Los actores Yazman del Toro y Verónica Villicaña en una escena de La luna vista por los muertos, con la que concluyeron las seis audiciones de grupos de teatro morelianos en busca de su pase a la Muestra Nacional de Teatro de noviembre próximo en Guadalajara.
La actriz Ana Zavala con los títeres que encarnan a Sofìa (de bruces) y a Felipe, durante una de las funciones de Lágrimas de agua dulce.“Esta es la historia triste de una niña hermosa”, advierte la anciana abuela Felícitas (Ana Zavala, irreprochable) al comienzo del monólogo para actriz y títeres Lágrimas de agua dulce (Jaime Chabaud Magnus y Perla Szuchmacher, 2007, sobre dramaturgia previa original del propio Chabaud).
Vendedora trashumante de bordados, doña Felícitas recorre pueblos y ciudades. En cada lugar se detiene no sólo para la vendimia, sino para narrarle a quien quiera escucharla la historia de su nieta, Sofía, cuya extraña cualidad de derramar un copioso llanto, hecho no de lágrimas saladas, sino de agua dulce, la convirtió en un objeto de ambición para los adultos de su pueblito natal y marcó su destino trágicamente.
Esta es la anécdota de uno de los mayores trabajos que ha dado en el último lustro el teatro para niños en México, resultado de un equipo creativo que incluye (aparte de Chabaud y Szuchmacher), a Ana Zavala, Ben Hadad Gómez, Haydeé Boetto, Edyta Rzewuska, Félix Bailon Guarro y Alejandro Barrera Cateto.
La audacia (prácticamente insólita en la escena nacional) de llevar una tragedia al territorio del teatro para niños, sin que tal conjugación traicione o desdibuje la esencia de cada uno de esos dos ámbitos, es el mayor triunfo estético de una puesta en escena que es al mismo tiempo cálida y amarga, triste y jocosa, inquietante y encantadora.
Porque, finalmente, el tema de Lágrimas de agua dulce es el de la explotación infantil. Un tema duro, difícil, pero cuyas crueles aristas (el abuso laboral, sexual, psicológico, afectivo… junto con todas las infinitas distorsiones que pueden desprenderse del acoso a la niñez) encuentran su más perfecto canal de manifestación, no en un ejercicio de naturalismo social –que habría sido la solución más fácil e inmediata–, sino en las metáforas posibles desde la dimensión más profunda y universal del pensamiento y del relato fantásticos.
Lágrimas de agua dulce se presentó en Morelia el pasado domingo, como parte de las seis obras michoacanas que audicionaron ante la dirección artística de la XXXI Muestra Nacional de Teatro, en pos de representar a Michoacán en ese escaparate escénico.
Uno
Así pues, he aquí lo que la anciana Felícitas narra a través de sus bordados: la historia de una pequeña Sofía que comienza a llorar lágrimas de agua dulce el día en que fallece su madre. Será Felipe, su único amigo, el primero en descubrir la extraña cualidad de la niña. Y cuando los adultos también la noten, Sofìa se convertirá en la esperanza de todos los habitantes del pueblito de Icuiricui, que agoniza amenazado por una prolongada sequía.
Y he aquí que el pueblo será salvado, pero el milagro se convertirá muy pronto es maldición cuando la codicia reemplace a la necesidad y desate una ambición prohibida: la de enriquecerse a costa de las lágrimas de la niña.
La eficiencia del pensamiento neoliberal que domina nuestro tiempo inventará muy pronto una antinatural “máquina nalgueadora”, destinada ya no sólo a Sofía, sino a todos los niños del pueblo, cuyas lágrimas serán acopiadas y desalinizadas para obtener ganancias adicionales del cloruro de sodio conseguido como derivado del proceso.
Y mientras la mentalidad fría e impersonal del “qué vendes” y del “cuánto vendes” establece sus reglas del juego, corrompiendo a las autoridades civiles del pueblito, al clero y al propio padre de la niña, la abuela Felícitas y Felipe serán los únicos personajes realmente preocupados por Sofía, a la que infructuosamente intentarán ayudar hasta el momento del desenlace trágico: el de una persecución a campo traviesa que termina con la captura de la niña, que se marchita y se extingue delante de sus captores, derrotado su espíritu y vencido su cuerpo por las crueles demandas de la avariciosa comunidad.
Otra imagen de la puesta del grupo Hecho a mano, en la que se aprecia el tapiz de estambre cuyos elementos contribuyen a narrar la historia.
Dos
Nacida como proyecto gracias a una beca del Sistema Estatal de Creadores (Secrea) de Michoacán en 2007, Lágrimas de agua dulce es uno de esos casos en los que la ciega sabiduría del “azar” o del “destino” congrega en un proyecto a las personas adecuadas. La dramaturgia de Jaime Chabaud (Perder la cabeza, Oc ye Nechca, Rashid 9/11, Tempranito y en ayunas, Lluna y el cuadro El pirómano en Me cago en Freud, entre muchas otras) cumple con singular oficio una de las máximas de la construcción de caracteres (“como autor, tienes que ser despiadado con tu personaje”), dándole a Sofía un conflicto exacto y a la medida de sus atributos. Con Perla Szuchmacher, Chabaud también redimensiona la dramaturgia original para trasladarla al campo del monólogo y los títeres. Mientras, Edyta Rzewuska, Haydeé Boetto y Ben Hadad Gómez conciben una escenografía y unos títeres que contribuyen, con sus cualidades, a modular la intensidad conceptual y emotiva de lo que se nos está contando, pues acuden al estambre, que es un material cálido y generoso, a partir del cual atenúan sin maquillarlas las dolorosas situaciones de la tragedia que estamos viendo. La música de Félix Bailon Guarro y Alejandro Barrera Cateto es la discreta cereza de un pastel cuya almendra es la actriz Ana Zavala que convence y conmueve en cada uno de los ocho o diez personajes a los que da vida (ya como títeres de mesa o como simples objetos animados) con una gran dosis de ludismo.
Un espectáculo que mereció el primer lugar en la Muestra Estatal de Teatro de Michoacán 2008 y que desde entonces ha recorrido con mucha fortuna (la que se merece, después de todo) diversas regiones del país.
Tres
Lágrimas de agua dulce permanece con nosotros, pero Perla Szuchmacher ya no. A propósito de esto, en la página de Rubén Szuchmacher, hermano de la autora, aparece este post con las siguientes palabras de Jaime Chabaud Magnus, escritas tras el deceso de la realizadora, acaecido el 10 de mayo pasado:
Me causa un inmenso dolor la muerte de Perla Szuchmacher, dramaturga y directora dedicada al teatro para niños y jóvenes. Además de la amistad que nos unía, me aterra (en el sentido originario de esta “mala” palabra) porque pocas son las gentes de teatro que nacieron para servir. Los demás sólo saben servirse, avorazarse, agandallarse y –en el mejor de los casos- mirarse el ombligo y dar codazos si alguien estorba. Perla fue de una generosidad proverbial y tocó el corazón de muchos colegas y –por supuesto- de su público. Argentina de nacimiento, la recuerdo dando brincos de felicidad porque un día, después de muchos trámites, se había vuelto mexicana. Estaba feliz como niña con juguete nuevo, orgullosa de su nueva nacionalidad, muy pero muy contenta, con la mirada limpia. Me acuerdo del día que me enseñó su casa nueva, la primera de propiedad de Alberto (su marido) y suya, me llevó de la mano por todos los rincones contándome atropelladamente las mejoras que quería hacerle, hace no más de tres años, a esa su casa, donde quería pasar el resto de su vida, con la paz de un techo suyo. Y no saldrá de mi memoria el día que me pidió disculpas (no había ninguna ofensa) por el cambio al final infeliz que yo proponía en mi obra Lágrimas de agua dulce (que ahora el DIF del DF censuró en otro montaje hecho con niños, curioso) que ella dirigía con Ana Zavala actuando. “Tenías razón –me dijo– la explotación infantil no puede tener un final feliz. Vamos a regresar al que es”.
Si el teatro mexicano para jóvenes audiencias está hoy a la vanguardia en todo Latinoamérica se debe –entre otras gentes- a Perla Szuchmacher. Ella nos enseñó que no tiene temas vedados y que con los niños se puede hablar de todo: de la muerte, del divorcio, del abuso e incluso de la diversidad sexual. Ahí radica el poderío de este Nuevo Teatro para Niños del que Perla era una de sus mejores exponentes, como directora y como dramaturga. Malas palabras, El rey que no oía pero escuchaba y, entre otras, Príncipe y Príncipe son ejemplo de ello. No hay con qué pagarte, Perluchis, todos los regalos que nos diste y, como diría Miguel Hernández: “no perdono a la muerte enamorada / no perdono a la vida desatenta…”
Vendedora trashumante de bordados, doña Felícitas recorre pueblos y ciudades. En cada lugar se detiene no sólo para la vendimia, sino para narrarle a quien quiera escucharla la historia de su nieta, Sofía, cuya extraña cualidad de derramar un copioso llanto, hecho no de lágrimas saladas, sino de agua dulce, la convirtió en un objeto de ambición para los adultos de su pueblito natal y marcó su destino trágicamente.
Esta es la anécdota de uno de los mayores trabajos que ha dado en el último lustro el teatro para niños en México, resultado de un equipo creativo que incluye (aparte de Chabaud y Szuchmacher), a Ana Zavala, Ben Hadad Gómez, Haydeé Boetto, Edyta Rzewuska, Félix Bailon Guarro y Alejandro Barrera Cateto.
La audacia (prácticamente insólita en la escena nacional) de llevar una tragedia al territorio del teatro para niños, sin que tal conjugación traicione o desdibuje la esencia de cada uno de esos dos ámbitos, es el mayor triunfo estético de una puesta en escena que es al mismo tiempo cálida y amarga, triste y jocosa, inquietante y encantadora.
Porque, finalmente, el tema de Lágrimas de agua dulce es el de la explotación infantil. Un tema duro, difícil, pero cuyas crueles aristas (el abuso laboral, sexual, psicológico, afectivo… junto con todas las infinitas distorsiones que pueden desprenderse del acoso a la niñez) encuentran su más perfecto canal de manifestación, no en un ejercicio de naturalismo social –que habría sido la solución más fácil e inmediata–, sino en las metáforas posibles desde la dimensión más profunda y universal del pensamiento y del relato fantásticos.
Lágrimas de agua dulce se presentó en Morelia el pasado domingo, como parte de las seis obras michoacanas que audicionaron ante la dirección artística de la XXXI Muestra Nacional de Teatro, en pos de representar a Michoacán en ese escaparate escénico.
Uno
Así pues, he aquí lo que la anciana Felícitas narra a través de sus bordados: la historia de una pequeña Sofía que comienza a llorar lágrimas de agua dulce el día en que fallece su madre. Será Felipe, su único amigo, el primero en descubrir la extraña cualidad de la niña. Y cuando los adultos también la noten, Sofìa se convertirá en la esperanza de todos los habitantes del pueblito de Icuiricui, que agoniza amenazado por una prolongada sequía.
Y he aquí que el pueblo será salvado, pero el milagro se convertirá muy pronto es maldición cuando la codicia reemplace a la necesidad y desate una ambición prohibida: la de enriquecerse a costa de las lágrimas de la niña.
La eficiencia del pensamiento neoliberal que domina nuestro tiempo inventará muy pronto una antinatural “máquina nalgueadora”, destinada ya no sólo a Sofía, sino a todos los niños del pueblo, cuyas lágrimas serán acopiadas y desalinizadas para obtener ganancias adicionales del cloruro de sodio conseguido como derivado del proceso.
Y mientras la mentalidad fría e impersonal del “qué vendes” y del “cuánto vendes” establece sus reglas del juego, corrompiendo a las autoridades civiles del pueblito, al clero y al propio padre de la niña, la abuela Felícitas y Felipe serán los únicos personajes realmente preocupados por Sofía, a la que infructuosamente intentarán ayudar hasta el momento del desenlace trágico: el de una persecución a campo traviesa que termina con la captura de la niña, que se marchita y se extingue delante de sus captores, derrotado su espíritu y vencido su cuerpo por las crueles demandas de la avariciosa comunidad.
Otra imagen de la puesta del grupo Hecho a mano, en la que se aprecia el tapiz de estambre cuyos elementos contribuyen a narrar la historia.Dos
Nacida como proyecto gracias a una beca del Sistema Estatal de Creadores (Secrea) de Michoacán en 2007, Lágrimas de agua dulce es uno de esos casos en los que la ciega sabiduría del “azar” o del “destino” congrega en un proyecto a las personas adecuadas. La dramaturgia de Jaime Chabaud (Perder la cabeza, Oc ye Nechca, Rashid 9/11, Tempranito y en ayunas, Lluna y el cuadro El pirómano en Me cago en Freud, entre muchas otras) cumple con singular oficio una de las máximas de la construcción de caracteres (“como autor, tienes que ser despiadado con tu personaje”), dándole a Sofía un conflicto exacto y a la medida de sus atributos. Con Perla Szuchmacher, Chabaud también redimensiona la dramaturgia original para trasladarla al campo del monólogo y los títeres. Mientras, Edyta Rzewuska, Haydeé Boetto y Ben Hadad Gómez conciben una escenografía y unos títeres que contribuyen, con sus cualidades, a modular la intensidad conceptual y emotiva de lo que se nos está contando, pues acuden al estambre, que es un material cálido y generoso, a partir del cual atenúan sin maquillarlas las dolorosas situaciones de la tragedia que estamos viendo. La música de Félix Bailon Guarro y Alejandro Barrera Cateto es la discreta cereza de un pastel cuya almendra es la actriz Ana Zavala que convence y conmueve en cada uno de los ocho o diez personajes a los que da vida (ya como títeres de mesa o como simples objetos animados) con una gran dosis de ludismo.
Un espectáculo que mereció el primer lugar en la Muestra Estatal de Teatro de Michoacán 2008 y que desde entonces ha recorrido con mucha fortuna (la que se merece, después de todo) diversas regiones del país.
Tres
Lágrimas de agua dulce permanece con nosotros, pero Perla Szuchmacher ya no. A propósito de esto, en la página de Rubén Szuchmacher, hermano de la autora, aparece este post con las siguientes palabras de Jaime Chabaud Magnus, escritas tras el deceso de la realizadora, acaecido el 10 de mayo pasado:
Me causa un inmenso dolor la muerte de Perla Szuchmacher, dramaturga y directora dedicada al teatro para niños y jóvenes. Además de la amistad que nos unía, me aterra (en el sentido originario de esta “mala” palabra) porque pocas son las gentes de teatro que nacieron para servir. Los demás sólo saben servirse, avorazarse, agandallarse y –en el mejor de los casos- mirarse el ombligo y dar codazos si alguien estorba. Perla fue de una generosidad proverbial y tocó el corazón de muchos colegas y –por supuesto- de su público. Argentina de nacimiento, la recuerdo dando brincos de felicidad porque un día, después de muchos trámites, se había vuelto mexicana. Estaba feliz como niña con juguete nuevo, orgullosa de su nueva nacionalidad, muy pero muy contenta, con la mirada limpia. Me acuerdo del día que me enseñó su casa nueva, la primera de propiedad de Alberto (su marido) y suya, me llevó de la mano por todos los rincones contándome atropelladamente las mejoras que quería hacerle, hace no más de tres años, a esa su casa, donde quería pasar el resto de su vida, con la paz de un techo suyo. Y no saldrá de mi memoria el día que me pidió disculpas (no había ninguna ofensa) por el cambio al final infeliz que yo proponía en mi obra Lágrimas de agua dulce (que ahora el DIF del DF censuró en otro montaje hecho con niños, curioso) que ella dirigía con Ana Zavala actuando. “Tenías razón –me dijo– la explotación infantil no puede tener un final feliz. Vamos a regresar al que es”.
Si el teatro mexicano para jóvenes audiencias está hoy a la vanguardia en todo Latinoamérica se debe –entre otras gentes- a Perla Szuchmacher. Ella nos enseñó que no tiene temas vedados y que con los niños se puede hablar de todo: de la muerte, del divorcio, del abuso e incluso de la diversidad sexual. Ahí radica el poderío de este Nuevo Teatro para Niños del que Perla era una de sus mejores exponentes, como directora y como dramaturga. Malas palabras, El rey que no oía pero escuchaba y, entre otras, Príncipe y Príncipe son ejemplo de ello. No hay con qué pagarte, Perluchis, todos los regalos que nos diste y, como diría Miguel Hernández: “no perdono a la muerte enamorada / no perdono a la vida desatenta…”
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Algunos momentos de Lágrimas de agua dulce.
El enorme cráter Orcus Patera perfilándose cerca del amanecer marciano, desde la concepción artística del ilustrador científico Kees Veenenbos.En cierto sentido, la noticia no es nueva. Fue entre el 14 y el 15 de julio de 1965 (hace 45 años), durante la misión estadunidense de la sonda automática Mariner 4, cuando el mundo supo por primera vez de la existencia del cráter más extraño de todo el sistema solar: el Orcus Patera, localizado cerca del ecuador marciano, justo entre el gigantesco Monte Olimpo (que a su vez es el mayor volcán que se ha encontrado en el sistema solar) y el Monte Elíseo.
Pero el Orcus Patera ha vuelto a ser noticia esta semana, debido a que la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) reveló nuevas y más detalladas fotos del cráter que fueron captadas apenas el viernes 27 de agosto por la sonda Mars Express.
El desconcierto científico, que se ha despertado fundamentalmente entre los geólogos, puede ser comprensible a la luz de la imagen que posteo arriba de estas líneas y que es una interpretación artística (rigurosamente fiel, a partir de la información real que se posee,) del ilustrador Kees Veenenbos, que tiene varios años trabajando para la NASA.
Más abajo hay otra imagen, esta vez sí una foto de la misión Mars Express.
El hecho es que desde hace 45 años los científicos no logran ponerse de acuerdo al buscar una explicación satisfactoria para la forma elíptica del cráter, que mide unos 380 kilómetros de longitud por unos 140 de envergadura. Mientras, en sus puntos más altos, su borde se eleva a casi dos kilómetros y su profundidad promedio es de entre 400 y 600 metros.
Hasta ahora hay varias hipótesis que intentan explicar la inusual forma elíptica de Orcus Patera. Dos son más aceptadas. Una propone que ha podido tratarse de un atípico impacto, por parte de un objeto que ingresó al campo gravitacional marciano con una inclinación menor a los 5 grados, ocasionando la estela que dio origen al cráter. La otra sugiere que el cráter puede ser resultado de distintos impactos que, mediante procesos naturales de erosión, terminaron por darle al cráter la extraña forma que exhibe.
Pero ambas sugerencias no pasan de meras hipótesis porque hasta el momento nadie ha podido explicar satisfactoriamente los detalles geológicos implicados, de modo que, por el momento, Marte nos ofrece un nuevo enigma que tendrá ocupados a los expertos durante los próximos años.
La información completa, tal como fue emitida por la Agencia Espacial Europea (en idioma inglés, ni modo) el pasado 27 de agosto, en este enlace.
Pero el Orcus Patera ha vuelto a ser noticia esta semana, debido a que la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) reveló nuevas y más detalladas fotos del cráter que fueron captadas apenas el viernes 27 de agosto por la sonda Mars Express.
El desconcierto científico, que se ha despertado fundamentalmente entre los geólogos, puede ser comprensible a la luz de la imagen que posteo arriba de estas líneas y que es una interpretación artística (rigurosamente fiel, a partir de la información real que se posee,) del ilustrador Kees Veenenbos, que tiene varios años trabajando para la NASA.
Más abajo hay otra imagen, esta vez sí una foto de la misión Mars Express.
El hecho es que desde hace 45 años los científicos no logran ponerse de acuerdo al buscar una explicación satisfactoria para la forma elíptica del cráter, que mide unos 380 kilómetros de longitud por unos 140 de envergadura. Mientras, en sus puntos más altos, su borde se eleva a casi dos kilómetros y su profundidad promedio es de entre 400 y 600 metros.
Hasta ahora hay varias hipótesis que intentan explicar la inusual forma elíptica de Orcus Patera. Dos son más aceptadas. Una propone que ha podido tratarse de un atípico impacto, por parte de un objeto que ingresó al campo gravitacional marciano con una inclinación menor a los 5 grados, ocasionando la estela que dio origen al cráter. La otra sugiere que el cráter puede ser resultado de distintos impactos que, mediante procesos naturales de erosión, terminaron por darle al cráter la extraña forma que exhibe.
Pero ambas sugerencias no pasan de meras hipótesis porque hasta el momento nadie ha podido explicar satisfactoriamente los detalles geológicos implicados, de modo que, por el momento, Marte nos ofrece un nuevo enigma que tendrá ocupados a los expertos durante los próximos años.
La información completa, tal como fue emitida por la Agencia Espacial Europea (en idioma inglés, ni modo) el pasado 27 de agosto, en este enlace.
Caleidoscopio del desamor
Los actores Alberto García y Lucía Díaz en una de las escenas de Intimidad (Hugo Hiriart, 1984) en versión de Hasam Díaz y la agrupación moreliana Pólux Teatro.
Nunca es fácil aceptar al desamor cuando llega a nuestra vida: ese momento en el que agonizan la complicidad, el deseo y el entusiasmo que definen una relación de pareja. El desamor es el tema de Intimidad (Hugo Hiriart, 1984), la cual fue estrenada por el director Hasam Díaz y la agrupación Pólux Teatro a comienzos de este año en Morelia.
Pero si el desamor es el asunto muy particular del que se ocupa esta puesta en escena, su desencanto es caleidoscópicamente multiplicado a través de su paso por dos parejas que se desdoblan en cuatro, potenciado a partir de las situaciones patéticas o ridículas que protagonizan y resignificado por las distanciadas reflexiones que, en determinados momentos, emite cada personaje, insólitamente situado como observador frío e imparcial de la tragedia o el absurdo de los otros.
Intimidad fue la tercera de las seis obras morelianas que el pasado fin de semana audicionaron en Morelia ante dos jurados de la XXXI Muestra Nacional de Teatro, con miras a figurar en el escaparate de diciembre próximo en Guadalajara.
Uno
Acompañada por los lánguidos compases de un piano (música original de Heriberto Díaz), de la oscuridad surge una pareja que atraviesa el escenario, encaramada la una encima del otro, que la lleva a cuestas como entre ciertos insectos cuando cumplen sus ritos de apareamiento. Ese tránsito fugaz preside la primera escena de Intimidad, que nos lleva al espacio más íntimo de nuestros mundos domésticos: la alcoba en la que Martha (Cuauhtli Hernández) y Julio (Jaime Noguerón) despiertan y comienzan su día discutiendo por algo tan nimio como una extraviada aguja de coser.
Sin embargo, lo que parecería anunciarse de esta manera como una probable comedia de enredos, deja de serlo tan pronto como Martha y Julio se congelan en plena escena e ingresa una Pipa (Lucía Díaz) que estudia críticamente a los personajes e invita al público a escudriñar con más cuidado la circunstancia que protagonizan. En efecto, en el subtexto de la situación pulsa un intenso duelo de poder a través de reproches mutuos que son desmenuzados y analizados a detalle por la narradora.
Similares mecanismos de ruptura y distanciamiento serán permanentes a lo largo de la puesta en escena, enriquecidos por un juego de reiteraciones en el que una misma situación se repite en cuatro distintas conjugaciones entre los personajes (primero son las parejas de Martha y Julio y de Pipa y Pedro, luego las de Julio y Pedro y de Martha y Pipa), tan sólo para mostrar que en el desamor, como en ciertas operaciones matemáticas, el orden de los factores no altera el producto, que en este caso es una experiencia amorosa que se mantiene, agridulce, a medio camino entre el cielo y el infierno.
Dos
Lo anecdótico es, probablemente, lo de menos en una dramaturgia como la de Intimidad, ya se trate de la disputa por irresponsabilidades e incomprensiones mutuas (“¿En vez de emborracharte no crees que sería mejor que buscaras empleo? Sí, los sábados, domingos y fiestas de guardar. Porque no sé si habrás notado que no nos alcanza. En vez de andar pensando genialidades deberías darnos para comer. Porque no sé si has notado que hay que comer todos los días”) o por alardes varoniles de open mind que, a la hora de la hora, cuando viene la confesión pedida de parte de la pareja, no saben aguantar vara y dejan salir al “macho ilustrado” que al parecer todos llevamos dentro (“¡¿Perdiste tu virginidad arriba de un coche?!” “No. Adentro”. “¡¿Cómo es posible?!” “Era un coche muy grande”).
En cambio, lo que realmente importa es la estructura del trabajo, con esa sucesión de rupturas que nos permiten, como espectadores, ir poniendo en perspectiva experiencias bien conocidas, prácticamente universales, y que se transforman en una suma de situaciones muy exigentes porque obligan al público a confrontarse consigo mismo, a revisar sus propias actitudes ante el amor que agoniza.
De todos los cuadros escénicos dedicados a estas rupturas y distanciamientos (muy brechtianos, por cierto), recupero sólo el siguiente, que es uno de los más significativos y en el cual Julio propone el leit motiv de lo que es toda la obra:
“Permítaseme un símil: todos podemos diferenciar entre un color rojo y un color azul; pero hay ciertos tonos de color de los que no sabríamos decir si se trata de un rojo o un azul. Y es precisamente ese tono vacilante y ambiguo el que colorea la existencia de esta pareja indecisa entre el sufrimiento o el placer, entre la dicha o la pena. Álzanse uno frente a la otra como obstáculos, como el aire de la paloma de Kant, que se siente como un freno, pero sin el cual no se puede volar” (la metáfora aparece en la introducción de Crítica de la Razón Pura, Emmanuel Kant, 1781). “Y es aquí donde aparece la flor de las contradicciones: no puedo vivir contigo, no puedo vivir sin ti. La vida de la pareja es un callejón estrecho pero de doble sentido. Las cosas van y vienen. Vamos a ver”.
De manera que, desde esta estructura y desde las premisas que operan a través de ella, Intimidad se convierte, adicionalmente, en un interesante replanteamiento del viejo conflicto decimonónico entre las posiciones encontradas del empirismo y el racionalismo que hasta hoy juegan un papel tan grande en nuestra vida cotidiana.
Por lo demás, una última ruptura, que en gran medida nos convoca a poner a prueba la mecanicidad (algo bergsoniana en su sentido) de las matrices del amor, se convierte en una insólita especie de cuadro musical en el que las parejas bailan y representan, estilizadamente, los ritos del encuentro sexual, mientras la música es acompañada por una voz mecánica, autómata, que exhibe al amor como una mera fisiología de la pasión.
Tres
No es manda, desde luego; sin embargo, para disfrutar plenamente de Intimidad vale mucho la pena acercarse a un libro imprescindible de Hugo Hiriart: Los dientes eran el piano (Tusquets Editores, 1999), que reúne ensayos donde el autor reflexiona sobre el arte y la imaginación. Dos textos de ese libro, en particular, brindan claves decisivas para comprender la manera en que acomete sus procesos creativos este dramaturgo, poeta y escritor. Se trata de La oropéndola de plata y Más sobre las irregularidades.
Hiriart afirma que, generalmente, la imaginación trabaja articulando conjuntos de regularidades y que lo importante, creativamente, es alterar esas regularidades. ¿Qué pasa, por ejemplo, si en vez de proponer una imagen regular, como la de un perro que duerme sobre un tapete, ante la chimenea de una sala, la imagen que se propone es la de un caballo? Hiriart sostiene que mecanismos de este tipo conducen de inmediato al territorio de la fábula.
Y es esto, precisamente, lo que hace Hiriart en Intimidad. Todo el texto le apuesta a bordear ese aspecto de la imaginación: la alteración de las regularidades. De ahí la importancia de las rupturas y de los juegos de transiciones que ponen en tensión la lógica habitual de la simple comedia y desarrollan (estilística y genéricamente) configuraciones inéditas.
Evidentemente, tal propuesta dramatúrgica exige de la dirección un trabajo de problematización particularmente elaborado (aunque su resultado, en la puesta, sea de una muy decantada simplicidad). En este sentido, Hasam Díaz sale adelante con el compromiso: va a lo esencial indispensable, emprende una escenografía ligera, define su espacio como el de un teatro-arena y se respalda con un grupo de actores que asumen y saben responder al desafío, empezando por Lucía Díaz y un Jaime Noguerón que, por cierto, es el único actor que está participando en las audiciones por partida doble (en los elencos de Intimidad y de La verdadera venganza del gato Boris)... aunque también hay que decir que, durante la función sabatina, ante la dirección artística de la Muestra Nacional, la energía no siempre estuvo en su sitio y hubo ciertas premuras en el ritmo.
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Algunos momentos de Intimidad en la función de la agrupación moreliana Pólux Teatro para el jurado de la MNT.
Los actores Alberto García y Lucía Díaz en una de las escenas de Intimidad (Hugo Hiriart, 1984) en versión de Hasam Díaz y la agrupación moreliana Pólux Teatro.Nunca es fácil aceptar al desamor cuando llega a nuestra vida: ese momento en el que agonizan la complicidad, el deseo y el entusiasmo que definen una relación de pareja. El desamor es el tema de Intimidad (Hugo Hiriart, 1984), la cual fue estrenada por el director Hasam Díaz y la agrupación Pólux Teatro a comienzos de este año en Morelia.
Pero si el desamor es el asunto muy particular del que se ocupa esta puesta en escena, su desencanto es caleidoscópicamente multiplicado a través de su paso por dos parejas que se desdoblan en cuatro, potenciado a partir de las situaciones patéticas o ridículas que protagonizan y resignificado por las distanciadas reflexiones que, en determinados momentos, emite cada personaje, insólitamente situado como observador frío e imparcial de la tragedia o el absurdo de los otros.
Intimidad fue la tercera de las seis obras morelianas que el pasado fin de semana audicionaron en Morelia ante dos jurados de la XXXI Muestra Nacional de Teatro, con miras a figurar en el escaparate de diciembre próximo en Guadalajara.
Uno
Acompañada por los lánguidos compases de un piano (música original de Heriberto Díaz), de la oscuridad surge una pareja que atraviesa el escenario, encaramada la una encima del otro, que la lleva a cuestas como entre ciertos insectos cuando cumplen sus ritos de apareamiento. Ese tránsito fugaz preside la primera escena de Intimidad, que nos lleva al espacio más íntimo de nuestros mundos domésticos: la alcoba en la que Martha (Cuauhtli Hernández) y Julio (Jaime Noguerón) despiertan y comienzan su día discutiendo por algo tan nimio como una extraviada aguja de coser.
Sin embargo, lo que parecería anunciarse de esta manera como una probable comedia de enredos, deja de serlo tan pronto como Martha y Julio se congelan en plena escena e ingresa una Pipa (Lucía Díaz) que estudia críticamente a los personajes e invita al público a escudriñar con más cuidado la circunstancia que protagonizan. En efecto, en el subtexto de la situación pulsa un intenso duelo de poder a través de reproches mutuos que son desmenuzados y analizados a detalle por la narradora.
Similares mecanismos de ruptura y distanciamiento serán permanentes a lo largo de la puesta en escena, enriquecidos por un juego de reiteraciones en el que una misma situación se repite en cuatro distintas conjugaciones entre los personajes (primero son las parejas de Martha y Julio y de Pipa y Pedro, luego las de Julio y Pedro y de Martha y Pipa), tan sólo para mostrar que en el desamor, como en ciertas operaciones matemáticas, el orden de los factores no altera el producto, que en este caso es una experiencia amorosa que se mantiene, agridulce, a medio camino entre el cielo y el infierno.
Dos
Lo anecdótico es, probablemente, lo de menos en una dramaturgia como la de Intimidad, ya se trate de la disputa por irresponsabilidades e incomprensiones mutuas (“¿En vez de emborracharte no crees que sería mejor que buscaras empleo? Sí, los sábados, domingos y fiestas de guardar. Porque no sé si habrás notado que no nos alcanza. En vez de andar pensando genialidades deberías darnos para comer. Porque no sé si has notado que hay que comer todos los días”) o por alardes varoniles de open mind que, a la hora de la hora, cuando viene la confesión pedida de parte de la pareja, no saben aguantar vara y dejan salir al “macho ilustrado” que al parecer todos llevamos dentro (“¡¿Perdiste tu virginidad arriba de un coche?!” “No. Adentro”. “¡¿Cómo es posible?!” “Era un coche muy grande”).
En cambio, lo que realmente importa es la estructura del trabajo, con esa sucesión de rupturas que nos permiten, como espectadores, ir poniendo en perspectiva experiencias bien conocidas, prácticamente universales, y que se transforman en una suma de situaciones muy exigentes porque obligan al público a confrontarse consigo mismo, a revisar sus propias actitudes ante el amor que agoniza.
De todos los cuadros escénicos dedicados a estas rupturas y distanciamientos (muy brechtianos, por cierto), recupero sólo el siguiente, que es uno de los más significativos y en el cual Julio propone el leit motiv de lo que es toda la obra:
“Permítaseme un símil: todos podemos diferenciar entre un color rojo y un color azul; pero hay ciertos tonos de color de los que no sabríamos decir si se trata de un rojo o un azul. Y es precisamente ese tono vacilante y ambiguo el que colorea la existencia de esta pareja indecisa entre el sufrimiento o el placer, entre la dicha o la pena. Álzanse uno frente a la otra como obstáculos, como el aire de la paloma de Kant, que se siente como un freno, pero sin el cual no se puede volar” (la metáfora aparece en la introducción de Crítica de la Razón Pura, Emmanuel Kant, 1781). “Y es aquí donde aparece la flor de las contradicciones: no puedo vivir contigo, no puedo vivir sin ti. La vida de la pareja es un callejón estrecho pero de doble sentido. Las cosas van y vienen. Vamos a ver”.
De manera que, desde esta estructura y desde las premisas que operan a través de ella, Intimidad se convierte, adicionalmente, en un interesante replanteamiento del viejo conflicto decimonónico entre las posiciones encontradas del empirismo y el racionalismo que hasta hoy juegan un papel tan grande en nuestra vida cotidiana.
Por lo demás, una última ruptura, que en gran medida nos convoca a poner a prueba la mecanicidad (algo bergsoniana en su sentido) de las matrices del amor, se convierte en una insólita especie de cuadro musical en el que las parejas bailan y representan, estilizadamente, los ritos del encuentro sexual, mientras la música es acompañada por una voz mecánica, autómata, que exhibe al amor como una mera fisiología de la pasión.
Tres
No es manda, desde luego; sin embargo, para disfrutar plenamente de Intimidad vale mucho la pena acercarse a un libro imprescindible de Hugo Hiriart: Los dientes eran el piano (Tusquets Editores, 1999), que reúne ensayos donde el autor reflexiona sobre el arte y la imaginación. Dos textos de ese libro, en particular, brindan claves decisivas para comprender la manera en que acomete sus procesos creativos este dramaturgo, poeta y escritor. Se trata de La oropéndola de plata y Más sobre las irregularidades.
Hiriart afirma que, generalmente, la imaginación trabaja articulando conjuntos de regularidades y que lo importante, creativamente, es alterar esas regularidades. ¿Qué pasa, por ejemplo, si en vez de proponer una imagen regular, como la de un perro que duerme sobre un tapete, ante la chimenea de una sala, la imagen que se propone es la de un caballo? Hiriart sostiene que mecanismos de este tipo conducen de inmediato al territorio de la fábula.
Y es esto, precisamente, lo que hace Hiriart en Intimidad. Todo el texto le apuesta a bordear ese aspecto de la imaginación: la alteración de las regularidades. De ahí la importancia de las rupturas y de los juegos de transiciones que ponen en tensión la lógica habitual de la simple comedia y desarrollan (estilística y genéricamente) configuraciones inéditas.
Evidentemente, tal propuesta dramatúrgica exige de la dirección un trabajo de problematización particularmente elaborado (aunque su resultado, en la puesta, sea de una muy decantada simplicidad). En este sentido, Hasam Díaz sale adelante con el compromiso: va a lo esencial indispensable, emprende una escenografía ligera, define su espacio como el de un teatro-arena y se respalda con un grupo de actores que asumen y saben responder al desafío, empezando por Lucía Díaz y un Jaime Noguerón que, por cierto, es el único actor que está participando en las audiciones por partida doble (en los elencos de Intimidad y de La verdadera venganza del gato Boris)... aunque también hay que decir que, durante la función sabatina, ante la dirección artística de la Muestra Nacional, la energía no siempre estuvo en su sitio y hubo ciertas premuras en el ritmo.
EN VIDEO

Los actores David Hurtado y Aidet Fuentes Mapourmé en una imagen de Round de sombras, correspondiente a la primera temporada de esta pieza, estrenada a comienzos del año pasado en Morelia.
Recién separados, el bioquímico Andrés Belaunzarán (David Hurtado) y la ejecutiva bursátil Julia (Aidet Fuentes Mapourmé) se reúnen una noche en la casa que compartieron. Él la ha invitado a cenar y durante el encuentro se muestra obsequioso, parece buscar una reconciliación. Ella, en cambio, se resguarda detrás de una calculada armadura de frialdad y sarcasmo por la que resbala cada intento de Andrés en pos de empatía.
La cena se desarrolla entre diálogos que transitan activamente de las confidencias al enfrentamiento y al reproche mutuo. Tal situación nos permite reconstruir la historia de los personajes y la naturaleza del momento que comparten: una vez perdido el amor y con las heridas vivas y abiertas, no queda más que revolcarse entre los escombros de un afecto que ya sólo será alevosía o no será.
Así: agria, irónica y con un doloroso twist final, la pieza Round de sombras (Carmina Narro, 1996) hace de sus protagonistas ejemplares perfectos para vivisectar al amor como duelo de poder. Un duelo en el que cada uno de los enamorados, en nombre de su amor perdido, buscará y conseguirá la cruel destrucción del otro.
Uno
Este trabajo, que forma parte de la trilogía Químicos para el amor, fue emprendido por Ramsés Figueroa el año pasado para la materia de Dirección II, en el octavo semestre de la licenciatura de Teatro de la Escuela Popular de Bellas Artes. La obra, de unos veinticinco minutos de duración en su formato original, hizo una corta temporada estudiantil, intramuros. Más tarde, durante un taller de dirección escénica impartido en Morelia por Fausto Ramírez y a modo de experimento, Ramsés Figueroa resolvió extenderla para poder inscribirla a la Muestra Estatal de Teatro de 2009 (una de cuyas cláusulas demandaba que las obras aspirantes tuvieran una duración mínima de 45 minutos). Este “extenderla” implicó proponer una segunda vuelta para la pieza, pero con los roles de los personajes invertidos.
Precisamente esta versión doble es la que el pasado fin de semana, en la segunda de las seis audiciones de obras morelianas aspirantes a la XXXI Muestra Nacional de Teatro, fue presentada por los integrantes del grupo Silencio Teatro en el foro La Bodega.
Dos
¿Sólo podemos poseer lo bello cuando lo destruimos? Esto es lo que propone la sinaloense Carmina Narro en Round de sombras. Hay ocasiones en las que aventurarse significa desventurarse más. A los personajes de esta pieza les ocurre precisamente eso. Una vez asumido el amor como duelo de poder, sólo conduce al abismo. Deberían detenerse, pero no pueden.
La pieza es también un cumplido breviario del maquiavelismo de la simulación, ya que el personaje que parece ser el más vulnerable es el que termina sometiendo al otro, derrotándolo en el último momento al destruir la belleza sobre la que fundaba su supremacía.
Y el hecho de que este personaje sea el varón en la primera vuelta de la obra y la mujer en la segunda vuelta, establece una tensión de género a la que el público resulta muy sensible. Desde este punto de vista, el experimento de Ramsés resulta muy provocador.
Por lo que atañe a los valores teatrales, la puesta del grupo Silencio Teatro es una pieza redonda en sus aspiraciones naturalistas, de una gran veracidad escénica, incluso en escenas tan difíciles como la del bofetón.
También importa tener en cuenta que se trata de un trabajo muy atento a su realidad, que toma una dramaturgia nacional y que aborda un tema que no es en absoluto ajeno o extraño, sino común, muy asequible al público: el de esas relaciones enfermas, destructivas, que se transforman en un asunto de sometimiento y dependencia.
Lo escribía aquí, en este mismo blog, el año pasado (los interesados en el texto y, sobre todo, en el video que registra más aspectos de esa puesta en escena, favor de dar un clic aquí): En términos de actuación el aplauso sigue siendo para Aidet Fuentes Mapourmé, quien logra una potente caracterización. David Hurtado aparece correcto. Pero hay suficiente simetría y equilibrio entre los dos personajes para convencer y conmover. Además, los protagonistas afrontan una experiencia particularmente difícil porque tanto la dramaturgia como el concepto de la puesta en sí (como teatro arena, muy cerca del público) están pensados para que todo el trabajo recaiga en los personajes. Es un teatro de actores.
Como director, Ramsés Figueroa resuelve con limpieza y sencillez, dos atributos que nunca serán lo suficientemente festejados. Escenográficamente establece la mesa de la cena como centro de gravedad del espacio, con una taciturna lámpara pendiendo sobre ella y nada más.
Una experiencia de teatro estudiantil muy profesional: apasionada, responsable, inteligente y veraz.
EN VIDEO
Recién separados, el bioquímico Andrés Belaunzarán (David Hurtado) y la ejecutiva bursátil Julia (Aidet Fuentes Mapourmé) se reúnen una noche en la casa que compartieron. Él la ha invitado a cenar y durante el encuentro se muestra obsequioso, parece buscar una reconciliación. Ella, en cambio, se resguarda detrás de una calculada armadura de frialdad y sarcasmo por la que resbala cada intento de Andrés en pos de empatía.
La cena se desarrolla entre diálogos que transitan activamente de las confidencias al enfrentamiento y al reproche mutuo. Tal situación nos permite reconstruir la historia de los personajes y la naturaleza del momento que comparten: una vez perdido el amor y con las heridas vivas y abiertas, no queda más que revolcarse entre los escombros de un afecto que ya sólo será alevosía o no será.
Así: agria, irónica y con un doloroso twist final, la pieza Round de sombras (Carmina Narro, 1996) hace de sus protagonistas ejemplares perfectos para vivisectar al amor como duelo de poder. Un duelo en el que cada uno de los enamorados, en nombre de su amor perdido, buscará y conseguirá la cruel destrucción del otro.
Uno
Este trabajo, que forma parte de la trilogía Químicos para el amor, fue emprendido por Ramsés Figueroa el año pasado para la materia de Dirección II, en el octavo semestre de la licenciatura de Teatro de la Escuela Popular de Bellas Artes. La obra, de unos veinticinco minutos de duración en su formato original, hizo una corta temporada estudiantil, intramuros. Más tarde, durante un taller de dirección escénica impartido en Morelia por Fausto Ramírez y a modo de experimento, Ramsés Figueroa resolvió extenderla para poder inscribirla a la Muestra Estatal de Teatro de 2009 (una de cuyas cláusulas demandaba que las obras aspirantes tuvieran una duración mínima de 45 minutos). Este “extenderla” implicó proponer una segunda vuelta para la pieza, pero con los roles de los personajes invertidos.
Precisamente esta versión doble es la que el pasado fin de semana, en la segunda de las seis audiciones de obras morelianas aspirantes a la XXXI Muestra Nacional de Teatro, fue presentada por los integrantes del grupo Silencio Teatro en el foro La Bodega.
Dos
¿Sólo podemos poseer lo bello cuando lo destruimos? Esto es lo que propone la sinaloense Carmina Narro en Round de sombras. Hay ocasiones en las que aventurarse significa desventurarse más. A los personajes de esta pieza les ocurre precisamente eso. Una vez asumido el amor como duelo de poder, sólo conduce al abismo. Deberían detenerse, pero no pueden.
La pieza es también un cumplido breviario del maquiavelismo de la simulación, ya que el personaje que parece ser el más vulnerable es el que termina sometiendo al otro, derrotándolo en el último momento al destruir la belleza sobre la que fundaba su supremacía.
Y el hecho de que este personaje sea el varón en la primera vuelta de la obra y la mujer en la segunda vuelta, establece una tensión de género a la que el público resulta muy sensible. Desde este punto de vista, el experimento de Ramsés resulta muy provocador.
Por lo que atañe a los valores teatrales, la puesta del grupo Silencio Teatro es una pieza redonda en sus aspiraciones naturalistas, de una gran veracidad escénica, incluso en escenas tan difíciles como la del bofetón.
También importa tener en cuenta que se trata de un trabajo muy atento a su realidad, que toma una dramaturgia nacional y que aborda un tema que no es en absoluto ajeno o extraño, sino común, muy asequible al público: el de esas relaciones enfermas, destructivas, que se transforman en un asunto de sometimiento y dependencia.
Lo escribía aquí, en este mismo blog, el año pasado (los interesados en el texto y, sobre todo, en el video que registra más aspectos de esa puesta en escena, favor de dar un clic aquí): En términos de actuación el aplauso sigue siendo para Aidet Fuentes Mapourmé, quien logra una potente caracterización. David Hurtado aparece correcto. Pero hay suficiente simetría y equilibrio entre los dos personajes para convencer y conmover. Además, los protagonistas afrontan una experiencia particularmente difícil porque tanto la dramaturgia como el concepto de la puesta en sí (como teatro arena, muy cerca del público) están pensados para que todo el trabajo recaiga en los personajes. Es un teatro de actores.
Como director, Ramsés Figueroa resuelve con limpieza y sencillez, dos atributos que nunca serán lo suficientemente festejados. Escenográficamente establece la mesa de la cena como centro de gravedad del espacio, con una taciturna lámpara pendiendo sobre ella y nada más.
Una experiencia de teatro estudiantil muy profesional: apasionada, responsable, inteligente y veraz.
EN VIDEO
Algunos instantes del monólogo de Santa Herejía Producciones, con el que abrieron las funciones de audición en las que seis grupos morelianos compiten para acudir a la Muestra Nacional de Teatro.
El duranguense Enrique Mijares y la tapatía Alejandra Tello fueron los dos integrantes de la dirección artística de la XXXI Muestra Nacional de Teatro que estuvieron en Morelia el pasado fin de semana para evaluar a las seis obras morelianas que se inscribieron para ser tomadas en cuenta en el escaparate escénico de diciembre próximo. Los resultados de las audiciones se conocerán el próximo 3 de septiembre.Los teatristas universitarios morelianos acapararon este año, en una experiencia inédita, las audiciones con miras a participar en la XXXI Muestra Nacional de Teatro (MNT), que se realizará en diciembre próximo en la ciudad de Guadalajara, Jalisco. Seis grupos morelianos, todos dirigidos por egresados de la licenciatura de Teatro de la Escuela Popular de Bellas Artes (dependiente de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo) mostraron sus propuestas ante dos integrantes de la dirección artística de la MNT 2010.
Las audiciones tuvieron como sede el foro alternativo La Bodega, de la Secretaría de Cultura de Michoacán y se emprendieron entre el sábado 28 y el domingo 29 de agosto, distribuidas en tres funciones diarias.
Los trabajos participantes fueron Carmelita, la niña del mechón, del grupo Santa Herejía, escrita y dirigida por José Luis Pineda. Round de Sombras, de Carmina Narro, del grupo Silencio Teatro en dirección de Ramsés Figueroa. Intimidad, de Hugo Hiriart, con el grupo PoluX Teatro y dirección de Hasam Díaz. Lágrimas de agua dulce, de Jaime Chabaud, con el grupo Hecho a mano y una dirección original de Perla Szuchmacher (+). La verdadera venganza del Gato Boris, de Maribel Carrasco con el grupo Sonaja Roja y dirección de José Suanate (Suárez Nateras), así como La luna vista por los muertos, de Daniel Rodríguez Barrón, con el grupo Aleatorio Teatro que dirige Sheila A. Rodríguez.
Ningún grupo profesional michoacano se inscribió este año a la Muestra Nacional de Teatro. Contrapeso, por ejemplo, se encuentra atareado en estos momentos resolviendo la puesta en escena de su obra sobre Emiliano Zapata, con miras a los festejos patrios de este año, la cual estará lista para su estreno en octubre o noviembre entrantes.
Mientras, las jornadas de audición comenzaron con una propuesta emprendida por el más veterano de quienes conforman al grupo de universitarios: José Luis Pineda Servín (Carmelita, la niña del mechón), ya treintañero, y las sesiones concluyeron con la propuesta de la realizadora más joven de la camada, Sheila A. Rodríguez (La luna vista por los muertos), que apenas remonta los veinte años de edad.
Presentes, Enrique Mijares y Alejandra
Tello, de la Dirección Artística de la MNT
Para audicionar los trabajos locales, estuvieron en Morelia el dramaturgo, director, ensayista y crítico teatral duranguense Enrique Mijares, así como la actriz, promotora cultural, catedrática de artes escénicas y crítica tapatía Alejandra Tello Arenas. Valga señalar aquí que, procedente de Chihuahua, donde también audicionó obras, el maestro Mijares no arribó a la capital michoacana sino hasta el sábado por la tarde, de modo que no pudo ver las dos primeras puestas en escena (Carmelita… y Round de sombras), que sólo fueron cubiertas por Alejandra Tello.
Al término de las dos jornadas teatrales de fin de semana, Poliedro entrevistó tanto a Mijares como a Tello Arenas. Ambos coincidieron en señalar que el teatro universitario que han encontrado en Morelia tiene propuestas y compromiso profesional. A continuación, las entrevistas con cada uno de los jurados.
Enrique Mijares: he visto mística teatral
“De lo que he visto en Morelia –dice el norteño Enrique Mijares–, lo que más me gusta es que estamos viendo resultados de gente de teatro que viene de estudios universitarios, con una formación académica de nivel superior. Prácticamente todo lo que hemos visto en Morelia es de egresados universitarios y lo importante es que veo un nivel de compromiso, de mística teatral, que en otras partes no se ve. Porque también hay lugares del país en los que, aunque haya escuelas o facultades de artes escénicas, de todos modos se opera a nivel de me vale madres y ahí se va, y eso no se vale”.
“Esta situación –abunda– me obligó a detallar, en la cláusula del acta de una de las muestras en las que participé, lo siguiente: hay grupos que toman por asalto el escenario y que son oportunistas porque se aprovechan de las características de la convocatoria, que permiten que el grupo se desplace de distintas partes del Estado con gastos pagados, hospedaje y alimentación, para venir a presentar cosas que no tienen absolutamente nada qué ver con el teatro. Hay gente que no tiene conciencia de lo que es el teatro, que no tiene esa veneración por el escenario que debemos profesar quienes atendemos al público. Pero hubo otros casos en los que vimos obras que ojalá veamos en la Muestra Nacional”.
Indica más adelante que, ya como jurado invitado a muestras estatales o como integrante de la dirección artística de la MNT para audicionar obras aspirantes, ha estado en Mérida, Tampico y Chihuahua. “Pero no se puede ver todo –lamenta–. Ojalá se pudiera, porque ver el teatro en carpeta o en video es muy difícil, muy engañoso. El teatro es una experiencia de comparecencia. De modo que ha sido mucho trabajo. Son 221 carpetas las que se inscribieron a la Muestra Nacional de este año y los integrantes de la dirección artística hemos terminamos hoy (domingo 29 de agosto). Pasado mañana, el día martes 31 de agosto, comenzamos la plenaria de la Dirección Artística de la Muestra Nacional de Teatro, que se extenderá hasta el jueves 2 de agosto. En esos tres días tenemos que resolver qué obras integrarán la Muestra de este año, así como programar el calendario de actividades de la muestra en sí y comenzar a revisar traslados, etcétera”.
En tanto, acerca del panorama escénico que ha advertido en estos meses, señala:
“En cada lugar encontramos niveles que van como en una montaña rusa: hay picos muy interesantes, pero también hay muy preocupantes abismos. En algunos casos hemos recomendado que, por favor, se pongan al corriente; lo malo es que la gente no tiene conciencia, no tiene humildad para aceptar las sugerencias y entonces piensan que uno quiso decirles que ‘no tenían talento’. Tuvimos problemas graves en algunas plazas en el sentido de que los que no resultaron premiados (porque en algunos casos sí fui jurado de muestras estatales), decían ‘¿pero por qué no nos premiaron?’ Y yo les decía: ‘lo que yo vi está plasmado en el acta’. No quieren entender que si estamos recomendando talleres o mesas de análisis en las muestras, tales sugerencias son por alguna razón. Ojalá que esa pasión que tienen para protestar también se viera en el escenario. Desgraciadamente no es así: quieren ganar por amiguismo con funcionarios o porque el jurado esté un poco a modo. Pero al Fonca, por ejemplo, le interesan jurados que no sean bien vistos, como es mi caso, porque eso significa que son jurados muy rigurosos que no contemplan amiguismos ni conocencias, sino trabajo: calidad.
Alejandra Tello: hay propuestas
“Vi propuestas interesantes de gente joven –dice, por su lado, la tapatía Alejandra Tello–. Pero Fernando de Ita siempre dice que no es bueno dar impresiones al terminar una función porque hay que analizar las cosas. Más cuando uno tiene como profesión dedicarse a la crítica teatral. Pero así, de entrada, aquí en Morelia vi propuestas”.
Interrogada acerca de cuántos trabajos michoacanos podrían participar en la Muestra Nacional, dice: “No sé cuántos lugares haya, porque esta es la primera vez que estoy en una dirección artística y son 32 estados de la República y 221 carpetas las que están inscritas. La revisión de ese material es exhaustiva. Pero una cosa sí tenemos muy clara en la dirección artística de la Muestra: el no incluir demasiadas obras del Distrito Federal porque la muestra se volvería centralista otra vez. Y de lo que se trata es que se presente lo mejor de todo el país. También hemos estado discutiendo que, como son tantas las puestas en escena, sólo deben entras las excelentes. Es decir, hay varias muy buenas que pueden ser invitadas, por ejemplo, a la sección La Muestra en Cinco Actos, pero definitivamente a la selección oficial sólo entrará lo excelente y yo soy de quienes que piensan que a la Muestra Nacional tiene que ir lo mejor de lo mejor”.
Concluye: “Enrique (Mijares) y yo no hemos platicado acerca de cuántas obras de las que hemos visto en Morelia se pueden incluir, vamos a discutir lo que vimos con la Dirección Artística, durante la plenaria. Y se decidirá en conjunto. Sería muy irresponsable de mi parte decir ahora ‘puede entrar esta o esta otra’. Hay que seguir un proceso”.
Ecos de las audiciones
Y como el proceso oficial de selección concluirá el viernes 3 de septiembre (dentro de unos cuantos días), cuando se darán a conocer los resultados, hay tiempo suficiente para dar cuenta en este blog de lo que han sido estas jornadas de audiciones protagonizadas por las nuevas generaciones de universitarios morelianos.
En el riguroso orden en que se presentaron, a partir de hoy mismo, las entregas de las audiciones morelianas en pos de la Muestra Nacional de Teatro.
EN VIDEO / Entrevistas con los jurados de la MNT
Las audiciones tuvieron como sede el foro alternativo La Bodega, de la Secretaría de Cultura de Michoacán y se emprendieron entre el sábado 28 y el domingo 29 de agosto, distribuidas en tres funciones diarias.
Los trabajos participantes fueron Carmelita, la niña del mechón, del grupo Santa Herejía, escrita y dirigida por José Luis Pineda. Round de Sombras, de Carmina Narro, del grupo Silencio Teatro en dirección de Ramsés Figueroa. Intimidad, de Hugo Hiriart, con el grupo PoluX Teatro y dirección de Hasam Díaz. Lágrimas de agua dulce, de Jaime Chabaud, con el grupo Hecho a mano y una dirección original de Perla Szuchmacher (+). La verdadera venganza del Gato Boris, de Maribel Carrasco con el grupo Sonaja Roja y dirección de José Suanate (Suárez Nateras), así como La luna vista por los muertos, de Daniel Rodríguez Barrón, con el grupo Aleatorio Teatro que dirige Sheila A. Rodríguez.
Ningún grupo profesional michoacano se inscribió este año a la Muestra Nacional de Teatro. Contrapeso, por ejemplo, se encuentra atareado en estos momentos resolviendo la puesta en escena de su obra sobre Emiliano Zapata, con miras a los festejos patrios de este año, la cual estará lista para su estreno en octubre o noviembre entrantes.
Mientras, las jornadas de audición comenzaron con una propuesta emprendida por el más veterano de quienes conforman al grupo de universitarios: José Luis Pineda Servín (Carmelita, la niña del mechón), ya treintañero, y las sesiones concluyeron con la propuesta de la realizadora más joven de la camada, Sheila A. Rodríguez (La luna vista por los muertos), que apenas remonta los veinte años de edad.
Presentes, Enrique Mijares y Alejandra
Tello, de la Dirección Artística de la MNT
Para audicionar los trabajos locales, estuvieron en Morelia el dramaturgo, director, ensayista y crítico teatral duranguense Enrique Mijares, así como la actriz, promotora cultural, catedrática de artes escénicas y crítica tapatía Alejandra Tello Arenas. Valga señalar aquí que, procedente de Chihuahua, donde también audicionó obras, el maestro Mijares no arribó a la capital michoacana sino hasta el sábado por la tarde, de modo que no pudo ver las dos primeras puestas en escena (Carmelita… y Round de sombras), que sólo fueron cubiertas por Alejandra Tello.
Al término de las dos jornadas teatrales de fin de semana, Poliedro entrevistó tanto a Mijares como a Tello Arenas. Ambos coincidieron en señalar que el teatro universitario que han encontrado en Morelia tiene propuestas y compromiso profesional. A continuación, las entrevistas con cada uno de los jurados.
Enrique Mijares: he visto mística teatral
“De lo que he visto en Morelia –dice el norteño Enrique Mijares–, lo que más me gusta es que estamos viendo resultados de gente de teatro que viene de estudios universitarios, con una formación académica de nivel superior. Prácticamente todo lo que hemos visto en Morelia es de egresados universitarios y lo importante es que veo un nivel de compromiso, de mística teatral, que en otras partes no se ve. Porque también hay lugares del país en los que, aunque haya escuelas o facultades de artes escénicas, de todos modos se opera a nivel de me vale madres y ahí se va, y eso no se vale”.
“Esta situación –abunda– me obligó a detallar, en la cláusula del acta de una de las muestras en las que participé, lo siguiente: hay grupos que toman por asalto el escenario y que son oportunistas porque se aprovechan de las características de la convocatoria, que permiten que el grupo se desplace de distintas partes del Estado con gastos pagados, hospedaje y alimentación, para venir a presentar cosas que no tienen absolutamente nada qué ver con el teatro. Hay gente que no tiene conciencia de lo que es el teatro, que no tiene esa veneración por el escenario que debemos profesar quienes atendemos al público. Pero hubo otros casos en los que vimos obras que ojalá veamos en la Muestra Nacional”.
Indica más adelante que, ya como jurado invitado a muestras estatales o como integrante de la dirección artística de la MNT para audicionar obras aspirantes, ha estado en Mérida, Tampico y Chihuahua. “Pero no se puede ver todo –lamenta–. Ojalá se pudiera, porque ver el teatro en carpeta o en video es muy difícil, muy engañoso. El teatro es una experiencia de comparecencia. De modo que ha sido mucho trabajo. Son 221 carpetas las que se inscribieron a la Muestra Nacional de este año y los integrantes de la dirección artística hemos terminamos hoy (domingo 29 de agosto). Pasado mañana, el día martes 31 de agosto, comenzamos la plenaria de la Dirección Artística de la Muestra Nacional de Teatro, que se extenderá hasta el jueves 2 de agosto. En esos tres días tenemos que resolver qué obras integrarán la Muestra de este año, así como programar el calendario de actividades de la muestra en sí y comenzar a revisar traslados, etcétera”.
En tanto, acerca del panorama escénico que ha advertido en estos meses, señala:
“En cada lugar encontramos niveles que van como en una montaña rusa: hay picos muy interesantes, pero también hay muy preocupantes abismos. En algunos casos hemos recomendado que, por favor, se pongan al corriente; lo malo es que la gente no tiene conciencia, no tiene humildad para aceptar las sugerencias y entonces piensan que uno quiso decirles que ‘no tenían talento’. Tuvimos problemas graves en algunas plazas en el sentido de que los que no resultaron premiados (porque en algunos casos sí fui jurado de muestras estatales), decían ‘¿pero por qué no nos premiaron?’ Y yo les decía: ‘lo que yo vi está plasmado en el acta’. No quieren entender que si estamos recomendando talleres o mesas de análisis en las muestras, tales sugerencias son por alguna razón. Ojalá que esa pasión que tienen para protestar también se viera en el escenario. Desgraciadamente no es así: quieren ganar por amiguismo con funcionarios o porque el jurado esté un poco a modo. Pero al Fonca, por ejemplo, le interesan jurados que no sean bien vistos, como es mi caso, porque eso significa que son jurados muy rigurosos que no contemplan amiguismos ni conocencias, sino trabajo: calidad.
Alejandra Tello: hay propuestas
“Vi propuestas interesantes de gente joven –dice, por su lado, la tapatía Alejandra Tello–. Pero Fernando de Ita siempre dice que no es bueno dar impresiones al terminar una función porque hay que analizar las cosas. Más cuando uno tiene como profesión dedicarse a la crítica teatral. Pero así, de entrada, aquí en Morelia vi propuestas”.
Interrogada acerca de cuántos trabajos michoacanos podrían participar en la Muestra Nacional, dice: “No sé cuántos lugares haya, porque esta es la primera vez que estoy en una dirección artística y son 32 estados de la República y 221 carpetas las que están inscritas. La revisión de ese material es exhaustiva. Pero una cosa sí tenemos muy clara en la dirección artística de la Muestra: el no incluir demasiadas obras del Distrito Federal porque la muestra se volvería centralista otra vez. Y de lo que se trata es que se presente lo mejor de todo el país. También hemos estado discutiendo que, como son tantas las puestas en escena, sólo deben entras las excelentes. Es decir, hay varias muy buenas que pueden ser invitadas, por ejemplo, a la sección La Muestra en Cinco Actos, pero definitivamente a la selección oficial sólo entrará lo excelente y yo soy de quienes que piensan que a la Muestra Nacional tiene que ir lo mejor de lo mejor”.
Concluye: “Enrique (Mijares) y yo no hemos platicado acerca de cuántas obras de las que hemos visto en Morelia se pueden incluir, vamos a discutir lo que vimos con la Dirección Artística, durante la plenaria. Y se decidirá en conjunto. Sería muy irresponsable de mi parte decir ahora ‘puede entrar esta o esta otra’. Hay que seguir un proceso”.
Ecos de las audiciones
Y como el proceso oficial de selección concluirá el viernes 3 de septiembre (dentro de unos cuantos días), cuando se darán a conocer los resultados, hay tiempo suficiente para dar cuenta en este blog de lo que han sido estas jornadas de audiciones protagonizadas por las nuevas generaciones de universitarios morelianos.
En el riguroso orden en que se presentaron, a partir de hoy mismo, las entregas de las audiciones morelianas en pos de la Muestra Nacional de Teatro.
EN VIDEO / Entrevistas con los jurados de la MNT

Quién sabe a los demás, pero a medios como este humilde blog nunca se nos invitó. Apenas al caer la tarde de ayer, en un brevísimo comunicado de prensa que en realidad era un pie de foto acompañado de tres imágenes, se nos compartió lo que están ustedes viendo arriba de estas líneas: el secretario de Cultura de Michoacán, Jaime Hernández Díaz, promoviendo, cual especie de Tío Gamboín (1917-1992), la edición especial de bicentenario, correspondiente a Michoacán, de la célebre marca de refresco de cola de la que fue gerente de piso, en una de sus filiales, nuestro querido y siempre bienamado presidente Vicente Fox Quezada (mhhh… no; esta vez ni la sorna me salió convincente. Demasiado macabro el asunto para intentar siquiera volverlo más grotesco de lo que es).
Las imágenes estaban acompañadas de este sucinto texto:
“Con la finalidad de hacer un respetuoso homenaje al Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana, la Secretaría de Cultura de Michoacán en coordinación con Coca Cola, presentaron la botella que representa a entidad dentro de la colección que vestirá la íconica (sic, en realidad debía estar escrito “icónica”) botella contour, en la que se muestra una abstracción de la mariposa monarca, ícono del estado y orgullo de México”.
Vale. Mal habría hecho la Coca Cola en pasar por alto las conmemoraciones patrias de la mayor colonia que posee en América Latina ¿no es así?. De todos modos, henos aquí, en plena puerilidad, celebrando El lado Coca Cola de la vida, bailando por un chesco o tentando al destino con la famosa bebida de la que dice el slogan (pero a la mexicana), que es “El refresco que te chispa la vida”. Salud.
Las imágenes estaban acompañadas de este sucinto texto:
“Con la finalidad de hacer un respetuoso homenaje al Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana, la Secretaría de Cultura de Michoacán en coordinación con Coca Cola, presentaron la botella que representa a entidad dentro de la colección que vestirá la íconica (sic, en realidad debía estar escrito “icónica”) botella contour, en la que se muestra una abstracción de la mariposa monarca, ícono del estado y orgullo de México”.
Vale. Mal habría hecho la Coca Cola en pasar por alto las conmemoraciones patrias de la mayor colonia que posee en América Latina ¿no es así?. De todos modos, henos aquí, en plena puerilidad, celebrando El lado Coca Cola de la vida, bailando por un chesco o tentando al destino con la famosa bebida de la que dice el slogan (pero a la mexicana), que es “El refresco que te chispa la vida”. Salud.

EN VIDEO / Y sí te chispa la vida ¿eh?
Una cápsula cultural cortesía de destacados Youtubers.

Carmelita, la niña del mechón. Grupo Santa Herejía. Dirige José Luis Pineda. Primera función. Sábado 28, 12:00 horas. Foro La Bodega.
Intimidad, de Hugo Hiriart. Grupo PoluX Teatro. Dirige Hasam Díaz. Tercera función. Sábado 28, 20:30 horas. Foro La Bodega.
Lágrimas de agua dulce, de Jaime Chabaud. Grupo Hecho a mano. Dirección original de Perla Szuchmacher (+) Dirigen Ana Zavala y BenHadad Gómez. Cuarta función. Domingo 29, 11:00 horas. Foro La Bodega.
La verdadera venganza del Gato Boris, de Maribel Carrasco. Grupo Sonaja Roja. Dirige José Suanate. Quinta función. Domingo 29, 16:00 horas. Foro La Bodega.
La luna vista por los muertos, de Daniel Rodríguez Barrón. Grupo Aleatorio Teatro. Dirige Sheila A. Rodríguez. Sexta función. Domingo 29, 20:00 horas. Foro La Bodega.En este blog dimos la nota en exclusiva hace un par de semanas (consúltenla aquí), pero este jueves 26 de agosto, a través de su comunicado de prensa 191, la Secretaría de Cultura de Michoacán está confirmando lo que yo llamé la “Mini-Muestra Estatal de Teatro 2010”, que este fin de semana, los días sábado 28 y domingo 29 de agosto, se celebrará en el foro La Bodega, con las seis obras locales que se inscribieron para participar en la Muestra Nacional de Teatro (MNT) y las cuales harán audición ante la dirección artística de la MNT.
Dice el sucinto boletín de prensa: “La Dirección Artística que evaluará a las agrupaciones participantes, para el caso de Michoacán, se integrará por Enrique Mijares y Alejandra Tello, quienes seleccionarán al representante estatal, el sábado 28 y domingo 29 de agosto, en el Foro La Bodega”.
De acuerdo al comunicado, estos son los horarios de las funciones, que están abiertas a todo público y con entrada gratuita, aunque el cupo es limitado:
SABADO 28 DE AGOSTO
12:00 horas. Carmelita, la niña del mechón. Grupo Santa Herejía. Escrita y dirigida por José Luis Pineda.
16:00 horas. Round de Sombras, de Carmina Narro. Grupo Silencio Teatro. Dirige Ramsés Figueroa.
20:30 horas. Intimidad, de Hugo Hiriart. Grupo PoluX Teatro. Dirige Hasam Díaz.
DOMINGO 29 DDE AGOSTO
11:00 horas. Lágrimas de agua dulce, de Jaime Chabaud. Grupo Hecho a mano. Dirección original de Perla Szuchmacher (+) Dirigen Ana Zavala y BenHadad Gómez.
16:00 horas. La verdadera venganza del Gato Boris, de Maribel Carrasco. Grupo Sonaja Roja. Dirige José Suanate.
20:00 horas. La luna vista por los muertos, de Daniel Rodríguez Barrón. Grupo Aleatorio Teatro. Dirige Sheila A. Rodríguez.
Dice el sucinto boletín de prensa: “La Dirección Artística que evaluará a las agrupaciones participantes, para el caso de Michoacán, se integrará por Enrique Mijares y Alejandra Tello, quienes seleccionarán al representante estatal, el sábado 28 y domingo 29 de agosto, en el Foro La Bodega”.
De acuerdo al comunicado, estos son los horarios de las funciones, que están abiertas a todo público y con entrada gratuita, aunque el cupo es limitado:
SABADO 28 DE AGOSTO
12:00 horas. Carmelita, la niña del mechón. Grupo Santa Herejía. Escrita y dirigida por José Luis Pineda.
16:00 horas. Round de Sombras, de Carmina Narro. Grupo Silencio Teatro. Dirige Ramsés Figueroa.
20:30 horas. Intimidad, de Hugo Hiriart. Grupo PoluX Teatro. Dirige Hasam Díaz.
DOMINGO 29 DDE AGOSTO
11:00 horas. Lágrimas de agua dulce, de Jaime Chabaud. Grupo Hecho a mano. Dirección original de Perla Szuchmacher (+) Dirigen Ana Zavala y BenHadad Gómez.
16:00 horas. La verdadera venganza del Gato Boris, de Maribel Carrasco. Grupo Sonaja Roja. Dirige José Suanate.
20:00 horas. La luna vista por los muertos, de Daniel Rodríguez Barrón. Grupo Aleatorio Teatro. Dirige Sheila A. Rodríguez.
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