar al espectador a regodeos de una sensualidad chatarra explícitamente chocante, rodeadas por textos que intervienen gráficamente la composición.
Desde este discurso, Mass Media es un cuadro que cumple lo que ofrece. Las formas tienen una factura lisa y despersonalizada. Son pura epidermia, apariencia, al punto que irrita su misma significación, que es demasiado fácil, demasiado acartonada, demasiado digerida.
Todo esto es voluntario.
Recuperando parcialmente ciertos principios de ese arte folclórico urbano neoyorquino que llamamos Pop Art, Favio Martínez ironiza con la trivialidad propia de los medios masivos en esta, nuestra era de la supercarretera de la información, que en términos prácticos no es sino la supercarretera de la titilante e inútil fragmentación y trivialización de sentidos.
Desde este punto de vista, el tema mismo del cuadro es una coartada. Pareciera que es una crítica hacia el sexismo cosificador contra la mujer, pero en realidad la crítica va más allá y se desprende de los valores del cuadro mismo: de su composición y del diálogo de su estructura.
Deliberadamente, Mass media es una construcción de imágenes que no alientan la imaginación, sino que la frustran; que se desentienden de cualquier noción de pasado o de futuro para consumirse en el puro instante (por lo cual, inevitablemente, carecen de cualquier presente).
La ironía alcanza una dimensión sardónica muy latina con las frases que la surcan y acentúan su sentido: "Nueva imagen", "¡50% más!", "Rico sabor a Influenza".
Es así como Martínez García nos fuerza a vivenciar el vacío mediático desde una situación de absoluta neutralidad. Lo hace con un gusto comprometido que lo vuelve atrevido y original.


El políptico Aún no -Vástago de Prometeo-, de la serie Indiferencias (2008, 156 x 188 cms.), de Iván Méndez Vela (México, Distrito Federal).

Génesis y registro
El políptico Aún no -Vástago de Prometeo-, de la serie Indiferencias (2008, 156 x 188 cms.), de Iván Méndez Vela (México, Distrito Federal), nos presenta a un joven pensando en los pasillos de una escuela de arte (¿Cenart? ¿La Esmeralda?). La idea lo ronda, presente pero aún inasible: apenas sugerida como un pejesapo, esos peces del abismo que atraen a sus presas con un apéndice luminoso que las conduce a su boca.
He aquí uno de los trabajos más conmovedores de la bienal. Porque en definitiva lo que el autor quiere es compartirnos una de esas “pequeñas proezas” que pasan de largo ante nosotros: la de un joven atendiendo a sí mismo, concibiendo y dándole forma a una inspiración. El tema, obvio, no por eso es menos significativo. Iván procura captar el proceso creativo justo en el momento en el que “el arte con imaginarlo basta”, cuando pulsiones y conceptos van cobrando carta de cabalidad en la mente de un autor, antes de pasar a la solución formal y comunicativa.
Pero además el realizador de esta obra necesita aprehender el tiempo, el discurrir de esa génesis (porque se trata del registro de un proceso). Para lograr este objetivo sin abandonar el terreno de la pintura, Iván emprende un políptico de seis imágenes que son una secuencia cinemática imaginativa. Y aquí la palabra clave es “imaginativa”. A través de la secuencia nos propone desarrollar imaginativamente el movimiento vedado a la pintura. Muy contemplativo, a pesar de todo, Aún no también vale por la atención que el autor le presta a la materialidad de los pigmentos y a una solución formal que es, al mismo tiempo, naturalista y evocativa.


El óleo sobre macocel Añoranza (2009, 122 x 122 cms.), de Carmen Dolores Chami Pedrosa (México, Distrito Federal).

Intimidad compartida
El óleo sobre macocel Añoranza (2009, 122 x 122 cms.), de Carmen Dolores Chami Pedrosa (México, Distrito Federal) es uno de los lienzos más académicos de la bienal. A mí me recuerda lo importante que es volver a los clásicos. No para imitarlos, sino para mostrarnos a nosotros mismos que sí los hemos comprendido y que somos dignos de dar el “siguiente paso” sin que el resultado vaya a ser una boutade o un “parto de los montes” de esos que abundan por falta de disciplina.
Pasando al cuadro en sí, Añoranza es una obra que nos hace cómplices de un momento de intimidad emotiva. La obra busca la exaltación dinámica de los objetos y seres del lienzo, a quienes Carmen Dolores representa con el mismo amor que un naturalista y con la misma pasión que un barroco.
Hay una mujer en primer plano, sentada sobre un equipal. Ha detenido momentáneamente la lectura de la carta que tiene en las manos para mirarnos de frente… sin desafiarnos, sino para compartirnos por un instante las emociones que la anegan. Por el piso de la sala, sobre el piso de madera, están desperdigadas muchas otras cartas. Un sillón rojo, al fondo, da la nota vivaz contra el oscuro estampado del vestido de la mujer. En segundo plano, en tanto, un personaje varón, de espaldas a nosotros, lee otro de los documentos.
La autora le saca mucho partido a la pincelada libre, pero en trayectorias cortas que enriquecen el empaste y le permiten, a la vez, crear una atmósfera muy definida (a la hora de mediar el espacio) y una gestualidad muy expresiva (a la hora de plasmar el rostro de la mujer, con todos los matices emotivos que lo surcan). Así crea una composición tan preñada de romanticismo que el espectador siente que la emoción fluye incontenible, siempre modulada por un dibujo extremadamente riguroso, a la vez severo y provocador.


El acrílico sobre tela En la combi (2008, 130 x 130 cms.), de Juan Paulín Lara (Morelia, Michoacán).

Nuestra combi
El acrílico sobre tela En la combi (2008, 130 x 130 cms.), de Juan Paulín Lara (Morelia, Michoacán) nos presenta a cuatro personajes que han sido sintetizados hasta alcanzar la caricatura grotesca. Los pasajeros de esta combi, metáfora de nuestra realidad, son una mujer sin piernas, un trajeado perplejo, una anciana manca que mira abstraídamente por la ventana, dotada de un garfio, y un último personaje, a la derecha, que se lleva manos a la cara en un gesto de espanto que no deja de hacerle eco al célebre El grito, de Munch, porque divisa en el piso una bolsa que lo mismo podría contener dinero que algún dispositivo explosivo.
Totalmente alegórico por la solución bárbara, brutal, de los trazos, el dibujo encuentra su equilibrio en el tratamiento del color, que Juan Paulín Lara acomete aquí para crear volúmenes y contrastes muy sombríos (el rostro lívido de todos los personajes, el nebuloso e incierto paisaje que se filtra por el parabrisas sembrado de insectos muertos, las zonas de penumbra que los rodean por los flancos, a pesar de la zona de claridad, ligeramente liberadora que se alza por encima de ellos…).
Y, como alegoría (una alegoría rica en sus valores gráficos), el trabajo nos presenta una visión que interpreta nuestro momento actual. Los personajes son, cada uno, testimonios de una sociedad mutilada: cercada por el miedo, la indiferencia y la violencia que es la que los ha tocado a todos en su integridad física.
Siempre que escuchamos o leemos la palabra “caricatura”, solemos pensar en diversión o entretenimiento, pero la caricatura que Paulín Lara nos ofrece aquí nada tiene de divertida. Es, en cambio, el más eficaz de los recursos para acentuar el sentimiento de horror. Ante una desesperación tan enorme, tan inasible como la que permea nuestros días, la protéica brutalidad de los trazos en La combi es la última defensa de retaguardia contra los temores que amenazan con paralizarnos.


La mixta sobre tela Volador del viento (2008, 120 x 100 cms.), de Emmanuel Cruz Muñoz (Xalapa, Veracruz).

La breve epifanía
A contrapelo de la obra anterior, la mixta sobre tela Volador del viento (2008, 120 x 100 cms.), de Emmanuel Cruz Muñoz (Xalapa, Veracruz) es una de las propuestas más luminosas de la bienal. En un extraordinario escorzo, el autor nos presenta el rostro en éxtasis de un joven que participa de la tradición de los Voladores de Papantla y que, sujeto por los pies (que no vemos) a la proverbial cuerda en lo alto de la columna, gira y comulga con lo numinoso.
Nuevamente, como en muchos de los casos que conforman a esta bienal, estamos ante un momento de supremo intimismo. Nadie, salvo el protagonista ficcional del lienzo, experimenta o puede compartir el breve momento de epifanía que el pintor (a pesar de todo) nos obsequia.
Para resolver esta visión, Emmanuel Cruz Muñoz acude al academicismo más depurado. La pincelada, suave y –en los acabados finales– con los pigmentos muy secos para esfumar eficazmente las transiciones tonales, está al servicio de lo literal a la hora de atender a los rasgos expresivos más indispensable (la tensión en las manos cuyos dedos se entreabren generosos, en entrega; el gesto de los párpados y la relajada concentración del rostro, el sereno abandonarse que delatan los labios sueltos, sin la menor tensión…)
Absolutamente naturalista, de todos modos Cruz Muñoz interpreta en varios momentos (la fuga de las líneas blancas establecidas por la pintura corporal ritual en el cabello al viento del personaje, por ejemplo, o la claridad de la que parece emerger el cuerpo).
El resultado es de un intimismo gozosamente dionisíaco… y todo a partir de un fotorrealismo que, muy saludablemente, ha sido mediado para impedir la despersonalización propia de esa tendencia. Al mismo tiempo discreto y encantador como una copla, brioso como un himno, Volador del viento nos concita a no olvidar que ideales de todo tipo son capaces de colocarnos por encima de nosotros mismos, marcando un camino con el cual afrontar las horas oscuras, el desafío de las sombras.

VII Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce

Reafirmaciones a la figuración

Abrió el Museo de Arte Contemporáneo la edición 2009 del escaparate visual dedicado a la memoria del artista patzcuarense


Vista general del presidium en el jardin del museo, la noche de inauguración.

Instalada firme y propositivamente en una vertiente figurativa que hace suyas las actitudes de la transvanguardia que emergió como uno de los últimos movimientos mundiales de la plástica y la gráfica a finales del siglo pasado (su debut internacional: la Bienal de Venecia de 1980), la VII Bienal Nacional de Grabado y Pintura Alfredo Zalce fue inaugurada este viernes 6 de noviembre en Morelia, en el Museo de Arte Contemporáneo, con una colección de 94 obras que afirman restitutivamente la vigencia de lo figurativo. La colección de títulos que conforman a esta colectiva exige la visita obligatoria de todos los interesados por las artes visuales, pues explora las aportaciones que le han incorporado a la vertiente figurativa actual las experiencias del minimalismo, del arte conceptual, de los distintos neo expresionismos y, desde luego, de los diversos informalismos y del arte abstracto de fines del siglo XX y comienzos del XXI.

La crítica y curadora Argelia Castillo durante su intervención en el acto de protocolo.

La muestra bianual que nació en Michoacán en 1997 (cuando el actual secretario de Cultura, Jaime Hernández Díaz, era, a la sazón, director del entonces Instituto Michoacano de Cultura, y cuando el muralista patzcuarense Alfredo Zalce contaba con 89 años de edad) consta este año de 39 títulos en terrenos de la gráfica y 55 títulos en el ámbito de la plástica. Las obras, que permanecerán a la vista del público durante cuatro meses, hasta el próximo marzo de 2010, fueron seleccionadas de entre más de mil doscientas obras enviadas por 471 autores. El jurado responsable de la selección y de los premios y menciones estuvo conformado por los críticos y curadores de arte Argelia Castillo, Laura de la Mora y Luis Rius Caso.

Protocolo en el jardín
La ceremonia de inauguración tuvo como escenario los jardines del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce (MACAZ), en los que se instaló un presídium que compartieron la directora del museo, dos de los tres jurados, funcionarios de la federación y de los gobiernos estatal y municipal, así como representantes de las fuerzas armadas, de los tres poderes y de círculos académicos.Con cuatro intervenciones, el acto de protocolo fue breve y fluido. Comenzó con la participación de María Eugenia Fuentes Lanning, actual directora del MACAZ, continuó con palabras de las jurados Argelia Castillo y Laura de la Mora, y concluyó con la intervención del secretario de Cultura, Jaime Hernández. Posteriormente se hizo entrega de trece menciones honoríficas y dos premios de adquisición.


El michoacano Juan Paulín Lara recibe su mención honorífica durante la ceremonia inaugural.

Los premios
Los premios de adquisición de este año en plástica y grabado recayeron, respectivamente, en los siguientes autores: Luis Carlos Hurtado Hernández (México, Distrito Federal) por su óleo sobre papel Accidente en Xola y Uxmal (2009, 52 x 78 cms.) y María del Pilar Palacio Sánchez (Aguascalientes, Aguascalientes) por su mixta de aguatinta, aguafuerte y ruleta Uno, de la serie Vigilas desde este cuarto donde la sombra temible es la tuya (2009, con una composición de 70 x 123 cms. sobre un soporte de 78 x 128 cms.).

Menciones en plástica
Las menciones honoríficas en plástica han sido para los siguientes autores:
Favio Martínez García (Morelia, Michoacán), por su acrílico sobre tela Mass media (2009, 78.5 x 126 cms.); Juan Paulín Lara (Morelia, Michoacán), por su acrílico sobre tela En la combi (2008, 130 x 130 cms.); Carmen Dolores Chami Pedrosa (México, Distrito Federal), por su óleo sobre macocel Añoranza (2009, 122 x 122 cms.); Juan Castañeda (Aguascalientes, Aguascalientes), por su óleo sobre losetas de vinil Mujer tirada (2009, obra para piso, 122 x 153 cms.); Emmanuel Cruz Muñoz (Xalapa, Veracruz), por su mixta sobre tela Volador del viento (2008, 120 x 100 cms.); Mónica Zamudio Zamudio(México, Distrito Federal), por su tinta china y sanguina sobre madera Estructura muscular (2009, 170 x 40 x 20 cms.), e Iván Méndez Vela (México, Distrito Federal), por su políptico Aún no -Vástago de Prometeo-, de la serie Indiferencias (2008, 156 x 188 cms.).


El listón inaugural es cortado por los funcionarios de distintas instancias de gobierno.

Menciones en grabado
A su vez, las menciones en grabado han sido para los siguientes autores:
César Alberto Chávez Victoria (Oaxaca, Oaxaca) por su xilografía El deseo y el miedo (2008, 89 x 60 cms. en composición sobre un soporte de 112 x 76 cms.); José Humberto Valdez Álvarez (México, Distrito Federal), por su lineografía Asimetría de alta costura de un cosmonauta suprarreal en once canales de TV a la vez (2009, 80.5 x 144 cms. en composición sobre un soporte de 88.5 x 146 cms.); İoulia Akhmadeeva Volochina (Morelia, Michoacán) por su huecograbado sobre placa en cobre, litografía y acuarela 3-5-14-23 (2009, 87 x 80 cms.); Diego Guerra (Tlalnepantla, Estado de México) por la litografía Tiempo de espera (56 x 66 cms.); Héctor Javier Ramírez (Guadalajara, Jalisco), por su punta seca Paso peatonal (2009, 100 x 69.5 cms.), y Edgar Cano López (Atizapán de Zaragoza, Estado de México), por su litografía sobre mármol mexicano Relatos de lo que va y viene (2009 28 x 38 cms.).

Un arte de ideas
Durante breves intervenciones (cuyos contenidos medulares son asequibles en uno de los dos videos disponibles en esta entrega) las criticas de arte y curadoras Argelia Castillo y Laura de la Mora Martí pusieron las cartas sobre la mesa, como corresponde, y compartieron con el público los criterios empleados para valorar y, en su caso, calificar y premiar los trabajos inscritos en esta séptima Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce.
En lo esencial se indicó que el jurado ponderó la calidad en la realización de cada obra, es decir, los aspectos técnicos, pero sobre todo la articulación de esta calidad en aras de obras generadoras de sentido. Esta última premisa responde a la necesidad de asumir al arte contemporáneo como una actividad generadora de ideas y no como una mera representación de lo real. Asimismo, Argelia Castillo describiría los principales ejes temáticos de la obra en exposición: una colectiva de fuertes contenidos urbanos, de sentido crítico y de una vehemente apropiación de la cultura popular, a fin de extraer sus temas de lo cotidiano, “no con la intención de elaborar meta-relatos, sino micro-narrativas”.


Durante el recorrido en el que las curadoras y jurados compartieron con el público las características más sobresalientes de las obras seleccionadas.

Reconocimiento y memoria
A su vez, tanto las críticas de arte como el secretario de cultura ofrecieron discretas pero efusivas felicitaciones a la actual directora del museo, Maria Eugenia Fuentes Lanning, por la actividad que ha realizado al frente de un museo que (no se dijo, pero así es) recibió en las manos prácticamente muerto, y al que ha sabido reactivar devolviéndole una dignidad indispensable, ya sea abriendo trincheras a los grupos más provocativos de la vanguardia local (la colectiva Nodo: estado periférico, como mejor ejemplo) o a autores de dimensión internacional (caso de la danesa Eva Gerd y del italo mexicano Alejandro Gómez de Tuddo, entre muchos otros, con su notable muestra Departamento de Salud Mental).
El secretario de cultura cumpliría también un pertinente ejercicio de resignificación del pasado al bocetar brevemente, durante su intervención, los hechos que hace once años dieron nacimiento a la bienal nacional de pintura y grabado que está llegando ahora a su séptima edición.
El historiador y funcionario recordó los pormenores que en 1997 llevaron a rendirle homenaje al autor patzcuarense Alfredo Zalce con la creación de esta bienal, en la inteligencia de que la mejor forma de reconocer su quehacer era la de crear una plataforma que ayudara a promover y difundir la obra de nuevas generaciones de autores.
Apenas unos años antes (durante la gestión del doctor Irineo Rojas como director del IMC), a Alfredo Zalce ya se le había homenajeado al darle su nombre al mayor escaparate de arte contemporáneo de Michoacán y aún más atrás en el tiempo se había editado, con motivo de una magna retrospectiva, el célebre Libro Azul, en colaboración con instancias como el IPN. Sin embargo, estaba pendiente la posibilidad de generar un espacio de divulgación que hiciera suyo el nombre del artista, quien fue una de las presencias significativas del arte moderno en México. La intervención del secretario de cultura aparece en otro de los videos de este post, pero vale la pena entresacar de ella reconocimientos puntuales a personajes como el arquitecto Jorge Solórzano, quien hace once años era director del MACAZ.


Vista parcial a uno de los salones de la planta alta del museo, donde se aloja la obra plástica.

Crecimiento permanente
La bienal Zalce es una de esas trincheras que muestra un crecimiento permanente en su capacidad de convocatoria. Baste recordar, para ir a lo más inmediato, las cifras de sus dos ediciones previas
Durante la V bienal (en diciembre de 2005), se recibieron 518 obras, de las cuales el jurado seleccionó 36 en la categoría de pintura y 37 en grabado.
Para la VI edición, en noviembre de 2007, se recibieron unas 900 obras de 356 artistas del país, de las cuales se seleccionaron 35 grabados y 51 títulos en plástica.
Ahora, en 2009, la VII bienal ha logrado convocar a 471 autores que enviaron más de mil doscientas obras, de las que el jurado seleccionó 39 grabados y 54 pinturas.
Asimismo, tal como pasó el año pasado, cuando los jurados Miriam Kaiser, Daniel Manzano y José Luis Soto elevaron a seis el número de menciones honoríficas en cada categoría, en 2009 también se ha remontado la cifra oficial de menciones con respecto a las tres anunciadas en la convocatoria, con siete en plástica y seis en grabado.
En cuanto a los galardones en terrenos pictóricos, en la pasada VI bienal el premio de adquisición en plástica fue para Carmen Parra Velasco por la mixta sobre tela Tan lejos, tan cerca.
En 2005, en la categoría de pintura, el Premio de adquisición fue para el moreliano Armando Fraga Villicaña por su acrílico sobre tela Ciclotimia. En este 2009 el Premio de adquisición en plástica se va a la ciudad de México, al serle otorgado a Luis Carlos Hurtado Hernández por su óleo sobre papel Accidente en Xola y Uxmal.


Los invitados conviven en el patio interior del museo.

Tendencias, mirada y prejuicios
La VII Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce estará abierta al público por cinco meses, tiempo suficiente para que todo interesado pueda acercarse a sus contenidos.
Ese lapso también me da la oportunidad de documentar a detalle, desde este blog, los contenidos de una muestra tan significativa, dado que las bienales son espacios clave para tomarle el pulso al quehacer más actual en las categorías a que se dedican.
Quiero comenzar esta serie de entregas considerando los contenidos de esta colectiva al amparo del espíritu que mejor define su perfil general: el de la transvanguardia italiana que fue reconocida por primera vez durante la Bienal de Venecia de 1980, cuando el crítico italiano Achille Bonito Oliva acuñó el término para definir esa nueva tendencia que atraviesa las vanguardias: una pintura ecléctica que (en palabras del propio crítico), “no sólo recorre las opciones de los lenguajes históricos de las vanguardias, sino también las raíces culturales de las regiones” a la que pertenecen sus autores.
Esto es importante. Siempre decepciona hallar comentarios fáciles y tendenciosos de licenciados en artes visuales (imagínate: licenciados en arte) que con un solo adjetivo fatuo y tramposo intentan descalificar esfuerzos como el de esta bienal, apelando a facciosos argumentos como este: “la abstracción fue desterrada de la Séptima Bienal de Pintura y Grabado ‘Alfredo Zalce’, toda vez que el jurado calificador, –a decir de la curadora Argelia Castillo–, se propuso rescatar la pintura ‘en vías de extinción’ mediante la restitución de los lenguajes figurativos y desde ahí incorporarse al ‘discurso posmoderno’ que impera en el arte mundial” (según nota de Carlos Márquez en La Jornada Michoacán del sábado 7 de noviembre).
Puro esnobismo, como se ve, deformado por el prejuicio de que sólo las vertientes del arte virtual y sus distintos conceptualismos dan cuenta de nuestro tiempo. En fin. Sólo el esnobismo explica que alguien afirme que la figuración está en “vías de extinción” en un momento como este, cuando los artistas visuales figurativos más interesantes de México y del resto del mundo no hacen sino innovar nuevas trayectorias con un gozo y un placer que se echan de menos en otros ámbitos.
Por fortuna, para combatir ese sectarismo (en el que nunca faltan los que se la creen, aunque por suerte forman un despistado y auto-elogiatorio Club de Toby), el remedio es totalmente simple y directo: describir y ponderar a detalle los discursos y las estructuras de representación en los que se manifiestan los autores de esta sobresaliente colectiva. De entrada, pues, para cerrar esta primera entrega, unas palabras sobre el sentido de la transvanguardia.

EN VIDEO

El secretario de cultura recupera los antecedentes de la bienal.

La bienal y la transvanguardia
Los contenidos de la VII Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce responden bien a la tendencia transvanguardista (prefiero, por ahora, asumirla como tendencia, mejor que movimiento, pues un movimiento pide más acuerdos de los que parece haber en el transvanguardismo). Como sea, lo valioso de esta bienal es que estamos ante un conjunto de obras que reinciden en la representación figurativa, pero concibiéndola como una operación sincrética entre la expresión del individualismo y la continuidad con la tradición, de la cual los autores se apropian temática y estilísticamente de forma totalmente desprejuiciada.
Un principio le sirve de pilar a las camadas incluidas en esta colectiva: el descrédito de la idea de originalidad, sobre la que (no lo olvidemos) se asentaban las tesis de la modernidad artística. Es a partir de este rasgo como los artistas que se alojan hoy en las salas del MACAZ se desmarcan de la tesis del concepto evolucionista del arte (ese que pide o formula una continuidad entre escuelas, corrientes, estilos, movimientos y tendencias) y llevan adelante, en cambio, una revisión (ya crítica, ya desenfadada) de sus orígenes culturales.
Así pues, estamos ante un grupo de autores visuales que, a partir de sus obras, ponen en duda las posibilidades de transgresión e innovación sobre las que se fundaron las vanguardias, y van en pos de otros procesos e incluso de otras categorías cuestionadoras, pero siempre (y aquí está lo interesante) transitando por esas vanguardias, haciendo propias sus aportaciones y manipulándolas como mejor les viene en gana.

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La directora del MACAZ y las jurados comparten los criterios para la calificación.

Hay irreverencia en estos tratamientos, pero también un continuo ejercicio de lucidez, que es tan demandante como exigente a la hora de mostrarnos a autores que son muy conscientes de una herencia: pero no para continuarla, sino para desafiarla.
Este es, sin ir más lejos, el espíritu de las dos obras ganadoras de los premios de adquisición de la bienal de este año.
En su óleo sobre papel Accidente en Xola y Uxmal, por ejemplo, lo que más me sorprende del trabajo técnico desplegado por Luis Carlos Hurtado Hernández es la manera en que va en pos de un tratamiento fotorrealista, pero desde una articulación semántica que se lo debe todo (o casi) a las lecciones propias de lo abstracto.
Por ejemplo, hay una tensión exquisita entre la más antigua premisa de la tradición académica (aquella que dice: “la mejor forma de ver un cuadro es contemplándolo de lejos”) y la manera de responder a esta demanda por parte del autor.
Si uno es atento, descubrirá que al acercarse a este óleo se alcanza un punto en el que no hay ninguna forma, sino un riquísimo juego de ritmos y texturas abstractas. A medida que uno marca su distancia y se va alejando de la obra, esta va adquiriendo una visualidad convencional y cartesiana. Lo más curioso de este tratamiento es que, entre más nos alejamos de la plataforma, son más los detalles “realistas” que captamos”. Entre más nos acercamos, en cambio, mejor descubrimos el acucioso trabajo de estructura desplegado por el autor a partir de la modulación de la pincelada, la recarga o la ligereza de sus pastas y el indispensable quehacer con los trazos, la articulación de planos y el tratamiento a la temperatura del color.
Se ve fácil. Parece simple. No lo es. Y en este espíritu que parece mostrarse sin complicaciones, pero que en realidad exige un muy desafiante ejercicio de problematización, es donde encuentran sus mayores virtudes los autores reunidos en esta colectiva de la que continuaremos hablando en este mes y el siguiente.
Mientras, que nadie deje de visitar la bienal. Descubrirá, si la escudriña cuidadosamente, que uno de los grandes temas de los que se ocupa, o en el que coinciden varios de sus integrantes, es el de una realidad mediada, en la que la lectura del mundo ocurre a través de imágenes que nos remiten a otras imágenes.