Nos vemos, papá / Lucía Carreras

Parafílicos fantasmas

Pilar y su reflejo, en una de las imágenes del largometraje Nos vemos, papá, que figura en la competencia oficial de largometraje mexicano del FICMM 2011.

Ya treintañera, la introvertida Pilar Guillén (Cecilia Suárez más ratonil que nunca) es incapaz de sobreponerse a la muerte de su amado padre, al que ha cuidado desde que su madre murió, cuando ella era una niña. Así, luego del funeral, Pilar comienza una espiral introyectiva que la lleva a proyectar la imagen del padre ausente y a convivir con ese espectro mientras se acurruca en un aislamiento radical. La mujer comienza a romper deliberadamente todos los lazos afectivos que la unían al mundo, se enclaustra en la enorme casona porfirista familiar y, paulatinamente, va cumpliendo con el fantasma paterno una serie de fantasías y actos rituales que satisfacen necesidades diversas.
Esta es la línea que sigue el personaje protagónico de Nos vemos, papá, la ópera prima de la guionista Lucía Carreras (Año Bisiesto, Suerte de Eternidad, Ofelia, así como Tamara y la Catarina, entre otros, algunos de ellos en proyecto y otros sin filmar). El filme se presentó el lunes en la segunda función de la competencia de largometraje mexicano en el Festival Internacional de Cine de Morelia.
Cine crepuscular, Nos vemos, papá es una taciturna historia de enfermizo amor. De hecho, se ocupa (aunque sea de modo metafórico) de una parafilia: el incesto que Pilar consuma con la sombra de su padre muerto. Lo desconcertante, así las cosas, es que el libreto de la directora y guionista sea incapaz de llevar el asunto más allá de lo anecdótico o incluso de alcanzar, desde esa mera dimensión, la suficiente astucia para lograr la credibilidad pertinente.
Hay varias cosas que, definitivamente, no me convencen en esta película. Pero antes de pasar a ellas, hay qué hablar de lo que, creo, vale la pena.
La muy planificada puesta en escena, en términos de encuadres y composición es, por ejemplo, una buena experiencia. La cineasta adopta para este filme, en varios momentos, la táctica de la cámara al hombro y la estrategia logra el enganche deseado, al menos desde un punto de vista técnico.
Otro punto sobresaliente son las actuaciones, comenzando por la de una Cecilia Suárez que sabe imprimirle a su personaje toda la vulnerabilidad e incertidumbre que hacen falta… aún a costa de irse encasillando (como la propia actriz señalaría en algún momento de la conferencia de prensa) en personajes “raritos”. Pero, en general, todos los actores cumplen.
El departamento de arte también tiene buenos puntos, que se suman a los de una fotografía que aprovecha bien la desolada expresividad de los claroscuros en interiores. También hay una edición cuyo ritmo es acezante o contemplativo en los momentos precisos.

NOS VEMOS, PAPÁ / Avance

La escena en que Pilar imagina jugar ajedrez con el espectro de su padre, antes de la llegada de su hermano, José.

Pero –se preguntarán– si todo lo anterior funciona, qué es lo que no me convence de la película.
Siento que, a la hora de abordar el tema del incesto o, como proponían la actriz protagónica, el productor y la directora: a la hora de hablar del complejo de Elektra, los responsables del filme no se han atrevido a ensuciarse lo suficiente y, por lo tanto, el resultado final es más bien ascéptico y, en la misma medida, inofensivo.
Esto me queda claro con el muy autocomplaciente final que, me parece, traiciona lo poco o mucho que se ha ido construyendo durante el metraje: el hermano de la protagonista, quien a lo largo de la historia ha mostrado su preocupación por su hermana y que en algún momento ha optado incluso por vender la propiedad paterna para alejar a Pilar de los recuerdos que la enferman, decide finalmente entregarle a Pilar las llaves de la casa y, en un happy end digno de Disney, dejar que la mujer viva su vida y sea feliz a su manera, enclaustrada en su burbuja de cristal.
Durante el encuentro con los medios e interrogada al respecto, la cineasta reivindicaba con ese final el derecho que todos tenemos a ser felices, incluso hundidos en la irracionalidad. Estoy de acuerdo. El problema es que esa argumentación tampoco se ve plasmada en la película.
Porque, vamos a ver: Pilar vive una fantasía. ¿Está loca? Es una manera de decirlo. Pero lo cierto es que hay formas correctas de volverse loco y hay otras que no lo son. El fiel de la balanza es el mismo que distingue al genio del alucinado: uno puede enloquecer en un espasmo de ceguera, cuando todo pierde sentido, pero también puede enloquecer por un arrebato supremo de videncia, cuanto todo tiene sentido.
Y entre esos dos extremos, por ninguno de los cuales se decanta la historia de Pilar, tenemos una consideración adicional: La tentación del incesto es, al menos en principio, la seducción del espejo. Es decir, una confusión narcisista. ¿El conflicto de tal estado de cosas? Bueno, pues que ninguna palabra es posible ante un reflejo, ante un doble o ante cualquier ser u objeto privado de alteridad. Esta es precisamente la razón –dicho sea de paso– por la que la amante ideal entre los románticos del siglo XIX era en realidad el signo de la Muerte. Y en este sentido, los complejos denominados de Edipo y de Elektra son también índices de ese Absoluto y pueden servir para erizarnos de horror con sus abismos, o para iluminarnos con sus cimas… pero claro: a condición de que sean objeto de una correcta problematización a la hora de abordarlos. Esa problematización es la que falta en Nos vemos, papá y deja todo en mero preámbulo.
Para comprenderlo cabalmente, basta acudir a las piezas maestras que otras artes y otros títulos le han aportado al tema. En cine la referencia obligada (e insuperable) la da el realizador sueco Ingmar Bergman, así como en teatro un momento supremo de horror y crueldad lo encontramos en las Clara y Solange de Las Criadas (Jean Genet, 1947), mientras que en la narrativa hay que remitirse sin posibilidad de escalas a Anaïs Nin, que le aporta al tema tanta ternura como inquietud en sus Diarios y en su texto Incesto, por citar solamente tres momentos supremos, precedidos por todas las Delgadinas que surcan la tradición juglaresca de la España feudal.
Estas honduras son las que nos queda a deber el filme. En rigor, desde términos exclusivamente terapéuticos, la situación en Nos vemos, papá es muy elemental. Quiero decir, didáctica (y, en ese sentido, pertinente para exhibirse en ciclos o circuitos temáticos de cine y psicoanálisis, pero poco más): A la muerte de su madre, la pequeña Pilar se hace prematuramente responsable de su amado padre, supliendo el rol de la mamá en términos afectivos, pero al hacerse adulta semejante esquema le impide realmente crecer (porque, como escribe Jung, a quien por cierto le debemos el concepto clínico del complejo de Elektra: “Antes de ser padre, es preciso dejar de ser hijo”).
De modo que, en cierto sentido, el personaje de Cecilia Suárez en este filme es el de una niña. Físicamente Pilar podrá andar en los treinta y tantos, pero mentalmente no pasa de los ocho años de edad y aunque este hecho (que podría haberle dado muchas posibilidades al libreto) es aprehensible intelectualmente en el filme, nunca se alcanzan a disponer las cosas con el suficiente rigor para que realmente lo sintamos.
De allí, pienso, viene mi irritación con ese final de buenas intenciones pero por completo tramposo. Es un final Disney. Oscuro, sí, pero a la Disney.
Un último apunte. A pesar de todo lo citado, Nos vemos, papá, sigue teniendo su valor. Creo que si leo esta película como la metáfora de un México actual temeroso de su realidad y que prefiere habitar entre fantasmas del pasado (aún a costa de convertirse él mismo en un fantasma), puedo decir que la cinta sigue hablando de una realidad, aunque haga todo lo posible por darle la espalda.

Conferencia de prensa


Los últimos cristeros / Matías Meyer

Retablo y memoria


Una secuencia de Los últimos cristeros, filme que abrió la sección de Largometraje Mexicano en competencia, en el Festival Internacional de Cine de Morelia.

A fines de los años treinta, en el ocaso del segundo acto de la Guerra Cristera (1926-1929 y 1932-1938), el coronel Florencio Estrada y sus últimos cinco hombres vagan por la sierra del Mezquital, en Durango. Se han negado a claudicar y ahora, perseguidos por el gobierno, aguardan la llegada de un cargamento de municiones para continuar la resistencia. A pesar de esa esperanza, la sobrevivencia del pequeño grupo y la de sus familias, concentradas en un campamento clandestino y ambulante, está marcada por la desolación. Los alzados consideran que la única oportunidad de que sus familiares salgan adelante es cruzar la frontera con Nayarit.
Esta es la situación en la que se desarrolla el tercer largometraje del realizador Matías Meyer (Wadley, 2008 y El calambre, 2009, filmes precedidos por seis cortometrajes y documentales que se remontan a 2002 con San Vicente de Chupaderos), quien adapta libremente los contenidos de la novela Rescoldos (Antonio Estrada, 1959 / editorial Jus, 1961).
Pero si la desolación es la nota que envuelve a este relato minimalista, tal emoción es el fondo sobre el cual se puntúa y propone una lectura distinta, que se aleja a partes iguales de la crónica histórica, del realismo o del documental.
Como ya sucedía en Waldey y en El calambre, Los últimos cristeros es, para cada uno de los personajes, un viaje de encuentro consigo mismo; una experiencia que pone en perspectiva el ruido y la interferencia exteriores, hasta alcanzar una serenidad en la que cada cual puede poner orden a su vida y encontrar su sentido.
De este modo, es poco –realmente poco– lo que sucede en la pantalla en términos anecdóticos. De hecho, para quien pretenda ver el filme anecdóticamente, Los últimos cristeros no es sino el mero deambular, más o menos sin rumbo, de un puñado de desharrapados.
Con más atención, la cosa cambia. Meyer lo apuesta todo al lenguaje de la composición y, sobre todo, a las sensaciones e ideas que puede proponer desde el encuadre de sus planos-secuencia. Este estilo, que ya acompañaba a Wadley y a El calambre, y que comparte perspectivas propias del Cine Directo, le da ahora a Matías Meyer la posibilidad de construir una discreta epifanía que se esmera por tocar y compartirnos la médula de lo que fue el movimiento cristero en el México del Siglo XX.

Un apunte a la Cristiada
Esta intención no es menor, pero para comprenderla es preciso revisar someramente la casi desconocida segunda guerra civil mexicana de la primera mitad del siglo pasado.
Y es que la Cristiada (como también se le conoce), fue ante todo un movimiento genuinamente popular, conformado mayoritariamente por una población campesina y/o rural que había sido tocada en lo más vivo: sus creencias y su fe.
La crisis la desató hacia 1926 el gobierno del presidente Plutarco Elías Calles y la “mano dura” con la que se propuso hacer valer todas las restriccciones que contemplaba para el clero el artículo 130 de la Constitución Mexicana. Estas restriciones iban desde la prohibición de ejercer el culto fuera de los templos hasta el desconocimiento de cualquier personalidad jurídica a la iglesia. Las medidas erizaron el descontento del clero, desde luego, pero sobre todo de una población mayoritariamente católica y guadalupana que no soportó el veto a sus rituales ni el estigma a sus creencias, todo lo cual se entremezcló con demandas sociales auténticas.
Fue así, como en la parte más álgida del conflicto, el ejército mexicano se las tuvo que ver con milicias de laicos alzados hasta en 15 estados del país y que, al grito de “¡Viva Cristo rey!”, llegaron a sumar hasta 50 mil almas.
El conflicto concluyó oficialmente a fines de los años veinte, aunque varias chispas guerrilleras se mantuvieron activas hasta bien entrados los años treinta, cuando el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas tuvo la suficiente sabiduría política para pactar la paz.
A pesar de su virulencia, de su intensidad, el conflicto cristero fue probablemente el mayor tema-tabú de la historiografía mexicana del siglo pasado. El investigador alsaciano Jean Meyer, pionero en la exploración y difusión del tema, afirma en entrevista: “Cuando yo comencé mi investigación, hace cuarenta años, los cristeros ni siquiera existían para la izquierda mexicana de la época; o bien, si a pesar de todo se les reconocía su existencia física, eran considerados meros paramilitares de derechas, guardias blancas de los latifundistas o, en el mejor de los casos, peones estúpidos o braceros manipulados por el clero y los propietarios para impedir la reforma agraria en México”.
En cambio, durante los últimos años, tanto historiadores como sociólogos ya comienzan a reconocer, en fundamento a los datos que se poseen, que la Cristiada fue un movimiento popular y que el aspecto religioso fue una motivación importante y sincera de esa insurrección.

MATÍAS MEYER / entrevista y conferencia


Retablo, trascendencia, memoria
A partir de lo anterior, puedo volver al filme de Matías Meyer.
Lo primero es que, en Los últimos cristeros, al cineasta no le interesa formular una reconstrucción histórica del movimiento en el sentido lineal del término. La vocación de su película no es “reconstruir” ni “cronicar” sino, ante todo, develar y compartir los resortes íntimos del tema.
Y como, a fin de cuentas, el ideal de los cristeros era seguir a Cristo, imitarlo, Meyer asume esa intencionalidad y hace de su breve crónica un retablo que, en términos de gramática icónica, formula muchísimos lazos intertextuales entre las estaciones de ese deambular de los rebeldes por la sierra y episodios de la vida de Jesús y de sus apóstoles extraídos de fuentes que van desde los Evangelios hasta la tradición popular.
He ahí, por citar sólo un ejemplo, el momento en el que el coronel Florencio Estrada reflexiona de noche sobre el inminente descenlace del movimiento y de sí mismo, inmóvil y austero cual menhir sembrado en la tierra, tal como se nos ha dicho que Cristo oró en el Getsemaní antes del prendimiento.
En otras ocasiones, Meyer le apuesta al secreto poder de lo aurático y filma en locaciones que fueron escenarios reales de episodios de la Cristiada, como la caverna en la que los personajes del filme se guarecen de la lluvia y que conserva en sus muros de basalto testimonios de sus ocupantes.
La selección de intérpretes para el filme ha seguido una lógica similar al acudir a personajes cuyas familias tuvieron realmente qué ver en la guerra cristera.

JEAN MEYER / Entrevista


Por lo demás, ya desde Wadley era bastante explícita la idea del cineasta por articular un lenguaje inspirado en el denominado estilo trascendente. Esa vocación se ha ido afinando en sus demás filmes, pero esto también ocupa un breve paréntesis.
Han pasado casi cuarenta años desde que, en 1972, el realizador Paul Schrader articuló analíticamente las características de lo que hoy se conoce en el cine como el “estilo trascendental”, que consiste en la revelación o expresión de lo sagrado, de lo numinoso en la existencia. La palabra “numinoso” es particularmente interesante, proviene de númen y hoy se le emplea para describir una experiencia en la cual hay un elemento de naturaleza sagrada, pero sin que en esa interpretación interfiera la pesada loza de algún dogma.
Bien. La categorización de Schrader fue concebida estudiando los filmes de Ozu, Dreyer y Tarkovski, pero los tres requisitos de ese estilo están bien presentes en Los últimos cristeros: se trata de su desarrollo entre las estaciones de lo cotidiano, la disparidad y la estásis.
Siguiendo a Schrader, lo cotidiano plasma los momentos comunes de la vida con sus resonancias existenciales, culturales, políticas y sociales. Este punto de partida nos prepara para un hecho difícil de explicar o milagroso, que se manifiesta a través de las estructuras de representación de lo rutinario, lo familiar y lo cercano.
A esta manifestación de lo sobrehumano corresponde la disparidad, que no es sino una suma de elementos poéticos que nos permiten atisbar una realidad distinta respirando a través de lo aparente. Las metáforas, desde luego, son indispensables en esta operación, en la que se plantea una relación intrigante entre el mundo de lo humano y el mundo natural
Esta disparidad en el estilo trascendental se cierra con cierta acción decisiva que, escribe Schrader, nos conduce a “una explosión de emoción espiritual totalmente inexplicable dentro del contexto de ‘lo cotidiano’ ”, aunque la disparidad también puede basarse en un sufrimiento profundo que se da en medio del conflicto humano.
Finalmente, la tercera y última fase del estilo trascendental, la estásis, es una mirada reposada y casi estática de la vida que trasciende la disparidad. Esta estación del estilo trascendente nos muestra de qué manera el ser humano vuelve a ser unidad con la naturaleza (y a través de ella, con “el espíritu” o con todo lo que es sagrado) hasta que ambos devienen una sola entidad. Por ello, “lo que rodea al hombre deja de verse de la misma manera”.
Recuperando este esquema para el caso de Los últimos cristeros, quizás se vuelva evidente cómo entre los personajes del comienzo del filme, sucios, introspectivos y llenos de incertidumbres, y los personajes del final, en ese episodio-purificación cuando se han bañado en el estanque y se muestran limpios y puros como después de un bautismo, se ha cumplido el arco que lleva de lo cotidiano a lo maravilloso, incluso a costa de dejar a la película con un final abierto. A Matías Meyer no le preocupa si el coronel y sus hombres sobreviven o son asesinados, si logran reunirse o no con sus familias en el anhelado y nunca visto exilio nayarita (que es como la Tierra Prometida de los relatos mosaicos del Antiguo Testamento). Lo que le importa es cumplir esa cita con una experiencia que nos permita sobreponernos a nosotros mismos y mostrarnos en la dimensión idílica del pequeño milagro cumplido o, si se prefiere, en el territorio reivindicatorio del ideal alcanzado, así sea de manera delicada y fugaz.
PROTOCOLO Y APERTURA DEL IX FICM
De motivos para el canto, embajadores
y algunos adelantos al último Informe

La foto institucional. El gober inaugurando el IX Festival Internacional de Cine de Morelia. Esta es la última de cuatro ediciones del encuentro fílmico mundial que se celebra bajo su administración.

El gobernador de Michoacán, Leonel Godoy, inauguró esta noche el IX Festival Internacional de Cine de Morelia en el teatro José María Morelos y durante su discurso calificó a organizadores y asistentes como “los mejores embajadores y voceros para nuestro estado”. El funcionario aprovechó la ocasión para ofrecer, con sabor a despedida, el equivalente a un adelanto del que será su último informe de gobierno, al describir algunas de las acciones que, desde su punto de vista, ha emprendido su administración para fortalecer el quehacer cultural de la entidad y de la capital michoacana, así como para abatir índices de pobreza y de inseguridad.
De entrada, el funcionario recordó que “nuestro estado estará siempre agradecido con la comunidad cinematográfica: fueron ustedes quienes después de los lamentables hechos terroristas del 2008 alzaron la mano para decir ‘vamos a Michoacán, vamos a Morelia, estamos con ustedes’, y con sus visitas han constatado que, si bien Michoacán, al igual que muchas partes del país, tiene problemas en algunos rubros, somos más las michoacanas y los michoacanos que con nuestro trabajo y esfuerzo diario buscamos un Michoacán mejor”.
Por lo que atañe a su informe por adelantado, el mandatario afirmó que el compromiso de su gobierno con la cultura ha sido una constante. “Fortalecimos –dijo– el programa de festivales: Jazztival, Música Contemporánea, Internacional de Guitarra, Danza Contemporánea, RockFest, Concurso Artístico de la Raza Purhépecha, extensiones del Festival Internacional Cervantino en Morelia y en el interior del Estado, así como el Festival de Música de Morelia Miguel Bernal Jiménez, también con extensiones a diferentes municipios”.
Afirmó asimismo que “se dio estructura a la creación de Centros Culturales como el Antiguo Colegio Jesuita en Pátzcuaro, el Centro Dramático de Michoacán, el Centro Mexicano para la Música y las Artes Sonoras en Morelia, el Centro Cultural Clavijero también en Morelia, el Centro regional de las Artes en Zamora y la Casa de la Cultura de Morelia, que se destinó para la realización de actividades artístico-culturales”.
Citó del mismo modo el impulso al Sistema Estatal de Creadores, y afirmó que se amplió la cobertura de programas inscritos en el mismo, como el de Coinversiones a la Producción Artística, el Premio Estatal de las Artes Eréndira y Programa de Desarrollo Cultural Municipal, entre otros.
Concluyó recordando que para este año la Feria del Libro y la Lectura local “tiene el carácter de nacional”.

Por otro lado, abandonando el tema anterior (que en realidad tiene que ver con las estrategias destinadas al fortalecimiento turístico de la entidad, ya que los circuitos de festivales y la infraestructura cultural apuntan directamente a ese fin), Godoy Rangel sostuvo que, de acuerdo a datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política del Desarrollo Social (CONEVAL), “Michoacán fue uno de los cuatro estados que lograron disminuir la pobreza en el periodo 2008- 2010 y fue el segundo estado, sólo por detrás de Puebla, que logró disminuir la pobreza extrema en la entidad”.
Quién sabe, me digo yo. Habrá que preguntarle a los monederos de las amas de casa, a ver si las cifras “macro” realmente se reflejan en las realidades “micro” de todos los días. En fin.
Habló también de los resultados dados a conocer por el INEGI en su Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2011 (ENVIPE), presentada el pasado septiembre, de acuerdo a la cual “Michoacán es el segundo estado con menos delitos del fuero común por cada 100 mil habitantes”.

Cuauhtémoc Cárdenas Batel
y una cita a Por qué cantamos

Por su parte, el vicepresidente del festival, arquitecto Cuauhtémoc Cárdenas Batel, tuvo una breve pero vivaz intervención, en la que consideró que “festivales como este son un canto en un país en donde, de norte a sur, el ruido de las balas quiere acallar al ciudadano común. Festivales como este son un canto esperanzador en medio del estruendo”.
“Hay temas ineludibles –comenzó– en este maravilloso México que algunos sinvergüenzas pretenden convertir nada más que en un obsceno baño de sangre”.
“Quisiera vivir en un país en donde no fuera necesario hablar de estas cosas, pero hoy nuestro deber ciudadano es alzar la voz contra la violencia, contra el tráfico de armas, de drogas, de personas. Contra la cotidianeidad de la muerte sin sentido, contra quienes no conocen ni reconocen otra autoridad que la del fusil. Contra la simulación y la falta de rumbo”.
“Quienes nos desarrollamos en el quehacer cultural no somos ajenos al dolor de nuestra patria ultrajada, pero sabemos que es la educación, la cultura, las oportunidades de trabajo, la solidaridad, y no la brutalidad, venga de donde venga, lo que nos llevará a detener la violencia”.
Sostuvo que “estamos hartos de ese futuro mejor que prometen los demagogos. Queremos y exigimos un México con presente digno y en paz. Solo entonces construiremos un mejor futuro”.
Fue al concluir su intervención cuando dijo que experiencias como el FICM “son como un canto” y remató: “Hay quienes piensan que rodeados de tanto dolor es mejor guardar silencio. Enmudecer con la mordaza del miedo, y hay quienes se preguntan por qué nos obstinamos en seguir cantando”.
Para responder a esa pregunta, cerró su intervención con el célebre poema de Mario Benedetti Por qué cantamos, que a la letra dice:

Por qué cantamos
Mario Benedetti

Si cada hora viene con su muerte
si el tiempo es una cueva de ladrones
los aires ya no son los buenos aires
la vida es nada más que un blanco móvil
usted preguntará por qué cantamos.

Si nuestros bravos quedan sin abrazo
la patria se nos muere de tristeza
y el corazón del hombre se hace añicos
antes aún que explote la vergüenza
usted preguntará por qué cantamos.

Si estamos lejos como un horizonte
si allá quedaron árboles y cielo
si cada noche es siempre alguna ausencia
y cada despertar un desencuentro
usted preguntará por qué cantamos.

Cantamos porque el río está sonando
y cuando suena el río / suena el río
cantamos porque el cruel no tiene nombre
y en cambio tiene nombre su destino.

Cantamos por el niño y porque todo
y porque algún futuro y porque el pueblo
cantamos porque los sobrevivientes
y nuestros muertos quieren que cantemos.

Cantamos porque el grito no es bastante
y no es bastante el llanto ni la bronca
cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota.

Cantamos porque el sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta.

Cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y porque no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga ceniza.








































Ha sido así, entre la política y la poesía, como ha abierto oficialmente sus actividades el noveno Festival Internacional de Cine de Morelia.
Una vida mejor abre el FICM

Vivir y morir en L.A.



Como ya se ha vuelto tradición (una costumbre solamente rota durante 2007, cuando se exhibió la producción hispana El orfanato), le corresponde a un filme independiente norteamericano abrir esta noche las actividades del Festival Internacional de Cine de Morelia, que en este 2011 alcanza su novena edición. Se trata del correcto drama Una vida mejor, un insólito filme de Chris Weitz (Nueva York, 1969)… y digo “insólito” porque el realizador es mayoritariamnte conocido por filmes como Crepúsculo (EU, 2009, de la saga Luna Llena), American Pie (EU, 1999) y La brújula dorada (EU, 2007). Los títulos lo dicen todo: un cine de cierta pretención, con algunas inspiraciones literarias (sólo me refiero, que conste, a La brújula dorada), pero decididamente sus filmes son artículos predigeridos y orientados a esa macabra vertiente del showbussines llamada “el sano esparcimiento”.
Una excepción serían, quizás, algunos momentos de otro filme suyo: De vuelta a la Tierra (EU, 2001) en la que un aspirante a realizador de cómics moría y recibía una seguna oportunidad de cumplir sus anhelos, para lo cual reencarnaba como un empresario. Pero incluso en este discreto y bien llevado relato fantásico se imponían los modismos propios del melodrama hollywoodense en uso.
Por eso sorprende ver a un cineasta de este tipo adoptando una postura más seria, digamos, más formal o, para decirlo de otro modo, con un contenido social explícito.
Sin duda, en la elección de este proyecto al cineasta le han pesado las raíces, ya que Weitz es nieto de la actriz mexicana Lupita Tovar: una estrella de comienzos de nuestro cine sonoro.
El hecho es que Weitz es el invitado de este año para la apertura, y aunque al conocer el tema de Una vida mejor lo primero que uno hace es encogerse de hombros y preguntarse si nos hacía falta otro docu-drama de tema migrante y con buenas intenciones, lo cierto es que el realizador no lo hace mal y consigue algunos toques profundos acerca de una lealtad que se abre paso en medio del fatalismo cotidiano a la hora de contarnos la historia de Carlos Galindo (Demián Bichir), un jardinero de origen mexicano que trabaja ilegalmente en el este de Los Ángeles y que se esmera por sacar adelante a su hijo adolescente en medio de un ambiente difícil.
Lo verdaderamente sobresaliente en este trabajo, si lo hay, es la actuación de Demián Bichir, quien construye a su personaje con intensidad y logra hacer visible y muy emotivo a un hombre al que la mayoría de la gente no voltea a ver dos veces.
Presumiblemente, Demián Bichir estará presente esta tarde de gala. Habrá novedades. Estamos al tanto.
Y como es una función de gala, no habrá acceso al público sino sólo a invitados especiales. Les dejo el tráiler, pero no se apuren: la cinta no tarda en ser estrenada comercialmente.

PROGRAMA MÓRBIDO 2011 / 3

La oferta mexicana

LAS LÁGRIMAS DE KALI

Un fragmento de la secuencia introductoria del filme alemán que se proyectará en Morelia, en la extensión que tendrá Mórbido este año para la capital michoacana. Un filme importante porque, aunque se mueve en los terrenos de la ficción, contiene elementos casi documentales en su propuesta de tres historias que reflexionan rudamente sobre las sectas. Y lo sé: este post se dedica al cine mexicano que veremos en Mórbido y yo empiezo con esto... pero en alguna parte tenía que ponerlo. Y ahora sí: va la información.

Al lado de Sleepdealers (Alex Rivera, 2009) y Alucardos, retrato de un vampiro (Ulises Guzmán, 2010), de los que hablé en un post anterior, la oferta de cine mexicano de género es particularmente variada para la IV edición de Mórbido.
El festival de cine de fantasía, terror y ciencia ficción, que se realizará del 27 al 30 de octubre en Tlalpujahua, Michoacán, propone trece filmes, de los que aquí detallo los siguientes once, con todo y material de apoyo audiovisual, para que vayan organizando su agenda.

El quinto mandamiento (Rafael Lara, 2011)
No matarás, es lo que sentencia el quinto mandamiento del Decálogo o Ley Mosaica. Pero esto es precisamente lo que no hace el protagonista de este filme. Su realizador, Rafael Lara, es un cineasta que ha venido incursionando en distintos géneros (Labios rojos, La milagrosa, Bienestar para tu familia, además de la serie Al filo de la ley y el corto Nadie escucha). Ahora, con este nuevo título, Lara ingresa al terreno del thriller. La película debió haber visto la luz hace cinco años, en 2006, de no ser por la presionada situación de la industria fílmica nacional. Pero la espera ha valido la pena. Como pueden ver en el siguiente tráiler, el autor posee una mirada fílmica muy madura. El largometraje se ocupa de un asesino serial que fue abusado sexualmente por un sacerdote cuando era niño.



Pastorela (Emilio Portes 2011)
Cuando el judicial Jesús Juárez (qué combinación de nombre y apellido, caray, je, je, je) se ve despojado del papel de diablo que ha interpretado desde siempre en la pastorela de su barrio, a causa de las maniobras del nuevo cura local, se decide a hacer todo lo posible por recuperarlo, pero la decisión lo lleva a enfrentar a su amigo y compadre de toda la vida, Ernesto. Grosso modo este es el muy prometedor meollo del filme Pastorela, con el que Emilio Portes reflexiona sobre las relaciones humanas. El proyecto fue el ganador de 20 mil dólares y otros apoyos en el “Guadalajara Construye 4”, del 2010, durante el festival de cine tapatío. El tráiler de esta ácida comedia, a continuación, la hace definitivamente apetecible. Vean si no:



Libera tu Alma ( Isaac Martínez, 2008-2009)
Un buen ejercicio mexicano que procura montarse en experiencias de falso documental e interacción con la web a la El proyecto de la bruja de Blair. Unos jóvenes documentalistas filman y exploran un bizarro episodio supuestamente ocurrido en 2008, cuando una empresa lleva a cabo, en el DF. una compra masiva de almas. El tráiler, como verán, está muy bien armadito. Habrá que conocer este trabajo con el que debuta Isaac Martínez.



Los Infectados (Alejandro G. Alegre, 2011)
Cuando una epidemia asuela a la ciudad de México y transforma a sus habitantes en zombies, tres sobrevivientes huyen y se refugian en una cueva, en despoblado, mientras la amenaza que los acecha se aproxima implacablemente. Una película que, a pesar de tratar un tema visitado y revisitado por el cine de todo el mundo, tiene su buena dosis de frescura. A continuación, no el tráiler, sino una entrevista de Cinesecuencias con el realizador:



Porvenir (Manuel Alejandro Anell, 2011)
Los siete primeros episodios de la serie-web del mismo título conforman este largometraje emprendido por Anell y Miguel García Yee, bajo los auspicios de El vigilante films, la productora creada en 2008 por ellos en Tijuana y dedicada al desarrollo y realización de producciones comerciales e independientes para cine, televisión e Internet. La serie es una producción independiente realizada con el apoyo de pequeños empresarios, marcas locales y el talento de la gente ante y detrás de cámaras. Un ejercicio sobresaliente en una vertiente de incipiente exploración en México, prima de series fantásticas como el proyecto Primeval, que transmite la BBC por la web.



Dos Fantasmas y una Muchacha (Rogelio A. González, 1958)
¡Esta es entrañable! Los catrines Pérez y López fallecen al batirse en duelo por una bella joven y sus espíritus son condenados a deambular por el teatro donde se mataron, hasta que aprendan a ser amigos. Ahí la llevan, hasta que aparece otra mujer que pone a prueba el buen juicio de los espectros. Una de las comedias más memorables de Tin Tán, al lado de su hermano Manuel El Loco Valdés. También conocida como Los fantasmas burlones, esta comedia fantástica se puede ver en tv y en internet… ¡pero nada como verla de nuevo en pantalla grande! Un bello homenaje.



Santa (Antonio Moreno, 1931)
Aquí tenemos a la primera película mexicana filmada con sonido directo, que adapta la novela de Federico Gamboa (luego del filme silente de Luis G. Peredo de 1917-18). La historia de esta prostituta de Chimalistac es bien conocida; es un melodrama trágico que detalla las desventuras de Santa (Lupita Tovar), una virginal pueblerina que es engañada por el militar Marcelino, expulsada de su casa por sus ofendidos hermanos y luego convertida en prostituta por la enérgica matrona doña Elvira (la legendaria Mimí Derba), en cuyo burdel el pianista ciego Hipólito se enamora de ella y la ayuda a sobrellevar sus desgracias. Un clásico de visita obligatoria.



Club Eutanasia (Agustín Tapia, 2005)
Este filme de humor negro fue el debut de Agustín Oso Tapia. La anécdota es simple: cuando muere el benefactor de un asilo, la déspota directora raciona al mínimo medicinas y alimentos; tratando de mejorar su vida, cuatro astutos internos fundan el Club Eutanasia y se dedican a asesinar a los demás ancianos para disfrutar de mejor atención. El asunto funciona, hasta que uno de los miembros del club aparece muerto y se desata el conflicto. Realizado con sensibilidad y buena mano, lo mejor de la película es la reunión de un grupo de actores antológicos para el imaginario nacional de al menos cinco décadas, entre ellos Xavier López Chabelo, Eduardo Manzano El Polivoz, Sergio Corona, Ofelia Medina, Lorenzo de Rodas, Magda Guzmán y Héctor Gómez. Maravilloso, el momento con Rosita Quintana parodiándose a sí misma como vampira.



Bajo la Sal (Mario Muñoz, 2008)
En el ficticio pueblito de Santa Rosa de la Sal comienzan a aparecer cadáveres de mujeres en las desoladas salinas. Un detective capitalino llega al pueblo para tratar de resolver los crímenes ante una serie de personajes, todos los cuales tienen algo qué ocultar. Uno de los más interesantes es Víctor, el joven hijo del dueño de la funeraria local, a quien le gusta filmar películas caseras en stop motion y es lo bastante freekie como para levantar muchas sospechas. Un filme técnicamente correcto, aunque austero, que adapta La venganza en el valle de las muñecas y al que le alcanza a pesar la presencia de Humberto Zurita en el protagónico. Sin embargo, la propuesta es aceptable al barajar los códigos del thriller anglosajón tradicional… pero a la mexicana.



Nikté (Ricardo Arnaiz, 2009)
Luego de La leyenda de la Naguala, la firma Animex emprendió este proyecto que tiene sus virtudes técnicas, pero que definitivamente queda a deber en lo que atañe a un libreto realmente sólido. La Nikté del título es una niña que, para convertirse en una princesa olmeca, debe aprender una lección: “para ser el más grande, antes hay que ser el más pequeño”. Muy bien intencionado, pero poco más, el filme cuenta con la intervención de Alex Lora, quien presta su voz a uno de los personajes. Aquí, un segmento:



Santa Claus (René Cardona, 1959)
Esta verdadera rareza de Cardona I llega a Mórbido y me toma por sorpresa hasta a mí. Nunca la había visto. Por suerte, YouTube la tiene alojada, completa, en sus versiones en inglés y español. El filme se centra en el duelo entre Santa Claus y el diablo Precio por la felicidad y buen comportamiento de los niños. ¿Qué diré? Hay de todo: estereotipos maniqueístas, pero también el plus de canciones populares de los niños de todo el mundo y algunas revisiones y ajustes al personaje protagónico que se mueven a medio camino entre lo kistch y lo inspirado. Aquí les dejo un fragmento (doblado al inglés porque es el que tenía mejor calidad de imagen):



Y concluyo este post subiendo los datos de las actividades paralelas en Tlalpujahua, los cuales provienen –íntegros– del comunicado de prensa elaborado por el festival:

Homenaje a los 80 años del cine sonoro
en México y al compositor Raúl Lavista
Al ser el año de la música, nuestro homenaje no podría ser otro que a Don Raúl Lavista, quien como compositor tiene más de 274 títulos, entre los que se encuentran varias obras de nuestro director consentido, Carlos Enrique Taboada: Rapiña, Más negro que la noche, y otras que también hemos ya presentado en Mórbido: La noche de los mil gatos, La muñeca perversa, Doña Macabra, La loba, entre muchas otras. Estará presente para recibir el reconocimiento su hija Paulina Lavista.
Para el homenaje a los 80 años del cine sonoro en México nos acompañara nuestro querido Pepe Romay, para recibir el reconocimiento al trabajo de su padre, el Ing. Joselito Rodríguez.

Exposiciones
MASCARAS: en los grupos de Rock, presentada por Grupo REV, uno de los exponentes más importantes del diseño de máscaras y maquillaje a nivel internacional.
TATTOOS & ROCK: por colectivo AMRASTYLE. Una exposición de fotografía en donde queda plasmada la relación tatuador y cliente para lograr una experiencia única y trascendental.
PETRUVIA: por Nabila. Serie de diez cuadros en donde la autora narra su experiencia en una pequeña isla de Plutón, haciendo partícipe al espectador de las respuestas a la soledad, la melancolía, el terror a crecer, miedo a la inmensidad del universo y de lo difícil que es comprender a la raza humana.
PORTADAS DE ACETATOS LP: una curaduría de 33 portadas seleccionadas por el músico Camilo Lara, del Instituto Mexicano del Sonido (IMS): Imágenes que han dejado una huella para este artista.
35MM DE ARTE Y PASIÓN por Miguel Schumman: una colección de los rostros de la industria del cine que incluye, directores, actores, productores, guionistas, músicos, y todos aquellos involucrados en la realización y difusión del séptimo arte
FOTOGRAFIA por el colectivo independiente CYAN Estenopo: “Música una imagen de terror o fantasía”, movimiento y colectivo fotográfico, nos presentan la relación entre la música y el cine a través de la fotografía.

Otras actividades
TEATRO: Gracias al apoyo del CONACULTA, el reconocido director, Eduardo Ruíz Saviñón, presentará su obra Una velada con Vincent Price en honor al centenario del natalicio del actor estadounidense.
TALLER DE ANIMACIÓN PARA NIÑOS: Será impartido por nuestro hermano menor “El Morbito” quienes desde el 2010 son parte de esta fiesta de historias espeluznantes y que este año se animaron a participar con una selección de cortos producidos por OQO basados en los libros ilustrados de esa editorial española. Al mismo tiempo, compartirán sus secretos como contadores de historias: como ilustradores y animadores, mediante un breve taller de animación para niños.
LUCHA LIBRE: “AAA, Promociones Antonio Peña” presenta el viernes 28 de octubre en la Plaza Hnos. Rayón, una función de lucha libre entre técnicos y rudos. Dentro de la cual, nuestro luchador Mórbido se despedirá del ring en memorable batalla.
PRESENTACIÓN EDITORIAL: La escritora, Norma Lazo, presentará la re-edición de su novela “El mecanismo del miedo” la que actualmente está siendo adaptada para el cine.

Invitados
Estará en México Richard Elfman, presentando la película clásica de música y fantasia Forbidden Zone / La zona prohibida, con música y actuación de su hermano Dany Elfman, uno de los más grandes compositores para el cine y la TV en el mundo.
Por primera vez llegan invitados de Cuba, Brasil, Estados Unidos y Canadá a Mórbido, estableciendo nuevos puentes de comunicación y consolidando una representación continental.
Extranjeros: Rodrigo Aragão, Brasil; Todd Brown, Canadá; Richard Elfman, Estados Unidos; Adrián García Bogliano, Argentina; Miguel Gómez, Costa Rica; Tim Luna, Alemania; Jorge Molina, Cuba; Carlos Torrens, España.
Mexicanos: Rafa Lara, Emilio Portes, Agustín "Oso" Tapia, Pepe Romay, Eduardo Ruiz Saviñon, Guillermo Henry, Rigoberto Castañeda, Paulina Lavista, Rene Cadona III, Sergio Arau, Camilo Lara, Sasha Montenegro, Eduardo España.
Las familias del cine mexicano estarán de nuevo presentes, entre ellas: Los Cardona, Grovas, Ripstein, Taboada, Montes, Arau, Rodríguez, Lavista, Aura, García, Bross y Guisa entre otras.

Extensión de Mórbido en Morelia
Gracias al apoyo de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, en el Teatro José Rubén Romero, del 30 de octubre al 2 de noviembre tendremos nuestra primera muestra en la ciudad de Morelia.
Presentación del libro Taboada con Pablo Guisa Koestinger y Adrián García Bogliano
10 largometrajes: 2 presentadas por su director: Miguel Gómez, de Costa Rica presentará El fin y Tim Luna, de Alemania, Tears of Kali.
2 bloques de cortometrajes
Mórbido promueve la marcha zombie Zombie Walk Morelia el sábado 29 de octubre; dentro del homenaje a los no-muerto se exhibirá la cinta Los Infectados el día 30.
PROGRAMA MORBIDO 2011 / 2

Al compás del fantástico


Aspectos de la conferencia de prensa en la que se dieron a conocer los contenidos de Mórbido 2011. El festival alcanza su cuarta edición.

Mórbido llega de nuevo al oriente michoacano. Tal como detallan los aspectos del video, arriba de estas líneas, el festival de cine de fantasía y terror va subiendo sus bonos exponencialmente y demostrando no sólo su capacidad de seducción para públicos cada vez más amplios en México, Latinoamérica, Estados Unidos y Europa, sino confirmando su potencial como atracción turística y como factor de activación económica en la región.
La divertida conferencia de prensa, sazonada por la presencia de dos zombies, da cuenta de algunos datos duros acerca del crecimiento del festival, del desarrollo de la infraestructura turística en Tlalpujahua y comunidades vecinas, así como del volumen de títulos invitados y de artistas que complementan programas paralelos.
Para hoy, aparte de tales apuntes, un repaso exclusivo y a detalle a la sección de filmes internacionales de Mórbido, con los siguientes títulos:

Empusa (Jacinto Molina, España, 2010)
Nuestros muertos por delante. Aunque la dirección de este filme hispano la firma Jacinto Molina (quien solamente la concluyó), en realidad este ejemplo de cine-B que se ambienta en la costa blanca española fue un proyecto emprendido desde 2007 por el director Carlos Aured (su mejor filme: Los ojos azules de la muñeca rota, de 1973). Pero la muerte de Aured truncó el rodaje, que fue retomado por su amigo y compañero Paul Naschy, un reconocido actor de filmes de género en Europa. Desgraciadamente, Naschy también murió antes de concluir el filme, en diciembre de 2009. El mayor valor de este filme es, pues, que se trata de la última película escrita, interpretada y dirigida por Paul Naschy. Las empusas del título son seres míticos, mitad sirenas, mitad vampiras. No hay mucha calidad (aunque sí muchas chicas topless), pero el homenaje es el homenaje. Eso que ni qué. Y va el tráiler:



La zona prohibida (Forbidden Zone. Richard Elfman, EUA, 1982)
Quienes hayan gozado de esa joyita británica llamada El show de terror de Rocky (Jim Sharman, 1975, sobre el musical homónimo de Richard O'Brien, de 1973), disfrutarán como enanos de este filme norteamericano que, sin ser necesariamente derivativo, sí comparte el mismo espíritu erotómano, subversivo e irreverente de aquella. Cuando la familia Hércules se muda a una nueva casa en California, descubre en el sótano una puerta de acceso a La Sexta Dimensión, un lugar fantástico, muy similar al País de las Maravillas del clásico de Lewis Carroll, donde todos los deseos se cumplen. Un entrañable filme que celebra y da vida a los estrambóticos mundos creados por la banda performancera-musical Los caballeros místicos de Oingo Boingo, de la que formó parte Danny Elfman antes de emprender su carrera como músico programático. Simplemente extraordinaria. Ignoro si a Tlalpujahua llegará la versión original en blanco y negro o la versión digitalizada en color. Como sea, he aquí, no el tráiler, sino una de las escenas célebres del filme (canta Susan Tyrrell, pero no dejarán de notar a Hervé Villechaize, el actor de origen francés que participó en más de cien episodios de la teleserie La isla de la Fantasía):



La noche del Chupacabras (Rodrigo Aragão, Brasil, 2011)
El director Rodrigo Aragão, realizador de la muy buena Mangue Negro (vista aquí en el Mórbido de 2009), vuelve a Michoacán con este filme en el que sigue combinando temas grotescos y situaciones fantásticas con preocupaciones sociales muy despiertas, atentas a la realidad., que además no pierden ocasión para intenciones paródicas muy inspiradas. En Mangue Negro se trataba de un pueblito infestado de zombies y asolado por la contaminación. Aquí es la aparición del monstruo más latinoamericano de fines del siglo XX, cuya presencia va de la mano con conflictos rurales entre familias. Un platillo que vale la pena degustar, además, por el muy personal tratamiento narrativo y visual del cineasta brasileño. Les comparto un Detrás de cámaras realmente delicioso, de puritito sabor carioca (festivo y colorido):



Y, desde luego, el tráiler:



Pescado frío (Tsumetai Nettaigyo, Shion Sono, Japón, 2010)
El poeta y director de cine nipón Shion Sono (sus piezas maestras hasta ahora: El club suicida, de 2001, y El circo extraño, de 2005, aparte de todo su quehacer en las letras y en el arte público) engalana este año al festival Mórbido, que proyecta por primera vez un filme asiático. Pescado frío es un thriller de textura gore acerca de asesinatos seriales inspirados en hechos verídicos del Japón actual. El filme participó en el 67º Festival Internacional de Venecia, en 2010. También recibió el premio al mejor guión en el Fantastic Fest del año pasado. Un filme que viene con garantía de calidad.



Máscaras (Masks. Andreas Marschall, Alemania, 2011)
Aquí me pongo de pie. El espíritu del Fausto de Goethe gravita ominosamente en este filme cuyo tráiler tiene algo que ya cautiva: elegancia y punch para las ideas visuales. La sinopsis habla de una ambiciosa aspirante a actriz que descubre las pistas de un prohibido método de actuación que garantiza el éxito. El gran tema de la hybris griega, alimento de todas las tragedias, le da sentido a este filme del autor de Las lágrimas de Kali. Indispensable.



Ferozz (Jorge Molina, Cuba, 2010)
Una extraordinaria aportación a Caperucita Roja, ese clásico anónimo de la tradición germana, popularizado como cuento infantil por los hermanos Grimm, pero al cual Jorge Molina le devuelve todo su brutal viceralismo original. Miranda, la Caperucita Roja de esta historia, no tiene nada de pudorosa. Su abuela no tiene nada (¡pero nada!) de benévola. Y la historia no se anda por las ramas, sino que registra un mundo rural tan lujurioso como las exhuberantes selvas de la isla cubana. Una experiencia fuerte que reflexiona acerca del sexo como una forma de poder al seno de una familia altamente disfuncional y que también explora, como pocas veces se ha visto, el imaginario mítico-rural del país caribeño. Yo sigo enamorado de la potencia numinosa (a la vez sagrada y subversiva, mítica e instintiva, subliminal y fabulesca, gótica y luminosa) del clásico En compañía de los lobos (Neil Jordan. Inglaterra, 1980), pero dentro de su propia e intensa textura, Ferozz es una experiencia de poderosa estrella. Y no apta para mojigatos. El tráiler, aqui abajo, se queda corto.



El color (Die Farbe. Huan Vu, Alemania, 2010)
He aquí una auténtica curiosidad. Esta es la versión más reciente de un relato clásico de H. Phillip Lovecraft: El color que cayó del Cielo. No es un filme comercial, sino el trabajo de titulación de Huan Vu, cineasta alemán pero de herencia vietnamita. Uno de los rasgos que inmediatamente llama la atención en este notable trabajo (nunca estrenado en cines pero ya asequible en DVD), es su tratamiento general en blanco y negro, que hace más dramática la aparición del color en momentos precisos. Una propuesta fresca y que se lleva de calle a muchos títulos anglosajones emprendidos en torno al genio de Lovecraft. Aquí el tráiler.



El huérfano asesino (The Orphan Killer. Matt Farnsworth, EUA, 2011)
Derivativa como ella sola, hasta en el tratamiento psicologista que le dedica a sus personajes, esta cinta del artista independiente Matt Farnsworth se ocupa de un tortuoso personaje, traumado en su infancia al presenciar el asesinato de sus padres y castigado en el resto de su niñez y juventud por su confinamiento en un orfanato de monjas. Algo así como el retrato íntimo del Cara-de-cuero de The Texas Chainsaw Massacre (Tobe Hopper, 1974).



Penumbra (Adrián y Ramiro García Bogliano, Argentina, 2011)
Los hermanos García Bogliano regresan este año a Mórbido con este filme que, acorde a su filmografía, sigue reflexionando en torno al tema de “el monstruo en los otros”, esta vez a partir de un thriller cuya protagonista es una agente inmobiliaria que se topa con los clientes equivocados. Promete.



La Cosa (The Thing. Matthjis van Heijningen Jr. EU, 2011)
He aquí una nueva versión de un clásico del cine de horror, que tiene la novedad de proponerse como una precuela. Todos, supongo, conocen el espeluznante trabajo de John Carpenter de 1982 (The Thing), que a su vez era un remake del filme original de 1951, de Howard Hawks. Estos dos títulos se inspiraban a su vez de un relato antológico de la Edad de Oro de la Ciencia Ficción estaunidense (¿Quién está allí?, publicado en 1938 en la revista Analog por el editor y escritor John W. Campbell). Esta nueva película se sujeta más bien a la versión de John Carpenter y nos cuenta a detalle la suerte de la expedición noruega que se citaba en el filme del '82, que es la que enfrenta por primera vez el hallazgo de la nave extraterrestre varada en los hielos de la Antártida y lucha contra el parásito alienígena capaz de asimilar la forma de sus víctimas. Habrá que ver. Aquí, el tráiler:



El Fantasma del Paraíso (Phantom of Paradise. Brian de Palma, EUA, 1974)
Un clásico del inolvidable director de Carrie, instalado en la misma sintonía de filmes tan provocativos de la época como Cielo líquido, El show de terror de Rocky o (la obra maestra del periodo) Hair, de Milos Forman. Este filme adapta libremente El fantasma de la Opera, con algunos toques del Fausto de Goethe en versión rock-pop. ¿La trama? Cuando Winslow Leach (William Finley), un joven y talentoso compositor de rock, ve su vida profesional y privada destruida por el implacable magnate Swan (Paul Williams), que a su vez ha vendido su alma a cambio del éxito en el rock&roll, Leach se convierte en “Phantom”, quien se empeña en destruir a Swan, justo cuando el empresario se prepara para abrir su mayor negocio: el palacio de rock El Paraíso.



Cazador de trolls (Trolljegeren. Andre Øvredal, Noruega, 2010)
Un estreno procedente de Noruega, cuyo espíritu está en la más pura tradición del Cine-B, pero cuyo tratamiento formal se apoya en la docu-ficción (a la manera de El proyecto de la bruja de Blair, Cloverfield y Actividad paranormal 2). Cuando los granjeros locales se desesperan por las continuas desapariciones de ovejas, tres estudiantes que indagan el caso siguen a un cazador furtivo que resulta ser un cazador de trolls, quienes son los responsables del desastre agrícola. Una puesta al día, con suspenso, pero también con desparpajo y humor paródico, de criaturas muy populares en el folclor de Europa.



La mujer (The Woman. Lucky Mckee, EUA, 2011)
He aquí un filme que puede ser, al mismo tiempo, el paraíso de los misóginos y de los defensores de temas de género. Cuando un cazador furtivo captura a la última sobreviviente de un clan salvaje, decide llevarla a su casa, con su familia, para salvarla de sí misma, domesticarla y devolverle su condición humana. Obviamente, las cosas no son tan simples. Un interesante duelo al “tú por tú” entre las potencias de lo feral y lo silvestre en contra de los atavismos posibles dentro de una cultura occidental “civilizada”. Un filme importante, reconocido en festivales como el Sundance.



La herida (Wound. David Blyth, Nueva Zelanda, 2010)
Del veterano neozelandés David Blyth llega a Mórbido este filme en el que una mujer enfrenta recuerdos, traumas y demonios internos y externos. Una exploración, a través del terror más ambiguo, los oscuros mundos propios de una mente enferma. Temas como el incesto, la venganza y la muerte arropan a este filme que, como curiosidad, cuenta con una de las escenas de castración más bizarras del cine contemporáneo.



Baby Shower (Pablo Illanes, Chile, 2011)
El guionista y escritor Pablo Illanes debuta como director con este largometraje de terror que se inspira en las tradicionales películas slasher en las que un sicópata trastoca el orden cotidiano y va asesinando de forma sangrienta a un grupo de personajes. En este caso, el coto de caza de nuestro villano tiene como escenario la reunión de un grupo de amigas, quienes se han encontrado para celebrar a una de ellas, embarazada de mellizos.



Emergo (Carlos Torrens, España, 2010)
De este filme no poseo mucha información, pero hay un dato crucial: el libreto es de Rodrigo Cortés, el mismo de Buried (Enterrado), que es un gran ejercicio en términos de desarrollo anecdótico en un espacio confinado. Esta cinta es el debut de Carles Torrens y ha sido bien acogida en el festival de Sitges. Se trata, en breve, de un falso documental acerca de un equipo que acude al hogar de una familia a investigar un fenómeno de poltergeist. Habrá que ver. Les debo el tráiler.

La Granja (Ernesto Aguilar, Argentina, 2008)
Cuando Guillermo es despedido de su empleo y decide irse con su esposa y su hija al campo, los tres se alojan en una granja administrada por un excéntrico personaje de origen sueco y sus asistentes, todas ellas mujeres. Un filme que se mueve en el subgénero de las sectas. También les quedo a deber el clip.

Malditos sean (Fabián Forte & Demian Rugna, Argentina, 2011)
Con algo de retraso, pero llega a México, a través de Mórbido, este filme que ha sido muy festejado en Sitges y otros festivales, el cual se estructura a partir de tres historias cortas (de las cuales una anda asequible por la internet, pero búsquenla ustedes mismos). Lo que he podido ver tiene contundencia y un envidiable ritmo narrativo. Los tres episodios del filme, hilvanados por un personaje que entreteje los destinos fastos o nefastos de los demás, son Cafeomancia (rodado en 2008), Alimenta la caja (filmado en 2009) y El curandero (concluido en 2010). Aquí sí les dejo el tráiler oficial:



Extraterrestre (Nacho Vigalondo, España, 2011)
El segundo largo de Vigalondo después de su exitosa Los cronocrímenes (2009) es una insólita pero firme historia que le apuesta totalmente a la comedia romántica, pero en una situación de… ¡Ciencia Ficción! Habitualmente los cruces entre géneros producen resultados abominables, pero Vigalondo tiene un talento especial que es todavía más sobresaliente cuando se advierte que ha trabajado con un bajísimo presupuesto y que su anécdota, prácticamente, nunca abandona el departamento que comparten Julio y Julia, los protagonistas de esta deliciosa experiencia que termina por conducir, inteligentemente, un tema propio de lo épico a los territorios de la vida cotidiana. Esta película ha tenido excelentes críticas en el festival de Sitges y es la que cerrará las jornadas de Mórbido, en Tlalpujahua. Como quien dice: "un final con beso". Los dejo con el tráiler.


ANUNCIAN EL PROGRAMA DE MÓRBIDO 2011 / 1

Al compás del fantástico


El tráiler oficial de El fin (Miguel Alejandro Gómez. Costarrica, 2011), una comedia apocalíptica que se estrena en premier este año en el festival Mórbido, en Tlalpujahua

Con tesón y estrategia lo están logrando. Hace casi un lustro, en 2008, Mórbido, el festival de cine de género concebido por y para Tlalpujahua, fue una primera intentona que, a pesar de lo incipiente, ya mostraba sus texturas y sus posibilidades. Sin ir más lejos, en esa primera edición se exhibió Lágrimas de Kali (Andreas Marshall, Alemania 2004), que es y seguirá siendo una obra maestra dentro de los subgéneros de sectas y de posesiones.
Ahora, cuatro años más tarde, Mórbido confirma que realmente había un proyecto detrás de la idea, pues su desarrollo es muy evidente. Para esta ocasión el festival ofrece un programa consolidado en todo sentido: hay una curaduría de títulos internacionales más selectiva; mayor variedad de ciclos, de programas paralelos y de actividades alternativas; una identidad más definida, así como una colección de estrenos y de invitados con un perfil más amarrado.
Los contenidos del Mórbido 2011 fueron presentados este lunes en Morelia, en una conferencia de prensa que amerita más de un post. Para empezar me detendré hoy, únicamente, en algunos de los filmes que aguardan a los aficionados del género fantástico.

Un agridulce fin del mundo
El primer título de interés corresponde al clip de arriba, el que abre este post. Se trata de El fin, del costarricense
Miguel Alejandro Gómez.
El cineasta no es desconocido en tierras michoacanas pues el año pasado su película El Sanatorio (que era su segundo largometraje como director) se llevó el premio del público. Me la perdí, pero tengo buenos comentarios en el sentido de la fuerza, la irreverencia y la mirada juvenil del cineasta.
Ahora Gómez regresa, no con una comedia negra, sino con una comedia apocalíptica y de entrada la propuesta cautiva: la idea del realizador con este filme es la de distanciarse de la frialdad, de la espectacularidad y de lo sombrío, tres ingredientes habituales para ese tema, a fin de captar un “último día” muy cotidiano, en una historia cuyos protagonistas son un enfermo terminal y un desempleado.
De modo que, más allá de lo trillado del subgénero catastrofista, aquí hay propuesta. Vale la pena probar de la cocina de este todavía inclasificable joven cineasta tico, cuyo debut en 2009 con El cielo rojo fue tan revulsivo y sorprendente como pueden comprobarlo ustedes mismos en YouTube, lanzándose a este enlace.

Traficante de sueños
Otro filme que vale muchísimo la pena, esta vez una coproducción entre México y Estados Unidos, es Sleepdealer (Alex Rivera, 2008).
Se los confirmo y me lo pueden creer: nunca se había hecho algo semejante y mucho menos desde la perspectiva de protagonistas latinoamericanos. Claro: tenemos Brazil, Matrix, Blade Runner... las influencias se notan, pero el filme es absolutamente honesto, personal, creador de su universo propio.
La premisa del filme es simple. En un futuro muy cercano, "las fronteras están selladas, el mundo está dividido... pero la red está abierta". He aquí el tráiler:


Tráiler oficial en inglés de Sleepdealer (Alex Rivera. México-EU, 2008).

En el escenario descrito, y para el cual, el Sueño Americano es (para los norteamericanos), contar con el quehacer de la mano de obra, pero sin tener a los estorbosos trabajadores "en casa", el filme se centra en dos personajes: Memo Cruz y Luz Martínez, quienes desafiarán el totalitarismo virtual de la red global y se transformarán, precisamente, en traficantes de sueños.
Como pueden suponer, es un filme distópico y a mi modo de ver su mayor acierto es el de tomarse el asunto en serio y proponer una fábula que extrapola nuestra realidad de hoy a un escenario lúgubremente futurista. La página oficial del filme está en sleepdealer.com.

Alucarda: propuesta y homenaje
A pesar de ser una película de culto (o bueno, en parte precisamente por eso), Alucarda sigue siendo un filme poco conocido, del que se oye hablar de vez en vez, cuando sale el tema del vampirismo o de las posesiones. Como un acertado homenaje a ese clásico mexicano de 1975, el festival Mórbido exhibirá en premier el filme Alucardos, retrato de un vampiro (Ulises Guzmán, 2010), cuya manera de homenajear a la cinta y a su creador, Juan López Moctezuma, es inventar una nueva historia ficticia en la que unos fans de aquel clásico van en pos del cineasta para restituirle su vitalidad perdida y, una vez, en pie, recibir su... bendición.
Por lo que toca a Alucardos, el tráiler que circula en la web tiene muy buena factura, la producción tiene los respaldos de Conaculta-Imcine y, en corto, aquí está el adelanto:


Alucardos, tráiler oficial (México, 2010)

Pero creo que lo más importante, siendo Alucarda una peli bastante poco familiar para los grandes públicos, es compartirles los enlaces del filme (que aunque lo duden es asequible, completo, en la internet). Digo: si alguien quiere ver Alucardos y no ha tenido la oportunidad de ver Alucarda, ¿qué mejor que darle la opción de ponerse al día?
Así pues, a la salud de ustedes (y a la de don Juan), aquí está el enlace a la película Alucarda enterita, con sus 115 minutos de metraje. Buen provecho:

EN VIDEO / ALUCARDA (Juan López Moctezuma, 1975)


Como se habrán dado cuenta, esta versión de Alucarda está en inglés. Se las propongo porque viene el filme entero. Sin embargo, si son curiosos, no tardarán en descubrir la versión en español, también en YouTube, pero dividida en ocho o nueve partes.
Y, por el momento, con esto me despido por hoy.

Mi caballo, mi perro y mi rifle

La lúdica adaptación

Me acordaba, además, de Brunito Valdéz, quien con la experiencia de sus muchos años decía: los caciques se reproducen como los conejos y en las luchas armadas sólo cambian de sitio.
José Rubén Romero

EN VIDEO / Mi caballo, mi perro y mi rifle


Alcanzado por las balas de la tropa federal, Julián agoniza en alguno de los anónimos campos de batalla de la Revolución Mexicana. Ha sido derribado de su caballo, su perro aúlla anunciando la muerte y su rifle yace, inútil, a su lado.
En semejante trance, la vida de Julián transcurre ante sus ojos (como pide el lugar común) y eso le permite recapitular y reflexionar acerca de la gesta armada en la que ha participado y acerca de la manera en la que ese ideal se ha entretejido a la historia de su propia vida.
Recuerdos y esperanzas se proyectan y ponen en perspectiva el emblemático movimiento de 1910.
Esta es la anécdota de Mi caballo, mi perro y mi rifle, puesta en escena que adapta libremente la novela homónima de José Rubén Romero (1936) y que traslada sus contenidos a un territorio inédito e insólito en más de un sentido: el teatro de títeres.

Lo primero que hay que decir acerca de Mi caballo, mi perro y mi rifle en versión de Cuchara ’e palo es que se trata de un maravilloso juguete escénico. La gesta de hace cien años adquiere, en la versión de Carlos Converso y de los actores Teresa Sánchez, Verenice Reyes Luna y Roberto Hurtado, una textura nunca antes acometida en torno al tema.
La observación no es menor. Lo que en la novela de la Revolución es a menudo una dimensión trágica y desencantada; lo que en el muralismo y en la mayor parte del cine mexicano es una celebración más o menos folclórica, logra en esta pieza una textura inquietantemente luminosa que no omite ni dulcifica las reflexiones más sombrías en torno a los hechos (el desencanto de una revolución fallida, cual grito estrangulado por el triunfo de las emergentes clases medias urbanas, para quienes el mundo rural y sus habitantes son, en el mejor de los casos, un mal necesario al que hay que tolerar), pero que tampoco se niega a la ternura, ni al sueño ni a la esperanza.
En el inter, bastan tres actores para darle vida a una docena de personajes, entre los que sobresale Julián, el protagonista; los Tres Reyes que representan a los poderes oligárquicos en el pueblito natal de Julián; su amada Andrea y, desde luego, con una escena sobresaliente por su dimensión onírica, que parafrasea un momento similar del libro, el momento en que el caballo, el perro y el rifle del personaje toman la palabra para defender, cada cual, la realidad simbólica que representan (el caballo a los ricos, ya que se trata de un caballo de hacendados; el perro a los desposeídos de la tierra y el rifle al ciego impulso de la destrucción).
Desde este punto de vista, se echa un tanto de menos, eso sí, la fuerza que tiene en la novela la relación entre Julián y su madre y con su nana Concha, pero esto es peccata minuta en una adaptación que sabe conservar lo indispensable y, sobre todo, que mantiene en pie el rasgo más característico de la prosa de José Rubén Romero: su manera de moverse de lo individual a lo social, de lo personal a lo colectivo, de lo íntimo a lo universal, remontando así lo meramente costumbrista.
Es justo este rasgo el que nos permite, al mismo tiempo, comprender las alegrías y los quebrantos de un Julián niño que debe sortear las limitaciones de una discapacidad y las crueles bromas que le juegan sus compañeros de escuela, hijos de los riquillos del pueblo, y alcanzar una gran empatía con los ideales que conducen al personaje, como un viento tempestuoso, a abrazar la causa de los revolucionarios que le da un sentido preciso a su vida.

De una a otra cosa, una gran inventiva define a este encantador trabajo, en el que se echa mano de media docena de técnicas de titiritero. Hay titeres de guante, títeres de vara, títeres de vara planos, títeres de mesa, de alambre y mixtos. Anda por ahí incluso alguna versión de bunraku, pero replanteada para las necesidades específicas de este trabajo.
Por encima del despliegue técnico (que es muy riguroso), se encuentra el poderoso duende que siempre ha caracterizado el trabajo escénico de Tere Sánchez; el extraordinario ludismo que le imprime Verenice Reyes a sus personajes y la entrega de un Roberto Hurtado que como actor es bueno, pero que como productor es excelente.
También me gusta que esta adaptación omita el final original de la novela (pues en la letra impresa el relato concluye cuando, en forma accidental, Julián mata de un tiro a su perro, es decir, al animal que define su destino, como un tonalli). En cambio, hay un final más abierto, que deja abiertas a partes iguales las puertas de lo fasto y de lo nefasto, de la fatalidad y de la posibilidad.
Un sobrado ejemplo de entrega, entusiasmo, capacidad de juego y de claridad conceptual. De lo mejor que estamos viendo en esta semana.
La ópera descuartizada

Un Mackie superstar

Cuando el diablo está satisfecho es una buena persona.
Jonathan Swift

EN VIDEO / La ópera descuartizada


No hay que darle mucha vuelta. Mackie Navaja (José Luis Huerta) es como Don Gato (Hanna & Barbera, 1961): un pobre diablo con carisma; un lumpen de buena estrella. Este guapo de barrio a la Pedro Navaja (Rubén Blades, 1978, quien se inspiró en Mackie para su famosa balada salsera) es un malhechor de baja estofa que se mueve en un submundo de juegos de poder infinitamente mimetizados en la pobreza del arrabal.
Pero en un mundo así los problemas para Mackie no provienen de sus riesgosos negocios con tan finos especímenes, sino de su mala pata al seducir y casarse en secreto con la blonda Polly Pichón (Tania Orozco), hija de uno de los padrinos del barrio, J. Jeremías Pichón (Santiago Hernández), quien liderea a una mafia que trafica con mendigos.
Entre su romance con Polly y sus amoríos con la prostituta más exitosa del lugar (Yesenia Barajas), Mackie se gana la enemistad de Jeremías y es objeto de acosos y traiciones que finalmente lo conducen a la cárcel y lo ponen de cara ante la mismísima pena de muerte. En el último momento, sin embargo, nuestro anti-héroe recibirá el indulto del gobernador, en plena y ambigua “fiesta nacional”, ya que en un mundo como este son imprescindibles los malandrines como Mackie.

UNO
Ya se habían tardado, pero al fin lo han hecho. Mackie Navajas llegó a Morelia de la mano de la Ópera Descuartizada (Alfredo Durán, 2011), que es un espectáculo en el más puro sentido de la palabra… tal como en su momento ha sido un espectáculo la versión local de Jesucristo Superestrella.
Sin embargo, “espectáculo” no es sinónimo de teatro, y ya tendremos tiempo de confirmar esto a lo largo de la presente muestra. Por lo pronto, este es un primer deslinde. Con la Ópera Descuartizada, que es el trabajo con el que dio comienzo la Muestra Estatal de Teatro Michoacán 2011, estamos ante un musical que acude a una de las fuentes refundadoras del género en el siglo XX, pues toma como punto de partida la Opera de los Tres Centavos (Bertold Brecht y Kurt Weill, 1928), cuyos hallazgos escénicos, debidamente expurgados por Broadway, conducirían a una explosiva “edad de oro” en el gran revival de la comedia musical norteamericana de mediados del siglo pasado.
A pesar de ese poderoso referente, los valores escenográficos, coreográficos, de maquillaje y de vestuario de esta versión moreliana se comen, literalmente, a los valores musicales y actorales. El resultado son noventa minutos de mucha, muchísima pirotecnia visual, pero de contenidos netos más bien pobres.
Desde mi punto de vista, la cuestión de fondo tiene que ver con una actitud que subyace a las intenciones paródicas y satíricas de la versión de Alfredo Durán. Se trata de un disimulo mal disfrazado. La Ópera Descuartizada procura respetar los fundamentos críticos del discurso de Brecht, pero los arropa tan glamorosamente (música totalmente popera; erotómanos atuendos de plástico sado-masoca, más pensados para incitar que para cuestionar; personajes excesivamente derivados de lo caricaturezco; trazos y maquillajes amaneradísimamente estilizados…) que la presunta crítica al capital o la supuesta conciencia social y de clase se convierten, ellas mismas, en una caricatura neutra e inofensiva, que no hace mella en nada.
Pero vayamos por partes.

DOS
Inspirada en la Opera de los Tres Centavos (el más famoso de los musicales concebidos por Brecht, al lado de su Mahagonny, durante su prolífica trayectoria al lado de Kurt Weill), la Opera Descuartizada es, en lo anecdótico, una somera revisión al personaje de Mackie Navaja y, en lo musical, una reelaboración pop a un tema que ha marcado un hito en la historia del jazz: la extraordinaria Mackie the knife, cuyas versiones de 1955, a cargo de Louis Armstrong, y de 1960, con Ella Fitzgerald, son sencillamente insuperables.
Por lo que atañe al primer punto, es decir, al personaje de Mack como significante anecdótico, la referencia más antigua se remonta al clérigo y escritor satírico irlandés Jonathan Swift, quien fue el primero en concebir una serie de situaciones que hablaran de duros temas sociales y cuyos protagonistas fueran ladrones, proxenetas y otras escorias de la Inglaterra de la época.
El padre de Las aventuras de Gulliver (1726) y de las deliciosas Historias de una bañera (1704) le formuló esta muy subversiva propuesta a su amigo, el poeta y dramaturgo John Gay, quien al lado del compositor John Christopher Pepusch se ocupó de problematizar el tema y crear La ópera de los Mendigos (o De los Limosneros, es decir: The Beggar’s opera), que se estrenó en 1728 y que todavía en nuestros días es una propuesta audaz por la manera en que satiriza a los poderosos y a los gobernantes, echando mano de personajes que los parafrasean pero que se mueven en los bajos fondos. Es en este trabajo donde aparece nuestro Mackie Navaja, que en aquella primera versión se llamaría simplemente Macheath y que tuvo la personalidad de una especie de Fantomas: un ladrón elegante, de finas maneras y excelentes gustos y modales.

Una perla como La ópera de los mendigos, que escarnece la pedantería del poder, ridiculizándola y reduciéndola a su naturaleza esencial de limosnera, no podía pasar desapercibida para un espíritu tan crítico e incisivo como el de Bertold Brecht, quien 200 años más tarde recuperó el material y decidió darle un nuevo tratamiento.
La adaptación recibió el nombre de Die Dreigroschenoper (que hoy conocemos universalmente por su traducción del inglés, La Ópera de los Tres Peniques), pero es injusto hablar de “adaptación”. En más de un sentido, Brecht y Weill configuraron una obra nueva, en la que el espíritu de la música y de las situaciones, así como su estilística, son otros. Sin ir más lejos, Brecht no acude al género musical por alguna pasión melómana, sino porque la estructura de cuadros y números musicales le permite llevar al extremo su famosa propuesta de rompimientos dramáticos, gracias a lo cual el espectador puede distanciarse de cuanto ve, remontar la sensiblería fruto de la identificación y pensar sobre cuanto está presenciando.
Por lo demás, es con Brecht donde Macheath pasa a llamarse Mackie Messer y de allí Mackie Navaja. En el transcurso, el personaje también pierde su categoría de ladrón elegante y se convierte en un carroñero de quinto patio que es mucho más cruel y siniestro que el original (no en balde Brecht y Weill lo apodan El Tiburón).
Y si la historia de Mackie y de sus metamorfosis llegara hasta aquí, probablemente podríamos aplaudir el ejercicio emprendido por Durán y los chicos reunidos en el Taller Épico de la EPBA que participan en el proyecto, junto con los integrantes del grupo La Catrina (Fabiola Cardona, con una excelente voz, Iván Garmendia y Julio César Ortiz, que se han ocupado de la música). Sin embargo, esto no es así. A partir de la propuesta de Brecht, el personaje de Mackie ha sido visitado y revisitado continuamente en los últimos 85 años, tanto en lo escénico como en lo musical.

TRES
En lo musical, hay que recordar que el tema Moritat von Mackie Messer (La balada fúnebre de Mackie Navaja), compuesto en 1928 por Weill, nació como una pieza fuertemente marcada por los ritmos sincopados del jazz de la época y por el espíritu sombríamente cabaretero que distinguió al genio musical de Weill. Su trabajo conserva un gran encanto, pero la balada recibió su tratamiento definitivo veintidós años más tarde, en 1954, cuando el compositor Marcus Samuel Blitzstein hizo un nuevo arreglo, que es el que todos conocemos y del que, en los años sucesivos, nos dieron versiones inmejorables Louis Arsmtrong (1955), Bobby Darin (1958), y Ella Fitzgerald (1960).
Luego de estas aportaciones, que fundaron lo esencial del tema, en 1976 apareció una nueva versión para Broadway, a cargo de Ralph Manheim y John Willett, de la que derivarían, mucho después, los tratamientos emprendidos por Sting y Nick Cave, e incluso por Lyle Lovett para la película Quiz Show (1994), en la que también se escucha, a modo de discreto homenaje, la versión de Darin durante los créditos de inicio.
Pero un seguimiento detallado sólo de esta canción da para un largo post y no es el caso. Baste citar por ahora, como aportaciones sustanciales al tema, el tributo que Jim Morrison y The Doors le hicieron al tema en su Alabama Song, hacia 1967 o la extraordinaria versión instrumental de Kenny Garrett de 1990 en su álbum African Exchange Student, que logra un tratamiento de enorme garra.
De una a otra, un momento estelar del tema lo protagonizó la banda de neo swing The Brian Setzer Orchestra, que en el 2000 logró la versión más vivaz y flexible de cuantas he oído, mientras que probadas estrellas como Robbie Williams se han quedado más bien cortitas a la hora de medirse con el clásico.
A contrapelo, la rockera Marianne Faithfull logró una versión muy interesante en 1997, porque el timbre y los registros de su voz ofrecen posibilidades tan insospechadas como bienvenidas.

Pero si lo musical tiene su historia, lo escénico no se queda atrás. Luego del estreno de 1928, el propio Brecht supervisó la primera de muchas versiones cinematográficas de esta anécdota: Die 3 Groschenoper (Ernst Busch Moritatsong 1931), de la que –bendito Youtube– pueden ver algo en este enlace.
En términos de puesta en escena, Broadway nunca ha abandonado esta obra y una de sus versiones recientes más interesantes es la que tuvo como cantante a Sting en 1989.
Por lo que atañe a nuestro hemisferio latinoamericano, la obra más interesante (porque resignifica toda la propuesta original en una versión chicana y con música de Los Lobos), es el Mackie Navaja de 2007, a cargo de la realizadora rosarina Kiti Cabruja (aquí el clip)
De cara a estas interpretaciones, La Ópera Descuartizada que nos brinda Durán se queda rezagada. Por ejemplo, en lo musical, el rock pop de La catrina no remonta la pureza genérica que logra Miguel Ríos en su versión del tema, también popera. En lo escénico, el conflicto entre el regodeo con lo sensorial y la necesidad de las rupturas “a la Brecht” crea un dilema insalvable, en el que la propuesta no llega a su cita.
Esto último es, me parece, lo esencial: No conforme con las rupturas naturales propuestas entre cuadros escénicos y momentos musicales, Brecht y Weill introdujeron en su clásico de 1928 las intervenciones del narrador (el Cantor callejero / Fabricio Gutiérrez, en la presente versión de Durán), con el fin de redondear el efecto de distanciamiento tan caro a la filosofía brechtiana. En La Ópera Descuartizada perdura esa estructura… pero los rompimientos propiamente dichos no se cumplen porque durante todo el trabajo se ven interferidos y bloqueados por el perpetuo y sobrado engolosinamiento de la dirección en la exquisitez de atuendos, estilizaciones de trazo y de maquillaje.
Bien visto, en el fondo el resultado de todo esto es, más que una presunta crítica a cualquier poder, la celebración monda y lironda a esa siniestra forma de gobierno paralelo que hoy reconocemos como crimen organizado en Michoacán y en el resto del país. Un festejo (voluntario o no) a esas estructuras que operan como un Estado dentro del Estado, con su saldo de incertidumbre, caos, violencia y muerte. Pero esto es un apunte extra-teatral.
En términos teatrales los actores no tienen grandes problemas porque lo que se pide de ellos son personajes de trazo muy grueso, “de brocha gorda”. Y crear una caricatura no es en absoluto difícil, especialmente si se emprende desde un tratamiento meramente formal. Los personajes, pues, resultan vistosos pero no son en absoluto profundos o bien dimensionados. De allí que no convenzan. Son apenas una colección de prototipos al servicio del sentido coreográfico que exige la faceta musical del trabajo.
Así comienza la Muestra Estatal 2011 en Morelia, y sólo las siguientes jornadas podrán decirnos si la Ópera Descuartizada es un ejercicio al que olvidaremos… o al que echaremos de menos.


RECURSOS EN LA WEB
Brecht en su tinta
Para quien desee consultar la dramaturgia original de Brecht a fin de avisorar qué tan propositiva es la versión moreliana, aquí pueden acceder al texto de La Ópera de los Tres Centavos.