Entre tácticas y estrategias (no a la Benedetti, sino con un inconfundible sazón mexicano, es decir, ladino y picoso), este martes Paco Ignacio Taibo II cumplió su cita con la más bien opaca V Feria Nacional del Libro y la Lectura Michoacán 2012.
Arribó casi una hora tarde a la sede del Centro Cultural Clavijero, en el centro histórico de Morelia y, tras disculparse con la concurrencia, confesó que había perdido el avión matutino (“es algo que no me sucedía en años. Debe ser la edad”). También se tomó su tiempo para visitar a jóvenes preparatorianos que, muy a modo, horas antes habían cerrado una cuadra de la avenida Madero, frente a la Biblioteca Pública Universitaria, así como, de forma inédita, la esquina de Melchor Ocampo y Guillermo Prieto y la de Nigromante con Santiago Tapia, cubriendo así los accesos a la sede de la feria en una toma efímera que se disolvió al ocaso. El padre de Héctor Belazcoarán les declaró a los jóvenes su solidaridad, posó para la foto de los periódicos y para las cámaras de telenoticieros e instantes después, mientras respondía a las preguntas banqueteras de algunos medios electrónicos, enfiló hacia el foro Isabelino donde se realizaría su presentación.


Oficialmente, la estadía pública de Taibo II en Morelia tuvo como fin dar a conocer el lanzamiento de la colección La Negra, con la cual Editorial Planeta presenta una reedición de las mayores obras del autor: un total de 17 títulos que van desde su debut en la novela policíaca con Días de combate (1976) hasta las semblanzas históricas noveladas dedicadas a personajes como Pancho Villa y Ernesto el Che Guevara o a episodios como el del asalto a El Álamo. Sin embargo, fue poco el espacio que PIT II le dedicó a estos detalles editoriales. En cambio, enfiló sus siempre atractivas baterías discursivas a compartir con el público los antecedentes del relato negro en México y en América Latina y a describir el papel decisivo que esta literatura ha jugado en algunos momentos históricos recientes para llenar los vacíos de una literatura social que no pudo ver la luz.


Magnético y poseedor de una privilegiada oralidad, acaso sólo comparable a la del ya difunto Eraclio Zepeda, Paco Ignacio abriría fuego desde el prólogo dedicado a las disculpas. Tras citar la pérdida de su vuelo, añadió:
– Además, tenía que ver a los estudiantes en plantón: Me parecía fundamental ir a solidarizarme con ellos. No puedes pasar por la vida mirando a otro lado. Ya hemos mirado a otro lado, los mexicanos, demasiadas veces. Y es un lujo que no nos podemos dar en tiempos oscuros, como los que se aproximan.
Los aplausos de la concurrencia coronaron la frase. Luego, ya instalado y cigarro en mano, entró en materia.


“¡Qué paradoja que uno venga a presentar una colección de literatura policíaca y que este país viva en las condiciones de lo policíaco! –comenzó–. Por ejemplo, ¿quién fue el que le metió azúcar al depósito de gasolina de los helicópteros que tan frecuentemente se caen? ¿Quién quemó los camiones en las normales rurales aquí en Michoacán? ¿Quién hizo un fraude electoral de cinco millones de votos que afectó los comportamientos futuros de este país? Por donde quiera que toques, lees una historia policiaca. Lo criminal, la ruptura del orden, se están volviendo una constante endiabladamente peligrosa en la vida de los mexicanos desde hace muchos años. Y la novela policiaca, la literatura negra, ha estado cubriendo de alguna manera el hueco de la literatura social.
“No es un fenómeno del que yo sea responsable –puntualizó–. En Francia, en los años sesenta, Jean Patrick Manchette lo había dejado clarísimo. Y en Estados Unidos, a fines de los setenta, Ross Thomas, Roger Simmons y Channing también lo dejaron clarísimo. En la nueva novela policiaca española, surgida después de la caída del franquismo, autores como Vázquez Montalbán, André Martín, Julián Ibáñez o Juan Madrid, lo pusieron sobre la mesa. En todos estos y en muchos otros casos, lo que ha estado haciendo la literatura negra es recuperar el sentido de la literatura social”.
En este sentido, el autor de La lejanía del tesoro recordó que el material de trabajo del relato negro y más específicamente de la novela policíaca es la quiebra del orden, lo criminal, la ruptura de los tabúes. “Una sociedad se deja interpretar con mayor claridad a partir del hecho criminal que de la crónica política o de la sociología o del análisis económico. Muchas veces –insistiría– el hecho criminal revela de qué está hecha esa sociedad, cuáles son sus reglas del juego”.


Al hablar de los rasgos y virtudes que acompañan al relato negro, señaló:
“Me gusta usar la metáfora del iceberg. Como ustedes saben, sólo su diez por ciento es visible sobre la superficie del agua. Cuando en México alguien dice: ‘tengo que contarte una historia’ y te remite al diez por ciento conocido, los mexicanos, que somos paranoicos (definición de paranoico en México: un ciudadano que piensa que lo persiguen y que, en efecto, lo persiguen; por lo tanto, redefinición de paranoico: un mexicano con sentido común), sabemos que el noventa por ciento de la historia es invisible y que está inconclusa. Está debajo del agua. Para remediar esa situación, la novela policíaca hace eso: explora el noventa por ciento oculto. Ata los hilos que los centenares de historias inconclusas dejan sueltos”.
Hablaría luego de otro rasgo del relato policiaco: su capacidad de atravesar el panorama geométrico de una sociedad en diagonal, de arriba abajo, revelando los secretos que guardan cada una de sus capas. “Pero también hay un panorama geográfico para la novela policiaca, que es el espacio inmenso de la totalidad de lo urbano”.


No dejó pasar la ocasión para hablar de una característica recurrente en sus libros: el manejo del lenguaje.
“La novela negra también opera en términos del lenguaje: recoge el lenguaje oficial, el lenguaje televisivo, el cantinfleo del aparato estatal y del gobierno, que ahora se está multiplicando a una velocidad increíble, al punto que nos esperan unos años de cantinfleo potentes, y exhibe todo eso para bocabajearlo en sus absurdos y en sus sinsentidos. Al mismo tiempo, recoge al lenguaje como un elemento de variación continua. Recoge los humores, los elementos de lo que podemos llamar cultura nacional.
Dijo, en ese sentido, que “cuando comento con algunos autores extranjeros cómo hago novela policiaca, muchos me dicen ‘¡pero si tú tienes ahí un uso y abuso del humor negro endiablado!’ Y yo digo ‘¿Ah, sí?’ Yo creía que no. Es decir: ya está tan interiorizado el humor negro como una parte de nuestras vidas que no nos damos cuenta cuando lo tenemos ahí, sobre la mesa. México es el único país en el cual, horas después de un incendio en el que mueren decenas de personas, hay chistes en la calle sobre los quemados”.
Por lo demás, apuntó que “todas las corrientes cotidianistas de la literatura negra introdujeron el día a día en la crónica de lo criminal” y que “los mexicanos sabemos que la diferencia entre estar libre o estar preso estriba en el accidente: estar en el momento y lugar equivocado. A partir de ahí se desatan las fuerzas oscuras del sistema”. Describió al respecto varios episodios de los que ha sido testigo en primera persona y en los que se han desatado esos demonios para llevar a la prisión a personas inocentes.


Por lo demás, la vivaz charla discurrió por los temas más disímbolos: la resurrección del detective Héctor Belascoarán Shayne; la relación de Taibo II con la crítica literaria a lo largo de las décadas; el proceso de reconocimiento académico a un género como el policiaco, considerado menor, pero que ha ido conquistando escaños hasta llegar a nuestros días, cuando ya nadie niega la vigencia de la novela policiaca. El más interesante de todos fue objeto, sin embargo, de apenas una breve exploración: el por qué los escritores de relato negro en México no han escrito la novela de a deveras sobre lo que pasa con el narcotráfico. La respuesta de Taibo fue sucinta y no del todo convincente: “En primera, porque afortunadamente el periodismo está haciendo su trabajo, y en segunda porque en un tema como el del narco se necesita cierta distancia para tener a punto las herramientas”.


Más sustanciosas fueron las entrevistas que, al final de la presentación, abordaron cuestiones políticas vigentes en los escenarios sociales y políticos, como el destino de Morena en el gozne de convertirse en una presencia electoral institucional, con todos los bienes y males que eso conlleva o las perspectivas de una izquierda totalmente noqueada en los últimos comicios federales, pero de la cual Taibo II sostuvo que salía más fortalecida que nunca.


Durante una entrevista con la reportera Ivonne Monreal, del matutino Cambio de Michoacán, que parcialmente comparto en el video que abre este post, Taibo II dijo, entre otras cosas de interés, que la mayor lección de la pasada derrota electoral consiste en las estrategias de fondo que la izquierda necesita instrumentar. Consideró:
“Enfrentamos un problema gravísimo: hemos intentado destruir la hegemonía priísta a partir de lo electoral y hemos visto que no la podemos destruir desde ahí. En las pasadas elecciones, allí donde teníamos una sólida presencia electoral, perdimos. En cambio, ganamos donde había una amplia base social. Esa es una lección a tener en cuenta. La fortaleza de un partido como el PRI está en el aparato corporativo, en los controles sobre la sociedad y los sindicatos charros lo que le dan esta hegemonía. Es en esos puntos donde hay que pegarles y, sobre todo, hay que trabajar mucho a favor de la construcción de base y movimiento social. Al país tenemos que liberarlo desde abajo. De abajo hacia arriba. El tres a uno que les metimos en el Distrito Federal no fue gratuito; el gran reto es que tenemos que construir un movimiento que logre unificar todos los movimientos sociales”.


Interrogado sobre esa posibilidad de congregar base y movimiento social en momentos en que prevalece un estado de persecución, tanto mediática como material, particularmente en las provincias más alejadas de la capital del país, el autor consideró: “La sensación de que salimos derrotados de estas elecciones es una verdad, nos pusieron una madriza de órdago. Esos cinco millones de votos capturados de forma corrupta nos desmadraron. Es como decir que ganamos unas elecciones que perdimos en el fraude. Pero, de manera curiosa, la medida de la victoria o de la derrota no te la da lo inmediato. Pensemos en el 68. Aquel movimiento fue derrotado militarmente, y sin embargo fue la mayor victoria que hubo en este país porque durante los siguientes 20 años su recuerdo sirvió para reproducir conciencia social”.
Siguiendo el símil, opinó que la reciente derrota les ha heredado “una enorme fortaleza porque “son muchísimos más los mexicanos con conciencia social que hay hoy, a los que había hace un año y, ahora, el problema es convertir eso en organización unitaria”.
Acerca del desfallecimiento que exhiben movimientos que se generaron en la coyuntura electoral, como el de #yosoy132, estimó que son naturales y que su trascendencia no radica en su durabilidad: “Lo importante es que puso sobre la mesa la voluntad de cientos de miles de jóvenes y eso es el cambio profundo, eso ya no te lo quita nadie”.
En el caso del futuro de Morena, concluyó que el destino del movimiento se decidirá en el congreso nacional que se efectuará el 19 y 20 de noviembre en el Distrito Federal: “Nos dará una idea de si se puede convertir en una alternativa real de un movimiento capaz de coordinar y apoyar las luchas sociales que hoy están en México o si por desgracia se volverá otro aparato electoral más”.
Todo estaba listo para la primera sesión del ciclo Diálogos intergeneracionales, al amparo de la retrospectiva Cronografía visual en Michoacán, que aloja el Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce (Macaz). Un discreto pero entregado grupo de personas nos reunimos el jueves 9 de agosto en la planta alta de la antigua casona solariega, en el bosque Cuauhtémoc, dispuestos a escuchar con interés a Juan Carlos Jiménez Abarca, quien es uno de los pocos frutos de verdadero valor que ha dado hasta hoy la carrera de Historia del Arte de la Universidad de Morelia.
Fue una sorpresa para varios de los allí reunidos el enfrentar la súbita inclusión de un segundo ponente en el programa de la tarde. Esa noche, ya conectado a la internet, yo confirmaría que ni la cartelera cultural semanal de la Secretaría de Cultura (Secum) ni una nota preventiva emitida por el departamento de Comunicación de la dependencia, anunciaban otra cosa que no fuera la charla del columnista de Cambio de Michoacán y colaborador del Centro de Investigación y Documentación de las Artes de la propia Secum.
El caso es que, como preámbulo a la plática de Juan Carlos Jiménez, se anunció la presencia de Juan Manuel Pérez Morelos, del departamento de investigación del Macaz, quien se ocuparía –se dijo– de formular algunos comentarios introductorios a los movimientos romántico y modernista en el contexto de tres de los abuelitos significantes de esta colectiva: Manuel Ocaranza, Félix Parra y Luis Sahagún.
El hecho no habría pasado de ser una imprevista pero aceptable adición al programa, de no ser porque, déjenme decirlo así, la puesta en escena se convirtió en una puesta en desgracia.

Para empezar, la “breve charla” terminó por extenderse una hora y media (el reloj interno de mi videocámara da fe, agónicamente, que la intervención se extendió de las 2:24 a las 3:50 [la memoria de mi equipo está ajustada a otro uso horario, pero el punto es que se sigue tratando, exactamente, de una hora con 26 minutos]).
Y la extensión no habría tenido nada de malo si hubiera sido amena, honesta y verdaderamente personal; es decir, si Juan Manuel Pérez Morelos realmente se hubiera presentado para dialogar con la audiencia y compartir conocimientos suyos, resultado de sus experiencias y reflexiones en torno a un tema.
Y es que, permítanme recordárselos, el valor de una charla o ponencia consiste en la posibilidad de que el conferencista sea capaz de ofrecer una perspectiva propia, personal, sobre el asunto que lo ocupa. Lo importante es que nos diga algo que no podamos encontrar en un libro, sino que sea consecuencia de un pensar activo.

Por el contrario (y en segundo lugar), Pérez Morelos no nos ofreció ninguna opinión personal, ninguna reflexión propia, ninguna perspectiva suya. Lo que hizo, en cambio, fue leer retazos y pedacería de textos entresacados de otras fuentes a las que ni siquiera tuvo la decencia de darles crédito (salvo a algunas de las imágenes-ficha proyectadas en una pantalla, cortesía del Museo Nacional de Arte [Munal], en el DF).
Es penoso ver a alguien que presume de contar con estudios de nivel maestría y de impartir clases en un aula universitaria conducirse como un preparatoriano irresponsable, de esos que para salir del paso en los deberes escolares entran a la página BuenasTareas.com para agenciarse el primer texto que les parece satisfactorio y, gracias a la magia del copy–paste, descargarlo y ofrecerlo como propio.

Estoy meneando la cabeza. ¿Qué les digo? Esta clase de estafas se detectan de inmediato. Como el texto no era suyo y como obviamente no se tomó el esfuerzo de estudiarlo lo suficiente, la lectura que hizo Juan Manuel Pérez Morelos fue tremendamente accidentada, sin ritmo, sin plasmar los énfasis donde era preciso, sin dejar que las ideas del texto respiraran a su propio aire… la clase de errores inevitables cuando uno no comprende el sentido de lo que está leyendo.

Los daños fueron graves. El mayor, sin duda, consistió en espantar al público. En el video que abre este post y que resume algunos momentos de la lectura, incluyo dos tomas dedicadas a los asistentes a la charla.
La primera corresponde al comienzo de la intervención del investigador del Macaz (un paneo que va del 00:52 al 01:08). Hay 21 personas sentadas en las sillas, de las que pueden descontar a tres: el director del Macaz, la transcriptora que elabora los boletines de la Secum y un fotógrafo y camarógrafo que sube imagen de los eventos de la Secum a la página electrónica institucional. Es decir, hay 18 personas del público.
La segunda toma corresponde a la recta final de la intervención de Pérez Morelos (del minuto 08:19 al 08:28). Sólo quedan 11 personas sentadas; descuenten a dos: el funcionario Iván Holguín y la redactora de la Secum. En total, son 9 integrantes de la audiencia. Nueve (la mitad) se han ido.

El hecho de dar una conferencia sin la preparación mínima indispensable es una falta de respeto. Primero, para el ponente, que no se respeta a sí mismo lo bastante como para darle a su participación la estatura intelectual que cabe esperar de un académico. Luego, para el anfitrión de la noche, pues todos los que acudimos aquella tarde al Macaz lo hicimos convocados por el nombre de Juan Carlos Jiménez y por el prestigio que este joven crítico e historiador de arte se está construyendo, gracias a un trabajo bien hecho. Finalmente, es una falta de respeto hacia el público, al que siempre le resulta extenuante verse obligado a descifrar los contenidos de una mala lectura y a seguir el curso de ideas mal hilvanadas.

Hay que querernos un poquito más a nosotros mismos y ser menos perezosos. Creo que esa es la actitud que marca la diferencia entre la honestidad y el fraude. Qué bueno que el personal del Museo de Arte Contemporáneo quiso sumarse a las actividades de este ciclo de conferencias; eso es estupendo y hay que alentarlo. Pero qué malo que, al menos por esta vez, el responsable de las investigaciones en el museo haya optado, en su colaboración, por el disimulo.
Y para colmo, una vez concluida su lectura, el muy bribón se disculpó, se levantó y se escurrió para ir cumplir un compromiso en el Museo de Arte Colonial, con la catedrática Nelly Sigaut, que ojalá lea de alguna manera estas líneas y le propine un buen jalón de orejas a su pupilo. Se lo ha ganado a pulso.
Por lo demás, exhibo esto porque representa uno de los males más generalizados de nuestro tiempo: me refiero a esa actitud de pretender ser más de lo que uno es, de aparentar lo que uno no es. Muchos, muchísimos de los problemas que vivimos, derivan de esta manera de conducirnos. Hay que luchar contra ella.

Y bueno. En fin. Les comparto a continuación el texto íntegro que Juan Manuel Pérez Morelos leyó durante su intervención dedicada al Romanticismo. Esta versión la descargué del sitio web de Scribid, del que soy suscriptor, y la pueden encontrar, si lo desean, en este enlace.
Pero el mismo texto se encuentra en por lo menos otros siete sitios distintos, entre ellos el clásico Buenas Tareas, cuyo enlace es este.

Vale. Que lo aprovechen:

El Romanticismo
Es un movimiento cultural y político originado en Alemania y en el Reino Unido a finales del siglo XVIII como una reacción revolucionaria contra el racionalismo de la Ilustración y el Clasicismo, confiriendo prioridad a los sentimientos. Su característica fundamental es la ruptura con la tradición clasicista basada en un conjunto de reglas estereotipadas. La libertad auténtica es su búsqueda constante, por eso es que su rasgo revolucionario es incuestionable. Debido a que el romanticismo es una manera de sentir y concebir la naturaleza, la vida y al hombre mismo que se presenta de manera distinta y particular en cada país donde se desarrolla; incluso dentro de una misma nación se manifiestan distintas tendencias proyectándose también en todas las artes. Se desarrolló en la primera mitad del siglo XIX, extendiéndose desde Inglaterra a Alemania hasta llegar a países como Francia, Italia, Argentina, España, México, etcétera. Su vertiente literaria se fragmentaría posteriormente en diversas corrientes, como el Parnasianismo, el Simbolismo, el Decadentismo o el Prerrafaelismo, reunidas en la denominación general de Posromanticismo, una derivación del cual fue el llamado Modernismo hispanoamericano. Tuvo fundamentales aportes en los campos de la literatura, la pintura y la música. Posteriormente, una de las corrientes vanguardistas del siglo XX, el Surrealismo, llevó al extremo los postulados románticos de la exaltación del yo.

Características
El Romanticismo es una reacción contra el espíritu racional y crítico de la Ilustración y el Clasicismo, y favorecía, ante todo:
La conciencia del Yo como entidad autónoma y, frente a la universalidad de la razón dieciochesca, dotada de capacidades variables e individuales como la fantasía y el sentimiento.
La primacía del Genio creador de un Universo propio, el poeta como demiurgo.
Valoración de lo diferente frente a lo común lo que lleva una fuerte tendencia nacionalista.
El liberalismo frente al despotismo ilustrado.
La de la originalidad frente a la tradición clasicista y la adecuación a los cánones. Cada hombre debe mostrar lo que le hace único.
La de la creatividad frente a la imitación de lo antiguo hacia los dioses de Atenas. La de la obra imperfecta, inacabada y abierta frente a la obra perfecta, concluida y cerrada.
Es propio de este movimiento un gran aprecio de lo personal, un subjetivismo e individualismo absoluto, un culto al yo fundamental y al carácter nacional o Volksgeist, frente a la universalidad y sociabilidad de la Ilustración en el siglo XVIII.
En ese sentido los héroes románticos son, con frecuencia, prototipos de rebeldía (Don Juan, el pirata, Prometeo) y los autores románticos quebrantan cualquier normativa o tradición cultural que ahogue su libertad, como por ejemplo las tres unidades aristotélicas (acción, tiempo y lugar) y la de estilo (mezclando prosa y verso y utilizando polimetría en el teatro), o revolucionando la métrica y volviendo a rimas más libres y populares como la asonante. Igualmente, una renovación de temas y ambientes, y, por contraste al Siglo de las Luces (Ilustración), prefieren los ambientes nocturnos y luctuosos, los lugares sórdidos y ruinosos (siniestrismo); venerando y buscando tanto las historias fantásticas como la superstición.
Un aspecto del influjo del nuevo espíritu romántico y su cultivo de lo diferencial es el auge que tomaron el estudio de la literatura popular (romances o baladas anónimas, cuentos tradicionales, coplas, refranes) y de las literaturas en lenguas regionales durante este periodo: la gaélica, la escocesa, la provenzal, la bretona, la catalana, la gallega, la vasca... Este auge de lo nacional y del nacionalismo fue una reacción a la cultura francesa del siglo XVIII, de espíritu clásico y universalista, difundida por toda Europa mediante Napoleón.
El Romanticismo se expandió también y renovó enriqueció el limitado lenguaje y estilo del Neoclasicismo dando entrada a lo exótico y lo extravagante, buscando nuevas combinaciones métricas y flexibilizando las antiguas o buscando en culturas bárbaras y exóticas o en la Edad Media, en vez de en Grecia o Roma, su inspiración.
Frente a la afirmación de lo racional, irrumpió la exaltación de lo instintivo y sentimental. «La belleza es verdad». También representó el deseo de libertad del individuo, de las pasiones y de los instintos que presenta el «yo», subjetivismo e imposición del sentimiento sobre la razón.
En consonancia con lo anterior, y frente a los neoclásicos, se produjo una mayor valoración de todo lo relacionado con la Edad Media, frente a otras épocas históricas.
No es algo habitual en este blog, pero esta vez vale mucho la pena. Les comparto, íntegra, la participación de Juan Carlos Jiménez Abarca, historiador del arte por la UdeM en la mesa inaugural del ciclo Diálogos intergeneracionales, el pasado jueves, en el Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce.
El video, arriba de estas líneas, recupera solamente algunas de sus participaciones en el campo de la plástica. También extiendo una disculpa: en los créditos del video suprimí por error el apellido paterno de Juan Carlos, ese error, que exige reeditar el video, lo corregiré en breve.
Por otro lado, el texto que sigue ha sido editado para eliminar las muletillas que todos exhibimos en el lenguaje oral y que son indeseables en una prosa escrita. La edición ha respetado en todo momento el sentido de las frases originales.
Mañana, aquí mismo, no se pierdan una columna con observaciones pertinentes a otro episodio acaecido en  la jornada inaugural de este ciclo de charlas.
Por lo pronto, con ustedes, Juan Carlos Jiménez:

Voy a abordar directamente la exposición Cronografía Visual en Michoacán, que es el pretexto a partir del cual hacemos este ciclo de charlas que se titula Diálogos intergeneracionales. ¿Por qué este título? Porque, justamente, esta exposición conjunta una serie de generaciones que a veces ni siquiera se tocan como coetáneas Y aun así hay muchos artistas contemporáneos que ni siquiera se conocen. Ese es el comentario que yo he recibido de varios participantes de esta exposición. La exposición es una sorpresa porque nos permite encontrar cuáles son los límites del ambiente, más allá de lo que nosotros conocíamos. Incluso de lo que conocían los artistas que en ella participan. Hay grandes sorpresas, hay buenos encuentros y muchos ecos.
El objetivo de mi participación es hacer una lectura visual del panorama artístico tendiente hacia lo contemporáneo que nos ofrece esta exposición.

Quiero empezar con esta cita de Justino Fernández que me parece muy ilustrativa para el tema: “Ocuparse en la historia contemporánea es siempre una aventura, ya que es necesario caminar entre la neblina de lo coetáneo y, por lo tanto, informe, históricamente hablando. El tiempo es el gran decantador, según se dice, pero lo importante son las actitudes, las opiniones, los sentimientos, ideas e imaginaciones que se producen en determinada circunstancia. Y a esto me atengo, pues no puedo hablar sino desde aquí y ahora, tal como soy e interesado en ciertos aspectos, que tal vez otras generaciones desdeñarán en el futuro”.
Esto lo escribió en 1972, cuando preparaba la primera edición de su libro Arte Moderno y Contemporáneo en México, que trataba del arte desde 1900, es decir, desde los antecedentes del arte moderno en México, hasta 1960. De esta forma trataba de trazar en su tiempo lo que era contemporáneo. Esa misma actitud la tomo como propia, ofreciéndoles este recorrido, centrándome en lo que desde las obras podemos identificar como actitudes, opiniones, sentimientos, ideas e imaginaciones de los artistas con los que nos toca convivir hombro con hombro en nuestra época.

Podríamos imaginar la historia de México desde diferentes circunstancias y diferentes perspectivas. Lo mismo sucede con el arte en México. Y concentrándonos en nuestra entidad federativa, podríamos leer el arte en Michoacán a partir de una progresión de diferentes aspectos.
Por ejemplo, tomando como filón a Manuel Ocaranza, Félix Parra y Luis Sahagún, para terminar un poco arbitrariamente con Agustín Cárdenas, podríamos ver que justamente parecemos transitar desde una figuración realista e incluso pudorosa, pasando a un modernismo un poco más clásico, para después comenzar a indagar en ciertos aspectos de las vanguardias antes de 1900, por ejemplo con Luis Sahagún, quien pertenece al Siglo XX y sin embargo parece que sus formas de pintar tienen más que ver con el impresionismo que con cualquier otra corriente artística del siglo XX, ya de corte moderno, por decirlo así.
Le llamaban el maestro de la espátula y de alguna forma fue el representante mexicano que, al menos en Michoacán, mejor asimiló las enseñanzas que obtuvo de los pintores parisinos y las aplicó a temas locales. En el Jardín del Arte podemos incluso todavía sentir la influencia de Luis Sahagún. Tal vez esa es una presencia poco advertida.

Para terminar con Agustín Cárdenas que es a final de cuentas una figuración un poco, finalmente, hacia la metafísica.
Dentro de los artistas nacionales, aunque no siempre nacionalistas, justamente Agustín Cárdenas introduce un aspecto de magia, sobre todo en la figuración de la imagen femenina. Pero más allá de esto, hay que recordarlo como el creador de la imagen del escudo del Estado de Michoacán que conocemos, impreso en cualquier oficio. Los artistas se vinculan con el Estado, pero el Estado se sirve de los artistas para obtener su imagen.

Hay otra manera de ver el desarrollo de la pintura en Michoacán. Podemos ver aquí una serie de ecos en cuanto a composiciones: mujeres con criaturas en mano. Iniciando por Alfredo Zalce, al centro, podemos encontrar una serie de síntesis de color, de figuras, el sentido contrario de la postmodernidad, resecularizándose, volviendo al tema religioso, pero tratándolo de una manera moderna a través de las madonas y cristos de Gilberto Ramírez, de quien bien podría decirse que tiene una influencia algo localista sin haber sido michoacano. Él era del DF y aunque fue considerado un artista michoacano, creo que jamás fue considerado un michoacanista.

Del lado contrario de esta síntesis podemos ver la descomposición de las formas, la recuperación de la composición geometrizante pero también sumamente gestual que también encontramos en la escuela de Zalce en la pintura de Juan Torres, transformando la imagen de la mujer abrazando a un gato con la figura de la niña que sostiene una muñeca.
Finalmente, lo que parece ser relevante es la reunión de alumnos y maestros en esta exposición, que también han marcado la comprensión que tenemos de la historia del arte en México. Ciertos artistas se relacionan con otros. Son alumnos y ellos, a su vez, son maestros.

Hay quien se pregunta qué tiene que ver Gerardo Murillo en Michoacán. Por qué su cuadro del Paricutín está expuesto en esta exposición. Si no es una presencia vigente en Michoacán, la atención que le dedicó al Paricutín puso a Michoacán en el centro del huracán, vamos a decirlo así. Pocos eventos en el siglo XX provocaron tal tensión dentro de Michoacán como el nacimiento del volcán que en el transcurso de ocho semanas destruyó dos poblaciones, particularmente la del Paricutín, que estaba sobre lo que sería la boca del volcán, y San Juan Parangaricutiro, que se encontraba a las faldas y que a final de cuentas terminó cubierta por la lava.
Gerardo Murillo estuvo en 1943 en las inmediaciones del volcán Paricutín tomando bocetos y haciendo apuntes para con los que produjo una serie de 56 pinturas con diferentes aspectos del volcán. Dos de ellas se conservan en Michoacán: la que figura en esta exposición y otra que ha sido prestada para una magna retrospectiva del doctor Atl, a quien por cierto su estancia en Michoacán le costó un miembro, ya que sufrió una intoxicación por los gases que emanaban del volcán y a consecuencia de eso, al año siguiente, en 1944, los médicos le tuvieron que amputar una pierna. Tomando en cuenta la figuración de los nacionalistas respecto al paisaje, como una manera simbólica de hacer presente la fuerza de la sangre mexicana a través de las fuerzas tectónicas de la naturaleza, esta pintura marca un antes y un después de los muralistas mexicanos, dado que Gerardo Murillo fue el antecedente de los muralistas que, a fin de cuentas, tuvieron buena continuidad en el Estado de Michoacán.

De la figuración naturalista, encontramos a mediados del siglo XX la aparición de la máquina, entre ellas esta pintura de Manuel Pérez Coronado, Máquina, que siendo oriundo de Uruapan y conociendo esa región con la mayor abundancia que pudo haber tenido en el siglo pasado, vio aparecer justamente, primero la máquina, y luego la destrucción de ese ambiente. Buena parte de la obra de Mapeco se ocupa del ambiente rural, pero también de su urbanización y del desgaste de la naturaleza y de la necesidad de los movimientos sociales en su defensa.

Siguiendo esta línea que proviene de la naturaleza y su fuerza hasta la fuerza de la máquina, encontramos las obras de Feliciano Béjar, que en este triángulo, en este magiscopio, vemos trabajar una conciencia acerca de los elementos del agua. También michoacano, casi nunca estuvo presente en el Estado. Se le reconoce como artista mexicano y su presencia se justifica por la relevancia que tuvo, en algunos puntos, incluso internacional, a causa de lo cual se trató de vincularlo con el Estado.
Dentro de estos cristales encapsulados vemos la recuperación de pequeñas partes de máquinas, piezas de metal, engranajes. Podemos tomar la obra de Feliciano Béjar como una de las primeras que en el arte contemporáneo comienzan a ocuparse más profesionalmente del reciclaje de materiales…. No de una manera comercial, sino como una forma de llamar la atención a través del arte a las conciencias en la defensa del ambiente.

Generalmente hay artistas que centran su atención en todos estos panoramas. Si, como dice Luis Camintzer, “la obra de arte es la respuesta a una pregunta”, para entender una obra en particular habría qué entender cuál es la pregunta, pero también saber leer cuál es la respuesta.
En el caso de Nicolás de la Torre, su pintura se vuelve testimonial, ofreciendo escenas que principalmente tratan de una atmósfera, casi rayando en el realismo mágico. En el caso de una obra como la que exhibe en esta muestra, el tema es Tranquilidad. Y si bien el tema no es el objeto, sino la atmósfera, esta es la condición de la obra de Nicolás de la Torre. No se trata tanto de la figuración de objetos, sino del ofertamiento de atmósferas que de alguna forma pasan inadvertidas cuando observamos de una manera primera una obra en particular.

Voy haciendo este recorrido, justamente, buscando caer en los artistas actuales, y es que a final de cuentas la participación de autores como Enrique Revuelta sorprende por la manera en que asimila las revisiones de la pintura mexicana, en este caso la construcción de la composición a partir de la geometría, que es un método que desarrolló Jorge González Camarena, pintor y muralista.
Desafortunadamente no tenemos el dato de la fecha de La veda, que nos ayudaría a encontrar el eco que en Michoacán se hace de las producciones que tienen mayor difusión a nivel nacional y de las que llegan reminiscencias al Estado y, por lo tanto, de cómo el estado va replicando lo que se hace en el centro del país. El objetivo de este tipo de revisiones de arte buscaría encontrar cuál es la personalidad artística de la región, sin la replicación de los artistas del centro.

La figuración de los campesinos, de los trabajadores, de los obreros en el arte mexicano, ha hartado a muchísima gente. Sin embargo, hay quienes continúan con esta tradición. Buena parte del trabajo de Francisco Rodríguez Oñate se basa en ello, pero también encontramos que permite en su trabajo incluso el desarrollo de temas mitológicos para ofrecer trabajos de sentimentalidades muy particulares. Por ejemplo, Penélope infinitamente desdichada. En la mitología griega, Penélope es la esposa de Odiseo, rey de Itaca. Ella espera el regreso de su marido de la guerra de Troya durante veinte años y por esa razón se le considera un símbolo de la fidelidad conyugal. Esta obra de Oñate representa el momento en que la mujer se encuentra infeliz por la ausencia de su marido pero también por las presiones que debe aceptar para casarse con pretendientes que la asedian mientras ella ofrece, para evitar el matrimonio, el tejer un manto cuya referencia aquí encontramos en la parte inferior de la escena. Esta obra sorprende, dentro de la producción de Rodríguez Oñate, porque escapa a todo nacionalismo visible.

Jerónimo Mateo, originario de San Francisco Purenchécuaro, parece un pintor que asimila de una manera distinta las tradiciones de su pueblo. En este sentido, habría que distinguir cómo autores como Gilberto Ramírez o Rodríguez Oñate tratan de la cultura purépecha de una manera externa.
Jerónimo Mateo pinta estos formatos muy repetidamente y parece que pinta lo mismo, y sin embargo no lo hace. No sólo por los temas o los títulos, sino porque pareciera un cronista interno de su misma cultura, donde cada objeto va siendo pintado de una manera muy minuciosa. Pero además, como pintor, tiene el mérito de inventar los rostros. Conocida es la estrategia de los artistas a la hora de pintar de usar un modelo. Jerónimo Mateo no ocupa modelos. La intención de los rostros dentro de la tradición pictórica es algo muy particular.

La gráfica en la exposición tiene una presencia especial. Una de las mayores influencias a nivel nacional que en Michoacán he encontrado a través de su gráfica ha sido la de Adolfo Mexiac a través de Libertad de expresión, de 1954, que fue muy célebre en 1968 en diferentes movimientos sociales, tanto en Francia como en la ciudad de México. Reproducido en carteles, reproducido en mantas, también en programas de televisión e incluso en películas recientes, por ejemplo del año 2009.
Este grabado fue producido en 1954 en Chiapas. Su historia tiene que ver con la muerte de Frida Khalo y con la caída del gobierno de Jacobo Vargas en Guatemala a través de una acción intervencionista de Estados Unidos.
Poco se ve en esta imagen, pero hay un detalle en el candado que dice Made in USA. Se dice que este grabado fue generado a partir de la indignación que se sintió cuando, al velar el cuerpo de la Khalo, en Bellas Artes, se puso la bandera comunista sobre su féretro. Eso, en plena guerra fría, ocasionó entre otros problemas el despido del director del Palacio de Bellas Artes y dentro de esta dinámica, Libertad de expresión comenzó a ser un grabado reproducido para diferentes causas, a veces muy disímiles.

Me gusta comparar este grabado con La piñata que no cae.
Producido por Artemio Rodríguez en 2010, en pleno bicentenario, está hecho a partir de la remembranza de Porfirio Díaz y de su figura como una piñata que al romperse deja caer caramelos, dulces, calaveras… pero también carteles que dicen Poder, Dinero, Coca, Torta, Justicia, Democracia, ante una comunidad de hombres y mujeres que debajo, de forma muy desesperada, reciben todas estas cosas.
Las lenguas de nubes viajan hacia el espacio inferior de la composición como si desde el cielo cayera una calamidad sobre la gente que apetece probar algo de la piñata que no acaba y que sólo ofrece miserias de corta duración.
Un grabado como este puede tener una vigencia total en el año 2012, sobre todo a la luz de la incertidumbre política que se vive a partir de julio 1. Esta es una de las maneras en que la gráfica, a pesar de ser una técnica tradicional, tiene todavía una potencia contemporánea sumamente viva.

Hasta aquí hemos revisado trabajos de artistas con una larga trayectoria. Sin embargo esta exposición también acoge a artistas jóvenes, como Kitzia González Simón, que con esta pintura, Nocturna, parece más que nada tener el objeto de figurar una circunstancia cotidiana: un paseo nocturno en bicicleta. Es un tema bastante sostenido en la obra de esta joven. La obra Biproyecta lineal la expuso en la VII Bienal Alfredo Zalce en 2009 y el tema de las bibicletas pareciera a primera vista superfluo, sin embargo las obras contienen una dimensión social y política que no siempre es evidente y si este mensaje no llega plenamente al público, ocasionalmente no es por falla del artista, sino por culpa del público, podríamos decir, puesto que las coyunturas están allí y la comprensión del arte actual frecuentemente depende de la capacidad para vincular lo que vemos en una circunstancia con el resto de los sucesos que nos rodean.
Sabemos que el movimiento ciclista de nuestra ciudad va cobrando fuerza desde hace un par de años. Y sin embargo cada año se da un evento muy especial que es la ciclovía nudista. Una vez al año se pretende salir en grupo, a pasear por la ciudad en pleno día con las menores prendas posibles que uno desee portar. Se sabe que en el año 2010 el primer grupo de la ciclovía nudista fue detenido y ni siquiera los dejaron ponerse sus ropas hasta que llegaron a los separos. Debido a la protesta que se dio después de la detención, se logró un juicio a partir del cual obtuvieron un amparo gracias al que es legal, de manera organizada, transitar desnudo en bicicleta. Kitzia González estuvo precisamente ahí, presente en esa detención y en esa protesta, gracias a lo cual desde hace dos años es totalmente válido salir desnudo, en grupo, en bicicleta, para llamar la atención de los conductores de vehículos automotores para respetar a los que se transportan en bicicleta, bajo la consigna de que “si no me ves vestido, a lo mejor desnudo sí me ves”. Estos son bocetos de Kitzia y de alguna forma tienen que ver cómo una artista joven particular absorbe para su trabajo aquello en lo que ella invierte su energía y su interés como una responsabilidad individual y social. Particularmente, ella ha participado muy activamente en el movimiento 132.

Otro ejemplo de cómo los intereses por participar de una sociedad más equitativa o de alguna forma responsabilizarse del propio contexto inmediato es el de José Ángel Pahuamba en esta obra abstracta que es primordialmente lo que ha producido en los últimos dos años: Paliacates en el rostro.
Se dice que la pintura abstracta no busca representar nada en particular, salvo lo que los sentidos puedan captar de ello, de las vibraciones del color, de la fuerza de la línea, de la composición geométrica, etcétera. Sin embargo, aquellos que utilicen su imaginación, no de manera demasiado fantasiosa, podrán encontrar por qué esta obra se llama Paliacates en el rostro y podrán encontrar un rostro.
José Ángel Pahuamba es originario de Cherán y está muy vinculado con el movimiento que actualmente sucede en este pueblo, particularmente con la defensa de los bosques, la defensa contra la delincuencia organizada y también contra las agresiones a su pueblo.
El año pasado se presentó en una exposición en la galería Diana, en la casa de Pedro Friedember, en San Miguel de Allende, con estas obras: Con la cara cubierta y Todos despertaron. Estas son las mismas obras con las que participa en diferentes encuentros y bienales como la VIII bienal Alfredo Zalce y esta es la manera en la que podemos encontrar que por demasiada distancia que haya aparentemente entre una propuesta estética y una participación social, esta participación está ahí, de alguna manera.

Tal vez como nadie, Erandini Adonay Figueroa haya trabajado de una manera tan directa el problema del narcotráfico en nuestro Estado, que en general es una problemática nacional de décadas. Esta obra del año 2007, Caminos de Michoacán, se apropia de ese afamado son que a mucha gente le infla el pecho, pero lo mezcla con una temática que es poco agradable a muchos: el consumo de mariguana, los cargamento, las fosas comunes, las muertes, el domino de los territorios, etcétera. Apropiándose de elementos de códices que no son necesariamente purépechas, pero también de algunos aspectos de la Relación de Michoacán, traduce de una manera visual la presencia que se ignoraba por las autoridades pero que por poblaciones enteras se conocía desde hace décadas.
En el año 2010, en el Centro Cultural Clavijero, en una colectiva conmemorativa de esas fechas, Erandini presentó esta obra que sucitó pocos comentarios y tal vez eso sea lo importante de esta obra, prácticamente del mismo tamaño de la que podemos ver aquí a la derecha, donde encontramos este cuadro titulado simplemente Ja, ja, ja, de un niño sobre un Hummer de juguete que –por supuesto– está a punto de aplastar a una serie de siluetas de soldaditos, también de juguete. La ironía es aplastante. Si de hecho tomamos esto como una figuración de algo que sucede día con día en los campos de Tierra Caliente, de los cuales no nos vienen noticias y sin embargo sí existen estas circunstancias totalmente. Tal vez para muchos estas obras también hayan tenido que ver con el acierto o desacierto de las estrategias de combate al narco.

En este sentido es muy adecuado el encontrar junto a este cuadro de Erandini el cuadro de Martín Quintanilla Martínez, Michoacán power. A estas alturas quisiera apuntar algo que pude encontrar en una exposición de la ciudad de México llamada Neomexicanismos: el neomexicanismo fue una tendencia en los años ochenta que no solamente marcó una escena artística a partir del desarrollo del mercado sino también a partir de que los artistas comenzaron a traducir nuevamente los imaginarios y los lenguajes que los artistas nacionalistas habían producido hacia principios del siglo. Sin embargo, comenzaron a disentir con estos lenguajes. Los reprodujeron, no para hacerlos vigentes, sino para cuestionarlos. Y en este caso, las apropiaciones de las diferentes identidades a nivel nacional se fragmentaron justamente trayendo como consecuencia una estética en este caso kistch, que en general se puede considerar como un sucedáneo de cultura, es decir: como el desarrollo de una alta cultura, pero para las masas. Y por lo tanto utilizando materiales de un calibre diferente.
Como detalle sintomático de esta tendencia tiene que ver la incorporación de materiales poco convencionales y muchas veces sintéticos, en este caso llamo la atención sobre el peluchito del marco. Y en general las adhesiones que Martín produce en la parte inferior del cuadro: un billete de a cincuenta con un Morelos de paliacate tricolor, una imagen de la virgen María, pero también una envoltura de Zig-Zag, con la que generalmente se ponchan los cigarros de mariguana y en este caso alrededor hay un pequeño letrero que dice famoso cómplice.
De alguna manera todas estas imágenes comienzan a jugar con aquello que en la cultura mexicana se considera legítimo y reconocible, pero también con aquello que es vigente, aunque ilegal. Se trata también de una manera de confrontar los ambientes de la esfera pública como la lucha libre con los de la lucha clandestina como son los frentes zapatistas.
¿Qué sucede en Michoacán que, en pleno año 2000, al parecer las estrategias de los mexicanismos están produciendo? Esa es una respuesta que vamos a aventurar un poco más adelante.

De Sergio Ávila tenemos esta pintura: Ilegales en el malpaís, que trata de esta misma temática de explotación pero también de narcotráfico. O de la producción de estupefacientes en el campo que nosotros habitamos.
El malpaís se refiere a un accidente de relieve caracterizado por la existencia de rocas erosionadas de origen volcánico en un ambiente árido. En este caso vemos que el malpaís es un ambiente sobre el cual se producen plantas. Pero, en un ambiente de explotación, los campos son regados con la orina de los sujetos. No hay ninguna duda acerca de la referencia de explotación que esta imagen representa y en el caso de… buscando los signos que buscamos en los que podemos encontrar la referencia temática de este tema podemos encontrar esta figura del fondo con el humo que exhala pero, en general, con el color rojo de los ojos.

En las obras de arte, los detalles minuciosos son los que marcan las diferencias y creo que bajo esta observación minuciosa la apreciación sobre la obra de Dionisio Pascoe puede cambiar, como en esta obra, Paseo, de 2011, pues a través de esta estrategia de pintura, un poco infantil, ingenua y algo descuidada, se encuentra también un cuidado en los temas muy particular. Recuerdo esta otra obra del XV encuentro estatal de acuarela en la Casa de la Cultura, llamado Tsunami, y lo que pareciera al principio una escena de viento y agua y nado desnudo muy fresco, en realidad es la figuración de una tragedia. En este sentido, la contraparte estética se contrapone a una escenificación de lo terrible. Puesto así, dentro de un trazo ingenuo se encuentra una realidad descomunal. Un carácter fatídico.

Dentro de las apropiaciones que en Michoacán se han buscado hacer de los artistas, encontramos a Javier Marín, un autor de Uruapan pero que en general tiene una importancia mucho mayor a nivel nacional e internacional. Encontramos una litografía de 2011 y a partir de aquí quiero solamente apuntar la importancia del cuerpo en esta exposición, puesto q ue el cuerpo puede ser entendido como el receptáculo artístico en el que las identidades colectivas pueden diluirse para dar paso a la construcción de identidades personales.

En este sentido, la obra de José Luis Aguilar Pahua, Soledad, tiene mucho que ver con otras obras no presentes en esta exposición, por ejemplo de Rafael Flores. La figuración perfecta del cuerpo tendería precisamente a construir estas identidades a través de minucias que sólo un ojo cuidadoso puede ir absorbiendo.

A estas alturas, lo que queremos apuntar es la gran diversidad que representa la escena en Michoacán en arte contemporáneo, en arte actual. Y la dificultad que representa para construir un conocimiento íntegro sobre tal diversidad.

Caso especial es el de Fernando Motilla Zarur, un artista joven, que sigue los pasos de su maestro, Rafael Flores. En este sentido esta exposición es una reunión entre alumnos y profesores. Su sentido de la minucia o de encontrar todavía posibilidades poéticas en la estrategia de la mímesis de la imagen, es decir de la imitación pura, genuina de la realidad, a través del realismo fotográfico, todavía se está explotando. Y aún asi podemos encontrar caminos distintos, lejos de esta figuración perfecta, hacia una nueva figuración.
Un detalle muy especial de la exposición es este rincón que tenemos en la sala contigua, donde aparece la pintura de Irasema Parra sobre Ioula Akhmadeeva. Esta es una serie de retratos que Irasema produjo con una beca del Sistema Estatal de Creadores, en el cual ella proponía un retrato de una persona, pero esta persona, que además era un artista, intervenía el cuadro para, a final de cuentas, terminar los acabados que venían por parte de Irasema.

Se me hizo una coincidencia muy especial por la continuidad con la obra de Ioula: Nuevos Santos, de la serie Memorias objetuales, que es una obra también de origen colectivo a través de un proyecto por medio del cual se participó a través de la Universidad Michoacana y en el que se pretendía llevar a las artesanas de Santa Clara del Cobre técnicas no abrasivas o no invasoras para trabajar el cobre. De alguna forma era una colaboración artística pero también una intervención comunitaria a favor de las mismas artesanas. Y a partir de esta colaboración de artistas con artesanos se producían obras que a final de cuentas terminaban en este tipo de trabajos.

El territorio o la imaginación de los espacios es un detalle también muy presente en esta exposición. De Carolina Ortega Sánchez tenemos esta obra, Territorios, que en realidad es una obra parcial de la producción actual que se exhibirá en el Festival Internacional Cervantino de este año. Y en este caso Territorios tiene que ver con la preocupación del espacio como construcción abstracta. O también como un valor. A este respecto, el territorio se refleja como el ejercicio de una abstracción y de imaginación. Continente, no sólo como tierra, sino como contención de todos los espacios habitables. Una forma de extensión fuera de toda dimensión humana. Lo que en principio pareciera una construcción abstracta, bien puede verse como una construcción espacial vista desde el aire. Esta construcción de espacios tiene una motivación previa con una maqueta para libro de artista que Carolina estuvo produciendo a propósito de la estancia de Felipe Erhenberg durante el XL aniversario del Macaz y en el cual se desarrolló una tutoría sobre libros de artista.

La construcción del espacio terrestre podemos considerarla una asimilación del espacio urbano que también ha abordado Carolina Ortega y que en este caso tiene mucha relación con lo que desarrolla Raúl Calderón Gordillo. La imagen que les muestro es una obra gráfica del año 2009. Quienes conozcan el mapa de la ciudad de Morelia, podrán encontrar las semejanzas. A partir del accidente de la tinta se va construyendo un espacio y un reconocimiento del territorio que recorremos todo el tiempo pero del cual no tenemos conciencia plena de cómo está conformado. En este sentido se entiende su participación con Cúpula urbana, que en realidad es la cúpula del Congreso de Argentina, la cual produjo durante una estancia de grabado, justamente en aquel país.
Y se contrapone justamente con la exploración del espacio del cuerpo, en este caso el vocabulario de un mapa puede ser entendido como la construcción de un cuerpo ciudadano.

Y en el caso de Juan Pablo Luna la construcción del cuerpo va adquiriendo otro cariz.

Hay muchos detalles en el transcurso de esta exposición. Por ejemplo la participación de Celeste Jaime, que también tiene obra que es parte del acervo de este museo y que tiene que ver las formaciones orgánicas, pero con un detalle fantástico. El caso de Celeste Jaime nos recuerda que el mundo del arte es mucho más amplio que las exposiciones o el mercado, puesto que se vincula muchas veces con la formación de carpetas o la impresión de grabado o en sitios de internet de artistas. Por lo tanto su presencia aquí es relevante, no sólo como productora, sino también como parte de ese cúmulo de personas que tras bambalinas hacen funcionar una escena de proyección de artistas que están aquí presentes.

Alejandro Delgado y Armando Fraga parecen compartir la resaca de los años setenta. Sueños de ácido lisérgico con nuevas figuraciones o abstracciones no geométricas que de alguna forma nos hablan de que lo que en los años setena fue vanguardia, en los años 2000 sigue siendo un ejercicio con vigencia. Esta es una variedad de abstracciones y de construcciones estéticas que de alguna forma se contraponen a lo que en esa misma sala vemos en las formas de la abstracción lírica que presentan Miguel Rincón Pasaye y Enrique Ortega, que en buena parte han formado escuela que participa en la formación de muchos artistas jóvenes que exponen aquí.

La llama que se enciende procede de una retrospectiva que se le organizó a Enrique Ortega en el Centro Cultural Universitario: Embrujos pa’ no llorar. Esta obra que, de alguna forma, a través de sus colores y texturas pretendería, no dar un mensaje, sino construir una serie de reacciones orgánicas en el espectador. Con esto quiero llegar al punto de que las diferencias entre los artistas de Michoacán no sólo estriban en las maneras diferentes de hacer una pintura o una escultura; también tiene que ver con las diferencias de qué es lo que se quiere obtener o qué es lo que se quiere ofrecer. Las diferentes maneras en las que una existencia productiva se expresa. Hay quienes a través de obras figurativas más o menos realistas o simbólicas pretenden hacer llegar un mensaje o pretenden condensar realidades para que esas realidades sean comprendidas. En el caso de Enrique Ortega, por la abstracción que produce, no parece haber ningún elemento visible. Y sin embargo lo reconocible no es su objetivo a llegar. Más bien, dentro de esta construcción imaginativa hay un sentimiento condensado que en determinado momento tendría que ser reconstruido por los espectadores.

Hablo de escuela de Enrique Ortega porque encontramos también muchos ecos dentro de la misma producción plástica que se exhibe en la planta alta del Macaz.
En el caso de Janitzio Rangel, esta imagen que les muestro es de una obra que no está presente: El último aliento antes de la cena, y que marcó el inicio de una exposición individual que realizó en la galería Colón, en Yucatán. Es una manera de conectar este tipo de abstracción de Enrique Ortega con ciertos elementos que maneja Janitzio a través de su pintura.
Más abajo ofrezco esta imagen de Katsushika Hokusai, La gran ola de Kanagawa, para ilustrar un referente pictórico a través del cual Janitzio trabaja la obra que presenta en esta exposición. De esta manera el arte no es solamente social. El arte también cita al arte, pero para manifestar elementos de una reflexión individual y también transcultural. Hay un elemento de erotismo, de autocomplacencia o de auto satisfacción en este tipo de escenas donde la obra refleja circunstancias individuales que en cierto momento pueden ser compartidas.
¿Quién no ha deseado en algún momento hacer olas en una bañera?

Continuando con estos referentes acuosos, tenemos a Rosa Angélica Gómez Mier con Salvavidas rojo. Y en este sentido nos vamos aproximando hacia esta nueva figuración donde al parecer el perfeccionamiento técnico no tiene que ver con la imagen realista, sino con la construcción de un objeto lo más cerrado posible y que también ofrezca estímulos sensoriales que se traduzcan en afecto intelectivo para los observadores.

Héctor García Moreno, con esta obra: El existencialismo según García el hijo es una serie con la cual ganó recientemente un lugar en la bienal Rafael Coronel.

Esta imagen de Marcela Ramírez, Ofrendas para Angelita, parece una obra muy sencilla, pero la conecta de manera compositiva de manera muy interesante con obras por ejemplo de Arturo Rivera, en el cual el ejercicio del grafitti y del color con acuarela también resulta muy tradicional pero con un ejercicio conceptual que ofrece muchas posibilidades.

Pocos estudios hay acerca de la escultura en Michoacán. Uno de los casos más valiosos es el de Salvador Manzano, único escultor en Michoacán que ha tenido la ocasión de ser incluido en las colecciones del Museo de Arte Moderno que, de alguna forma, a nivel nacional, funciona como una institución legitimadora de una buena parte de la historia del arte en México. Y en este caso su escultura tiene que ver con abstraccionistas geométricos como Fernando González Cortázar o Sebastián, a través de estos anti monumentos geométricos que pueden ser experienciados a nivel de sala en una casa o en una plaza pública.
A este respecto yo llamo la atención de un espacio por recuperar en la ciudad y es el parque Lázaro Cárdenas, donde justamente hay esculturas de estos autores, entre ellos Sebastián y que es un espacio sumamente ignorado por la escena contemporánea y que de alguna forma es interesante recuperar tanto para los estudiantes como para el público en general.

Roxana Cervantes presenta esta escultura llamada Estival y marca también una pauta a partir de la cual los artistas que pueden ser considerados tradicionales van adentrándose a ciertas estrategias de los artistas conceptualistas como es la recuperación de objetos, como el objeto encontrado y en cierto momento transformado en un objeto significativo.

En el caso de Marco Antonio López Prado, presenta un collage. No es propiamente una pintura. Es una obra que sorprende por el misterio de su figuración, de los elementos que la componen, lo cual es muy visible dentro de su producción, generalmente muy cuidada en el aspecto técnico…. Llamo la atención acerca de este Corazón que ofreció en 2010 en una colectiva fragmentada que presentó en la galería de la Escuela Popular de Bellas Artes y que de alguna manera guarda semejanza con la obra de elección.

Finalmente, con Cuauhtémoc Castañeda vemos algo que podría semejarse a una estética a la Henri Moore.

Muchas dudas surgen acerca de todo este panorama que vamos revisando y es que la escena en Michoacán, toda esta cronografía visual en Michoacán arroja elementos auténticos y autónomos. Sin embargo, se mescla duramente con elementos que parecen asimilarse de otras tradiciones, de otras geografías, de culturas que propiamente no se corresponden y que tienen que ver con un momento de intento de universalización de la cultura en México, que se experimentó desde los años cincuenta con la Generación de la Ruptura.
Un aspecto a contemplar dentro del estudio de las artes de Michoacán tiene que ver con equipararla con la de México en general. Es decir: cuánto Michoacán ha sido un espejo del país y cuánto Michoacán ha sido una réplica del país en ese sentido.

De Ricardo Zambrano inaugurando la sección fotográfica de esta exposición figura Territorios. Zambrano no es exclusivamente fotógrafo. Hay obras suyas en la memoria, no sólo de este museo, sino también del público, por lo especial que ofrecen. Una foto como esta, titulada Territorios, forma parte de una serie que consta de 31 fotografías. Y más que la imagen, lo que aquí se ofrece es la estrategia de auto abordar. La serie consta de 31 fotos que son el registro de 31 amaneceres. Y el texto que Ricardo elaboró para esa serie dice: “Al despertar diariamente trato en vano de guardar las imágenes de lo que sueño. Abro mis ojos queriendo prolongar las escenas de lo que vivo cuando duermo. No lo logro. Sin embargo, al ponerme de pie me vuelvo al lugar que habité durante la noche. Todos mis sueños están atrapados allí. También mis pesadillas. Veo los restos de lo que fueron suaves pliegues así como violentas arrugas accidentando la superficie lisa. Sábanas húmedas. Rastros de mí. El peso de mi cuerpo y las huellas que este deja cuando se desliza. Despojos de mi esfuerzo, de mi noche, de mis otras vidas. Sólo eso queda. Sólo eso veo. Y lo registro. Los capturo y los revelo. Los territorios de mi nocturno exilio, los territorios de mi desvelo”. Escrito en enero de 2008. De alguna forma son los auto abordajes de un estado de ánimo convulso que es reflejo en las sábanas que todas las mañanas encuentra.
Dentro de todas estas obras conceptuales, fotográficas o en video, encontramos No tengas miedo, la cual consistía en un tránsito por la ciudad encontrando las señales que sus hijas iban dejando a través de los letreros que él produjo. Salir de casa a buscar las señales para no tener miedo y encontrar esas señales en la ciudad.
Esta serie, llamada Campañas para mí mismo, tuvo lugar precisamente en el Macaz y tuvo varios soportes. Conjunto de arroz devorado por palomas en la plaza de El Carmen o, a nivel de la sala, formando la palabra Fe con piedras de río que a fin de cuentas terminaron en los bolsillos de los asistentes, dado que esa era la voluntad que esta fe se repartiera entre los asistentes de la exposición.

En el momento en que llegamos a la fotografía con René Serrano en esta obra, Antiguas canciones, vemos aparecer justamente el abordaje de estas intimidades a través de los soportes fotográficos.

En el caso de Elsa Escamilla, con un ánimo casi antropológico, tenemos el retrato Víctor, de su serie Metamorfosis, en la cual se propuso registrar a jóvenes que a ella –mujer adulta– le llamaban la atención, para descubrirlos a través de la técnica fotográfica del género particular del retrato.

Isela Mora, a través de una exposición especial que se hizo en Fábrica de Imágenes, llamada Naturaleza Muerta como temática, abordó su propio morir como novia, su propio tránsito como amante, a partir de Mi naturaleza muerta, haciendo una referencia directa a el cuerpo inerte de la novia.

Y finalmente encontramos en este panorama a Iván Holguín Sarabia con una estrategia fotográfica de investigación donde la imagen es testimonio, también es constructo visual, pero es elemento de investigación porque permite reflexionar acerca de la diversidad vegetal a nivel nacional a partir de estos encuadres.

Y Staney Shumacker, un hombre joven, con Paisaje alterado, dando continuidad a su trabajo que consiste en la recreación de espacios arquitectónicos, con escenas fantásticas y en este caso usando el soporte fotográfico para ofrecernos una versión modificada del paisaje.

Esta es una primera aproximación a un panorama complicado, diverso, rico en posibilidades y todavía con una personalidad por encontrar y esperemos que en las participaciones de artistas en las mesas redondas de la siguiente semana, ojalá nos puedan acompañar. Buscaremos los perfiles de esta escena que buscamos construir.


Con diez proyectos representantes de ocho países, seleccionados de entre doscientas candidaturas internacionales, la edición 2012 del laboratorio-taller de guión de largometraje Cine Qua Non se realizará a partir del próximo día 12 y hasta el 26 de agosto en la residencia artística de Tarerio, en el municipio de Tzintzuntzan, a orillas del lago de Pátzcuaro.
Para dar a conocer el nuevo perfil de esta residencia artística que está alcanzando cuatro años de vida, así como para anunciar la identidad de los diez talleristas participantes, a los que se suman tres michoacanos invitados, se organizó una conferencia de prensa el jueves, en la capital michoacana, en las oficinas del Festival Internacional de Cine de Morelia.
El director general de Cine Qua Non, Jesús Pimentel Melo, explicó que, a diferencia de las ediciones anteriores, este año se ha tomado la decisión de trabajar exclusivamente con guiones concluidos o que se encuentren en la etapa de su último tratamiento. En algunos casos, los proyectos ya cuentan con financiamiento e incluso los hay que ya están listos para pasar al rodaje.

Los participantes y el título de sus proyectos en el taller Cine Qua Non 2012 son los siguientes:
Alejandro Andrade Pease (México). Proyecto: Cuernavaca
Daniel Benavides (Ecuador). Proyecto: Mandoble
Evan Buxbaum (Estados Unidos). Proyecto: Sun Belt Express
Francisco Varone (Argentina). Proyecto: Camino a La Paz
Isold Uggadottir (Islandia). Proyecto: Untitled Woman on the Verge Project
Jurgen Ureña (Costa Rica). Proyecto: Días rotos
Maria Govan (Bahamas). Proyecto: Epifanía
Mehrnoush Aliaghaei (Irán / EU). Proyecto: Donde crecen las flores silvestres
Pedro Ielpi (Argentina). Proyecto: La reivindicación
Valeria Pivato (Argentina). Proyecto: Ampacama, Ampacama

La coordinadora académica de Cine Qua Non, Christina Lazaridi, se declaró orgullosa de la resonancia que ha alcanzado este laboratorio de guionismo entre la comunidad académica y profesional del cine en distintas partes del mundo. Afirmó que se habla de él en Nueva York, pero también en festivales como la Berlinale alemana o el Cannes francés.
Jesús Pimentel Melo compartió esa satisfacción y señaló que el apoyo y los respaldos que el taller recibe de instancias privadas y gubernamentales son hechos que validan la eficacia del proyecto.
Por su parte, la codirectora de esta residencia artística, Sarita Khurana, dijo que el proceso de selección de talleristas fue extremadamente difícil este año. “Tuvimos unas doscientas inscripciones de todo el mundo, muchas de América Latina, también de Europa, Estados Unidos y Asia”.
Además, como cada año desde 2010, se ha incluido como parte del taller a tres cineastas de Michoacán que a lo largo del curso se involucrarán en las actividades con los otros diez proyectos internacionales. Los realizadores locales invitados esta vez son Diego Alejandro Flores Contreras, Iván Martínez Pérez y Jorge Ojeda Dávila.
El secretario de Cultura de Michoacán, Marco Antonio Aguilar Cortés, recordó que el gobierno de Michoacán ha venido apoyando este proyecto desde hace algunos años y puntualizó: “debemos ver al gobierno como toda una institución; independientemente de las administraciones tiene que seguir apoyando moral, económica y materialmente a proyectos que tienen un gran futuro y que pueden tener una gran proyección porque a ninguno de nosotros nos queda duda de que a través de la cinematografía muchos países han dominado a las culturas en el mundo”.
Durante la conferencia de prensa también se informó del destino que han corrido algunos de los proyectos participantes en las ediciones pasadas de Cine Qua Non y que han obtenido apoyo de instituciones públicas y privadas para su producción, entre ellos Teresa, la novia del libertador, (Perú) de Rocío Lladó, que actualmente se encuentra en la fase de pre-producción y los guiones Tamara y la catarina, de Lucía Carreras y Objetos celestes, de Lorena Padilla, que han conseguido apoyo del Instituto Mexicano de Cinematografía para su realización, así como Edén, proyecto de Elise DuRant, que data del año 2010 y que recibe apoyo de la NYFA (New York Film Academy) para su rodaje.
Acervos del taller-galería italiano 2RC
Anuncian la retrospectiva
gráfica Doble sueño del arte
Luego de hacer estaciones en el Museo de Arte de Querétaro (en febrero), en el Museo de la Estampa del Estado de México (en marzo) y en el Museo Nacional de la Estampa, en la capital del país (en julio), la retrospectiva Doble sueño del arte. 2RC- Entre el artista y el artífice, llegará a Michoacán el próximo 17 de agosto y contará con espacios simultáneos de exhibición en el centro cultural Clavijero (Morelia), el ex Colegio Jesuita (Pátzcuaro) y el Centro Regional de las Artes (Zamora), donde –de acuerdo a un comunicado de prensa de la Secum–, las obras permanecerán en exhibición durante tres meses.
La exposición colectiva, que reúne mayoritariamente a artistas italianos, llegó a nuestro país a comienzos de este año gracias a convenios establecidos entre el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), el Museo Nacional de la Estampa, la Embajada de Italia en México, el Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de México y el Centro Cultural Ignacio Ramírez El Nigromante, de San Miguel Allende, en Guanajuato.
En Michoacán, el arribo de las casi 169 obras que, exclusivamente desde lo gráfico, cubren un arco temporal de 52 años, entre 1959 y 2011, y realizadas por 39 autores, varios de ellos indispensables en la historia del arte contemporáneo europeo durante el siglo XX, ha sido posible con el trabajo conjunto de la Secretaría de Cultura del Estado, la Secretaría de Turismo, la Universidad Michoacana, la Universidad Nacional Autónoma de México Campus Morelia y el H. Ayuntamiento de Morelia.
La actividad fue anunciada ayer en conferencia de prensa en instalaciones de Palacio Clavijero. Yo recupero a continuación la información emitida por Conaculta hace un mes, desde su sala de prensa virtual, porque su comunicado de prensa número 1433 es mucho más completo y sucinto que el disperso boletín local (que, de todos modos, retoma varios párrafos del texto electrónico de Conaculta).
Lo esencial de la información es lo que sigue:
Una retrospectiva de los 40 exponentes más significativos de la gráfica en la escena internacional, procedente del taller-galería italiano 2RC, que combina la creatividad artística, el carácter artesanal y refleja la colaboración artista-productor, es lo que el público podrá conocer a través de la exposición Doble sueño del arte. 2RC- entre el artista y el artífice.
De acuerdo al comunicado federal, durante la inauguración de la retrospectiva en el DF, Gianni Vinciguerra director del Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de México, comentó que esta exposición "debe verse como un mapa ideal para conocer el arte de los últimos 50 años, resultado de la investigación continúa y el trabajo directo que realiza el 2RC con  artistas de fama internacional que reconocieron la gran sabiduría y técnica de sus fundadores (Valter y Eleonora Rossi) y que se acercaron al taller para cristalizar en papel sus propias ideas, sus propios aspectos artísticos que tenían en la mente”.
También indicó que la peculiaridad de esta exposición radica en que las obras que se presentan no son simples grabados, sino verdaderos originales “que se pueden constatar en cualquier momento porque los impresores trabajaron al lado de cada artista y desarrollaron técnicas de impresión específicas para las exigencias de cada uno de ellos”.
El documento de Conaculta agrega que Simona Rossi, de la galería 2RC, dijo que “esta es la primera vez que la exposición se exhibe en México después de una larga gira por todo el mundo empezando por Pekín, Tokio, Estados Unidos, Indonesia y Rusia”, tras destacar que a través de ella busca establecer colaboraciones más estrechas con los diversos países que la exposición visite.
Al inaugurar la muestra, Octavio Fernández, titular del Museo Nacional de la Estampa, señaló que la exposición “honra toda la herencia cultural que Italia y Roma le han heredado al mundo”, así mismo destacó la importancia de 2RC para el arte contemporáneo al decir que “es un taller extraordinario que va más allá de extender los límites de la estampa. Se definió por una capacidad extraordinaria de superar los límites y de pensar en lo que se podía lograr y no se había alcanzado en ese momento”.
Las 160 piezas que integran la muestra curada por Simona Rossi y Achille Bonito Oliva permiten a los visitantes acercarse a la vida de los artistas para conocer sus técnicas de trabajo y el vínculo entre la concepción de su obra y la representación de esta en una estampa.
El comunicado abunda que las obras fueron realizadas entre 1959 y 2011 en técnicas de aguafuerte, aguatinta, grabado sobre placa de cobre y papel fabriano.

La lista de los 39 artistas que participan en esta colectiva (no estará presente en Michoacán la obra de Valerio Adami) es la siguiente:

Pierre Alechinsky
Afro Basaldella
Francis Bacon
Max Bill
Alberto Burri
Alexander Calder
Giuseppe Capogrossi
Eduardo Chillida
Francesco Clemente
Pietro Consagra
Enzo Cucchi
Piero Dorazio
Lucio Fontana
Sam Francis
Helen Frankenthaler
Adolph Gottlieb
Nancy Graves
Renato Guttusp
Janis Kounellis
Alexander Liberman
Liu Ye
Man Ray
Giacomo Manzu
Henry Moore
Louise Nevelson
Víctor Pasmore
A.R. Penck
Beverly Pepper
Giuseppe Santomaso
Julian Schnabel
George Segal
Pierre Soulages
Graham Shuterland
Shu Takahashi
Ping Tan
Walasse Ting
Victor Vasarely
Giò y Arnaldo Pomodoro
EN VIDEO / De Princesas y principitos
Entre personajes fresas y personajes lúmpenes, con elegancia y oficio, la actriz y dramaturga Paola Izquierdo puso fin, el viernes, a las actividades de extensión del festival de monólogos Teatro a una sola voz 2012 en Morelia. El circuito concluyó sotto voce y en deliciosa clave de farsa con los stand–up comedy De Princesas, sapos y otros bichos y La niña voladora.
Casa llena en el foro La Bodega, en una última noche rubricada por la hilaridad inteligente, es decir: por un humorismo real, capaz de hacer pensar antes de convocar la risa.

En la primera parte de la velada, Izquierdo interpretó De princesas, sapos y otros bichos (2006, de su propia autoría): un discurso que cuestiona el mundo de apariencias y estereotipos que siguen reduciendo a muchas mujeres a un mero objeto, echando mano de estrategias tradicionales pero también contemporáneas.
Así conocemos al personaje de la princesa–bióloga, quien se presenta como una investigadora dedicada al estudio de los anfibios y que está buscando a cierto espécimen particular que se le ha escapado y al cual necesita para concluir un proyecto. Sin embargo, en el transcurso del espectáculo, el asunto va revelando su verdadero perfil: el proyecto no es académico, sino exclusivamente matrimonial, y el ejemplar que busca nuestra protagonista no es un espécimen sino un prospecto. No será este el único despropósito que delate la obra, pero vale la pena empezar por aquí.
La primera estrategia contemporánea de sometimiento femenil que denuncia el monólogo es, precisamente, ese prurito moderno de ir de licenciatura en licenciatura, de maestría en maestría y, si es posible, de doctorado en doctorado, que aqueja a muchas mujeres y a no pocos varones… no por el amor al conocimiento y tampoco, simplemente, porque así lo demanden las reglas del mercado nacional y supranacional (ya lo saben, ¿verdad? El auge de la oferta en licenciaturas y posgrados –casi todos marca patito, deliberadamente chafas y fáciles de concluir– responde a la necesidad de que México acredite cierto porcentaje de población con “alto perfil académico” ante instancias como el Banco Mundial, para que tales entidades le sigan facilitando diversos canales de crédito al gobierno. Debido a esta lógica perversa, el conocimiento no aumenta; al contrario: se reduce drásticamente el nivel de exigencia en todas las cátedras. El futuro que augura para nosotros este modelo educativo es absolutamente negro. Seguiremos siendo gatos y maquiladores al servicio de otros).
Pero, decía: aparte de lo anterior, la primera trampa que denuncia el trabajo es este ir de licenciatura en licenciatura o de postgrado en postgrado, que hace de muchas mujeres eternas hijas de familia o, en todo caso, permanentes adultas incompletas, inmaduras e incapaces de lanzarse de lleno a una vida profesional e independiente que sea activa y prolífica. Este achaque es particularmente característico entre la clase media y la clase media alta, dado el monto de las colegiaturas que habitualmente hay que erogar.
De aquí en adelante, todo es absolutamente tópico en esta farsa sabrosamente problematizada, empezando por el propio personaje que no es sino un lugar común: apenas una modosa y prescindible princesa–Disney, hija de papi y permanentemente esclavizada a los macabros dictados de la alimentación light, el consumo de productos orgánicos y otras modas dietológicas y cosméticas en uso.
Lo valioso es que estamos ante un tópico reconstruido de manera consciente.
Deslumbra Paola Izquierdo por la eficaz elegancia estilística con la que acude a un clásico y realmente lo homenajea: Alicia en el país de las Maravillas (Carroll, 1865), al tiempo que bocabajea toda la epidermia de la versión cinematográfica en dibujos animados (Disney, 1951) e intersecta todo esto con una de las tradiciones más puras del fairy tale europeo (la del sapo hechizado que hay que besar para que se convierta en un príncipe azul).
Como corresponde a los géneros chicos, todo ha sido estructurado con ligereza en este trabajo, pero la virtud de De princesas, sapos y otros bichos consiste en que tal ligereza no le arrebata un ápice de profundidad al discurso. Mucho tiene que ver en esto la excelente formación actoral que demuestra Izquierdo, muy particularmente en el notable trabajo con su voz (el Coco de muchos actores), con la cual expresa cada matiz y cada intención con la energía correcta y la colocación precisa.

La segunda parte de la noche, con La niña voladora (también escrita por la actriz), propuso otro homenaje a un clásico gigante: El Principito (Exùpery, 1943) para presentarnos a un muchacho lumpen, hijo de la calle, de esos que sobreviven en el comercio informal, amamantados con chemo y expuestos a todas las asechanzas de la vía pública en las ciudades mexicanas de este violento Siglo XXI.
El personaje exhibirá todos esos deterioros, sazonados con apuntes críticos a distintas parcelas de nuestra realidad nacional, a través de la anécdota de cómo conoció a la niña voladora (obvio: voladora con solventes) que le da título al ejercicio y de cómo la breve existencia de la chiquilla tuvo un desenlace trágico.
Una noche en la que un talento verdadero elevó a estas dos expresiones de los géneros chicos a alturas de enorme dignidad. Un cierre memorable.

Hay unos gritos clavados en el sombrío protagonista de Primer amor, (Samuel Beckett, 1945), uno de los cuentos tempranos del autor irlandés y vertido en México al monólogo a fines de los años noventa.
Son unos gritos que el personaje no ha podido arrancar de sí.
Y no es que esos gritos lo persigan. Pero lo cierto es que, dada su naturaleza, le van a hacer compañía por un largo tiempo.
Son tres gritos, precisamente tres, los que abren el notable trabajo presentado en Morelia durante la penúltima función del festival de monólogos Teatro a una sola voz, a cargo de una enorme Emoé de la Parra que se deja preñar de entropía y deviene una gangrena viva, latiente, marcada por zarpazos de lúcida ironía sardónica. Así construye a un huraño, huérfano y misógino personaje que, obcecado en un luto infinito por la muerte de su padre, procura encapsularse en una radical indiferencia hacia el mundo (al cual, sin embargo, no deja de observar atenta y agudamente). Pero su voluntad de ermitaño se desgarra con crudeza ante el imprevisto desafío de afrontar la experiencia del amor.
Ha sido una intensa noche dentro del circuito de unipersonales, en especial para quienes han tenido la oportunidad de leer a Beckett y de ponerlo en perspectiva con otras experiencias.
Por lo que a mí atañe, teniendo muy presente el cuento, escucho esos tres primeros gritos en el escenario del teatro La Bodega y asiento con agrio regusto hacia mis adentros, ya que la solución teatral es absolutamente correcta: un grito por aquella Lulú/Ana de parto a solas, en su desamparo de prostituta bizca; otro grito por el bebé que llega al mundo en la más absoluta desolación y el tercero por y para el propio personaje narrador, despojado de padre y de heredad en el mundo, pero también de apegos y del suficiente espíritu para encarar lo que se supone que debe ser un acto de correspondencia hacia Ana.
Casi al mismo tiempo, una parte de la lógica a la que responden esos gritos me despierta un recuerdo. Lo enfoco y me digo que, definitivamente, hay un aura beckettiana en la situación de los timbrazos telefónicos que reclaman a Noodles, desde su remordimiento de amigo leal, en la larga y magistral secuencia de apertura del filme Érase una vez en América (Sergio Leone, 1984). Nunca se me había ocurrido… quizás porque Noodles no es ningún misántropo y porque, a diferencia de varios personajes en la literatura de Beckett, es lo bastante fuerte como para dejarse enloquecer por algún rapto de absoluta lucidez o por la caída de cualquier máscara. La asociación me ha asaltado por su apremiante sabor de reproche puro, de consciencia de sí, de pura urgencia sin destilar.
Lo cierto es que ha tenido que pasar una década para que podamos comulgar en Morelia con una experiencia escénica que le haga justicia al mundo beckettiano. Fue allá por 2001 cuando, en gira nacional, el grupo Línea de sombra trajo a la capital michoacana Galería de moribundos, en la que Jorge Vargas reelaboraba, con un ejercicio de sustracción de extraordinaria fuerza expresiva, prácticamente todo el universo ficcional de don Samuel. Luego, durante la Muestra Nacional de Teatro de 2003, el grupo El Ghetto nos compartió una versión limpia e intensa de Esperando a Godot en el teatro Melchor Ocampo.
Dados los resultados de la noche del jueves, esos diez años de espera desde aquellas dos puestas han valido la pena.
Hay varios aciertos en este trabajo. Citaré sólo unos pocos.
De la Parra caracteriza a su personaje como un vagabundo completamente abandonado de sí mismo: astroso y de hábitos gélidamente repugnantes. Lanzado de la casa paterna por los demás herederos, apenas muerto el progenitor, nuestro personaje se ajusta a la calle como hogar y procura habitar cementerios antes que cuartos o posadas, aunque tiene dinero. Duerme a cielo abierto, observa permanentemente a los demás, los evita y se instala en la banca de cierto prado, hasta la cual lo alcanza su cita confrontadora con el destino.
Lo importante de todo esto es que la caracterización que hace De la Parra cumple con la gran aportación de Beckett a los personajes teatrales y literarios del siglo XX: la del desposeído que deambula por la urbe y observa.
Escribe Rafael Pérez Gay en un viejo ejemplar de la revista Nexos (febrero de 1990): “en esas tramas vive un personaje moderno: el clochard y el flanneur. Este héroe que ha ido poblando las grandes ciudades del fin del milenio será el gran tema de los narradores del nuevo siglo. Y los personajes que Beckett concibió en los años cincuenta, esos cuerpos oscuros hundidos al borde de una carretera, aterrados y desesperados a la vez, solitarios y sin esperanza, serán la referencia inmediata de los intentos del estilo y las aventuras europeas de la prosa”.
Yo sólo confirmo –basta mirar alrededor– que personajes como el de Primer amor abundan en nuestro tiempo y más en la realidad que en la ficción. Por su estado de absoluta desesperanza, claro. También por su extraña y egoísta inercia hacia cuanto observan y desmenuzan desde su mundo interior, empecinados en no abrirse, en no darse y en sucumbir a las zonas más sombrías de su naturaleza.
Pero si vemos el asunto desde otro punto de vista, también podemos confirmar que personajes como los de Beckett no solamente son muy atípicos, sino que cada vez son más escasos.
Me refiero a lo siguiente:
Sin duda, muchos de los personajes de Beckett están locos. Pero hay diferentes modos de enloquecer y distintas formas de locura. Los personajes de Beckett se han vuelto locos porque son videntes. Ven demasiado y eso tiene su precio. Su locura es la consecuencia de una epifanía: el precio por la revelación absoluta del mundo que los rodea y de sí mismos. No es un asunto exclusivo de la mente. ¿Qué más podría hacer un corazón humano, falible, vulnerable y cotidiano, sino ahogarse en sus propias y muchas contradicciones, si tuviera que enfrentarse al terremoto emocional que supondría la imprevista y terrible caída de todas las máscaras?
Esto es lo que pasa con nuestro personaje. Conocerá a una mujer tan abandonada de sí como él y, a pesar de su apego a la soledad, terminará por establecer una relación con ella. No será una relación cómoda en ningún sentido. Ni siquiera habitual, ya que los dos son unos lúmpenes que sobreviven a la orilla de la vida, al margen de códigos o convenciones. Y esa experiencia de relacionarse con alguien, inédita para él, pondrá en conflicto todo lo que él es; lo hará mirarse en lo más profundo y medirse con sus contradicciones.
Ella se lo lleva a su casa y se convierte más en una sirvienta que en una pareja, aunque es evidente que por debajo de indiferencias y frialdades barruntan fuertes sentimientos, como se advierte en el episodio de la flor. Ella se prostituye para sacarlos a los dos adelante (son las líneas más famosas del cuento, ¿no?: “Así que vives de la prostitución”, le dije. “Vivimos de la prostitución”, dijo ella.) Cierto día, Ana termina embarazada y le anuncia que él es el padre.
Obvio: es el momento de ir pensando en poner los pies en polvorosa… El colmo de un misántropo es, precisamente, la posibilidad de construir una familia. Él le pide que aborte; ella se niega. Él se queda en la casa durante toda la preñez, pero sólo por su propia comodidad. Finalmente, durante la noche del alumbramiento, nuestro anti–héroe toma sus pocas pertenencias y se marcha, envuelto por los gritos de esa mujer en trabajo de parto y, poco después, por los del bebé.
Es un momento terrible. No hay sino los gritos y las sombras de esa noche en la que el personaje aspira a perderse, buscando en vano en el firmamento las constelaciones que su padre le había mostrado alguna vez.
Tan lejos del cielo, tan cerca de sí mismo, quebrado por la desquiciante lucidez de comprender perfectamente lo que está haciendo pero incapaz de detenerse, el personaje funda en ese preciso instante el purgatorio que, en adelante, será su nuevo y único hogar: la fragua de donde saldrán esos gritos sin tiempo ni reposo que hemos compartido con él desde el comienzo de la obra.
Lo más estremecedor de todo esto, por lo menos para mí, es que, con Beckett, el destino es elección. Casi al comienzo del cuento (y de la puesta en escena, que por cierto opera desde una bella traducción al español, que en varios pasajes supera en precisión y contundencia a las versiones que me ha tocado leer) el protagonista habla de su placer por los epitafios en los cementerios y confiesa que ya ha pensado el suyo y que lo tiene listo para el día de su muerte. La frase (que anticipa, no sólo lo que este personaje hace o hará, sino más definitivamente lo que el personaje es) reza: “Aquí yace quien tanto escapó / y que sólo ahora escaparse logró”.
Qué noche.