La Adelita (Ingrid Linuet Nava Tovar) y el Valiente (Quetzalcóatl Rodríguez del Río) en Estampas.

Como parte de las dramaturgias michoacanas presentes dentro del ciclo de lecturas dramatizadas dedicado al bicentenario de la Independencia y al centenario de la Revolución, el Colectivo Artístico Morelia ha participado en el programa con Estampas (José Luis Rodríguez Ávalos, 1997), una obra híbrida que comparte índices del sociodrama y del sketch a partir de una serie de estampas que reflexionan sobre la palabra y la música como forjadoras de memoria, de costumbres, de identidad y de crítica.

El comparsa (José Luis Rodríguez Ávalos, también autor de la obra).

Todo entre tres
Con una pareja antitética y un comparsa, Estampas se erige sobre tres personajes: la Adelita (Ingrid Linuet Nava Tovar), el Valiente (Quetzalcóatl Rodríguez del Río) y el Comparsa (José Luis Rodríguez Ávalos).
Los dos primeros son convocados en el cuadro inicial por el comparsa en papel de pregonero, quien abre el espacio ritual de la puesta a partir del ludismo de la Lotería: ese juego construido a partes iguales de arquetipos y de azar, pero en el que esta vez aparecen además los retruécanos del ingenio popular.
Sin escenografía, los protagonistas sólo portan al pecho carteles que los identifican, “a la usanza del Teatro Campesino”, como detallaría previamente Rodríguez Ávalos.
Y aunque a lo largo de la puesta surcarán la obra diversos ejemplos de la canción popular, del corrido, del son y de la valona, tampoco hay algún predecible instrumento musical (la elección obvia habría sido una guitarra), sino apenas una subrepticia armónica que aparecerá fugazmente en uno o dos momentos, más ambientando que acompañando a alguna letra. Así pues, las canciones serán ofrecidas sin música, privilegiando la palabra y las cualidades de su fraseo natural.
La combinación de estos elementos construye una experiencia bien plantada en un costumbrismo que recrea modismos y usos, tanto existenciales y líricos, como políticos y culturales.
He aquí un teatro de estampas que, como describirá en algún momento la Adelita, “es algo así como retazos de historias que recuerdan hechos que pasaron, personajes, actos heroicos, un pueblo en lucha…”.
De este modo, respondiendo a los arquetipos de los que han sido extraídos, el Valiente se asume a sí mismo como “un hombre valeroso, bragado y entrón”. Sin embargo, en los hechos el personaje terminará revelándose como la encarnación del pensamiento más institucional y, en este sentido, conservador, pero sin perder los atributos del macho, parrandero y jugador, tan caros al prototipo nacional.
La Adelita, en cambio, será la manifestación de la conciencia popular más rebelde y contestataria. Aquella que constantemente pone en entredicho lo ya establecido y que no se conforma con la realidad tal cual (situación clara desde el siguiente diálogo en el que ella lleva la voz cuestionadora: “¿Dice que el pueblo mexicano no existe porque no sale en las fotos?”. “Fíjese bien: todo el mundo conoce a los mariachis y a los charros porque siempre estamos presentes a la hora de la foto”. “¿No será que nuestro pueblo hizo la independencia y la revolución en contra de los de las fotos?”. “¡Qué pasó, Adelita! ¿Aparte de peleonera va a salir revoltosa?”).
Desde este juego de caracteres en oposición, las discusiones y posturas de los personajes echarán a andar el anecdotario de canciones, refranes y apuntes a nuestra historia, con el comparsa dando voz a la letra de los temas que surcan el devenir nacional, desde los días de la independencia a nuestra época.

El director y fundador del Colectivo Artístico Morelia en la plática posterior a la función en el Colegio de San Nicolás.

México a través de su música popular
Son doscientos años de historia los que recorren las letras de canciones que integran Estampas.
La velada comenzará con una décima acerca del amor y con las estrofas del famoso A qué le tiras cuando sueñas, mexicano, de Chava Flores. Proseguirá dando un salto al pasado con el corrido postrevolucionario Juan sin tierra (cuyas líneas miran críticamente el destino del movimiento armado: “El general nos decía: ‘peleen con mucho valor / les vamos a dar parcela… cuando haya repartición’ / Gritó Emiliano Zapata: quiero tierra y libertad… / y el gobierno se reía cuando lo iban a enterrar. / Mi abuelo fue peón de hacienda, yo fui revolucionario, / mis hijos pusieron tienda y mi nieto es funcionario…”)
Seguirá una demostración de que el corrido, siempre asociado a la Revolución Mexicana, en realidad nació mucho antes, durante la Independencia. De ejemplo, un corrido insurgente que se hizo popular tras el heroico episodio en que las fuerzas de Morelos rompen el sitio de Cuautla y cuya estrofa final reza: “Por un cabo doy dos reales; / por un sargento, un tostón. / Por el General Morelos / doy todo mi corazón”.
Pero como el corrido no sólo se ha ocupado exclusivamente de las grandes épicas, sino también de narrar los diminutos dramas personales, también hay espacio para la rima de Juana Matamaridos: “Entre las diez y las once Juana se puso a pensar: / Voy a matar mi marido para salirme a pasear. / Luego que ya lo mató, se agachaba y le decía: / ‘Ya te moristes José, lucero del alma mía’. / Le trasculcaron la casa, como lo manda la ley. / Le hallaron una pistola y una navaja de muey. / Calle de la Palma Real, por qué estás tan espantosa: / Es que se ha muerto José y lo ha matado su esposa”.
Y es que, como dice el Valiente en algún momento, “No me puede negar que la canción mexicana contiene mucha verdad y hace retratos de la vida de nuestra patria”.
De ahí se pasará a la letra de la no menos famosa Adelita y a una sucesión de fragmentos que celebran entrañables excesos etílicos (“nuestro deporte nacional”) que en el imaginario musical mexicano pasan por ejemplo por la primera de siete estrofas de una humorística canción dedicada a la Semana Santa: “El lunes por la mañana, bastante malo me vi / fui a curarme a la cantina, se me pasó y la seguí”; por los desengaños amorosos como excusa para empinar el codo: “Yo me enamoré, ranchera; / tú no me quisiste amar. / ¡Ay, chirriones, ya quisiera! / Vale más irme a tomar” y por otro fragmento de Chava Flores: “La burocracia va a las 2 a la cantina, / todos los cuetes siempre empiezan a las dos” (en Sábado, Distrito Federal).
Habrá asimismo espacios para otros excesos de prosapia centenaria ( “La cucaracha, la cucaracha, ya no puede caminar, porque le falta, porque no tiene, marihuana qué fumar”).
El anecdotario de placeres mundanos exigirá volver una vez más, brevemente, a la dimensión de la querencia amorosa con fragmentos de Cielito lindo y de La piedrecita (“desde que la vi venir le avise a mi corazón que bonita piedrecita para darme un tropezón”).
Pero finalmente, el tema del corrido y de otras formas afines regresará a su entorno natural, que es el de los problemas del país. Por ejemplo los de un campo que “ya pasó a la historia porque ahora los negocios se hacen en la ciudad”.
Con este perfil, la función llegará a su recta final con temas alusivos, como el que reza: “La autopista es de agrarismo, / allá un cerrito se ve. / Son la vaca y el buey / de Secretaría de Turismo. / Al turista da lo mismo / si el campo no es de verdad. / Sólo busca novedad, / que le prendan el sol; / con un poquito de alcohol / se parece a la ciudad,” en los que se describe la miseria de un campo al que “nadie le echa la mano”.
Habrá cuestionamientos al proverbial colonizaje cultural que nos hace admirar las formas musicales pop y foráneas, en detrimento de lo popular, y la velada concluirá con una valona de nuestros días, emprendida al estilo y usanza de la región de Apatzingán, que nos instala en la actualidad con una letra elegante y aguda en sus ironías. El tema comienza, inmejorable: “Amigo vengo a decirle / que este gobierno tan gacho / hizo a este país vendible… / y no me guardó ni un cacho”. Concluye la letra, ominosa, pero realista y contundente: “La despedida es de a mil / y a ver a quién le conviene: / el chingadazo se viene, / yo ya tengo mi fusil”.

EN VIDEO

Algunos instantes de Estampas, de José Luis Rodríguez Ávalos

En honor del corrido
Lo primero que hay que decir de Estampas es que se trata de una dramaturgia muy disfrutable por su sabor carpero, de género chico, armada a su vez con el aire de un teatro contestatario como el del Teatro Campesino que había citado el autor al comienzo de la función, y genuinamente instalado en el nervio de lo popular (no sólo al darle voz a las expresiones de cómo el pueblo padece, soporta y se rebela contra lo injusto político-social, sino al expresar sus penas y alegrías más íntimas: las del amor o las del chínguere y la bravuconería.
En medio de todo esto, incluso son posibles guiños a la parateatralidad (el teatro dentro del teatro) con esos dos personajes continuamente conminados por el director a que cumplan aquello por lo cual han ido al escenario: a montar una obra de teatro que nunca veremos, convidados a compartir con los dos personajes, “tras bambalinas”, sus opiniones, corajes y pasiones más genuinas con una vis humorística deliciosa en la dramaturgia (“Es que yo no vine a hacerle al actor. Yo soy hombrecito, pa’ que lo sepa. Yo vine a cantar”. “Pues cántele, pues”. “¿Y qué canto?” “¡Oh, qué la canción! P’os ahi verá si llamamos a la Judicial para que de veras cante…”).
Este humor, absolutamente mexicano en sus infinitos juegos para el doble sentido, alcanza crestas notables (“¡Ah qué don valiente! –le cuestiona la Adelita a su acompañante en algún momento–; usted no tiene pelos en la lengua, ¿verdad?” Y el otro le replica, zalamero: “P’os porque usted no quiere…”, segundos antes de la sonora bofetada).
Pero lo esencial, en cuanto al discurso, es la revisión que se propone a la música popular y a las distintas variables del corrido, ese género que efectivamente nació en la independencia, pero que se popularizó con la Revolución. Esa forma no sólo musical, sino literaria y popular que derivó a lo largo del siglo XVIII del romance español para cumplir, ante todo, con un fin eminentemente informativo o, si se quiere, hasta noticioso, dando cuenta de las epopeyas y heroísmos o traiciones protagonizadas o padecidas por líderes, causas populares y movimientos sociales.

Palabra de autor
En breve entrevista al término de la función de Estampas en el Colegio de San Nicolás, José Luis Rodríguez Ávalos detalla:
“Esta obra la estrenamos en 1994, con Mariano Rodríguez muy joven aún… bueno, quiero decir, todavía es joven, pero entonces lo era más. Y en Uruapan, en la Universidad Don Vasco. Ante todo es una puesta que se ocupa de las cuartetas, la valona, la décima… estrofas de todo tipo, porque con eso uno puede dar un paseo por la historia nacional, tanto la antigua como la contemporánea. La idea era recuperar lo que la gente opinaba de los tiempos en que le tocó vivir, aquellos coincidentes con lo que ahora son el tema del centenario y del bicentenario”.
Acerca de la respuesta del público en esta nueva temporada de Estampas, indica: “Me preocupaba lo que pensaran los jóvenes. Me alegra haber descubierto que les ha gustado. Este circuito lo comenzamos en la Facultad de Derecho de la Universidad Michoacana y fue una muy buena función. Estuvieron presentes no sólo los alumnos, sino maestros y personal administrativo: secretarias y todo eso. Y hubo debate al final de la función. Se dio solito y a mí eso me entusiasmó mucho”
Otras funciones se realizaron en La Escuela de Letras, en el Liceo Michoacano y ha habido incluso una transmisión radiofónica (muy ad hoc) en Radio Nicolita.
“Hay gente que opina que Estampas deberíamos ofrecerla con música. Pero yo pienso que queda bien así, como está. Porque a fin de cuentas se trata de restituirle su lugar a la palabra, a la música interna, propia, que tiene por sí misma. Finalmente es poesía”.
Con unas diez dramaturgias en su haber, Rodríguez Ávalos señala: “Esta la escribí allá por 1990. Lo más reciente que he escrito son sketches, dedicados sobre todo a indagar en
el asunto del doble sentido y el albur, que aunque lo parezcan, no son lo mismo. Mi idea es llegar al albur, ese otro lenguaje para que la gente diga cosas y me ha funcionado bien con los muchachos, los chavos de ahora capturan el mundo de otro modo y esto les da opción de completar su lenguaje. Es del año pasado. Y le ha ido bien, pero se lo doy a otros a leerlo.
¿Lo primero que escribí? Creo que fue una pastorela, por 1984. ¡Ah, no! En 1974 escribí una obra para jóvenes: El sol se mete por allá, que pretende hablar sobre la guerra, entendiendo que sobre ella no se puede hablar, ya que es algo que sucede a pesar de uno. Son dos historias: una de ellas es la de unos novios que viven en la ciudad y reciben la noticia de que hay guerra y la ciudad será sitiada. Buscan a dónde escapar y se van a un cerro; desde allí ven cómo es destruida la ciudad. Con el sentido de cuestionar la manewra en que los medios masivos ni nos salvan ni nos comunican gran cosa, resolví esa última escena como una experiencia que se convierte en un espectáculo”.

RECURSOS EN LA WEB

La controvertida valona
Un texto de José Luis Rodríguez Ávalos que apareció originalmente en noviembre de 2007, en un ejemplar de Ventana Interior dedicado a la lírica popular mexicana. Pero esta versión on line está tomada de la página electrónica Tramoya2, donde se publicó en junio de 2008. El autor explica que el acercamiento a la estrofa conocida como espinela nos permite reconocer una gran cantidad de ritmos y sonoridades emparentados con su canto o recitación , en ningún caso como producto citadino, sino como parte de la cultura campesina representada por el mestizaje fisiológico y cultural , pues tampoco se encuentra dentro de las manifestaciones literarias ni musicales indígenas prácticamente en toda Iberoamérica.

Fandango llamó a Borondongo
Un breve pero ilustrador artículo sobre las raíces africanas de la voz “fandango”, escrito por el historiador y ensayista Fernando Iwasaki.

Un baile perseguido del siglo XVIII, un son y un juego infantil del XX: algunos textos de la jeringonza en México
Notable ensayo de Mariana Masera que, con el tema de la jeringonza, explora El son del panadero y sus múltiples variantes: una pieza perseguida por el clero novohispano, poco antes del estallido de la Independencia de México, a causa de sus “estrofas licenciosas”, que convocaban al pecado.


Como Judas tembló ante su crimen,
aquel crimen que al mundo asombró,
de un cobarde lo mismo repite,
otra historia que a otro hombre perdió.

Fue Guajardo el vil de los viles,
que no pudo en las luchas de honor
conquistar con aquellos fusiles
la existencia de un libertador.


La traición de Guajardo / Corrido anónimo (fragmento), en Corridos de la Revolución Mexicana. Selección de Jesús Romero Flores. Ediciones Encuadernables de El Nacional. México, 1941, p. 179-182.


Vista parcial de la disposición escénica para la lectura dramatizada Emiliano Zapata, de Contrapeso, en el foro El refugio del juglar.

Implacable, cruda, verista, la pieza en tres tiempos Emiliano Zapata (Mauricio Magdaleno Cardona, 1932) es un estudio de la traición, una crónica del desencanto y un retrato popular de lo que fue, en su momento, la bola suriana.
La obra figura dentro del programa de lecturas dramatizadas impulsado por la Secretaría de Cultura de Michoacán y el proyecto es acometido por la Asociación Teatral Contrapeso, en dirección de Roberto Briceño.
Se trata de una de las mejores propuestas del programa.

Dos intrigas
Nueve años se prolongó la gesta zapatista en México, a comienzos del siglo XX. La pieza Emiliano Zapata se concentra en los dos últimos, antesala de la muerte del líder agrarista. El trabajo explora las circunstancias y los motivos detrás de dos de las intrigas que rodearon al jefe revolucionario, la segunda de las cuales lo condujo fatídicamente a la hacienda de Chinameca. Pero el texto también se ocupa de registrar el espíritu, el pulso íntimo, tanto de los camaradas como de los antagonistas del caudillo.
Divididos en dos actos, los tres momentos de Emiliano Zapata se distribuyen entre 1917 y 1919.
En el primer tiempo vemos cómo, al seno del ejército suriano, los líderes de la bola cuestionan la lealtad del profesor Otilio Montaño, uno de los luchadores más veteranos del movimiento e integrante de la cúpula zapatista. Desilusionado por la violencia y la anarquía propias de toda guerra y en pos de soluciones diplomáticas, Montaño ha entrado en arriesgados tratos con el enemigo, colocándose al filo de la lealtad.
Entre el cariño que le guarda Zapata y los duros cuestionamientos de su propia gente, el general Montaño terminará por ser fusilado (tras el incidente de la revuelta en Buenavista de Cuéllar).
En el segundo tiempo, ubicado dos años más tarde, vemos cómo se desarrolla la emboscada planeada por el general Pablo González, la cual es emprendida por el muy joven y ambicioso general gonzalista José María Guajardo, a la sazón de apenas 27 años de edad, quien se gana la confianza de los revolucionarios y conduce a Zapata, ya cuarentón, al lugar de su sacrificio.
En el tercer tiempo, consumado el crimen, el general Guajardo celebra el éxito de su operación y sueña con los beneficios que espera recibir, absolutamente ciego al destino que le aguarda a él mismo (murió fusilado un año más tarde, luego de abandonar las filas de Carranza para declararle su lealtad a Álvaro Obregón).

Otro aspecto de la pieza. Al fondo, de pie, Justo Alberto Rodríguez en el papel de Emiliano Zapata.

Las estaciones de la deslealtad
El primer tiempo de la puesta cumple con envidiable agilidad los compromisos de presentar a los personajes, su circunstancia y de soltar el conflicto.
Han pasado siete años desde el comienzo de la Revolución y un grupo variopinto que incluye a Remedios, a Feliciano Palacios y a miembros de tropa y simpatizantes de la bola suriana, se reúne. Los zapatistas cuestionan la lealtad de Montaño, quien acaba de liberar a un grupo de presos, soldados del general Bárcenas, que iban a ser fusilados.
Todos desconfían del profesor, pero también saben del afecto que le profesa Zapata. No en balde, Montaño fue quien redactó el Plan de Ayala (el documento que le dio un definido contenido social a la Revolución Mexicana).
Los momentos más intensos de este primer tiempo se dan en el encuentro entre Zapata y Montaño, porque sus diálogos son un intercambio de matices que muestran el complejo escenario de la revolución.
“Quiero que cambiemos el atentado por el derecho”, aduce Montaño, para defender su decisión de liberar a los cautivos. Más tarde le pide a Zapata no ser cómplice de las ilegalidades de la bola (“¿Eran estos nuestros sueños de hace siete años?”).
Zapata le replica que es el precio de la guerra. Le espeta que tiene miedo y le echa en cara: “Haz tenido tratos con el gobierno”. La contestación de Montaño pende en la delicada línea del relativismo moral: “No. Ha sido un intercambio de impresiones”.
Pero, a fin de cuentas, Montaño es un hombre de una sola pieza. Confiesa que ha visto al general González Garza y anuncia su decisión de abandonar el movimiento. Cara a cara, sin disimulos, como hombre, le pide a Zapata un salvoconducto que le permita irse en paz.
La situación es rota por la irrupción de zapatistas que anuncian que su posición está siendo rodeada por las tropas de Bárcenas. La bola se organiza; le da una puerta de escape a Zapata y los demás se aprestan para la resistencia.
Este encuentro Zapata-Montaño explora una crisis interna al seno del zapatismo, pero también es un parámetro que pone en perspectiva la otra intriga, la del segundo acto, donde un agente extraño, el general Guajardo, llega sin escrúpulos para engañar y conducir a su muerte al líder morelense.
Un segundo acto en el que los zapatistas pueden distenderse para hablar de sus sueños y expectativas: la inminente captura del general Bárcenas y la esperanza de que en unos cuantos meses triunfe el Plan de Ayala “para cambiar el rifle por el arado”.
Hay expectación entre la tropa por la gran novedad del momento: ese Guajardo que se ha pasado al lado de los revolucionarios. Pero también encontramos a un Zapata más circunspecto, que echa de menos a su hermano Eufemio, ya asesinado, y al mismo Montaño, que fue fusilado por traición.
Una Remedios muy ilusionada se reúne con Emiliano y los más cercanos a Zapata (Salgado y Palacios) se revelan muy contentos (“Hay algo que huele a feria”).
Lo tremendo de la situación es que los líderes surianos creen en Guajardo porque necesitan y quieren creer en él. En algún momento, Zapata hasta le reconoce una vocación agraria. En cambio, es el pueblo, los indios, quienes dan las voces de advertencia, la mayor de ellas cuando alertan a Zapata de que Guajardo ha llegado a una de las reuniones con hombres del general Bárcenas: 59 de los más crueles soldados, que han provocado mucho sufrimiento en las comunidades de la región.
El clímax de este episodio llega cuando Zapata pone a prueba a Guajardo y le ordena detener a esos 59 hombres para pasarlos por las armas. Es un trago difícil para el traidor, pero el general acepta y se echa al bolsillo a un Emiliano que rechaza ver los pequeños signos que delatan al infiltrado (cuando Guajardo propone tomar Tamaulipas “por las hembras y el mucho dinero” que obtendrán del saqueo, Zapata lo corrige: “un general zapatista es pobre”, pero pasa por alto la actitud del personaje, que revela su temperamento más profundo).
Ya en camino hacia Chinameca, sitio de mal agüero porque los zapatistas ya habían tenido allí dos malas experiencias en la guerra, viene la escena patética, con una Remedios que encarna la intuición popular, pero también el destino de Casandra, y que inútilmente le pide al caudillo que no entre a la hacienda.
Consumado el crimen, Guajardo brindará cínicamente con viandas y coñac (el coñac al que tan afecto era Zapata, en efecto) para ilustrar el camino que tomará la revolución, en manos de personajes más preocupados por el dinero que por cualquier otro ideal (la emergente burguesía y el empresariado del Siglo XX, originalmente protagonizada por los militares sobrevivientes a la época de los caudillos, como Plutarco Elías Calles).

Reconstrucción, breviario y alegoría
No hay vuelta de hoja. Al mismo tiempo reconstrucción histórica y alegoría terrible sobre la crisis revolucionaria, la obra Emiliano Zapata hace del espectador el testigo de los bruscos cambios en el poder. Con un nervio acaso sólo equiparable a lo que en literatura hicieron Rulfo o Azuela, Magdaleno y Contrapeso nos muestran en este trabajo la decepción de una revolución interrumpida y consumada en la traición.
Porque el asesinato de Zapata fue la consecuencia natural de una “época de caudillos”, en la que matar al líder bastaba para desarticular un movimiento.
Pero con los diálogos y actitudes del general Guajardo, la pieza también nos muestra la configuración y el prototipo de los que nacerían los “nuevos ricos” del México postrevolucionario.
Porque a fin de cuentas, el general Guajardo es un “cachorro de la Revolución”: el prototípico hijo bastardo de ese Ogro Filantrópico en el que se convertiría el Estado Mexicano del siglo XX y al que tan bien describiría unas décadas más tarde Octavio Paz.
Pero en la obra hay también espacio para mostrar otros extremos de luz y sombra: la fatiga en los ideales de muchos que empuñaron las armas, así como la congruencia de otros hasta el momento de su muerte.
Surcando todos estos contenidos, Emiliano Zapata nos permite comprender el ambiente y las situaciones extremas de ese período, que orillaron a sus personajes a la corrupción, a la traición o a la muerte, o aún para satisfacer las ambiciones de un caudillo en detrimento de otro. La pieza en sí es un pequeño pero muy completo breviario del maquiavelismo de la deslealtad.

Sheyla Romero como la narradora.

Una puesta que convence
Con un tratamiento definidamente realista, pero que no se niega resquicios para vetas narrativas mucho más audaces, la dramaturgia de Mauricio Magdaleno en Emiliano Zapata tiene una construcción muy contemporánea. Me refiero en especial a esas dislocaciones temporales, apenas perceptibles pero muy presentes, que potencialmente pueden conducir a la puesta a ámbitos oníricos y que le dan muy pertinentes matices de alegoría (la anécdota de la traición a Zapata contiene en sí misma toda la historia de deslealtades y bandazos que marcaron al movimiento armado que estalló en 1910). Esta es una de las grandes y gratas sorpresas del texto. Podría haber sido escrito ayer y no hace sesenta años.
El elemento de poliperspectividad implícito se acentúa por el esquema de lectura dramatizada con que Contrapeso está presentando el trabajo. Los códigos se purifican, gracias al buen desempeño general de los participantes en la lectura y a la buena dirección de Roberto Briceño. El resultado está a punto (o así me lo parece) de elevar todo el asunto al nivel de un auto trágico: una alternativa que no se riñe en absoluto con el sentido didáctico que le da soporte a la obra.
Me es difícil hablar de los trazos de dirección para esta puesta y de la luminotecnia, porque El Refugio del Juglar, donde me ha correspondido verla, no es un espacio noble para un correcto despliegue escénico (lo cual no le resta un ápice a la generosidad de los impulsores de ese foro). Con esta tácita reserva, la estructura emprendida por Contrapeso se intuye muy correcta. Por ejemplo en la distribución que se le da a los actores como punto de partida con la narradora al centro, detrás de todos los demás personajes, los cuales se hallan dispuestos en semicírculo en sus asientos y con los actores que dan vida a los principales antagonistas, Zapata y Guajardo, en los extremos del espacio escénico.
Por lo demás, el nivel actoral de los participantes está bien alineado. Esto contribuye a darle unidad al trabajo, cohesión y eficacia. Y como se trata de una experiencia de teatro en atril, la voz adquiere una importancia singular. Desde este ámbito, ha sido una grata sorpresa descubrir las posibilidades del poeta Ernesto Hernández Doblas (Bitácora Clandestina, Oscura Luz, Lugar de muertos, Museo de Musas, Inventar París), quien no sólo comprende muy bien su texto en el papel del secretario particular de Zapata, Feliciano Palacios, sino que proyecta sus matices con precisión. Ha resultado tener una voz muy bien educada. En este mismo sentido, la presencia vocal más débil y la que precisa más trabajo para ponerse a la altura de los demás es la de Metzery Jacobo (en el papel de Remedios).
Pero en su conjunto, Emiliano Zapata es un trabajo que captura y convence.

Una deuda saldada
Siempre he alucinado con la película El compadre Mendoza (Fernando de Fuentes, 1933), por la sabiduría con la que el filme lleva un tema explícitamente político a un ámbito doméstico y, desde ese terreno aparentemente nimio, lo resuelve en impecables términos dramáticos. No sólo el “espíritu de una época”, sino la idiosincrasia misma de la política mexicana (desmitificada en las entrelíneas de la cinta, de una vez por todas), está plasmada en la historia de don Rosalío Mendoza y sus maniobras constantes, en plena Revolución Mexicana, para quedar bien con los villistas, con los huertistas y con los carrancistas, encontrándose él mismo, como hacendado, en medio de los bandos en conflicto e incluso como compadre de uno de los generales revolucionarios, al que finalmente traiciona.
Pero aunque sabía que Mauricio Magdaleno era el autor del cuento en que se basa El compadre Mendoza (con todo y la frase más lapidaria del personaje: “el respeto que merecen siempre los pesos”, más vigente hoy que nunca), así como de los guiones de varias obras mayores del cine mexicano de la Edad de Oro, mi conocimiento de él llegaba hasta ahí. Me refiero a que jamás me preocupé por escudriñar en su vida o en su obra, más allá de su cita en las fichas técnicas de las películas y ni siquiera tenía su nombre muy presente.
Tan es así que el día de la función de Emiliano Zapata, en El Refugio del Juglar, al término de la función me acerqué al director Roberto Briceño y, al vaivén de la plática, le solté:
– Oye, y el dramaturgo, Magdaleno… me suena pero no lo ubico. ¿Es mexicano? ¿español?
Briceño me miró con los ojos como platos y, con el mismo tono de voz que debieron usar para preguntarle a San Jorge “¿que acabas de matar un qué?”, me espetó:
– ¿Cómo que no lo conoces? Pero si Mauricio Magdaleno es el autor de… –y prosiguió con la bochornosa (para mí) lista de Río Escondido, Maclovia, Flor silvestre, María Candelaria
Y bien. Sí. Hasta hace una semana, Mauricio Magdaleno me era tan desconocido como Elías Lönnrot. Pero las cosas ya son distintas.
Gracias al Emiliano Zapata ofrecido por el grupo Contrapeso, acabo de empezar a saldar esa deuda.
Por lo pronto (¡salve, oh, San Googlebooks!), he pasado una noche y una madrugada imantado a las primeras 70 páginas de la novela histórica El resplandor y entre los propósitos de Año Nuevo que hace unos meses dejé en blanco, “para lo que se ofrezca”, ya incluí el agenciarme la novela para leerla completa. Los interesados en darse un chapuzón en la sabiduría literaria de Magdaleno pueden acceder a la primera parte de El resplandor dando click
aquí.
Para redondear una primera aproximación literaria al autor, también están disponibles los tres primeros relatos de sus Cuentos completos: Las campanas de San Felipe, Pasos a mi espalda y Las víboras (asequibles aquí).

Emiliano Zapata
Asociación Teatral Contrapeso
Dirige: Roberto Briceño
Dramaturgia: Mauricio Magdaleno
Asistente de dirección: Lenina Cuiriz
Iluminación: José Ramón Segurajáuregui
Con: Sheyla Romero (Narradora), Metzery Jacobo (Remedios) Itzel Chávez (Vieja / Jefe indio 2); Curro Toraya (Jefe indio 1); Juan Velasco (Palúdico / general Jesús María Guajardo), José Juan Suanate (Eufemio Zapata / Salomé Salgado [1]), Ernesto Hernández Doblas (general Feliciano Palacios); Miguel Vázquez (general Otilio Eduardo Montaño Sánchez) y Justo Alberto Rodríguez (Emiliano Zapata).


[1] En los estudios que he consultado sobre Zapata no he localizado información acerca de Salomé Salgado. Hay mucha, en cambio, sobre Jesús H. Salgado. Uno de los textos más amplios (click aquí) enfatiza que “en todos los combates que presentó a las tropas contra el gobierno maderista, el general Jesús H. Salgado salió triunfante”. Se detalla que “el general Salgado combatió también contra los carrancistas hasta que, en 1919, perdió la vida en la barranca de Los Encuerados, en Tecpan de Galeana y Petatlán, en la Sierra Madre del Sur”.
Hay, sin embargo, una página de internet en la que sí figura el capitán primero Salomé Salgado. Se le cita como recipiendario de una carta escrita por Zapata. La página web es muy curiosa: su autor cuestiona la verticalidad de Zapata y lo presenta como un títere de allegados a Porfirio Díaz y a intereses estadunidenses para impedir que el Plan de San Luis (que ya llevaba en germen vetos a la explotación petrolera por extranjeros) se cumpliera. El autor del material es el ingeniero Pablo González Miller, hijo del general Pablo González Garza (autor intelectual del asesinato de Zapata). El único problema de la página es que los documentos que presenta su autor como testimonios de su punto de vista tienen los vínculos deshabilitados. La misma página está vedada y sólo se accede a ella desde la versión en caché, que abre desde
aquí.

RECURSOS EN LA WEB

La muerte del general Zapata y la práctica de las emboscadas. El historiador Manuel González Ramírez recuerda que tres años antes de la emboscada contra Zapata en Chinameca, los zapatistas intentaron una maniobra similar contra el general Pablo González Garza, enviándole al general Vicente Navarro para que fingiera pasarse a su bando y lo envolviera en una emboscada que no prosperó. El texto recupera material documental sobre el proceso que se le siguió al general Navarro. Huelga decir que el general González tenía muchas y poderosas razones personales para respaldar la intriga emprendida por los carrancistas y para pagarle a Zapata “con la misma moneda”, enviándole a su incondicional, el general Guajardo.

El Plan de Ayala. Facsimilar del texto original. Se presenta en sus dos versiones: en manuscrito y en el documento impreso.

La muerte de Zapata. Una entrevista con el general zapatista Amador Acevedo, uno de los hombres más cercanos a Zapata y a los hechos que condujeron a su muerte, en la hacienda de Chinameca

Imagen de Hylozoic Soil, de Phillipe Beesley, presente en la muestra.

Integrada por instalaciones ‘inmersivas’ e interactivas, ambientes ‘inmersivos’ audiovisuales, mecanismos de vida artificial e intervenciones en sitio específico, creados por 25 artistas de distintas nacionalidades, la muestra (In)posición dinámica pretende activar diversos espacios de la ciudad de México y proponer un diálogo con ocho propuestas artísticas que invitan al espectador a reflexionar sobre el uso y el impacto de la tecnología en la sociedad contemporánea.
La exhibición, que forma parte de la programación de Fmx Festival de México, se presenta desde ayer y hasta el próximo 11 de mayo en cuatro sedes: Laboratorio de Arte Alameda, Centro Cultural España, explanadas del Palacio de Bellas Artes y del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC).
En recorrido previo a la inauguración, conducido por Tania Aedo, directora del Laboratorio de Arte Alameda; Karla Jasso, curadora de la exposición y buena parte de los artistas participantes, se indicó que se trata de piezas que buscan transformar la manera en que nos relacionarnos con interfases diversas, cuyo carácter de herramienta no sobrepasa el de la temática; cuestiona las acciones por las cuales toda tecnología es absorbida, normalizada e incorporada a la práctica de la vida cotidiana, respondiendo a través de estrategias de acceso y no de consumo.
Así, el visitante vivirá experiencias que van desde espacios que desorientan la percepción para llevarlo a arquitecturas psicodélicas de luz pura; a arquitecturas que se presentan como organismos vivos y autónomos, también reinterpreta la historia de la investigación artística en torno a conceptos científicos más actuales, como es el caso de la vida artificial (Alife), la robótica y la visualización de procesos de telecomunicación en localidades específicas.
Esta primera presencia de Ars Electrónica (la muestra de arte electrónico más prestigiosa del mundo) en México, que incluye programas interactivos, conferencias, talleres y una publicación, cuenta con la colaboración de la Comisión Europea, la UNAM, el Laboratorio de Arte Alameda y el Centro Cultural de España.
(In) posición dinámica está integrada por las piezas Telefonías, de Mariano Sardón; Life Winter, de Christa Sommerer y Laurent Mignonneau; Hylozoic Soil, de Phillipe Beesley; Zee, de Kurt Hentschlager; Solar, de Rejane Cantoni y Leonardo Crescenti; Corpora in si(gh)te, del colectivo doubleNegatives Architecture; Apnea, de Iván Abreu; y 19°18’51’’ N, 99°11’7’’ W, de Pablo Valbuena.

El arquitecto canadiense Phillipe Beesley, autor de Hylozoic Soil

El arquitecto canadiense Phillipe Beesley, señaló que Hylozoic Soil se presenta a manera de un “engranado textil” que señala procesos de hibridación de formas de la naturaleza realizadas con materiales tecnológicos. Los materiales son colocados a manera de bosque artificial en donde el “tejido” actúa como interconexión de matrices de componentes mecánicos, redes de sensores y actuadores que responden al movimiento de los visitantes mientras éstos se desplazan por la instalación.
Indicó que es también un espacio de inmersión que utiliza una red de sensores activados por docenas de microprocesadores que generan oleadas de movimientos sutiles hacia los visitantes que se adentran en la instalación. Aparecen así, diferentes niveles de actividad programada que fomentan la emergencia de una conducta espacial coordinada: responden con acciones específicas ante las acciones locales. El bosque se revela entonces como un organismo latente.
El trabajo de investigación que realiza Beesley, a través de sus instalaciones está dirigido a la integración de sistemas de control con mecanismos de respuesta inteligentes. De igual manera, se inscribe en lo que hoy se denomina responsive architecture, “una nueva investigación arquitectónica que utiliza sistemas tecnológicos para generar espacios de relación y de respuesta con quienes la habitan, así como con diversos factores ambientales”.

Por su parte, el artista austriaco Kurt Hentschlager presenta Zee, espacio lleno de humo artificial, pulsaciones de luz, estroboscopios y sonidos; es una experiencia de inmersión que provoca desorientación total de la percepción. El público entra en un espacio lleno de niebla muy densa, de modo que los límites de la arquitectura quedan totalmente oscurecidos. Los dispositivos estroboscópicos y las pulsaciones de la luz crean, a través del humo, estructuras cinéticas en constante flujo.
La primera impresión que se tiene al entrar en Zee, es la de estar en medio de una arquitectura psicodélica de luz pura; se presenta como una especie de paisaje luminoso y abstracto que rodea a los visitantes de una manera aparentemente holográfica, sin que exista ninguna pantalla o dispositivo de proyección.

Rejane Cantoni y Leonardo Crescenti, autores de Solar, la describen como una plataforma robótica de carácter interactivo e inmersivo. Está diseñada para “simular” las cualidades e intensidades de la luz solar en relación con el espacio-tiempo del ser humano. En el centro del espacio hay dos arcos de metal (uno móvil y otro fijo) con rieles, sobre los cuales se desliza un reflector, cuyo movimiento es resultado de la interpretación que el sistema realiza a partir de datos introducidos por los usuarios.
Sobre la pared del fondo se realiza una proyección panorámica que deja ver las coordenadas geográficas de la Tierra, igualmente cambiantes, según las latitudes y longitudes introducidas por el público. La interacción puede realizarse de dos maneras: en la primera, el visitante puede introducir al banco de datos una posición geográfica y horario determinados al pisar la interfase colocada sobre el piso de la instalación; en la segunda, se verbalizan los datos que serán captados directamente por un dispositivo de reconocimiento de voz programado.

Corpora in si(gh)te, del colectivo doubleNegatives Architecture, es una instalación híbrida, cuya visualización se logra a partir de tecnología de realidad aumentada. Para su realización se coloca una red de sensores en los alrededores del lugar de exhibición.
A través de ellos se captura información sobre el medio ambiente (grados de humedad, temperatura, luminosidad, velocidad del viento, ruido, etc) que son procesados por un software y traducidos en los nodos que articulan dicha red de sensores. Los nodos son como “semillas” de una arquitectura virtual que crece y se adapta, toma decisiones autónomas y da lugar a estructuras arquitectónicas tanto al interior del lugar de exhibición, como al exterior del mismo.

Solar, de Rejane Cantoni y Leonardo Crescenti.

Apnea, del artista mexicano Iván Abreu, es una instalación en el espacio público que genera topografías dinámicas a partir de una superficie elástica que basa su comportamiento en los ciclos de presencia/ausencia de aire en los sistemas de ventilación del Metro. De manera paralela, genera una red de información vinculada a procesos programados, cuya visualización se presenta en dos polos del Centro Histórico, el Laboratorio Arte Alameda y el Centro Cultural España.
En la explanada del Palacio de Bellas Artes se encuentra uno de los ductos de aire más grandes del Metro capitalino. Colocada en las rendijas de dicho respiradero, Apnea es una superficie elástica articulada con 900 pequeñas hélices que forman una red en constante dinamismo. Funciona a partir de principios aerodinámicos y cada vez que el Metro pasa, la expulsión relativa y de intensidad variable de viento, provoca un efecto directo en las hélices (cuerpos sólidos) y las hace girar.

Por su parte, Life Winter, de Christa Sommerer y Laurent Mignonneau (Austria), es una instalación interactiva que cuestiona los límites entre lo artificial y lo real, al tiempo que señala la creación-simulación de vida artificial. Consta de una mesa y silla, una máquina de escribir antigua y una pantalla de proyección hecha a partir del papel que se coloca en la propia máquina. La obra se desarrolla y adapta según la Interactividad del usuario. Cuando el visitante se sienta y comienza a escribir, las letras y/o palabras que teclea se proyectan sobre el papel (sensible a la luz), y se transforman en criaturas con forma de insecto cada vez que se empuja el rodillo de la máquina. El comportamiento y movimientos de las criaturas están determinados por el texto, mismo que actúa como una especie de código genético.

Telefonías Mx, de Mariano Sardón (Argentina), es un proyecto de investigación sobre la conmutación, la distribución y el acceso a las telecomunicaciones en la zona del Zócalo de la ciudad de México.
Consiste en una instalación de tuberías transparentes, conectadas a una bomba peristáltica, por las que circula agua coloreada con burbujas de aire que son producidas por las llamadas originadas y recibidas en la zona. Cuando alguien hace o recibe una llamada celular, el evento se registra e introduce aire en las tuberías que conforman la instalación. Los datos son enviados a través de la red a una computadora que controla la obra tanto en su parte de instalación (las mangueras), así como las visualizaciones de datos proyectadas en el Centro Cultural de España.

Pedro Valbuena (España), presenta (19°18’51’’ N, 99°11’7’’ W), instalación en sitio específico que superpone a la fachada del MUAC una cartografía cinética, su propia representación abstracta. Con el dibujo de un plano sobre la arquitectura de referencia, se extiende la ciudad real hacia la ciudad virtual. El medio utilizado es videoproyección, pero más allá de lo técnico, el trabajo se basa en herramientas tan antiguas como la perspectiva o el trampantojo que funcionan manipulando la percepción del espectador.

Alicia Calles, la abuela de la cineasta, en su luna de miel en 1928, fotograma del pietaje tal como se ve en El General / Cortesía de la familia Almada.

“¿Cuál es el primer recuerdo de tu papá?”, propone la voz en off del escritor y periodista Mauricio González de la Garza (1923–1995), para azuzar la memoria de Alicia Calles (1911-1984), hija del general Plutarco Elías Calles, en la frase que abre el filme El general (Natalia Almada, 2009). Desde la intimidad familiar de tal pregunta, la película despliega las idílicas imágenes en blanco y negro de aquella Alicia Calles, la amada “abuela Tita” de Natalia, en el yate de su viaje nupcial de 1928, justo en el último año como mandatario de Calles.
Las imágenes del pasado (esa realidad latente sin la cual es imposible explicar o siquiera significar el presente), recurrirán a lo largo del metraje del documental, intersectadas por las imágenes a color de un presente también esencial para poner en perspectiva todo lo que “ha sido”, aquellas causas de las que somos una consecuencia.
Lo más intenso del documental de Almada reside en esto: hay en El general un permanente viaje de ida y vuelta entre lo que fue y lo que es. Un diálogo explícito de correspondencias, ecos y contradicciones entre los atisbos del recuerdo y los de una mirada que escudriña los escenarios del México de hoy.

Niño vendiendo juguetes en el centro de la Ciudad de México, como se ve en El General / Cortesía de El General

Entre tres mundos
Por lo menos tres mundos se engarzan en El general, el notable documental de Natalia Almada que se ha exhibido dentro de las jornadas de Ambulante 2010 en Morelia.
Esos tres mundos son el México postrevolucionario que le correspondió inaugurar al general Calles (bisabuelo de la realizadora); el pequeño mundo burgués de la hija del general, Alicia (la abuela de la cineasta, fallecida cuando Natalia Almada tenía 14 años de edad), y el México contemporáneo desde el cual la documentalista hurga en las continuidades y rupturas que le dan sentido a cuanto ve y a cuanto evoca.
Desde este enfoque que comienza siendo microhistórico, pero cuya virtud es que va ampliando su mirada hasta alcanzar perspectivas muy, muy amplias, el filme reflexiona intensamente sobre la relación entre el presente y el pasado. A partir de una concienzuda investigación y de una atenta mirada a la realidad que nos rodea, la autora hila muy fino y su material termina mostrando las contradicciones de una realidad (la del México postrevolucionario) que ha agotado sus condiciones de posibilidad.
Esta me parece la almendra del filme. Natalia Almada mira hacia los días que marcaron el nacimiento del “México de instituciones” (el que fundó Calles, una vez concluida la llamada “era de los caudillos”) y pone a dialogar ese periodo con con el pulso cotidiano de la ciudad de México en 2006 (momento al que corresponde la mayor parte del rodaje y que tiene como uno de sus contextos el proceso de las elecciones presidenciales).

Un fotograma de la película inconclusa ¡Que viva México!, en la que Eiseinstein exaltaba el movimiento revolucionario.

Contrastes sin medias tintas
Hay una mirada amorosa de la cineasta hacia sus recuerdos (inevitable, ¿no?) pero mentirá cualquiera que afirme que el cariño ciega la imparcialidad de la realizadora. Por el contrario. El filme está lleno de observaciones incisivas, en algunas ocasiones ligeramente irónicas, en otras ácidamente pragmáticas, todas resultado de la investigación y de la observación directa (una de las más agudas, cuando el filme se ocupa de los grandes pivotes de la fe mexicana, es la observación que hace la autora cuando señala: “por lo visto, la institución más confiable de todas en México es la Lotería Nacional: fundada en 1771, nació durante la Colonia y ha sobrevivido a la guerra de Independencia, a la Reforma, a la Revolución y a la caída del PRI”).
No hay medias tintas en el filme. Siendo Calles el mandatario que impulsó la guerra cristera, por ejemplo, la cineasta se permite dos observaciones que matizan puntualmente esa realidad: el hecho de que precisamente en aquellos años el general hubiera enviado a su hija, Alicia, a estudiar a los Estados Unidos, donde la internó en un colegio católico (“qué ironía”, dice la cineasta, en tanto que su abuela recuerda amargamente cómo las monjas del plantel veían las noticias de la cristiada en México y la estigmatizaban por lo que estaba promoviendo su padre en México), así como una secuencia intensa que combina metraje de 1934 y de 2006, en los que se observan las tradiciones y modismos de la peregrinación a la Basílica de Guadalupe (“estoy segura que un videoasta que grabe la fiesta de la Guadalupana dentro de setenta años –dice Natalia en off– captará exactamente las mismas imágenes”, acentuando la poderosa e imbatible presencia de la fe a nivel popular).
El diálogo entre distintos tiempos, así como entre los diminutos detalles de los recuerdos personales y los grandes matices de los hechos históricos, permite en muchos momentos conexiones deslumbrantes y reveladoras. Por ejemplo aquella en la que la abuela de Natalia evoca los apodos que le habían impuesto a Calles, muchos de ellos despectivos, junto con una eficaz edición en la que vemos a una vendedora actual cuyo puesto también ofrece máscaras ridiculizadoras de Vicente Fox, de Andrés Manuel López Obrador (gallito de látex bien enhiesto incluido) y de Felipe Calderón.

Luchador enmascarado en una marcha contra los resultados oficiales de las elecciones presidenciales de 2006, como se ve en El General / Cortesía de El General.

De la vox populi al cruce de imaginarios
La importancia que Natalia Almada le otorga en esta película a la Vox Populi, a la masa, a los “hombres de a pie”, que conforman en última instancia al grueso de la población mexicana, se plasma en una serie de numerosas entrevistas con vendedores ambulantes, puesteros de mercado, obreros taxistas, microindustriales y asalariados de distinto cuño, de quienes toma constantemente el pulso de sus creencias, sus pensamientos y sus juicios políticos.
Este acento es importante. Dice el refrán: “Vox populi, vox Dei” (“La voz del pueblo es la voz de Dios”). Esto es así, entre otras razones, porque la del pueblo es la voz del sentido común… ese que sirve para mostrarnos cómo son las cosas (aunque no sea capaz de explicarnos su por qué). Pero la claridad de una mirada para saber, por lo menos, cómo es lo que nos rodea, es ya un altísimo triunfo. Despierta las preguntas que pueden conducir a las respuestas necesarias.
A su vez, la interacción de los tres tiempos ya citados y de los segmentos dedicados a registrar las voces del pueblo se enriquecen en este documental con una fuente adicional: pietaje original de tres películas cuyas intenciones y tonos complementan cuanto vemos: el drama histórico ¡Viva Zapata! (Elia Kazan, 1952), la comedia Si yo fuera diputado (Miguel M. Delgado, 1952) y el inconcluso proyecto ¡Que viva México! (Serguei Eisenstein, 1930-1932, para cuyo rodaje el cineasta ruso tuvo que solicitar permisos y licencias al gobierno de Calles).

Imagen original de la Virgen de Guadalupe, como se ve en El General / Cortesía de El General.

En la intersección de un nuevo orden
Desde todas estas perspectivas, El general no brinda en sí ningún retrato al uso de la figura histórica del general Calles. Es, en cambio, un mosaico de testimonios y reflexiones acerca del sentido de la memoria y de cómo es posible ir erigiendo a partir de eso una historia colectiva. Poniendo en diálogo el México de la época de su abuela Alicia, de la época del general Calles y el México contemporáneo, Natalia Almada nos comparte generosamente la visión de qué cosas han cambiado, cuáles siguen iguales (o muy similares) y las perspectivas que hacen posible percibir lo que es hoy el país a nivel sociopolítico.

Fragmento de un cartel alternativo para el filme Si yo fuera diputado (1951), protagonizada por Cantinflas.

Ahorcados en los postes de la vía férrea, en Jalisco, durante los momentos más álgidos de la guerra cristera en México.

El resultado, como se ve, es mucho más amplio de lo que habría sido una mera biografía convencional acerca de un bisabuelo o la mera recuperación de la historia familiar de un proyecto inconcluso (la nunca emprendida biografía de Calles escrita por Alicia, hija del mandatario y abuela de la cineasta).
El hecho es que en 1978, Alicia Calles (nos indica el documental) grabó seis horas de audio con los primeros apuntes para el proyecto de un libro, impulsada por su amigo, el periodista Mauricio González de la Garza. El proyecto no prosperó y fue hasta el año de 2002 cuando el padre de Natalia le entregó a la cineasta las cintas magnetofónicas, hasta entonces desconocidas.
Desde este material, que es la plataforma de la película, la cineasta nos obsequia un viaje a través del recuerdo y de la memoria, pero también nos brinda un recorrido por los paisajes de una realidad actual, en donde los recuerdos de una hija y la historia de un país se confrontan, se complementan, se contradicen y nos brindan una de las miradas más lúcidas de nuestro tiempo: una mirada a este México de tercer milenio colocado en el difícil trance de reajustarse a las exigencias de un mundo para el cual los viejos principios del interés social o de la justicia popular (una justicia nunca alcanzada más allá de los discursos) ha abierto una brecha incómoda e incierta, en la que las nuevas reglas del juego todavía no terminan de configurar el tipo de patria o de nación que nos depara el futuro inmediato. Una película extraordinaria.

Mural con personajes populares en uno de los muros de La fortaleza, inmueble demolido en el corazón de Tepito / Fotograma del filme El general.

Acerca de la realizadora
Natalia Almada ha dirigido La memoria perfecta del agua, documental experimental que recibió varios reconocimientos internacionales; Al otro lado, su multipremiado largometraje documental sobre narcocorridos y migración; y El General. Su trabajo se ha presentado en el Festival de Sundance, el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Museo Guggenheim, la Bienal del Whitney, INPUT y el Seminario Flaherty, así como en universidades, conferencias y festivales alrededor del mundo. Es licenciada en Artes Visuales con maestría en Fotografía por la Rhode Island School of Design.

Vista parcial del Monumento a la Revolución, donde se encuentran, entre otros, los restos de los presidentes Calles y Cárdenas del Río.

Palabra de directora
En el kit de prensa de El general figura la siguiente declaración de Natalia Almada:
“Para mí el cine es el diezmo para la memoria. Un costo que estoy dispuesta a pagar para darle sentido al mundo. Es la manera de encontrar el lenguaje para expresar lo que veo y lo que pienso. Es la manera de cuestionarme: ¿Cómo re conciliamos las contradicciones entre nuestra memoria familiar y la memoria colectiva de un país?, ¿cómo se fabrican la memoria y la historia?, ¿cómo reconcilio mi realidad con la historia de mi familia?, ¿cómo yo, una mexicana, puedo entender México a través de una mirada histórica?”
“En el inicio de la película Sans Soleil, de Chris Marker, el narrador dice: ‘No sé cómo pueden recordar aquellos que no filman’. Para mí, hacer cine es una vía para recordar y crear una memoria donde esta está ausente o donde se requiera una para el día de mañana. Si bien las tres películas que he dirigido en los últimos ocho años difieren mucho en su contenido, su forma y su estructura, están inspiradas por mi curiosidad para explorar cómo el pasado define quiénes somos hoy y crear una memoria visual que refleje la manera como veo al mundo”.


Fotograma de Último tren a casa, que se exhibe hoy en la última jornada de Ambulante en Morelia.

Este jueves concluye la gira Ambulante a su paso por Morelia. El ciclo cierra con once documentales, distribuidos en los cinco cortos del programa Revisando parentescos (en la Escuela Popular de Bellas Artes); cuatro títulos programados en Cinépolis Morelia centro y las funciones de Fábrica de Imágenes y el auditorio José Rubén Romero. Todos los títulos de hoy son indispensables. A continuación, el programa completo.

CINÉPOLIS MORELIA CENTRO

El último tren a casa / Lixin Fan / Sección Oficial / 16:00 pm
Cada primavera, durante el Año Nuevo chino, las grandes ciudades industriales del país del Sol Naciente se sumergen en el caos, mientras una gigantesca marea humana intenta volver a sus hogares empleando el transporte más barato, que es el tren. Se trata de millones y millones de obreros, trabajadores migratorios que vuelven a sus pueblos rurales y a sus familias tras buscar trabajo en las florecientes ciudades costeras. Este espectáculo épico dice mucho sobre China: un país que va desechando los caminos tradicionales y se lanza hacia la modernidad y el predominio económico global... pero a costa de producir legiones y legiones de mano de obra barata y de desintegrar familias. El filme explora esta realidad emprendiendo el estudio de los Zhang, una de las familias involucradas en esta dinámica: Hace dieciséis años, los Zhang abandonaron a sus hijos para encontrar trabajo en la ciudad, consolados por la idea de que sus salarios le darían una mejor vida a sus niños. Pero en una amarga ironía, las esperanzas de los Zhang por el porvenir han sido destruidas por su misma ausencia: Qin, la hija que ellos dejaron, se han convertido en una adolescente tullida por el sentimiento de abandono. En un acto de rebelión, ella abandona los estudios y decide convertirse también en trabajadora migratoria. La decisión es un golpe desgarrador para los padres. En el estilo clásico del cinema verité, el documental El último tren a casa sigue las tentativas de los Zhang para cambiar el destino de su hija y restaurar a la familia rota.

La familia Zhang, protagonista de Último tren a casa.

Tías rudas / Kim Longinotto / Sección Oficial / 18:00 pm
La cineasta Kim Longinotto sigue de cerca a las principales impulsoras de la asociación Bobbi Bear, que trabaja con niños maltratados en comunidades rurales de Sudáfrica. Violencia sexual, pobreza, maltarto físico, rechazo, explotación laboral... todo el rosario de presiones y deterioros que aquejan a la infancia aparece en el filme. A través de la rutina diaria de Jackie, Thuli, Mildred, Sdudla y Eureka, que conforman el núcleo de Bobbi Bear, vemos un sin número de casos; fragmentos a través de los cuales podemos armar la imagen de una sociedad: no sólo la sociedad en que dichos actos de injusticia se gestan y se toleran, sino aquella que también los combate. Un filme fuerte y contundente.

Una de las integrantes de Bobbi Bear, la asociación de asistencia a la infancia en África. El tema es mostrado en el documental Tías rudas.

The White Stripes. Bajo las luces boreales / Emmett Malloy / Sección Sonidero / 20:00 pm
Un largometraje visual y emocional que documenta al dueto de rock garaje The White Stripes (Jack y Meg White) mientras recorre Canadá y culmina con la celebración de su décimo aniversario en Nueva Escocia. La película documenta a los White Stripes tocando en distintos lugares de Canadá, desde salones de bolos y autobuses urbanos hasta la celebración de aniversario en el legendario Teatro Savoy.

El dueto de Meg y Jack White, protagonistas del documental Bajo las luces boreales.

Ojos bien abiertos: Un viaje por la Sudamérica de hoy / Gonzalo Arijón / Sección Oficial / 22:00 pm
El cineasta uruguayo Gonzalo Arijón comparte un gran viaje por la Sudamérica actual. Retoma la ruta de Ernesto Guevara, narra lo que ve y se une al sentir de los pobladores de cada uno de los países que recorre. Su relato sencillo, humano y humilde, lo dedica a su hija Luna. En ese mismo sentir, participa en el filme Eduardo Galeano a través de sus pensamientos, plasmados en su libro Las venas abiertas de América Latina, que amplían y enriquecen la mirada sobre este continente. Según el propio Galeano era “necesario un mundo subdesarrollado para desarrollar el mundo de la riqueza del Norte; no era posible sin la pobreza del Sur”. El filme se concentra en los gobiernos de izquierda en el hemisferio: Luiz Ignacio Lula Da Silva en Brasil, Hugo Chávez en Venezuela, Nestor Kichner en Argentina, Tabaré Vázquez en Uruguay, Michelle Bachelet en Chile, Evo Morales en Bolivia, Fernando Lugo en Paraguay y Rafael Correa en Ecuador.

Un fotograma de Ojos bien abiertos, que recorre diferentes estados sudamericanos actuales.

ESCUELA POPULAR DE BELLAS ARTES

Revisitando parentescos / Varios / Sección Injerto / 19:00 pm
El programa se conforma por cinco cortos documentales que exploran el tema de la familia: Postdata, de Margaret Salmon. Nina Nanna, de Margaret Salmon. Mi bebé blanco, de Akosua Adoma Owusu. Efectos de Familia, de Edgardo Aragón, y Agarrando Pueblo, de Carlos Mayolo y Luis Ospina.

SALA SOLARIS

Que el diablo vuelva al infierno / Gini Reticker / Función regular Dictator's Cut / 18:30 pm
Un notable documental sobre un grupo de mujeres cristianas y musulmanas que en 1999 se unieron para luchar pacíficamente contra la guerra civil en Liberia. La persistente resistencia femenina tenía como objetivo salvaguardar a sus hijos, muchos de ellos “alimentados” con drogas y convertidos en carne de cañón, destinados a morir o a quedar mutilados, como muestra el film. Las mujeres organizaron su movimiento de resistencia a través de cánticos, remeras blancas y pancartas con la leyenda “Sólo queremos Paz”. La cámara las acompaña desde las primeras reuniones y en una protesta silenciosa a las puertas del Palacio Nacional. Además incluye la conferencia por la paz en Ghana, en 2003, que dio como resultado la convocatoria a elecciones presidenciales en 2005 con la victoria de Ellen Johnson Sirleaf, la primera presidenta de Liberia, y la salida del presidente Charles Taylor, con su eventual arresto por crímenes de lesa humanidad de la Corte Mundial en La Haya.

Uno de los personajes del documental Que el diablo vuelva al infierno.

Otro fotograma de Que el diablo vuelva al Infierno, que se exhibe hoy.

AUDITORIO JOSÉ RUBÉN ROMERO

Aquí y en otro lugar / Jean-Luc Godard, Anne-Marie Miéville / 17:30 pm
El veterano cineasta francés Jean-Luc Godard presenta este material concluido en 1974, en el que desarrolló la última fase del montaje de Jusqu’à la victoire, un film del Grupo Dziga Vertov (Godard y Gorin) rodado en Palestina con Armand Marco en la primavera de 1970. Después de varios montajes sucesivos, jamás presentados en público, el film quedó inacabado cuando el Grupo se disolvió a comienzos de 1973. El proyecto fue retomado más tarde por Godard, ya sin Gorin, pero con Anne-Marie Miéville. Gorin rechazó figurar como co-autor. Este documental, con el que Ambulante cierra su ciclo en Morelia, cuestiona las imágenes rodadas en Palestina y hace un retrato desencantado de la etapa militante de Jean-Luc Godard.



El Colectivo Paracaídas anunció la apertura de la convocatoria para participar en el V Encuentro Nacional de Letras Independientes, que se realizará los días 17, 18 y 19 de junio en instalaciones de la Casa de Cultura de Morelia.
Como cada año el Colectivo Paracaídas busca la interacción y retroalimentación entre creadores y promotores culturales estatales y nacionales, a través de la muestra de su trabajo artístico.
Esta quinta edición cuenta con el apoyo del Programa de Desarrollo Cultural para la Juventud, auspiciado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y la Secretaría de Cultura de Michoacán, por lo que se recibirán proyectos que principalmente estén hechos por y para jóvenes.

La Convocatoria
La convocatoria está dirigida a creadores en las disciplinas de literatura, además de artes visuales, audiovisuales y música. "En otras palabras, convocamos a escritores, editoriales, blogueros, editores de revistas, promotores de lectura, cuenta-cuentos, videoastas, cineastas, artistas plásticos, fotógrafos y músicos para que formen parte de este encuentro nacional".
Se recibirán proyectos individuales y colectivos hasta el 30 de abril del año en curso.
En sus anteriores ediciones, este Encuentro rebasó las expectativas de los organizadores y participantes pues incluyó a representantes del estado de Michoacán y otras ciudades de la República como Guadalajara, Guanajuato, DF, San Luis Potosí, Cuernavaca, Mérida y Oaxaca y San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.
Quienes estén interesados en participar deberán enviar una descripción de su proyecto, curriculum, datos personales y contacto al correo electrónico colectivoparacaídas@gmail.com.

Seminario de Creación Literaria
Por otra parte, los integrantes del Colectivo Paracaídas dieron a conocer que a 30 días de que se abriera una convocatoria para que jóvenes entre 16 y 29 años de edad se inscribieran al Primer Seminario de Creación Literaria, previo al V Encuentro de Escritores, recibieron más de 50 solicitudes con carta-motivo anexa, por lo que se emprendió una selección de las más sólidas, misma que se dará a conocer en el transcurso de esta semana a través del blog http://colectivoparacaidas.blogspot.com
Este seminario se brindará durante los meses de abril y mayo y será impartido por ocho escritores michoacanos. Con carácter gratuito, tiene como sede el Centro Cultural La Casa de las Musas, ubicado en la calle Álvaro Obregón 139, Col. Centro.
Los escritores y sus respectivos módulos que impartirán son los siguientes: Gaspar Aguilera (Cuento); Raúl Mejía (Crónica); Luis Manuel Paz (Periodismo Cultural); Gustavo Ogarrio (Ensayo); Hypatía López (Guión cinematográfico); Andrea Finck (Dramaturgia enfocada a niños); Marco Antonio Regalado (Corrección de estilo) y Manuel Barajas (Poesía).

Oscar Quevedo presenta su libro en Morelia
Dentro de las actividades del Colectivo Paracaídas en colaboración con la Revista Revés, también se presentará el libro El mar boca arriba, de Óscar Quevedo, ganador del Premio Estatal de Cuento Xavier Vargas Pardo en su última edición. Esta presentación se llevará s jueves 18 de marzo en las instalaciones del Centro Cultural La Casa de las Musas, ubicado en Álvaro Obregón #139 Col. Centro, a las 20:00 horas.
Los comentarios de esta obra, cuyo autor es parte del Colectivo Paracaídas, correrán a cargo de Ramón Lara y Omar Arriaga. El mismo título fue presentado por primera vez hace unas semanas en la Feria del Libro de Minería, y contó con los apuntes de Mauricio Bares.


Una imagen del documental La doctrina del shock, de Winterbottom. El filme se proyecta hoy dentro de la sección Dictator´s cut, en Ambulante.

La penúltima jornada de la gira de documentales Ambulante en Morelia es un programa que consta de siete filmes. Varios de ellos se proyectan por única ocasión.

POLIEDRO RECOMIENDA
Desde luego, toda la programación de Ambulante es recomendable, pero para este día hay tres títulos que revisten mayor interés para este blog:

Underground. Un documental de los años setenta en el que Emile de Antonio (todo un ícono del documentalismo independiente en Estados Unidos) y otros dos cineastas entrevistan a un grupo de activistas radicales de aquel país. Una notable recuperación de parte de Ambulante. Auditorio José Rubén Romero, 19:30 pm. Gratuito.

Una cierta verdad. El debut documental de Abel García pone en tela de juicio los límites de locura y salud mental en un riguroso filme, que ha sido muy aplaudido en todos los foros donde ha sido visto y que registra a cinco pacientes mentales en Europa. Cinépolis sala 4, 15:30 pm. $35 pesos.

La doctrina del shock. Un filme polémico (acerca de un tema ídem), ya que luego de contar con el respaldo de Naomi Klein para este documental, el trabajo de Michael Winterbottom fue rechazado por la autora del célebre libro acerca de las estrategias de control de masas del actual sistema neoliberal. Hay que verlo. Sala Solaris de la escuela Fábrica de Imágenes, 18:30 pm. Gratuito.

A continuación, el programa completo de este miércoles.

CINÉPOLIS MORELIA CENTRO

Una cierta verdad / Abel García Roure / Sección Oficial / 15:30 pm
Esta es la opera prima del cineasta catalán, un documental intenso que cuestiona los límites de la cordura y la locura, así como los códigos sociales sobre los cuales se asienta la concepción contemporánea de la normalidad. El documental registra la vida de cinco pacientes mentales y es resultado de año y medio de rodaje en la ciudad de Sabadell (Barcelona) y el Complejo Hospitalario Parc Taulí.

La cuerda floja / Nuria Ibáñez / Sección Oficial / 18:00 pm
La realizadora Nuria Ibáñez introduce su cámara, como un integrante más, en la vida cotidiana de los integrantes del Circo Aztlán, una familia que deambula por los pueblos de Texcoco, al norte de la Ciudad de México. El filme recupera la historia de resistencia de esta familia que persiste en sacar adelante un viejo y anticuado circo porque está convencida de la trascendencia de su arte. Lo más importante del filme no es tanto que comparta un mundo complejo y lleno de contradicciones, sino que la realizadora consigue un retrato digno de los personajes. Evita una visión lastimera de su mundo y consigue, en cambio, el acierto de ver y mostrarnos las cosas como ellos las ven.

Food, Inc. / Robert Kenner / Sección Oficial / 20:00 pm
Un documental en el que Robert Kenner indaga y exhibe el circuito de producción y consumo de alimentos en Estados Unidos. A partir de una estructura en capítulos, el filme muestra diversos géneros de su tema: derivados de soya, el maíz, la carne roja, la carne blanca, las legumbres… y confirma hasta qué punto la producción de alimentos es una industria cada vez más monopolizada (por las buenas o por las malas), cada vez más alejada de “lo natural” y sólo interesada en ampliar sus ganancias. En casos extremos incluso arriesgando la salud de los consumidores.

Un ejemplo de la llamada "comida Frankenstein". Pollos mutantes en una granja que son tratados genéticamente al punto de la hipertrofia. Poco antes de alcanzar la edad adulta son incapaces de sostener su peso sobre sus patas. Imagen del documental Food Inc.

Insurgentes / 
Lasse Hoile / Sección Sonidero / 22:00 pm
Una road movie musical que sigue la elaboración del disco homónimo de Steven Wilson.

ESCUELA POPULAR DE BELLAS ARTES

Mark / Mike Hoolboom / Sección Injerto / 19:00 pm
El realizador Mike Hoolboom conjuga fotografías instantáneas, metraje de distintas fuentes y entrevistas para crear un retrato de su amigo y colaborador Mark Karbusicky en este filme que sigue explorando las posibilidades experimentales de imagen y narración.

SALA SOLARIS

La doctrina del shock / Michael Winterbottom, Mat Whitecross / Sección Dictator's Cut / 18:30 pm
Un documental basado en el libro de Naomi Klein La Doctrina del Shock. Para este proyecto se volvió a reunir con el que fuese codirector de Camino a Guantánamo, Mat Whitecross, con quien codirige este documental. Muchos estarán familiarizados con un corto realizado por nuestro Alfonso Cuarón acerca del mismo tema, pero el material de Winterbottom depara sorpresas. Después de todo, luego de contar con la activa participación de la propia autora, Naomi Klein, ésta se desmarcó del filme tras ver los primeros cortes de edición. Klein ha rechazado la forma en que Winterbottom ha tomado su crítica al capitalismo y al cinismo de la economía occidental. Habrá que ver.

La doctrina del shock, de Michael Winterbottom, se exhibe esta tarde en Fábrica de Imágenes-

AUDITORIO JOSÉ RUBÉN ROMERO

Underground / Emile de Antonio, Mary Lampson y Haskell Wexler / Enfoque: Bi100 / 19:30 pm
Ambulante recupera este filme de los años setenta, del finado realizador De Antonio, uno de los documentalistas independientes más incisivos, honestos e inteligentes de la Unión Americana. Underground nos brinda el retrato de una camada de revolucionarios norteamericanos que ponían bombas en aquel país en la década de los años setenta: Bernardine Dohrn, Bill Ayers, Kathy Boudin, Jeff Jones y Cathy Wilkerson.

Un fotograma del documental Underground, que se exhibe hoy en el auditorio José Rubén Romero.