Temporada XXXII de Don Juan Tenorio

Como un hijo pródigo

Este miércoles la tradicional puesta en escena de temporada de Noche de Muertos se estrena en la Casa de la Cultura de Morelia, conducida con los trazos que le otorgó José Manuel Álvarez y conducido por primera vez por una directora: Graciela Morales


Los actores Elizabeth Silva (Doña Inés) y Manuel Ortega (Don Juan), durante el ensayo técnico para definir el trazo de luces, la noche del lunes.

“Como un hijo pródigo”, la tragicomedia Don Juan Tenorio llega este otoño a sus treinta y dos años de vida y los conmemora volviendo a sus orígenes locales: recupera el trazo escénico definido en 1977 por el director y dramaturgo michoacano José Manuel Álvarez (Santa Clara del Cobre, 1931 – Morelia, 1998).
También es la primera vez que la obra tradicional de Noche de Muertos en Michoacán es dirigida por una mujer, la parachense Graciela Morales, quien fue discípula de Álvarez y ha participado como actriz en 18 de las temporadas de la obra.
La reposición del Tenorio tal como lo concibió Álvarez se da luego de que, en su edición 2008, este título alcanzó su nadir con la versión emprendida por la Compañía Carro de Heno en dirección de Arnulfo Martínez.


La directora de la XXXII temporada de Don Juan Tenorio, Chela Morales, durante la entrevista.

Regreso a casa
“Lo más importante, para mí –dice la directora Chela Morales en entrevista con Poliedro– es rescatar la propuesta del montaje tal como la formuló el maestro Álvarez en los años setenta. José Manuel afirmaba que la obra en sí misma no requería tanta ciencia. Decía que lo importante era saber elegir a los actores adecuados, buscando la calidad interpretativa”.
Mientras, el coordinador general de la puesta de este año, el actor Jesús Pérez Gallardo, declara: “El gusto que tengo es el de ver reconstruida la puesta original de José Manuel Álvarez, con el canon clásico, su tratamiento costumbrista e incluso empleando el mismo espacio físico definido por el maestro Álvarez, en la esquina noreste del claustro mayor, que abarca lo que hoy es la cafetería, una ventana de la galería Efraín Vargas, la entrada principal al inmueble y la escalera a un costado de la arcada mayor. En este sentido, para mí, esta puesta del Don Juan Tenorio es como un hijo pródigo: regresa a su casa”.


Una imagen en camerinos. Actores y comparsas se enfundan en sus atuendos.

En pos de los orígenes
La edición número XXXII del ya clásico texto de Zorrilla se estrena el miércoles 28 de octubre en Morelia, en el claustro mayor de la Casa de la Cultura.
Desde el año pasado, tanto la directora Graciela Morales como el actor Jesús Pérez Gallardo presentaron sendos proyectos para retomar la obra y restituirle el tratamiento del maestro Álvcarez.
Pérez Gallardo, quien es el coordinador general de la presentación de este año, indicó: “Para este año Chela Morales y yo platicamos y decidimos presentar un proyecto conjunto, ya que ambos buscábamos esencialmente lo mismo: retirarnos un poco de los experimentos para ofrecerle al público, tanto al que ha seguido a esta obra como a los jóvenes que apenas se acercan, la oportunidad de conocer la puesta en escena original. Pedimos una entrevista con el secretario de Cultura, Jaime Hernández Díaz y le planteamos la propuesta, respaldada por nuestras trayectorias. Yo comencé en el teatro en 1961 y Chela también tiene muchos años sobre la escena. Además, los dos participamos en el Tenorio desde el principio y los dos nos formamos en la manera de hacer teatro de José Manuel”.
“Por fortuna, al secretario le agradó la idea. Pasaron apenas quince días desde esa cita cuando se nos comunicó que la propuesta había sido aceptada”.


Durante un breve receso Chela Morales y Jesús Pérez Gallardo intercambian impresiones.

A su vez, Graciela Morales detalla: “Yo estoy muy contenta. En el equipo que hemos integrado tenemos un ambiente muy padre, sin pleitos, ni gritos ni sombrerazos y se ha conjugado un elenco amplio, que reúne a teatristas como Jesús Pérez Gallardo o como yo, que trabajamos directamente con el maestro Álvarez, pero también a gente de teatro de otras generaciones. Por ejemplo, como Don Juan participa Manuel Ortega, que entró al Tenorio durante las puestas en escena de Alfredo Durán; el caso de Manuel es significativo porque, aparte de todo, él está cumpliendo este año tres décadas como actor. Esta es la cuarta ocasión que participa en la puesta del Tenorio, pero es la primera que lleva el protagónico. Por lo demás, tenemos actores de tablas, como Eduardo Guízar, quien interpreta a Don Luis Mejía o Anco Marcio como el capitán Centella, pero también a actrices más jóvenes, como Rocío Torres, que representa este año a doña Ana de Pantoja o a la misma Elizabeth Silva, quien después de las pruebas de casting fue elegida para el papel de doña Inés”.


Rubén Ramírez en la cabina de luces, emprende los ajustes necesarios para el diseño luminotécnico de la puesta en escena.

La primera directora
Graciela Morales, que en su haber cuenta con el desarrollo, durante varios años, del programa nicolaita Al teatro los lunes, en el auditorio José Rubén Romero, respaldado por la Secretaría de Difusión Cultural de la Universidad Michoacana, es la primera directora que toma bajo su responsabilidad la dirección de Don Juan Tenorio. Al respecto dice:
“Lo primero que tengo que expresar es mi agradecimiento al secretario de Cultura, por la confianza que ha depositado en mí. De lo demás, en esta puesta en escena lo que me interesa no es darle ninguna perspectiva de género, porque eso sería ponerse a experimentar otra vez. Lo que quiero, como el resto del equipo creativo de este año, es presentar una versión del Tenorio lo más fiel posible a la manera en que concibió la puesta el maestro Álvarez”.


Parte de la escenografía para la escena de la taberna.

Colaboradores
Entre los colaboradores que apoyan este año a Chela Morales y Jesús Pérez Gallardo figuran Jorge Gutiérrez en la asistencia de dirección; el siempre imprescindible Rubén Ramírez como técnico de luminotecnia (ha venido a Morelia exclusivamente a apoyar el montaje, dejando momentáneamente el Teatro Obrero de Zamora, del que es responsable) y Villeli Matilde en el vestuario. En la comparsa participan alumnos de teatro de la Escuela Popular de Bellas Artes así como integrantes del ballet Calé Bari, de danzas españolas.
Mientras, la música de este año incorpora obras originales del siglo XVI, seleccionadas durante un proceso de casi tres meses. La única excepción a este perfil es el tema musical con el que inicia la obra, que es una pieza original del siglo XIX.
“En general hay una gran disposición a trabajar de parte de todos los colaboradores –añade–, hay un ambiente muy animado, alegre, y eso enriquece el trabajo porque significa que se hace por placer, no por competir o solamente por lucirse. Desde luego, no va a faltar algún prietito en el arroz, pero nuestro compromiso es el de sacar la obra lo mejor que sea posible”.


Ignacio Tena (Ciutti), con otros compañeros.

Una noche de ensayo
El buen ambiente que ha privado en los ensayos del Tenorio fue confirmado entre la noche del lunes y la madrugada del martes. El ensayo técnico para definir el guión de luces comenzó poco después de las nueve de la noche, retrasado apenas unos quince minutos a causa de una llovizna pertinaz que por fortuna se disipó. La jornada nocturna concluiría hacia las 1:20 a.m., cuatro horas después.
En camerinos, las faenas de maquillaje, peinado y vestuario se desplegaron con fluidez. Ya sobre el espacio escénico, la definición del trazo de luces demandó mucho más tiempo, pero los intervalos propios de esta faena no generaron ningún estrés, por el contrario, desataron el sentido del humor de toda la compañía, con Jesús Pérez Gallardo secundando las bromas de compañeros más jóvenes del equipo, en un entorno muy fraternal, y con distintas ocurrencias (algunas realmente deliciosas) de los distintos actores durante los breves momentos de ensayo para ajustar las luces de cada escena.
El relajamiento, perfectamente válido, porque se ha tratado de un ensayo técnico, no de un ensayo general, ha dado cuenta de una complicidad que necesariamente se proyectará durante las funciones.


Don Luis y Doña Ana en la esquina noreste del claustro mayor.

Medios desvelados
Aparte de Poliedro, sólo el diario impreso Provincia estuvo presente esta noche de lunes en el ensayo para captar las impresiones de los diferentes participantes del equipo, observar el proceso en sí y realizar las entrevistas de rigor.
Aquí en Poliedro, para este miércoles, desahogaremos dos de ellas. Una con el actor defeño (pero moreliano adoptivo desde los años ochenta) Manuel Ortega, que está celebrando treinta años en la escena, y otra con la actriz michoacana Elizabeth Silva Moreno, cuya trayectoria teatral en Morelia ha corrido a la par de su carrera como docente. El caso de Elizabeth es singular porque, procedente de una experiencia escénica que la ha encasillado en las comedias de caracteres o en las comedias de situación, esta es la primera vez que le corresponde encarnar a un personaje que no es cómico y del cual ella misma señala: “Estoy muy conciente de que el personaje de Doña Inés es uno de esos que es muy esperado y que también es el blanco perfecto para muchas críticas, pero yo me siento tranquila, muy bien cobijada por mi directora y por mis compañeros”.


La actriz Elizabeth Silva se maquilla en camerinos, al comienzo de la jornada nocturna.

A un día del estreno
La XXXII temporada de Don Juan Tenorio se estrena este miércoles 28 de octubre en Morelia con cuatro funciones, hasta el día 31, en horario de las 20:30 horas en el Claustro Mayor de la Casa de la Cultura de Morelia. Los boletos tendrán un precio de 60 pesos, con descuentos a tarjetahabientes de INSEN y sindicalizados del Gobierno del Estado.
Para el día uno de noviembre se emprenderá la tradicional función en la Capilla Abierta de Tzintzuntzan, a las 22:00 horas, con un boleto de 60 presos en gradas y de 90 pesos en sillas.
El ciclo 2009 de la puesta en escena concluye el día 3 de noviembre a las 20:00 horas en el Ex Convento Agustino en Cuitzeo, donde la entrada será gratuita.


Ya durante el trazo para el segundo acto de la tragicomedia de José Zorrilla.

El nacimiento del Tenorio
El actor Jesús Pérez Gallardo (Morelia, 1942), ha participado en esta puesta en escena novembrina desde la primera función, hace 32 años.
Durante estas tres décadas, en 31 de los 32 años del montaje, ha interpretado al personaje del Comendador, que le fue otorgado desde la primera vez por José Manuel Álvarez.
La única excepción (que escapó totalmente de sus manos), ocurrió en 2005, durante la edición número XXVIII del Tenorio cuando, inexplicablemente, la recién nacida Secretaría de Cultura afirmaba que le rendía un homenaje a la trayectoria del actor y (paradojas de la vis institucional), justo en esa ocasión lo despojaron del personaje, que le fue encomendado a Víctor Sandín.
Pero a estas alturas el Tenorio es inseparable de Jesús Pérez Gallardo, quien ya forma parte de la conmemoración ritual de esta puesta en escena.
Desde tal perspectiva, el actor recuerda el nacimiento de este trabajo en Michoacán:
“Fue en 1977 cuando nació la idea de montar una versión local del Don Juan Tenorio de José Zorrilla. La verdad es que al maestro José Manuel Álvarez no le gustaba la obra y, por lo menos al principio, se resistió. Hasta donde recuerdo, fue en la ciudad de Jiquilpan, durante una gira con la obra Farsas de Casona, que varios actores le propusimos a Álvarez montar el Tenorio. Un año antes, en 1976, una compañía de la ciudad de México la había presentado en Morelia con muy buen éxito de público”.
“A José Manuel la obra le parecía cursi –añade Pérez Gallardo–, pero cuando finalmente aceptó la propuesta y se la presentó al Instituto Michoacano de Cultura, el organismo convino en apoyar el proyecto a condición de que se invitara a dos actores de la ciudad de México para darle más proyección a la experiencia. Fue así como en la primera representación michoacana de Don Juan Tenorio participaron como actores invitados Blanca Sánchez en el papel de doña Inés y Guillermo Orea en el papel de Ciutti”.
“Mientras, desde el primer casting, el maestro José Manuel Álvarez me dijo: ‘tú me gustas para el Comendador’ y así se hizo. Desde entonces no he dejado de interpretar al personaje que me dio el maestro”.


Vista parcial a la escenografía de las tumbas, para la puesta 2009 del Tenorio.
El saber de Sabina y Sabines

Cotidianidades paralelas

A veces en medio de la noche, los recuerdos como luces de bengala, vuelven trascendental y policroma nuestra perplejidad.
Renato Leduc

Canta la canción de las noches perdidas, / quema como el gas azul de los mecheros, /
sirve para echar vinagre en las heridas, / miente como mienten todos los boleros.

Joaquín Sabina

Concebido por el diseñador gráfico y director editorial de la Secretaría de Cultura de Colima, Víctor Uribe Clarín, El saber de Sabina y Sabines es un espectáculo de bohemia y nostalgia, de carácter ligeramente performativo, que conjuga a dos de las voces más populares de la cultura hispanoamericana contemporánea: el poeta chiapaneco Jaime Sabines (1926–1999) y el cantautor jaenense Joaquín Ramón Martínez, mejor conocido como Joaquín Sabina (Úbeda, 1949).
El programa, de una hora de duración, reúne unos veinticinco títulos, entre poemas y canciones, y fue presentado en Morelia este domingo 25 de octubre en el claustro mayor de la Casa de la Cultura. Habrá dos funciones más en territorio michoacano: hoy lunes en Uruapan (en el Auditorio Manuel Romero de la Universidad Don Vasco, a las 20:00 horas) y el próximo viernes 30 de octubre en Zitácuaro (en el Auditorio Municipal Samuel Ramos, a las 20:00 horas).

Simetrías: JS & JS
La idea de reunir en un mismo programa el trabajo de Sabines y Sabina no es descabellada en absoluto. Una semejanza evidente entre los dos es que sus nombres comienzan con las mismas iniciales: Joaquín Sabina y Jaime Sabines, JS. Pero ¿habrá algo más en lo que se parezcan?
Una revisión a sus biografías permite distinguir que la vida de cada uno de ellos no corre paralela a la del otro, a pesar de ciertos guiños significativos. Por ejemplo, en 1949, cuando nace Joaquín Sabina, Jaime Sabines está abandonando su natal Tuxtla Gutiérrez para irse a la ciudad de México, donde nacerá a la vida política nacional y a la poesía como acción pública (su primer poemario, Horal, es editado en 1950). Sin embargo, esto es meramente anecdótico. Epidérmico.
Hay dos razones por las que estos dos autores sí pueden codearse y entenderse. La primera es que los dos han sido poetas. La segunda es que los dos han sido, a su modo, hombres que desde su habilidad poética han decidido explorar la cotidianidad, como si fueran meros paisanos que escudriñan las dichas y desdichas de la existencia.

En efecto, el mayor atributo de Jaime Sabines es la mirada que le dedica a lo cotidiano, a lo simple, a cuanto lo rodea. La larga agonía de su padre, víctima del cáncer, es un ejemplo. Allí donde un hombre común se limitaría a llorar una pérdida íntima, a la cual mantiene en el ámbito de lo privado, de lo familiar, Sabines lo transforma en una larga elegía de reflexión sobre el dolor, la muerte, la espera, el recuerdo y la nostalgia ante la fugacidad de la vida.
A su vez, Joaquín Sabina no se reduce (salvo en unas pocas ocasiones complacientes y perfectamente disculpables) a crear “canciones de amor”, sino a mirar críticamente su realidad a través de ellas.
El sabor agridulce que acompaña a los dos autores en algunos de sus mayores momentos poéticos es otro denominador razonable.

Velada discreta
Así pues, la velada a cargo del ensamble colimense, comenzó a las 19:00 horas, haciendo que se dieran la mano dos clásicos de Sabina y Sabines: el tema Calle Melancolía y el poema Los amorosos.
Concluiría, una hora más tarde, a las ocho de la noche, con el poema Me encanta Dios y el tema Más de cien mentiras.
En el Inter, Karelia Amezcua y Armando Hernández dieron voz a los poemas No es que muera de amor, Tú tienes lo que busco y Algo sobre el Mayor Sabines, entre otros, que se alternaron con temas como Contigo, Y sin embargo, Autonecrología, Noches de boda, A la orilla de la chimenea y 19 días y 500 noches.

Junto a los actores participaron, en breves intervenciones, los bailarines Cristina Zamora e Ignacio Sánchez, miembros de Ángulo Móvil, todos acompañados por la soprano Mariana Corona (del grupo colimense Cantarte) y el cantante y guitarrista Pepe Huataza en un espectáculo discreto, íntimo, no exento de bemoles (qué extraña sonó Y sin embargo), pero que resultó propicio para convocar a la nostalgia.
Una noche de cuarto creciente, con una concurrencia que (de menos a más), fue llegando al espectáculo de entrada gratuita y que concluyó con el voto de los participantes en el sentido de que la presentación sirviera de pretexto o acicate para acercar al público a la lectura de Sabina y a la música de Sabines. ¿O es al revés?

REC 2: de zombies y más

Breves apuntes al filme que inaugura esta noche el II Festival de Cine Fantástico y de Terror en Tlalpujahua, Michoacán

El Segundo festival Internacional de Cine de Fantasía y Terror Mórbido comienza sus actividades hoy, jueves 22 de octubre, a las 19:00 horas. El Teatro Obrero de Tlalpujahua aloja el estreno en premier de REC 2: la secuela del filme español de zombies realizado en 2007 por el gallego Jaume Balagueró y por Paco Plaza. La cinta original, uno de los filmes más taquilleros de su año en España y otras latitudes, tuvo incluso una segunda versión (remake) estadunidense, vía Cuarentena (Dowdle, 2008).

Una imagen de REC 2, que abre hoy el festival

Estreno y herencias
La premier de esta noche es la secuela de un filme que le puso su granito de arena hispano a uno de los subgéneros más populares del cine de terror: las zombie movies, que debutaron en el celuloide hace ya sus buenos 77 añitos, en 1932, con La legión de los hombres sin alma (White zombie, 1932, sobre una efímera pieza teatral de Broadway). A partir de ahí, surcando las décadas y con un solo hito universal: La noche de los muertos vivientes (Romero, 1968, donde los zombies dejaron de ser esclavos de un villano, como en los filmes previos, para convertirse en entidades autónomas), los “No Muertos” han protagonizado cientos de títulos, unos más bizarros que otros, desde videoclips poperos y de relamida estética gore a la Thriller (Jackson, 1982) y juguetes vampírico-apocalípticos a la Fuerza siniestra (Tobe Hooper, 1985), hasta delirantes spaghetti-zombie como La noche erótica de los muertos vivientes (Joe D'Amato, 1979), pasando por un Hollywood que no hace mucho, a su modo, llevó a la gran pantalla uno de los videojuegos más populares de esta década: Resident Evil (Paul W. S. Anderson, 2002 y dos secuelas).
En medio de tan abundante filmografía vale recuperar y celebrar a uno de los maestros del cine de género, procedente de Canadá: David Cronemberg, cuyos Parásitos asesinos (Shrivers, 1975) presentaba a unos bichos repelentes que, ingresando al cuerpo de sus víctimas, las transformaba en zombies y les provocaban una erotomanía compulsiva que las conducía a buscar nuevas presas para diseminar el contagio. El filme es una pequeña obrita maestra que, en su inteligente sub-texto, ya prefiguraba la paranoia del SIDA, la gran pandemia de la década siguiente.

Zombie y metáfora
A pesar de ser despreciado por unos y adorado como fetiche por otros, el cine de zombies tiene al menos una lectura vital para nuestro tiempo. Es la extrapolación al celuloide del mayor horror de estos días: la ausencia de sentidos para el mundo, la desintegración de todo tipo de lazos sociales en aras de la masificación amorfa.
No hay mejor imagen para los habitantes del mundo desideologizado y consumista de hoy que la del zombie. Muertos en vida, con el cerebro en automático, dedicados exclusivamente a depredar egoístamente para su subsistencia personal, sin que medie para sus acciones ningún otro motivo, salvo el tropismo.
Cine de zombies. He ahí la visión ficcional de una realidad que puede ser más pesadillesca que la del celuloide. Entre cadáveres cotidianos, aún vivo.

Una imagen de Holocausto Caníbal, el abuelito de REC y de REC 2, con el que Ruggiero Deodato, en los años setenta, llevaba el cine de falso documental al ámbito de la truculencia ficticia.

REC 2: Reseña y balances
REC 2, que ya tuvo su estreno en Europa, ha recibido distintos comentarios en su España natal, desde los muy celebratorios hasta los adversos (que le cuestionan, sobre todo, su tramposo final).
La cinta comienza en el punto exacto en el que se quedó la primera (cuando perdemos contacto con Ángela y su camarógrafo, Pablo, dentro de ese edificio en cuarentena y a merced de los zombies desatados por el extraño mal que aqueja a la niña Medeiros).
La técnica de rodaje, inspirada en el cine directo (cámara al hombro), conserva su aliento documental y su estética claustrofóbica, aunque esta vez la película se concentra más en el desarrollo de escenas de acción y en revelar otras facetas del padecimiento de las víctimas-zombie.
La reseña dice: En REC 2 sólo han pasado 15 minutos desde las últimas imágenes grabadas, pero las autoridades pierden contacto con las personas encerradas en el inmueble infectado. Afuera de éste, una multitud curiosa se congrega tras el área acordonada por las fuerzas especiales. Los equipos de televisión presionan para saber qué está pasando.
Una unidad de GEOS (Siglas del Grupo Especial de Operaciones, perteneciente al Cuerpo Nacional de Policía de España, que equivaldría a nuestros GOES totonacas) se adentra a la casa para controlar la situación y determinar qué está ocurriendo. Se trata de una misión aparentemente rápida y fácil.

El proyecto de la bruja de Blair. Otro hito del cine directo llevado al género de terror.

Entre REC 2 y García Bogliano
Bien. Ya me tocará verla mañana, viernes, en su estreno comercial, acá en Morelia, tan cerca y tan lejos de Tlalpujahua. Mientras, valgan unos apuntes pertinentes a la estética de REC y de REC 2.
Porque lo más interesante de REC es la manera en que ha llevado al cine de zombies la estilística del falso documental, un género primero tímidamente experimentado en Estados Unidos por Tobe Hooper (Masacre en Cadena, 1974) y luego llevado a su cúspide por Woody Allen en su hermosa comedia Zelig (1983).
En efecto, REC y REC 2 plantean su cine desde una perspectiva casi periodística, como una crónica real de primera mano.
El primer referente de este tratamiento, en el cine de horror, se lo debemos a un filme italiano. Fue Holocausto Canibal (Deodato, 1979), quien debutaba de lleno en este estilo que acerca al espectador a hechos repugnantes, a los que dota de enorme veracidad.
La lección de Deodato y el cine-documental nos daría su primera obra maestra hace diez años, en 1999, con El Proyecto de la bruja de Blair (Myrick & Sánchez), que sería recuperado por Hollywood apenas el año pasado en Cloverfield, monstruo (Matt Reeves, 2008).
REC 2 es el filme oficial de apertura de Mórbido en 2009, seguido, en una función a las 21:30 horas, de No moriré sola, el filme que el argentino Adrián García Bogliano concluía el año pasado y que ahora nos comparte.
Acaso sea este, y no REC 2, el título más interesante de la jornada, vista la solidez de la obra de García Bogliano en la edición anterior.
Este comentario sirve para formular una breve perspectiva al Mórbido que debutaba en octubre de 2008 en Tlalpujahua.

Cloverfield. Cine directo y película de género made in Hollywood

Breve repaso al 2008
Dos extremos marcaron la experiencia inaugural de Mórbido, el año pasado. De un lado, el estreno de la muy sobresaliente Las lágrimas de Kali (Andreas Marschall, Alemania 2004) y del otro la efectista El tren de la carne de medianoche (Ryuhei Kitamura, Estados Unidos 2008). Cine crítico, consciente de sí mismo, que problematiza una realidad en el primer caso. Cine tautológico, derivativo, de “entretenimiento”, en el segundo.
Valen la pena unos párrafos sobre esto.
El atributo de Las lágrimas de Kali es mirar críticamente a las sectas ocultistas que han florecido en Occidente desde tiempos de las cruzadas, fruto del contacto con el pensamiento místico de Oriente, y que en el siglo pasado tuvieron un poderoso boom en los años sesenta con el mestizaje del movimiento hippie y el hinduismo.
Distribuido en cuatro segmentos (un prefacio/epílogo que abraza a tres historias) Las lágrimas de Kali gira en torno a tres sobrevivientes de la comuna del doctor Ericksson. Tres almas baldadas, perdidas, devueltas al mundo ya como víctimas (la interna de la primera historia), como verdugos (el doc de la segunda) o como instrumentos de poderes sobrehumanos (la paciente de la tercera).
La veracidad casi documental de muchos momentos se inspira en experiencias vividas por el cineasta e integrantes de su equipo en grupos y sectas herméticos parecidos al del filme. Pero tan importante como su tratamiento es la mirada que la cinta dedica al tema. Las lágrimas de Kali cuestiona duramente ciertos temerarios experimentos del espíritu que mutilan almas en pos de la trascendencia, ocasionando desenlaces tan reales y tan trágicos como el de la secta del reverendo Jim Jones en Guyana en noviembre de 1978.
En cambio, en El tren de la carne de la medianoche, el cineasta oriental Ryuhei Kitamura filma en Estados Unidos la adaptación de un cuento de Clive Barker (el compadre de Stephen King) acerca de un asesino serial y de un fotógrafo free lance que lo descubre. La cinta, de inicio prometedor y final decepcionante, va develando los motivos del asesino y la transformación del fotógrafo en su sucedáneo en el marco de una historia a la Charles Hoy Fort (1874-1932) en la que los humanos no somos sino ganado para una desconocida raza de depredadores.

Otra escena de REC 2, con la que inicia Mórbido 2009

Género y adolescencia
Entre los extremos marcados por estas dos cintas, el mayor acierto de Mórbido 2007 fue el de colocarnos ante el más caro atributo del cine fantástico y de terror: su espíritu adolescente (fachoso, anecdótico, trivial, pero al mismo tiempo rebelde, apasionado, subversivo, en permanente confirmación de horizontes y de límites).
Dos cineastas, ambos extranjeros, se ocuparon de mostrarnos estos filones a través de un cine gallardamente juvenil: el argentino Adrián García Bogliano (su filme Habitaciones para turistas es una mirada durísima hacia los prejuicios moralistas y la mentalidad conservadora al mostrarnos a un grupo de muchachas que, de viaje para practicarse un aborto clandestino, son masacradas por los fanáticos religiosos de un pueblito) y el valenciano Sergio Blasco (su corto Más carnaza, de 1997, es una buena mirada paródica a los tics del splatter, del gore y sus variantes y subgéneros, mientras que Litio, de 2001, atesora en sus 10 minutos una concentración de la poética cinemática difícil de volver a alcanzar).
Mis mejores deseos para esta nueva edición del festival. Nos veremos en 2010, porque en estos finales de 2009 el horno no está para bollos.

EN VIDEO


Pablo Guiza y Miguel Marín hablan para Poliedro de los entretelones de llevar adelante el festival de cine de género en Tlalpujahua.

EN VIDEO

El tráiler oficial de REC 2
Conferencia de prensa en la Secretaría Estatal de Turismo

Más Mórbido

Tocado por la crisis económica, pero con un programa más organizado que en 2008, la segunda edición del festival de cine fantástico y de terror comienza la semana próxima en Tlalpujahua

De tierras sudamericanas, una imagen de Mangue Negro, tercer largometraje del cineasta brasileño Rodrigo Aragão. Una paródica zombie movie que le guiña el ojo a varios clásicos del subgénero, pero con el colorido del país de la samba.

Toreando la crisis, que ha reducido su presupuesto a una cifra similar a la ejercida el año pasado, pero con un programa mucho mejor articulado, que incluye entre sus aciertos el estreno de una primera película en coproducción, el segundo Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror Mórbido comenzará sus actividades la semana entrante, del jueves 22 al domingo 25 de octubre en, la comunidad de Tlalpujahua, al oriente de Michoacán.
Durante los cuatro días se desplegará un programa amplio, que al lado de la exhibición de largometrajes de estreno en distintas categorías y de distintos ciclos de homenaje, incluye exposiciones fotográficas, de escultura y arte popular, concursos de guión y de rodaje de cineminuto, performances, conferencias y actividades de corte ecológico-social, todo esto en distintos escenarios tlalpujahuenses.
Lo anterior fue dado a conocer ayer jueves por los directores del festival, Pablo Guisa Koestinger y Miguel Marín Colín, acompañados por Ángel Díaz Rebolledo, director de Desarrollo Turístico de la Sectur michoacana.


Pablo Guisa, Ángel Díaz y Miguel Marín durante la conferencia de prensa.

REC 2 descorre el telón

Los organizadores anunciaron que para la función inaugural se proyecta la segunda parte del filme español REC, de Jaume Balaguero y Paco Plaza, que bajo la premisa “se acabó la comedia”, augura nuevos extremos a la experiencia del primer filme, que formulaba un correcto tratamiento de cine directo al servicio de un filme de zombies que sorprendió gratamente por su frescura. La premier con este largometraje es posible gracias a la distribuidora Corazón Films, la misma firma que el año pasado permitió que el festival inaugurara con el filme mexicano Spam.

Primera co-producción

Mórbido II también será el foro de estreno mundial para la primera coproducción emprendida por el festival: la cinta Masacre esta noche, del sobresaliente cineasta argentino Adrián García Bogliano. De acuerdo a Pablo Guisa, la cinta fue concebido por García Bogliano durante su participación en Mórbido el año pasado. Guisa acentuó este logro. Dijo: “significa que Mórbido se está convirtiendo ya en un detonador de cine. No solamente proyectamos películas, sino que estamos fomentando la producción”. En el filme, en el cual Adrián comparte la dirección con su hermano, Ramiro García Bogliano, “un camarógrafo free lance, descubre durante una jornada de rodaje que lo que creía un trabajo rutinario en una película pornográfica, es en verdad la grabación de un film snuff” (en el que, dicen las leyendas urbanas, se filman asesinatos reales, sin cortes de edición y en un solo plano-secuencia).

Una imagen de No Do, título que es un juego de palabras entre el apócope de los "Noticieros documentales" que se proyectaban en los cines antes del comienzo de la función y el término que, en física y geometría, alude a un punto de intersección. Se trata del segundo largo del cineasta canario Elio Quiroga, un amante del cine de bajo presupuesto (B-movies). La cinta ha sido muy chuleada en su pais porque es la primera película hispana que aborda el tema de los No Do secretos que, se dice, realizó la Iglesia Católica en tiempos del dictador Francisco Franco

Algo de los estrenos internacionales
Mientras, entre los filmes internacionales incluidos este año como estrenos figuran Mangue Negro, tercer largometraje del cineasta brasileño Rodrigo Aragão, que augura buenos momentos por su manera de abordar paródicamente y con mucho humor negro clásicos de las zombie movies, pero a la brasileña, es decir: con saborcito de samba.
Otro filme prometedor es Plano detalle, del cineasta español Sergio Blasco, seguida por títulos como No-Do, Cuento de Navidad y Doctor Infierno (España), Morgue story (Brasil); el filme animado Boogie el aceitoso (Argentina) sobre el popular personaje de Fontanarrosa, y On Evil grounds (Austria).
En tanto, durante la conferencia de prensa, Ángel Díaz Rebolledo, director de Desarrollo Turístico de la Sectur michoacana habló de la importancia de apoyar un festival como Mórbido, capaz de reactivar la actividad turística en una temporada que, tradicionalmente, es turísticamente baja.

Invitados
Entre los invitados que acuden este año a Mórbido figuran Rodrigo Ordóñez, de quien se exhibirán dos cortos de género producidos por Imcine y el prólogo de su nueva película en exclusiva para el festival.
Rigoberto Castañeda, director de Kilómetro 31 y Black out, quien en estos momentos prepara la segunda parte de la primera de esas dos cintas.
Adrián García Bogliano, padrino del festival, con su premier de Masacre esta noche y de quien también se exhibirá No moriré sola.
Rodrigo Aracau, de Brasil, director de Mangue Negro, y Paulo Biscaia, también carioca, realizador de Morgue Story. El director austriaco Peter Koller, realizador de On Evil grounds, a quien acompañan dos actores de su reparto.


La segunda edición de Mórbido se inaugura con REC 2, secuela de la exitosa película de zombies de Balagueró.

Hartos monstruos
De la misma forma se anunció un ciclo de cine infantil, "en el que los adultos podrán revisitar (y los niños, descubrir)" filmes clásicos del género mexicano de fantasía, empezando por Chabelo y Pepito contra los monstruos y siguiendo, siempre en la plaza pública de Tlalpujahua como sede, con Rosy la muñeca perversa, La loba, El museo del horror, El hombre y el monstruo, El castillo de los monstruos y Pepito y el monstruo.
“Como ven, harto monstruo este año en Tlalpujahua”, observaría Guisa.

Homenajes
Tal como se anunció desde hace un año, en la primera edición de Mórbido, el festival se dedica a la obra de Edgar Allan Poe, de quien se conmemoran doscientos años. Para este fin, en La Cofradía se exhibirá El pozo y el péndulo, una versión de 1967 que fue el primer filme germano a color.
Otro homenajeado será el productor y director mexicano Abel Salazar.

El filme alemán El pozo y el péndulo (1967), inspirado en el relato homónimo de Edgar Allan Poe. El filme se exhibirá en las jornadas de Mórbido.

Divulgación: el serial killer
También se proyectará el documental La crónica, sobre asesinos seriales y una plática de Roberto Colla, criminalista y dramaturgo que hablará de los asesinos seriales en el cine y la literatura. “También acudirá una criminalista del Instituto de Ciencias Penales de Michoacán para organizar toda una mesa de debate acerca de la figura del asesino serial en las letras y el celuloide, pero también en la vida real”.
De la misma forma se presenta la más reciente novela de Armando Vega Gil (sí, el de Botellita de Jerez): Pic nic en la fosa común, que será comentada por el propio autor

Labor eco-social
En colaboración con el Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve), dentro de Mórbido se organiza una jornada de limpieza dedicada a una parte del parque nacional Campo del Gallo. “Habíamos pensado inicialmente en una reforestación, pero a causa de la temporada de otoño, si emprendíamos la siembra de las simientes en estas fechas, como está terminando el periodo de lluvias, se iban a morir”.
La actividad tiene por objetivo inculcar otros valores entre jóvenes aficionados al cine de género.

Kitty de Hoyos y Joaquín Cordero protagonizan La loba (Rafael Baledón, 1965). La cinta figura dentro de una sección dedicada a clásicos del cine mexicano.

Cineminutos y Allan Poe
En tanto, en colaboración con el Tec de Monterrey campus Morelia se organiza un concurso para todos los alumnos de su carrera de animación digital para elaborar cineminutos basados en la obra de Edgar Allan Poe durante el festival y premiar a los mejores trabajos de la competencia. “La idea es que para el próximo año este concurso se emprenda a nivel nacional y con tiempos de producción más amplios”. Se comenzaría el certamen de cineminutos lanzando la convocatoria a comienzos de año y celebrando la premiación en octubre en Tlalpujahua.

El hombre y el monstruo, uno de los filmes con que se homenajea al productor y actor Abel Salazar.

Ofertas paralelas
Otra actividad paralela que hace del festival de cine un festival cultural, consiste en tres exposiciones que contarán este año con una muestra del escultor orgánico Carlos Miller; otra con obras en barro y madera del escultor michoacano Gustavo Bernal Varela (con el afán de promover a un artista local), así como una exposición de Catrinas michoacanas, principalmente las manufacturadas en Capula, que ya poseen una denominación de origen. Las exposiciones en el Museo de los Hermanos López Rayón. Así como una exposición fotográfica con testimonios de la catástrofe de las lamas en 1937. Sobre el mismo tema del trágico acontecimiento del ’37, habrá una ofrenda floral a las víctimas y también, durante la inauguración, un performance en el que se representará lo que pasó el año de la catástrofe. De la misma forma se realizará un estreno teatral: la puesta en escena de una adaptación de El gato negro, de Allan Poe, a cargo de Ivan Olivares y representada por Waldo Facco. Asimismo, se ha organizado una versión de la iluminación de la catedral de Tlalpujahua acondicionada al perfil del festival de cine. Otra actividad será la realización de una serie de altares de muertos dedicados a personajes sobresalientes de la cultura, “entre ellos un michoacano” cuya identidad no fue revelada (pero que ojalá fuera el músico uruapense Jorge Reyes). Entre los personajes a quienes se dedican estos altares se descartó, de entrada, a Michael Jackson, “porque su aportación al cine no fue suficiente”, a pesar de que “varios lo sugirieron”.

Pablo y Miguel posan para Paulo Vidales, de Imagen Latente

Difusión de cine mexicano
Finalmente, entre los puntos medulares, se habló de la tarea de difusión del cine mexicano de género, mediante un paquete de cuatro filmes clásicos de nuestra cinematografía que estarán rondando por el festival de STIGES, en España; en el Puerto Rico Horror Film Fest; en el festival Otro Cine, de Bogotá, y en el festival Rojo Sangre, de Buenos Aires. Los títulos son Doña Macabra, Macario, El Museo del Horror y La loba.


EN VIDEO: PLANO DETALLE
Una probadita. Tráiler de Plano detalle, largometraje del cineasta español Sergio Blasco, uno de los filmes que llegan al II Festival Internacional de Cine de Terror y Género Mórbido. La cinta se estrena en Tlalpujahua, en la segunda edición del foro fílmico.


Los ganadores del festival

Nueve títulos resultaron ganadores en sendas categorías de competencia dentro del Séptimo Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). De esas categorías, la más importante (la que dio nacimiento al FICM) es la competencia de cortometraje mexicano de ficción, a la que se le han ido sumando, al paso del tiempo, primero la categoría para Documental Mexicano y después la de Largometraje Mexicano de ficción en opera prima u opera seconda. Respetando esa jerarquía, estos son los resultados del encuentro octubrino en la capital michoacana.

SECCION CORTOMETRAJE MEXICANO

Señora pájaro
Verónique Decroux
Mejor Cortometraje Mexicano de ficción

El suicidio del tiempo
Daniel González
Mejor cortometraje documental

¿Y el agua?
Dominique Jonard
Mejor cortometraje de animación

Nebraska
Adrián Ortiz
Mejor cortometraje michoacano

Felipe
Lenz Claure
Premio García Bross a cortometraje

SECCION LARGOMETRAJE MEXICANO

Alamar
Pedro González Rubio
Premio al Mejor Largometraje Mexicano
y
Premio del Público al Mejor Largometraje Mexicano

Vaho
Alejandro Gerber
Mención honorífica, Mejor Largometraje Mexicano

SECCION DOCUMENTAL MEXICANO

Presunto Culpable
Roberto Hernández y Geoffrey Smith
Mejor largometraje documental mexicano

La sirena y el buzo
Mercedes Moncada
Mejor documental realizado por una mujer

ESTRENOS INTERNACIONALES

Soundtrack for a revolution
Dan Sturman y Bill Guttentag
Premio del público Mejor largometraje de estreno
Chamaco, de Miguel Necoechea

La receta maquillada

Hijo del barrio, en la mejor tradición de nostálgicos filmes como los protagonizados por Valentín Trujillo Gazcón entre los años setenta y ochenta (unos siete títulos en medio de una filmografía extensísima, de la que sobresale Perro callejero), el joven y asmático Abner Torres (Alex Perea) se abre paso en los bajos fondos de la ciudad de México. El personaje y su hermana Silvana (Danny Perea) son hijos de Rigoberto, prototípico padre alcohólico y golpeador (Gustavo Sánchez Parra), que los explota por igual: a él en peleas clandestinas (¿otra vez a la Amores Perros, de González Iñárritu, 2001?) y a ella como prostituta (¿otra vez a la Ángel del barrio, de José Estrada, 1980?). Mientras, la novia de nuestro protagonista, Paulina (Sofía Espinoza), se dedica a la venta clandestina de tachas, controlada por el judicial gandalla Manuel Quintana (Raúl Méndez), como en el título que mejor les parezca de todo el cine de narcofronteras que filmaban los Almada y similares hasta hace una década.
En tal escenario sin perspectivas (existenciales, pero tampoco cinematográficas), Silvana y Abner conocen a Frank Irwin (Martin Sheen, rollizo hasta la médula, pero sin perder cierta dignidad): un doc gabacho, ruquito y buena onda que, acosado por sentimientos de culpa al haber causado la muerte de una joven que abortó, ha abandonado los Estados Unidos para trabajar en un dispensario de la capital mexicana.
El doc Irwin tiene un hijo que vive en Estados Unidos, ya maduro, Jimmy Irwin (Kirk Harris), cuya obsesión por seguir boxeando para obtener un título cuando es muy evidente que ya se le pasó el avión crea serias diferencias con su padre. Pero los dos personajes (que además comparten el dolor de la esposa/madre muerta) terminarán limando sus asperezas al reencontrarse en el Distrito Federal y unir sus esfuerzos para ayudar a Abner a convertirse en pugilista.
En estos términos se desarrolla el bienintencionado pero inofensivo debut como director del productor mexicano Miguel Necoechea, quien tras una trayectoria de más de veinte años en el medio nacional, ha decidido ponerse detrás de una cámara. Su largometraje Chamaco clausuró la sección oficial de competencia en el Festival Internacional de Cine de Morelia.

El cine del productor
En cierto sentido, es muy fácil dar cuenta de un producto como este. En otro, no.
De entrada, desde la parte “fácil”, la cuestión no tiene complicación alguna. A los veintitantos minutos de metraje, una vez que los personajes han sido presentados y se desata el conflicto, tal como lo pide el manual de guionismo made in Hollywood, el asunto se vuelve absolutamente tópico y de rutina: presentación, nudo y desenlace desde una postura epidérmica, superficial. Lo que cuenta es la acción exterior desde un cine de fórmula en el que hay malos malosos de una sola pieza (Rigoberto y el judicial Quintana) y buenos buenazos que cargan distintos remordimientos y dificultades, de los que saldrán redimidos de una u otra manera (todos los demás).
Cine de receta, ni más ni menos, y dice así:
Patriarcal doc ancianito y norteamericano (otra vez, aunque no quieras: el gringo bueno salvando al mundo más allá de sus fronteras geopolíticas y culturales… así nos lo vendas como gringo disidente).
Galán y carita héroe secundario (el treintañero Jimmy, “maduro interesante” y también sajón), que al ayudar a Abner en sus entrenamientos de box acaba azarosamente enamorado de la buenona hermana de nuestro protagonista, a la que quiere sacar de prosti, pero a la cual verá caer muerta (casi en sus brazos, pero de todos modos con la trágica fragilidad de un lirio roto) cuando ella se interpone entre él y una de las balas asesinas que el maloso judicial le había destinado.
Pelele héroe protagonista (lumpen y mexicano, para acabarla de amolar) que, inexperto e impulsivo, primero se vuelve muy cuate de Jimmy, cuando este lo entrena, pero que se indigna y lo manda por un caño cuando se entera de que el gringo le anda tronando los huesitos a la hermana. La separación, muy calculada, servirá además para que Abner reafirme a medias su confianza en sí mismo durante cierta pelea decisiva con un contrincante en el ring (pero sólo a medias, porque en ese preciso momento volverá su tutor y manager y al amparo de la amistad, aclarados los malentendidos con una sola frase, vendrá el final feliz).
Novia y hermanas sexosas, buenonas y buena onda, colocadas en la anécdota exclusivamente como ganchos para colgar de ellas todo lo que “el público pide”: la abnegación (puesto que ambas se corrompen contra su voluntad, por necesidad, sin dejar de ser “buenas” porque son “jovencitas”), el atractivo visual (ni a cuál irle de mejores bigotes) y el amanerado toque romántico (me voy a morir por ti porque [mira nada más] te amo).
Son estos y otros lugares comunes los que acaban con la posibilidad de cualquier cine personal, vivo en términos de un diálogo honesto y profundo, cara a cara, entre un cineasta y su público. Pero esta es la lectura fácil. ¿Cómo nos explicamos lo que hemos visto? ¿Por qué una película como esta ha participado en la sección oficial de competencia de un festival de cine? ¿Qué puede haber más allá?

La lección como advertencia
Aunque la primera reacción ante un filme como Chamaco (aún la mía, como se la compartí a Toño Monter en su momento, al salir de la función) es chasquear la lengua y rumiar “que me devuelvan los 97 minutos de ‘tiempo/neurona’ que acabo de perder”, no hay que dejar pasar señales como ésta.
Porque, de entrada, Chamaco es una película totalmente consecuente con la manera de pensar de su director, que viene de un largo camino como productor de cine.
Lo que más le importa a un productor es que lo que financía recupere la inversión y, de ser posible, que arroje dividendos. Y la única manera de procurar que esto suceda es apostándole a lo que uno piensa que es “lo seguro”, “lo probado”, lo que “nunca falla”.
Si alguien se pregunta por qué en Chamaco no existe la menor audacia (ni formal, ni temática ni argumental), la respuesta es esa: con su mirada de productor, Necoechea tiene un ojo puesto en la taquilla… y el otro también.
Durante toda la segunda mitad de la función he estado pensando en un cáustico cuento de Ricardo Garibay: Ingredientes de arte (en Lo fugitivo permanece, antología de cuentos mexicanos, edición de Aeroméxico con prólogo de Carlos Monsiváis, 1984) y en la obtusa y machacona voz de ese productor que le destaza al guionista la idea que le llevaba al escritorio, a fin de obtener lo que el señor del billete piensa que es un filme taquillero, a la usanza de las comedias rancheras de los cincuenta, pero con los nuevos tópicos del cine sajón de finales de los setenta:

“Porque esto es cine. Vamos a ver si me explico; usted es picudo, yo se lo reconozco, pero esto es cine: ce – i – ene – e. Cine pa’l pueblo, pa’l cabrón mugroso que sale apestando a aceite y compra tortas y se mete con su refresco al cine a ver Chisguete contra los Monstruos Interplanetarios…”.

En el fondo, esto es lo que pasa con Chamaco. Hay una intención de contar una historia de superación, de redención. Una película positiva sobre la vida que además se abra a ciertos registros de apunte social. Pero hasta la mejor de esas intenciones se trivializa y cae fulminada cuando se toma, para contarla, el cartabón del cine palomitero en uso.
La taquilla está asegurada. Eso sí. Pero nada más. Y es que sesenta años de colonizaje cultural a través de las formas del cine naturalista norteamericano, reproducidas a su vez en infinidad de populares series de TV, no puede fallar. La gente reconoce los códigos, se deja arrullar por ellos, ve una historia simple, familiar, sin conflictos que no pueda controlar. Coptada por la macabra idea de que el cine es entretenimiento, ya compró su boleto, ya se divirtió con una historia que cree edificante… y a lo que sigue.
La pregunta es: ¿recetas como la de Chamaco son viables para hacer accesible al público temas más personales, más reflexivos, que le den dignidad artística o por lo menos expresiva a una experiencia cinematográfica?
De cara a otras películas que hemos visto en el festival, las cuales se arriesgan en pos de esa voz personal, de esa intimidad, de ese contacto real en el que circulan ideas y sentimientos verdaderos (entre ellas Alamar, La mitad del mundo y Vaho), la respuesta es negativa.
Y desde esta respuesta negativa, Chamaco es una película importante. Muy, muy importante. Nos muestra todo lo que no hay que hacer si se aspira a un cine vivo: nos advierte contra el cine fórmula, contra el cine chatarra, contra ese cine que se viste de seda (aunque ni siquiera con el gusto o la maestría de los sastres originales, pa’ acabarla) y se depreda a sí mismo en pos de vender un boleto más.
Un cine-rapiña, que en el pecado lleva la penitencia: se manufactura fácil, se consume fácil.
Y se olvida fácil.