Obra de Zalce en el Museo

Nacional de la Acuarela

Inauguran retrospectiva del autor michoacano en el recinto coyoacanense; permanecerá abierta al público hasta el próximo 10 de enero

Una escultura de Alfredo Zalce, de tema político, en la exposición abierta este domingo en el Museo Nacional de la Acuarela.

Con 51 obras en 17 técnicas distintas que abarcan del batik a la escultura en bronce, 26 de ellas procedentes de colecciones particulares y otras 25 pertenecientes al acervo del MACAZ, la obra visual del autor michoacano Alfredo Zalce (1908-2003) encontró este fin de semana un nuevo nicho de exhibición, capaz de alcanzar a nuevos públicos, con la exposición “Alfredo Zalce, revolucionario de la plástica michoacana”, que fue inaugurada en instalaciones del Museo Mexicano de la Acuarela Alberto Guati, en el antiguo barrio de Coyoacán, en la ciudad de México.

Una imagen del acuarelista mexicano alberto Guati, fundador del Museo Nacional de la acuarela

Recinto anfitrión
El Museo de la Acuarela es un foro que abrió sus puertas a finales de los años sesenta, en 1967, originalmente en la colonia Roma, a iniciativa del autor visual morelense Alberto Guati Rojo (1918-2003), quien acondicionó como museo su domicilio, alojado en una antigua casa porfiriana.
Tras el sismo de 1985 y cuando el museo ya contaba con un acervo de 300 piezas, el gobierno de Miguel de la Madrid respaldó el proyecto de Guati Rojo y en abril de 1987 entregó en comodato sus actuales instalaciones, en el barrio de Coyoacán.
La muestra dedicada al artista nacido en la ciudad lacustre de Pátzcuaro se encuentra en la galería de exposiciones temporales Berta Pietrasanta, del propio museo, donde permanecerá abierta al público hasta el próximo 10 de enero. La exposición ha sido inaugurada apenas dos semanas después del Día Mundial de la Acuarela, que se conmemora cada 23 de noviembre y que fue instituido por el propio fundador de este museo.

El secretario de Cultura de Michoacán durante su intervención en el acto de protocolo.

Un homenaje permanente
Al celebrar la inauguración en este espacio y puntualizar su perspectiva en torno a la difusión de la obra de Alfredo Zalce, el secretario de cultura de Michoacán, Jaime Hernández Díaz, recordaría durante el acto de protocolo que en ocasión de la magna exposición Zalce Total, en diálogo con el artista homenajeado, este le confesó su desacuerdo con el título de la retrospectiva. No podía ser “Zalce Total” puesto que él no había muerto y la muestra, a pesar de su amplitud, distaba de reunir la rica diversidad de técnicas, épocas y temas del realizador.
“A partir de esa plática –dijo el funcionario– yo me convencí de que ‘Zalce total’ tendría que ser un homenaje permanente, a partir de la obra del artista en resguardo del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce, es decir que su obra no se quedara embodegada, sino que se mostrara y que también se rastreara la obra de los coleccionistas para que estuviera en condiciones de ser apreciada”.
En tal contexto, Hernández Díaz indicó que la exposición en el Museo Mexicano de la Acuarela “enmarca esta idea de los homenajes permanentes, a fin de que la sociedad mexicana pueda tener siempre en mente a este artista que fue un hombre muy comprometido con la realidad de nuestro país y que además de sus capacidades artísticas personales tenía la gran sensibilidad de formar a nuevas generaciones, la cual fue una de sus grandes preocupaciones”.
El secretario de Cultura se declaró muy satisfecho de la colaboración establecida entre el gobierno de Michoacán y el Museo de arte Contemporáneo, evocando de entrada los lazos tendidos para la reciente exposición colectiva dedicada a artistas serbios contemporáneos. “Esa experiencia me dejó en claro que los artistas de Michoacán deben salir y explorar nuevos rumbos”.
Concluiría: “Los hombres de Michoacán somos los que hacemos a Michoacán, los que lo hemos hecho, entre ellos Alfredo Zalce. Michoacán es un estado lleno de muchos problemas, pero también de vida. Sólo a través de la cultura vamos a poder superar nuestros problemas”.

Alma Zúñiga y José Juan Viveros, de San Juan Nuevo, durante la intervención musical.

Aperitivo musical
En forma previa a los discursos de protocolo, la ceremonia de inauguración comenzó en el auditorio del Museo con un programa musical de pirecuas y sones terracalentanos a cargo de Alma Zúñiga Viveros, quien abrió la sesión musical con el tema Flor de Canela, acompañada a la guitarra de José Juan viveros, ambos procedentes de la comunidad de San Juan Nuevo. La intervención musical, de seis temas, concluyó con un huapango.

La directora del Museo Nacional de la Acuarela, Beatríz Gaminde.

Beatríz Gaminde: Zalce
y la visión humanista

Mientras, al abrir las intervenciones inaugurales, la directora del museo y anfitriona del evento, la acuarelista Beatriz Gaminde, indicó que es un honor para el Museo nacional de la acuarela mostrar esta retrospectiva, “como resultado de un esfuerzo conjunto con el gobierno de Michoacán y el MACAZ, a favor de uno de los grandes artistas que ha dado México”.
Recordó que Zalce es el último de los muralistas del arte revolucionario del siglo XX en México. Alumno de Mateo Saldaña, Germán Gedovius y Diego Rivera, fue docente en Universidad de Nuevo Leon, en la Escuela Popular de Bellas Artes, en Morelia, así como fundador del Taller de la Gráfica Popular y de la Escuela de Pintura de Taxco, entre otros espacios formativos.
“Fue un hombre que trabajó hasta el final de sus días –ponderó–. Con una gran creatividad transitó por diferentes técnicas, yendo del estuco y la acuarela a todas las técnicas del grabado y la orfebrería”.
Describió sucintamente los temas de su obra como inspirados por “una visión humanista que refleja su preocupación por el ser humano y las causas sociales”, a pesar de lo cual también “fue capaz de retratar escenas cotidianas con una profunda naturalidad y belleza”. Acentuó asimismo que su obra, forma parte del acervo de recintos como el Museo de Arte Moderno (MAM) de la ciudad de México y del Museo Metropolitano de Nueva York. También figuran trabajos suyos en galerías y museos de naciones tan distantes como Suecia, Varsovia y Sofía
Gaminde agradeció especialmente la colaboración de Azucena Solórzano “por ser el enlace cuidadoso entre las tres instituciones organizadoras de la exposición “y por el amor a la obra de quien fuera su maestro, Alfredo Zalce”.De la misma forma, agradeció a todos los coleccionistas que apoyaron el proyecto para dar a conocer la obra de Zalce, “para que obtenga un justo lugar en el conocimiento de la cultura de los mexicanos”.

La autora visual Rina Lazo durante la semblanza

Rina Lazo: Zalce desde el recuerdo
A su vez, la autora Rina Lazo, veterana guatemalteca quien fue asistente de Diego Rivera y alumna de Zalce cuando ella llegó a México a estudiar pintura, en los años cuarenta, ofreció una sentida semblanza del realizador.
“El hecho de haber nacido durante la Revolución Mexicana lo marcó con una conciencia hacia su realidad. Y el hecho de ser hijo de padres fotógrafos le dio un primer impulso hacia la expresión a través de la plástica”.
Evocó: “Lo conocí en 1946, cuando llegué becada a La Esmeralda. Fue mi maestro de pintura al óleo”.
Recordó una visita al Paricutín y la recomendación que le hizo Zalce: “pinta los paisajes de mi tierra con colores brillantes”.
“Lo obedecí –narró Lazo– e hice una serie de cuadros pequeños registrando paisajes, trojes y gente que veía al pasar. Esos cuadros los fui dejando en la escuela conforme los concluía y curiosamente fueron desapareciendo. Intrigada, investigué y descubrí que al parecer eran tan atractivos que algunos de mis compañeros los sustraían de la escuela y se los vendían a los turistas para irse a la cantina y la pulquería con ese dinero”.
De su trato cotidiano con Zalce dijo que “era un maestro cumplido en su clase y de trato gentil. Nos daba a los alumnos la confianza de acercarnos a él y comentar acerca de diferentes temas artísticos”.
Recuperó asimismo la participación de Zalce con organismos revolucionarios populares, comenzando por la LEAR y luego el TPG. “Fue una época de autores que se congregaban y se organizaban en pos del bien común, a diferencia del individualismo que impera hoy”.
Concluiría recordando que durante la embestida del Estado contra la Escuela Mexicana de Pintura, Zalce retornó a su tierra natal, como también lo hicieron otros autores, entre ellos Olga Acosta y José Chávez Morado.
También se congratuló de todos los reconocimientos que se le entregaron a Zalce en vida, entre ellos la creación del premio de Artes Plásticas Alfredo Zalce, en 1979.
“Llevo en mi corazón el cálido abrazo que recibí del maestro Zalce al reencontrarnos después de muchos años en el palacio de Bellas Artes durante su magna retrospectiva Zalce Total”.

La directora del MACAZ en el cierre de las intervenciones de protocolo.

María Eugenia Fuentes
Lanning: retos del MACAZ

Finalmente, en su intervención, la directora del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce (MACAZ) de Morelia refrendó que esta exposición es resultado de un esfuerzo de colaboración entre la Secretaría de Cultura y el Museo nacional de la Acuarela desde un vínculo que se remonta a poco más de año y medio.
Habló de las 26 obras de la exposición que pertenecen a los acervos del MACAZ, todas ellas en distintas técnicas, pues uno de los rasgos que distinguió al autor en vida fue su intensa curiosidad para explorar los más diversos médios e incluso innovar en algunos de ellos.
Por otro lado, también describió la circunstancia del MACAZ y algunos de los desafíos que afronta como el escaparate institucional más importante para las artes visuales en la entidad.
“En el museo no tenemos instalaciones muy amplias, considerando la necesidad de dar cabida a autores diversos, tanto locales como nacionales e internacionales. Tenemos que dar respuesta a una pujante comunidad artística y desde 1993 llevamos el nombre del maestro Zalce. Este último hecho, en particular, nos significa una doble responsabilidad”.
En este sentido celebró las relaciones de colaboración que el MACAZ ha podido establecer en los últimos años con instancias como (en este caso) el Museo Nacional de la acuarela. “Esta exposición es parte de las múltiples relaciones de colaboración que hemos tendido con otras instancias y esperamos muchas más en los siguientes años”.
En el vacío, la investigación

jurídica del patrimonio cultural

Conferencia de Maribel Rosas dedicada al tema de la jurisprudencia y los estudios para la salvaguardia de bienes patrimoniales tangibles e intangibles en México

Maribel Rosas durante la conferencia realizada el jueves.

Existe en México un enorme vacío en las investigaciones jurídicas asociadas al tema de la protección del patrimonio cultural, a pesar de que esta es una de las agendas más activas de la actualidad en nuestro país y en el resto del mundo.
Así lo consideró la Maestra en Ciencias Humanas en el área de Tradiciones Maribel Rosas García, quien también es licenciada en Derecho por la Universidad Michoacana de San Nicolás y estudiante del Colegio de Michoacán, al ser interrogada al respecto por este blog.
La investigadora participó el jueves en las actividades de conmemoración por el XXX aniversario del Postgrado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo con la conferencia El jurista como gestor cultural.

Un problema sui géneris
En diálogo con Poliedro, Rosas García señaló: “A pesar de que Morelia se ha ido configurando durante la última década como una ciudad eminentemente turística, a la que se promociona en el ámbito específico del turismo cultural, y a pesar de que su centro histórico forma parte de la lista de sitios Patrimonio Monumental de la Humanidad, lo cierto es que no existen estudios jurídicos relacionados con la protección del patrimonio, lo cual es un problema grave, pero también curioso, porque en aquellas instituciones de educación superior en las que existe una cátedra de legislación cultural, quienes la han impartido hasta hoy no son ellos mismos juristas, sino antropólogos, sociólogos o incluso ingenieros”.
“En todo caso –añadió– es imprescindible considerar seriamente la creación de nuevas líneas de investigación en Michoacán relativas al derecho y el patrimonio cultural”.
Para mostrar lo desolado del panorama, ejemplificó: “Durante mi investigación para mi tesis de titulación, en 2003, encontré un solo documento entre todas las tesis realizadas en la Facultad de Derecho hasta ese año dedicada al tema… y estaba enfocado exclusivamente a lo arquitectónico”.
Por lo demás, indicó que en los últimos años se ha trabajado en temas relativos al derecho indígena y a la propiedad intelectual, “pero la protección del patrimonio cultural dista de agotarse con esos dos temas”. En contraste, señaló, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), las investigaciones en torno al patrimonio cultural y su legislación se emprenden desde 1974, tanto en la facultad de Derecho como en la de Ciencias Políticas.


“En todo caso –añadió– es imprescindible considerar seriamente la creación de nuevas líneas de investigación en Michoacán relativas al derecho y el patrimonio cultural”.

Diversidad de visiones
Antes de la declaración, y durante su conferencia, la investigadora indicó que desde la Carta de Atenas (1931) hasta la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (2003) “se han registrado una serie de transformaciones vertiginosas en los criterios jurídicos para establecer los elementos y el contenido del patrimonio cultural”.
“El uso de este término –dijo– ha llegado al extremo de aplicarse a casi todo. Es por eso que a la época actual se le ha identificado como la de la patrimonialización generalizada”.
En este sentido, durante la proyección de un breve documental de su propia autoría, en el que entrevista tanto a gente de a pie como a académicos, Maribel Rosas compartió la visión de tres especialistas en la materia, para mostrar la amplitud de enfoques.
Así, para Norka López Zamarripa, de la UNAM, “el patrimonio cultural es el legado, los monumentos y sitios arqueológicos, así como aquellos sitios de excepcional belleza que deben ser preservados como un bien universal”.
En cambio, para Bolfy Cotton, investigador del INAH, “el patrimonio cultural son creaciones culturales con una valoración específica”.
Finalmente, José Ernesto Becerril, de ICOMOS México, consideraría que “jurídicamente, la palabra patrimonio nos remite a la noción de la posesión de un valor que es tasable monetariamente; esto ha conducido a varios a considerar la propuesta de emplear el término de ‘propiedad cultural’ a la hora de hablar de bienes patrimoniales culturales. Yo, en lo personal, sigo prefiriendo el concepto ‘patrimonio cultural’, porque me parece mucho más amplio e inclusivo”.
A su vez, Miriam Grunstein, de Thompson&Knight, consideraría durante una entrevista en el video: “El patrimonio cultural es nuestra cosmovisión. Por eso no me agrada referirme a él como un objeto, sino como un sujeto, ya que es algo que está vivo y en permanente movimiento”.
La visión de los especialistas, divergente entre sí, también resultó significativamente distinta a la de tres ciudadanos entrevistados en el documento audiovisual (Norma López, Víctor Moisés Trejo y Magdalena Trejo).
A la luz de lo anterior, Maribel Rosas consideró: “Es necesario indagar más, en pos de un acuerdo entre la sociedad civil y los especialistas, porque hasta hoy no lo hay”.
Mientras, a grandes rasgos, indicó que a lo largo de sus investigaciones, que se remontan a los últimos siete años de su actividad académica, ella ha detectado dos temas recurrentes en materia de patrimonio. “El primero es el interés de no reducir el tema de la protección del patrimonio al ámbito de los monumentos arquitectónicos. El segundo es la constante propuesta de que es necesario afianzar una legislación que proteja al patrimonio desde la acepción más amplia y razonable posible, así en lo tangible como en lo intangible”.

Un divorcio ficticio
La académica recordaría que en México, el pensamiento en torno a la conservación del patrimonio cultural viene de una tradición monumentalista que en términos de legislación contemporánea nace en 1972, con la publicación de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, siguiendo una línea que debutó en México durante el porfiriato.
Por lo demás, cuestionó el divorcio ficticio que permea, especialmente, entre los juristas y estudiantes de derecho, aunque también se percibe en otros ámbitos. Como sea, del primer asunto, señaló:“Una vez, la regidora de cultura de un ayuntamiento michoacano me comentó: ‘yo soy licenciada en derecho y eso no se vincula a la cultura’. A mí me parece que esa actitud, que es más generalizada de lo que se piensa, es uno de los principales problemas que se deben resolver, porque se ha generado la idea de un divorcio que es ficticio entre el tema del patrimonio y el de la jurisprudencia”.


Globalización y legislación
Desde esta óptica, Maribel Rosas compartió reflexiones en las que viene trabajando como parte de su análisis de la relación entre la globalización y la legislación internacional del patrimonio cultural, términos de los que dijo “son altamente dúctiles, gracias a la ambigüedad y complejidad de su contenido, que además comparten características de polisemia, polifuncionalidad y polivalencia”.
La ponente partió de la premisa de que el registro del patrimonio cultural en la memoria colectiva no es algo inmutable. “Por el contrario, hay una constante resignificación y elección del pasado, de acuerdo a las necesidades e intereses de grupos”.
Así las cosas, señaló que “reconocer el patrimonio cultural como una construcción social e histórica lleva además a repensarlo como un espacio de negociación entre las distintas clases sociales y los diversos grupos culturales a los que pretende dar cohesión a través de un proyecto nacional”.
De ahí la importancia de analizar, más allá del carácter técnico o educativo, las relaciones entre los diferentes grupos sociales, a fin de que se asegure la democratización y el aprovechamiento de este recurso”.
Añadió que a esta perspectiva debe aunarse la tendencia de la llamada “comunidad internacional”, la cual, a través de instrumentos jurídicos de alcance global, ha determinado los parámetros de protección, difusión, conservación, investigación, entre otras actividades vinculadas con el “Patrimonio de la Humanidad”, sea este material, inmaterial, cultural o natural. De la aplicación de estos ordenamientos formuló once aspectos que resultan paradójicos en el proceso de la globalización:

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Once aspectos en materia de
patrimonio y la globalización

El primero consiste en los patrimonios culturales locales se mundializan a través de figuras como la de Patrimonio Cultural de la Humanidad, a través de las cuales se seleccionan y establecen modelos y prototipos de herencia cultural. “Así, el patrimonio cultural particular toma tintes de un fenómeno macrosocial, lo que potencializa su globalización”.
El segundo aspecto es que “hay una negociación de la identidad, justificada y fundamentada en las normas internacionales. Es decir que se promueve una identidad homogénea, aunque en ocasiones la respuesta a ello es una resistencia al cambio o a la pérdida de elementos tradicionales, que incluso pueden ser múltiples en una sociedad, con lo cual se acentúan las particularidades”. Lo interesante de este segundo aspecto consiste en que, como efecto de la globalización se promueve un modelo para sistematizar la existencia, pero también origina la reafirmación de la identidad, la diversidad y el pluralismo.
El tercero es que la identidad tiende a cambiar vertiginosamente ante las leyes de la oferta y la demanda, o incluso a desaparecer pero, como en el caso anterior, al seno de esta tendencia, también se dan fenómenos de reafirmación y revaloración de la identidad como respuesta.
El cuarto consiste en que la escala de valores formulada a partir de la globalización es estrecha. “Empero, gracias a esta mundialización, se han emitido instrumentos jurídicos que reconocen el patrimonio cultural y pretenden protegerlo, siempre que no violente las normas de los estados nacionales, por ejemplo en el caso del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, sobre pueblos indígenas y tribales de países independientes.
El quinto es que “los proyectos de estados-nación han logrado permanecer, pese a la fuerza que toma cada día la comunidad internacional. Sin embargo, han modificado su antiguo paradigma con el fin de garantizar su continuidad. Lo cual, quizá, implica un replanteamiento del uso del patrimonio nacional”.
El sexto aspecto, de acuerdo a los estudios de la ponente, es que el reconocimiento de diversos patrimonios mundiales, nacionales y locales, genera acciones para la conservación y difusión de los mismos; “acciones que oscilan entre la fricción y la cohesión por parte de las autoridades encargadas de aplicar la legislación correspondiente”.
El séptimo consiste en que la globalización ha generado un acercamiento de las poblaciones a numerosos patrimonios culturales, “lo que democratiza su acceso y le permite la continuidad a través de la ‘memoria virtual’. Empero, todavía falta establecer políticas de conservación efectivas ante las visitas tumultuosas y de depredación originadas por el turismo masivo, como es el caso de algunas zonas arqueológicas mexicanas durante los equinoccios de primavera. Además, respecto al acceso virtual, todavía dista de ser democrático en localidades en las que no se cuenta con un servicio de luz eléctrica continuo y de calidad”.
El octavo da cuenta de que “la mundialización de saberes y conocimientos tradicionales, así como la comercialización de algunos objetos e incluso de su simbolismo, ha generado en algunos casos una desvinculación de ese patrimonio cultural con sus creadores, y en otros, en cambio, ha reforzado este vínculo. Pero la emisión de normas tendientes a lograr la permanencia y el respeto de esta herencia cultural, como se ha pretendido efectuar a través de las figuras jurídicas del derecho de autor o las marcas colectivas, no garantizan la justicia al interior de las localidades. El reconocimiento de titularidad de patrimonios puede excluir, incluso, a gente de la misma región, al concentrarse los beneficios en manos de los caciques de las comunidades que las representan, legítimamente o no”.
El noveno consiste en que la apertura de mercados, en muchos casos, ha generado nuevas investigaciones o ha permitido la difusión de anteriores, las cuales –gracias a esa comunicación global– ahora se proyectan en foros más amplios y con mayor impacto social, que pugnan por la continuidad y la revitalización del patrimonio cultural.
El décimo es que “la comercialización del patrimonio cultural ha generado una de las principales fuentes de ingresos, así como de empleo en los países con menor índice de industrialización y desarrollo económico. Desafortunadamente, los beneficios son en su mayoría para un sector oligárquico que muchas veces explota el patrimonio de sectores marginados, guardando para sí su propio patrimonio”.
Finalmente, el décimo primer aspecto habla de cómo la selección y el reconocimiento de patrimonios en la escala local, nacional e internacional, se basan, algunos de ellos, en criterios de autenticidad, sin tomar en cuenta la dinámica del patrimonio cultural como parte del cambio social, en los que entran en juego procesos de revitalización, transformación, asimilación y adopción de nuevos elementos culturales que agiliza la globalización.

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Efectos que dependen de los actores
Luego de estas apreciaciones, la investigadora adscrita a la planta del Colegio de Michoacán (Colmich), vislumbró al patrimonio cultural como una construcción social, histórica y jurídica que a través de la norma internacional ha logrado difundirse, diversificarse y al mismo tiempo restringirse: “es una construcción globalizada, pero también nacionalizada y regionalizada”. Concluiría: “La globalización, como lo señala Kaki Läidi, no es ‘ni mala ni buena’, se trata de un movimiento que puede ser conducido y que por lo tanto es susceptible de cambios, de rumbo; eso depende de los actores”, es decir, de cada uno de nosotros.

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Murales e inmuebles: dos casos concretos
Uno de los asistentes a la charla, José Alberto Jiménez, del Postgrado en Docencia e Investigación, cuestionaría activamente algunas de las observaciones de la ponente, en el sentido de indagar cómo llevar las premisas formuladas al terreno de los hechos, en la experiencia directa de Morelia y de Michoacán.
“Cuando hicieron el mural Montañas de Michoacán en Palacio Clavijero, a comienzos de esta década –comenzó Jiménez–, hubo una manifestación de la población que repudiaba la obra. Realmente era atentar contra el patrimonio arquitectónico virreinal. Pero la oligarquía impuso su voluntad y determinó que el mural se hiciera. La mayoría de la población, que también lo había criticado, quiso hacer saber su inconformidad en forma de referéndum, pero prácticamente no pudo ni tuvo opción de manifestarse jurídica ni públicamente en los medios de comunicación. De modo que ¿cómo va a actuar la población, si la oligarquía impone su voluntad a través de los instrumentos de que dispone en el sistema?
El estudiante de postgrado también cuestionaría el hecho de que la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo tiene en su resguardo inmuebles históricos catalogados como Patrimonio de la Humanidad, varios de los cuales son empleados como Casas del Estudiante y otras dependencias e instituciones universitarias, a causa de lo cual sufren daños sin que las instancias dedicadas a su atención, como el INAH, puedan intervenir.
“Muchos de esos inmuebles padecen un grave deterioro. Por ejemplo, la bóveda de cañón en la Casa del Estudiante Isaac Arriaga, en San Agustín, está cuarteada; hay una balaustrada destruida casi en su totalidad en la ex casa del conde de Sierra Gorda, hoy Casa del Estudiante Che Guevara. Y el INAH no tiene facultades para legislar e intervenir en casos como esos porque se trata de inmuebles que forman parte del patrimonio de la Universidad Michoacana. Y al ser patrimonio universitario, el Estado le ha cedido a ella la responsabilidad de que se encargue de reestructurar y reordenar. Pero la Universidad no ha intervenido en el rescate de esos inmuebles, ni a través del postgrado de arquitectura ni del de derecho, que serían los encargados de regular los vacíos de ley que se encuentren en esa materia. Así las cosas, ¿qué puede hacer la sociedad en esos casos, ante la decisión de autoridades oligarcas que luchan entre sí y ni siquiera se ponen de acuerdo entre ellas?

Conferencia de Jorge Juanes

Las obras “parteaguas”

del arte contemporáneo


Jorge Juanes durante su encuentro con el público nicolaita en el salón C de la Facultad de Arquitectura, en Ciudad Universitaria.

Con la premisa de que para comprender el presente es indispensable haber asimilado el pasado, el crítico y filósofo de arte Jorge Juanes ofreció una conferencia magistral dedicada al tema El análisis visual en el arte contemporáneo, que se ocupó de poner en perspectiva algunas de las obras-parteaguas de la pintura durante el siglo XX. La actividad se realizó este viernes, en el marco del V Encuentro Nacional de Creadores de Arte promovido por la Universidad Michoacana.
Durante la conferencia, y más tarde durante una breve entrevista con este blog, Juanes sostuvo que uno de los problemas que afrontan los autores actuales a la hora de acometer su obra en el ámbito de las artes alternativas, es que han omitido comprender cabalmente y a fondo los pasos emprendidos durante la reciente centuria en la construcción de códigos y lenguajes, de los cuales son herederos.
“Gran parte de los autores alternativos de hoy, especialmente lo que piensan en sí mismos como herederos directos o legítimos de Dadá, están realizando una obra muy pobre en sus prospectivas. Yo estoy convencido de que esa pobreza se debe a que no se han esmerado en comprender a profundidad la herencia de la que son depositarios –dijo, y añadió–: De manera particular, me parece que son precisamente autores como Duchamp a los que no se ha comprendido”.
Previamente, durante la conferencia, esta situación fue enmarcada por el autor en las dos actitudes principales que hoy se asumen de cara a las vanguardias del siglo XX: la apocalíptica y la integrada (siguiendo la caracterología de Umberto Eco).
Desde esa perspectiva, el autor recordaría que la tarea del arte siempre ha sido la de remontar lo ya hecho, lo ya dado, para abrir nuevos caminos. De allí que los artistas más propositivos de cada época han sido aquellos que, en revuelta contra lo ya institucionalizado, han explorado nuevas maneras de configurar lenguajes y miradas.

La Otredad perceptiva
La búsqueda de la Otredad, en el tránsito que lleva del arte moderno al arte contemporáneo, es perceptiva. Así, a autores como Pablo Picasso poco les importaba la forma de vida de los pueblos africanos y de Oceanía, sino las formas de las que esa Otredad cultural se valía para expresarse.
Así lo propuso Juanes durante la conferencia, que fue realizada en el Aula C del edificio de la Facultad de Arquitectura. Allí desarrolló su tema en un arco que comenzó con Pablo Picasso y concluyó con Marcel Duchamp. Entre esos extremos, el autor pasó revista a obras de Kasimir Malevich, Jackson Pollock y Salvador Dalí. También citó, aunque sólo de paso (no porque fueran autores menores, sino porque así lo exigían las líneas de pensamiento trazadas por la propia conferencia), a Vassily Kandinsky y Paul Klee.

Jorge Juanes detalla los elementos en los que se cifra la riqueza sintética presente en una de las obras más famosas de Picasso.

Pablo Picasso y Las señoritas de
Avignon
: el manifiesto ecuménico
El recorrido de Juanes por el arte visual del Siglo XX comenzó con Las señoritas de Avignon (Picasso, 1907), de la que dijo: “es un cuadro-manifiesto, un cuadro ecuménico, por cuanto reúne en una síntesis promiscua cuanto había dado hasta el momento el arte de Occidente en diálogo con el Oriente”.
Con una imagen del lienzo y valiéndose de un apuntador, Juanes fue detallando los elementos constitutivos de esa obra-summa: “Tenemos aquí rasgos del arte paleolítico, convenciones frontalistas a la usanza egipcia, ojos avellanados románicos, cabezas a lo arte ibérico, manierismo de las siluetas a la El Greco, así como elementos de la lucha renacentista del alma por desprenderse de lo pétreo, del cuerpo, de lo material, al estilo de Miguel Ángel”.
Citaría también, en la base de la composición, un segmento que homenajea los hallazgos de Paul Cezzane, el primer autor que replantea la reconstrucción dimensional de la pintura ante el impresionismo.
“Los de Cezzane fueron postulados fundamentales –acotaría–, porque formulan una reestructuración constructiva y morfológica desde la cual restituye las proto-formas latentes en la geometría”.
“Sin embargo, Cezzane y sus hallazgos se quedarían firmemente anclados en la tradición de Occidente, a la cual pertenecían. Picasso, en cambio, dice ‘no’ a eso y da el siguiente paso: pone a dialogar su herencia occidental con los hallazgos que descubre en el arte oriental”.
En este último sentido Juanes señalaría, también presentes en Las señoritas de Avignon, las micro formas plasmadas en la máscara negra que secunda al rostro de uno de los personajes, así como el desarrollo de los micro planos que rompen con la idea convencional de perspectiva tridimensional.
“Porque es el plano bidimensional el que se transforma y se convierte en el sello de la pintura del Siglo XX. A través de él se anula el antropocentrismo clásico”.
En este mismo ámbito, Juanes acotaría casi como anécdota que no deja de ser paradójico que el movimiento fundado por Picasso fuera denominado cubismo justo cuando el autor, tras algunos estudios de ensayo y aproximación, abandonó totalmente la tridimensionalidad.

Guernica: la vanguardia
y el compromiso político

Jorge Juanes dedicaría algunos minutos a otra obra de Picasso: el Guernica. Acudiría a este trabajo, inspirado en el bombardeo de aviones nazis contra una indefensa población española, para formular tres observaciones esenciales: la primera fue la de cómo un arte de vanguardia, a la manera del cubismo, es capaz de coincidir con un compromiso político. La segunda fue la de mostrar cómo el lienzo habla del triunfo de la razón ante la barbarie desde el momento en que Picasso cifra las formas a partir de un expresionismo que no es grandilocuente ni desgarrado, sino intensamente cerebral y descriptivo. La tercera fue la observación de que artistas como Picasso fueron muy perseguidos por el régimen nazi, con el colofón de que todo totalitarismo odia al arte de vanguardia.

Cuadrado negro (1913), del ruso Kasimir Malevich.

Kasimir Malevich y la
trascendencia inobjetiva
Del cubismo francés, la siguiente estación de paso conduciría al suprematismo ruso y a su fundador: Kasimir Malevich, quien provenía de las filas del futurismo. Jorge Juanes acudiría al más célebre lienzo de Malevich: Cuadrado negro, en el que sólo se ve un cuadrado negro sobre un fondo blanco, realizado en 1913 pero difundido mundialmente en 1915, durante la exposición 0-10, en Petrogrado.
Para hablar de este trabajo, lo primero que hizo Juanes fue formular una observación pertinente: deslindó el sentido de la palabra abstracto. Dijo: “Frente a los lienzos más importantes de Malevich estamos ante obras que no son abstractas, sino inobjetivas. Recordemos que la abstracción es, simplemente, la sintetización de un referente, como ocurre con el arte de Kandinsky”.
En efecto, la característica del pensamiento abstracto es precisamente la de abstraer contenidos: el rasgo esencial de lo abstracto consiste en aludir a todo aquello que ronda y bordea a un concepto, pero sin acudir al concepto mismo.
Desde esta perspectiva, Juanes tomaría a Malevich como el autor que le abriría las puertas a un afán de sensibilidad absoluta “en pos de una revelación mística, metafísica, sobrehumana”. Es decir, su obra abona camino a la manifestación de un hombre más espiritual o, si se prefiere, más trascendente.
“Hay en su obra una búsqueda de la cuarta dimensión que tiene que ver con una relación indecible, mística, que le sirve de vía en la invención de sus signos. En esta obra, el motivo central, que es el cuadrado negro y craquelado representa la idea del luto del mundo ante el silencio de lo Absoluto. Es el luto por la desacralización. Y sin embargo, es precisamente lo Absoluto, en la forma del gran espacio blanco, lo que rodea y contiene al cuadrado negro”.
“Yo he incluido la obra de Malevich en esta conferencia –agregó– porque me parece que el afán de sensibilidad absoluta que se manifiesta en Cuadrado negro marca la validez que subyace a toda construcción contemporánea”.
Juanes recordó también que el régimen estalinista destruiría a todos los vanguardistas rusos. “Los obligó a hacer realismo socialista”. Evocó que el mismo Malevich fue forzado a realizar pintura figurativa. “Pero aún así, Malevich no cedió. Conservó un gesto de rebeldía al firmar la mayor parte de sus lienzos figurativos con un diminuto cuadrado negro que confirmaba cuál era su vocación y su compromiso más íntimos”.

Una de las obras más representativas del periodo informalista de Jackson Pollock, en la que ciertas premisas del automatismo surrealista encarnaron legítimamente en el ámbito de lo plástico, con toda su potencia pulsional.

Jackson Pollock; lo pulsional
y la gestualidad iluminadora
De Rusia, Juanes pasaría a los Estados Unidos para ocuparse del artista plástico que consiguió la más lúdica interpretación del inconsciente como generador de formas: Jackson Pollock (1912-1956).
Para poner en perspectiva el valor de este autor, Juanes puntualizaría que, en el arte, la participación de la conciencia ha sido siempre decisiva para la construcción plástica. “Pero en sus cuadros Pollock descarga pulsiones y lo hace con tanta intensidad que elimina la mediación de la conciencia y privilegia cuanto es impronta e instinto. Pollock consigue así lo que los pintores surrealistas nunca consiguieron: manifestar, no el ‘automatismo psíquico’ que pedía Bretón, sino la pureza de lo pulsional”.
“Y al descargar lo pulsional de esta manera –concluyó–, Pollock iluminó la conciencia”.
Juanes narraría también, a modo de anécdota, que luego de sus hallazgos en el terreno de las pulsiones, Pollock intentó volver a la figuración… pero ya no pudo.
Indicó que Pollock sería muy criticado por eso y que sus detractores más feroces lo acusarían de haberse encasillado. “Pero lo cierto es que Pollock, que había estado poderosamente influido por Picasso, Kandinsky y Miró, hizo lo que Picasso nunca pudo: alcanzar el sustrato de lo inconsciente con una enorme pureza. Fue como un relámpago, una experiencia irrepetible… un poco como las cosas que consiguió en el ámbito de la literatura el mexicano Juan Rulfo, que con apenas una novela y un libro de cuentos marcó un hito en las letras iberoamericanas. Y a Rulfo se le criticó el no haber escrito nada más tras esas obras, pero la verdad es que nadie pudo, después, proponer una experiencia literaria tan elevada como Pedro Páramo”.

El conferencista Jorge Juanes ante el lienzo de Pollock.


Salvador Dalí y la razón
como vehículo del delirio

Pocos movimientos del siglo XX han sido tan atractivos como el surrealismo, que tiene su fundamento en el célebre Manifiesto de André Bretón. Y aunque el surrealismo (como más tarde el Dadá), nació como un movimiento literario, su influencia llegó pronto a las artes visuales.
De entre la legión de surrealistas, Jorge Juanes eligió a Eugenio Salvador Dalí para compartir con el público otro hito en la plástica del siglo XX.
Pero, como en el caso de Malevich, antes de hablar de Dalí y de su obra, Juanes desarrolló un preámbulo dedicado al surrealismo. Acotó:
“El Manifiesto surrealista de Bretón abordó al surrealismo desde una vertiente muy específica, inspirada en los hallazgos del psicoanálisis a partir de teóricos como Freud; tenía como una de sus premisas fundamentales el automatismo, que es una técnica que busca tocar directamente, en toda su pureza, a las potencias de lo indomable, de lo inconsciente, de lo pulsional. Digamos que el surrealismo de Bretón aspiraba de este modo a hurgar en lo más profundo de la mente a fin de dejar escapar a la loca de la casa”.
“El problema –agregó–, consiste en que los principios del automatismo y su afán de pureza funcionan perfectamente bien en el ámbito de la escritura y, acaso, en el dibujo. Pero de ninguna manera en la pintura”.
Juanes añadió que de esta imposibilidad deriva el llamado “objeto surrealista”, del cual dijo: “ha sido explotado hasta la saciedad y hasta la estupidez por todos esos pintores figurativos que pintan en un plano una mujer; luego, rompiendo ese plano, un pajarito, una flor o una mosca y, al fondo, en otro plano, un paisaje”, en un juego de confrontación de metáforas “que puede tener valores compositivos, pero no surrealistas. Por lo menos, no como los proponía Bretón”.

Uno de los lienzos más famosos de Dalí y el primero en el que puso en práctica las tesis de su método paranoico-crítico: La persistencia de la memoria, de 1931.

Así las cosas, de Dalí tomó su óleo La persistencia de la memoria, de 1931, que fue la primera obra en la que el autor oriundo de Cadaqués empleó su célebre método paranoico-crítico. A partir de allí, el ponente señaló:
“Lo interesante de Dalí es que ingresa a lo contemporáneo desde la posición más clásica posible, desde la más académica: crea sus cuadros desde la figura de contorno, las líneas continentes y los colores locales. La suya es una pintura absolutamente racional. Pero desde esa posición racional, “el objetivo de Dalí es lograr que la razón le sirva de vehículo al delirio”.
Juanes detallaría cómo la parte “crítica” del método paranoico-crítico de Dalí va implícita en todos los elementos constructivos y racionales presentes en su obra. Mientras, la parte paranoica se constituye a partir del estado blando, dúctil, maleable, de los demás elementos. En el caso de La persistencia de la memoria, se trata de esos relojes que se derriten y que en algún momento aluden a la idea de huevos estrellados, acompañados por un velado autorretrato que refrenda una de las obsesiones de Dalí, así como la presencia de las hormigas.
La rebeldía daliniana, por otro lado, se declara abiertamente desde el momento en que, a despecho de todos los otros grandes forjadores de la pintura del siglo XX, rechaza la bidimensionalidad inaugurada por Picasso. “Sabe de ella, pero deliberadamente no la asume y emprende su obra desde una perspectiva tridimensional”.

“El objetivo de Dalí es lograr que la razón le sirva de vehículo al delirio”.

Duchamp y El gran vidrio: la puerta
a las artes alternativas del Siglo XXI
La conferencia del crítico y filósofo del arte concluiría con algunos apuntes a El Gran Vidrio, obra que muchos coinciden en calificar como la pieza maestra de Marcel Duchamp (Blainville 1887- Neuilly-sur-Seine 1968).
Juanes recordaría, de entrada, que es Duchamp quien abre el camino de las artes alternativas que predominan hoy (y lo hizo treinta años de la enorme revolución que supuso la invención de nuevos soportes, a partir de la tecnología en ordenadores, de la red mundial y de los programas informáticos).

El gran vidrio, de Marcel Duchamp. Arriba, segmento superior. Abajo, segmento inferior.


Revisó sucintamente la interpretación de esta obra como la de una novia (la configuración que se localiza en la parte superior de la composición) puesta al desnudo por su solteros (en la parte inferior), quienes la desean, y procedería a decodificar los contenidos del trabajo desde una perspectiva más amplia, de acuerdo a la cual la obra alude a la idea de cómo Eros, el deseo personificado por la novia, es la potencia que mueve al mundo, incluso subyaciendo a una presencia tan inerte y dominante de nuestro tiempo como la tecno-ciencia.
“El deseo –diría– es aquí la cuarta dimensión vital a toda vanguardia, y que en un primer momento había sido formulada por Malevich, de manera que en la composición de esta obra, lo que vincula a la novia-Vía Láctea con los solteros-presencias terrenales, no es de ninguna manera el perfecto mecanismo que vemos, sino el poder de Eros, que lo subyace”.
Desde este punto de vista, Juanes indicaría que Duchamp es el gran incitador de lo alternativo porque propone otros caminos. “Lanza algo insólito que nos lleva a la pregunta del ser ante el arte, que antes habría sido imposible”, pues si Picasso formulaba la pregunta del ser de la pintura, el Dadá que consolida Duchamp indaga por el ser del arte como algo que rebasa al ser de la pintura”.
El ponente acompañaría su intervención con la proyección del video Variaciones a El Gran Vidrio, realizado por Dominique Lambert, en el que el mecanismo fantástico plasmado por Duchamp en el cristal adquiere movimiento y tridimensionalidad, a fin de compartir con el público el potencial latente en el diseño original.

Vista parcial del aula C, donde se impartió la conferencia de Jorge Juanes.





Perspectivas al teatro


En el marco del V Encuentro Nacional de Creadores de Arte, realizado por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, docentes de la licenciatura de Teatro de la Escuela Popular de Bellas Artes dialogaron públicamente con sus alumnos a partir de una serie de conferencias, de las que aquí se recupera una primera sesión, celebrada la semana pasada en el auditorio José Rubén Romero.

Ivette Sandoval: una ética
para el quehacer del teatro

La primera jornada de ponencias abrió con la participación de la profesora Ivette Sandoval, de la licenciatura de teatro de la EPBA. Su participación, titulada El ABC del antes y el después de subir al escenario, indagó sobre la necesidad de un código de ética para los teatristas antes, durante y después de los ensayos y presentaciones.
Ya al final de la ponencia, durante la breve sesión de preguntas y respuestas con los alumnos de la EPBA en el auditorio, Sandoval reconocería sucintamente: “Ante todo lo que recientemente se ha ventilado en la licenciatura de Teatro de la EPBA, valdría la pena (considerar la pertinencia de un código de ética)”. Sin embargo, poco más adelante matizaría para señalar: “Tendría que pasar algo muy grave para implementar un código así (en la escuela)”.
Durante la ponencia expresó que no estaría de más tomar el ejemplo del teatro oriental, en el que se asumen con mucha seriedad temas relativos a la ética, la disciplina y la responsabilidad.
A modo de ejemplo, compartió los contenidos del Código de actores de Puerto Rico, un país que a pesar de sus pequeñas dimensiones y de no poseer una significativa tradición teatral ha elaborado un documento al que deben ceñirse todos los actores profesionales y que se divide en seis apartados, de los cuales describi´ño sus principales artículos.
Hablaría así de los lineamientos de conducta del actor, entre los cuales se estipulan los siguientes puntos:
Todo actor profesional acude a ensayos. No va ebrio o bajo el influjo de cualquier sustancia que altere su psiquismo. No lleva invitados al ensayo, salvo previa consulta. Muestra una disciplina actoral total. Acude a todo tipo de ensayo pautado con sus contratantes.
Acerca del canon del actor, impone las siguientes condiciones: Debe memorizar sus diálogos. Tiene derecho a comentar su visión artística, pero es el director quien tiene la última palabra. No debe modificar trazos, vestuario y acotaciones de su director. No debe abandonar su espacio durante la función. Está obligado a saludar al público al final de la función.
Del canon interpersonal describió los siguientes puntos: Si existen relaciones personales entre dos integrantes de la compañía, deben abstenerse de discutir en público sus asuntos privados. El hostigamiento sexual es denunciado y castigado de acuerdo a la ley. La relación debe ser sana entre todo actor colegiado. Ningún actor obstaculizará de modo alguno la labor de un colega. Durante los ensayos y las funciones, ningún actor le dará a otro indicaciones. Las indicaciones que se le formulan a un actor no son de ninguna manera una ofensa personal ni deben ser tomadas como tales.
Tras el recuento de artículos, de los cuales aquí solamente se citan algunos de los sustantivos, la ponente coincidió en que una regulación ética del quehacer teatral suena más que nada a la utopía de un director. Sin embargo, añadió, muchos de estos cánones se siguen intuitivamente.
Invitaría, en tal sentido, a que los jóvenes estudiantes de teatro se plantearan la pertinencia de una regulación así, pero acorde a las condiciones locales de una ciudad media, como Morelia.

Aída Andrade: el plagio y
la honestidad indispensable

En su ponencia El Rey Tonto o el plagio silencioso del gato que copiaba garabatos, la dramaturga Aída Andrade abordó uno de los problemas menos explorados de manera pública en el país, por lo menos en el ámbito del teatro: el del plagio y sus variantes, entre ellas esa forma de hurto a la que se denomina “adaptación”, aunque no se trate sino de textos a los que únicamente se les cambia el título, los nombres de los personajes y lugares, así como unas cuantas palabras más.
La autora, que se ha incorporado a la planta docente de la Escuela Popular de Bellas Artes de Morelia procedente de la ciudad de Puebla, comenzó recordando que “el derecho a tener derechos” es un tema que ha generado largas polémicas.
Indicó que el problema tiene un campo de cultivo particularmente fértil en el ámbito de los grupos más o menos subterráneos que subsisten de ofertar funciones de teatro en escuelas, montando obras por las cuales jamás pagan derechos al autor. Sin embargo, ese es apenas un nicho y la actividad del plagio se ha extendido rápidamente.
Tomó como ejemplo el caso del musical infantil El mundo de Humberto, el elefante, que hace unos cinco años se presentó en el DF y que en realidad era un plagio realizado por el coreógrafo Óscar Carapia de una obra de Broadway, Seussical, a la que solamente se le cambiaron el título y algunos nombres para ser presentada, fraudulentamente, como obra original.
“Lo peor es que el plagio no se limitó al texto –agregó–, sino que se extendió a la puesta en escena en sí. Y todo esto pudieron hacerlo porque contaban con el Derecho de adaptación, pero con la obra registrada bajo otro nombre”. Vale puntualizar, al respecto, que Seussical es el texto en el que se inspira una versión cinematográfica con el mismo paquidermo del musical. El filme fue lanzado el año pasado como Horton y el mundo de los Quién.
Fue en este punto donde Andrade recalcó el hecho de que, en México, a menudo se denomina “adaptación” a cualquier texto que copia un original y al que solamente le cambia algunos nombres.
“Pero a lo largo de nuestra historia se ha ido tejiendo una extensa nómina de acusaciones”.
Ante ellas, el peor enemigo es la ignorancia acerca de los derechos que cada autor posee y la indiferencia ante la existencia de instrumentos jurídicos para hacer valer (así sea nominalmente) tales derechos.
La autora señaló que la propiedad intelectual es una rama poco conocida, incluso por los más implicados. “En realidad –sostuvo–, lo deseable sería que incluso cada actor registrara nombre artístico, si lo tiene. Aún cada compañía debería registrar sus puestas en escena”.
Reconocería más tarde, sin embargo, que las instituciones de registro de derechos de autor y de defensa de los mismos en México son insuficientes ante la magnitud del problema y que su eficacia se ve disminuida por las pugnas o filosofías grupales que las caracterizan.
Consideraría más adelante el aspecto ético de la cuestión, toda vez que el jurídico está sujeto a los caprichos, pugnas e influencias propias del medio nacional. En este tenor adujo que el del plagio “es un problema de honestidad hacia nuestra obra en sí” y concluiría con una cita de Ibsen, extraída de su Peer Gynt: “Si conquistas al mundo entero pero te pierdes a tí mismo, no eres más que una corona sobre un cráneo”.

Sergio J. Monreal: la legitimidad
de la obra de arte y el espejo doble

El dramaturgo, novelista, actor, poeta y columnista Sergio Julián Monreal concluiría la sesión abordando el tema El teatro y el espacio público en el Siglo XXI, partiendo del hecho de que existe una dualidad históricamente conflictiva: la del arte y la legitimidad.
“Es decir: el arte debe ganar legitimidad, pero ¿de cara a sí mismo o de cara al mundo? En realidad la obra la gana de cara a un espejo doble”.
El autor comenzó revisando la parte que se ocupa de la obra para sí misma; del autor ante ella.
En este sentido, Monreal se preguntaría por qué es tan difícil en el ámbito teatral ponerse de acuerdo acerca de parámetros de validez que en otras artes, como la literatura, son claros y permiten determinar la eficacia con la que un autor maneja el oficio. Consideró:
“Ver los parámetros de validez es esencial, pero en teatro nos cuesta mucho. Un pendiente entre los teatristas de esta ciudad, y de Michoacán en general, es estar en sintonía plena con lo más reciente de la disciplina; eso contribuiría a despejar todas esas retóricas justificatorias que entorpecen nuestra visión del oficio”.
Cuestionaría, desde otro ángulo, el entusiasmo con que se atiende a modas (tanto teóricas como prácticas y de estilo) que no hacen sino nublar el sentido de la experiencia teatral en sí, ya que se acude a ellas sin que antes se haya consolidado la experiencia de sentar con firmeza las bases de un conocimiento teatral indispensable.
Aludiría a la manera en que se asume lo posmoderno, señalando algunas contradicciones en las que incurren sus seguidores. Una de ellas es la manera en la cual ciertos alumnos y profesores desprecian a priori los cánones académicos “porque ya están caducos”, porque “no son nuevos” o porque “no están a la moda”.
Exhibiría el disparate detrás de esas posiciones al aducir: “Finalmente, ¿qué significa ser ‘posmoderno’? Significa ser capaz de dialogar y de ser interlocutores de todas las épocas, de todas las tendencias, de todos los estilos. Eso es lo que significa la posmodernidad. Pero muchos de los que se dicen posmodernos son los mismos que están pidiendo solamente ‘lo nuevo’ y creen que ganan su legitimidad en cuanto se montan en una moda o logran una obra que toca, pero sólo superficialmente, al espectador”.
“No es que el ‘arte antiguo’ esté superado y sea obsoleto –agregaría–. Hay una tremenda cantidad de ruido en torno al tema de la legitimidad; lo cierto es que toda actividad exige un oficio y en el caso del teatro aún hay dirección, actuación y dramaturgia. Y evaluar la eficacia con que una obra se construye a partir de esos elementos no es obsoleto ni tiene que ver con opiniones personales, cuestiones de gusto particular o de juicios subjetivos. Al contrario, son valoraciones de las que no nos podemos desprender”, a menos que optemos por una actitud acrítica y complaciente.
Tomaría como ejemplo lo que sucede en estos momentos con la música contemporánea. “Es un problema gravísimo. Los jóvenes autores se internan cada vez más en un cultismo que se vuelve, a su vez, más elitista, al punto que sus composiciones se vuelven ininteligibles para el público. No dicen nada. Cuando se les hace notar esto, ellos se defienden argumentando: ‘es que al público le falta leer más’. La soberbia les impide advertir que, para comprender a un compositor tan exigente como Bach, por ejemplo, jamás nadie necesitó ‘leer más’. El caso es que artistas como estos compositores de música contemporánea están cumpliendo, fatalmente, aquello contra lo que advertía el poeta nicaragüense Antonio Porchía: No depures tanto, porque en una de esas no queda nada. Hay que tener cuidado con la persecución de lo exquisito”.
Todo esto tiene que ver con el tema del arte y su validez ante un doble espejo. El autor señalaría:
“Por el hecho de compartir una cultura occidental, somos herederos de los griegos. Y ellos nos ofrecieron una dualidad: el individuo y la colectividad. La verdad es que esos dos términos no están en conflicto. Una sociedad sólo es concebible si existen individualidades capaces de reunirse para darle sentido. Y a su vez, cada individualidad sólo es posible si hay una colectividad que la abraza y le da sentido como una integrante única”.
Concluiría: “El arte para sí, si se asume responsablemente, es un arte que por ese sólo hecho le sirve a la sociedad. Yo no puedo pensar en un caso mejor que el del cineasta ruso Andrei Tarkovski. Fue el más social de los cineastas… pero de la manera correcta. Asumió el compromiso con su disciplina sin corsés de ningún tipo y de esa manera la obra adquirió un lugar en la comunidad humana”.
“Debemos comprender que la obra es relevante cuando se comparte, porque sale al espacio de los demás seres humanos. En este sentido, nunca existió la paradoja entre el arte para sí o el arte para el mundo. El dramaturgo holandés Samuel Beckett es otro ejemplo: su obra está de cara al mundo, pero sólo porque también está de cara a sí misma”.
Durante su ponencia, el autor también llamaría la atención contra la enorme cantidad de artistas que, en realidad, no generan obra, un poco como si pretendieran hacer de su condición de artistas una suerte de título nobiliario. Le recordaría al auditorio estudiantil que, como artistas, “estamos aquí para construir sentido. El del arte es el camino de una conciencia lúcida a partir de la acción soberana. Sólo así podemos pasar de un lado al otro del espejo. Y en ese espejo debemos ser capaces de mirarnos a los ojos y decir: ‘soy un hombre justo’. Ese es el reto que tenemos cada uno de nosotros ante la historia que hemos construido”.

Bajo el signo de noviembre II

La Revolución y México hoy:

recomposición de estructuras

El filósofo neolonés Severo Iglesias reflexiona sobre el México actual y plantea escenarios de cara al bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana



La nueva democracia, mural de Siqueiros en el Palacio de Bellas Artes

De visita en Morelia, donde participó en la conferencia De los sabores y olores a la creación artística, y en vísperas de una conferencia magistral dedicada al tema El arte como metáfora epistemológica, el filósofo neolonés Severo Iglesias fue entrevistado por Poliedro con motivo del centenario de la Revolución Mexicana y los escenarios y perspectivas del México de hoy. A continuación, sus declaraciones esenciales durante la entrevista.

Líneas en conjunto
“El problema por el que atraviesa México es complejo –dice el autor de Estética: teoría de la sensibilidad; Triádica y otros títulos–. Coincide con un deterioro nacional en todos los ámbitos. Pero al pensar en este asunto hay varias líneas que deben verse y estudiarse de manera conjunta; de lo contrario, todo se va a comprender nuevamente a la vieja usanza, a partir de los viejos fantasmas que asuelan a América Latina.
“Por ejemplo: ahora que se habla del bicentenario de la Independencia y del centenario de la Revolución, se acentúa el hecho de que hubo miseria en 1810, que también la hubo en 1910 y que la hay ahora, en la antesala de 2010. Se colige que en los tres momentos hemos sido dependientes de influencias foráneas. Pero juicios como estos siempre implican un error de perspectiva, porque los verdaderos hechos históricos son irrepetibles: tienen un caso y un carácter particulares, de los cuales pueden surgir soluciones. Porque aunque hay líneas generales, los resortes que empujan a las fuerzas en acción siempre son particulares.
Por ejemplo, es evidente que la miseria es un factor que perdura y recurre, que no desaparece, debido a la base social; pero las perspectivas que tiene ante sí el trabajador de cada época son muy diferentes. Por ejemplo, el pueblo, en 1810, era incapaz de guiar la gran transformación que desencadenó el movimiento de los conspiradores de Querétaro. Hoy, en cambio, el trabajador enfrenta una situación difícil, pero dada la evolución tecnológica posee nuevas alternativas para saber, para acceder al conocimiento y para organizarse. Es decir: tiene oportunidades que no tuvo antes. Instrumentos que, por ejemplo, el cura Hidalgo y sus hombres no tenían.
“Pero la miseria que padecemos hoy tampoco es la misma de hace doscientos años. No se trata sólo de la miseria propia de un ‘país atrasado’ sino de esa otra forma de pobreza, más cruel, que, como decía Marx, paradójicamente surge del trabajo mismo”.

El filósofo Severo Iglesias durante la entrevista.

Contra el destino del Leteo
“A mí me parece –añade– que una de las cuestiones más importantes de estas conmemoraciones del año próximo, por el bicentenario de la guerra de Independencia y el centenario de la Revolución Mexicana, es que representan una buena oportunidad para reflexionar acerca de lo que ha sido la nación mexicana a lo largo de estos doscientos años.
Y esto me parece importante porque no hay que permitir la amnesia. No hay que dar lugar a la desmemoria. No podemos permitirnos el lujo de sumergirnos en las aguas del Leteo, ese Río del Olvido entre los griegos, porque la amnesia implica un peligro real y terrible: genera un pueblo que puede ver, pero que no puede pensar. No hay sufrimiento más inútil que ese: el de quien padece pero es incapaz de hacer algo para resolver correctamente ese sufrimiento. Sin memoria tampoco se sabe tener identidad.
“Por eso es importante que el pueblo mexicano recobre la conciencia. Y estas conmemoraciones son una buena oportunidad para reflexionar en la descomposición nacional”.

Factores en acción
Para el fundador de la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana, en los años setenta del siglo pasado, el proceso de descomposición que vivimos opera, pues, desde distintas líneas, varias de las cuales coinciden y en algunos casos corren paralelas, fortaleciéndose unas a otras. Cita las que le parecen más significativas. Dice:
“La primera de la que hablaría consiste en que, en esta crisis que afrontamos, hay un cambio histórico que tiene que ver con la aparición de una nueva tecnología que desde hace unos treinta años está transformando muchas de nuestras experiencias humanas fundamentales: la educación, el trabajo, la comunicación… las mismas relaciones íntimas. Me refiero a la internet y los ordenadores, que constituyen por sí mismos herramientas inéditas, de amplísimas posibilidades.
“Otra más tiene que ver con el hecho de que hemos visto la quiebra del esquema bipolar capitalismo – socialismo, pero no sabemos aún hacia qué mundo nos dirigimos. Es decir, no se nos ha revelado el sentido de todos los reajustes, algunos muy complejos, que se vienen operando en el mundo desde hace al menos cincuenta años y de manera clara, para la coyuntura en que nos encontramos, desde fines de los años ochenta del siglo pasado.
“Un factor adicional y muy significativo se relaciona con el efecto de una recomposición del capital a nivel mundial, con una capacidad de reacumulación de la riqueza que opera exclusivamente en beneficio de unos cuantos, que a su vez representan a una clase supranacional que, desde esa posición privilegiada, es perfectamente capaz de destruir naciones a su albedrío. En este último sentido, lo que percibo en México es una composición de poderes que, a la sombra de esa clase supranacional, tratan de medrar… pero sin jugársela con el papel que les corresponde dentro de la historia, como, digamos, sí lo hizo en su momento la burguesía francesa del siglo XVIII. Ahí hay otro plano.

Villa y Zapata durante su estadía en la ciudad de México.

“Y finalmente está, propiamente hablando, el asunto del fin de la era de la Revolución Mexicana. Esto es muy importante, pero también muy curioso. Porque el hecho es que todavía en fechas tan tardías como los años setenta del siglo pasado, los políticos y el partido en el poder, que era el PRI, se preguntaban por la Revolución Mexicana. Hasta se fundaron organismos e instituciones para dedicarse al tema. Pero hoy podemos advertir que, en el fondo de esfuerzos como esos, la ceguera ante la verdad fue tal que ni el mismísimo PRI se dio cuenta de que la madre Revolución ya estaba muerta. Y murió porque las posibilidades de transformación se dan desde principios sentados, que fundan algo nuevo. Lo esencial es eso: fundar algo, la base general de una sociedad. Ese conjunto constituyente abre a su vez posibilidades que se desenvuelven y que al concluir cierran su vigencia.

Las líneas de la Revolución
Yo reseño esto desde las principales líneas que activó la Revolución Mexicana y el cómo se han articulado con la historia. El hecho es que la revolución cumplió: abrió un nuevo régimen de vida en la sociedad agraria. Claro, lo que realmente hizo del campo fue convertirlo en un mundo subsidiario, saqueado por las urbes y sus necesidades. Eso fue lo que hizo. Pero eso se cumplió, ya se realizó… aunque su alcance era necesariamente limitado.
“Porque para que iniciativas como, digamos, la de la Reforma Agraria, hubieran tenido una duración y sobre todo una eficacia mayor, debieron de haberse establecido otras bases: la reorganización integral, o lo más amplia posible, de las fuerzas de producción propias del mundo rural, y no meramente la repartición de la tierra, ya que a través de ese solo principio no fue posible darle al campo, al mundo rural mexicano, la indispensable dignidad que amerita. Y esa es una deuda pendiente que tarde o temprano nos va a pasar su factura. Que nadie lo dude. El mundo agrario debe alcanzar dignidad.
“Mientras tanto, la verdad es que hoy en día la Reforma Agraria… o lo que se ha dado en llamar así, ya no tiene sentido. Desde el régimen del presidente Ávila Camacho se dijo: ‘La Revolución ya concluyó con la repartición de la tierra y lo demás son pequeñeces’.
“Eso por un lado. Por el otro, ya durante la Revolución, algo así como el 83% del capital, en México, estaba en manos de extranjeros. Y los actores locales eran simplemente empresarios-satélite, como los del negocio de las pulquerías, que en aquel entonces era muy boyante.
Además, la clase obrera que se generó en países como México no era como la pensaban Marx o Lenin, estaba inmersa en procesos similares. Ahí tenemos como ejemplo la configuración, en 1912, de una organización sindical como la de la Casa del Obrero Mundial, que estaba fundada sobre los ideales que emergieron en buena medida del pensamiento magonista y a la que dieron vida trabajadores industriales como una respuesta a las condiciones de inseguridad en las que se desenvolvían.
Pero a propósito de esto vale la pena recordar una diferencia sustancial que se ha dado en los procesos en América Latina y Europa. Esa diferencia consiste en que, en el Viejo Continente, el desarrollo del capital generó a la clase burguesa, que una vez consolidada se apropió del Estado. En América Latina ocurrió exactamente al revés: en diferentes naciones primero se gestó el Estado y luego la clase burguesa o empresarial que tomó las riendas del Estado. En nuestro país el proceso se dio con enorme claridad hace unos treinta años, durante el régimen del presidente José López Portillo”.


Catarsis. Mural de José Clemente Orozco en el Palacio de Bellas Artes

Líneas de descomposición
“México se ve inmerso en líneas de fuerza que han coincidido y que marcan la descomposición del país. Estas líneas tienen que ver con las estructuras energéticas, con las estructuras educativas y con las estructuras del mercado, todas en descomposición.
Por ejemplo, se habla de que hay que impulsar el mercado interno, que a su vez tiene dos vertientes: la de los bienes de capital, que también conocemos como bienes de producción, y la de quien o quienes los compra para crear los bienes de consumo. ¿Qué fue lo que pasó con esta relación? En 1939 se inauguraba la etapa de la protección a la industria, durante el régimen del general Lázaro Cárdenas, quien buscaba fundar una industria mexicana de la transformación que creara bienes secundarios. Para 1941 estas acciones adquirían estatuto de ley con Ávila Camacho; así nació la Canacintra, en medio de acciones proteccionistas que se extenderían hasta la etapa, ya en los ochenta, de la sustitución de importaciones. Cada una de las acciones articuladas en ese arco buscaba ayudar a generar una industria propia y razonablemente sólida, pero ninguna de ellas logró romper la dependencia de México del capital extranjero. Y así llegamos al régimen de Gustavo Díaz Ordaz, en el que concluye la etapa desarrollista bajo un signo de derrota, porque, como se llegó a decir en su momento: ‘queriendo liberarnos, nos esclavizamos más’.
El problema de fondo, en este asunto, es que los esquemas de infraestructura, especialmente el mercado, estuvieron siempre desarticulados, dependiendo de capitales foráneos y de otro porcentaje que estaba en manos del pequeño mercado, cuya eficacia hasta hoy es menor a la que el país necesita. Por eso el PIB no se logra remontar: se navega contra la corriente de la historia”.
“O el caso de la educación superior: es curioso ver que en 1999-2000, la UNAM se paralizó por completo a causa de la huelga desatada por las inconformidades contra la modificación al Reglamento General de Pagos. Y a pesar del desastre que significaba el ver correr los meses mientras las aulas de la mayor universidad pública del país permanecían inactivas, al Estado no le importó. Tampoco al empresariado. Entonces ¿cuál era la alta función de la UNAM? Para advertir en toda su dimensión el trasfondo de esa experiencia basta leer datos como los del INEGI, que son clarísimos: Los sectores más desocupados actualmente en México son los más ilustrados. Es decir que en México, hoy, un peón o un albañil (con todo el respeto que merece su trabajo) tienen mejores perspectivas laborales que cualquier académico o profesionista”.
“Un caso más: La clase trabajadora se ha visto obligada a convertirse en la defensora del líder charro que por décadas la pisoteó. Porque hoy el gobierno busca anular la autonomía sindical y, en esas condiciones, los trabajadores optan por defender a caciques como Napoleón, si tomamos como ejemplo el caso del sector minero, a quienes en otras condiciones no apoyarían.
“Pero el hecho es que el sindicalismo es otra estructura que también ya llegó a su fin, porque ya no es necesario como puntal del sistema político mexicano. Su vieja fuerza se va diluyendo rápidamente, se pierde por completo y a los trabajadores se les van rescindiendo derechos que alguna vez fueron fundamentales: los que garantizan artículos como el 27, el 123 y el tercero.
“Volvamos sucintamente al asunto de la educación. La educación debería propiciar la democracia, así se definió en uno de los incisos del texto constitucional a partir de su segunda reforma, hacia 1946: ‘El criterio que orientará dicha educación será democrático, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo’. Pero esta parte parece haber desaparecido del texto constitucional. Desapareció con el Plan de Desarrollo de la Educación en tiempos de Salinas de Gortari”.


"Han sido los trabajadores, a lo largo de las décadas, quienes sí se la jugaron con la historia. En cambio la otra clase, la burguesa mexicana, nunca arriesgó ni un pelo".

Derecho y sociedad

“Por otro lado, en ámbitos del derecho, podemos considerar que México ha transitado por tres generaciones distintas del Derecho Moderno a partir de la Revolución Mexicana hasta llegar a nuestros días.
“Y es que a fines del siglo XIX en Europa y a comienzos del siglo XX en México se dan los derechos colectivos, como los de los campesinos o los asalariados. Allí, nuestra constitución fue un documento realmente de avanzada.
“Pero hoy, en la tercera generación del derecho, nos enfrentamos a una constelación de derechos inventados: los derechos de los gay, de los niños, de los ancianos, de las mujeres, de los animales… Nos encontramos así con que esta suma de derechos segmentados debilita a los derechos colectivos. Y lo hace además de una forma muy selectiva. ¿No es por lo menos sospechoso que, curiosamente, en esta pléyade de derechos sectorizados, no haya derechos de los estudiantes, a pesar de que en México tenemos 30 millones de estudiantes?
“Y a esto se añaden una serie de derechos internacionales, casi todos relativos a la conservación y protección del medio, que se imponen… pero sin que haya fuerzas coactivas que obliguen a cumplirlos efectivamente. Y mientras tanto, los derechos generales de la sociedad se ven erosionados, los derechos humanos se encuentran en una crisis garrafal y los derechos colectivos se diluyen y parece que el derecho se torna privilegio, una suerte de “ley privada”, como podemos colegir de la etimología de la palabra privilegio, según el estamento medieval. En este sentido es muy evidente que vamos hacia un neo feudalismo.
“Vemos el caso del Sindicato Mexicano de Electricistas. Los trabajadores ya ni siquiera se ven interesados en hacer eco a las demandas de sus compañeros. ¿Por qué? Porque la forma corporativa de las grandes corporaciones, hoy, es muy parecida a lo que ocurría durante el medioevo, donde los trabajadores, sus equivalentes, se ‘ponían la camiseta’ y por eso los analistas dicen que la noción de ciudadanía ha venido a ser paulatinamente absorbida por un sentido corporativo, en medio del cual ya podemos hablar de ‘la sociedad Nike’, ‘la sociedad Sony’ o ‘la sociedad Coca-Cola’, etcétera.
“De esta manera, la sociedad se va tornando una suma de cotos urbanos que van delimitando la estructura social para proteger un interés particular en contra del bienestar social, del bienestar colectivo.
“Y de allí aflora el crimen, la miseria, la educación deficiente. Todo es repercusión de esta descomposición general”.

Recomponer la organización
de los trabajadores de México

“No quiero engañarme –concluye el autor–. Recomponer la organización de los trabajadores de México es la tarea. Han sido ellos, a lo largo de las décadas, quienes sí se la jugaron con la historia. En cambio la otra clase, la burguesa mexicana, nunca arriesgó ni un pelo. Y a estas alturas, esa clase acomodada tampoco tiene las convicciones ni la fuerza real que se necesita para recomponer las estructuras. La burguesía solamente va a empeñarse en medrar, al amparo de esa clase ultra-nacional de la que hablábamos, y va a tratar de conservar lo más posible, pero sin avance social.
“Porque, además, desde tiempos del presidente Zedillo se reconoció: los sistemas de avance no tocan la micro-economía.
“Y hoy Felipe Calderón dice claramente que aunque nos recuperemos, la recesión no va a restituirnos todo lo que hemos perdido en materia de ocupación laboral.
De manera que los problemas fundamentales de México son de su estructura, no los problemas coyunturales que tratan de vendernos como ‘actuales’ o ‘de hoy’. Y no es un problema menor. El mexicano debe empuñar su libertad por sí mismo. Debe ser leal a sí mismo”.

Bajo el signo de Noviembre I

La muerte y


la Revolución


“Noviembre es el mes de la muerte y, al mismo tiempo, el mes de la Revolución. En este 2009, a un año de conmemorar el centenario de la Revolución, esta doble significación se vuelve esencial para nosotros como mexicanos por una razón muy concreta: todos somos hijos de la muerte de la revolución mexicana”.

El escritor moreliano Sergio J. Monreal durante la plática realizada en el foro El Refugio del Juglar.

A comienzos de este noviembre el foro El refugio del Juglar inauguró una serie de actividades dedicadas a los temas de la muerte y la Revolución Mexicana, organizadas por Lourdes Esquivel y Sergio Julián Monreal Vázquez, y emprendidas por alumnos del Cedart Miguel Bernal Jiménez.
En la apertura del programa, Monreal Vázquez ofreció como punto de partida una charla que abordó los alcances y perspectivas de la Novela de la Revolución, así como reflexiones acerca del muralismo y, en el ámbito literario, de los movimientos que respondieron, continuaron o dejaron en puntos suspensivos la herencia que comienza con Mariano Azuela y concluye con José Revueltas.
Más allá de ese ámbito, la intervención del autor de La sombra de Pan, Crecerse al castigo, Caronte, La razón de los monstruos, Los ojos perdidos de Mirmidón y Las raíces del aire (entre otros títulos) se convirtió también en una revisión de las transiciones y reajustes que han conducido, desde hace unos cuarenta años, al desmantelamiento de los ideales y logros del México engendrado por la Revolución bajo el signo de un noviembre cuyas dos conmemoraciones principales (la Noche de Muertos y el aniversario del movimiento de 1910) se convierten en momentos singularmente significativos para los mexicanos en un momento en el que todos los contemporáneos “somos los hijos de la muerte de la Revolución Mexicana”.
A continuación, lo esencial de la charla que se extendió por poco más de una hora.

Crisis y reconfiguración
El autor comenzó señalando que los problemas de este país son más que el narcotráfico o la corrupción.
“Van más allá las cosas que están en juego, las que se están reacomodando en México; el hecho es que nadie sabe en este momento hacia qué desenlace nos conduce la situación en que vivimos. Podemos tener los más negros pronósticos. O los más esperanzadores. Pero el hecho es que nadie puede decir qué va a pasar con este país. No está dicha la última palabra, aunque tengamos un gobierno eminentemente empresarial, que gobierna para intereses muy específicos de este país.
“Esto motiva que mucha gente, simpatizante de la izquierda y de los pobres, diga: ¡uh! pues ¿ya qué caso tiene? Todo es una porquería, ya ganaron los malos, etcétera. Pero la historia no se mueve de esa manera. La historia se mueve a partir de factores muy diversos, entre los cuales figuran (y no como los menores) las tendencias históricas.
“Ahora bien: en este país hay una serie de tendencias históricas, entre las que figura la burguesía mexicana. Nos caigan mal, nos caigan bien, los envidiemos o los detestemos, la burguesía mexicana es una tendencia histórica y en este momento “está diciendo su palabra”, para usar los términos del caduco zapatismo. Y queda muy claro para dónde nos quiere llevar.
“Sin embargo, no hace falta ser un analista político ni ser amigo de Enrique Krauze o de Reyes Heroles para darnos cuenta de que este país, evidentemente, no está en control de la burguesía. De hecho, eso a veces da un poco más de pánico porque si el país estuviera bajo el control de los que podemos suponer que son “los malos”, ¡bueno!, por lo menos alguien tendría el control. En cambio, da la sensación de que en este país hay demasiadas fuerzas, demasiadas tendencias, demasiados protagonistas que todavía no manifiestan cuál va a ser su lugar en la nueva recomposición del país.
“Entonces, estamos asistiendo a una reconfiguración de este país. Y lo ideal sería que la mayor parte de los mexicanos pudiéramos colaborar de la manera más lúcida posible para que esa configuración sea soberana, y no fruto del accidente ni un Frankenstein de esos que acostumbramos hacer en Latinoamérica. Porque, lamentablemente, existe la posibilidad de que esta crisis en la que estamos metidos nos dé como resultado un Frankenstein. Si nos preguntamos: ¿y eso con qué tendrá que ver?, la respuesta es: con el mayor o menor grado de conciencia y de participación ciudadana que se involucre en la configuración de este nuevo país”.

Ciclos y horizonte
“Nuestro antecedente inmediato, incluso para quienes probablemente no guarden mayor memoria de eso, salvo lo que sus padres les han contado de cuando en este país gobernaba el PRI, es la descomposición del México de la Revolución Mexicana.
“El hecho es que hubo una serie de tendencias y configuraciones que adquirió este país, a partir del fenómeno de la Revolución Mexicana, las cuales gozaron de buena salud durante cincuenta años. Nosotros podemos decir que de 1920 a 1968 este país estuvo construyendo un determinado tipo de identidad y que al llegar a 1968 ese país no solamente ya estaba construido, sino que ya había agotado sus horizontes de posibilidad. Entonces, a partir de 1968 y hasta 1982, vino un largo proceso de reacomodo interno. Y para cuando llegó Miguel de La Madrid Hurtado a la Presidencia, comenzó en sí el largo proceso de desmantelamiento de todo lo que fue la estructura de la Revolución Mexicana.
“Nosotros podríamos preguntarnos: ¿Por qué aventarnos 14 años en ese proceso, que son los que median entre 1968 y 1982? En esos catorce años el PRI se estuvo debatiendo entre su apariencia dino y un contenido medio tecnocrático, que era el emergente y novedoso en su interior. La razón de esos casi quince años de transición es evidente: nadie puede cambiar de la noche a la mañana una estructura que tomó cincuenta años consolidar”.

Del país de los derechos
al país de las oportunidades
“Podemos resumir en unas pocas frases, aunque suene esquemático, lo que sucedió en 1968. En 1968 lo que ocurre es que las dos tendencias fundamentales de la Revolución Mexicana topan con su límite.
“Una de esas tendencias es (vamos a ponernos maniqueos y acartonados) la tendencia de Los Buenos, es decir: la de los que piensan en el bienestar de las mayorías, en la soberanía popular, en la soberanía nacional, en la democracia.
“Esta tendencia respondía a una parte significativa de la Revolución, que era la de generar garantías para el pueblo mexicano. Y hay que decir que eso se logró. Le podremos poner ochenta mil peros a eso: que el sistema educativo mexicano no sirve, que el sistema de salud no sirve. Sí. Pero se generó. Y ahí está. Y muchos de los que estamos aquí hemos vivido en menor o mayor medida de un sistema como el educativo, ya como estudiantes o como docentes. Formamos parte de una estructura que es inseparable de una visión de país que se construyó sobre esa base.
“Es decir, para el pensamiento del México de la Revolución, plasmado en la Constitución de 1917, los ciudadanos de este país tenemos una serie de derechos que es necesario garantizar. Y ahí es donde aparece una serie de instituciones públicas. La Secretaría de Educación Pública, la Secretaría de la Reforma Agraria, la Secretaría de Salud, la Universidad Nacional Autónoma de México... Estas conquistas son garantías, derechos: el derecho a la educación, el derecho a la vivienda, el derecho al trabajo... Son una serie de derechos que la Constitución considera como eso: como derechos. Lo que aparece en la Constitución es que nosotros tenemos derechos, tenemos garantías, no que tenemos oportunidades, como ocurre ahora. Hay un abismo enorme entre el concepto de los derechos y el concepto de la oportunidad. A muchos de ustedes les tocó nacer o adquirir conciencia de seres humanos en un país donde ya no había espacio para los derechos, sino en el que, a lo que más puede aspirar un mexicano, es a tener la oportunidad de trabajar o la oportunidad de educarse. Ya ustedes asistieron a un momento donde todas esas cosas habían topado con su límite”.

Utopía y límites
“Esta tendencia que estamos caracterizando y que estamos identificando con las tendencias mas populares del movimiento revolucionario, que son las encarnadas por Villa y Zapata en muchos sentidos, topan con su límite en 1968 por una razón muy sencilla: los militantes de toda esa tendencia histórica, sea dentro del gobierno o fuera de él, se dan cuenta en el 68 de que esas garantías ya no pueden avanzar más.
“Las gentes que hicieron la revolución en 1910 pudieron pensar muy utópicamente: dentro de cincuenta años no va a haber más pobres en este país, pero en 1968 tú sabías que siguiendo con esa estructura los pobres no iban a desaparecer nunca. Pero no sólo eso, sino que el garantizar de manera permanente e irrenunciable para todos los mexicanos estos derechos no era una garantía. Ya desde ahí se notó que a partir de los términos en que estaba redactada la Constitución de 1917 y una serie de condiciones alrededor de eso, no había garantías como tales. Es decir que todas las cosas que se habían logrado se podían llegar a perder.
“Obviamente, mucha gente puso el grito en el cielo o se burló de esas cosas en el 68. Oye ¿cómo se va a perder el derecho al trabajo o el derecho a la jubilación? ¿Cómo va a desaparecer el ISSSTE? ¿Cómo van a desaparecer las prerrogativas de los trabajadores sindicalizados? No sean alarmistas, ¡no sean escandalosos!
“Bueno, ustedes sabrán que eso, en el mundo de hoy, no es alarmismo: es la realidad. Obviamente no es una realidad sencilla. En un fenómeno como la desaparición de Luz y Fuerza del Centro aparecen involucrados muchos temas. Y nosotros como mexicanos con mínimo sentido crítico y sentido común, tenemos que ubicarnos. Yo he escuchado a mucha gente decir: Es que daba muy mal servicio. Ok, pero no pienses que por eso la desaparecieron. No pienses que el desmantelamiento de esta institución obedece a que consideraron a la pobre gente que no tiene luz, que paga mucho y a la que le dan muy mal servicio. Evidentemente ese no es el objetivo.
Y quienes dicen: Aunque no lo hayan hecho por mí, pero qué bueno que lo hicieron, bueno… esos simplemente se están haciendo cómplices de algo que, en el fondo, no entienden”.

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“Noviembre es el mes de la muerte y, al mismo tiempo, el mes de la Revolución. En este 2009, a un año de conmemorar el centenario de la Revolución, esta doble significación se vuelve esencial para nosotros como mexicanos por una razón muy concreta: todos somos hijos de la muerte de la revolución mexicana”.

En manos de la IP
“El hecho es, entonces, que a nosotros nos toca nacer (y a los viejos no sólo nos toca nacer, sino crecer y asistir de manera amplia) a todo el proceso de desmoronamiento, de desmantelamiento, es decir, de clausura del México de la Revolución mexicana.
“La llegada de Vicente Fox a la presidencia no fue más que el último colofón. Cuando aparece Fox en escena y toma la banda presidencial, en ese momento ya es lo único que faltaba. Decir ¡Chin!, es que aquí se muere el México de la Revolución, no. El México de la Revolución ya llevaba mucho rato muerto. Primero a partir de su validez y de su vigencia histórica, y luego a partir de su realidad operativa.
“Debemos comprender que este es un país que tiene un gobierno netamente empresarial desde 1982. Los empresarios tomaron el control de este país desde ese momento y estamos hablando de más de veinte años. Es decir, quien directamente gobierna este país desde hace un cuarto de siglo es la clase empresarial.
“Entonces, cuando la clase empresarial, sobre todo en los momentos electorales, se posiciona ante nosotros diciendo No somos políticos, somos Iniciativa Privada, en vez de que pudiéramos responder: Ah, qué padre, mi alma descansa, más bien tenemos que decir No manchen ¿cuál Iniciativa Privada? porque ellos son realmente los responsables de la orientación que ha llevado el país.
“Ciertamente existe toda una estructura institucional envenenada, pero nos equivocaríamos si pensamos que los políticos como tales son los verdaderos beneficiarios del poder. Esto generalmente se nos va de las manos. Por ejemplo, cuando ocurrió lo de Salinas de Gortari la gente decía: Que regrese Salinas y que regrese lo que se robó, que era un bonito chiste y toda la gente se reía. Pero la verdad es que Salinas no fue el gran beneficiario económico de su sexenio. Él era un empleado.
“Uno se pregunta: Bueno, si tanto se robó y era el hombre más poderoso de México, ¿por qué no figura en la lista de los más poderosos de México? ¿Es que tiene mucha influencia y por eso no lo anotan en las listas? No. Simplemente porque no lo es. El trabajaba para otros.
“Y claro, eso no lo exime de sus culpas y de sus responsabilidades, ni podemos compadecerlo y decir ay, pobrecito Salinas, perdónalo. No. Dios lo tenga a fuego lento desde ahorita y peor cuando se lo lleve. Pero, entonces, lo que vemos es eso: nos tocó nacer en las postrimerías de un México. Y entre los muchos temas necesarios de debate, de análisis, de crítica y de comentario, que se plantean en el horizonte del año que viene está el de qué pasó con el arte en ese contexto. Cómo dialogó la experiencia estética en general y la literaria en particular, con todos estos fenómenos de los que estamos hablando”.

Arte, diálogo y realidad
“Notaremos que al gremio artístico siempre se le ha caracterizado por ser como de izquierda: crítico, revoltoso. Pero, finalmente, eso termina por ser un mote totalmente insustancial en la perspectiva. Realmente qué significa eso. ¿Quiere decir que debemos hacer arte político, o no… o sí pero cómo y hasta qué punto? ¿Y eso significa sacrificar mi obra? ¿Cómo le hicieron otros antes? ¿O el arte no es de este mundo, vive en la torre de marfil y si lo contaminas de realidad se ensucia? Estas son preguntas que nos mueven el tapete, porque el arte está aquí para dialogar con la realidad, pero hasta qué punto se traiciona cuando dialoga de maneta demasiado frontal con ella.
“Y me parece que en el contexto de nuestro país hay pistas, un mínimo conjunto de mapas que no te resumen la realidad pero al menos te dan herramientas para empezar a dialogar con ella.
“No estamos tan perdidos. De pronto nos sentimos absolutamente perdidos y suponemos que estamos inventando el hilo negro, y volvemos a tropezarnos con piedras con las que se han tropezado gentes ochenta mil veces antes. Y yo digo: bueno, si vamos a tropezarnos con las mismas piedras de otros, por lo menos seamos conscientes de que nos estamos tropezando con ellas. Sabes qué, es que a mí me gusta esta piedra y me quiero tropezar con ella y quiero ver mi caída, ya no quiero ver la del otro. Eso está bien, pero el problema es que esto se torna totalmente inconsciente. Y si tuviéramos una mínima perspectiva histórica desde el plano de la creación artística sería muy saludable para todos. No sólo para la gente que se dedica al arte, sino para el propio país en su conjunto, porque cuando empiezas a observar la manera en que el trabajo artístico dialogó con la Revolución, te das cuenta de que muchos de los enfoques más lúcidos, más críticos y más constructivos, los generó precisamente la actividad artística.
“Hay quien dice: El arte no transforma la vida, nunca la ha transformado ¿a poco le da de comer a los pobres? Bien: esa es una visión muy estúpida y muy limitada de lo que es la realidad. No. Yo soy un convencido de que el arte es esencialmente necesario para el ser humano. Y habrá quien cuestione: Oye, pero la gente no lee. Ah, bueno; pero como le digo a mis alumnos de bachillerato: Para que ustedes se puedan mandar sus cuaternarios mensajes por celular, créanme que necesitamos de la existencia del lenguaje. Alguno de ellos me ha respondido: Pero es que con esto me basta y yo procuro hacerle ver que no, que para construir el celular que tiene en la mano, por ejemplo, necesitamos una articulación discursiva mucho más compleja que TQM. Si no, no se puede construir.
“Se necesitan formas más elaboradas del lenguaje. El lenguaje es esencial y necesario. Aun mas, el lenguaje está vivo y la matriz del lenguaje es la poesía. Esto no es orgullo de poeta, simplemente es así. La primera palabra que se pronunció fue poesía, porque fue la expresión de la relación sensible de un ser humano o de un conjunto de seres humanos con la realidad, expresada a través de un significado abstracto en una cosa que se llamaba lenguaje”.

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Lo que aparece en la Constitución es que nosotros tenemos derechos, tenemos garantías, no que tenemos oportunidades, como ocurre ahora. Hay un abismo enorme entre el concepto de los derechos y el concepto de la oportunidad.

Revolución, muralismo y novela
“Para entrar con un poco de tiento en estos terrenos, es útil tomar como punto de partida los dos fenómenos estéticos más emblemáticos de la Revolución Mexicana: la novela de la Revolución y el Muralismo. Ambos hablan, tanto de la Revolución Mexicana como del México que emergió de ella, aunque también guardan diferencias entre sí.
“El muralismo es un poco más amplio en perspectiva porque los muralistas, con Diego Rivera como caso emblemático, se remontan al universo indígena. Los muralistas se preguntan qué es el México que acaba de renacer, luego de haber sido uno con el Porfiriato y de reconstituirse a sí mismo con la Revolución. Entonces estos artistas comienzan a pensar en México y a decir: México es el pasado indígena y los héroes de la Independencia y la Reforma. Es decir, comienzan a formular una toma de posición, porque evidentemente México también es Iturbide y Victoriano Huerta, pero los muralistas toman partido: consideran que el México con el que tienen que ver, el que les interesa prolongar y festejar y honrar es este.
“Sobre esa base los muralistas se vuelven un poco maniqueos, hay que decirlo, porque entonces en los murales, exceptuando el caso de Orozco, que se permite mayor lucidez, Hernán Cortés es malo y la Malinche es buena. Pero cuando tú haces una mínima lectura objetiva histórica, te das cuenta de que ahí no hay ni buenos ni malos; simplemente hay seres humanos reales operando a partir de su circunstancia. Ahora, de que Hernán Cortés tiene su dosis de ojetismo, por supuesto que la tiene y nadie tiene por qué negarla. Pero evidentemente ahí tenemos que ajustar las malas cuentas con nuestra conciencia porque tenemos un problema que es incluso freudiano. Y es que Hernán Cortés es nuestro padre. Y ustedes saben que las relaciones con el padre son tremendamente conflictivas. De modo que en Cortés no estamos viendo solamente al conquistador que vino y aniquiló a los indígenas, sino a nuestro padre, así como la Malinche es nuestra madre. Y ustedes saben que para los mexicanos “mi mamá” es una virgen. Es purísima, es intocable. Cada uno de nosotros somos, sobre todo, un hijo de nuestra mamá. Entonces, ahí hay una relación muy disfuncional”.

Épica y muralismo
“La épica es uno de los grandes géneros de la antigüedad. ¿En qué consistía? En cantar. Pero en cantar no cualquier cosa, sino una historia importante que definía el sentido de una colectividad humana, y que además lo definía de una manera afirmativa.
“La epopeya puede contener momentos trágicos. De hecho, la epopeya emblemática es La Iliada, y obviamente lo que está pasando allí es una tragedia. Todo lo que desencadena la cólera de Aquiles es una tragedia. Sin embargo esa obra es una epopeya. Es un canto. Estás cantando las gestas de los héroes. Y las cantas con orgullo. Las cantas con confianza. Las cantas con alegría.
“El muralismo cumplió de alguna manera esa función. ¿Y qué es lo que canta? Está orgulloso de la Revolución. Vayan a ver los murales; están diciendo: estamos orgullosos de ser mexicanos. Y en ellos, además, a los malos los encontramos siempre en las sombras y vencidos, de modo que los que están robando, los asesinos… Victoriano Huerta, los inquisidores, aparecen en las esquinas. Los vemos, a lo más, conspirando. ¿Y por qué conspiran? Porque el pueblo mexicano está triunfando y los pobres, los campesinos, los obreros, los artistas y los grandes héroes están como en una comunión, manifiestan estamos felices porque logramos construir un México nuevo.
“Y hay que decir que los muralistas tienen razón. Es decir: ese México que nos costó un millón de muertos entre 1910 y 1920, es un México que tiene muchas cosas dignas de ser cantadas. Nos agarramos los mexicanos a chingadazos de la manera más despiadada, como acostumbramos hacerlo, y al final fue como los amigos que cuando se van a sacar el mole empiezan dándose picones, muy bravucones: ¡Qué! ¡Pues qué! ¡Y órale! ¡Sopas! Pero terminan los dos sangrantes y abrazados, compartiendo una cerveza y celebrando: Es que nuestra amistad es más fuerte, más perdurable y más grande. Es decir, unos amigos que no se madrean, no terminan de ser amigos.
“Entonces, la Revolución mexicana fue nuestra madriza. Nos sacamos la sangre, nos hicimos un montonal de muertos, pero al final pudimos decir: bueno, aquí está el país que fuimos capaces de construir. Hay cosas que logramos ver colectivamente y otras que no, había muchos intereses encontrados.
“Pero es que la Revolución mexicana, finalmente, no fue de buenos y malos. La Revolución no existiría sin todos los protagonistas. Si alguien pensara: Es que habría sido maravilloso si sólo hubiera estado Zapata y no Carranza, porque Carranza era terrateniente y estaba pensando en los privilegios de clase, pues sí, pero si Carranza no hubiera estado en la Revolución, no habría habido Constitución. Podría tener muy buenas ideas el maestro Zapata, pero le faltaba la visión constitucionalista para pensar una ley general que asentara estas aspiraciones de igualdad y justicia y que les diera un camino legal”.

Héroes de luz y sombra
“Todos los héroes tienen sus espacios de luz y de sombra. Ahí está la sombra de Villa. Villa es probablemente el más entrañable y carismático de los héroes de la Revolución, pero créanme: Si alguna vez ustedes leen o releen El águila y la Serpiente, de Martín Luis Guzmán, verán el pasaje en el que Luis Guzmán afirma que si tú te sentabas junto a Villa sentías que estabas junto a un jaguar que en cualquier momento se te podía lanzar al cuello y tirarte el zarpazo. Y tú puedes pensar: Ah, pinche discriminador. Lo ves como animal porque tú eras un intelectual y eras de derecha. Pero no. Es objetividad narrativa. Y es difícil ser más villista de lo que era Martín Luis Guzmán. Lo que él decía es: Yo le tengo pánico a Villa, pero sé que dentro de todo el desmadre que es esta revolución, donde está el más genuino afán de justicia es con este señor. Y a riesgo de mi vida y a riesgo de mi integridad, yo vengo aquí a sentarme con él.
“Por eso las revoluciones son tremendamente complicadas”.

Entre Orozco y Diego
“Entonces, decíamos, aparece este juego de luces y sombras, y el muralismo opta intencionadamente por la luz. Vean la inmensa mayoría de los murales y verán que los murales son celebratorios. El único prietito en el arroz es Orozco. Ante muchos de sus murales dices ¿No podrías hacerme estampitas más entendibles como las de Diego? Porque veo los murales de Diego y a todo le entiendo.
“Váyanse a ver El hombre en llamas del Hospicio Cabañas y dices: ¿Qué coño me está diciendo Orozco? ¿Este es uno de los grandes murales de la Revolución? ¿Y qué es? ¿El Pípila que se está aventando de…? Pero no, porque el Pípila es de la Independencia, no de la Revolución. Entonces ¿qué es el Hombre en llamas? ¿Por qué Orozco me pinta un Prometeo? O cuando pinta a Cortés y a la Malinche. Tú dices: Oye, pero es que allí no se ve que sean malos, sólo me pones a un hombre y a una mujer encuerados. Pero eso sí, te dan la sensación como de padre universal y de madre universal. De esta manera, en muchos momentos, Orozco se vuelve tremendamente hermético.
“Por el contrario, es muy difícil ver un mural de Diego Rivera y no entenderlo. Es muy claro: mira, aquí están los indígenas en su mercado, poniendo sus cosas para la vendimia. Eso no le resta valor a Diego. Diego es maravilloso en esta forma de construcción, de concepción. Uno se siente a toda madre en los murales de Diego Rivera porque siente no solamente que el mexicano tiene lugar en su país sino que el mexicano, en tanto ser humano, tiene lugar en el cosmos. Y eso es alucinante. Uno ve a los indígenas en su mercado y se siente como una algarabía en la tonalidad de las pieles, en los colores. Hay un equilibrio cósmico. No es que los murales de Diego tengan un equilibrio formal renacentista. No es que simplemente se halla inspirado en frescos como los que hizo Miguel Ángel. Es algo mucho más profundo. Diego es renacentista, pero no por copiar a Miguel Ángel, sino porque él siente una plenitud o por lo menos una inminencia de plenitud muy similar a la del renacimiento. Y eso es lo que uno ve en los murales de Diego. Así que cuando vayan a la ciudad de México, a Palacio Nacional, véanlos y disfrútenlos.
“Claro, en estos momentos, a como está el país, uno puede ver los murales de Rivera y más bien terminar llorando porque ¿cuál armonía? Está padre tu sueño, Diego, pero tu perspectiva queda finalmente como una utopía irrealizable. Pero finalmente ese es el tono que va a ir adquiriendo en lo general el muralismo, especialmente con Diego y Siqueiros. Es una visión afirmativa. El bien, o lo que suponemos el bien, está triunfando o está en condiciones de triunfar”.

De Zalce a Palacio Clavijero
“Nosotros tenemos en Michoacán a una justificada Vaca Sagrada, pero a la cual hay que matizar. Se trata de Alfredo Zalce. No todos los murales de Zalce son grandes obras de arte, pueden ser grandes obras técnicas. Más adelante hablaremos del otro mural, ya que hay dos murales suyos en el Palacio de Gobierno, en Morelia. Uno es el mural de La historia de Morelia, que en lo personal es mi favorito, y el otro, enfrente, es el que se dedica a tradiciones y costumbres de Michoacán. Véanlo: ese parece que lo pintó para patrocinar a la Secretaría de Turismo. Como Michoacán, no hay dos. Todo es padrísimo, con gente trabajadora. Y como se ve que estaba influido por los muralistas rusos, les pone un cuerpo de bailarinas rusas a las indígenas purépechas alucinantes, todos estilizados y largos. Y sí se ve muy bonito, pero también se ve que es una armonía artificial. Se nota que es un mural de personajes posando para la foto: ¡Qué lindo es Michoacán! Por lo tanto, la mirada poética es muy limitada en ese mural. Lo que sí no le podemos poner objeción es a su técnica pictórica. Temáticamente es muy chato y superficial, pero es extraordinario en el manejo del color, de la luz y de la forma. Cosa que otros no tienen. No me acuerdo cómo se llama el que pintó el espantoso mural del Ex Palacio de Justicia, el del Morelos entre llamas. Y la gente, bueno, dice “es que tengo que ver todos los murales de Morelia” y va y se planta igual ante los de Zalce, ante los de Fermín Revueltas en San Nicolás y ante ese. Y se nota un abismo enorme. Y ya no digamos el bodrio del Palacio Clavijero, ante el cual dices es que aquí ya se perdió absolutamente todo. Cada nuevo mural que se pinta en un edificio público da muestra de hasta qué punto el muralismo está muerto y de que lleva cuarenta o cincuenta años muerto. Ya se agotó, ya se canceló, ya cerró su ciclo”.

La visión afirmativa
“Entonces, en el muralismo hay esa visión afirmativa. Y hasta cierto punto está justificada. Uno no les puede reprochar a los muralistas que se sintieran contentos por el triunfo de la Revolución. Y obviamente eso de pronto te genera desconfianza porque es lo mismo que decía el PRI, que hablaba de nuestros héroes que nos dieron patria, libertad y justicia y de un México de derechos, de apego a la ley y progreso. Y tú puedes decir: Eso ya está caduco. Sí, pero tengan en cuenta que hubo un tiempo en el que no lo estuvo. Imagínense a un gobierno que generó algo como la universidad nacional. Le podemos poner ochenta mil peros a la UNAM, pero yo creo que no hay mexicano con mínimo sentido crítico y autocrítico que no se sentiría orgulloso de ser Puma. Y no me refiero al equipo de futbol.
“Yo creo que si un michoacano que esté en perspectiva estudiantil no ha sentido el gusanito de ser nicolaita, algo le falta en su formación. Y eso no significa que endioses a la Universidad. Pero hasta yo, que no cursé carrera universitaria alguna, cuando ando caminando por CU sí me ganan esas como ráfagas de decirme es que sí ha de ser bien padre ser nicolaita y hacer vida académica y ser parte de esto. Y dirán: pero si es sólo el SUEUM y el SPUM, y las huelgas, y que no se definen los programas y que descertifican a la facultad de medicina. Sí, pero hay algo allí, especial. No es lo mismo ser del Tec de Monterrey que ser de la Universidad Michoacana. Y habrá quien diga que es mejor el Tec. A lo mejor, en cuanto a calidad técnica formativa. Pero el sentido público, es decir, el saber que esto lo construyeron los michoacanos para los michoacanos, es prerrogativa de la Universidad Pública. Y el Tec, por más que diga que hay un compromiso público, eso, finalmente, en la Iniciativa Privada, es un compromiso opcional. La iniciativa privada no está obligada a ese compromiso. Y habrá quien opine: Ah, así está mejor, son buena onda. Sí, pero créeme que en cuanto dejen de ser negocio, desaparecen esos compromisos. Y por eso los departamentos o las áreas de humanidades aparecen y desaparecen. ¿Y orientados por qué? Por el interés privado”.

Optimismo, pesimismo y estupidez
“Por el otro lado tenemos al radical opuesto que es la novela de la Revolución, que tiene una visión total y completamente trágica. Muchas veces se dice que es pesimista y que el muralismo es optimista. Yo creo que no. Pienso que cuando el muralismo se vuelve optimista se vuelve medio idiota. Cuando está cantando con plena lucidez y considera que allí hay cosas que vale la pena cantar, no se puede considerar que es optimista.
“Porque el optimismo, finalmente, es estar contento sin ver la realidad. Yo creo que vamos a ser felices. No sé por qué, pero lo creo. No se sustenta en nada. Igual es en el pesimismo. Se asume a priori que las cosas van a estar bien o a estar mal. Y la mirada de los muralistas en sus mayores momentos de lucidez épica tiene una fuerte dosis de inocencia, pero una inocencia que no es bruta, que no es estúpida, que no está obnubilada. Es como la inocencia festiva de los niños. Los mexicanos teníamos derecho… todavía tenemos derecho, pese a lo traumático que es acudir últimamente a los 15 de septiembre, de estar en la plaza gritando Viva México. El gritar con orgullo que somos mexicanos no es el problema. El problema es que eso ya se asoció a una estupidez absoluta, que es la de afirmar a ciegas que Viva México porque México es cien por ciento chingón, que Como México no hay dos y que como la solidaridad michoacana no hay otra en el mundo. Entonces, ¿no hay croatas solidarios en el mundo? ¿Podemos medir los grados de solidaridad y no hay croata que sea más solidario que un michoacano? Eso es una idiotez. Y por ese lado, se llega al fascismo.
“Cuando tú empiezas a ponderar acríticamente, diciendo que México es bien chingón porque a puritita fuerza de voluntad vamos a lograr quién sabe qué, vas directito al fascismo”.

La amenaza del fascismo
“Dice Robert Mussil en relación al nazismo: El nazismo tiene en sus fenómenos de base, es decir, en la gente de los pueblos (él habla sobre todo de los pueblos de la región de Baviera, de ambiente más bien rural) un componente tremendamente simpático, es la gente que está orgullosa de su patria chica. ‘Es que mi pueblo es bien chingón’. Y ese orgullo es con el que uno simpatiza. El problema es cuando no te das cuenta que ese orgullo tienen el mismo derecho de tenerlo los pueblos vecinos, o los de países y continentes vecinos.
“Y ese es un problema tremendamente grave porque, finalmente, ese aspecto tan simpático y pintoresco de ciertas regiones de Alemania fue el caldo de cultivo que permitió el florecimiento del fascismo en el que se sustenta el pensamiento nazi.
“Era algo que parecía tremendamente inofensivo. Y sobre esta base de Como México no hay dos o Mexicano cien por ciento chingón, o te lo tomas a la ligera y te ríes de ti mismo al decirlo, o empiezas a preocuparte. Y cuando vez que esa forma de pensar, hueca y estúpida, gana las elecciones, empieza a dar miedo. Porque superficialmente hay quien dice Ah, qué padre, es la recuperación de nuestra conciencia como mexicanos. Pero no es cierto. Yo no quiero ni pensarlo. Lo que ves es un lenguaje casi tribal: Yo, México: Chingón; fuerte… y ahí tenemos a la ciudad llena de gorilas.

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El cine y los últimos
coletazos de la épica

“Pero este no es el caso del muralismo. Tiene una elevada dosis afirmativa, pero ha sido optimista con los ojos abiertos. Y todos nosotros hemos sido optimistas con los ojos abiertos. Somos una punta de sentimentaloides, los mexicanos. Vamos a una comunidad indígena y vemos niños corriendo descalzos y se nos llenan los ojos de lágrimas. Es que esto es chingonsísimo, maravilloso. Somos una porquería en la ciudad. ¿Por qué este país está tan triste y tan deprimido si tenemos estas cosas tan maravillosas? Así que hay muchos momentos en que sentimos que esta vena afirmativa del orgullo patrio está sustentada y no es un formulismo institucional. Eso se rescata en los grandes momentos épicos del muralismo y del cine de la revolución.
“Porque más cándido que el muralismo, sólo el cine de la Revolución. Si ves el cine del Indio Fernández, claro, hoy te pasas la mayor parte del tiempo riéndote. Pero con todo y esa risa autocrítica, hay momentos en que no puedes dejar de sentirte sentimentalmente aludido, y con un sentimiento que no es superficial, sino profundo.
“Cada quien tendrá su repertorio, pero yo tengo como una de mis películas favoritas a Pueblerina, con Columba Domínguez y Roberto Cañedo. Al personaje de Columba le ha pasado de todo: la violaron los caciques, le encerraron al marido, ha mantenido a su hijo, es despreciada por todo el pueblo. Y entonces, cuando su marido regresa ella no quiere hablar con él porque piensa que es impura, que no merece mirarlo a los ojos. Finalmente el otro anda ahí medio rogándole. Y lo único que hace es que un día es llegar a su casa y se lleva su ropa.
“Entonces, hay una escena en la que el Indio filma a Columba bajando entre las tierras de labranza mientras Roberto Cañedo está debajo de un árbol cantando Dos arbolitos, únicamente con su guitarra, y viene Columba Domínguez bajando con la ropa.
“Yo no puedo decirles por qué, pero para mí eso es México. Y está maravillosamente filmada. Y hay quien la puede cuestionar y decir: es que es convencional, es que es machista ¿cómo que la mujer le lleva la ropa al hombre? Pues yo no sé, pero es chingona, es maravillosa esa escena. Hay un aliento allí… y el Indio Fernández se pintaba solo para la épica.
“Cuando tú vez a Pedro Armendáriz, que entre paréntesis era pésimo actor, vestido de Pancho Villa y montado a caballo dices ¡A güevo! ¡Viva México! Cómo no. Claro, ahí ya está palideciendo porque son los años cincuenta, pero todavía el cine mexicano alcanza a reivindicar legítimamente esa mirada épica de la Revolución”.

La mirada crítica
“La contraparte de todo esto es la novela de la Revolución. Los novelistas de la Revolución, muchos de ellos protagonistas del movimiento revolucionario, vieron lo que era ese movimiento y sobre todo acentuaron las líneas oscuras. Es decir: Aquí no hay nada qué celebrar, porque han conocido toda la parte oscura de la Revolución y hay una mirada tremendamente amarga. De hecho, cuando se consienten los momentos orgullosos, se vuelven más tristes todavía.
“En Vámonos con Pancho Villa, de Muñoz, es terrible, porque hay momentos maravillosos de afirmación de los villistas, que en contraste con todo el destino trágico de los protagonistas hacen que al final todo se sienta más terrible. Entonces, por contraste, la novela de la Revolución va a tener esa mirada tremendamente crítica”.

Una propuesta de arco

“Ahorita hablamos sobre todo de obras que hablan de manera directa de la Revolución Mexicana, quién peleó, cómo peleó, qué logró, qué no logró… Pero, ¿qué pasa después con el arte y con la literatura particularmente en México? Yo pienso que lo que en los libros de texto se nos presenta como la novela de la Revolución no es toda la novela de la Revolución. Uno de los planteamientos que pretendo formular un día en algún espacio pertinente para eso, es que se analice como novela de la Revolución desde Mariano Azuela hasta José Revueltas, porque sus novelas, aún aquellas que parece que no hablan de la Revolución, están hablando del México que emergió de la Revolución y nos están ayudando a entenderla.
Hay un enorme conjunto novelístico que nos cuenta varias cosas: cuáles fueron las condiciones que permitieron la explosión de la Revolución Mexicana, cómo fue la Revolución Mexicana como movimiento armado y después cómo fue el país el país que se construyó sobre eso. Y en este sentido nosotros llegamos hasta Carlos Fuentes, que para mí es un novelista de la Revolución. Lo es en La región más transparente, no porque describa la Batalla de Celaya, sino porque te está diciendo cómo se organizó, es decir, a qué dio lugar ese México. Y te ayuda a entender de dónde salió la burguesía mexicana, qué pasó con los héroes, cómo se construyeron las instituciones. Realmente, lo que está contando Carlos Fuentes en sus novelas más importantes es el nacimiento de la burguesía mexicana, que es la otra tendencia histórica importantísima de la Revolución”.

Burguesía y transición
“Para entender esto debemos comprender que antes de la Revolución Mexicana no hay burguesía en este país; hay terratenientes, pero ellos ya no son burgueses y para entenderlo hay que ponernos marxistas porque, aunque ya no esté de moda, hay ideas de Marx que aún valen científicamente.
“Marx hablaba de que la burguesía no son los ricos como los de la colonia Chapultepec, aunque uno diga es que este es bien burgués… y es gerente de la Comercial. Y no. Eso no es ser burgués. A estas alturas, ni siquiera el dueño de la Comercial es burgués.
“Los burgueses son los dueños de los medios de producción, y el hecho es que ya en los tiempos del porfiriato el medio de producción ya no era la tierra, sino las máquinas. ¿Cuál es el gran emblema burgués del siglo XIX? El ferrocarril. ¿Y en manos de quién está el ferrocarril en el México del siglo XIX? Pues en manos de puros extranjeros. No hay burguesía mexicana. No hay mexicanos que sean dueños de los medios de producción.
“Y la Revolución Mexicana opera una cosa muy curiosa. Nosotros asumimos, desde una línea marxista, que las revoluciones se hacen para tirar a la burguesía, pero la Revolución Mexicana no se hizo para tirar a la burguesía. Entre otras cosas, la Revolución Mexicana construyó a la burguesía.
“La burguesía que tanto se queja de la Revolución y del aparato institucional emanado de la revolución, es obra de ella y de él. Y sigue siendo obra de ella y de él, porque cada vez que la IP hace un desastre como el fraude carretero, el fraude azucarero, el Fobaproa y el IPAB ¿quién viene a sacarla del hoyo? Pues el Estado Mexicano. De modo que en este sentido la clase empresarial mexicana ha sido tremendamente parasitaria en este país. Navega con el discurso de que nosotros hemos engrandecido a México a partir del esfuerzo y el trabajo de hombres que con su visión particular han ensanchado al país y debemos seguir en esta línea. Y todo esto es, evidentemente, un fruto de la Revolución Mexicana: una clase mexicana burguesa que está en condiciones de asumir las riendas de este país desde esa perspectiva. Y fue un proceso largo. Se tomó cincuenta años en consolidarse la burguesía mexicana.
“Entre otras razones, por qué ocurre el movimiento del 68. Es un momento en el que la burguesía mexicana dice: ¿sabes qué, Estado Mexicano? Gracias, pero ya no te necesito. Ya puedo gobernar este país yo sola. El problema, evidentemente, es que el Estado Mexicano estaba allí, ya instalado, y era imposible que las cosas fueran tan fáciles como para decirle pues gracias por tus servicios y órale: vete. Así que a partir de allí comienza el otro proceso, que es el de mirar al Estado Mexicano y decir bueno ¿y ahora cómo desarmamos esta cosota?, ¿cómo desarmamos toda esta estructura que, de todos modos, nos fue de mucha utilidad? Y todo esto, toda la visión de esta parte aparece allí, en la novela de la Revolución”.

Entre los dos extremos
“Hay gente que comienza a leer novela de la Revolución y se deprime y mejor la deja porque es durísima. No es melodramática, es pura tragedia. Es esta conciencia dolorosa, para la cual, entre más me duele, más entiendo. Esa es la enseñanza brutal de la novela de la Revolución.
“Y ahora la pregunta sería cómo le hacemos, porque lo que estoy planteando es una situación netamente trágica. Tenemos de un lado el canto afirmativo, pero si yo persisto en él me conduce a la idiotez, a la estupidez. Si yo sigo cantando qué bonito, voy a terminar en poemas como México, creo en ti, que no nos dicen nada, ni poética ni patrióticamente hablando.
“Estas novelas y películas celebratorias del orgullo mexicano, totalmente superficiales, no son alternativa. La otra tampoco, la de hundirse en la mirada oscura, porque así acaba uno suicidándose.
“La gran pregunta es cómo volvemos habitable esto ¿se puede? Porque cuando terminas de leer Muerte sin fin, de Gorostiza, o Pedro Páramo, de Rulfo, la pregunta es ¿y ahora qué? Es decir, esos autores nos dan una mirada lúcida de lo que es la condición humana, de lo que somos los mexicanos, de la disolución, de la muerte, etcétera… ¿y ahora qué sigue? Y dices “Me la dejaste complicada”. ¿Cómo termina Gorostiza su Muerte sin fin? Muy mexicanamente: si ya vimos que todo vale para pura chingada, ¡pues vámonos a la chingada!: Anda, putilla del rubor helado, anda, vámonos. Todo se derrumba, todo se pierde. Volteo a ver al hombre y el hombre se me deshace entre las manos.

Opción a la lucidez
Ese es uno de los planteamientos que he estado desarrollando. ¿Cómo le haces para evitar una claridad que o bien te aplasta o bien te idiotiza. Y entonces llega López Velarde y en Suave Patria dice: Suave patria, te otorgo de tu dicha la clave: sé siempre igual, fiel a tu espejo diario. Eso suena muy bonito, no cambies nunca, que México sea igualito siempre. Pero eso es terrible. México no puede permanecer así. Ni México ni nadie. Ningún ser humano. ¿Quieres permanecer igual durante treinta años? Vean lo que le pasó a María Félix, quien es una de las obras estéticas más acabadas del México de la Revolución. Se decía año tras año hasta los noventa: “María Félix es el rostro de México”. Y uno la veía y decía… me cae que sí, porque su rostro siguió envejeciendo. Y vean los discursos de los años cincuenta del PRI, que se siguieron usando hasta los años noventa. Y hasta hoy, cuando escuchas hablar al líder de la CTM, dices qué chistoso, porque es como escuchar rugir a un dinosaurio: ya no refiere a nada.
“Entonces, ante la disyuntiva de petrificarte por el lado de la depresión, o por el lado de la risa idiota, ¿cuál es la alternativa? Porque finalmente los humanos debemos habitar o plantear el horizonte de un espacio vivible, compartible. Y yo detecto en el ámbito literario y especialmente en la poesía, esa alternativa, esa vía. El que abre el camino es Ramón López Velarde. Su poema fundacional La suave patria tiene una lucidez poética y espiritual profunda, aunque la gente lo asuma como una especie de piropos al rebozo. No lo vamos a analizar aquí, pero podemos resumir su magia central.
“Cuando tú piensas la patria, sientes que te aplasta porque la piensas y se te aparece ante los ojos algo como el Ángel de la Independencia. Pensar la patria es pensar a Medusa. ¿Y qué pasa con Medusa? Que si la miras a los ojos, te petrifica. ¿Qué es México, cómo hablo de esto. Quien haya tratado de escribir poemas o de montar obras de teatro o hacer coreografías sobre el tema de México, sabed que salen unos panfletos infumables. Trato de hablar de la patria y me voy a la convención y no puedo romper. Y eso le pasa a muchísima gente.
“Por ejemplo, el Himno Nacional Mexicano es un repertorio de lugares comunes. Tiene un enorme valor espiritual, pero no tiene valores literarios ni poéticos. Es abominable como poesía. Funciona perfecto para ir a apoyar al Tri, porque es un himno guerrero, lleno de orgullo patriotero.
“En cambio, La suave patria es una cosa rarísima porque parece un poema de esas mismas características, pero apenas lo empiezas a examinar, se te va de las manos. No por intenso, no por fuerte. Por sutil. Tú no puedes aprehender a la patria de La suave patria. Cuando te dice: Suave patria, creeré en ti cada vez que una muchacha en este país estrene una blusa, y con su estreno todo el país quede lleno con el aroma de la estrella. Imagínense eso y sientan esos versos de López Velarde, dice que cada vez que una muchacha estrene una blusa y ese perfume aflore en ese lugar íntimo, yo sentiré que todo el país se llena con ese mismo aroma. López Velarde me habla de cosas profundamente íntimas que cobran una dimensión patria. Y todo lo que me dice López Velarde en ese poema es totalmente íntimo”.