Cine y Revolución en Morelia

Memoria y movimiento


El Fernando de Fuentes que nos legó dos de las mayores obras del cine mexicano como forma de pensamiento (El compadre Mendoza de 1933, y ¡Vámonos con Pancho Villa! de 1935), fue también el artífice de la más perfecta fórmula nacional del cine de entretenimiento, es decir, del cine que nos distrae de la realidad: Allá en el Rancho Grande (1935), que sentó un modelo y, en varios sentidos, parió a nuestra industria fílmica. A partir de la cinta protagonizada por Tito Guízar, René Cardona y Esther Fernández, las exitosas comedias rancheras del periodo se ocuparon de imponer la idea de que los únicos conflictos del mundo rural mexicano consistían en cantar canciones y enamorar muchachas.
Y aunque plantearlo así no es totalmente justo para De Fuentes, quien fue un genio, su caso es útil para poner en perspectiva las facetas del Cine de la Revolución en México, que en un amplísimo arco que va de La banda del automóvil gris (Rosas Moreno, 1919) a Zapata, el sueño del héroe (Arau, 2006), ensayó y configuró miradas inéditas en pos de identidad, pero también de estereotipos; en pos de valores, pero también de visiones idealizadas y llenas de glamur. Ha sido este un cine que colaboró activamente en el proceso de construcción de una identidad para la nación que estaba surgiendo con el siglo XX, al aportarle tanto mitos y paradigmas, como críticas y disimulos.

La prolija producción de películas que de una u otra forma aluden al tema de la Revolución Mexicana, y que ha de andar rondando los seiscientos títulos, hace pensar que sería imposible una exposición que diera cuenta razonable de esa riqueza o, por lo menos, de las trayectorias a las que apuntan, temática o estilísticamente, muchos de esos filmes.
A despecho de la incredulidad, el Instituto Michoacano de Cinematografía (Imcine), logró lo que parecía imposible al articular una exposición temática absolutamente imprescindible que abrió sus puertas en Morelia este fin de semana: Cine y Revolución.
La magna colectiva, que reúne unos 250 títulos, llegó a la capital michoacana luego de una primera temporada en la ciudad de México, en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, y se aloja en la planta alta del Centro Cultural Clavijero.


Integrada por seis salas temáticas, una sala de proyecciones y un Centro de Documentación que le da acceso al visitante a recursos virtuales y digitales que amplían aspectos de la muestra, Cine y Revolución es mucho más que un mero recuento de stills y de escenas o de tomas del cine mexicano. Es una exposición que problematiza los contenidos de la memoria, que atisba los orígenes del México posrevolucionario y que nos comparte aquello que persevera más allá de los desastres naturales y morales, más allá de las ruinas políticas y económicas; aquello que sigue respirando en las reconfiguraciones sociales y culturales de un México que es, al mismo tiempo, muy parecido y muy distinto a aquel país que, tratando de sacudirse las injusticias y desigualdades del portiriato, le dio una violenta y apasionada bienvenida al siglo XX.



Constituida a partir de unos 400 elementos, entre fragmentos de filmes, pósters, stills, equipo de filmación, utilería y parafernalia, Cine y Revolución es el fruto de una investigación de casi dos años, en la que de acuerdo a los organizadores se revisaron y registraron alrededor de 3 mil fotografías, 5 mil fotogramas, unas mil 300 secuencias de películas, 130 carteles, 200 fotomontajes, 50 registros sonoros, discografía, decenas de vestuarios, equipos de filmación, utilería, armas, libros, periódicos, revistas, guiones, reportes técnicos, álbumes, dibujos y bocetos, todo ello conservado, principalmente, en los acervos del IMCINE, de la Filmoteca de la UNAM, de la Fundación Televisa y de la Fundación Carmen Toscano, así como en numerosas colecciones públicas y privadas.
El resultado es una concentrada y deslumbrante reflexión acerca de los imaginarios, mitos y testimonios que han entretejido la identidad del México del siglo pasado, cuyos ecos alcanzan nuestro momento y ponen en perspectiva el México de hoy, el que le está dando a su vez la bienvenida al tercer milenio.


La mexicana fue la primera revolución del Siglo XX en ser filmada. Sus acontecimientos y consecuencias fueron la materia prima para el desarrollo de los primeros cineastas mexicanos (entre ellos Salvador Toscano, Jesús Hermenegildo Abitia, los hermanos Alva y Enrique Rosas), entregados a producir vistas, reportes noticiosos e incluso películas de propaganda. Mucho más tarde, hacia los años treinta, ya consolidado el nuevo régimen, la Revolución se convirtió en un tema natural para los cineastas y argumentistas que se desenvolvieron dentro del cine industrial. Fue entonces cuando comenzó la multiplicación de los filmes de ficción de tema o atmósferas revolucionarias.
Al seno de tales atmósferas, los realizadores narraron dramas amorosos o tragedias épicas, melodramas didácticos o estampas focloristas. El abanico pasa, entre otras estaciones significativas, por Flor Silvestre (1943) de Emilio Fernández, La Escondida (1955) de Roberto Gavaldón, La Cucaracha (1958) de Ismael Rodríguez, Juana Gallo de Miguel Zacarías (1959), La Sombra del Caudillo (1960) de Julio Bracho, La Soldadera (1965) de José Bolaños, Emiliano Zapata (1970) de Felipe Cazals, Reed, México Insurgente (1973) de Paul Leduc, o Los de abajo (1978) de Servando González, en las que aparecen caudillos como Pancho Villa y a través de las cuales se consolidaron las estrellas de nuestra época de oro, entre ellas Pedro Armendáriz, María Félix, Jorge Negrete y Antonio Aguilar.


De todo esto se ocupa la exposición Cine y Revolución, que es resultado de la iniciativa del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes a través del Instituto Mexicano de Cinematografía, así como de la Filmoteca de la UNAM, la Fundación Televisa, la Fundación Carmen Toscano y el Gobierno del Estado de Zacatecas.
Sin embargo, lo más celebrable de esta magna muestra es su vocación restitutiva de una memoria.
Esto es importante
Solemos creer que el pasado está muerto, pero eso no es así. Desde luego, el pasado ya no puede modificarse; no cambia. Es lo que fue. Pero eso no significa que no esté vivo. Si el pasado estuviera realmente muerto, simplemente no tendríamos tradiciones, ni memoria, ni historia. Mucho menos eso que llamamos “acervos culturales”.
Nuestra relación con el mundo depende en enorme medida de la memoria, pues la memoria no es meramente un atributo por el cual “conservamos el pasado”. En realidad, la memoria es una permanente respuesta al presente, al aquí y ahora. Mucho de lo que debemos aprender en nuestras vidas se encuentra en el pasado, sí, pero está allí esperando la oportunidad de actuar, de ejercer su acción sobre nosotros. El pasado se mantiene esperando la oportunidad de ser futuro. Y sólo para establecer esa conexión existe la memoria.


El proceso por el cual los hombres nos creamos permanentemente a nosotros mismos es la historia. Una tradición, cuando existe, sólo vale la pena por lo que puede comunicarle al presente. Este es, me parece, el mayor acierto de Cine y Revolución. Le da al visitante la privilegiada oportunidad de buscar permanentes respuestas al presente a partir de una memoria crítica y sentimental que es un patrimonio colectivo. No se la pierdan.

EN VIDEO / Palabras de Marina Stavenhaggen


EN VIDEO / Palabras de Leonel Godoy



Las obras morelianas Lágrimas de agua dulce y La luna vista por los muertos, participan en la Muestra Nacional que inicia en la Perla Tapatía


Una escena de la pieza La luna vista por los muertos, que bajo la dirección de Sheyla A. Rodríguez, también representa a Michoacán en las jornadas escénicas tapatías que comienzan este miércoles.

Y aunque comparten como denominador su formación nicolaita y su paso por el taller de la asociación teatral Contrapeso, de Roberto Briceño, tanto Ana como Sheyla también conservan rasgos exclusivísimos, formativos y generacionales.
Las dos se encuentran en Guadalajara desde este miércoles, para participar con la representación de Michoacán en la Muestra Nacional de Teatro. A continuación, en sendos videos, las entrevistas realizadas con cada una de ellas, en las que hablan de los procesos que emprendieron para llevar a escena Lágrimas de agua dulce (dirigido por la recientemente fallecida Perla Szuchmacher) y La luna vista por los muertos.

EN VIDEO / Ana Zavala en entrevista


Aspectos de la entrevista con la protagonista de Lágrimas de agua dulce.

EN VIDEO / Sheyla A. Rodríguez en entrevista

La entrevista con la debutante directora de La luna vista por los muertos.



Hubo de todo, como cada año, aunque la presencia tradicional decayó y hasta el concurso de ofrendas, habitual en la Casa de la Cultura de Morelia, se vio desangelado. Con todo, la conmemoración de Noche de Muertos en la capital michoacana mantuvo una diversidad abierta a algunas propuestas muy inteligentes (mi favorita, de entre todas, es la que abre este post, dedicada a Carlos Monsiváis y realizada por Armando Osorio).
A continuación, una selección breve de las propuestas de interés en la zona del centro histórico moreliano. El video, al final, incluye imágenes que no aparecen en las fotografías.

Una de las ofrendas instaladas en la calzada Fray Antonio de San Miguel.

Altar tradicional de la zona lacustre michoacana, a la usanza del pueblo de Santa Fe de la Laguna. Ofrenda instalada en el Archivo Histórico Municipal y Museo de la Ciudad de Morelia.

Otra de las ofrendas del 1 y 2 de noviembre en la calzada de San Diego.

Otra instalación ganadora en la Casa de la Cultura. La TV proyecta imágenes seleccionadas del filme inconcluso ¡Que viva México!, de Eisenstein.

Instalación en el patio central del Archivo Histórico del Poder Judicial de Michoacán.

Indigente muerto en vida. Detalle a otra de las instalaciones de tema libre premiadas en el ex convento carmelita.

Ofrenda a José María Morelos, en el anexo al auditorio nicolaita José Rubén Romero.

Pito Pérez y su huesuda enamorada en visión de uno de los establecimientos turísticos del primer cuadro de la ciudad.
La virtud nunca muere, una instalación más de las que se alojaron en la Casa de la Cultura de Morelia.

EN VIDEO / Ofrendas e instalaciones


El programa itinerante de documentales Ambulante llegará en el próximo 2011 a su sexto año de actividad y lo hará con nuevos proyectos y cambios que son parte del crecimiento natural de esta organización sin fines de lucro enfocada a la producción, exhibición y distribución del documental en México.
Ya dentro del Festival Internacional de Cine, el jueves 21 de octubre, en una conferencia de prensa a la que no alcancé a acudir, se dieron a conocer algunas de las principales novedades del programa. En aquella ocasión Diego Luna, Ricardo Giraldo (director de Ambulante Gira de Documentales), Carolina Coppel (coordinadora de Ambulante Más Allá), Alejandro Ramírez (director general de Cinépolis) y Cuauhtémoc Cárdenas Batel (miembro del consejo honorario del Festival Ambulante), anunciaron la reestructuración y reorganización.
Ahora, en un comunicado, Ambulante da a conocer las cinco áreas principales en las que se distribuye su propuesta de contenidos, a saber:

Ambulante Gira de Documentales: este es el Festival itinerante de documentales que todos conocemos y que recorre doce estados de la República Mexicana con una selección de más de 60 documentales provenientes de todo el mundo que se presentan en más de 140 sedes.
La quinta edición del festival representó un incremento de 50 por ciento con respecto a la asistencia en 2009; contó con la participación de 42 invitados internacionales, se presentaron 67 títulos provenientes de 27 países, y se realizaron mil 159 eventos en 141 sedes de 32 municipios.

Ambulante Internacional: dentro de esta sección, Ambulante lleva una selección de documentales mexicanos a más de 10 países en colaboración con distintos festivales, exhibidoras e instituciones, con el fin de dar a conocer la producción de cine documental mexicano, promover su exhibición y distribución en el extranjero.

Beca Gucci Ambulante: Con el propósito de apoyar la producción del documental mexicano, Ambulante y la empresa Gucci, han creado un fondo de apoyo para la postproducción de largometraje documental mexicano enfocado a una temática social. En este 2010, por ejemplo, fueron tres los proyectos apoyados por esta iniciativa y serán parte para la gira Ambulante 2011: Mosca, de Bulmaro Osornio; El cielo abierto, de Everardo González, y El lugar más pequeño, de Tatiana Huezo.

Ambulante Distribucción: Ambulante se asoció en el 2008 con la firma CANANA para distribuir documentales en cine, en circuitos independientes, DVD, televisión y recientemente VOD a través de CANANA on demand en Cablevisión.

Ambulante Más Allá: Éste es el proyecto más nuevo de Ambulante, que tiene como objetivo trabajar con grupos sociales marginados en diversas regiones de América Latina, mediante programas de capacitación en producción de video documental y vinculación con las nuevas plataformas de difusión audiovisual.

Los interesados en más información pueden acudir a la página electrónica de Ambulante desde
este enlace.

El semi-documental Las marimbas del infierno, de Julio Hernández Cordon, fue el título ganador en la sección de largometraje mexicano, de acuerdo al veredicto del jurado dado a conocer este sábado durante la ceremonia de premiación y clausura del octavo Festival Internacional de Cine de Morelia.
Y aunque la favorita entre la crítica y la prensa era A tiro de piedra, de Sebastián Hiriart, en lo personal este resultado no me disgusta en absoluto. Las propias razones emitidas por el jurado (entre ellas la de ser una historia que habla de personajes que no se rinden, a pesar de encontrar grandes adversidades para sus sueños), me parecen razonables.
Mientras, la mención especial de largometraje ha sido para Tierra Madre, de Dylan Verrechia y Aideé González (por brindar “un retrato único acerca de una mujer única”) y el premio del público (en el cual, ahí sí, nadie se equivocó), ha sido para la comedia Acorazado, de Álvaro Curiel de Icaza.

Documental y corto mexicano
El título ganador en la categoría de Mejor Largometraje Documental Mexicano ha sido El varal, de Marta Ferrer, mientras que el premio al mejor cortometraje documental ha sido atribuido a Carne que recuerda, de Dalia Huerta.
Ya entrando en categorías especiales, el galardón a mejor documental mexicano realizado por una mujer ha sido para Sarah Minter por Nadie es inocente, 20 años después.
A su vez, en el rubro de cortometraje mexicano, los ganadores fueron:
En la competencia oficial, el premio ha sido para La mina de oro, de Jacques Bonnavent.
En el rubro de mejor animación, el merecido premio ha sido para Beatríz Herrera por Ponkina.
Finalmente, un corto que era favorito de muchos, Busco Empleo, se quedó con una mención especial, así como El venado y la niebla, de Miguel Ventura.

Premio michoacano, fuera de la entidad
Por segundo año consecutivo, este 2010 el premio al mejor título de la Sección Michoacán recayó en un ejercicio foráneo, realizado por autores que no se formaron como cineastas aquí y que, en ese sentido, no son representativos del quehacer fílmico que se emprende en
el estado sede del encuentro cinematográfico.
El jurado conformado por Ángel-Santos Garcés Constante (España), Cristina Prado Arias (México-IMCINE) y Gustavo Sánchez Parra (México) determinó unánimemente brindar el premio de 50 mil pesos al documental Amairen Idea (La idea de mi madre), una coproducción entre el país vasco y México, emprendida por la cineasta euskadi Maider Oleaga (Bilbao, País Vasco, 1976).
La también analista y promotora cinematográfica se ha desenvuelto en su Europa natal, aunque desde el 2007 ha trabajado para la rama mexicana de la productora francesa Tita Productions, analizando guiones de toda Latinoamérica para el ILCE. En 2008 fue jurado para la selección de proyectos en un taller de guión en Puebla, organizado por IMCINE, y de manera independiente analiza guiones para diversos productores y guionistas independientes. En tanto, entre sus labores como directora, ha sido la titular de la serie documental Ruta México (2007), para Canal 22.
La siguiente es la lista de títulos ganadores dentro de la sección Michoacán en los últimos seis años. Los reconocimientos otorgados en 2009 y 2006 son tan cuestionables como el del presente año:
En 2009, premio al mejor trabajo de la Sección Michoacana para Nebraska, de Adrian Ortiz. En 2008, para Clandestino de Juan Pablo Arroyo y Edurne Farías. En 2007, para Axuni Atari de Raúl Máximo (Mención Especial: Los días sin Joyce, de Agustín Oso Tapia y Anna Soler). En 2006, Reincidente (Backslider) de Antonio Flores. En 2005, Cheranásticotown de Dante Cerano. En 2004, Bio-Bit de Manuel Cisneros (ficción) e Hidalgo, municipio con historia de Tomás Pérez, Pavel Rodríguez, Gildardo Vega (documental).

Imposible dejar pasar este festival sin acercarme a una de las estrellas del programa: el largometraje tailandés El tío Boonme que recuerda sus vidas pasadas, ganador de la Palma de Oro en Cannes, en mayo pasado. Y es que, desde la historia de redención de Takuro Yamashita en La anguila (Shoei Imamura, 1996), el cine asiático no recibía la codiciada Palma en el festival francés. Quién sabe cuántos de ustedes hayan podido verla; aquí doy fe de su belleza.
El Boonmbee del título es un rico granjero que, ya dializado y en la última etapa de una insuficiencia renal, abandona la clínica y regresa al campo a morir entre los suyos. Pero la agonía de Boonmbee será muy singular. Apenas en su primera noche casera, mientras cena, recibe dos visitas insólitas: el traslúcido fantasma de su esposa, muerta 19 años atrás, y su hijo Boonsong, perdido en las selvas tailandesas una década atrás y que ahora vuelve bajo el peludo aspecto de un Mono Fantasma, cuyos ojos se encienden de rojo en la oscuridad. Ambas apariciones vienen a confirmarle a Boonmbee lo que él ya intuye: la cercanía de la muerte puede darle un bien precioso, recuperar el legado de sus diferentes vidas.
De esta forma, con la misma avidez de todos esos “espíritus hambrientos” que habitan la espesa selva tailandesa, aquellos que una vez fueron importantes en la vida de Boonmbee quieren escoltarlo en las postrimerías de su existencia.
Lo que el director nos ofrece son muchas cosas en un solo filme: un tradicional cuento de fantasmas oriental, pero potenciado por su tono de lirismo trascendente; un chapuzón a los brumosos parajes de la fantasía asiática, totalmente desmarcada de cualquier proceso racionalizador a nuestra usanza occidental; una auténtica película fronteriza (narrativa y metafóricamente), llena de pulsiones y sugerencias desde su riquísima gama de sensaciones y, sobre todo, desde los distintos estilos ejercitados en cada una de sus secuencias, mientras el filme avanza y reconstruye las reencarnaciones que el personaje principal va recordando para sí. Es de este modo como Boonmee recorre el camino hacia la selvática cueva de su primer advenimiento al mundo en una entrañable búsqueda de raíces y de caminos perdidos, ya como hombre, mujer, animal o planta, preparando sus ojos y los nuestros “para ver en la oscuridad”. Inolvidable.


Un still de La otra familia, que se presentó en el marco del FICM

El asunto de la paternidad y las alternativas para los hijos en un mundo contemporáneo surcado por temas como el de las parejas alternativas (matrimonios gay), son los focos de La otra familia (Gustavo Loza, 2010), el tercer largometraje del realizador de Atlético San Pancho y La otra orilla.
El filme fue estrenado en el Festival Internacional de Cine de Morelia y este sábado se realizó una conferencia de prensa con el equipo creativo del filme, que está promoviéndolo.
Los contenidos fundamentales de la conferencia figuran en el video, más abajo, en este post.
Mientras, la función de prensa de La otra familia fue cancelada este mismo sábado, de modo que sólo una parte muy pequeña de la prensa reunida en la capital michoacana pudo conocer el filme, al ingresar a la función con público celebrada el viernes.
La sinopsis oficial de la cinta, proporcionado por los realizadores, dice lo siguiente:

Durante la sesión de fotos previa a la conferencia.

Hendrix (Bruno Loza), un niño de 7 años de edad, queda desamparado mientras su madre adicta, Nina (Nailea Norvind), pasa por un difícil proceso de rehabilitación. El niño es rescatado por Ivana (Ana Serradilla), una de las mejores amigas de Nina.
Hendrix es llevado a casa de Jean Paul (Jorge Salinas) y Chema (Luis Roberto Guzmán), porque Ivana y su pareja Gloria (Ana Soler) tienen que viajar al extranjero para someterse a un tratamiento de inseminación artificial. Hendrix va descubriendo que los amigos de Ivana son muy diferentes a todas las parejas que ha conocido.
Mientras Hendrix se va adaptando poco a poco a su nueva vida e Ivana y Gloria resuelven su maternidad, Nina logra escapar del centro de rehabilitación y va en busca de su hijo con ayuda de su amante, Patrick (Andrés Almeida).
Por su parte Luisa (Dominika Paleta) y Agustín (Juan Ríos), un matrimonio aparentemente ideal que perdió a su bebé, es abordado por Patrick para ofrecerles a Hendrix en adopción como plan siniestro para salir de una gran deuda que lo persigue.
¿Qué será mejor para Hendrix? ¿Regresar con su mamá adicta? ¿Vivir con dos hombres poco convencionales pero que le ofrecen una mejor calidad de vida? ¿Ser vendido a un matrimonio de manera ilegal? o ¿ser entregado a las autoridades e ingresar a un orfanatorio?


EN VIDEO / Aspectos de la conferencia






Este sábado por la tarde dan a conocer a los ganadores en las distintas categorías en competencia del VIII Festival Internacional de Cine, incluyendo los trece cortos michoacanos en competencia. Valgan, mientras, estos apuntes a algunos de los mejores trabajos que he visto en la categoría de casa.

Presencia étnica: documental y mito
Dos cortos se dieron la mano en el programa: Sïrukua Tsakapu (Piedra de hormiguero), del realizador Raúl Máximo Cortés, un documental que se ocupa del tema de la greta y la contaminación con plomo en la alfarería vidriada, y Auikanime, la que tiene hambre, de Pável Rodríguez. Son primos, no sólo por su idiosincrasia, que alude a la etnia purépecha, sino por la trayectoria de sus autores, que en la última década han sido de los realizadores más constantes en la entidad.
Algo similar ocurre con el cortometraje Luna, dirigido por Manuel Cisneros Verduzco, no sólo por la amplia experiencia del autor de Bio-bit (ganador del FICM en 2004), sino por la participación de Juan Pablo Arroyo Abraham: otro “peso pesado” local a quien no sólo lo avalan sus créditos académicos sino su colaboración en decenas y decenas de documentales al seno de la extinta Solaris/Observatorio y su propia creación personal, en la que sobresale el documental Clandestino (2008).
Auikanime es casi un mediometraje (37 minutos) y fue emprendido por Pável Rodríguez y su equipo con una beca de Coinversión que contribuyó a sufragar su costo de 20 mil pesos. El filme recupera una historia que aparece en la Relación de Michoacán y la adapta libremente para asociarla al mito de la Cihuacóatl azteca.
El relato se ambienta en 1530, cuando los españoles ya se instalaron y tiene como protagonistas a Hopotaku y a su esposa, Tsipa. Nadie sospecha aún que la presencia europea traerá la ruptura de las tradiciones autóctonas y es entonces cuando la Auikanime, encarnada en una mujer recientemente fallecida en el parto, llega con Tsipa para ofrecerle un topo, en secreto trueque por el recién nacido de la mujer.
Sellado el pacto con la presencia sobrenatural, tanto Tsipa como su esposo maniobran para salvar a su hijo y la estrategia pasa por aceptar el bautizo cristiano, con la esperanza de que “la magia” de la nueva religión sea capaz de cambiar el destino del niño.
Al final no será la nueva Fe, sino el sacrificio de Hopotaku por su hijo, lo que salvará al bebé. Mientras, hay una profecía trágica (“los dioses tienen hambre, Tzintzuntzan será su alimento”), pero un epílogo esperanzador: la estampa a contraluz de Tzipa y su hijo, ambos vivos, contemplando el ocaso en las aguas del lago.

Una leyenda en su tercer tratamiento
Inspirado en la ópera de cámara Luna (Luis Jaime Cortez, 2003, con libreto de Antonio Zúñiga, que a su vez adaptaba su dramaturgia de 2001 para la obra teatral Una luna de Pinole, sobre leyenda rarámuri), el cortometraje Luna (Manuel Cisneros 2010) es, al mismo tiempo, una recreación de la primera parte de la ópera, de la puesta teatral y de la leyenda (aquella en que la niña Margarita es fascinada por el reflejo de la luna sobre las aguas del lago y, desoyendo los consejos de su enamorado, Panalachi, es atrapada por la luna) y una aproximación plástica a la música de Cortez Méndez y a algunos de los instrumentos que intervienen en su interpretación.
Sobre las voces de los niños que, al cantar narran el mito, se sobreponen imágenes (a veces afortunadas, otras meramente ilustrativas); pero también hay un segundo discurso a base de close up a metales, percusiones y cuerdas: secuencias grabadas en estudio y enriquecidas por un juego de luces y colores, que se alterna con el relato.
Hay una riqueza polisémica innegable en este trabajo, que declara al mismo tiempo su amor a la narración y su amor a la música.


La idea de mi madre, corto dedicado a los Niños de Morelia.

Dos rarezas en la sección michoacana
Una rara avis en la sección michoacana ha sido el filme Amairen Idea (La idea de mi madre), de la autora Maider Oleaga, quien nos acerca a tres octogenarios: Lucía Michelena, José Henales Bermejillo y Alfredo González Olaskoaga, a quienes la Guerra Civil española convirtió en exiliados. Dos llegaron a México como “Niños de Morelia”; el tercero, José, fue primero a la URSS y años después emigró a nuestro país.
Este documental se filmó en 2008, cuando se cumplieron 71 años desde la diáspora de republicanos y la Fundación Idi Ezkerra organizó un homenaje que llevó a estos y otros refugiados a un breve viaje por su tierra natal (Bayona para Lucía, Irún para Alfredo y Balmaseda para José). Un largometraje entrañable, pero en el cual el Gobierno de Michoacán ha sido apenas un colaborador. La cinta ha sido coproducida por ETB (Euskal Telebista), del país Vasco, y TV UNAM.
Otro título curioso es La odisea de Mateo (2010), con el que la actriz Elpidia Carrillo (originaria de Parácuaro, aunque radica en California), está debutando como directora en este festival. Su contexto es el perene tema migratorio y formula una mirada crítica a la realidad social mexicana. El filme se ambienta en 2006, cuando Cristina, una maestra oaxaqueña, es encarcelada a raíz de los conflictos en aquella entidad y deja a su bebé, Mateo, con su amiga Adela, a quien le encarga lo lleve a Estados Unidos y busque a Domingo, padre de la criatura. El desenlace es oscuro y ambiguo: Adela descubre que Domingo ha sido probablemente asesinado. Con el niño en brazos, sentada en una banca pública de Los Ángeles, la mujer reflexiona: “Quizás Cristina idealizó la situación; sabía que no hallaría a su padre; sin embargo quiso hacerme venir a Estados Unidos para darle un mejor futuro a su hijo. Sí. Pero la realidad… La realidad es otra cosa”.


Lightme up! (¡Enciéndeme!), una producción de animación local.

Alternativas en animación
Pasando al terreno de la animación, el corto local más significativo de esta competencia se lo debemos a Omar Hernández Peña, cofundador de Eunoia Studios, en Morelia: Light me up! (¡Enciéndeme!). Con guión propio y de Juan de Dios León y una estupenda dirección de arte en la que colabora, con los dos citados, Kai Palacios, narra una correcta anécdota acerca de la niña-genio que busca el amor perfecto y opta por construir un robot, aunque durante el proceso descubre que la perfección causa muchos, muchos problemas.
Otro trabajo animado, pero en técnica tradicional, es Dulce 2010, de Juan Paulín. Realizado a fines de 2009, es como una carta a los Reyes Magos: comienza describiendo con ágiles trazos a un 2009 ya agonizante, cargado de violencia, juegos infantiles vacíos, contaminación, delincuencia, carestía galopante… todo el rosario de desventuras que azotan al país, y concluye con un voto benévolo (pero no exento de ironía) en torno a un 2010 más amable para la convivencia.
El realizador franco michoacano Dominique Jonard es otro autor de larga trayectoria en tierras pirindas. Avecindado en Morelia desde hace más de veinte años, ha hecho de la capital michoacana su centro de operaciones para desplegar su mayor pasión: la animación stop motion, colaborando con niños de distintas regiones del país. En El talador arrepentido (Jonard, 2010), trabaja con niños guanajuatenses y crea una fábula ecológica en la que predomina el estilo naïve de todas sus producciones con enorme encanto. Jonard ya ha ganado reconocimientos al seno del FICM.
No es mucho, pero esto es lo mejor que ha habido.

Acorazado, de Álvaro Curiel de Icaza


Silverio durante la celebración de su fiesta de cumpleaños, en Cuba.

Con un ángel enorme, cautivador, el largometraje Acorazado, de Álvaro Curiel de Icaza, cumple exitosamente un arriesgado desafío: brindar un retrato crítico del mexicano. Para conseguirlo, sólo el humor pudo brindar la conjugación precisa. Es a través del humor como Curiel de Icaza logra captar aquello que nos define, nuestros matices de relativismo moral, de culto a la güeva, de falta de compromiso y de muy aceitada corrupción.
La historia, que comienza y culmina en México con un interregno en la isla de Cuba, tiene como protagonista al jarocho Silverio (Silverio Palacios, absolutamente a la altura del papel), un personaje sin oficio ni beneficio pero con grandes dotes como merolico. Aconsejado por uno de sus camaradas, El Alacrán (Salvador Sánchez), Silverio pone en práctica un descabellado plan: lanzarse al mar en una barca improvisada y tratar de alcanzar las costas de Miami, haciéndose pasar por un cubano renegado de la Revolución, es decir, un gusano (“Si te hubieras largado en el ’94 –durante la Crisis de los Balseros–, ya estarías trabajando allá, legal, y mandándole dinero a tus cetáceos”).
Así pues, sólo armado de su desesperación, de sus no muchas luces y del deseo de un futuro mejor, Silverio se prepara a emprender (literalmente) su Viacrucis y se embarca en un destartalado vocho para surcar el Golfo de México y alcanzar el Sueño Americano, no cruzando el desierto, sino el mar.
Pero la brújula descompuesta que le han dado y las corrientes predominantes en el golfo conducen al personaje, no a los Estados Unidos, sino a la isla de Cuba, donde supera el primer desconcierto y se declara, ya no un renegado del régimen de Castro, sino un disidente del capitalismo salvaje que asuela las tierras mexicanas.
Recibido con la tradicional hospitalidad cubana, pero también con un ávido interés de explotar el suceso mediáticamente, Silverio es incorporado a la sociedad cubana y se le dispensan los privilegios posibles, dada la condición de la isla: un cuarto propio y un buen trabajo como taxista en la zona turística del país.
Es precisamente aquí donde comienza la parte más agridulce del retrato. Si desde el principio habíamos descubierto (y gozado) las dotes verborréicas y, por consecuencia, demagógicas del personaje, y si más adelante habíamos confirmado la ligereza con la que podía declararse a favor de una causa o de su opuesta, ahora vamos viendo hasta dónde Silverio puede llevar consigo las prácticas que nos definen: nuestra impuntualidad proverbial, por ejemplo, o los hábitos corruptos que son el sello de la clase política mexicana (el tráfico de influencias, el acopio de bienes…), todas antagónicas a los principios de una cultura que, como la cubana, conserva aún ciertos pudores que por aquí hemos perdido.
Es preciso, ante todo, no perder de vista lo esencial: es este estudio de “lo mexicano” el verdadero leit motiv de un filme que aprovecha la perspectiva que le da el colocar al personaje en un entorno distante y extraño, a fin de hacer más explícita su conducta. Silverio se dedicará a ganar dinero de manera ilegal traficando exitosamente con tabacos, licores y otros bienes y servicios ajenos a su oficio de taxista. Mientras, se enamora de una bella cubana, cumple con los compromisos mediáticos que le piden y procura disimular las apariencias.
Pero en este filme, tan importante como las anécdotas exteriores lo es el proceso interior, que moviéndose entre la nostalgia por el terruño y la angustia y el horror que sufre cuando comprende su conducta, lleva a Silverio a embarcarse de regreso a México, a donde llega inconfundiblemente transformado, luego de esa sana pero (entre nosotros) poco frecuente costumbre de mirarse de cuerpo entero frente a un espejo que no disimula ninguna verdad. Una comedia atractiva y muy, muy inteligente.



Cuando la joven Alicia ya está harta de la familia y atraviesa la típica crisis juvenil en pos de sentidos para el mundo, decide poner tierra de por medio y se lanza hasta el extremo más sureño de la Argentina (el culo del mundo, como solemos decir), a la provincia de Calafate, en La Patagonia. Su viaje responde, en el fondo, a la obsesión de encontrarse a solas con la nieve y alcanzar el célebre Perito Moreno, en el Parque Nacional de los Glaciares.
Directa y sin mayor complicación, esta es la anécdota del primer largometraje “no oficial” de la cortometrajista Elisa Miller (Palma de Oro en Cannes 2007 con Ver llover), quien todavía afina sus recursos discursivos para la que considera será en verdad su próxima primera película.
El filme, presentado en la sección oficial en competencia por mejor largometraje, se exhibió el miércoles y ha resultado una discreta road movie, mucho más ocupada en registrar sensaciones que en contar una historia.
En este sentido, en el de plasmar una subjetividad que busca su propio lugar en el mundo, a una edad en la que nada está definido, la cinta es una correcta aproximación al tumulto de sentimientos, pulsiones y soledades juveniles.
Por detrás de las mínimas anécdotas (el encuentro de Alicia con otros jóvenes argentinos que le comparten algunas de sus propias dudas y estilos de vida; su fallido intento de prosperar en un curso de acrobacia, en el cual, sin embargo, traba amistad con su instructor; así como su encuentro con un afable y joven velador que cuida uno de los hoteles de la zona, desierto porque están “fuera de temporada”), la cinta consigue enganchar al espectador atento con esa sensación de indefiniciones que bordea continuamente la pregunta (universal) del “¿qué estoy haciendo aquí?”.
Al término de la proyección, durante la conferencia de prensa, pude agradecer a la cineasta por “llevarme de viaje con ella”. Mientras, Miller, su productor (Christian Valdelièvre) y otros creativos del filme explicaron que Vete más lejos, Alicia, ha sido ante todo un experimento, la respuesta a un impulso para filmar sin guión ni otro preparativo que no fueran algunas charlas previas acerca de ideas generales.


La libertad de esta forma de “producción en vivo”, como la definiría Valdelièvre, me resulta afortunada, siempre y cuando no se le saque de su contexto como una experiencia de ensayo y aprendizaje. Y la verdad es que, sin mayor aspiración, esa es la dimensión de la película y el resultado cumple satisfactoriamente: nos plantea un personaje que parte en pos de lo Porvenir Desconocido (un poco a la manera de A tiro de piedra, de la que creo sinceramente que puede ser la ganadora de esta edición del Festival Internacional de Cine de Morelia) y que luego de probar experiencias, algunas tan cotidianas como las que pudo practicar en su México natal, termina con un enorme fundido en blanco al alcanzar la meta de sus esfuerzos: el glaciar de Perito Moreno, en el extremo más sureño del continente y en el Nadir de una crisis existencial que a partir de ese momento, como proceso interior, puede abrir nuevas rutas. Y es que, cuando tocas el sótano, como ocurre con el personaje del filme, no queda enfilar hacia ninguna otra dirección que no sea hacia arriba.
Una experiencia discreta (reitero), pero satisfactoria.


Un still de Ana, cuyos realizadores aspiran estrenar en 2012. Para el proyecto de largometraje se precisan diez millones de pesos.

Con la promesa (muy razonable, dado el primer resultado) de convertirla en “un parteaguas en la historia de la animación en México”, el cineasta Carlos Carrera presentó esta semana, dentro del Festival Internacional de Cine, un teaser de cuatro minutos de Ana, un filme que requiere cien millones de pesos para ser concluido y que, en consecuencia, viene duplicando el presupuesto de la que hasta hoy ha sido la película más cara en México ( Arráncame la Vida, de Roberto Sneider).
Esta es la primera vez que Carlos Carrera, (La mujer de Benjamín, La vida conyugal, Sin remitente, Un embrujo, El Crimen del Padre Amaro, entre otras), trabaja en un proyecto de largometraje animado. Sin embargo, tiene en su haber una referencia indispensable: el cortometraje El Héroe (1994), por el cual recibió una Palma de Oro en el Festival de Cannes.
El encuentro con la prensa y con el público, el jueves, tuvo como objetivo promover el proyecto y allegarse fondos. El teaser ofrecido corresponde a la escena número cuatro del filme, cuando Ana duerme al lado de su madre, la cual está interna en un pabellón psiquiátrico, y la niña es despertada por ruidos en el pasillo. Asaeteada en su curiosidad, Ana investiga y descubre a uno de los diversos “amigos imaginarios” que habitan el pabellón, producto de las mentes asiladas en el lugar por diversas patologías.
El realizador adelantó que la historia parte de un cuento escrito por Daniel Emil –quien también es autor del guión- ambientada en los años 50.
Ana es una producción de LoColoco Films, un estudio de animación creado especialmente para hacer la película, en coproducción con Grado Cinco y con el apoyo de firmas privadas como Santander, Liverpool y Prosoft.
Acompañan a este post, tanto un fragmento del teaser de Ana como el corto El Héroe, realizado por Carrera hace 16 años.

Ana / Carlos Carrera, 2010 (proyecto en digital 3D)


El Héroe / Carlos Carrera, 1994 (Palma de Oro en Cannes)




En el marco de una serie de acciones organizadas para su despliegue en un periodo de 25 años, con miras a elevar la calidad de la educación en el país, la asociación Primero México presentó dentro del Festival Internacional de Cine un avance del largometraje documental De panzazo, emprendido por el director Juan Carlos Rulfo.
Para anunciar el proyecto y ofrecer el teaser, se organizó una función-conferencia con los medios en la que estuvieron presentes el cineasta Juan Carlos Rulfo; el conductor del informativo 1N, de Televisa, Carlos Loret de Mola; el empresario Alejandro Ramírez, de Cinépolis y presidente del FICM, y David Calderón, presidente de Primero México.

Durante su intervención el empresario Alejandro Ramírez brindó cifras alusivas al estado que guarda el sistema educativo mexicano y, sobre todo, a la eficacia terminal en educación media básica y media superior, mostrando indicadores extremadamente pobres. Explicó en ese sentido que, de no emprenderse acciones inmediatas, las expectativas de desarrollo social en el país son muy sombrías para el futuro inmediato.
Indicó que el cine es un medio útil para sensibilizar y crear conciencia acerca de distintos temas, por lo que la empresa Cinépolis ha decidido sumarse a la causa de la organización Primer México, cuyo objetivo es involucrar activamente a padres de familia en todo el país para emprender acciones en beneficio de la educación de sus hijos.
“En los últimos años –dijo– hemos constatado que el cine ha sido un medio exitoso para sensibilizar a las sociedades en materia de temas como el cambio climático y la protección del ambiente o de los derechos humanos”.
En este tenor, el documental De panzazo, que en estos momentos se encuentra en postproducción bajo la responsabilidad del cineasta Juan Carlos Rulfo, busca movilizar a los padres de familia para exigir tanto a las autoridades educativas como a los sindicatos que se inicien trabajos serios para combatir la pobreza educativa del sistema, así como para proponer alternativas y comprometerse más en esta asignatura. “No queremos encontrar o señalar culpables, sino que todos nos unamos y consideremos asumir la responsabilidad que concierne a cada quien", indicó.

A su vez, el cineasta Juan Carlos Rulfo explicó cuál ha sido la principal estrategia emprendida en el documental. Hizo énfasis en que los padres de familia no saben realmente qué es lo que ocurre en las aulas escolares a las que acuden sus hijos, tanto en materia de disciplina como de aprovechamiento académico. “Ese es uno de los muros con los que se topa cualquier intento por conocer el estado real de la educación”.
Para resolver ese vacío, así como para documentar y mostrar de primera mano el estado que vive la educación en México, los involucrados en el documental le dieron pequeñas cámaras de video a diferentes alumnos de nivel secundaria en planteles de varios estados del país y del DF, para que grabaran lo que habitualmente ocurre en sus salones de clase y registraran cómo se conducen los profesores, qué tan firme es la disciplina y, en general, cómo interactúan entre sí los alumnos.
“El resultado de este experimento –adelantó Rulfo– es impresionante”.

Un aspecto general a la conferencia de prensa, en el marco del FICM.

Al lado de los testimonios videograbados por los jóvenes y adolescentes en sus escuelas durante el año pasado, el documental De panzazo recoge entrevistas y testimonios del secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, y de la lideresa del SNTE, Elba Esther Gordillo, quienes hablan en torno al espinoso tema de practicarles evaluaciones y exámenes permanentes a los docentes, para confirmar tanto sus conocimientos académicos como sus habilidades didácticas o pedagógicas. También se da voz a padres de familia en un mosaico del que el teaser del filme, de ocho minutos de duración, brindó una primera probadita.

En su turno, el conductor del telenoticiero más popular de Televisa, Carlos Loret de Mola, describió cómo se involucró en esté proyecto, en el que inicialmente lo que pretendían sus interlocutores era que en su noticiero se diera mayor cobertura al problema de la educación en México.
Dijo que conforme se empapó de la situación quedó impactado, con las cifras y estadísticas que le mostraron que una inmensa mayoría de estudiantes de secundaria, con un pie en la prepa, no saben multiplicar y que también son incapaces de comprender realmente la mayor parte de los textos que leen.
También abordó el asunto de los exámenes a profesores y la corrupción asociada a tales evaluaciones. Ejemplificó con el caso de un profesor que, en un examen de 80 preguntas, contestó correctamente sólo siete de ellas, a pesar de lo cual fue acreditado para seguir al frente de un aula.
Un señalamiento pertinente del comunicador, dedicado ahora a los paterfamilias, se formulado en el sentido de que en México los padres de familia consideran a las escuelas sólo como “las guarderías más grandes del país”, gracias a las cuales pueden desentenderse de sus hijos durante seis o siete horas.
En este sentido, consideró que los jefes de familia necesitan involucrarse más con sus hijos y colaborar con ellos.

En el documental se expondrán los testimonios de alumnos pertenecientes al periodo escolar 2009-2010 en escuelas secundarias de la Ciudad de México, Morelia, Ciudad Juárez, así como ciudades y comunidades de Chiapas, Guanajuato y Guerrero.
David Calderón, de Primero México, señaló que se trata del documental más largo de la historia sobre lo que ocurre en las escuelas de México. Subrayó que los datos y cifras son verificables, y que el filme es un llamado a la conciencia social para sacudir el problema del estancamiento y deterioro en el proceso de enseñanza aprendizaje.
“Todo lo que queremos es presentar la realidad del sistema educativo en México pero no como una critica desesperanzadora, al contrario creemos que hay una luz al final de camino sólo que ya es momento de actuar como sociedad”.
El documental ha nacido recuperando los resultados de un estudio titulado Contra la pared, sobre el estado de la educación en México, del cual se dio una copia a los medios y que fue emprendido por Claudio González Guajardo.

EN VIDEO / Algunos momentos de la presentación