Reprocha Eduardo Sánchez-Zúber al FIMM el excluirlos

Cierra Osidem el 2010 con

tres conciertos especiales

Durante la conferencia de prensa en el café del teatro Ocampo.

Con un programa que incluye obras de Beethoven y Elgar, la Orquesta sinfónica de Michoacán da comienzo este viernes por la noche a la que será su última temporada de conciertos en 2010.
Serán, en total, tres las presentaciones de la orquesta en la recta final del año.
Para esta noche se ofrece la obertura Las ruinas de Atenas opus 113 y la Sinfonía No. 6 en Fa mayor opus 68. Pastoral, de Beethoven, así como el concierto para violonchelo opus 85 en Mi menor del compositor británico Sir Edward Elgar. El solista durante este último será Benjamín Murillo Ballesteros.
La cita es a las 20:30 horas en el teatro Melchor Ocampo.
Las restantes dos presentaciones de la Osidem han sido programadas para el 10 de diciembre, también en el teatro Ocampo, y el 15 de diciembre en la catedral de Morelia
Durante la velada del día 10 la orquesta ofrercerá la Obertura Festival Académica opus 80, de Brahms, así como el Concierto para violonchelo número 1 opus 107 de Dimitri Shostakovich y la Sinfonía número 2 opus 61 en Do mayor, de Schumann, con la intervención de José Luis Herrera Hernández como solista.
Finalmente, el concierto del 15 de diciembre en la catedral se emprenderá a las 20:30 horas con motivo de festejar el XXV aniversario de la ordenación episcopal del arzobispo de Morelia, Alberto Suárez Inda. El programa de la noche inclue el reestreno de Variaciones, de José Manuel Delgado, de la cual Rogelio Vázquez Carmona, director de la Escuela de Música Sacra de la Arquidiócesis de Morelia, sostuvo que no se interpretaba desde el siglo XIX y cuyo rescate ha sido fruto de una labor de investigación. El concierto en catedral también contempla el Concierto para flauta, de Mozart y el Concertino para órgano y orquesta, del moreliano Miguel Bernal Jiménez, como un homenaje en su centenario natal.
Para este concierto en la catedral se contará con los solistas Manuel Alfonso Clavijo en la flauta, y Laura Angélica Carrasco Curínzita en el órgano.
Mientras, al abundar sobre el homenaje a Bernal Jiménez, el director artístico de la Osidem, Eduardo Sánchez Zúber, formuló algunos reproches al patronato del Festival Internacional de Música de Morelia, que en su edición 2010, por segundo año consecutivo, no invitó a la Osidem a participar en ninguno de sus conciertos.
El titular de la sinfónica estatal también aprovechó para recordar lo intensa que resultó la agenda del ensamble durante este año y ofreció algunos comentarios al programa, que figuran en el video, debajo de estas líneas.

EN VIDEO / Conferencia de prensa


Declaratoria de la UNESCO

Pirekua, patrimonio universal

La representación mexicana ante Unesco durante la declaratoria, en Nairobi.

Este martes 16 de noviembre de 2010, México logró que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), reconociera sus tres candidaturas a la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad: la cocina tradicional (respaldada por un estudio de caso procedente de Michoacán), la pirekua (que es una de los géneros musicales de la etnia purépecha, también en Michoacán) y la fiesta de los Parachicos, oriunda de Chiapa de Corzo, Chiapas.
Las nominaciones fueron incorporadas durante la V Reunión del Comité Intergubernamental para la Salvaguarda del Patrimonio Intangible de la Humanidad de la Unesco, celebrada en la ciudad de Nairobi, en Kenya, África.
Este es, por decirlo así, el segundo gran hit que anota Michoacán ante el organismo en materia de cultura intangible en menos de una década. Apenas en 2003 la Unesco aceptó añadir a su lista la tradición de Día de Muertos en México, cuyo principal expediente fue también michoacano.
La lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en la que a partir de hoy figuran las pirekuas fue constituida por la Unesco en su Convención de 2003 y ha sido firmada hasta ahora por 132 países. Su objetivo es proteger culturas y tradiciones populares, reconociéndoles un valor idéntico al de la cultura “tangible” (sitios y monumentos). En total, con los casos de la pirekua y de la gastronomía tradicional mexicana, son 178 las prácticas culturales o tradicionales que han sido inscritas como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

El secretario de Turismo de Michoacán, Genovevo Figueroa Zamudio, y el gobernador Leonel Godoy, al dar la noticia en Morelia.

La palabra Pirekua, que habitualmente se traduce al español como “canto” o “canción”, sirve para representar a uno de los tres géneros musicales más característicos de la etnia purépecha de Michoacán. Los otros dos, naturalmente, son los sones y los abajeños.
Una diferencia entre la pirekua y los sones y abajeños consiste en que los segundos son, ante todo, piezas bailables. La pirekua, en cambio, es para ser escuchada.
Aquel que interpreta pirekuas recibe el nombre de pireri y estas canciones pueden ser interpretadas por formaciones muy disímbolas. Se dice que la formación tradicional es la de cuarteto (guitarras, violín y contrabajo), pero la verdad es que las pirekuas pueden ser igualmente interpretadas por solistas, duetos, tríos, orquestas e incluso por grupos corales a capela. Sea en una u otra formación, la pirekua es un vehículo de expresión de los más diversos temas que van de lo amoroso a los de contenido social, pasando por el remordimiento, la alegría, la celebración, la pena e incluso una picarezca muy sui generis.

En su libro Mitote, Fandango y Mariachero, el investigador Álvaro Ochoa Serrano, del Colegio de Michoacán, señala que el origen de las primeras bandas y orquestas purépechas se remonta al año de 1540, con la llegada a tierras michoacanas de los primeros misioneros agustinos, procedentes de Guerrero. La orden emprendió sus labores evangelizadoras a través de la música en comunidades como Tiripetío, Tacámbaro, Zirosto, San Juan Parangaricutiro, Zacán, San Felipe de los Herreros, San Francisco Corupo y Tingambato, donde establecieron conventos e introdujeron instrumentos musicales europeos como vehículos para convertir a los indígenas a la fe cristiana.
Sin embargo, la Pirekua tal como hoy la conocemos surge a mediados del siglo XIX, parcialmente inspirada en los valses propios de la época, combinando esa influencia con la sensibilidad y las estructuras propias de la etnia purépecha en Michoacán.

Dos de los representantes de la delegación Mexicana, en Kenya.

Al dar a conocer la noticia, el gobierno de Michoacán emitió hoy un comunicado que documenta la conferencia de prensa (a la que no alcancé a llegar en persona) donde el gobernador Leonel Godoy, acompañado del secretario de Turismo, Genovevo Figueroa Zamudio, dieron a conocer el nombramiento realizado por la Unesco.
El boletín señala que, durante su intervención, el gobernador dijo que este nombramiento “nos enorgullece como michoacanos y como mexicanos, al ser considerados materiales intangibles e inmateriales de la humanidad. Los nombramientos vienen a fortalecer y ratificar el buen año que se ha tenido en materia turística en Michoacán, al tener un repunte importante en relación al año 2009”.
“Los resultados logrados demuestran que se vienen haciendo bien las cosas en el tema turístico en el estado, aprovechando de gran forma los recursos con los que se cuenta, contribuyendo de esa forma a que el sector sea pieza fundamental en el desarrollo económico del país y del estado, ya que se generan empleos, se conservan tradiciones culturales traducidas en bailables, música, comida, lo que contribuye a seguir siendo un referente en lo que a turismo cultural se refiere”.
Por su parte, Genovevo Figueroa Zamudio, secretario de Turismo, indicó que “la inscripción no se dio como una gracia inmerecida, se debe más bien a una ardua y paciente labor que llevó a la elaboración de un expediente que tuvo que cumplir con rigurosos criterios fijados por ese organismo internacional, mismo que requirió de manera perentoria se partiera de un caso específico para evaluar la factibilidad del plan de salvaguardia, razón por la cual se tomó como punto de partida el paradigma de Michoacán, entidad en la que se ha desarrollado el programa de Cocineras Tradicionales con excelentes resultados”.
“Entre los méritos que fueron tomados en cuenta para considerar la cocina tradicional de los mexicanos como una manifestación cultural viva, representativa de la humanidad están su antigüedad, su continuidad histórica, así como la originalidad de sus productos, técnicas y procedimientos. Y es que, en efecto, en su raíz más ancestral la comida que hoy se sigue comiendo en el país en lo esencial no difiere de la que se comía en el pasado remoto, debido a que la base constituida por el maíz, el frijol y el chile sigue teniendo total vigencia”.
Asimismo indicó que La Pirekua, el canto tradicional Purépecha fue declarado hoy Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad, durante la Sesión de la UNESCO donde se analizaron 67 expedientes de 32 países, y los casos michoacanos se aprobaron con número de folio 00398, en el caso de la Pirekua y 00400 en el caso de la Cocina Tradicional Mexicana, para formar parte de la Lista Oficial de Patrimonio Cultural.
Genovevo Figueroa mencionó que al tiempo de su registro en la lista del Patrimonio Mundial, los dos casos michoacanos son reconocidos como parte de la diversidad cultural del Mundo y la delegación mexicana se comprometió a trabajar intensamente para rescatar, salvarguadar y promover estas ricas expresiones culturales como la música, unida a la lengua purépecha y la gastronomía.

Entre otras manifestaciones culturales incorporadas hoy por la Unesco a su lista patrimonial figuran la cocina mediterránea (candidatura compartida entre España, Grecia, Italia y Marruecos), así como el género dancístico del flamenco.

EN VIDEO / Una pirekua


ENLACES
Hay un buen artículo alusivo al tema de la pirekua en el blog Macuala “Música Tradicional Mexicana”; el enlace, aquí

Un post más académico (no en balde figura en la página institucional de la CDI), pero emprendido con buen conocimiento real, directo, y que incluye varias pistas reproducibles y descargables, se encuentra en este enlace.
Abre la Muestra Estatal

Fernando Ortiz durante el anuncio de los contenidos de la Muestra Estatal de Teatro de Michoacán 2010.

Con quince obras michoacanas (doce de Morelia, dos de Uruapan y una de Tacàmbaro), a las que se añaden dos obras invitadas procedentes de Guadalajara y del DF, este jueves18 de noviembre inicia la Muestra Estatal de Teatro 2010, que originalmente debió celebrarse en junio pasado, pero que fue pospuesta por las tareas de intervención en el teatro Melchor Ocampo.
Las dos obras invitadas son Adiós, querido Cuco (Susana Romo. Jalisco, 2010), y Más pequeños que el Guggenheim (Alejandro Ricaño. Veracruz, 2009), la primera de ellas inscrita dentro del homenaje a la dramaturga y directora Perla Szuchmacher, y con la cual se abren las actividades a las 20:30 horas en el foro La Bodega.
Mientras, el programa michoacano incluye el siguiente calendario:

VIERNES 19
Psicosis (alumnos de 4º año de la licenciatura de Teatro, turno matutino, EPBA)
Facultad de Medicina de la UMSNH, 17:30 y 20:30 horas

El secreto de Gorco (Teatro Movedizo, Uruapan)
Foro La Bodega, 19:00 horas

SÁBADO 20
La zorra y las uvas (Sociedad Escènica Uruapan)
Teatro Ocampo, 19:00 horas.

Viejitos en fuga (Grupo Seminis Artis, Morelia)
Foro La Bodega, 20:30 horas.

DOMINGO 21
Todos los héroes del bicentenario (Compañía teatral Cacofonía, Morelia)
Teatro Ocampo, 12:00 horas

¡Vieja el último! (Compañía Expresión teatral, Morelia)
Teatro Ocampo, 16:30 horas

Aquí no paga nadie (Compañía de Teatro Libre Sor Juana, Tacámbaro)
Foro La Capilla, 18:00 horas

Despidiendo a una soltera (Charani Kèri, Morelia)
Foro La Bodega, 20:30 horas

LUNES 22
Un libro muy especial (Compañía Universitaria de Teatro, Morelia)
Teatro Ocampo, 18:00 horas

La mirada oculta (El Chequelete Teatro, Morelia)
Foro La Bodega, 20:00 horas

MARTES 23
Carmelita, la niña del mechón (Santa Herejía Producciones, Morelia)
Foro La Capilla, 10:30 horas

El motel de los destinos cruzados (AnimarT Teatro y EPBA, Morelia)
Foro La Bodega, 18:00 horas

Edy Walls (Pentagrama Teatro, Morelia)
Teatro Ocampo, 20:30 horas

MIÉRCOLES 24
Mañana (Pantomima-Teatro Arlequín, Morelia)
Foro La Capilla, 19:00 horas

El despertar de un pueblo (Grupo ConFiltro, Morelia)
Foro La Bodega, 21:00 horas

JUEVES 25
Más pequeños que el Guggenheim (agrupaciones La Talacha Teatro, Los Tristes Tigres y Embalaje Teatral, Veracruz)
Foro La Bodega, 20:30 horas.

La obra de apertura, este jueves, Adiós, querido Cuco, está dirigida a un público infantil y se ocupa del tema de cómo afrontar la pérdida de un ser querido o de una mascota. Durante el proceso de puesta en escena, dentro del programa Argonautas, operas primas, impulsado por Fausto Ramírez, la debutante directora Romo contó con la asesoría de diferentes profesionales, en especial de la dramaturga y docente de teatro para niños y jóvenes Perla Szuchmacher.
Juan Torres en la Galería de Turismo

Fiesta de Muertos en Michoacán






Lo numinoso y lo social
Perteneciente a una tradición figurativa que corresponde al arte moderno mexicano, la obra de Juan Torres se ha caracterizado en sus mejores momentos por su atención a los contenidos místico-profanos que definen a gran parte de las fiestas y fechas del calendario popular y rural mexicano. Esa veta numinosa perdura en esta exposición, pero coexiste con otros intereses.
Buena parte de la obra plástica, por ejemplo, se refiere explícitamente a las conmemoraciones de Los Fieles Difuntos en panteones y hogares de distintas comunidades de Michoacán. Óleos y mixtas como Panteón de Capula, Ofrenda con Cristo, Angelito, Panteón de Tupátaro, Migrantes visitan a sus muertos, Ofrenda, Día de Muertos en la Sierra y, de manera muy significativa, Virgen de la Salud, se aplican a captar el sentido mítico y cosmogónico que subyace al ritual en comunidades lacustres, de la sierra e incluso de la costa de la entidad, pero también incluyen apuntes de naturaleza más sociológica e incluso antropológica al mostrar cómo se modifican los atuendos de ciertos personajes o los materiales para los objetos de culto, de acuerdo a las mareas que impone el dinámico vaivén del permanente oleaje del mestizaje cultural.




Homenaje y legado
Juan Torres estará inaugurando en breve otra exposición individual en Morelia, esta vez con obra reciente, de este mismo año, en el Centro Cultural Universitario, con el tema de la mujer y la Revolución Mexicana. Mientras, Fiesta de Muertos en Michoacán es una aproximación a parte de la obra que ha realizado en los últimos cinco años, la mayoría inédita en Morelia. Obligadamente, no están aquí los mejores títulos de esa producción, ya que buena parte de ella fue vendida a coleccionistas privados durante una exposición en Monterrey. No importa. La exposición es también un homenaje al artista: y merecido, dada no sólo su trayectoria sino el papel que ha jugado como impulsor de nuevos diseños y tratamientos para la alfarería en Capula.
Baste recordar el papel que Torres jugó en el desarrollo de las hoy muy populares Catrinas de barro, inspiradas en la obra gráfica de José Guadalupe Posada, y para las cuales los artesanos de Capula cuentan con una marca colectiva otorgada por el IMPI y la Secretaría de Economía, la cual los protege comercialmente.
Por cierto, al lado de las Catrinas, los capulenses cuentan con otras dos de las más de 30 marcas colectivas Región de Origen que expiden en México las instituciones citadas: una para su alfarería tradicional y otra para su alfarería punteada.

EN VIDEO / Aspectos de la inauguración
Cine y Revolución en Morelia

Memoria y movimiento


El Fernando de Fuentes que nos legó dos de las mayores obras del cine mexicano como forma de pensamiento (El compadre Mendoza de 1933, y ¡Vámonos con Pancho Villa! de 1935), fue también el artífice de la más perfecta fórmula nacional del cine de entretenimiento, es decir, del cine que nos distrae de la realidad: Allá en el Rancho Grande (1935), que sentó un modelo y, en varios sentidos, parió a nuestra industria fílmica. A partir de la cinta protagonizada por Tito Guízar, René Cardona y Esther Fernández, las exitosas comedias rancheras del periodo se ocuparon de imponer la idea de que los únicos conflictos del mundo rural mexicano consistían en cantar canciones y enamorar muchachas.
Y aunque plantearlo así no es totalmente justo para De Fuentes, quien fue un genio, su caso es útil para poner en perspectiva las facetas del Cine de la Revolución en México, que en un amplísimo arco que va de La banda del automóvil gris (Rosas Moreno, 1919) a Zapata, el sueño del héroe (Arau, 2006), ensayó y configuró miradas inéditas en pos de identidad, pero también de estereotipos; en pos de valores, pero también de visiones idealizadas y llenas de glamur. Ha sido este un cine que colaboró activamente en el proceso de construcción de una identidad para la nación que estaba surgiendo con el siglo XX, al aportarle tanto mitos y paradigmas, como críticas y disimulos.

La prolija producción de películas que de una u otra forma aluden al tema de la Revolución Mexicana, y que ha de andar rondando los seiscientos títulos, hace pensar que sería imposible una exposición que diera cuenta razonable de esa riqueza o, por lo menos, de las trayectorias a las que apuntan, temática o estilísticamente, muchos de esos filmes.
A despecho de la incredulidad, el Instituto Michoacano de Cinematografía (Imcine), logró lo que parecía imposible al articular una exposición temática absolutamente imprescindible que abrió sus puertas en Morelia este fin de semana: Cine y Revolución.
La magna colectiva, que reúne unos 250 títulos, llegó a la capital michoacana luego de una primera temporada en la ciudad de México, en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, y se aloja en la planta alta del Centro Cultural Clavijero.


Integrada por seis salas temáticas, una sala de proyecciones y un Centro de Documentación que le da acceso al visitante a recursos virtuales y digitales que amplían aspectos de la muestra, Cine y Revolución es mucho más que un mero recuento de stills y de escenas o de tomas del cine mexicano. Es una exposición que problematiza los contenidos de la memoria, que atisba los orígenes del México posrevolucionario y que nos comparte aquello que persevera más allá de los desastres naturales y morales, más allá de las ruinas políticas y económicas; aquello que sigue respirando en las reconfiguraciones sociales y culturales de un México que es, al mismo tiempo, muy parecido y muy distinto a aquel país que, tratando de sacudirse las injusticias y desigualdades del portiriato, le dio una violenta y apasionada bienvenida al siglo XX.



Constituida a partir de unos 400 elementos, entre fragmentos de filmes, pósters, stills, equipo de filmación, utilería y parafernalia, Cine y Revolución es el fruto de una investigación de casi dos años, en la que de acuerdo a los organizadores se revisaron y registraron alrededor de 3 mil fotografías, 5 mil fotogramas, unas mil 300 secuencias de películas, 130 carteles, 200 fotomontajes, 50 registros sonoros, discografía, decenas de vestuarios, equipos de filmación, utilería, armas, libros, periódicos, revistas, guiones, reportes técnicos, álbumes, dibujos y bocetos, todo ello conservado, principalmente, en los acervos del IMCINE, de la Filmoteca de la UNAM, de la Fundación Televisa y de la Fundación Carmen Toscano, así como en numerosas colecciones públicas y privadas.
El resultado es una concentrada y deslumbrante reflexión acerca de los imaginarios, mitos y testimonios que han entretejido la identidad del México del siglo pasado, cuyos ecos alcanzan nuestro momento y ponen en perspectiva el México de hoy, el que le está dando a su vez la bienvenida al tercer milenio.


La mexicana fue la primera revolución del Siglo XX en ser filmada. Sus acontecimientos y consecuencias fueron la materia prima para el desarrollo de los primeros cineastas mexicanos (entre ellos Salvador Toscano, Jesús Hermenegildo Abitia, los hermanos Alva y Enrique Rosas), entregados a producir vistas, reportes noticiosos e incluso películas de propaganda. Mucho más tarde, hacia los años treinta, ya consolidado el nuevo régimen, la Revolución se convirtió en un tema natural para los cineastas y argumentistas que se desenvolvieron dentro del cine industrial. Fue entonces cuando comenzó la multiplicación de los filmes de ficción de tema o atmósferas revolucionarias.
Al seno de tales atmósferas, los realizadores narraron dramas amorosos o tragedias épicas, melodramas didácticos o estampas focloristas. El abanico pasa, entre otras estaciones significativas, por Flor Silvestre (1943) de Emilio Fernández, La Escondida (1955) de Roberto Gavaldón, La Cucaracha (1958) de Ismael Rodríguez, Juana Gallo de Miguel Zacarías (1959), La Sombra del Caudillo (1960) de Julio Bracho, La Soldadera (1965) de José Bolaños, Emiliano Zapata (1970) de Felipe Cazals, Reed, México Insurgente (1973) de Paul Leduc, o Los de abajo (1978) de Servando González, en las que aparecen caudillos como Pancho Villa y a través de las cuales se consolidaron las estrellas de nuestra época de oro, entre ellas Pedro Armendáriz, María Félix, Jorge Negrete y Antonio Aguilar.


De todo esto se ocupa la exposición Cine y Revolución, que es resultado de la iniciativa del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes a través del Instituto Mexicano de Cinematografía, así como de la Filmoteca de la UNAM, la Fundación Televisa, la Fundación Carmen Toscano y el Gobierno del Estado de Zacatecas.
Sin embargo, lo más celebrable de esta magna muestra es su vocación restitutiva de una memoria.
Esto es importante
Solemos creer que el pasado está muerto, pero eso no es así. Desde luego, el pasado ya no puede modificarse; no cambia. Es lo que fue. Pero eso no significa que no esté vivo. Si el pasado estuviera realmente muerto, simplemente no tendríamos tradiciones, ni memoria, ni historia. Mucho menos eso que llamamos “acervos culturales”.
Nuestra relación con el mundo depende en enorme medida de la memoria, pues la memoria no es meramente un atributo por el cual “conservamos el pasado”. En realidad, la memoria es una permanente respuesta al presente, al aquí y ahora. Mucho de lo que debemos aprender en nuestras vidas se encuentra en el pasado, sí, pero está allí esperando la oportunidad de actuar, de ejercer su acción sobre nosotros. El pasado se mantiene esperando la oportunidad de ser futuro. Y sólo para establecer esa conexión existe la memoria.


El proceso por el cual los hombres nos creamos permanentemente a nosotros mismos es la historia. Una tradición, cuando existe, sólo vale la pena por lo que puede comunicarle al presente. Este es, me parece, el mayor acierto de Cine y Revolución. Le da al visitante la privilegiada oportunidad de buscar permanentes respuestas al presente a partir de una memoria crítica y sentimental que es un patrimonio colectivo. No se la pierdan.

EN VIDEO / Palabras de Marina Stavenhaggen


EN VIDEO / Palabras de Leonel Godoy



Las obras morelianas Lágrimas de agua dulce y La luna vista por los muertos, participan en la Muestra Nacional que inicia en la Perla Tapatía


Una escena de la pieza La luna vista por los muertos, que bajo la dirección de Sheyla A. Rodríguez, también representa a Michoacán en las jornadas escénicas tapatías que comienzan este miércoles.

Y aunque comparten como denominador su formación nicolaita y su paso por el taller de la asociación teatral Contrapeso, de Roberto Briceño, tanto Ana como Sheyla también conservan rasgos exclusivísimos, formativos y generacionales.
Las dos se encuentran en Guadalajara desde este miércoles, para participar con la representación de Michoacán en la Muestra Nacional de Teatro. A continuación, en sendos videos, las entrevistas realizadas con cada una de ellas, en las que hablan de los procesos que emprendieron para llevar a escena Lágrimas de agua dulce (dirigido por la recientemente fallecida Perla Szuchmacher) y La luna vista por los muertos.

EN VIDEO / Ana Zavala en entrevista


Aspectos de la entrevista con la protagonista de Lágrimas de agua dulce.

EN VIDEO / Sheyla A. Rodríguez en entrevista

La entrevista con la debutante directora de La luna vista por los muertos.



Hubo de todo, como cada año, aunque la presencia tradicional decayó y hasta el concurso de ofrendas, habitual en la Casa de la Cultura de Morelia, se vio desangelado. Con todo, la conmemoración de Noche de Muertos en la capital michoacana mantuvo una diversidad abierta a algunas propuestas muy inteligentes (mi favorita, de entre todas, es la que abre este post, dedicada a Carlos Monsiváis y realizada por Armando Osorio).
A continuación, una selección breve de las propuestas de interés en la zona del centro histórico moreliano. El video, al final, incluye imágenes que no aparecen en las fotografías.

Una de las ofrendas instaladas en la calzada Fray Antonio de San Miguel.

Altar tradicional de la zona lacustre michoacana, a la usanza del pueblo de Santa Fe de la Laguna. Ofrenda instalada en el Archivo Histórico Municipal y Museo de la Ciudad de Morelia.

Otra de las ofrendas del 1 y 2 de noviembre en la calzada de San Diego.

Otra instalación ganadora en la Casa de la Cultura. La TV proyecta imágenes seleccionadas del filme inconcluso ¡Que viva México!, de Eisenstein.

Instalación en el patio central del Archivo Histórico del Poder Judicial de Michoacán.

Indigente muerto en vida. Detalle a otra de las instalaciones de tema libre premiadas en el ex convento carmelita.

Ofrenda a José María Morelos, en el anexo al auditorio nicolaita José Rubén Romero.

Pito Pérez y su huesuda enamorada en visión de uno de los establecimientos turísticos del primer cuadro de la ciudad.
La virtud nunca muere, una instalación más de las que se alojaron en la Casa de la Cultura de Morelia.

EN VIDEO / Ofrendas e instalaciones


El programa itinerante de documentales Ambulante llegará en el próximo 2011 a su sexto año de actividad y lo hará con nuevos proyectos y cambios que son parte del crecimiento natural de esta organización sin fines de lucro enfocada a la producción, exhibición y distribución del documental en México.
Ya dentro del Festival Internacional de Cine, el jueves 21 de octubre, en una conferencia de prensa a la que no alcancé a acudir, se dieron a conocer algunas de las principales novedades del programa. En aquella ocasión Diego Luna, Ricardo Giraldo (director de Ambulante Gira de Documentales), Carolina Coppel (coordinadora de Ambulante Más Allá), Alejandro Ramírez (director general de Cinépolis) y Cuauhtémoc Cárdenas Batel (miembro del consejo honorario del Festival Ambulante), anunciaron la reestructuración y reorganización.
Ahora, en un comunicado, Ambulante da a conocer las cinco áreas principales en las que se distribuye su propuesta de contenidos, a saber:

Ambulante Gira de Documentales: este es el Festival itinerante de documentales que todos conocemos y que recorre doce estados de la República Mexicana con una selección de más de 60 documentales provenientes de todo el mundo que se presentan en más de 140 sedes.
La quinta edición del festival representó un incremento de 50 por ciento con respecto a la asistencia en 2009; contó con la participación de 42 invitados internacionales, se presentaron 67 títulos provenientes de 27 países, y se realizaron mil 159 eventos en 141 sedes de 32 municipios.

Ambulante Internacional: dentro de esta sección, Ambulante lleva una selección de documentales mexicanos a más de 10 países en colaboración con distintos festivales, exhibidoras e instituciones, con el fin de dar a conocer la producción de cine documental mexicano, promover su exhibición y distribución en el extranjero.

Beca Gucci Ambulante: Con el propósito de apoyar la producción del documental mexicano, Ambulante y la empresa Gucci, han creado un fondo de apoyo para la postproducción de largometraje documental mexicano enfocado a una temática social. En este 2010, por ejemplo, fueron tres los proyectos apoyados por esta iniciativa y serán parte para la gira Ambulante 2011: Mosca, de Bulmaro Osornio; El cielo abierto, de Everardo González, y El lugar más pequeño, de Tatiana Huezo.

Ambulante Distribucción: Ambulante se asoció en el 2008 con la firma CANANA para distribuir documentales en cine, en circuitos independientes, DVD, televisión y recientemente VOD a través de CANANA on demand en Cablevisión.

Ambulante Más Allá: Éste es el proyecto más nuevo de Ambulante, que tiene como objetivo trabajar con grupos sociales marginados en diversas regiones de América Latina, mediante programas de capacitación en producción de video documental y vinculación con las nuevas plataformas de difusión audiovisual.

Los interesados en más información pueden acudir a la página electrónica de Ambulante desde
este enlace.

El semi-documental Las marimbas del infierno, de Julio Hernández Cordon, fue el título ganador en la sección de largometraje mexicano, de acuerdo al veredicto del jurado dado a conocer este sábado durante la ceremonia de premiación y clausura del octavo Festival Internacional de Cine de Morelia.
Y aunque la favorita entre la crítica y la prensa era A tiro de piedra, de Sebastián Hiriart, en lo personal este resultado no me disgusta en absoluto. Las propias razones emitidas por el jurado (entre ellas la de ser una historia que habla de personajes que no se rinden, a pesar de encontrar grandes adversidades para sus sueños), me parecen razonables.
Mientras, la mención especial de largometraje ha sido para Tierra Madre, de Dylan Verrechia y Aideé González (por brindar “un retrato único acerca de una mujer única”) y el premio del público (en el cual, ahí sí, nadie se equivocó), ha sido para la comedia Acorazado, de Álvaro Curiel de Icaza.

Documental y corto mexicano
El título ganador en la categoría de Mejor Largometraje Documental Mexicano ha sido El varal, de Marta Ferrer, mientras que el premio al mejor cortometraje documental ha sido atribuido a Carne que recuerda, de Dalia Huerta.
Ya entrando en categorías especiales, el galardón a mejor documental mexicano realizado por una mujer ha sido para Sarah Minter por Nadie es inocente, 20 años después.
A su vez, en el rubro de cortometraje mexicano, los ganadores fueron:
En la competencia oficial, el premio ha sido para La mina de oro, de Jacques Bonnavent.
En el rubro de mejor animación, el merecido premio ha sido para Beatríz Herrera por Ponkina.
Finalmente, un corto que era favorito de muchos, Busco Empleo, se quedó con una mención especial, así como El venado y la niebla, de Miguel Ventura.

Premio michoacano, fuera de la entidad
Por segundo año consecutivo, este 2010 el premio al mejor título de la Sección Michoacán recayó en un ejercicio foráneo, realizado por autores que no se formaron como cineastas aquí y que, en ese sentido, no son representativos del quehacer fílmico que se emprende en
el estado sede del encuentro cinematográfico.
El jurado conformado por Ángel-Santos Garcés Constante (España), Cristina Prado Arias (México-IMCINE) y Gustavo Sánchez Parra (México) determinó unánimemente brindar el premio de 50 mil pesos al documental Amairen Idea (La idea de mi madre), una coproducción entre el país vasco y México, emprendida por la cineasta euskadi Maider Oleaga (Bilbao, País Vasco, 1976).
La también analista y promotora cinematográfica se ha desenvuelto en su Europa natal, aunque desde el 2007 ha trabajado para la rama mexicana de la productora francesa Tita Productions, analizando guiones de toda Latinoamérica para el ILCE. En 2008 fue jurado para la selección de proyectos en un taller de guión en Puebla, organizado por IMCINE, y de manera independiente analiza guiones para diversos productores y guionistas independientes. En tanto, entre sus labores como directora, ha sido la titular de la serie documental Ruta México (2007), para Canal 22.
La siguiente es la lista de títulos ganadores dentro de la sección Michoacán en los últimos seis años. Los reconocimientos otorgados en 2009 y 2006 son tan cuestionables como el del presente año:
En 2009, premio al mejor trabajo de la Sección Michoacana para Nebraska, de Adrian Ortiz. En 2008, para Clandestino de Juan Pablo Arroyo y Edurne Farías. En 2007, para Axuni Atari de Raúl Máximo (Mención Especial: Los días sin Joyce, de Agustín Oso Tapia y Anna Soler). En 2006, Reincidente (Backslider) de Antonio Flores. En 2005, Cheranásticotown de Dante Cerano. En 2004, Bio-Bit de Manuel Cisneros (ficción) e Hidalgo, municipio con historia de Tomás Pérez, Pavel Rodríguez, Gildardo Vega (documental).

Imposible dejar pasar este festival sin acercarme a una de las estrellas del programa: el largometraje tailandés El tío Boonme que recuerda sus vidas pasadas, ganador de la Palma de Oro en Cannes, en mayo pasado. Y es que, desde la historia de redención de Takuro Yamashita en La anguila (Shoei Imamura, 1996), el cine asiático no recibía la codiciada Palma en el festival francés. Quién sabe cuántos de ustedes hayan podido verla; aquí doy fe de su belleza.
El Boonmbee del título es un rico granjero que, ya dializado y en la última etapa de una insuficiencia renal, abandona la clínica y regresa al campo a morir entre los suyos. Pero la agonía de Boonmbee será muy singular. Apenas en su primera noche casera, mientras cena, recibe dos visitas insólitas: el traslúcido fantasma de su esposa, muerta 19 años atrás, y su hijo Boonsong, perdido en las selvas tailandesas una década atrás y que ahora vuelve bajo el peludo aspecto de un Mono Fantasma, cuyos ojos se encienden de rojo en la oscuridad. Ambas apariciones vienen a confirmarle a Boonmbee lo que él ya intuye: la cercanía de la muerte puede darle un bien precioso, recuperar el legado de sus diferentes vidas.
De esta forma, con la misma avidez de todos esos “espíritus hambrientos” que habitan la espesa selva tailandesa, aquellos que una vez fueron importantes en la vida de Boonmbee quieren escoltarlo en las postrimerías de su existencia.
Lo que el director nos ofrece son muchas cosas en un solo filme: un tradicional cuento de fantasmas oriental, pero potenciado por su tono de lirismo trascendente; un chapuzón a los brumosos parajes de la fantasía asiática, totalmente desmarcada de cualquier proceso racionalizador a nuestra usanza occidental; una auténtica película fronteriza (narrativa y metafóricamente), llena de pulsiones y sugerencias desde su riquísima gama de sensaciones y, sobre todo, desde los distintos estilos ejercitados en cada una de sus secuencias, mientras el filme avanza y reconstruye las reencarnaciones que el personaje principal va recordando para sí. Es de este modo como Boonmee recorre el camino hacia la selvática cueva de su primer advenimiento al mundo en una entrañable búsqueda de raíces y de caminos perdidos, ya como hombre, mujer, animal o planta, preparando sus ojos y los nuestros “para ver en la oscuridad”. Inolvidable.


Un still de La otra familia, que se presentó en el marco del FICM

El asunto de la paternidad y las alternativas para los hijos en un mundo contemporáneo surcado por temas como el de las parejas alternativas (matrimonios gay), son los focos de La otra familia (Gustavo Loza, 2010), el tercer largometraje del realizador de Atlético San Pancho y La otra orilla.
El filme fue estrenado en el Festival Internacional de Cine de Morelia y este sábado se realizó una conferencia de prensa con el equipo creativo del filme, que está promoviéndolo.
Los contenidos fundamentales de la conferencia figuran en el video, más abajo, en este post.
Mientras, la función de prensa de La otra familia fue cancelada este mismo sábado, de modo que sólo una parte muy pequeña de la prensa reunida en la capital michoacana pudo conocer el filme, al ingresar a la función con público celebrada el viernes.
La sinopsis oficial de la cinta, proporcionado por los realizadores, dice lo siguiente:

Durante la sesión de fotos previa a la conferencia.

Hendrix (Bruno Loza), un niño de 7 años de edad, queda desamparado mientras su madre adicta, Nina (Nailea Norvind), pasa por un difícil proceso de rehabilitación. El niño es rescatado por Ivana (Ana Serradilla), una de las mejores amigas de Nina.
Hendrix es llevado a casa de Jean Paul (Jorge Salinas) y Chema (Luis Roberto Guzmán), porque Ivana y su pareja Gloria (Ana Soler) tienen que viajar al extranjero para someterse a un tratamiento de inseminación artificial. Hendrix va descubriendo que los amigos de Ivana son muy diferentes a todas las parejas que ha conocido.
Mientras Hendrix se va adaptando poco a poco a su nueva vida e Ivana y Gloria resuelven su maternidad, Nina logra escapar del centro de rehabilitación y va en busca de su hijo con ayuda de su amante, Patrick (Andrés Almeida).
Por su parte Luisa (Dominika Paleta) y Agustín (Juan Ríos), un matrimonio aparentemente ideal que perdió a su bebé, es abordado por Patrick para ofrecerles a Hendrix en adopción como plan siniestro para salir de una gran deuda que lo persigue.
¿Qué será mejor para Hendrix? ¿Regresar con su mamá adicta? ¿Vivir con dos hombres poco convencionales pero que le ofrecen una mejor calidad de vida? ¿Ser vendido a un matrimonio de manera ilegal? o ¿ser entregado a las autoridades e ingresar a un orfanatorio?


EN VIDEO / Aspectos de la conferencia






Este sábado por la tarde dan a conocer a los ganadores en las distintas categorías en competencia del VIII Festival Internacional de Cine, incluyendo los trece cortos michoacanos en competencia. Valgan, mientras, estos apuntes a algunos de los mejores trabajos que he visto en la categoría de casa.

Presencia étnica: documental y mito
Dos cortos se dieron la mano en el programa: Sïrukua Tsakapu (Piedra de hormiguero), del realizador Raúl Máximo Cortés, un documental que se ocupa del tema de la greta y la contaminación con plomo en la alfarería vidriada, y Auikanime, la que tiene hambre, de Pável Rodríguez. Son primos, no sólo por su idiosincrasia, que alude a la etnia purépecha, sino por la trayectoria de sus autores, que en la última década han sido de los realizadores más constantes en la entidad.
Algo similar ocurre con el cortometraje Luna, dirigido por Manuel Cisneros Verduzco, no sólo por la amplia experiencia del autor de Bio-bit (ganador del FICM en 2004), sino por la participación de Juan Pablo Arroyo Abraham: otro “peso pesado” local a quien no sólo lo avalan sus créditos académicos sino su colaboración en decenas y decenas de documentales al seno de la extinta Solaris/Observatorio y su propia creación personal, en la que sobresale el documental Clandestino (2008).
Auikanime es casi un mediometraje (37 minutos) y fue emprendido por Pável Rodríguez y su equipo con una beca de Coinversión que contribuyó a sufragar su costo de 20 mil pesos. El filme recupera una historia que aparece en la Relación de Michoacán y la adapta libremente para asociarla al mito de la Cihuacóatl azteca.
El relato se ambienta en 1530, cuando los españoles ya se instalaron y tiene como protagonistas a Hopotaku y a su esposa, Tsipa. Nadie sospecha aún que la presencia europea traerá la ruptura de las tradiciones autóctonas y es entonces cuando la Auikanime, encarnada en una mujer recientemente fallecida en el parto, llega con Tsipa para ofrecerle un topo, en secreto trueque por el recién nacido de la mujer.
Sellado el pacto con la presencia sobrenatural, tanto Tsipa como su esposo maniobran para salvar a su hijo y la estrategia pasa por aceptar el bautizo cristiano, con la esperanza de que “la magia” de la nueva religión sea capaz de cambiar el destino del niño.
Al final no será la nueva Fe, sino el sacrificio de Hopotaku por su hijo, lo que salvará al bebé. Mientras, hay una profecía trágica (“los dioses tienen hambre, Tzintzuntzan será su alimento”), pero un epílogo esperanzador: la estampa a contraluz de Tzipa y su hijo, ambos vivos, contemplando el ocaso en las aguas del lago.

Una leyenda en su tercer tratamiento
Inspirado en la ópera de cámara Luna (Luis Jaime Cortez, 2003, con libreto de Antonio Zúñiga, que a su vez adaptaba su dramaturgia de 2001 para la obra teatral Una luna de Pinole, sobre leyenda rarámuri), el cortometraje Luna (Manuel Cisneros 2010) es, al mismo tiempo, una recreación de la primera parte de la ópera, de la puesta teatral y de la leyenda (aquella en que la niña Margarita es fascinada por el reflejo de la luna sobre las aguas del lago y, desoyendo los consejos de su enamorado, Panalachi, es atrapada por la luna) y una aproximación plástica a la música de Cortez Méndez y a algunos de los instrumentos que intervienen en su interpretación.
Sobre las voces de los niños que, al cantar narran el mito, se sobreponen imágenes (a veces afortunadas, otras meramente ilustrativas); pero también hay un segundo discurso a base de close up a metales, percusiones y cuerdas: secuencias grabadas en estudio y enriquecidas por un juego de luces y colores, que se alterna con el relato.
Hay una riqueza polisémica innegable en este trabajo, que declara al mismo tiempo su amor a la narración y su amor a la música.


La idea de mi madre, corto dedicado a los Niños de Morelia.

Dos rarezas en la sección michoacana
Una rara avis en la sección michoacana ha sido el filme Amairen Idea (La idea de mi madre), de la autora Maider Oleaga, quien nos acerca a tres octogenarios: Lucía Michelena, José Henales Bermejillo y Alfredo González Olaskoaga, a quienes la Guerra Civil española convirtió en exiliados. Dos llegaron a México como “Niños de Morelia”; el tercero, José, fue primero a la URSS y años después emigró a nuestro país.
Este documental se filmó en 2008, cuando se cumplieron 71 años desde la diáspora de republicanos y la Fundación Idi Ezkerra organizó un homenaje que llevó a estos y otros refugiados a un breve viaje por su tierra natal (Bayona para Lucía, Irún para Alfredo y Balmaseda para José). Un largometraje entrañable, pero en el cual el Gobierno de Michoacán ha sido apenas un colaborador. La cinta ha sido coproducida por ETB (Euskal Telebista), del país Vasco, y TV UNAM.
Otro título curioso es La odisea de Mateo (2010), con el que la actriz Elpidia Carrillo (originaria de Parácuaro, aunque radica en California), está debutando como directora en este festival. Su contexto es el perene tema migratorio y formula una mirada crítica a la realidad social mexicana. El filme se ambienta en 2006, cuando Cristina, una maestra oaxaqueña, es encarcelada a raíz de los conflictos en aquella entidad y deja a su bebé, Mateo, con su amiga Adela, a quien le encarga lo lleve a Estados Unidos y busque a Domingo, padre de la criatura. El desenlace es oscuro y ambiguo: Adela descubre que Domingo ha sido probablemente asesinado. Con el niño en brazos, sentada en una banca pública de Los Ángeles, la mujer reflexiona: “Quizás Cristina idealizó la situación; sabía que no hallaría a su padre; sin embargo quiso hacerme venir a Estados Unidos para darle un mejor futuro a su hijo. Sí. Pero la realidad… La realidad es otra cosa”.


Lightme up! (¡Enciéndeme!), una producción de animación local.

Alternativas en animación
Pasando al terreno de la animación, el corto local más significativo de esta competencia se lo debemos a Omar Hernández Peña, cofundador de Eunoia Studios, en Morelia: Light me up! (¡Enciéndeme!). Con guión propio y de Juan de Dios León y una estupenda dirección de arte en la que colabora, con los dos citados, Kai Palacios, narra una correcta anécdota acerca de la niña-genio que busca el amor perfecto y opta por construir un robot, aunque durante el proceso descubre que la perfección causa muchos, muchos problemas.
Otro trabajo animado, pero en técnica tradicional, es Dulce 2010, de Juan Paulín. Realizado a fines de 2009, es como una carta a los Reyes Magos: comienza describiendo con ágiles trazos a un 2009 ya agonizante, cargado de violencia, juegos infantiles vacíos, contaminación, delincuencia, carestía galopante… todo el rosario de desventuras que azotan al país, y concluye con un voto benévolo (pero no exento de ironía) en torno a un 2010 más amable para la convivencia.
El realizador franco michoacano Dominique Jonard es otro autor de larga trayectoria en tierras pirindas. Avecindado en Morelia desde hace más de veinte años, ha hecho de la capital michoacana su centro de operaciones para desplegar su mayor pasión: la animación stop motion, colaborando con niños de distintas regiones del país. En El talador arrepentido (Jonard, 2010), trabaja con niños guanajuatenses y crea una fábula ecológica en la que predomina el estilo naïve de todas sus producciones con enorme encanto. Jonard ya ha ganado reconocimientos al seno del FICM.
No es mucho, pero esto es lo mejor que ha habido.