PRIMER ENCUENTRO ESTATAL DE MONÓLOGOS

PERSPECTIVA

EN SIETE OBRAS 

El Primer Encuentro Estatal de Monólogos, organizado por la Secretaría de Cultura de Michoacán, se realizó la semana pasada, del lunes 18 al sábado 23 de noviembre. Tuvo como sede el foro La Bodega, en Morelia, y reunió ocho obras.
El perfil de la actividad fue generoso, ya que un encuentro es más fraternal que un festival: no se compite por un premio, se comparten quehaceres de la escena.
El adjetivo "estatal" quedó apenas en una buena intención, pues todos los participantes fueron morelianos.
Doy cuenta de siete de los ocho trabajos, como sigue:  

CENA DE COMPROMISO
Ansioso por compartir su felicidad con sus amigos, Rodrigo los invita a la cena en la que pedirá la mano de Ana Luisa. Mientras la espera, narra cuitas que van anunciando el desastre que se avecina y que es evidente para todos, salvo para el propio Rodrigo.
Desde esta anécdota, Cena de compromiso se desarrolla como una pieza de Teatro-Bar, en dirección de Verónica Villicaña.
Noche afortunada, con un Manuel Barragán que desde la dramaturgia y la actuación juega con el potencial de los géneros chicos: del sketch carpero y los guiños al burlesque hasta la Stand-Up Comedy, para conducir al público de lo cómico a lo trágico a través de un personaje que se crece y se disminuye al vaivén de sus esperanzas y desilusiones.
Lo mejor de Cena de compromiso, a mi modo de ver, es que detrás de la anécdota sentimental e íntima Barragán nos muestra al prototipo del hombre de hoy: un personaje que nunca dirime en qué pie está parado, ciego a una realidad que lo desborda y que termina por ahogarlo; todo desde un tono que coquetea con esa actitud tan mexicana del "¡Viva mi desgracia!" 
Un ejemplo de que no es necesario debatirse entre el compromiso estético y el inmediatismo político para lograr una experiencia que hable de lo cercano y que valga la pena. Sólo es cuestión de integrar los aparentes opuestos. Un ejercicio eficaz, agridulce y verazmente escénico.


EL RITUAL MAYA

Libremente inspirada en Ritual Maya del Dios Desconocido (Raúl Cáceres Carenzo, Chiapas, 1990), esta "pieza mágica de voz y danza" en un acto es a la vez rito y documento, memoria y premonición.
Revelándose como una de las manifestaciones del dios Chac, el personaje de Huay-Cuento aparece en escena y habla de los orígenes del pueblo maya; narra sus gestas y holocaustos, la hora agónica de la Conquista y pone en perspectiva las riquezas del mundo antiguo en contraste con la pobreza de nuestro "oscuro tiempo sin dioses".
Un trabajo veterano del grupo Foro-4, estrenado hace casi veinte años (hacia 1994) en el extinto foro La Librería de la Calzada, que homenajea la cultura raíz y a los pueblos originarios.
La dramaturgia es de una gran belleza poética, es decir, reveladora. Hace suya la premisa que da sentido al teatro indígena latinoamericano que conocemos: aquella que pide restaurar un tiempo ancestral, capaz de vivificar mitos fundadores a través de un ejercicio corporal que haga suyos los pulsos y ritmos del universo.
La puesta en escena, tal como la resuelve el director Sergio Camacho, opta por lo austero más que por lo exuberante: no hay tiempo ni espacio para la danza celebratoria. En cambio, despliega cuadros, estampas plásticas y fraseos corporales que generan sensaciones simétricas a los tonos más hieráticos y sombríos del texto.
Hay una excelente escenografía que opera en términos simbólicos, una música que homenajea al olvidado Jorge Reyes y un correcto manejo de la multimedia, con imágenes en video alusivas a la realidad de los pueblos chiapanecos contemporáneos. Por lo demás, como fruto de la experiencia y el tiempo, el trabajo tiene limpieza y unidad.
Una poética escénica en la que pervive la intensidad de "la Flor y el Canto".


EL CORAZÓN DELATOR

Magnificados por su conciencia culpable, los latidos del corazón de un asesino hacen que el criminal se delate y enloquezca, justo cuando cree que su delito puede quedar impune. Esta mínima anécdota, magistralmente desarrollada por Edgar Allan Poe, configura El corazón delator, uno de los mayores cuentos de horror gótico del Siglo XIX.
El relato es un diamante. Pienso que Poe condensa en unas cuantas páginas todo lo que Dostoievsky, con otra textura, nos legó en su Crimen y castigo. El meollo en ambos casos es el de una conciencia en acto que le pasa la factura de sus trasgresiones a personajes incapaces de lidiar con la magnitud de lo que han hecho.
Desde este punto de vista, la adaptación de Alan Delgado me resulta ambigüa. Le añade un rasgo al protagonista: cólicos nefríticos que lo atormentan y lo hacen consciente de su propia vulnerabilidad.
Idealmente este apunte le daría al criminal una dimensión más humana, pero tal como se resuelve en la puesta y desde los alcances en la actuación de Dulce Rangel, la adenda más bien desdibuja el despiadado conflicto interno del protagonista. Distrae del enfrentamiento del asesino con su locura y, sobre todo, entorpece el implacable ritmo con que las emociones de horror y de demencia incuban, crecen y se apoderan del alma del obsesivo malhechor.
Como en toda experiencia escénica, hay algunas imágenes eficaces, ciertos trazos afortunados (a los que hay que sumar una buena ambientación escenográfica, siempre sugerente, nunca explícita), pero en su esencia, el trabajo me queda a deber. 


VIDA EN SUEÑO AZUL

Anita despierta y se deleita en experiencias simples como caminar o beber a sus anchas un sorbo de agua. Comparte sus inquietudes de adolescente, vagamente perturbada por la idea de ser "un algo entre cuatro paredes". Nada parece distinguirla de cualquier otra joven de su edad, hasta que el cuadro final revela que está confinada en un hospital y que sufre parálisis cerebral.
Concebida como una obra para públicos específicos, Vida en sueño azul es probablemente la mejor dramaturgia de Alan Delgado. El texto debe tener al menos quince años y se sustenta en lo elemental del tema y de la anécdota: una serie de estampas donde el personaje hace explícito todo lo que en la vida real es incapaz de hacer, a fin de que valoremos la riqueza de esas "pequeñas cosas" y los retos que sortean quienes poseen capacidades diferentes.
El trabajo cumple cuanto exige ese subgénero que (de modo particular en el cine) se ocupa de las víctimas de diversas disfunciones. La actriz Landy Medina resuelve el compromiso con la mínima corrección, ya que aún se le pueden sacar y/o modular muchos matices a su personaje. Mientras, la edición musical responde bien al perfil melodramático del asunto y la escenografía propone los elementos indispensables sin rebuscamiento.


LA CALACA CATRINA

El personaje inmortalizado por Diego Rivera hacia 1947 (aunque la autoría sea de José Guadalupe Posada, casi cuarenta años antes) sube al escenario para hablar de su prosapia en este monólogo poco convincente y que está concebido como una experiencia de Teatro-Bar.
La actriz Yesenia Barajas, distante de lo que le hemos visto en trabajos como La ópera descuartizada (Durán, 2011), no afianza el tono de su personaje, que va de cierta ingenuidad ridícula a la dignidad postiza, pero sin alcanzar nunca la estatura que de veras le corresponde: la de una presencia sobrehumana, lo cual le daría a sus momentos de humor y de crítica una dimensión perturbadoramente metafísica.
La dramaturgia está poco problematizada; no dice algo que vaya más allá de lo elemental (digamos, de lo que cualquiera puede encontrar en la Wikipedia) y en tales términos, sin agudezas ni intensidad, lo banal se apodera pronto de la experiencia.
Hay un intento de enriquecer la propuesta con elementos de video e imagen y de acudir a recursos musicales como el popular tema La Calaca, de Amparo Ochoa. Empero, con lo actoral en entredicho y con una dirección de trazos más bien esquemáticos, el espíritu catrinesco, que tanto tiene que ver con lo mexicano, no alcanza a cumplir su cita.
Un ejercicio que es todavía un work en progress.  


LOS CUENTOS DE PIMPLUNA

La cuentacuentos itinerante Pimpluna sube al escenario para narrar la pequeña odisea de tres amigos: Lucas, Jos y Alejandra, quienes resuelven un misterio que tiene que ver con la llegada de un circo a su pueblo y la extraña desaparición de fotos en los hogares de la comunidad.
Original de Sandra Rangel, quien también actúa, este unipersonal es un ejercicio de cuentacuentos concebido para representarse ante un público infantil y juvenil, con mucha interacción y en espacios públicos.
Hay, ante todo, un correcto despliegue escenográfico, con diaporamas que ambientan situaciones y espacios sobre el ciclorama, el uso de sencillos artilugios de enmascaramiento (pelucas, sábanas, narices de clown...) y un animismo intenso en movimientos y colores, como pide el decálogo de las experiencias escénicas dedicadas a los niños.
A pesar de todo, "el coco" de la puesta recae en Sandra, a quien le cuesta mantener el ritmo y, por tanto, el interés hacia cuanto sucede a lo largo del relato. A esto pudo contribuir, el día de la función, el hecho de que hubo poco público y muy, muy escasos niños.
Aun así, vale la pena que la actriz revise su manejo de energía. Necesita fortalecer su presencia escénica, a fin de que la veracidad artística legitime este ejercicio imaginativo.


DE PRINCESAS, PRÍNCIPES Y OTROS BICHOS
En pos del sapo perfecto, aquel capaz de transformarse en un Príncipe Azul, cierta fresa y modosa princesa / científica, en plan de la Alicia de Lewis Carroll, comparte con el público las desventuras de su búsqueda y de cómo está a punto de terminar (contra todas las convenciones de clase que la limitan) en los brazos de un alucinado y barriobajero Sapus Pachecus.
Desde esta anécdota, la actriz Valeria Ortega reelabora la exquisita dramaturgia de Paola Izquierdo en lo que ha sido la tercera experiencia de Teatro-Bar dentro del Encuentro Estatal de Monólogos.
El texto es una delicia porque bocabajea todos los tics, manías y complejos de la élite social mexicana actual y revisa en particular los prejuicios que acotan al mundo femenino chic.
A pesar de su eficacia, ocurre algo exasperante con el trabajo de Valeria. Ella es indudablemente una actriz. Tiene, sobre todo, algo que le falta desesperadamente a otros actores y actrices que hemos visto en este encuentro: un control preciso de la bioenergía, gracias a lo cual consigue investir a su personaje de una soberana y genuina presencia escénica. Es capaz de llenar el escenario con su presencia. No obstante esta virtud, todavía necesita explorar matices más delicados, ya que se desborda, con la energía arriba, pero nada más. A momentos vocifera demasiado. Falta un equilibrio con la sutileza.


CONFORMARSE O ARRIESGAR
El arte es siempre Porvenir y madura en el mundo de lo incierto. El suyo es el reino de lo aún no dicho, de lo todavía no configurado. Una experiencia artística genuina es siempre el salto hacia un abismo que, iluminado por las audacias de la conciencia imaginante, revela nuevas parcelas de lo Posible transfiguradas en Realidad.
Desde tal perspectiva, los siete trabajos de los que da cuenta esta entrega muestran un conjunto de dramaturgos, directores y actores que tienen como desafío remontar sus certezas, desprenderse de la seguridad de la rutina y arriesgarse hacia territorios en los cuales los primeros en sorprenderse sean ellos mismos. En términos estrictos, sólo Manuel Barragán nos ha ofrecido una experiencia novedosa con su Cena de compromiso: ha dado un salto hacia el Teatro–Bar y a la comedia, trasladando con éxito a ese ámbito sus inquietudes, habitualmente sombrías.
Por lo demás, los veteranos Sergio Camacho y Alan Delgado han ofrecido puestas ya muy trabajadas y que datan de mucho tiempo. Vida en sueño azul y El ritual Maya se han ido modulando al vaivén de los años con distinto éxito, pero ese mismo añejamiento atenta contra la frescura, la creatividad y la posibilidad de innovar y de descubrir dentro de una trayectoria artística. Particularmente en el caso de UnomásOtros Teatro, me parece que el grupo se ha ido encajonando en la rutina de hacer simplemente lo que ya sabe hacer. Esa forma de cómoda conformidad es peligrosa porque cuando uno se estanca en aquello que ya sabe hacer, sin luchar por el hallazgo de horizontes más amplios, lo que suele pasar es que, a medida que corre el tiempo, ese hacer seguro va perdiendo eficacia y lo que se ha sabido con tanta confianza se va debilitando hasta perder su sentido.
El único remedio contra esas dos acechanzas es la permanente búsqueda de nuevos desafíos.
La observación no es personal. Va para todos los participantes de este encuentro, ya que aún los autores e intérpretes más jóvenes (Landy, Bernardo, Sandra, Yesenia…) participan de cierta dosis de ese conformismo que paraliza y vuelve infructuosas las mejores intenciones.
Se recorre de este diciembre a mayo de 2014

Anuncian la IX Bienal

Nacional de pintura y

grabado Alfredo Zalce

Alfredo Zalce en un autorretrato de los años setenta.
A punto estuvo de no celebrarse, lo cual habría sido embarazoso. Pero finalmente, aunque con un retraso de seis meses, esta semana se lanzó la convocatoria para la IX Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce. La magna colectiva bianual debió haberse inaugurado en el presente mes de noviembre o a más tardar (como ocurrió en 2011) en diciembre, pero esta vez abrirá sus puertas al público el próximo mes de mayo de 2014 y ocupará las dos plantas del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce (MACAZ), en Morelia.
La Secretaría de Cultura de Michoacán, de la que depende el MACAZ, realizó una conferencia de prensa el miércoles para dar a conocer el documento, que se transcribe íntegro más adelante.
Mientras, la razón más probable por la cual no se convocó en tiempo y forma al certamen visual es que el anterior director del MACAZ, Mizraím Cárdenas, no agendó la actividad dentro del paquete presupuestal correspondiente, requisito que debió ser tramitado a comienzos de este año.
Desde 1997, cuando nació la bienal, ha sido tradición que la convocatoria sea lanzada en el mes de mayo y que para octubre comience la selección y curaduría de los trabajos participantes, a fin de abrir la muestra a fin de año. 
En los últimos seis años, la VI Bienal Alfredo Zalce se inauguró el 30 de noviembre de 2007. En 2009, la VII edición del encuentro se inauguró el viernes 6 de noviembre. En 2011 se recorrió a diciembre.
Este año, a partir de junio, conforme corrían las semanas, los interesados en el arte visual nos preguntábamos qué estaría ocurriendo con una convocatoria que no se lanzaba ni tenía visos de aparecer. Y es que, para que sea una convocatoria seria y profesional, el plazo para que los artistas interesados en el encuentro participen debe de ser de por lo menos seis meses.
Para el pasado mes de octubre, algunos amigos y yo especulábamos sobre los escenarios posibles: aún se podía lanzar una convocatoria precipitada, con los tiempos muy apretados, para inaugurar la colectiva antes del 31 de diciembre. O, de plano, se podía posponer el certamen.
Lo que terminó ocurriendo ha sido, en cierto sentido, una combinación de las dos alternativas. La convocatoria se ha lanzado y se le ha dado un arco de cinco meses para que los artistas que lo deseen inscriban su obra dentro de un plazo decente y razonable. Por lo demás, seis meses no representan un atraso significativo para la celebración de la bienal, aunque el hecho sí se suma a los múltiples "pequeños detalles" que mantienen en entredicho los esfuerzos que emprende la actual gestión administrativa al frente de la Secretaría de Cultura de la entidad.  
Argelia Martínez, directora de Vinculación e Integración Cultural de la Secum; el secretario de Cultura, licenciado Marco Antonio Aguilar Cortés, y el actual director del MACAZ, Juan Carlos Jiménez, al dar a conocer la convocatoria.

Texto íntegro de la Convocatoria de
participación de la IX Bienal Nacional
de Pintura y Grabado Alfredo Zalce

El Gobierno del Estado de Michoacán, a través de la Secretaría de Cultura de Michoacán, con fundamento en los artículos 32 en sus fracciones II, III, XVI y XIX de la Ley Orgánica de la Administración Pública del Estado de Michoacán de Ocampo y 152, fracciones IX, X y XIV de su Reglamento, además de los artículos 5, 11 y demás relativos de la Ley de Desarrollo Cultural para el Estado de Michoacán de Ocampo y el Plan de Desarrollo Integral del Estado de Michoacán de Ocampo 2012-2015, con la finalidad de promover y difundir las diferentes expresiones artísticas


CONVOCA
a la
IX BIENAL NACIONAL DE PINTURA Y GRABADO “ALFREDO ZALCE”
A celebrarse en el Estado de Michoacán bajo las siguientes bases:

I. DE LOS PARTICIPANTES
Podrán participar de manera individual todos los pintores y grabadores mexicanos, así como los extranjeros residentes en el país que comprueben una estancia mínima y consecutiva de cinco años al cierre de la convocatoria.

II. MODALIDADES
El certamen se desarrollará en dos: pintura y grabado.

III. DE LAS ESPECIFICACIONES DE LA OBRA
a) Los concursantes en la modalidad de pintura podrán participar con dos o tres obras; éstas deberán tener dimensiones no mayores de 200 centímetros por lado (para los formatos irregulares se tomarán las mismas medidas de referencia). Todas las pinturas se presentarán debidamente enmarcadas.

b) En la modalidad de pintura, el tema, la técnica y la tendencia son libres.

c) Los concursantes en la modalidad de grabado podrán participar con dos o tres obras, todas con medidas no mayores de 150 centímetros por cualquiera de sus lados. De igual forma, los grabados deberán presentarse debidamente enmarcados, y sin cubierta anti-reflejante.

d) En la modalidad de grabado, el tema y la tendencia de las obras son libres, dentro de las técnicas del grabado tradicional: aguatinta, aguafuerte, punta seca, barnices, xilografía,litografía, linóleo y mezzotinta. Quedarán excluidas las piezas con técnicas digitales y/o fotográficas, aún cuando se trate de técnicas mixtas con aquellas citadas anteriormente.

e) Las obras participantes deberán haber sido realizadas en los años 2012 y 2013.

f) Dichas obras no deberán haber sido galardonadas en ningún otro concurso o exposición.

IV. DE LOS REQUISITOS
Los participantes deberán enviar, en un sobre cerrado, los documentos que se indican en este apartado y que formarán su expediente individual, a la SEDE DE LA BIENAL: Museo de Arte Contemporáneo “Alfredo Zalce”, ubicado en Avenida Acueducto #18. Colonia Centro. Morelia, Michoacán C.P 58000. Tel. (443) 312 5404, a partir de la publicación de la presente convocatoria y hasta el 21 de febrero de 2014 (Favor de llamar para confirmar recepción de documentos).

POR CADA OBRA INSCRITA:
a) 2 fotografías idénticas impresas a color de 15 x 20 centímetros (6 x 8 pulgadas), ambas perfectamente identificadas al reverso y de óptima calidad; preferentemente en papel mate.

b) En cualquiera de los casos el material fotográfico enviado deberá ser de una toma directa, frontal y completa, sin brillos añadidos al de las obras terminadas. Serán descalificadas las propuestas cuyo material fotográfico presente tomas anguladas o manipuladas, encuadres parciales, acercamientos, detalles, o que rebase las medidas estipuladas.

c) Ficha técnica de cada obra (al reverso de la foto) indicando: nombre del autor, título de la obra, técnica, dimensiones (alto x ancho en centímetros), año de producción y avalúo en moneda nacional. En caso de los grabados deberán incluirse medidas de placa y de soporte, además de número de edición.

POR CADA PARTICIPANTE:
d) Solicitud impresa debidamente requisitada con el formato que podrá descargar del sitio de Internet de la Secretaría de Cultura www.cultura.michoacan.gob.mx.

e) Original o copia certificada ante notario del acta de nacimiento del autor, (para el caso de extranjeros residentes en el país, anexar el comprobante de residencia expedido por el municipio o lugar de residencia).

f) Currículum detallado del autor especificando: fecha y lugar de nacimiento, dirección con código postal, teléfonos (fijo y móvil), correo electrónico (vigente); estudios y trayectoria artística (exposiciones individuales y colectivas). En el caso en el que el nombre del documento de identificación sea distinto al nombre artístico utilizado para firmar las obras, deberá señalarse de manera expresa en el currículum.

g) Un único disco compacto (CD) que contenga lo siguiente: una fotografía de calidad (formato JPG) por cada obra inscrita (el nombre de cada archivo deberá ir identificado por el apellido paterno del artista en mayúsculas, seguido de una coma y el título de la obra con guiones bajos entre cada palabra) y currículum (formato PDF). Las versiones digitalizadas deberán ser idénticas a las impresas. El CD deberá indicar claramente en su carátula el nombre del participante.

h) En caso de faltar cualquiera de los requisitos, números o datos de contacto o dirección completa, ello será motivo suficiente para no admitir obras en el concurso y el participante será automáticamente descalificado.

i) Para los expedientes de obra que sean enviados por correo o por cualquier otro medio de mensajería, se aplicará la misma fecha límite, tomándose como fecha de recepción la que señale el matasellos.

j) Los expedientes de obra recibidos no serán devueltos a sus autores; dichos documentos pasarán al archivo de artistas del Museo de Arte Contemporáneo “Alfredo Zalce”.

V. DE LA SELECCIÓN DE OBRAS
a) De las obras inscritas en el concurso se hará una selección de 35 trabajos en la categoría de pintura y 35 en la categoría de grabado.

b) Los autores de las obras que resulten seleccionadas serán informados por correo electrónico, vía telefónica, telegrama o fax en la semana del 17 al 21 de marzo de 2014. Simultáneamente será publicada una relación con sus nombres y el título de sus obras en la página electrónica: www.cultura.michoacan.gob.mx

c) Las obras seleccionadas deberán entregarse, debidamente embaladas, a más tardar el viernes 11 de abril de 2014 en la Sede de la Bienal: Museo de Arte Contemporáneo “Alfredo Zalce” de la ciudad de Morelia, o bien en el Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (CENCROPAM) en el Distrito Federal. Las obras seleccionadas que no sean entregadas con esta fecha límite quedarán fuera del concurso. 
d) Los gastos de empaque y traslado de las obras a los centros de acopio serán por cuenta y riesgo de los participantes. La sede de la exposición y el centro de acopio alterno darán un manejo adecuado a las obras recibidas, sin embargo, no se hacen responsables por daños eventuales sufridos durante su traslado.

VI. CENTRO ALTERNO DE ACOPIO DE OBRA:
Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (CENCROPAM)
San Idelfonso No 60. Centro. C.P 06020. 
México, D.F.
Tels. (55) 57022197 y 57023835.

Favor de llamar para confirmar recepción.

VII. DEL JURADO
El jurado calificador estará integrado por personas de reconocida trayectoria artística e intelectual; sus nombres se darán a conocer oportunamente. Su fallo será inapelable y se publicitará en la inauguración de la IX Bienal Nacional de Pintura y Grabado “Alfredo Zalce”.

VIII. DE LOS PREMIOS
a) En la categoría de pintura se otorgará un Premio Único de Adquisición de $120,000.00 (CIENTO VEINTE MIL PESOS 00/100 M.N.)

b) En la categoría de grabado se otorgará un Premio Único de Adquisición de $70,000.00 (SETENTA MIL PESOS 00/100 M.N.)

IX. DE LAS OBRAS PREMIADAS
Las obras que se distingan con los premios únicos de adquisición pasarán a formar parte del acervo artístico del Museo de Arte Contemporáneo “Alfredo Zalce” de la Secretaría de Cultura del Estado de Michoacán.

X. DE LAS MENCIONES HONORÍFICAS
El jurado otorgará un máximo de cinco Menciones Honoríficas en cada categoría, las cuales se acreditarán con un diploma.

XI. DE LA PUBLICACIÓN DE GALARDONADOS Y MENCIONES HONORÍFICAS
Los acreedores a Premios Únicos de Adquisición y Menciones Honoríficas, en cada categoría, serán dados a conocer el viernes 09 de mayo de 2014 en la Sede de la Bienal; en medios impresos de circulación local y nacional, así como también en el sitio de Internet de la Secretaría de Cultura: www.cultura.michoacan.gob.mx en fecha posterior a su anuncio público.

XII. LUGAR Y FECHA DE EXHIBICIÓN
Las obras seleccionadas y distinguidas con Menciones Honoríficas y Premios Únicos de Adquisición serán exhibidas en el Museo de Arte Contemporáneo “Alfredo Zalce”, del día 09 de mayo al día 13 de julio de 2014.

XIII. DE LA DEVOLUCIÓN DE LAS OBRAS
Una vez concluida la exposición o exhibición en el Museo, las obras deberán ser recogidas por sus autores. El Museo notificará a los seleccionados el periodo en el que podrán retirarlas. Una vez avisados, sólo contarán con 15 días hábiles para recogerlas en el lugar donde fueron registradas y recibidas. De no hacerlo en el tiempo indicado, se tendrá por donada, a título gratuito, a favor del Museo de Arte Contemporáneo “Alfredo Zalce” de la Secretaría de Cultura de Michoacán, quien podrá disponer libremente de estas obras.

XIV. DE LA ACEPTACIÓN
La participación de los autores en este certamen implica su autorización expresa para la reproducción de su obra, en la edición del catálogo de obra correspondiente, y así como la aceptación de las bases generales de participación de esta convocatoria.

XV. RESTRICCIONES
No podrán participar los organizadores del evento ni los miembros del jurado.

XVI. DE LOS IMPREVISTOS
Cualquier caso no considerado en la presente convocatoria será resuelto a criterio del comité organizador y el jurado calificador.

MAYORES INFORMES:
macaz.morelia@gmail.com
En Morelia, Michoacán: (443) 312 54 04.
En el DF: (55) 5702 2197 ó 5702 3835, ext. 3072 y 3074
Rocío Boliver en Morelia

Una tarde con Lilith


El pecado supremo es la limitación de
espíritu; todo lo que se comprende, está bien.
OSCAR WILDE / Epístola In Carcere et Vinculis (De Profundis) 

Rocío Boliver al comienzo de su conferencia en la UdeM.

Es Lilith. Una de sus manifestaciones. No hay duda con respecto a eso.
Aparece aguda e intensa, consciente de sí, preñada de la rebeldía, el encanto y la dignidad de quien sabe quién es, lo cual le permite exponer las entrañas sin miramientos y a flor de piel. Es como si encarnara —me digo— una idea de aquel santón de los sesenta, el Maharishi Mahesh Yogui. ¿Alguien se acuerda?: “Mi afuera estar adentro, mi adentro estar afuera”.
Es Rocío Boliver. Entera y de una pieza. Lo increíble es que La Congelada de Uva está en la capital michoacana, en el auditorio Fundadores de la Universidad de Morelia (UdeM) ante un centenar de azorados y atentos alumnos que siguen cada una de sus frases y proposiciones.
La sesión mantiene una auténtica línea caliente, como le dicen los músicos a un concierto de alta sinergia con el público. La atención se mantiene en alto desde la declaración inaugural y contundente de “sólo sé enseñar mi cola”, hasta diversas sugerencias con las que nuestra más extrema oficiante del Arte Acción mexicano invita a los jóvenes a expandir su perspectiva. Les sugiere que procuren clásicos contemporáneos indispensables como el de Zygmunt Bauman (La Modernidad Líquida, que exhibe la mendicidad en que han caído las relaciones humanas, sofocadas por el individualismo capitalista) o que se arriesguen a probar la generosa incertidumbre de vivir en ese estado de gracia que los griegos llamaban epokhé y que Husserl recuperaría para la fenomenología contemporánea como la condición mental que “suspende el juicio” para no mutilar lo que pueden aportarnos los aleccionadores tormentos y delirios de la realidad y de nuestro mundo interior.
Convencida, Boliver seduce y convence. Lo interesante es que en su discurso, contra lo que podría creerse, no hay obscenidad. Nada es sucio. Lo que hay, en cambio, es una mirada despiadadamente directa, una lucidez irreductible y una vehemencia que a momentos adquiere una extraña cualidad de ternura.
Todo es tan genuino que desarma, tan natural que no escandaliza. No hay sino vida fluyendo a su ritmo: sin adornos y sin estigmas.

Desde el mundo interior
Quince de septiembre. Tarde de viernes en Morelia. El abarrotado auditorio de la UdeM, con capacidad para unas sesenta butacas, no permite una presencia más. Ha de haber unos cien alumnos congregados en el recinto.
La introducción corre a cargo de la gestora y promotora cultural Erandi Avalos, de la organización civil Núcleo, Arte y Letras, que es la que ha hecho posible esta actividad.
Luego de la presentación, la conductora del ya extinto pero bien recordado programa La Polaca, del canal 13, desarrolla una semblanza de su vida con el título Sobreviviente a la censura.
Comenzará mostrando el video de un trabajo que presentó en un reciente festival internacional de performance, en Brooklyn, que es parte de su proyecto Entre la menopausia y la vejez. Sobre la pasarela, la experiencia es hard-core puro, como se puede ver en las imágenes debajo de este párrafo. Sin embargo, no es sexplotation: hay ideas circulando, emociones en movimiento; un orden y un sentido que le están vedados a la mera fetichización del sexo.

Tres aspectos del video con un fragmento del performance con el que Boliver participó en un reciente festival internacional de Brooklyn. 
Poco más adelante, Boliver explicaría: “Un artista debe trabajar en aquello que lo conflictúa; de allí debe sacar su material. Yo comencé en el performance a los 35 años de edad y en ese momento lo que me interesaba era el mundo queer. Ahora, a mis 57 años, hablo de lo que vivo, de lo que me preocupa. En Entre la menopausia y la vejez pienso en las mujeres que pasan por ese periodo y en todo lo que implica para ellas en nuestra sociedad contemporánea: el paso fugaz del tiempo, el deterioro del cuerpo, la cercanía de la muerte y las presiones de un sistema capitalista y mercantil que vende ficticias panaceas de juventud y de belleza”.
“El tema —insiste— debe llegar siempre desde adentro. Sólo de ese modo es posible hablar con una verdad que sea capaz de tocar al Otro”.
“Hay que partir del inconsciente más oscuro —abunda—. Mi trabajo es No–lineal. Tiene mucho que ver con el sueño, porque las experiencias oníricas son las únicas capaces de sobrepasar el colador de la razón, que nos entrega todo ya muy filtrado. El performance atraviesa la razón y la obliga a ponerse en entredicho, porque todo es tan intenso y tan inmediato en el performance, que la razón no sabe a dónde acomodar la hecatombe de la experiencia que está viviendo”.
La artista es de la opinión de que “quien no valora el performance, es porque nunca ha tenido la oportunidad de ver uno bueno”.


“Nunca como Dios manda”
Incidentalmente, las experiencias performativas de La congelada de uva (o, como ella prefiere referirlas: sus ejercicios de Arte-Acción), son tan buenas que jamás dejan al espectador indiferente. Puede despertar la repugnancia más visceral o la admiración más filosa, pero lo que cuenta es que nadie permanece igual tras presenciar su trabajo.
El escándalo más reciente (hizo de ella un trend-topic en el canal Twitter) ocurrió el sábado 7 de julio del 2012, durante una de las mega-marchas de protesta por el triunfo electoral del priísta Enrique Peña Nieto como Presidente de la República.
Instalada en pleno Zócalo de la ciudad de México, la autora se amacizó a un poste, se acuclilló “de aguilita”, debidamente despojada de las prendas necesarias; luego pujó y pujó y terminó defecando sobre una imagen del rostro del presidente electo, impresa en un cartel de campaña. No conforme con el gesto, ocupó su mano derecha en embadurnar a placer la materia fecal por la superficie de la publicidad electoral. Quien desee consultar uno de los videos que inmortalizaron esta manifestación efímera, puede dar click aquí.
La acción fue performativamente perfecta: entraña pura, mensaje directo, materialización de un deseo. Para todos los que alguna vez hemos dicho o pensado “me cago en la política”, el acto de Rocío Boliver fue tan inédito como implacable.
Durante la charla con los universitarios de la UdeM, la artista puntualiza: “Lo más importante para mí es no hacer nunca las cosas como Dios manda, sino buscando siempre otra forma, otra manera de emprenderlas. Desde luego, esto me pone en una posición de enfrentamiento con la divinidad, pero me permite reafirmarme como persona”.
En efecto, como dice cierta conseja, de la cual abrevaron tanto Nietzche como Kant, Heidegger y Baudelaire, “ser, es ser diferente”. Es aquí donde autores como Boliver desafían el espíritu de rebaño que suele dominarnos, para construir una individualidad propia que invita a otros al convite de novedosas epifanías de la originalidad.


Más adelante, el resto de la charla ilustra el derrotero de Boliver por el arte.
Nacida al seno de una familia de intelectuales (el abuelo materno, Enrique Jiménez, fue matemático, rector de la Universidad de Sevilla y ferviente Republicano; su padre, Ángel Boliver, fue un pintor y muralista que se alejó de modas, poses y reflectores y desarrolló una búsqueda intensamente personal, muy celebrada por personajes como Vicente Leñero; tres de sus cinco hermanos también son artistas en distintos campos), la autora detalla que fue una niña singular que a los 12 años de edad ya había leído al Marqués de Sade, a Nietzsche, a Sartre y a Kafka, entre otros.
Y todo porque un padecimiento de los riñones la obligó a guardar rigurosa cama durante tres años, de los 11 a los 14 años de edad. Durante ese periodo de convalecencia, “aparte de masturbarme”, devoró los libros que había en la bien surtida biblioteca de sus padres. De modo que creció en un ambiente lleno de estímulos que la llevaron a construir un rico mundo interior.
“Había mucho adentro, poco afuera. Descubrí pronto el momento Zen del Aquí y el Ahora. También me familiaricé con el feísmo y con lo grotesco y comprendí la necesidad de mirar de frente a la bestia que somos cada uno de nosotros, como una réplica a todo lo apolíneo”.
El recorrido es intenso y lleno de giros de veleta. Boliver irá del mundo del arte al del modelaje profesional. Se casará con un millonario y hará vida hogareña chic; luego ingresará a los medios de comunicación con distintos proyectos y llegará incluso a trabajar en la Secretaría de Gobernación, al tiempo que su cercanía con el maestro Juan José Gurrola (pionero del performance en México al lado de Arrabal, Jodorowsky y otro puño de geniales alucinados), la conducirá a los senderos de lo dionisíaco y de lo bacanal.
El resultado está a la vista. Una Lilith que resplandece en su oscuridad, que perturba con sus provocaciones, que sacude a los durmientes y hace del sexo la última arma que, todavía hoy, es capaz de estremecer a los hatos de ovejas, previniéndolas contra el degolladero.
“Yo estoy en contra de la dineylandización de la realidad —dirá en uno de sus momentos conclusivos—. Es un fenómeno terrible. Todos preferimos vivir en Disneylandia porque esa es una realidad anestesiada en la que nada real ocurre. En el mundo de Disney hasta los peligros más terribles están domesticados, todos los monstruos son manejables y, finalmente, inofensivos. Por eso preferimos eso a afrontar la realidad”.
“Sin embargo, es la parte oscura donde nos aguardan los verdaderos desafíos. Sumergirnos en la Caja de Pandora que somos nosotros mismos puede hacernos más nobles, aunque no sepamos por dónde nos conduce, ya que esa experiencia participa del epifenómeno, de la física cuántica, del efecto mariposa... Yo nunca sé por qué se me ocurre lo que se me ocurre, pero en cada Arte-Acción, en cada performance, hallo una verdad y me corto un ovario. El arte es honestidad. Sin eso, no hay nada”.

La dura bondad del suero
La sesión en la Universidad de Morelia ha sido extensa, de casi hora y media, pero el paso del tiempo apenas se ha dejado sentir.
Mucho más tarde, rumiando la jornada a solas, me digo que, indudablemente, el arte cura, como dice Jodorowsky, y que en ese sentido Rocío Boliver es una auténtica curandera.
La apariencia es nada, lo epidérmico no importa. Es el sentido lo que cuenta.
Y Rocío Boliver se revuelve contra su origen. Inmuniza contra las mismas iras y miserias que la han traído al mundo. A ella y a nosotros. Su Arte Acción es un suero; por eso es tan doloroso y tan subversivo… a veces tan intragable. Y siempre provocador.
Me lo repito: su arte es un suero.
Y duele porque, como todos los sueros, se ha decantado a partir de venenos. Ella es el antídoto contra lo impronunciable, lo oculto y lo tabú. Su Arte Acción es la cura contra los prejuicios y temores de esa mentalidad de antiparras que siempre está intentando confinarnos en el gris y pequeño reino de lo certero, de lo seguro, de lo definido. De lo muerto. Más vale compartir la medicina.

EN VIDEO
Rocío Boliver · Entrevista





Tuvieron que transcurrir dos años, nueve meses y seis días para que la escultura monumental Mujer, de Alfredo Zalce, volviera a la vida pública tras el accidente que sufrió la tarde del 14 de enero de 2010, cuando la caída de un árbol lesionó la base de la estructura.
Valga recordar, en nombre de la justicia, que el último verdadero director del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce (y que fue una mujer: la maestra María Eugenia Fuentes Lanning), se ocupó en su momento de emprender las acciones necesarias para preservar la pieza y para iniciar ante el INBA los trámites correspondientes para las tareas de restauración por parte de personal calificado. Sin embargo, la intervención jamás se concluyó pues la Secretaría de Cultura (a la sazón encabezada por Jaime Hernández Díaz), nunca terminó de disponer del porcentaje de la inversión económica que le correspondía, en un formato de cofinanciamiento bipartita federación-estado, de modo que la pieza permaneció durante poco más de treinta meses en el ala derecha del jardín del museo, protegida por una tienda de campaña.

Pendiente saldado
Una de las muchas, muchísimas cosas que se le pueden reprochar a la administración que encabezó durante el sexenio pasado Jaime Hernández (pero que tampoco fueron una novedad, dada la experiencia que todos los relacionados con la cultura le conocimos una década anterior, durante su periodo como director del Instituto Michoacano de Cultura, a partir de 1996) fue la estudiada desidia con la que se dejaron en stand by todos los pendientes acumulados con el legado de Alfredo Zalce.
Como integrante del patronato responsable de impulsar un proyecto cultural para la casa de Alfredo Zalce, nada hizo, salvo pasarle la bolita de las declaraciones comprometedoras a los demás integrantes del patronato: (el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, el entonces edil moreliano Fausto Vallejo, la doctora Silvia Figueroa Zamudio, de la Universidad Michoacana…).
Tampoco pasó más allá de las palabras en el tema del fragmento del mural La historia de la industria y el comercio en México, que el INBA presentó restaurado desde 2004, tras rescatarlo de la tragedia del terremoto de 1985 en la ciudad de México, con la intención de que la obra regresara al Michoacán natal del artista. Precisamente dos días antes de que el árbol cayera sobre la escultura Mujer, en los jardines del Macaz (hecho que acontecía el jueves 14 de enero de 2010 poco antes de las 3 de la tarde), el martes 12, durante el acto conmemorativo natal del creador patzcuarense, Hernández Díaz afirmó que las conmemoraciones del centenario de la Revolución Mexicana y del bicentenario de la Independencia, previstas para ese año, podrían contribuir a que al menos dos de las tres deudas institucionales pendientes con la memoria del maestro Alfredo Zalce pudieran cumplirse: el traslado definitivo a Morelia del fragmento mural y el establecimiento de un centro cultural en el inmueble de Camelinas 409 esquina con Vicente Santa María, donde el autor tuvo por más de cincuenta años su casa-taller.
Ambos compromisos se fueron postergando al amparo de diversos argumentos. Pero el hecho es que al llegar el 12 de enero de 2011, en el siguiente aniversario natal de Zalce, no se había consumado ni el proyecto de su casa taller ni el asunto del traslado del mural, a los que ahora se había sumado el percance sufrido por la escultura en el Macaz.
Olímpicamente, esas tres prioridades para con la memoria a don Alfredo se quedaron en el archivo.
Lo más cuestionable es que, precisamente, en aquel año de celebraciones centenarias y bicentenarias, cuando la federación distribuyó recursos para que se cumpliera en los distintos estados del país con programas alusivos, ni un centavo se redirigió a los pendientes con Zalce.
Conservo en este mismo blog la nota en la que Hernández Díaz afirmaba estar casi completamente seguro de que algo se podría hacer a favor del acervo del muralista. El enlace, aquí.
En aquella ocasión el funcionario afirmó: “Por fortuna, existe una partida presupuestal, de parte de la federación, con la que es viable concluir el asunto pendiente de la estructura que dará soporte al fragmento del mural”.
¿Qué fue de ella? Estamos todos como el Longe Moco: nadie sabe, nadie supo.
En cuanto a la habilitación y puesta en marcha de la casa de Alfredo Zalce como un centro cultural, aquella vez el funcionario se mostró mucho más prudente. Adujo: “el patronato creado para la casa del maestro Zalce es una instancia de la cual la Secretaría de Cultura es apenas uno de sus integrantes. Por respeto a esa situación yo no puedo adelantar algo que no haya sido previamente acordado por el patronato en su conjunto. Lo que sí puedo decir es que se ha avanzado en el estudio de distintas alternativas para ese espacio a lo largo de reuniones que hemos sostenido en 2009, pero cualquier declaración oficial debe ser formulada por el patronato en su conjunto, posiblemente en el transcurso de este mismo año”.
La posibilidad, está a sobras visto, no llegó.

Memoria de un accidente
En cuanto al incidente en sí, con la escultura Mujer, como se recordará fueron las lluvias y los fuertes vientos que surcaron la ciudad hace dos años las que ocasionaron que un pino se precipitara sobre el ala norte del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce, en Morelia, causando daños al torreón, que es el elemento arquitectónico más bello del inmueble. Si ya de por sí ese incidente era grave, durante las labores para retirar el árbol, la caída de un segmento del tronco alcanzó a lesionar la escultura Mujer, realizada por el artista patzcuarense, la cual se localiza en el jardín del museo.
El incidente ocurrió el jueves 14 de enero, cuando uno de los pinos que flanquean los jardines del MACAZ cedió a los embates del viento. Al accidente contribuyeron tres hechos: que el terreno se había reblandecido a causa de las lluvias de la última semana, a que las raíces del pino no eran muy profundas y a que, además, se habían resentido por los trabajos que varias semanas antes habían emprendido empleados del municipio de Morelia para intervenir los distintos caminos pavimentados que surcan el parque Bosque Cuauhtérmoc, durante los cuales se lesionaron las raíces de algunos árboles.
El día del incidente, trabajadores de Parques y Jardines del ayuntamiento de Morelia acudieron para retirar el árbol cuya copa cayó sobre el torreón del museo, luego de que el departamento de Bomberos de la ciudad se declaró incapaz de emprender con éxito esa tarea. Los trabajadores municipales se vieron obligados a talar el tronco del árbol en por lo menos siete ocasiones, ya que el peso del tronco impedía cualquier maniobra con grúas. La estrategia funcionó, pero cuando el tronco finalmente se vino abajo, alcanzó a golpear la base de la escultura, que quedó inclinada en un ángulo de unos 70 grados. Al momento en que los trabajadores retiraron el árbol, la escultura terminó de caer al suelo.
Yo alcancé a grabar las maniobras que se emprendieron y casi capté el momento en que el árbol golpea a la pieza. Distaba yo unos cuarenta metros del lugar del siniestro (como se dice), pero me encontraba fuera del perímetro del jardín del museo y los arbustos sobre la reja impiden ver, en la toma, el golpe en sí a la escultura zalceana. Como sea, este es el material, que subí en su momento y que ahora reinserto debajo de estas líneas, en este post.

Mujer: el accidente en enero de 2010


Como cité al comienzo de este post, luego del acontecimiento, la maestra María Eugenia Fuentes Lanning, a la sazón directora del MACAZ, tramitó con toda oportunidad las gestiones ante el INBA para que peritos especialistas vinieran a evaluar los daños y formular las recomendaciones pertinentes. Sin embargo, el trámite nunca se concretó, entre otras razones porque el Secretario de Cultura, Jaime Hernández, nunca demostró en los hechos la voluntad política de restaurar la pieza.

Pendiente saldado
Ha sido apenas hasta ahora, con la nueva administración de la Secum, que se ha acudido a recursos domésticos para intervenir y poner en pie a la escultura. El resultado de los trabajos fue ofrecido el pasado viernes 26 de octubre,en un acto donde la Secretaría de Cultura presentó, ya restaurada, la escultura Mujer, acompañada de sus piezas hermanas Bailarinas y Acróbata.
Los trabajos de restauración y mantenimiento corrieron a cargo de José Luis Aguilar Pahua, quien aparte de sus conocimientos en la materia es actualmente el representante sindical de los trabajadores del Museo de Arte Contemporáneo ante el STASPE.
Durante el acto de develación, explicó diversos hechos relativos a la tarea de restauración, tal como se puede apreciar en el video que abre esta entrega. Entre otras cosas, precisó que los ejes que conforman el esqueleto de metal de Mujer habían perdido su estructura lineal a causa del accidente, por lo que hubo que estabilizarlos. Posteriormente se procedió a resanar con los mismos materiales utilizados por Zalce para colocar e “injertar” las partes que se desprendieron producto del accidente.
Satisfecho por los resultados y por la experiencia de participar en esta labor, Aguilar Pahua dijo que además de la ficha técnica contó con un diagnóstico previo con base en la constitución y materiales de cada una de las obras. Explicó también que se invirtieron alrededor de tres meses en la realización de dichos trabajos.

Preservar lo que tenemos
Por su lado, el secretario de Cultura, Marco Antonio Aguilar Cortés, indicó que Zalce fue uno de los grandes pintores, escultores y artistas gráfico de nuestro país, por lo que su valiosa obra debe protegerse para evitar que se destruya y muera.
Se refirió al compromiso que recae en la actual generación de funcionarios de la administración pública para preservar los acervos y legados de grandes hombres, a fin de que ni las obras ni el recuerdo de sus autores mueran. Habló asimismo de la necesidad de estimular a los creadores, particularmente a los jóvenes, para que con el correr del tiempo también ellos puedan convertirse en grandes talentos desde todos los campos y áreas del arte.
Sentenció que la dependencia a su cargo denotaría falta de responsabilidad si las obras de Zalce se quedaran arrumbadas en los jardines del museo y felicitó al personal involucrado en dicho proceso de restauración, lo que permitirá a los visitantes del MACAZ apreciar lo que se hace con sus impuestos, y observar el cuidado que se presta a esta clase de recintos, abiertos con el propósito de que el público solace su espíritu, en aras de que éstos sean momentos de la cultura.

En el marco de la V Feria Nacional del Libro y la Literatura Michoacán 2012, alumnos de la Facultad de Lengua y Literaturas Hispánicas de la Universidad Michoacana, emprendieron una lectura colectiva de la novela Aura, de Carlos Fuentes, para sumarse a las actividades de homenaje al escritor mexicano.
El clip, aqui arriba, documenta el comienzo de la sesión, celebrada en el auditorio Ramón Martínez Ocaranza, la cual dio comienzo hacia las 10:30 horas del viernes.
Tres perspectivas acerca del teatro en Michoacán fueron presentadas al público durante una mesa dedicada a la dramaturgia en la V Feria Nacional del Libro y la Lectura Michoacán 2012. Los autores Manuel Barragán, Carlos Romero Acosta y Fernando López Alanís compartieron su experiencias y puntos de vista, no sólo acerca del oficio de escribir para la escena, sino en torno a asuntos como la creación de públicos, la manera de acercarse a la gente, de elegir un tema y de acudir a los apoyos institucionales o buscar alternativas de autogestión.


El veterano de la mesa, Fernando López Alanís, cuya dramaturgia se ha decantado mayoritariamente hacia la reflexión y revisión de personajes y hechos históricos alusivos a Michoacán, echó de menos la presencia de gente de la escena como José Manuel Álvarez y el productor teatral Fernando Figaredo, quienes tenían la suficiente visión y las herramientas necesarias para generar públicos teatrales de manera eficaz.
Particularmente en el caso de Figaredo, en su papel neto como empresario, su visión consistía en hacer una inversión que le permitiera seguir invirtiendo, pero sus estrategias implicaban obligadamente la necesidad de crear público, a fin de que el negocio fuera rentable, tal como de hecho lo fue. Mientras, José Manuel Álvarez logró crear y consolidar públicos porque sus obras tenían la habilidad de tocar los temas a los que era sensible la gente y gracias sus continuas, permanentes giras por comunidades del interior del estado.
“Ahora hemos caído en un bache –lamentó– porque no se está educando a la gente a ver teatro; faltan obras que toquen a la gente, que le digan algo”.
El otro gran problema son los presupuestos. “La mayor parte de los teatreros de mi generación se han peleado los presupuestos de lo que fue el IMC o de los ayuntamientos y así se convirtieron en antagonistas, grupo contra grupo, descalificadores de los otros sin comprender que al hacerlo se descalificaban a sí mismos”.
“Este terrible pleito por el poco dinero de instituciones o ayuntamientos –agregó–, ha contribuido a empobrecer el panorama teatral de la entidad, donde tampoco hay públicos que paguen para ver teatro”.
De esta suerte, el escenario que percibe Alanís es el de un movimiento teatral que no consigue salir adelante con el éxito que le sería asequible si el gremio tuviera un mayor sentido de lo grupal y de la importancia de la colaboración.
“No veo falta de talento. Hay talento en directores, escenógrafos, tramoyistas, actores… lo que no veo es todo ese talento unido en líneas comunes, en vez de andarse peleando”.


Manuel Barragán, egresado de la carrera de teatro de la Universidad Michoacana y con una experiencia como dramaturgo que se remonta a su adolescencia, comenzó puntualizando que su perspectiva del teatro es totalmente política… no porque las puestas en escena deban ocuparse explícitamente de lo político sino porque la experiencia teatral, como forma de comunicación, ya es de suyo política. Es decir: es una forma de relación colectiva entre la obra y el público, un modo de comunicación que transmite y comparte ideas que necesariamente influyen en la forma de pensar y de actuar de las personas en su vida cotidiana.
Apuntó que su trabajo como dramaturgo siempre toma en cuenta la responsabilidad que lo anterior implica.
“Yo no sé si esto sirva para cambiar el mundo, pero por lo menos sí permite ponernos en contacto, compartir las cosas en las que creemos, o nuestras dudas o aquellos temas que nos parecen importantes y para los cuales a veces tenemos respuestas qué proponer y a veces sólo preguntas que, al compartirlas, impulsan a los demás a ensayar su propia respuesta”.
Por lo demás, consideró que el panorama del teatro en la entidad es alentador, sobre todo por la aparición de alternativas de formación académica. “Las escuelas de cine, de teatro, la propia Escuela Popular de Bellas Artes, son espacios de donde están egresando nuevas generaciones de jóvenes con una mirada fresca y con muchas ganas de experimentar, de hacer y de decir algo”.


Finalmente, Carlos Romero Acosta, quien se mueve principalmente en los ámbitos de la comedia de situación y del teatro–bar recordó que se acercó al teatro desde muy joven, a los 14 años.
“Mi primer intento de crear algo, en 2001, fue un ejercicio que llamé El sexo de tu pareja y que en 2011 lo trabajé de nuevo, lo reescribí y se convirtió en Hombre, mujer o quimera. En ese entonces mi necesidad de decir algo al mundo era mucho mayor que ahora. Quería compartir lo que tenía dentro y no encontré mejor manera de decirlo que a través del teatro”.
Actualmente con ocho dramaturgias, cuatro de ellas ya estrenadas, su trabajo se encamina ante todo al teatro cómico comercial. “Me gusta esta facilidad de digerir para el público, me gusta ver que la gente se vaya con una sonrisa, considero que agradecidos por todo el trabajo. También tengo una obra infantil, otras centradas más al melodrama, una pieza de suspenso y una experimental”.
La oportunidad de dirigir sus propias obras le da la certeza de darle a los personajes el tono y el ritmo que fue originalmente imaginado para ellos en el papel.
Por lo demás, el autor consideró: “Desde que entré a este ambiente de trabajo, antes veía mucho la situación de competir por los apoyos pero ahora veo más ímpetu de muchos compañeros por arriesgarse a hacer cosas solos. Esto me parece importante y ojalá podamos trabajar en comunión en bien del teatro. Debemos acercar gente para todo el teatro. Debemos ser capaces de compartir los escenarios o de recomendar al público los trabajos de otros”.

Entre tácticas y estrategias (no a la Benedetti, sino con un inconfundible sazón mexicano, es decir, ladino y picoso), este martes Paco Ignacio Taibo II cumplió su cita con la más bien opaca V Feria Nacional del Libro y la Lectura Michoacán 2012.
Arribó casi una hora tarde a la sede del Centro Cultural Clavijero, en el centro histórico de Morelia y, tras disculparse con la concurrencia, confesó que había perdido el avión matutino (“es algo que no me sucedía en años. Debe ser la edad”). También se tomó su tiempo para visitar a jóvenes preparatorianos que, muy a modo, horas antes habían cerrado una cuadra de la avenida Madero, frente a la Biblioteca Pública Universitaria, así como, de forma inédita, la esquina de Melchor Ocampo y Guillermo Prieto y la de Nigromante con Santiago Tapia, cubriendo así los accesos a la sede de la feria en una toma efímera que se disolvió al ocaso. El padre de Héctor Belazcoarán les declaró a los jóvenes su solidaridad, posó para la foto de los periódicos y para las cámaras de telenoticieros e instantes después, mientras respondía a las preguntas banqueteras de algunos medios electrónicos, enfiló hacia el foro Isabelino donde se realizaría su presentación.


Oficialmente, la estadía pública de Taibo II en Morelia tuvo como fin dar a conocer el lanzamiento de la colección La Negra, con la cual Editorial Planeta presenta una reedición de las mayores obras del autor: un total de 17 títulos que van desde su debut en la novela policíaca con Días de combate (1976) hasta las semblanzas históricas noveladas dedicadas a personajes como Pancho Villa y Ernesto el Che Guevara o a episodios como el del asalto a El Álamo. Sin embargo, fue poco el espacio que PIT II le dedicó a estos detalles editoriales. En cambio, enfiló sus siempre atractivas baterías discursivas a compartir con el público los antecedentes del relato negro en México y en América Latina y a describir el papel decisivo que esta literatura ha jugado en algunos momentos históricos recientes para llenar los vacíos de una literatura social que no pudo ver la luz.


Magnético y poseedor de una privilegiada oralidad, acaso sólo comparable a la del ya difunto Eraclio Zepeda, Paco Ignacio abriría fuego desde el prólogo dedicado a las disculpas. Tras citar la pérdida de su vuelo, añadió:
– Además, tenía que ver a los estudiantes en plantón: Me parecía fundamental ir a solidarizarme con ellos. No puedes pasar por la vida mirando a otro lado. Ya hemos mirado a otro lado, los mexicanos, demasiadas veces. Y es un lujo que no nos podemos dar en tiempos oscuros, como los que se aproximan.
Los aplausos de la concurrencia coronaron la frase. Luego, ya instalado y cigarro en mano, entró en materia.


“¡Qué paradoja que uno venga a presentar una colección de literatura policíaca y que este país viva en las condiciones de lo policíaco! –comenzó–. Por ejemplo, ¿quién fue el que le metió azúcar al depósito de gasolina de los helicópteros que tan frecuentemente se caen? ¿Quién quemó los camiones en las normales rurales aquí en Michoacán? ¿Quién hizo un fraude electoral de cinco millones de votos que afectó los comportamientos futuros de este país? Por donde quiera que toques, lees una historia policiaca. Lo criminal, la ruptura del orden, se están volviendo una constante endiabladamente peligrosa en la vida de los mexicanos desde hace muchos años. Y la novela policiaca, la literatura negra, ha estado cubriendo de alguna manera el hueco de la literatura social.
“No es un fenómeno del que yo sea responsable –puntualizó–. En Francia, en los años sesenta, Jean Patrick Manchette lo había dejado clarísimo. Y en Estados Unidos, a fines de los setenta, Ross Thomas, Roger Simmons y Channing también lo dejaron clarísimo. En la nueva novela policiaca española, surgida después de la caída del franquismo, autores como Vázquez Montalbán, André Martín, Julián Ibáñez o Juan Madrid, lo pusieron sobre la mesa. En todos estos y en muchos otros casos, lo que ha estado haciendo la literatura negra es recuperar el sentido de la literatura social”.
En este sentido, el autor de La lejanía del tesoro recordó que el material de trabajo del relato negro y más específicamente de la novela policíaca es la quiebra del orden, lo criminal, la ruptura de los tabúes. “Una sociedad se deja interpretar con mayor claridad a partir del hecho criminal que de la crónica política o de la sociología o del análisis económico. Muchas veces –insistiría– el hecho criminal revela de qué está hecha esa sociedad, cuáles son sus reglas del juego”.


Al hablar de los rasgos y virtudes que acompañan al relato negro, señaló:
“Me gusta usar la metáfora del iceberg. Como ustedes saben, sólo su diez por ciento es visible sobre la superficie del agua. Cuando en México alguien dice: ‘tengo que contarte una historia’ y te remite al diez por ciento conocido, los mexicanos, que somos paranoicos (definición de paranoico en México: un ciudadano que piensa que lo persiguen y que, en efecto, lo persiguen; por lo tanto, redefinición de paranoico: un mexicano con sentido común), sabemos que el noventa por ciento de la historia es invisible y que está inconclusa. Está debajo del agua. Para remediar esa situación, la novela policíaca hace eso: explora el noventa por ciento oculto. Ata los hilos que los centenares de historias inconclusas dejan sueltos”.
Hablaría luego de otro rasgo del relato policiaco: su capacidad de atravesar el panorama geométrico de una sociedad en diagonal, de arriba abajo, revelando los secretos que guardan cada una de sus capas. “Pero también hay un panorama geográfico para la novela policiaca, que es el espacio inmenso de la totalidad de lo urbano”.


No dejó pasar la ocasión para hablar de una característica recurrente en sus libros: el manejo del lenguaje.
“La novela negra también opera en términos del lenguaje: recoge el lenguaje oficial, el lenguaje televisivo, el cantinfleo del aparato estatal y del gobierno, que ahora se está multiplicando a una velocidad increíble, al punto que nos esperan unos años de cantinfleo potentes, y exhibe todo eso para bocabajearlo en sus absurdos y en sus sinsentidos. Al mismo tiempo, recoge al lenguaje como un elemento de variación continua. Recoge los humores, los elementos de lo que podemos llamar cultura nacional.
Dijo, en ese sentido, que “cuando comento con algunos autores extranjeros cómo hago novela policiaca, muchos me dicen ‘¡pero si tú tienes ahí un uso y abuso del humor negro endiablado!’ Y yo digo ‘¿Ah, sí?’ Yo creía que no. Es decir: ya está tan interiorizado el humor negro como una parte de nuestras vidas que no nos damos cuenta cuando lo tenemos ahí, sobre la mesa. México es el único país en el cual, horas después de un incendio en el que mueren decenas de personas, hay chistes en la calle sobre los quemados”.
Por lo demás, apuntó que “todas las corrientes cotidianistas de la literatura negra introdujeron el día a día en la crónica de lo criminal” y que “los mexicanos sabemos que la diferencia entre estar libre o estar preso estriba en el accidente: estar en el momento y lugar equivocado. A partir de ahí se desatan las fuerzas oscuras del sistema”. Describió al respecto varios episodios de los que ha sido testigo en primera persona y en los que se han desatado esos demonios para llevar a la prisión a personas inocentes.


Por lo demás, la vivaz charla discurrió por los temas más disímbolos: la resurrección del detective Héctor Belascoarán Shayne; la relación de Taibo II con la crítica literaria a lo largo de las décadas; el proceso de reconocimiento académico a un género como el policiaco, considerado menor, pero que ha ido conquistando escaños hasta llegar a nuestros días, cuando ya nadie niega la vigencia de la novela policiaca. El más interesante de todos fue objeto, sin embargo, de apenas una breve exploración: el por qué los escritores de relato negro en México no han escrito la novela de a deveras sobre lo que pasa con el narcotráfico. La respuesta de Taibo fue sucinta y no del todo convincente: “En primera, porque afortunadamente el periodismo está haciendo su trabajo, y en segunda porque en un tema como el del narco se necesita cierta distancia para tener a punto las herramientas”.


Más sustanciosas fueron las entrevistas que, al final de la presentación, abordaron cuestiones políticas vigentes en los escenarios sociales y políticos, como el destino de Morena en el gozne de convertirse en una presencia electoral institucional, con todos los bienes y males que eso conlleva o las perspectivas de una izquierda totalmente noqueada en los últimos comicios federales, pero de la cual Taibo II sostuvo que salía más fortalecida que nunca.


Durante una entrevista con la reportera Ivonne Monreal, del matutino Cambio de Michoacán, que parcialmente comparto en el video que abre este post, Taibo II dijo, entre otras cosas de interés, que la mayor lección de la pasada derrota electoral consiste en las estrategias de fondo que la izquierda necesita instrumentar. Consideró:
“Enfrentamos un problema gravísimo: hemos intentado destruir la hegemonía priísta a partir de lo electoral y hemos visto que no la podemos destruir desde ahí. En las pasadas elecciones, allí donde teníamos una sólida presencia electoral, perdimos. En cambio, ganamos donde había una amplia base social. Esa es una lección a tener en cuenta. La fortaleza de un partido como el PRI está en el aparato corporativo, en los controles sobre la sociedad y los sindicatos charros lo que le dan esta hegemonía. Es en esos puntos donde hay que pegarles y, sobre todo, hay que trabajar mucho a favor de la construcción de base y movimiento social. Al país tenemos que liberarlo desde abajo. De abajo hacia arriba. El tres a uno que les metimos en el Distrito Federal no fue gratuito; el gran reto es que tenemos que construir un movimiento que logre unificar todos los movimientos sociales”.


Interrogado sobre esa posibilidad de congregar base y movimiento social en momentos en que prevalece un estado de persecución, tanto mediática como material, particularmente en las provincias más alejadas de la capital del país, el autor consideró: “La sensación de que salimos derrotados de estas elecciones es una verdad, nos pusieron una madriza de órdago. Esos cinco millones de votos capturados de forma corrupta nos desmadraron. Es como decir que ganamos unas elecciones que perdimos en el fraude. Pero, de manera curiosa, la medida de la victoria o de la derrota no te la da lo inmediato. Pensemos en el 68. Aquel movimiento fue derrotado militarmente, y sin embargo fue la mayor victoria que hubo en este país porque durante los siguientes 20 años su recuerdo sirvió para reproducir conciencia social”.
Siguiendo el símil, opinó que la reciente derrota les ha heredado “una enorme fortaleza porque “son muchísimos más los mexicanos con conciencia social que hay hoy, a los que había hace un año y, ahora, el problema es convertir eso en organización unitaria”.
Acerca del desfallecimiento que exhiben movimientos que se generaron en la coyuntura electoral, como el de #yosoy132, estimó que son naturales y que su trascendencia no radica en su durabilidad: “Lo importante es que puso sobre la mesa la voluntad de cientos de miles de jóvenes y eso es el cambio profundo, eso ya no te lo quita nadie”.
En el caso del futuro de Morena, concluyó que el destino del movimiento se decidirá en el congreso nacional que se efectuará el 19 y 20 de noviembre en el Distrito Federal: “Nos dará una idea de si se puede convertir en una alternativa real de un movimiento capaz de coordinar y apoyar las luchas sociales que hoy están en México o si por desgracia se volverá otro aparato electoral más”.