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I Jornadas Dionisiacas

La mejor acompañada


Quinta función de las Jornadas Dionisiacas. Casa llena en el auditorio Silvestre Revueltas de la Escuela Popular de Bellas Artes. El programa de la noche anuncia el espectáculo Sola, a cargo del grupo Ápeiron Teatro, de la ciudad de México. Dirige Fernando Martínez Monroy y actúa Pilar Villanueva con música en vivo.
La puesta ha sido anunciada como una sesión de improvisaciones. Durante la larga espera para ingresar a la sala se le ha pedido al público que escriba, en un papel entregado exprofeso, alguna frase simple y descriptiva. Los papeles serán depositados más tarde en un recipiente de cristal, en el escenario, del cual serán azarosamente extraídos por la actriz para que cada frase dicte el rumbo de las improvisaciones.
Hay mucha expectación entre los asistentes, la mayoría de ellos perteneciente a la comunidad teatral de la EPBA, por presenciar el trabajo. Después de todo, Áperion Teatro tiene una historia sólida, que se remonta a fines de los noventa, y el director Martínez Monroy cuenta con una excelente reputación como experto en géneros, estilos, dirección escénica y teoría dramática. Por lo que atañe a Pilar Villanueva, a comienzos de esta década obtuvo el premio de Mejor Actriz en el Concurso de Teatro Trágico Griego (todo un desafío), convocado por el Instituto de Cultura de la Ciudad de México.
Con esos antecedentes, se emprende la puesta en escena de Sola.
Poco más de una hora más tarde, el público sale enteramente satisfecho: asombrado y alegre a partes iguales. Los artistas han cumplido y no han decepcionado una sola de las expectativas puestas en ellos.



Seis estampas
Fueron, en total, seis ejercicios de improvisación, a partir de los cuales Pilar Villanueva pasó revista a géneros y estilos como el melodrama, la tragedia, el cuento infantil, la comedia de enredos, el vodevil y el género epistolar.
La velada comenzó con un cuento escénico. La actriz salió a escena, dialogó con el público, con su acompañante musical, y procedió a extraer el primer papel, cuya frase sentenciaba: “Gumersindo y su silla voladora”.
El relato al que Villanueva dio vida teatral a partir de la frase (y con clarísimos acentos que remiten a la narrativa de autores como Horacio Quiroga) se convirtió en la historia de un niño diminuto y minusválido que, confinado a una silla de ruedas, sueña que camina, que corre, incluso que vuela, pero que al final de sus andanzas se siente tan cansado que anhela de nuevo volver a su silla. Una silla que, por el poder soberano de la imaginación, se transforma en el equivalente occidental moderno de cualquier maravillosa alfombra voladora.
La ternura de esta apertura dio paso al melodrama propio del cine mexicano de la Época de Oro. Para el segundo ejercicio de la noche, mientras la actriz hablaba de su pasión por el cine, el papel que seleccionó le obsequió la frase de aquella famosa película llamada “Descubriendo mi mundo interior”.
Y he aquí que la actriz articuló un melodrama mexicano perfecto en sus constantes tópicas. En término de personajes, por ejemplo, ninguno faltó a esa cita: la femme fatal destructora de hogares, los bebés llorones, la esposa/madre abnegada que todo lo soporta, el tendero que azuza y cuestiona a la mujer ninguneada como si fuera la voz de su conciencia, así como el galán protagónico en plan de macho con conflicto de conciencia (“es que, desde que abandonó la carpintería esa, en la que trabajaba, está confundido; está buscando su mundo interior”) y el proverbial desenlace feliz con guiños inconfundibles a Nosotros los pobres y otros filmes nacionales de hace sesenta años.
Y del melodrama mexicano y las carcajadas explícitas, la intensidad subiría hasta conducirnos a la tragedia lorquiana a partir de la frase “No quiero nada para mí que no sea para los otros”, desde de la cual la actriz organizó una representación que hizo suyos los temas, tonos y contenidos de títulos como Yerma, La casa de Bernarda Alba e incluso algunos poemas del autor andaluz.
Pero lo mejor aún estaba por llegar. Declarada admiradora de los sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz, cuyo contexto condujo automáticamente al teatro del Siglo de Oro español, Pilar Villanueva se ofreció recordarnos una obra maestra inexistente: cierta obra de Sor Juana que el azar de los papelitos quiso que se llamara, cuando al fin lo extrajo, “No soy perra, pero igual muerdo”.
A esas alturas, con el público en su bolsillo, totalmente entregado a la complicidad, la actriz emprendió un extraordinario híbrido entre los sonetos que caracterizaron a la Décima Musa y las comedias de enredos propias del periodo. Construyó así el relato de una muy despierta mujer enamorada que echa mano de todo tipo de argucias (en las que desde luego, interviene la alusión a los canes, sus ladridos y sus dentelladas), para impedir que el hombre al que ama se despose con la mujer incorrecta.
Concluirían la sesión dos ejercicios más: uno dedicado al género de vodevil, con la actriz caracterizando a una cantante de cabaret de los años treinta y cantando con buen dominio vocal a la usanza del estilo y de la época, así como un breve relato organizado en torno al género epistolar, representando su historia a través de la lectura de una carta.




Ni tan sola, sino muy bien acompañada
Noche plena y redonda. Y sin el ánimo de arrebatarle el menor ápice de sus virtudes, sino más bien como un elogioso comentario al arduo trabajo que reposa detrás de lo visto, hay que señalar que el título que cobijó a esta extraordinaria noche no es exacto.
La función se llamó Sola. Y en primera instancia cualquiera puede creer que Pilar Villanueva estaba realmente a solas con el público, sólo respaldada por su profesionalismo actoral.
La verdad es distinta pero, insisto, esta verdad no le hurta nada al gran virtuosismo de la velada.
Y la verdad es que Pilar Villanueva no ha estado sola sino, por el contrario, muy bien protegida y arropada. Ha estado acompañado de la más poderosa de las presencias: su notable dominio en el conocimiento de las estructuras de representación de los géneros y de los estilos teatrales.
En efecto, para aquellos que piensen que “improvisar” es “crear de la nada”, hay que decir que esa idea es un error.
Evidentemente, la actriz estaba en manos del azar a la hora de extraer las frases que articularían cada uno de los trabajos, pero la actriz contó, para salir adelante, con su sólido control de las estructuras estilísticas. En este sentido el elogio es todavía mayor porque Villanueva nos compartió el privilegio de ver a una actriz profesional, en posesión absoluta de todos sus instrumentos escénicos. Desde esa posición de fortaleza (para la cual se precisan años de intensa disciplina), la oficiante pudo distenderse, relajarse y jugar a placer. Para el placer de sí misma y para el placer de todos nosotros. Una noche memorable.

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Fragmentos de dos de los seis ejercicios de improvisación emprendidos por Pilar Villanueva.


El personaje de Lenin (Alejandro Herrera) en la puesta en escena de la agrupación jalisciense La Nao de los Sueños, dentro de las Jornadas Dionisiacas.

Absolutamente desechables, instalados en el sótano de la cadena no sólo alimenticia, sino existencial, tres adolescentes psicóticos coinciden en un departamento sucio y abandonado. En el socavón viven los hermanos Lenin (Alejandro Herrera) y Simón (Jesús Sánchez), quienes comparten un pasado turbio, violentados de diversas formas por sus padres. Hasta ahí llega Barreto (Ernesto González) para afinar los detalles de un asunto sórdido que se traen entre manos. Barreto se quiere suicidar; no sólo para ponerle fin a una vida a la que no le encuentra sentido, nublada por capas interminables de rencor, sino para vengarse de sus padres, a los que les achaca todos sus males. Lenin tiene una idea parecida, que además quiere compartir con su hermano menor Simón (Simona, todavía niña, en la dramaturgia original de Mariana Lecuona).
La manera en que los personajes alcanzarán sus fines y, sobre todo, la forma en la que nos permitirán ir descubriendo los motivos de su desesperación, establece el desarrollo de Comida para gatos (Mariana Lecuona, 2001), una pieza trágica de la que el grupo jalisicense La Nao de los sueños ofreció su versión en la segunda jornada del encuentro Jornadas Dionisiacas, en Morelia.


Jesús Sánchez en el papel de Simón, el hermano menor de Lenin. En la dramaturgia original de Mariana Lecuona el personaje es Simona, una puber todavía niña.

Una pieza híbrida
Híbrida por derecho propio, esta pieza se mueve entre los ámbitos de lo real y lo irreal. Oscila entre la miseria física, dolorosamente material en la que habitan los personajes, y toda una gama de horrores y maravillas que pulsan más allá, en las honduras de sus mundos interiores.
En este último sentido, será Simón (nuevamente: Simona, casi una niña, en el texto original de Lecuona) la puerta de acceso a ese mundo fantástico en el cual lo mismo se agitan, inquietantemente, latencias incestuosas y numinosos atisbos sólo asequibles al pensamiento infantil.
Pesarán en la puesta, sin embargo, las muchas orfandades que ciegan y deforman a los personajes por dentro.
Oscilando así, entre lo que sería una experiencia escénica heredera del teatro-documento que nos legó el sueco Peter Weiss hace cincuenta años, pero con los componentes políticos hondamente incrustados y casi ocultos en la exhibición de su tejido existencial, Comida para gatos es una radiografía de nuestro mundo moderno: este mundo post Festen (Thomas Vinterberg, 1998) donde los padres que asaltan sexualmente a sus niños y que los maltratan de muchas otras maneras son el pan de todos los días.
Y fruto de su circunstancia, nuestros tres personajes devienen algo así como los tres tristes tigres del trabalenguas popular (pero sin siquiera trigo qué tragar, dada la visión totalmente trágica): potencialmente provistos de todo para salir adelante, pero fatal y tempranamente envenenados del espíritu. Barreto es un rencor vivo; Lenin, una mueca de dolor. Simón, desde su beatífica inconsciencia de niño, es una caja de resonancia que proyecta, sin discriminación, relámpagos de horror y maravilla.

Los personajes de Barreto y Lenin, en primer plano. Simón al fondo.

De la puesta en escena
Teatro espejo, teatro reflejo, Comida para gatos le toma el pulso a una realidad de carencias infinitas. Pero a nivel de dramaturgia, el rasgo más demandante parece ser la tensión que el texto exige para que el tono naturalista (propio de una pieza) permita los resquicios por los que debe asomarse lo real maravilloso (un poco, pienso, a la manera de La historia de infancia de Nuc, de Elena Guiochins, que vimos en Morelia hace casi dos años).
Es precisamente en este punto donde la puesta en escena de La Nao de los Sueños no las ha tenido todas consigo en la función matutina del jueves.
Ha habido, de parte de los tres actores, un trabajo físico muy exigente, prácticamente extenuante, pero la vehemencia en la energía no ha encontrado su correspondencia con el ritmo, mucho más plano de lo deseable.
La experiencia demuestra que cuando un ritmo se achata o no se sostiene, el problema fundamental suele encontrarse en la actuación.
Ante este detalle hay que poner, en perspectiva, una escenografía inteligente, cerrada en un cajón cuyos muros descascarados nos permiten penetrar a la intimidad del cubo y a la atmósfera absolutamente crepuscular y desolada, que es más un paisaje mental que un territorio físico.
Los créditos de este trabajo incluyen a Adrián Nuche González en la dirección escénica y en la musicalización; Karina Morán Jiménez en la asistencia de dirección; Miguel Ángel Sánchez Rivera en la coordinación de producción; Isaac Martínez Vargas en la asistencia de producción; Michael Cuvellier en la escenografía; Rodrigo Sosa en la iluminación, y Andrés David en el vestuario.

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Algunos momentos de Comida para gatos, en versión de La Nao de los Sueños, de Jalisco.

Manuel Ortega en el papel de Hidalgo y Eduardo Guízar en el papel de Allende en Hidalgo, el sol y el dedo.

Es una sucesión de ágiles cuadros escénicos que colocan al Padre de la Patria en perspectiva ante sus aliados, ante sus antagonistas, ante su historia y ante sí mismo. Es un abanico de estampas que instalan al cura de Dolores de cara ante sus enemigos externos… pero también ante los internos (“Vade retro, sacristán”, le espeta Hidalgo al asistente que, viperinamente, le desliza en cierto momento la tentadora oferta de que negocie con los realistas y se convierta en virrey). Pero es, sobre todo, la celebración del héroe con una alegría plena, henchida de sí misma, que niega cualquier media tinta y hasta cualquier desenlace trágico, pues la hora del fusilamiento ante el paredón es también la del personaje que abandona su circunstancia y se dirige al público para argüir los motivos por los que las leyendas son inmortales.
En el inter, un tratamiento ligero y por completo antisolemne hace de Hidalgo, el sol y el dedo una farsa deliciosa y, en este sentido, más pertinente que una docena de conferencias, presentaciones o disertaciones históricas más o menos solemnes en torno al tema.

La farsa Hidalgo, el sol y el dedo abrió las actividades de las Jornadas Dionisiacas, el miércoles en el foro El Refugio del Juglar.

Pequeña joya del teatro político
Desde estos atributos, la tragifarsa en dos actos Hidalgo, el sol y el dedo (Héctor Ortega, 2003) es una pequeña joya del teatro político mexicano contemporáneo: cuestiona a los héroes y los desmitifica... pero sin minimizar el aura heroica que los rodea. Son más héroes que nunca, pero también más humanos.
Es de este modo como no sólo podemos conocer, por ejemplo, los amoríos del sacerdote (el lugar más común de todos), los cuales sirvieron de pretexto para expulsarlo de Valladolid y enviarlo a Colima cuando su pensamiento se volvió incómodo para el status quo, sino los piquetes de ojos y movidas de tapete que ya en plenas campañas le dedicaba Allende de vez en vez, nunca convencido el capitán de que un religioso de sotana pudiera cumplir bien un papel militar. O la candorosa y absoluta entrega a la causa de Mariano, mejor conocido como El Pípila (“esa pinche puerta no me va a servir ni de garambuyo”, declara, presto al asalto contra la alhóndiga) y los predecibles duelos clasistas entre él y los emperifollados oportunistas que se han instalado como asistentes personales de don Miguel (“somos demócratas, pero todavía hay niveles”). El retrato de estos personajes “tan humanos” ha sido organizado de tal modo que nos permite respirar y hacernos cómplices de la complicada realidad social de la época, a comienzos del siglo XIX, a partir de lo cual es posible varios zarpazos satíricos a la complicada realidad social de nuestro tiempo, a comienzos del siglo XXI.

Vista parcial del elenco reunido para la lectura de teatro en atril.

Humor reflexivo
Lo más atractivo de una obra de “género chico”, como esta, es la calidad de su humor reflexivo. Toda la estructura (desde la concepción de la narradora que cobra la forma de una pregonera de hace doscientos años, transformada en guiño a los mass media de hoy, hasta los modismos de mestizos con ínfulas de peninsulares, equivalentes a la naca fresez de nuestros lúmpenes de hoy con ínfulas de clase media alta como la Doloritas que trata de tutearse con Hidalgo, a quien trata de “su Ilus” para afianzar su ascendencia sobre la plebe, como servidora del caudillo insurgente), está al servicio de un permanente juego de reflejos y ecos que van del México de hace doscientos años al de hoy.
Veremos, en el inter, a un Hidalgo muy receloso de dar el grito. Conoceremos a una plebe incapaz de comprender los verdaderos motivos del alzamiento, y para la cual es preciso “resumir” las ideas y darles una forma asequible. Atestiguaremos un jocoso encuentro entre fray Diego Abad y Queipo e Hidalgo, previo al estallido insurgente, en el que el primero declara su fe en la diplomacia, mientras el segundo va cobrando una clara conciencia de su papel y afirma (en una de las más bellas líneas del texto) que “ellos (el pueblo) son el cuerpo de Cristo y con ellos está Dios”.
No nos quedará más remedio que coincidir con el pragmatismo de un hombre de acción, como Allende, quien afirma en algún momento: “Por lo pronto, queremos una patria: ya después veremos qué hacemos con ella”. Confirmaremos cómo las divisiones internas entre la cúpula independentista contribuirá a debilitar la eficacia de los ataques insurgentes hasta desembocar en el episodio de Acatitla de Baján, y seremos cómplices de una visión en la que Hidalgo, ya cautivo, es visitado por la sombra de un Abad y Queipo muy arrepentido y muy consciente no sólo del juicio de la historia sino del propio destino que le espera, más allá de la muerte de su antiguo amigo.
El desenlace vendrá con el cuadro del fusilamiento y el estoicismo con el que Hidalgo soporta en pie dos cargas de fusilería (el dato es histórico), y la inopinada ruptura del guión, antes de la tercera descarga cuando, ya más allá del tiempo y de la muerte, el héroe se adelanta y regaña a sus verdugos en plan de “ya estuvo, ¿no?” (“¿Qué no ven que no pueden matar a quien pelea por la justicia?”).
Muy tópico. Sí. Pero no menos cierto. Y para redondear la simplísima alegría que se oculta tras esa verdad, he aquí una obra que no concluirá con la trágica muerte, pero tampoco con la exhortación acartonada y austera, sino con un alegre sonecito tropical que festejará lo imposible que es “tapar el sol con un dedo”.

Una imagen con el elenco y organizadores de las jornadas, al término de la función.

Por encima de lo fársico y aún de lo paródico, los personajes de esta pieza jamás pierden un ápice de su dignidad. Conseguir esto sin acudir al panfleto es otro de los aciertos del trabajo, con el que el miércoles por la noche comenzaron en Morelia las actividades de las Primeras Jornadas Dionisiacas, organizadas por el colectivo Proescénicas, con la colaboración de instituciones como el IMSS, la Universidad Michoacana, el Cedart Miguel Bernal Jiménez, la Escuela Popular de Bellas Artes, la Universidad Latina de América campus Morelia, el parque zoológico Benito Juárez, la dirección de la Casa de la Cultura de Morelia y el Museo del Estado, así como de una decena de patrocinadores privados. El trabajo ha sido coordinado por Manuel Ortega, quien también encarna al Padre de la Patria. Participan además Gloria Guilbert, Eduardo Guizar, Elizabeth Silva, Jaime Homar Jacobo, Santiago Hernández y Rodrigo Villamil.
EPBA, IMSS y Colectivo Proescénicas

Listas, las Jornadas Dionisiacas

Michoacán 2010; abren el miércoles


Manuel Ortega como el Padre de la Patria en una caracterización ad hoc para el tono de la pieza fársica Hidalgo, el dedo y el sol, que mañana miércoles abre las Jornadas Dionisiacas en El Refugio del Juglar.


Lo ofrecieron y lo cumplieron. Con el apoyo del IMSS, la Escuela Popular de Bellas Artes, el Cedart y patrocinios privados diversos, el Colectivo Proescénicas inaugura este miércoles 3 de marzo la primera actividad teatral fuerte del año: las Jornadas Dionisiacas Michoacán 2010, que congregan a grupos de Jalisco y Michoacán y se extenderán durante 4 días, hasta el sábado 6, en escenarios como el teatro Stella Inda, la sala Silvestre Revueltas de la EPBA plantel centro, el auditorio del Cedart Miguel Bernal Jiménez y El Refugio del Juglar. Adicionalmente, actividades de divulgación se emprenderán en el propio Refugio del Juglar.
Así que, comenzando el teatro local del 2010, la información más amplia y a detalle estará empeñada con este blog. Empecemos con puro material exclusivo. Y dice así:

Primera jornada: abre Michoacán
con un sui géneris cura Hidalgo

La inauguración de las jornadas y la primera función tienen mañana como sede El Refugio del Juglar. La ceremonia de protocolo se cumple a partir de las 19:00 horas. Treinta minutos más tarde, a las 7:30 de la noche, se procede al estreno de la pieza Hidalgo, el sol y el dedo, de Héctor Ortega, en un formato de lectura dramatizada que coordina el actor Manuel Ortega, representando a Morelia, Michoacán.
Tal como sugiere su título, Hidalgo, el sol y el dedo (por aquello de querer tapar al uno con el otro) es una obra cómica-política y uno de sus principales objetivos es desmitificar la imagen de personajes como el cura Hidalgo, los capitanes Allende y Aldama y todos esos personajes que conocemos desde niños pero a los que siempre los han puesto como héroes implacables y acartonados.
Lo que hace Héctor Ortega en su texto es presentarlos de carne y hueso, que los veamos dudar, pelear entre ellos, ver sus temores ante personajes como el general Félix María Calleja, que contaba con un ejército muy poderoso… no con las dimensiones de la gente que seguía a Hidalgo y Allende, pero sí muy bien armados, lo que influyó en la derrota de los insurgentes en la famosa y sangrienta Batalla del Puente Calderón, en la primera etapa de la guerra.
El dramaturgo Héctor Ortega ha escrito acerca de su obra: “A partir de un humor analítico, Hidalgo, el sol y el dedo hace un cuestionamiento de las actitudes políticas de los personajes de la guerra por la Independencia de la Nueva España. Hidalgo no era sólo un cura de pueblo, sino un personaje que se formó con la ideología de la Revolución francesa. Su historia es vigente no sólo porque nos habla de la crisis de los partidos políticos que vivimos actualmente, sino también de la crisis de la izquierda mexicana de hoy. La del cura Hidalgo es la historia de un movimiento revolucionario que busca la paz y la justicia”.
Luego de su intervención inaugural en las jornadas, Hidalgo, el sol y el dedo continuará su temporada de este mes en las siguientes sedes:

5 Marzo Colegio de San Nicolas de Hidalgo, 19:30 horas.
9 Marzo Auditorio de la UNAM campus Morelia, 19:30 horas.
10 Marzo Casa Natal de Morelos, 19:30 horas.
11 Marzo Centro de Salud Mental (a un lado de la Universidad La Salle), 12:00 horas.
18 Marzo Universidad Latina, 13:30 horas.

El personaje de Barreto en la versión de Comida para Gatos (Alejandra Lecuona, 2001), que ofrecen pasado mañana, jueves, en Morelia , los integrantes del grupo jalisciense La Nao de los Sueños.

De Comida para gatos a Round de
sombra
y Ángeles y vagabundos
Para el jueves cuatro, la primera actividad es escénica. En punto de las diez de la mañana se presenta una función de Comida para Gatos, de Mariana Lecuona, en versión del grupo La Nao de los Sueños, de Guadalajara, Jalisco. La sede es el Teatro Stella Inda, del IMSS.
Comida para Gatos no es desconocida en Morelia. A comienzos de esta década, en estrecha colaboración con la entonces jovencísima dramaturga oriunda de Michoacán, el director Fernando Ortiz presentó una interesante versión que aprovechaba el juego espacial y sígnico con un cuadrángulo móvil a modo de única escenografía en el espacio de la galería de exposiciones temporales del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce.
La obra, absolutamente descarnada y jugando siempre al péndulo entre la fantasía y la realidad, nos presenta a los amigos adolescentes Lenin y Barreto, quienes se citan para suicidarse en la casa en ruinas donde vive el primero. Durante la cita fatal se descubren los motivos infantiles de Barreto para suicidarse, cuyo relato hace que que Lenin decida aplazar el acto final e irse en busca de su hermana, Simona: otra chica psicótica a la que no le cuesta mucho convencer de que lo acompañe en un viaje “al otro lado del espejo”.
Será hasta el final cuando la relación entre el relato de Lenin devele, a su vez, los horrores que han orillado a Lenin a terminar con su vida y con la de su hermana.

Las actividades del jueves continúan a las 12:00 horas con una mesa redonda en la que se incluyen ponencias y reflexiones y que tendrá lugar en el Auditorio II de la Casa de la Cultura.

Para las 17:00 horas, se ofrece una función de Round de sombras, en versión del grupo Silencio Teatro, de Morelia, Michoacán, que en la pasada Muestra Estatal dio una de las mejores excperiencias de aquel escaparate. La función del jueves tiene como sede el foro del Cedart.
Como parte de la trilogía Químicos para el amor, de Carmina Narro, Round de sombra nos muestra, recién separados, al bioquímico Andrés Belaunzarán y a la ejecutiva bursátil Julia, quienes se reúnen una noche en la casa que compartieron. Él la ha invitado a cenar y durante el encuentro se muestra obsequioso, atento: busca una reconciliación. Ella, en cambio, se resguarda detrás de una calculada armadura de frialdad y sarcasmo por la que resbalan los intentos de Andrés en pos de empatía.
La cena se desarrolla con intensidad, entre diálogos que transitan activamente de las confidencias al enfrentamiento y al reproche mutuo. A través de tales manifestaciones podemos reconstruir la historia de los personajes y, sobre todo, la naturaleza del momento que están compartiendo: una vez perdido el amor y con las heridas frescas y abiertas, no queda más que revolcarse entre los escombros de la intriga, el entredevoramiento mutuo y la desidealización.
Así: agria, irónica, de momentos dolorosos y un final contundente, Round de sombras hace de sus dos protagonistas ejemplares perfectos para la vivisección del desencanto, de los egoísmos, de los celos y de la culpa, pero sobre todo, permite la vivisección del amor como un duelo de poder. Y en ese duelo cada uno de los enamorados, en nombre del amor, buscará (y logrará) la cruel destrucción del otro.

Finalmente, a las 19:00 en el teatro Stella Inda, del IMSS, concluye la jornada con una función de La historia del Ángel y el vagabundo, a cargo de los grupos Punto de Fuga, del DF, y Artemisa Teatro, de Guadalajara, Jalisco.
La historia del ángel y el vagabundo se basa en el cuento El ángel caído, del poeta modernista mexicano Amado Nervo.
Quienes estén familiarizados con la obra de Nervo recordarán que un ángel y un niño, procedentes de mundos absolutamente opuestos, se encuentran en un claro del bosque. El niño auxilia al ángel, que se ha roto un ala, y lo lleva a su casa. Variantes importantes habrá en la puesta, pues la sinopsis de la obra habla, ya no del niño, sino de un vagabundo que se encuentra con el ángel. Ambos, "desterrados de sus universos y ante la incertidumbre de desconocer su identidad, se ven impelidos a intercambiar sus historias personales. Esto los llevará a confrontar su realidad y a reconocerse uno en el otro, guiando sus pasos al encuentro final con ellos mismos".
De la puesta, la compañía jalisciense ha dicho que se propone contar un cuento retomando formas de la tradición Hindú. Buscan generar al mismo tiempo, mediante la acción y la palabra, “continentes poéticos que comprometan al espectador con su función dentro del hecho escénico, con su propio mundo y las referencias propias; siendo cómplice del actor en el teatro como ritu al. El compromiso del actuante, sin más recursos que su voz y su cuerpo, será involucrarse con la verdad escénica que genera en ese instante (momento único e irrepetible)”.

Breve agendario
Hasta aquí la programación a detalle. Pero por no dejar, el resto de las Jornadas Dionisiacas tiene el siguiente programa, por si alguien quiere agendar con tiempo:

Viernes 5
17:00 a 19:30 horas. Mesa redonda: Ponencias y reflexiones. (Sala de Protocolos, Casa de la Cultura de Morelia.)
20:30 horas. Función de Sola, Grupo Ápeiron Teatro de México D. F. (lugar: Sala Silvestre Revueltas de la EPBA)

Sábado 6
11:00 horas. Mesa redonda: Presentación de conclusiones y lectura de relatoría. (Museo del Estado)
19:00 horas. Función de El médico a palos, a cargo del Centro Cultural American Team de México D.F. (Lugar: Sala Silvestre Revueltas de la EPBA)
21:30 Clausura en el Refugio del Juglar.


EN VIDEO

Un lúdico clip que muestra aspectos de la puesta en escena de Hidalgo, el sol y el dedo, a cargo del grupo La Percha, en el CENART en 2009. Esta obra original de Héctor Ortega abre mañana las actividades del Encuentro Dionisiaco en Morelia, en una lectura en atril que coordina el actor Manuel Ortega.