Olvidados por

los centenarios


El busto de Concha Urquiza, en la calzada de los poetas, en terrenos del Centro de Convenciones de Morelia.

Los festejos que se organizan en Michoacán para conmemorar el bicentenario del comienzo de la guerra de Independencia y el centenario del estallido de la Revolución Mexicana corren el riesgo de dejar en el olvido a algunos de los personajes más significativos que tiene nuestro Estado en el contexto de tales celebraciones.
Tales serían los casos de la poetisa Concha Urquiza, del compositor Miguel Bernal Jiménez y del periodista Alejandro Ruiz Villalós, los tres nacidos en 1910.
Otro personaje michoacano que también se ve amenazado por la amnesia histórica es el general José Rentería Luviano, uno de los combatientes que enarboló los ideales más auténticos de la Revolución Mexicana, pero que al entrar en conflicto con el gobierno de Obregón, en 1923, fue perseguido y finalmente asesinado dos años más tarde.
A Rentería se vienen a sumar los nombres de Cecilio García, Manuel M. Gómez y aún el de Salvador Escalante.
De todos ellos poco o nada se ha proferido en relación a las conmemoraciones que tienen atareadas a las comisiones, grupos e instancias gubernamentales, legislativas et al encargadas de programar, realizar y difundir las acciones festivas, honomásticas o evocativas.
Estos y otros personajes fueron recordados el sábado 16 de enero por el historiador Ramón Sánchez Reyna dentro de una charla dedicada a puntualizar las omisiones más notables que se han registrado hasta ahora al hablar de las actividades conmemorativas del bicentenario del movimiento insurgente y del centenario del movimiento armado de 1910.


El compositor michoacano Miguel Bernal Jiménez. Poco se ha hablado de él en el contexto de los festejos centenarios.

Cuestión de perspectiva
Durante la charla, que formó parte del programa semanal Morelia, ciudad con historia, Sánchez Reyna señaló que el 2010, para Morelia, no representa solamente los festejos de hechos directamente relacionados con la independencia y con la revolución.
“Hay que saber vincular los hechos históricos –señaló–. Ahí tenemos por ejemplo un personaje como el doctor Nicolás León (Quiroga, 1859-1929), que muy posiblemente sea el médico más importante que ha dado México y a quien le tocó vivir precisamente en el contexto del México de la Revolución. O a Miguel Bernal Jiménez (Morelia, 1910-1956), quien fue un integrante significativo del movimiento nacionalista mexicano”.
Desde una perspectiva similar ubicó a la poetisa Concha Urquiza (Morelia, 1910-1945), quien nace en el año en que comienza la Revolución, pero cuya importancia, en el ámbito del México de comienzos del siglo XX estriba en que fue una mujer moderna de su tiempo. “Fumaba, era maldicionenta, pero también muy devota”. El historiador recordó que Conaculta prepara en estos momentos una nueva edición que se ocupa de la obra de esta autora, la cual se ubica a la altura de Rosario Castellanos y apenas por debajo de Sor Juana Inés de la Cruz, pero de la cual “los grandes públicos no conocen gran cosa porque poco se ha hecho por difundirla”.
En un estado similar se encuentra el poeta jiquilpense Ramón Martínez Ocaranza (1915-1985), cuya obra se dedica a desentrañar poéticamente muchas de las características del México que nació con la Revolución Mexicana, varias de ellas de naturaleza política. De Martínez Ocaranza el ponente recuperó de manera especial los títulos Vocación de Job y Otoño encarcelado.
El general Francisco J. Múgica, personaje michoacano nacido en Tingüindín fue otro de los citados por el historiador, quien recordó que fue militar revolucionario, general de división, constituyente en 1917 y gobernador de varias entidades, entre ellas Tabasco, en la que emprendió un proyecto denominado La República Educativa que ameritaría un esfuerzo de divulgación por lo que el proyecto implicó para fortalecer una idea de nación.


El general huetamense José Rentería Luviano, otro de los personajes olvidados hasta hoy en las conmemoraciones de la Independencia y la Revolución.

También la arquitectura
Entre uno y otro personaje, el historiador ofreció asimismo un breve recorrido por elementos arquitectónicos morelianos que también podrían ser objeto de atención en el contexto de los festejos, ya que se trata de obras cuyos estilos nos hablan elocuentemente de las ideas que prevalecían en los tiempos de los conflictos armados que se conmemoran.
Entre estos protagonistas de la historia citó los quioscos de la Plaza de Armas y del bosque Cuauhtémoc. El primero de ellos tiene la característica de ser el último quiosco de origen británico que queda en todo México “porque conforme iban pasando de moda se les desmantelaba y se les convertía en chatarra para poner uno nuevo en su lugar”. Por lo demás, quioscos como ese datan de los tiempos del régimen porfirista y dan cuenta de los modelos de vida a que aspiraban las clases poderosas, pero también de los entornos que se volvieron familiares para el pueblo durante sus reuniones.

Observaciones precisas
A lo largo de la charla no faltarían las críticas específicas, coloreadas con el sabor de la confidencia, hacia diferentes hechos que se vienen dando en el contexto de las conmemoraciones.
Entre ellas sobresalió una observación al acto oficial emprendido el 21 de diciembre para conmemorar el bicentenario de la Conspiración de Valladolid, con la asistencia del presidente de la República.
“El orador oficial iba a ser el historiador Carlos Herrejón, pero de último momento lo fue el presidente municipal de Morelia, Fausto Vallejo, quien ocupó su intervención en pedir perdón por la muerte de la mujer que sufrió el atentado con una granada en Tres Puentes. No digo que no sea un hecho importante, pero sustituir una cosa por otra en el marco de un acto de conmemoración es una burla a la memoria histórica”.
Una observación más se la dedicaría a la manera en que la paraestatal Teléfonos de México se ha sumado a los festejos de conmemoración. “Te van a cobrar tres pesos por minuto para darte información sobre determinados monumentos históricos relativos a la independencia que figuran en una guía que abarca varios estados del país. Hay que marcar un número específico para eso. De entrada, no lo podían hacer gratis porque a lo mejor Slim se queda pobre –ironizó–, pero lo más delicado es que el impacto de divulgación masiva de esa estrategia es muy inferior a lo que se lograría a través de acciones alternativas, pero que no le dejarían ganancias al conocido empresario mexicano”.
En todo caso, a lo largo del encuentro Sánchez Reyna mostró su malestar como historiador por lo limitado de los enfoques que se están aplicando para los festejos y por lo poco que se está abordando a determinados personajes. “No sé –reincidiría–. Es el centenario de Bernal Jiménez. Tendría que ser un año de grandes festejos, pero no se escucha absolutamente nada”.
La historia es válida –concluyó– cuando crea conciencia en los individuos”.

Histeriósmosis II

Babel de híbridos

Segunda entrega dedicada a la exposición abierta en la Sala de Patrimonio de la Casa de la Cultura de Morelia, que se ocupa de los trabajos de Desmond Ray Ramírez

El autor Desmond Ray Ramírez durante la noche inaugural.

A medio camino entre cierto naturalismo de vocación orgánica, visceral, y una honesta y profunda inspiración demiúrgica, los trabajos de Desmond Ray Ramírez (Colorado, Estados Unidos, 1973) son un festín de la alteridad. Dinámicas mutaciones operan en cada personaje que puebla sus dibujos y lienzos.
Y en esta intensa babel de híbridos, Desmond expresa algunas de las pulsiones más significativas de nuestro tiempo: independencia e individualismo exacerbados, el ego desde su reflejo mental más irracional, así como la irrupción violenta de los contenidos de una realidad interior (dirían los freudianos: el asalto del ello).
En medio de estos rasgos, los trabajos tienen el suficiente coraje para ser totalmente audaces a la hora de cantarle (ya como himnos, ya como elegías), a las luces y abismos de nuestro mundo psíquico.

Collage, dibujo e infrarrealismo
El autor acude en la mayoría de sus obras al collage (una de las grandes aportaciones del Dadá), pero también a una sabiduría gráfica y dibujística en la que el realizador atesora sus mejores cualidades.
Porque Desmond Ray Ramírez se revela aquí como un pintor infrarrealista, lo suficientemente romántico como para apasionarse por el riesgo y la aventura de sumergirse en un subversivo caldero de protoformas psíquicas, pero desde estos recursos, se nos muestra ante todo como un dibujante de lo irracional iluminado por un espíritu confesional tan directo que le permite plasmar la mayor identidad posible entre lo que siente y lo que expresa.


¿Otra pastilla para poder dormir y soñar en blanco y negro? (mixta [acrílico, tinta y collage] sobre papel, 63 X 47 cms.).

El lirismo salvaje
Pocas veces vemos por estos lares una actitud intimista que sea tan salvajemente lírica (y en este sentido, tan eficazmente expresiva) como en las obras de este autor nacido en los Estados Unidos, pero educado en México. Porque, finalmente, las deformaciones oníricas y las bioformas caprichosas de sus dibujos y pinturas son medios para fragmentar la realidad y abrirle paso a la infrarrealidad del instinto, que es de donde emerge el monstruismo objetivo que define sus trabajos.
Aquí, a diferencia de lo que hace Jorge Alberto Ortega, no hay alusiones políticas y muy pocas que puedan ser consideradas explícitamente populares, sino una proyección pura y directa de la emotividad individual del autor; una individualidad que se manifiesta en los terrenos del más llano existencialismo. La operación se cumple con tanta pureza, especialmente en las tintas y dibujos, que de ahí procede su nota más auténtica: bárbara e impredecible.


El bosque (mixta [acrílico, tinta y collage] sobre cartulina , 35 X 19 cms.)

Incitaciones y temores
El bosque (acrílico, tinta china y collage), es en realidad una incitación a lo prohibido, tomando como punto de partida la idea-arquetipo de uno de los cuentos infantiles más clásicos del mundo: la Caperucita Roja.
Un texto muy intencionado surca este collage y aduce: “You may find from time to time you run into the big bad wolf” (“Puedes descubrir, de vez en cuando, que entras corriendo en el gran lobo malo”).
El motivo principal de la composición es una Caperucita cuyo rostro es todo labios y ojo (labios y ojo explícitamente sensuales, tomados de otra modelo), pero la caída final de los pliegues de la caperuza hace pensar que el atuendo está vacío por dentro (a pesar del incitador detalle de una capa muy abierta en el escote).
Un pequeño detalle le da una insólita intensidad al personaje: dentro del ojo de la modelo parece asomarse, apenas insinuado como apunte, el rostro –ese sí infantil y temeroso–, de una niña.
La silueta de una cabeza de lobo resuelta a tinta concluye la composición.

Tos (mixta [collage, acrílico y tinta] sobre papel, 35 X 20 cms.)

Estornudos que revelan
Mientras, en Tos (acrílico, tinta, papel y collage sobre papel), el punto de partida es la glamorosa foto de una de esas modelos de revista juvenil, que originalmente ilustraba un artículo dedicado a temas de maquillaje. Con la tinta diluida y el pincel muy húmedo, se ha dejado sobre su frente un rojo carminado que alude a sangre reseca. Otros accidentes controlados surcan el rostro, pero el gran apunte de la composición es la suerte de estornudo que se desborda, poderoso y en azules y blancos, no por la nariz o la boca del personaje, sino por su ojo izquierdo. Mientras, el anoréxico tronco de la modelo aparece apenas sugerido y con breves atuendos verdes. El trabajo es una mirada muy crítica hacia el mundo de la epidermia, de la apariencia, de lo superficial.


Malí (acuarela, tinta y acrílico sobre papel, 34 X 28 cms.)

Lo irracional pulsional
Uno de los grandes momentos dibujísticos de Desmond se encuentra en su mixta (acuarela, tinta y acrílico sobre papel) Malí.
El retrato de un personaje brinda una de las notas más agresivas de la exposición, a partir de la gran eficacia de un dibujo libre, espontáneo, absolutamente suelto, de cuya libertad emerge una genuina nota de irracionalidad pulsional.
Este enorme acierto dibujístico se ve reforzado por la fluidez de accidentes controlados como las salpicaduras en rojo, todo modulado por un trabajo atento que le da una inquietante ambigüedad expresiva al personaje retratado: la lengua lúbrica, la mirada taimada, torva y los amenazantes dientes cuya agresividad se extiende a ciertas formas dispuestas en la espalda del personaje, como si fueran visiones distorsionadas de las vértebras de su columna. Un retrato muy cumplido… no porque revele a un personaje “tal como lo vemos”, con los ojos del sentido común, sino porque lo revela “tal como lo siente” el autor, mostrando así su naturaleza más oculta. Una pequeña obra maestra.


Jorge Alberto Ortega, el otro autor que participa en la muestra, ante la instalación que comparte con Desmond, localizada al centro de la galería.
Histeriósmosis I

Delirios urbanos

en estado de gracia


Una primera entrega a la exposición inaugurada en la Sala de Patrimonio de la Casa de la Cultura de Morelia, aquí dedicada a los trabajos de Jorge Alberto Ortega


Vista de la intervención ¿Qué es esto?, de Jorge Alberto, una de las obras alojadas en la sala de Patrimonio de la Casa de la Cultura.


Primero fue el ayuntamiento de Morelia, hace un par de semanas, con la inauguración de la colectiva Game Over, abierta en la galería del Archivo Histórico Municipal (Museo de la Ciudad). Ahora es el departamento de Artes Visuales de la Secretaría de Cultura el que comienza su año con una dignísima exposición que reúne a dos autores jóvenes: Jorge Alberto Ortega y Desmond Ray Ramírez.
Este jueves 14 de enero la Casa de la Cultura de Morelia abrió de manera simultánea dos muestras de artes visuales. Una fue la colectiva Bi-centenario, que se localiza en la galería Luis Sahagún, en la planta alta y de la que me ocuparé en breve. La otra ha sido Histeriósmosis, a la que dedico dos entregas para así atender como es debido a cada uno de sus autores. El empeño vale la pena por los resultados de una serie de afortunadas audacias que se configuran, a mi modo de ver, de la siguiente manera:

Entre folclor y ensueño
Como imágenes impetuosas que fluyen desde el inconsciente, pero dotadas de una fuerza que las hace vivir en el plano de la experiencia sensible sin violentar su origen, cada una de las cincuenta obras que conforman la exposición Histeriósmosis (Jorge Alberto Ortega y Desmond Ray Ramírez, 2009-2010) mantiene una vibración misteriosa, propia del mundo psíquico, ante la cual debe ponerse a trabajar como colaborador el consciente de cada espectador que se instala ante los lienzos.
Esta provocación, que hunde sus raíces intensamente en el onirismo propio de lo subconsciente, pero que a la vez alude muy directamente a realidades socio-populares de nuestra vida cotidiana, es el elemento más valioso de una exposición audaz, fresca y arriesgada.
El caso de Jorge Alberto Ortega, con quien comienzo, es muy interesante porque tanto sus formas como sus temas se nutren de lo popular y lo hacen desde una perspectiva muy precisa: la del folclor. De allí sus águilas emblemáticas de la nacionalidad mexicana y sus personajes barriobajeros que emergen, briosos, de las abigarradas composiciones (ya cínicos, ya inconformes, ya dolientes o alevosamente carnavalescos), siempre a medio camino entre la estética del cómic y la de algunos momentos afortunadísimos, en los que la caricatura o el apunte grotesco alcanzan una acidez y una vehemencia muy similar en su potencia a las que hace cien años manifestaba Orozco en algunos de los frescos de San Ildefonso, por ejemplo.
Entre los personajes que nos brinda Ortega figuran luchadores enmascarados, diablitos, calaveras, agresivos perros callejeros, granaderos con máscaras antigas, chavos-banda y una galería más o menos amplia de faunas antropomorfas.
Lo delicioso en todo esto es que el de Jorge Alberto no es un folclorismo meramente ilustrativo. Muy por el contrario: en sus lienzos estamos ante formas folclóricas, sí, pero que se combinan activamente con el recuerdo, con la fantasía, con el instinto y con el ensueño.
El resultado de esta fecunda mixtura es el retrato de un México profundamente vital, dinámico, contradictorio y violento. Un México que, en la hora de las incertidumbres, se debate en el desgarramiento del caos. Ese caos manifiesta las enormes pasiones vitales que barruntan, indomables y telúricas, en el más oculto y secreto corazón de nuestra sociedad actual.
Así pues, he aquí, con una videncia que resulta insólita en un autor tan joven (León, Guanajuato, 1982), una serie de expresiones que a pesar de su coqueteo con lo surrealista no pretenden divinizar lo inconsciente (como haría un surrealista), sino que nos muestran el vigoroso y salvaje estado de espíritu de una nación mexicana que se debate en las contradicciones del azar y en la efervescencia de la brutalidad, justo en el precario gozne que separa a una idea de mundo que agoniza de aquella que se asoma en las emergentes generaciones (aún en proceso de configuración y resignificación) para apropiarse del todavía nebuloso porvenir.

Mexicanos al grito de caos
En su intervención ¿Qué es esto?, por ejemplo, Jorge Alberto Ortega nos entrega, como summa de lo que veremos, una propuesta que abraza y acota las intenciones y alcances de su discurso.
Un dibujo a blanco y negro sobre el muro nos presenta un abigarrado conjunto de personajes y símbolos, dominados todos ellos por la figura de un águila de mirada desafiante y de cuyo pico se desprende una gota de sangre rojísima (el único elemento cromático en el dibujo y, por lo mismo, poderosamente eficaz en su dramatismo). Del pecho de esta patria sangrienta (es decir, de su corazón) emergen tres cañones en pleno estruendo. Bajo este signo bélico, seis personajes diversos ilustran las identidades, generaciones y circunstancias de una polimorfa sociedad que se entremezcla con un rostro dinámicamente estilizado, que a momentos recuerda a un toro o a una res y al cual acompaña, a un lado, una de las garras del águila.
Así pues, el “Mexicanos al grito de guerra” que nos heredó hace más de un siglo Jaime Nunó deviene aquí en un “Mexicanos al grito del caos”. Un caos cuyo sentido nos es revelado en las dos pinturas que, como ensoñaciones enmarcadas en muy gráficos globitos-nube, dan cuenta de todo aquello en lo que piensan los personajes del primer conjunto.


El óleo sobre madera y tela Bam – 3 +, de Jorge Alberto Ortega.


Violencia y agonías
Los dos lienzos son Bam – 3 + (óleo, madera y tela, 60 X 122 cms.) y Ellos sufren (acrílico sobre lienzo, 80 X 80).
Bam – 3 + no tiene vuelta de hoja. Es el sonido de un balazo, ante el cual tres nuevos muertos añaden puntos a las estadísticas alusivas a la violencia. Tres vidas menos. Tres manifestaciones más de la irracionalidad.
Los cuerpos yacen amontonados, grotescos, uno de ellos en escorzo. El sentimiento de brutalidad que emana del trabajo procede de la potencia expresiva de las líneas (gruesas, fluidas, intensamente gráficas, aunque se trate de una pintura), de la gestualidad impresa a personajes como el de la extrema derecha, con su rostro lívido y la roja lengua de fuera, y de las intensas vibraciones rítmicas de una pincelada apretada, cuyos pigmentos muy diluidos generan complejas veladuras. Mientras, en Ellos sufren el autor nos muestra un breviario de personajes que configuran al doliente pueblo mexicano actual. Un pueblo de diablitos, enmascarados, indios, calaveritas, mestizos, mujeres, engabanados y el insólito apunte de ese personaje en azul y de rapada cabeza que lanza un grito acentuado por el escurrimiento en verde de biliosas agonías.


Detalle a los perros en el acrílico sobre lienzo Los temores.


Del pulp
Otro trabajo importante de entre los que ofrece Ortega es Los temores (acrílico sobre lienzo, 184 X 186.5 cms.). Esta es quizá, de entre todas, la obra más en deuda con una estética de cómic. Sin embargo, la vocación que, en principio, es totalmente ilustrativa, deviene algo más profundo por las realidades que significa.
La composición, agobiante por lo recargado de sus elementos, muestra en su apunte más cruel a un joven que se levanta la camisa, con rictus de horror (ojos saltones y dientes pelones) para que un par de feroces perros lobunos puedan desventrarlo a gusto mientras un personaje que algo tiene de Nosferatu hace algo con su cremallera. En otra parte, un personaje con máscara de lucha libre atenaza a una joven rubia y trata de asaltar sus senos mientras otro personaje al lado de ellos desenrosca su muy lúbrica lengua y una chica que se autoerotiza nos permite ver, en su hombro y brazo izquierdos, un tatoo con la leyenda “Mariachi Morelia”. Aquí no hay pierde. Acudiendo a una estética de historieta que pasa lo mismo por un toque a la Richard Corben que a los Sensacionales de editorial Mango en los puestos de periódicos (¡eso es irse a los extremos!), el autor consigue formas muy pop y reincide en la tesis de las poderosas pasiones que barruntan y se desatan en distintas formas de violencia.


Detalle del acrílico sobre lienzo Son unos animales para atender al trabajo gestual en los rostros.


Y a mucha honra
Pasando por alto un trabajo tan notable como Las consecuencias (acrílico sobre madera, 250 X 230 cms), que es en donde Ortega se aproxima notablemente a lo orozquiano, en Son unos animales (acrílico sobre lienzo, 50 X 60 cms.) nos comparte el mejor momento de una saludable veta irónica que marca importantes distanciamientos críticos en todo cuanto el autor nos ofrece en la exposición.
Tres personajes que dominan el lienzo son el machín de barrio (con el explícito taparrabos que dice Hot Dog para acentuar el temple lúbrico de su feroz rostro, caracterizado como el de un Doberman), la chica complaciente (“inexperta y sensual,”, dice el tópico, con esos rasgos felinos inconfundibles y el gorrito azul de osito de peluche que enmarcan tanto la mirada como la sonrisa frívolos y cómplices) y el pusilánime (que aquí aparece como un cerdo enmascarado de ojo expectantes que se come las uñas, lleno de ansiedad).
Otros dos personajes, en la parte inferior de la composición, son mucho más sombríos por su carácter enigmático: un minotauro, a la extrema izquierda, y un personaje grotescamente enano, de casco o gorro, que cómplicemente le da la mano al personaje Doberman. El distanciamiento al que aludí al referirme a Las consecuencias también opera en este lienzo. Es que, tal como lo percibo, Jorge Alberto Ortega no pretende demostrarnos algo. Simplemente nos lo muestra. En el caso de Son unos animales, la fauna registrada no es juzgada por el autor. En todo caso, la ironía que la matiza dota a los personajes de una curiosa dignidad, no por ello menos legítima. Son lo que son y no les preocupa disimularlo en lo absoluto.


Un fragmento de El mártir.


El mártir
Finalmente, en El mártir (acrílico, madera y tela, 122 X 120 cms.), Jorge Alberto Ortega consigue uno de sus trabajos más gráficos. Como en varias otras de sus obras, hay una tensión muy explícita entre el fondo, donde aparecen colores planos, y los ritmos mucho más complejos que surcan los trazos que definen a los protagonistas.
Por lo demás, muy dolorosa porque es una imagen que acude el tema clásico del sacrificio del inocente, pero revirtiéndolo para caracterizarlo como el sacrificio del ciudadano común, El mártir nos muestra a un (déjenme ponerlo así) Juan Pueblo que es traicionado, humillado y atormentado de distintas maneras (la oscura forma que le da un sombrío beso en la mejilla izquierda, el personaje de rostro nebuloso que le pone “cuernos” y lo sujeta obsequiosa pero ominosamente, el corazón rojo que se asoma por debajo de la camisa, el recurrente perro que emerge de un costado). Otras presencias del lienzo comparten, con sus gestos, el sufrimiento y la agonía del personaje principal y el conjunto, apretado, tiene una enorme potencia visual acentuada por la forma en que Ortega integra textos como elementos gráficos, herencia una vez más (casi sobra decirlo) de las historietas.
Con este trabajo concluyo este primer repaso. Falta Desmond Ray para mañana. Por lo pronto, Jorge Alberto nos ofrece sus obras como una experiencia de trance.
En efecto, como en delirio, como en estado de Gracia, las imágenes nacidas de una visión de barrio y de personajes y pulsiones muy populares, exaltan potencias demoniacas (incontenibles, salvajes, ya rebeldes o revolucionarias).
También hay, en el temperamento del autor, ataques al buen gusto que son muy disfrutables. Y lo son porque se antojan como algo más allá que una mera provocación. Se dan, en cambio, para atacar la vanidad y superar el sentido trágico de la realidad actual y cotidiana. ¿Todos nuestros males proceden del pecado de razonar o del pecado de dejarnos llevar por los instintos? En todo caso, los trabajos de Jorge Alberto Ortega multiplican las zonas de misterio y en ciertos momentos llega a las supremas claridades de un arte que por ser elemental, natural, indómito, expulsa cualquier conformismo y nos coloca de cara ante lo que (como escribe Erandi Ávalos en una de las cédulas): “nadie quiere ver, lo que todos temen vivir y que, sin embargo, es necesario experimentar para trascender”.



Comunicado de la Secretaría de Cultura

Anuncian oficialmente

los daños en el Macaz


Acercamiento a la estatua Mujer, tras el incidente del jueves. La obra permanecerá in situ hasta que un especialista avalado por el INBA la revise.

La Secretaría de Cultura de Michoacán (Secum) emitió este viernes por la tarde un comunicado de prensa donde da a conocer que la escultura Mujer (Alfredo Zalce. Unicel, alambre y cemento, 1995), así como la torre octogonal popularmente conocida como el torreón, en el ala norte del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce, en Morelia, sufrieron daños a consecuencia de la caída de un pino, el jueves, tal como este blog difundió en exclusiva.


Otro aspecto del Macaz, con el árbol de pino que cayó sobre la torre octogonal del inmueble, el jueves, a causa de los fuertes vientos.

Recuento de los daños
La Secum señala en el documento que se convocará a un conservador-restaurador profesional avalado por el INBA para obtener un dictamen preciso de los daños en el caso de la escultura y para que gire las instrucciones especializadas “para levantar o, en su caso, mover la escultura, para su restauración”.
Mientras, también se indica que la Dirección de Patrimonio, Protección y Conservación de Sitios y Monumentos Históricos de la propia Secum ya realizó una primera valoración de los daños sufridos por el inmueble. El análisis permitió determinar lo siguiente:
“Se estropeó el bastidor de acero, recubierto de lámina metálica, que forma la cubierta (de la torre) y la cornisa de cantería que se encuentra en su desplante. La intervención requiere la liberación del bastidor y laminillas, la reintegración de láminas y material, así como la liberación e integración de parte de la cornisa fracturada”.
El comunicado añade un hecho que es visible en el video emitido ayer en este blog, aunque por la premura para subir el material no lo describí: la caída del árbol también dañó la estructura metálica de la carpa donde cada sábado se emprenden los talleres infantiles en el jardín del MACAZ.


Desde el interior del museo la mampostería del torreón no muestra daños visibles. El foro mantiene abiertas sus puertas. En estos momentos exhibe la VII Bienal Alfredo Zalce.

Pormenores del incidente
La Secum indica que el árbol se precipitó contra la torre octogonal hacia las 14:00 horas del jueves y que no hubo lesionados.
Por lo demás, luego que el cuerpo de Bomberos declinó intervenir, personal de la Dirección de Parques y Jardines del ayuntamiento de Morelia llegó al MACAZ a las 14:45, apoyado por una grúa telescópica y sierras eléctricas.
La idea original consistía en cortar la parte más alta del árbol, mientras la grúa, con el brazo extendido totalmente, lo sostenía. Pero el peso del tronco (de unos veinte metros de longitud) comprometía la estabilidad de la grúa, por lo que se optó por comenzar a seccionar el tronco del árbol desde abajo.
El comunicado no lo indica, pero en la operación se realizaron siete cortes al tronco del pino (el video publicado aquí ayer registra seis de ellos). Durante el último “al momento de separar las partes provocó una palanca que hizo que una parte grande del árbol girara, golpeando la escultura en la parte más baja, justo por encima de la base de metal y concreto, doblando la estructura metálica y desestabilizando la escultura”.

Zona acordonada
También ayer por la tarde la zona del jardín en la que quedó la escultura Mujer fue acordonada con cintas amarillas para que la obra permanezca tal como quedó a causa del percance, en espera de que un restaurador calificado gire instrucciones.
Por lo demás, el museo mantiene sus puertas abiertas al público. En estos momentos mantiene en exhibición la colectiva de la VII Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce.
Vale señalar que, desde el interior, no se perciben daños visibles a la mampostería del torreón.

Conferencia del doctor Luis Villoro

Los desafíos de una

revolución ordenada

El intelectual se pronuncia por transiciones ordenadas en las que triunfe la razón y la organización de un pueblo desde las bases


El doctor Luis Villoro durante su diálogo con el público, al término de la conferencia ofrecida en la Casa de la Cultura de Morelia.

“Teóricamente, en México vivimos una democracia, pero en los hechos es una partidocracia. Democracia significa el gobierno del pueblo, pero aquí los que gobiernan son los partidos. La mexicana no es una democracia real”, afirmó este jueves 14 de enero el doctor en filosofía Luis Villoro Toranzo (Barcelona, España, 1922), durante la conferencia El concepto de Revolución.
Ante esta perspectiva, que por definición impide el empoderamiento del pueblo, el también Premio Nacional de Ciencias y Artes 1986 defendió la posibilidad de una “revolución ordenada” que, sin renunciar al poderoso motor de la pasión, sea capaz de conducir a un cambio radical por medio de la razón y de una transición pacífica, echando mano del enorme poder de un pueblo organizado desde las bases, capaz de actuar con orden y sin violencia.
“Tenemos por lo menos dos ejemplos de que revoluciones así son posibles –arguyó–: la que encabezó Gandhi en la India y la que emprendió Nelson Mandela en Sudáfrica. En ambas revoluciones se impuso la negociación”.
Durante la charla, realizada en el Auditorio II de la Casa de la Cultura de Morelia, Villoro Toranzo aceptó que, de suyo, las revoluciones son actos violentos. “La revolución rusa y la revolución francesa, por ejemplo, fueron muy violentas. Pero una revolución no es solamente violencia; también es la posibilidad de alcanzar por medio de la razón una sociedad otra, distinta”.
El intelectual ponderó: “Toda revolución es sostenida por la tensión permanente entre pasión y razón. Es la pasión la que le da impulso y sentido a la acción histórica. Pero esa acción va en pos de una meta que cada vez más apunta a un orden racional que sea capaz de imponerse sobre la elección apasionada”.
En este sentido, consideró que la sociedad mexicana actual está dividida, en parte por los efectos de la partidocracia a la que aludió antes, “pero también es dueña de una enorme pasión para regenerarse”.
El doctor Luis Villoro dictó la charla invitado por la Asociación de Promotores Culturales de Michoacán y con apoyo de la Secretaría de Cultura, en el marco de otras actividades emprendidas esa tarde por la asociación, entre ellas la inauguración de la exposición colectiva Bi-centenario y un recital con el grupo Bola Suriana, en el Auditorio Luis Sahagún de la Casa de la Cultura.

El aporte de la Ilustración
Mientras, en la conferencia, Villoro Toranzo comenzó deslindando el orden humano (histórico) de su “Otro” opuesto, que es el orden existente en la naturaleza.
Asumiendo que los hombres somos seres históricos, y por ese sólo hecho, expulsados para siempre del mundo natural (el Edén, para dogmas como el del catolicismo), el doctor Honoris Causa por la Universidad Michoacana indicó que de esa dicotomía emerge también el doble componente de todo lo humano (“somos pasión y razón al mismo tiempo”).
En este tenor, y para abordar el concepto de revolución desde un enfoque moderno (a partir del cual nuestras sociedades se definen hoy), señaló: “La sociedad ordenada por la razón fue el gran triunfo de los procesos que se dieron en Europa en los siglos XVII y XVIII (cuando comienza la edad moderna con el ocaso de las monarquías y el nacimiento de los estados republicanos). “Desde entonces –dijo–, las sociedades ya no quedaron más sujetas a los caprichos de un soberano; un derecho positivo las inscribió a un orden moderno”.
El autor de El poder y el valor. Fundamentos de una ética política (1997), destacó los tres componentes fundamentales aportados por las revueltas sociales de ese periodo para concebir la noción moderna de revolución: fueron movimientos que respondieron a la voluntad de la razón para imponer un nuevo orden, apoyadas en el poderoso respaldo de las pasiones colectivas; fueron procesos a través de los cuales la imagen del soberano se despersonalizó para ser reemplazada “por el ente ficticio de la voluntad colectiva, cuyo beneficio consistió en que no se identificaba con ninguna voluntad personal, sino con el Bien Común”; también fueron gestas a partir de las cuales los sujetos quedaron sometidos al orden jurídico “es decir: se buscó sustituir la decisión arbitraria, propia de reyes y monarcas, por una regla capaz de responder a los designios de una Voluntad General”. Indicó que estos tres elementos son fundamentales, porque a través de ellos se alcanza una soberanía. “Y la soberanía no puede establecerse sin un orden normativo, heterónomo”.


El doctor Honoris Causa por la Universidad Michoacana escucha la pregunta dedicada al caso concreto de Santa María de Guido.

A la lucha de clases
De esta revisión a los movimientos revolucionarios de los siglos XVII y XVIII, Villoro pasó a los movimientos decimonónicos y a los del siglo XX. Consideró: “Las Revoluciones Socialistas fueron racionales en el modelo de Rousseau, pero buscaron un ideal nacional diferente: aquel capaz de liberar de su opresión a las clases dominadas. Finalmente, también se trató de la concepción de un orden social de validez universal, pues la emancipación de las clases sometidas (la proletaria, la campesina…), significaría la emancipación de todos. Esto imponía, naturalmente, la sujeción a una regla: la de la racionalidad práctica, efectiva, que es la función que aportan la Ilustración del Siglo XVIII y el marxismo del Siglo XIX”.

La regulación del azar
Abundaría: “El elemento racional es imprescindible cuando se piensa en las revoluciones desde la perspectiva del pensamiento moderno, porque la razón introduce orden en el caos, ofrece una continuidad en medio de la discontinuidad; regulación en medio del azar”.
“Y aquí ya no se responde exclusivamente a una noción de Voluntad General, como en Rousseau, sino a la contraposición de clases, propia del marxismo, de la cual emerge el componente de una Voluntad Real: la de las clases explotadas que se sublevan contra el sistema que las oprime. Sin embargo, tanto el pensamiento de la Ilustración como el pensamiento marxista tienen como objetivo último la búsqueda del bien común, que sigue siendo el rasgo que los universaliza”
Villoro concluiría proponiendo que, atendiendo a la dialéctica entre los elementos de pasión y razón implícitos en todo movimiento histórico y privilegiando el imperio de la racionalidad, sería posible allanar el camino a revoluciones capaces de lograr cambios radicales sin necesidad de las orgías de sangre y muertos, de caos y violencia, “siempre y cuando tales movimientos emerjan de la pasión característica del empuje popular, desde abajo, y los caudillos sean capaces de encauzar esas fuerzas con la indispensable inteligencia.

Un pueblo organizado
Durante la sesión de preguntas y respuestas hubo cinco diálogos entre el doctor Villoro y el público. Prácticamente todas las inquietudes se dedicaron al tema de cómo lograr en el México de hoy una revolución que se de en términos pacíficos, en la que el elemento racional sea capaz de imponerse a la mera pasión y sus excesos.
En particular, uno de los asistentes cuestionó a Villoro con un caso muy concreto. Como se dice, con nombre y apellido: el personaje se declaró profundamente indignado por la reciente aprobación, en diciembre, de una iniciativa del gobierno de Leonel Godoy Rangel que finalmente deja en desventaja a los colonos de la región de Santa María de Guido y que además violenta la demarcación ecológica de una Zona Protegida. Inquirió: “en casos como este ¿cómo lograr como sociedad, desde unas bases que están organizadas y listas, demandarle al gobernador de Michoacán que reconsidere una decisión que no beneficia al pueblo?”
Fue precisamente aquí cuando Luis Villoro repuso que “México no vive una democracia sino una partidocracia” (la declaración con la que comienza este post). Añadió: “frente a la necesidad de una revolución, yo apelo a la esperanza de que el pueblo mismo, sin violencia, desde abajo, sea capaz de emprender acciones razonadas pero firmes para conducir a un cambio radical. No será en Morelia donde ocurra, sino donde quiera que haya un pueblo dirigido y organizado”.


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Anuncian conferencias

Ciclo El cine y

el bicentenario

Organiza la Secretaría de Difusión Cultural de la Universidad Michoacana; comienzan el 22 de enero


Una imagen de La virgen que forjó una patria, uno de los filmes que se proyectarán durante el ciclo de conferencias.

Un ciclo de conferencias dedicado al tema El cine en las celebraciones centenarias, coordinado por la Secretaría de Difusión Cultural de Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo dará comienzo el próximo viernes 22 de enero, dentro de las actividades que ha preparado la comisión del bicentenario de la UMSNH.
El anuncio se hizo ayer, jueves 14, a través de un comunicado de prensa, por la propia Secretaría de Difusión Cultural.

Programa de conferencias
El ciclo está conformado por once conferencias, una por mes, que tienen por objetivo hacer una revisión de cómo el cine mexicano, y aún el extranjero, ha retratado estos dos conflictos armados de nuestra historia, así como reflexionar en cuestiones más subjetivas de ciertos íconos que el cine histórico utiliza para la construcción de sus mensajes. Todo ello desde la perspectiva de cómo el cine puede abonar a la construcción de una identidad patria.
El ciclo inicia con la conferencia La guerras patrias en el cine y la identidad nacional que estará a cargo del doctor Víctor Manuel Pineda Santoyo, el viernes 22 de enero. Continuará con La añoranza porfiriana; La virgen de Guadalupe en el cine, con el maestro Juan Carlos González Vidal, y Los símbolos en el cine histórico, que será impartida por la maestra Mónica García Abraham. Seguirá La música en el cine histórico, con Alejandro Mercado Villalobos.


El documental Los rollos perdidos de Pancho Villa (proyectado hace un par de años en el FICM), también figura en el programa.

Otros participantes
También se analizarán de manera especial dos películas: Reed, México Insurgente (Paul Leduc, 1970) y ¡Viva Zapata! (Elia Kazan, 1952), está última será abordada en una plática a cargo del maestro Rafael Orozco Flores.
El ciclo incluye Cine y Revolución Mexicana, con el maestro Andrés de Luna; El cine como espectáculo durante la revolución mexicana será impartida por el doctor Ricardo Pérez Montfort. Vendrá después Postrevolución: cine cardenista, con la maestra Tania Celina Ruiz Ojeda y terminará con la conferencia Documentos fílmicos de la Revolución Mexicana a cargo del doctor Eduardo de la Vega Alfaro.


Vista parcial del cartel de El rayo del sur, largometraje dedicado al personaje de José María Morelos.

Proyecciones en el ciclo
El ciclo de conferencias estará acompañado en su desarrollo con una selección de películas relativas a la temática como La virgen que forjó una patria (Julio Bracho, 1942), El rayo del sur y El padre Morelos, de Miguel Conteras Torres; Mina, viento de libertad que dirigió el español Antonio Eceiza en 1976; Que viva México y ¡Viva Zapata! de Serguei Eisenstein y Elia Kazan, respectivamente y el documental Los rollos perdidos de Pancho Villa (Gregorio Rocha, 2003), entre otras.

Catálogo en proyecto
De manera colateral se proyecta la edición de un Catálogo cinematográfico, crítico y biográfico de la Independencia y la Revolución Mexicana (y de otras luchas intestinas) que además de un capitulado específico sobre el tema de las luchas armadas en nuestro país, intentará identificar todas aquellas cintas -documentales o de ficción- que aborden el tema, así como los personas vinculadas con esta parte de la producción fílmica.
A los asistentes al ciclo de conferencias, que se realizarán en el Centro Cultural Universitario, que acudan a por lo menos ocho sesiones, la Universidad Michoacana les otorgará una constancia de participación.

Cae un árbol sobre el

Museo Alfredo Zalce


Las lluvias recientes y los fuertes vientos propiciaron que un añoso pino se precipitara contra el torreón del recinto; durante las tareas para retirarlo, el tronco alcanzó a la escultura Mujer, en el jardín

El añoso pino, momentos antes de que personal de la dirección de Parques y Jardines del ayuntamiento moreliano diera comienzo a las labores para retirarlo.

Las lluvias de los recientes días, aunadas a los fuertes vientos y a la debilidad de sus raíces, ocasionaron que un pino se precipitara sobre el ala norte del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce, en Morelia, causando daños al torreón, que es el elemento arquitectónico más bello del inmueble. Durante las labores para retirar el árbol, el tronco alcanzó a lesionar la escultura Mujer, realizada por el artista patzcuarense, la cual se localiza en el jardín del museo.


La escultura Mujer, tal como quedó en el suelo del jardín tras la caída del árbol.

El incidente ocurrió al filo de las dos de la tarde de este jueves 14 de enero, cuando uno de los pinos que flanquean los jardines del MACAZ cedió a los embates del viento. Al accidente contribuyeron dos hechos: que el terreno se había reblandecido a causa de las lluvias de la última semana y que las raíces del pino no eran muy profundas.


Un acercamiento a la cúpula, que sufrió daños a causa del percance.

Trabajadores de Parques y Jardines del ayuntamiento de Morelia acudieron al museo al filo de las tres de la tarde para retirar el árbol luego de que el departamento de Bomberos de la ciudad se declaró incapaz de emprender esa tarea.
Los trabajadores municipales se vieron obligados a talar el tronco del árbol en por lo menos siete ocasiones, ya que el peso del tronco impedía cualquier maniobra.


La escultura de Zalce, al recibir el impacto del árbol.

A pesar de los cuidados que se tuvieron durante la operación, cuando el tronco del árbol finalmente pudo ser desplazado y se precipitó, alcanzó a rozar la escultura Mujer, una de las varias obras zalceanas que adornan los jardines del MACAZ.
La pieza sufrió raspaduras en su cara frontal y su base de cemento se desprendió del suelo.
Una vez que el tronco del árbol fue seccionado en fragmentos más pequeños y se liberó a la base de la escultura de su peso, la Mujer se precipitó al suelo.


Las cortas raíces propiciaron que las lluvias y el viento derribaran el pino.


El Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce es una casona de estilo neogótico francés. El inmueble, erigido en la segunda mitad del siglo XIX, se caracteriza por sus dos plantas, su fachada con escalinatas que llevan a un pórtico, y de manera singular, la torre octagonal con la que remata su ala norte.


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102 aniversario natal

Zalce y los


centenarios


Las conmemoraciones de 2010 podrían contribuir a finiquitar proyectos pendientes alusivos al legado de Zalce: el traslado a Morelia de su mural Historia de la Industria y el Comercio en México (1962) y el destino de la casa-taller del artista como un centro cultural


Olinda Becerra (extrema derecha) evoca experiencias personales en la casa-taller de Alfredo Zalce durante su intervención como oradora en el acto por el 102 aniversario natal del artista.

Las conmemoraciones del centenario de la Revolución Mexicana y del bicentenario de la Independencia podrían contribuir a que al menos dos de las tres deudas institucionales pendientes con la memoria del maestro Alfredo Zalce pudieran cumplirse durante este 2010: el traslado definitivo a Morelia de un fragmento de su mural La industria y el comercio en México y el establecimiento de un centro cultural en el inmueble de Camelinas 409 esquina con Vicente Santa María, donde el autor tuvo por más de cincuenta años su casa-taller.
En tales términos, el único tema que quedaría pendiente sería el proyecto de instalar una urna conmemorativa en el conjunto escultórico Las Tres Constituciones de México, tal como fue formulada la iniciativa en 2003 por parte del (en ese entonces) Instituto Michoacano de Cultura, tras el deceso del artista. Así lo declaró a este blog el secretario de cultura, Jaime Hernández Díaz, entrevistado al término del acto cívico para conmemorar el 102 aniversario natal de Alfredo Zalce, este martes 12 de enero.

El acuarelista michoacano Nicolás de la Torre durante la primera de tres intervenciones en el acto de protocolo, al pie de Las Estelas, en la calzada Juárez.

El homenaje, encabezado por el secretario de Cultura, comenzó minutos después de las nueve de la mañana en el conjunto escultórico Las tres Constituciones de México, que fue realizado por Alfredo Zalce en los años setenta. El acto contó con intervenciones del acuarelista Nicolás de la Torre, quien fue el primero en hacer uso de la palabra como representante de la comunidad artística, así como de Olinda Becerra, quien ofreció una semblanza de lo que era la vida cotidiana en la casa-taller del artista. Olinda participó en nombre del círculo más íntimo de alumnos y amigos de Alfredo Zalce.
También estuvieron presentes directores y jefes de departamento de la Secretaría de Cultura, la diputada federal Laura Suárez González y el diputado local Arturo Guzmán Abrego. Completaron la comitiva Raúl Olmos, director de cultura del ayuntamiento de Morelia y Rosario Ortiz, representante de la Universidad Michoacana.

Congruente con la modernidad
La “incansable capacidad de adaptación a las novedades que se presentaron a lo largo de su vida”, así como la congruencia de su obra con la modernidad que le correspondió vivir, pues “cada situación que se vivía en el país o en el mundo, pudo reflejarla en sus obras”, fueron las dos características de Alfredo Zalce que fueron elogiadas por el acuarelista michoacano Nicolás de la Torre Calderón (Morelia, 1931) al participar en el homenaje al artista fallecido en 2003.
De la Torre fue el primero de tres oradores en el acto celebrado al pie de las estelas.

Al instalar la última de media docena de ofrendas florales al pie de una de las estelas del conjunto escultórico Las tres Constituciones de México.

Una casa viva: Olinda Becerra
En su intervención, Olinda Becerra describió la casa de Zalce como un santuario de amor, de armonía, belleza y paz. “Siempre tenía alguna palabra para cualquiera que se acercara a su casa y a su mesa”.
“Nuestras mañanas empezaban frente a una taza de humeante café, analizando y discutiendo las noticias más importantes del día, sobre todo las políticas. Y con el sentido del humor que siempre lo caracterizó, terminábamos en sonoras carcajadas, riéndonos de todos los acontecimientos del día”.
“Su casa siempre fue una casa viva. Más allá de un hogar o de un taller, en su casa se respiraba un aire de misticismo, de verdad y de belleza”.
“Yo creo que el maestro Zalce, a pesar de todas las vicisitudes, pérdidas y desilusiones en su vida personal, nunca se sintió un hombre solitario o amargado. Siempre tuvo una gran familia en sus alumnos, sus musas y sus amigos”.

Vista general de la glorieta poco antes de comenzar el acto. En la imagen aparecen sólo dos de las tres estelas.

“A partir del mediodía -agregó-, su taller se convertía en un gran templo del saber y también para el humor y las risas. Un lugar a donde llegaban a pedir, desde para las desgracias del sismo en Nicaragua hasta los damnificados en Chiapas. Para cualquier causa, todo mundo acudía a la casa de Zalce y él trataba de resolver los problemas de todo el mundo”.“Recuerdo cuando sus alumnos le pedían apoyo, no sólo para resolver los problemas a que se enfrentaban en el lienzo, con los pinceles, las gubias o los buriles: también los financieros y amorosos”.“Yo creo que todos los que lo conocimos llevamos en nuestros corazones un pequeño fragmento de un gran rompecabezas que finalmente es la biografía de un hombre llamado Alfredo Zalce”.“El artista está plasmado en sus obras –concluyó, recuperando una idea expresada al principio–; el hombre lo llevamos en el corazón y, al menos por el momento, será a través de la historia oral como haremos que permanezca viva la imagen y la historia de Alfredo Zalce”.


Los integrantes del Trío Buffet, encargado de la parte musical en el acto de homenaje.


Zalce y el centenario
A su vez, en su participación, el Secretario de Cultura indicó que “este aniversario, en el contexto del centenario de la Revolución Mexicana y del bicentenario del movimiento de Independencia, es una ocasión propicia para que a lo largo del año reflexionemos sobre la trascendencia de Alfredo Zalce en el arte mexicano”.
Jaime Hernández indicó que “La Revolución Mexicana y los movimientos sociales que la acompañaron de los años '20 a los '40, en un escenario tan complicado como el de la II Guerra Mundial, le plantearon al arte otras tareas que estuvieron en el centro del debate entre los artistas y los intelectuales, pero que asumieron un grupo muy destacado de artistas, en el sentido de que el arte tiene también una función importante en las transformaciones sociales, en la educación de la población. Pero aquellos que no perdieron el sentido estético del arte, del gusto, de la apreciación misma, y no lo convirtieron meramente en una propaganda al servicio (en determinadas circunstancias), de grupos de poder, me parece que son los que encontraron mejores caminos y mejores éxitos en este quehacer”.
“Porque justamente el artista reivindicaba su papel, primero de independencia y de libertad, pero también su papel como individuo en estos procesos de transformación”.
“Creo que el arte mexicano forma parte espléndida del movimiento artístico mundial del siglo XX. El muralismo mexicano juega un papel importante en la consolidación de una visión de la historia de este país. Es una visión sujeta a contradicciones, sí; a discusiones y a debates, pero que en términos generales es aceptada por el pueblo mexicano, que busca sus raíces justamente en las raíces de movimientos como los que conmemoramos”.
“El maestro Zalce forma parte de esa época, de ese movimiento. Le tocó vivir todos esos momentos de transformaciones, plasmarlos en sus obras de arte, conocer las distintas tendencias, innovar, transformarse, estar siempre al día, que es una de las características fundamentales del maestro”.“Por la grandeza que tiene, ya está en un lugar especial en la historia del arte y de la plástica en Michoacán y en el país, pero tenemos que aprovechar este momento y también la propia figura de Alfredo Zalce, para que juntos honremos a todos aquellos que hicieron posible esta nación y esta patria a través del arte. Y que hoy conmemoremos de manera reflexiva, serie, crítica, en un espíritu de unidad en la diversidad que hoy caracteriza a nuestro país, los eventos conmemorativos del centenario y del bicentenario. Es un momento entonces en el que el maestro Alfredo Zalce nos llama, nos convoca a hacer juntos esta reflexión, que sin duda también sería parte de su vida cotidiana, si tuviéramos la oportunidad de tenerlo con nosotros físicamente”, concluyó.


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El mural por delante
Más adelante, en entrevista con Poliedro, al término del acto de conmemoración realizado este martes 12 de enero por la mañana, el Secretario de Cultura reiteró su confianza en el hecho de que este año, con motivo de los festejos centenarios y bicentenarios, sea posible finiquitar los pendientes que existen con la memoria del artista patzcuarense.
En orden de probabilidad, explicó que el traslado a Morelia del fragmento mural La historia de la Industria y el Comercio en México, que se localizará en el segundo patio del Centro Cultural Clavijero, es la más viable de las tres acciones a emprender desde el orden de competencia que le corresponde a la Secretaría de Cultura
“Como recordarás, originalmente la idea era la de colocar el mural en terrenos del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce, pero ese proyecto se desechó porque los expertos del INBA determinaron que su planteamiento no garantizaba las condiciones idóneas para la preservación de la obra. Se determinó entonces que la sede del mural será el Centro Cultural Clavijero, concretamente en su segundo patio, donde es mucho más viable alojar el mural y la estructura que le dará soporte”.
“Yo confío realmente que este año, en el marco de los festejos por el centenario de la Revolución mexicana y bicentenario de la Independencia, sea posible saldar ese compromiso. Por fortuna, existe una partida presupuestal, de parte de la federación, con la que es viable concluir el asunto pendiente de la estructura que dará soporte al fragmento del mural”.
En cuanto a la habilitación y puesta en marcha de la casa de Alfredo Zalce como un centro cultural, se mostró mucho más prudente. Adujo: “el patronato creado para la casa del maestro Zalce es una instancia de la cual la Secretaría de Cultura es apenas uno de sus integrantes. Por respeto a esa situación yo no puedo adelantar algo que no haya sido previamente acordado por el patronato en su conjunto. Lo que sí puedo decir es que se ha avanzado en el estudio de distintas alternativas para ese espacio a lo largo de reuniones que hemos sostenido en 2009, pero cualquier declaración oficial debe ser formulada por el patronato en su conjunto, posiblemente en el transcurso de este mismo año”.
El tema de la urna y de la instalación funeraria de homenaje fue el último punto tocado por el funcionario, quien reconoció que, por el momento, la Secum no tiene injerencia en ese proyecto.

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Tres iniciativas en compás de espera

Los pendientes con Zalce

Un grabado de Alfredo Zalce nos muestra el autorretrato del artista.


El fragmento del mural La historia de la Industria y el Comercio en México, de 3.80 metros de largo por 2.96 metros de alto, que fue restaurado por el INBA en 2004.


Mural, historia y destino
Realizado en 1962, durante el régimen del presidente Adolfo López Mateos, el mural en acrílico La historia de la Industria y el Comercio en México medía 32 metros de largo por 3 metros de altura y mostraba sintéticamente el devenir de esas dos ramas de la actividad económica en el país. Fue realizado a petición del gobierno federal y durante 23 años se alojó en el enorme vestíbulo de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (Secofi), localizada en un edificio de cinco pisos en el número 80 de la avenida Cuauhtémoc esquina con Dr. Liceaga y avenida Chapultepec, en el Distrito Federal.
El 19 de septiembre de 1985, durante el terremoto de 8.1 grados Richter que sacudió a la capital del país, el inmueble de la Secofi se mantuvo relativamente en pie; no colapsó, pero sufrió daños estructurales gravísimos que obligaron a su demolición. La mayor parte del mural de Zalce, en la planta baja del edificio, se perdió, a excepción de algunos fragmentos que pudieron ser recuperados por el Instituto Nacional de Bellas Artes.
Después de haber permanecido embodegado durante 19 años (prácticamente la misma extensión de tiempo que estuvo expuesto), un fragmento restaurado de esa obra fue presentado por el INBA en 2004, en el marco del primer aniversario luctuoso de Alfredo Zalce. Se trata de un segmento de 380 X 296 centímetros (3.80 X 2.96 metros), cuyas imágenes aluden a la riqueza petrolera del país y a la pertenencia de este tesoro al patrimonio nacional, hecho que se acentúa visualmente con la aparición de un lábaro patrio que cubre una de las torres, al centro de la composición.
Al año siguiente, 2005, se comenzó a manejar públicamente por parte de la debutante Secretaría de Cultura del Gobierno de Michoacán la posibilidad de que el fragmento mural fuera traído a Morelia, pero a partir de entonces la bolita empezó a rodar, aduciendo en lo general las siguientes versiones: ora que el proyecto original para alojar la pieza en terrenos del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce no había sido correctamente razonada y que definitivamente no era viable, ora que no se ha podido acceder a la partida federal destinada para la elaboración del soporte de metal necesario para contener la obra o que el Gobierno del Estado no había podido aportar cierto porcentaje que le correspondía dentro de un acuerdo establecido al respecto.
De una a otra cosa, el tema del fragmento mural viene respetando el libreto y el destino que ya en vida el propio Alfredo Zalce reconoció para su obra monumental. “He tenido muy mala suerte con mis murales”, se lamentó alguna vez, ante el recuento de todos los frescos surgidos de su talento y que habían sido destruidos.

La fachada de la Secofi, en la ciudad de México, días después del terremoto de 1985. En su vestíbulo se encontraba el mural La historia de la Industria y el Comercio en México. Aunque el inmueble no colapsó, sufrió daños estructurales severos que demandaron su demolición.

Los empeños de una casa
El segundo pendiente es el destino de la casa-taller de Alfredo Zalce, ya que la muerte del artista en enero de 2003 sólo azuzó un litigio entre particulares que se disputaban la propiedad de ese inmueble desde hacía por lo menos dos años atrás.
La historia que voy a compartir de manera parcial aquí es conocida sólo por algunas personas y no ha sido difundida nunca por ningún medio local, ni impreso ni electrónico. No seré yo quien rompa la discreción que debo, pero hay algunos hechos (sólo algunos) que sí puedo ventilar sin violentar mi palabra.
Tales hechos son los siguientes:
En 1997, Alfredo Zalce, quien se había visto muy afectado por la súbita muerte de su hijo menor, Xavier Zalce, acontecida poco antes, decidió donar en vida todos sus bienes (casa incluida) a sus nietos Leonora y Federico Zalce, vástagos del matrimonio conformado por su hijo mayor, Andrés Zalce Reason con Maricarmen Rivero.
Como en ese momento tanto Leonora como Federico eran menores de edad, y como Alfredo Zalce conocía la voluntad más bien dispersa, que era parte del carácter natural de Andrés, dejó como albacea a Maricarmen.
Fue a partir de ese momento cuando los sinsabores se precipitaron. Poco antes del año 2000, Maricarmen y Andrés pelearon y se separaron… pero no se divorciaron. Un año y medio más tarde, en julio de 2001, ocurría el accidente de carretera en el que murieron Andrés (quien conducía el vehículo) y sus dos niños.
Si ya a mediados de los noventa, la muerte de Xavier había sido un primer y golpe duro para Alfredo Zalce, quien comenzó a acusar más acentuadamente los síntomas del Alzheimer que terminaría por arrebatarle la memoria, ahora la violenta muerte de su hijo mayor y de sus dos nietos aceleró el proceso. Fue precisamente el veloz avance de la enfermedad lo que impidió, entre el año de 2001 y el de 2003, cuando falleció, que Alfredo Zalce pudiera modificar el contenido de su testamento.
Dicho sea de paso: esta es también la razón por la cual, a partir de 1999, cualquier entrevista con Alfredo Zalce se volvió reiterativa y definitivamente infructuosa. Muy consciente del avance de su mal, Zalce había memorizado cuidadosamente ciertos hechos, con los que construyó un guión del que ya no se salía en prácticamente ninguna conversación. De modo que nadie se deje engatuzar: todas las entrevistas realmente significativas con Alfredo Zalce son anteriores a 1998.
Volviendo al tema, el mismo día en que Alfredo Zalce murió, el 19 de enero de 2003, pero por la noche, la casa del artista se convirtió en una zona de conflicto, con “guaruras” que impidieron que Maricarmen Rivero pudiera ingresar al domicilio, mientras el cuerpo de Zalce era velado en las salas del MACAZ, acaparando toda la atención. A partir de allí, la viuda de Andrés inició un juicio para recuperar lo que (en términos legales, si asumimos que “papelito habla”) le correspondía, pues ella era la heredera de la propiedad de sus finados hijos. Al mismo tiempo, la única hija viva de Alfredo Zalce, Beatriz Diana Zalce de Guerriff (muchas gracias, Laura Angélica), proponía al Congreso de Michoacán y al gobierno del Estado (encabezado en ese entonces por el antropólogo Lázaro Cárdenas Batel), que la casa-taller fuera declarada como un lugar de interés público, para que se convirtiera en un espacio culturalmente vivo. Por si fuera poco, otra parte interesada entró a la palestra y se sumó al litigio por adeudos laborales.
Como resultado de ese pleito judicial, la casa de Alfredo Zalce fue adquirida finalmente por el corporativo moreliano Grupo de Oro, una firma que reúne a cuatro empresas locales relacionadas con la industria de la construcción y sus servicios. El monto de esa transacción específica no se conoce. Mientras, durante el periodo en que la casa estuvo en posesión de los particulares, el Tecnológico de Monterrey campus Morelia presentó un anteproyecto para adquirir en comodato el inmueble y echar a andar un centro cultural, pero la propuesta del plantel de educación superior privado no prosperó.
También durante ese periodo se creó la Fundación Cultural Alfredo Zalce, que echó mano de recursos financieros del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2001, que el artista había recibido de manos del presidente Vicente Fox en febrero de 2002 (insólitamente, ya que Zalce había rechazado el reconocimiento en dos ocasiones anteriores y no simpatizaba en absoluto con la figura de Fox Quezada).
En tanto, a fines de 2007, el gobierno del Estado (aún encabezado por el nieto del General) logró adquirir, finalmente, la casa de Alfredo Zalce. De acuerdo a lo que trascendió, la compra se consumó al precio de 15 millones de pesos: una transacción muy ventajosa… para los vendedores, ya que la casa-taller de Zalce, con una superficie construida de mil 809 metros cuadrados, tenía en 1997 (es decir, una década antes, cuando Zalce hizo su testamento) un valor catastral de un millón 300 mil pesos.
En mayo de 2008, durante una reunión celebrada a puerta cerrada en la Casa de la Cultura de Morelia, a la cual ninguno de los medios de comunicación de entonces tuvimos acceso, se instaló oficialmente el Patronato de la Casa Alfredo Zalce, que había sido constituido meses atrás y que quedó integrado por Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Manuel García Contreras, Fausto Vallejo Figueroa, Jaime Hernández Díaz y Silvia Figueroa Zamudio.
Al término de esa junta, y ya en entrevistas con los personajes que salían de ella, se dijo en lo general que el encuentro era apenas la primera reunión formal del patronato y que el proyecto que se destinaría a la casa-taller del artista estaba por ser articulado en posteriores encuentros. Por lo pronto, como parte de los planes para el inmueble como futuro centro cultural, se reveló que el gobierno del Estado había entregado el predio en comodato a la Fundación Cultural Alfredo Zalce. En la fundación participan Beatriz Zalce, Mizraim Cárdenas y Mariela Ferreyra.
Hasta aquí, la historia. Pero los empeños de esta casa no culminarán hasta que se concrete en los hechos el proyecto (totalmente legítimo) de convertirla en un espacio que le brinde, de alguna manera, continuidad a la vocación que el artista patzcuarense le dio durante el medio siglo en que hizo de ella su hogar, su estudio, su taller y su Sancta Sanctórum.
Por lo pronto, como una nota bene, debo decir que en cierto sentido (sólo en cierto sentido), el Patronato de la Casa Alfredo Zalce ha hecho bien en moverse hasta ahora con los pies de plomo. Más vale eso, y no que el proyecto del inmueble quede baldado o lesionado por tantos intereses que aún circulan por ahí.

Urna y homenaje funerario
El último pendiente institucional con la memoria de Alfredo Zalce tiene que ver con la propuesta (formulada por primera vez, hasta donde recuerdo, por el arquitecto Jorge Solórzano) de concebir alguna estructura que, a modo de instalación, pudiera incorporarse al conjunto escultórico Las tres Constituciones de México, que se localiza en la glorieta de la avenida Camelinas y la calzada Benito Juárez. La idea era que la urna con las cenizas del artista pudiera instalarse allí o, en su defecto, que se pudiera concebir alguna discreta instalación funeraria.
La idea no ha sido hasta hoy descartada explícitamente por nadie, pero tampoco ha tenido visos de seguimiento. Hasta donde se sabe, luego de la ceremonia de cremación del cuerpo de Alfredo Zalce, en la funeraria Jardines del Tiempo, las cenizas quedaron en posesión de su hija, Beatriz Zalce.
Mientras, la idea de alojar la urna o de concebir algún monumento alusivo al pie de las estelas es particularmente significativa porque, como el propio Alfredo Zalce recordaba, el conjunto de Las Constituciones tiene mucho que ver con la casa-taller que él habitó. El artista narró una vez cómo realizó las estelas como un acuerdo con el gobierno para saldar el pago de un predial impuesto a su casa cuando la actual avenida Camelinas fue diseñada y construida, pasando por el frente del domicilio.