Alumnos de la secundaria federal No. 12 reciben una visita guiada a los contenidos del Pabellón Bicentenario.

Con 2 mil 400 metros cuadrados que reúnen cuatro exposiciones de perfil didáctico, tres módulos multimedia con recursos interactivos, una sala de proyecciones de cine y video, un auditorio, una discreta librería, un stand de ventas y un área de talleres, el “Pabellón Bicentenario y Centenario 2010”, que ha sido emprendido por la Secretaría de Cultura de Michoacán, es uno de los espacios más vistosos y mejor organizados dentro de la expo feria Michoacán.
En este sentido, es una verdadera lástima que justo cuando se está emprendiendo un proyecto como este, la feria Michoacán 2010 tenga un porcentaje de visitas que la deja muy lejos de ser ese “escaparate comercial” que alguna vez fue.

Contraluz matutino. Una visita al Pabellón Bicentenario.

A pesar de todo, los contenidos y el concepto mismo del pabellón tienen un gran atractivo. De manera particular, el trabajo emprendido para articular las dos “Líneas de tiempo” que ilustran e interconectan hechos mundiales, nacionales y regionales asociados a los movimientos sociales de 1810 y 1910, ofrece un depurado ejercicio de síntesis. No le resta sabor a sus contenidos ni los trivializa; ha conservado de ellos lo esencial indispensable en un recorrido ameno y accesible.

Vocación didáctica

Pero la vocación didáctica define al pabellón en su conjunto. Por ejemplo: doce pantallas en el área interactiva le ofrecen a los visitantes la oportunidad de ver videos documentales sobre distintos hechos alusivos a nuestra historia, de responder cuestionarios que ponen a prueba conocimientos generales sobre las gestas de la Independencia y de la Revolución, e incluso de tomarse fotografías instantáneas vía cámara web. Cuatro atractivos personajes virtuales, diseñados ex profeso para el pabellón, acompañan a los usuarios e interactúan con ellos durante las sesiones ante la pantalla desde un concepto fresco y juguetón.

Los tres módulos del área interactiva (en total, pantallas para la atención simultánea de doce usuarios) reciben a los visitantes en el acceso principal del pabellón.

Por lo que toca a los talleres que se ofrecen, son conducidos por personal capacitado, entre el cual sobresalen, por sus largas tablas y su amplio “colmillo”, trabajadores adscritos al Museo del Estado, en Morelia. En estos talleres, a partir de la narración de historias, de breves dramatizaciones y de actividades de dibujo y pintura, los niños y jóvenes reafirman sus conocimientos históricos y sociales.
Mientras, tanto las líneas de tiempo dedicadas a la Independencia y la Revolución como la doble exposición “Hacia la Construcción de la Nación: Michoacán en la Independencia y la Revolución” están ilustradas con pinturas, murales, grabados y dibujos que dan amplio testimonio de la riqueza artística y patrimonial que existe en Michoacán. Aparecen en ellas imágenes procedentes de murales como los que se alojan en el Palacio de Gobierno en Morelia, pero también en distintos inmuebles de Jiquilpan, Apatzingán, Carácuaro, Nocupétaro, Janitzio (dentro del monumento a Morelos, en esa isla) y Nueva Italia, así como obras de caballete pertenecientes a acervos patrimoniales públicos y privados.

Un acrílico de Manuel Pérez Coronado (MAPECO), realizado en 1965 y actualmente en instalaciones del CECyTEM Carácuaro, ilustra algunas de las condiciones que predominaban en el México de finales del Siglo XVIII y comienzos del siglo XIX.

El panorama que se brinda así, no solamente de episodios históricos, sino de sobresalientes ejemplos del quehacer de autores michoacanos, es sorprendentemente amplio y generoso.
La oferta se redondea con el programa de proyecciones de cine y video, que tiene funciones diarias, y con las actividades vespertinas en el auditorio, que amparan funciones de teatro y danza.

“Como una historieta”

En entrevista, las historiadoras Sofía Irene Velarde y Cinthya Vargas, dos de las responsables de la investigación histórica y del guión temático para las líneas de tiempo y para las exposiciones del pabellón, así como la maestra María Eugenia Fuentes Lanning, directora del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce y responsable del guión museográfico del pabellón, explican que el diseño del espacio se resolvió en dos intensos meses de trabajo, durante los cuales lo más interesante consistió en que ambos guiones (el temático y el museográfico) se desarrollaron de manera simultánea.

Los constituyentes (fragmento). Óleo sobre tela fechado en 1950 y atribuido a Roberto Cuevas del Río. La obra original se encuentra en el museo Casa de la Constitución, en Apatzingán, Michoacán.

Velarde y Vargas ponderan que la parte más difícil de su trabajo consistió en priorizar los hechos que se iban a difundir en las “Líneas de tiempo”, una vez concluida la investigación histórica.
“Tenía que ser un material ágil y conciso, muy accesible… pero también estaba presente el reto de no decir obviedades o de quitarle sustancia a dos periodos tan apasionantes de la historia nacional como los de la Independencia y la Revolución”.
A su vez, al hablar de los desafíos de la parte que le correspondió a ella y a su equipo, la maestra Fuentes Lanning señala: “Para el guión museográfico hemos tenido muy claro que nuestro público principal es de jóvenes y niños, de modo que desde el principio supimos que necesitábamos algo muy visual… que los visitantes pudieran acercarse a los contenidos como si se tratara de una historieta. La parte más fuerte en el trabajo de acopio de imágenes recayó en el fotógrafo Guillermo Wusterhaus, quien acudió a Janitzio, Apatzingán, Carácuaro… a la mayor parte de los lugares de los que exhibimos obra patrimonial. Pero también fue fundamental el apoyo de los diseñadores gráficos y de los arquitectos que se sumaron al proyecto y con quienes hubo una interacción muy eficaz. Conservo de esta experiencia el placer de haber trabajado con un equipo multidisciplinario de una forma muy profesional. Estoy muy satisfecha”.

La historiadora Sofía Irene Velarde, integrante de la coordinación de investigación histórica para el Pabellón Bicentenario.

Una feria sin buena salud

A pesar de sus aciertos, el “Pabellón Bicentenario y Centenario 2010”, que ha sido emprendido por la Secretaría de Cultura, también comparte el hado oscuro que envuelve a la expo feria Michoacán de este año.
Hay que decirlo. La feria no goza de buena salud. Síntomas y causas son evidentes.
Despojada de sus raíces originales en los terrenos de la antigua feria, desarraigada de su tradición por la ruptura que significó la experiencia del año pasado (la “feria itinerante” que anduvo dando tumbos a tontas y a locas por varios municipios), agresiva con el bolsillo popular a causa de la mayor parte de los precios que se deben pagar, ya dentro de sus instalaciones, por consumo o servicios, y amenazada por el espectro de la violencia, que durante su mismísima jornada inaugural casi le costó la vida a la titular de Seguridad Pública, Minerva Bautista, hace unos días, la expo Feria Michoacán 2010 ha perdido mucho del glamur y del atractivo propios de una feria.

El fusilamiento de Morelos. Fragmento del mural que se localiza dentro del Monumento a Morelos, en la isla de Janitzio. La obra fue realizada por Ramón Alva de la Canal.

Sobre todo, no se advierte en su actual edición la actividad comercial propia de ferias anteriores. Y la languidez de esta actividad comercial, que es el corazón de toda feria, también explica en gran medida la disminución del público asistente.
De acuerdo a versiones oficiales, por ejemplo, el pasado 30 de abril, “Día del Niño”, fue el día de mayor afluencia de público a las instalaciones, con unos 40 mil visitantes. Pero la cifra, incluso en el caso de ser real, dista mucho de ser un promedio.
La expo feria anda de capa caída. Hasta circula por ahí un chascarrillo acerca de su patente invisibilidad.
La gente percibe, a pesar de todo, que el país no está para fiestas. La violencia durante su jornada inaugural, con el atentado contra la titular de Seguridad Pública debe haberle recordado a mucha gente en qué Morelia vivimos desde los granadazos de septiembre de 2008. Y los impulsores de la feria, a su vez y a pesar de sus estrategias, no han atinado a encontrar la manera de remendar una tradición rota y violentada. Un signo de los tiempos.

La historiadora Cinthya Vargas, de la coordinación de investigación histórica para el Pabellón Bicentenario.

Vista general del auditorio del pabellón, donde se realizan diariamente distintas actividades escénicas.

La responsable del guión museográfico del pabellón, María Eugenia Fuentes Lanning, directora del MACAZ.

La primera maqueta de trabajo con la que fue definida la disposición general de espacios en el pabellón.

VIDEO

Algunas de las actividades emprendidas con alumnos de la Secundaria Federal No. 12, Biólogo Wenceslao Victoria. Video realizado el martes 4 de mayo hacia las 11:00 a.m. en instalaciones de la expo feria.

La dramaturga y directora Perla Szuchmacher recibirá homenaje durante la Muestra Estatal de Teatro que comienza en junio.

La Muestra Estatal de Teatro Michoacán 2010, que comienza el mes entrante en Morelia, estará dedicada a la memoria de la dramaturga y directora teatral Perla Szuchacher, quien falleció este lunes 10 de mayo víctima de un cáncer intestinal que avanzó velozmente durante los últimos cinco meses.
El departamento de teatro de la Secretaría de Cultura de Michoacán, que coordina Fernando Ortiz Rojas, informó la tarde del martes (ayer), que durante la Muestra se exhibirán los trabajos Vieja el último, La Nave y Lágrimas de agua dulce. Estos tres montajes tienen como denominador que fueron o dramaturgias originales de Szuchmacher o trabajos asesorados por ella, siempre con la intervención de teatristas michoacanos.
Por lo que atañe a Vieja el último, esta pieza fue montada hace más de un lustro por el también actor Copérnico Vega y fue estrenada en el Museo del Estado. En cuanto a La Nave, este proyecto (dramaturgia original del moreliano José Luis Pineda), fue asesorado por Szuchmacher y se convirtió –hasta la fecha– en la mejor puesta en escena del grupo Espacio Vacío Teatro. Finalmente, Lágrimas de agua dulce (dramaturgia original de Jaime Chabaud sobre cuento del mismo autor), fue una puesta en escena emprendida por la actriz michoacana Ana Zavala con asesoría de la autora desaparecida ayer.

Una imagen de la obra Lágrimas de agua dulce, original de Perla Szuchmacher, con la que la actriz moreliana Ana Zavala ganó el primer lugar en la Muestra Estatal de Teatro de 2008.

La Secretaría de Cultura emitió un comunicado de prensa que dice, textual:

El pasado 10 de mayo el teatro en nuestro país se vistió de luto ante el fallecimiento de la maestra Perla Szuchmacher quien tuvo una importantísima aportación en el reconocimiento del teatro para jóvenes y niños en nuestro país. Como muestra, ella impulsó el Festival Internacional de Teatro para Niños “Telón abierto”. Durante el ejercicio de su profesión, la integrante del grupo 55 junto a Larry Silberman defendió la importancia que durante muchos años se negó al teatro infantil y mostró el lugar digno que merece entre un público familiar.
Asimismo, su empeño en la conquista de un creciente público infantil ante propuestas de teatro serias y lúdicas, le valió recibir en vida diferentes reconocimientos a su labor creativa, pedagógica, dramatúrgica y de dirección escénica.
Particularmente para el estado de Michoacán, la experiencia y el compromiso de la creadora, significó un claro enriquecimiento al quehacer escénico, ya que mantuvo asesorías al Programa de Teatro Escolar durante varios años con el Grupo 55 (en el que hizo dùo con Larry Silberman), las cuales le permitieron fortalecer trabajos como “Todo de a dos”, “El muerto todito” y posteriormente emprender la asesoría de dirección del montaje “La Nave” y dirigir a la actriz Ana Zavala, como becaria del Sistema Estatal de Creadores, en el monólogo "Lágrimas de agua dulce".
Quizá una de las características que definió a la dramaturga y directora argentina, radicada en México, fue su generosidad y su inteligente visión para el teatro infantil, por ello y por su invaluable contribución a las artes escénicas de la entidad, la Secretaría de Cultura de Michoacán a través del Departamento de Teatro, rendirá un homenaje a la labor de Perla Szuchmacher, dedicándole la próxima Muestra Estatal de Teatro, a realizarse del 18 al 27 de junio próximos.
Durante el escaparte escénico del teatro michoacano se presentarán las obras "La Nave", "Lágrimas de agua dulce" y "Vieja el último", puestas en escena que permitirán acercar a la comunidad teatral y al público en general, al ejercicio de la profesión que encaró con dignidad y compromiso la maestra Perla Szuchmacher
.


Elí Ramsés Figueroa formula observaciones de último minuto con los actores antes de correr el ensayo general, este lunes en la EPBA centro.

Los alumnos de un colegio juegan y fantasean con los prototipos de “héroe” propios de la televisión y los videojuegos, poco antes de participar en la obra Todos los héroes del bicentenario. Su intervención en esa puesta les permitirá repasar las lecciones de historia sobre la independencia de México, pero también empezar a comprender la verdadera naturaleza del heroísmo.
En estos términos se cumple la historia de Todos los héroes del bicentenario (original del chilango Miguel Ángel Tenorio), con la que el grupo Cacofonía representará a Michoacán por segundo año consecutivo en el Encuentro Nacional de Grupos Infantiles de Teatro.
La puesta se estrenó la semana pasada en Morelia, en el escenario del teatro Stella Inda, del IMSS y este lunes se emprendió un ensayo general con público en la sala Silvestre Revueltas, de la Escuela Popular de Bellas Artes. El miércoles 5 se ofrece una función en el pabellón Bicentenario de la feria de Michoacán.

“Dice doña Josefa…”
Concebida como juego celebratorio, Todos los héroes de la Independencia procura, ante todo, que el tema histórico sea atractivo para las generaciones jóvenes a las que está dirigido. Acude a varios recursos para alcanzar ese fin: la música electro, una sana dosis de irreverencia, la inventiva manipulación de mínimos recursos escénicos (esos banquitos polisémicos, que lo mismo son asientos que bazookas, caballos, cascos o trincheras a lo largo del trabajo), breves cuadros coreográficos y un lenguaje fresco, correspondiente a la edad de los personajes, que son alumnos de secundaria.
Mientras, la reconstrucción histórica se concentra en el momento en que la conspiración de Querétaro es descubierta y doña Josefa, La Corregidora, formula la encomienda de que se avise de inmediato de los hechos al cura de Dolores, Don Miguel Hidalgo.
“Dice doña Josefa que no dejemos la independencia para mañana si la podemos hacer hoy”, es el mensaje que, como muchos otros, será transmitido a los cabecillas del movimiento por mujeres de la servidumbre.

Feminidad y actualidad
Pero a propósito de esto, es importante destacar la importancia que en la puesta se le otorga a los papeles femeninos, con todas esas mujeres que, ya indígenas, criollas, sirvientas o esposas, representan la correa de transmisión de los acontecimientos, sin cuya intervención toda acción, toda revuelta, toda lucha habrían sido imposibles.
Pero el mensaje tampoco es una mera ilustración histórica, sino un acicate para que hagamos nuestro, hoy, el sentido del mensaje transmitido por la Corregidora. En este sentido, la dramaturgia del autor de En español se dice abismo, Galileo y sus amigos y En boca de todos, Bocanegra, entre otras, también posee cierto rasgo contestatario que le da un atractivo adicional.

Retos en escena
La puesta tiene una buena dirección de escena y algunos tratamientos sobresalientes, como su explícito ludismo a la hora en que los personajes juegan con los banquitos, a los que transforman en media docena de objetos y seres distintos.
La cuestión actoral ya es otro asunto, especialmente si se pone en perspectiva el hecho de que Cacofonía es una compañía que ya está cumpliendo un año desde su formación (debutaron con La historia del príncipe que tenía que trabajar para seguir siendo príncipe, el año pasado, también para representar a Michoacán en el Encuentro Nacional de Grupos Infantiles de Teatro (aquella vez en Campeche, esta vez en Hidalgo).
Desde este punto de vista, aunque se advierte un avance general en el trabajo con los niños (cuya participación también se ha concentrado, pasando de diez a seis integrantes), sigue faltando un componente de frescura, de juego en escena… es decir, de un ejercicio de dirección de actores que responda con mayor fidelidad a cuanto significa trabajar con niños en el escenario.
Tanto María Elena como Ramsés han tenido experiencias muy sobresalientes en el teatro moreliano reciente, con títulos como La historia de infancia de Nuc y Round de sombra, pero en lo que atañe a su faceta de teatro infantil (un ámbito muy demandante) les es preciso trabajar mucho más.

Currículum del grupo Cacofonía


2008 Seleccionados para asistir al IV Encuentro Nacional de Grupos Infantiles de Teatro, para representar al estado de Michoacán, en San Francisco de Campeche, Campeche con la obra: “El príncipe que tenía que trabajar para seguir siendo Príncipe” de Miguel Ángel Tenorio, adaptación de Perla Szuchmacher y Ramsés Figueroa. Dirección de Ramsés Figueroa y María Elena Barrientos O.
2008 Asistencia al Taller para directores de Grupos Infantiles de Teatro. CONACULTA, INBA. Alas y Raíces. México D.F. Diciembre.
2009 Asesoría escénica en el montaje el “Príncipe que tenía que trabajar para seguir siendo Príncipe” por la dramaturga y directora de Teatro para Niños Perla Szuchmacher.
2009 Taller de Títeres para los niños integrantes de la compañía Cacofonía, en el marco del IV Encuentro Nacional de Grupos Infantiles de Teatro.
2009 Participación de los niños en el 2do Coloquio de la Muestra Estatal de Teatro. SECUM. Foro La Bodega. 23 de Junio. Morelia, Mich.
Funciones de la obra “El Príncipe que tenía que trabajar para seguir siendo Príncipe”
2009 Estreno. 2 de Abril. Teatro Ocampo. Morelia, Michoacán.
2009 Funciones 4, 5, 17 y 18 de Abril. Teatro Stella Inda (IMSS). Morelia, Michoacán.
2009 IV Encuentro Nacional de Grupos Infantiles de Teatro. 23 de abril. Teatro de la Ciudad Francisco de Paula y Toro. San Francisco de Campeche, Campeche.
2009 Día Mundial Contra el Trabajo Infantil. 12 de Junio. DIF de Uruapan. Uruapan, Michoacán.
2009 Muestra Estatal de Teatro. 21 de Junio. Foro “La Bodega”. Morelia, Michoacán
2009 Seleccionados para asistir al V Encuentro Nacional de Grupos Infantiles de Teatro 2010. Obra: Todos los héroes del Bicentenario. Autor: Miguel Ángel Tenorio. Co-dirección: María Elena Barrientos y Ramsés Figueroa.
2009 Asistencia al Taller para directores de Grupos Infantiles de Teatro. CONACULTA, INBA. Alas y Raíces. México D.F. Diciembre.



Algunos momentos de la puesta Todos los héroes del Bicentenario.

S a n t o y s e ñ a

Todos los héroes del bicentenario

Dirección: María Elena Barrientos.
Dramaturgia: Miguel Ángel Tenorio.
Con: Montserrat Haro (Miguel Hidalgo y Niña 1). Jacqueline Guadalupe Reyes (Josefa Ortiz de Domínguez y Niña 2). Jazmín Reyes (Abasolo, Concha, Pancha y Niña 3). Leonardo Pablo Leyva (Don Miguel el Corregidor, Hombre 2 y Niño 1). Carlos Leonardo Maupomé (Allende, Hombre 3, El General y Niño 2). Luis Fernando Herrera (Aldama, Hombre 1, Muchacho y Niño 3.
Adaptación, diseño de escenografía, iluminación, edición musical y asistencia de dirección: Elí Ramsés Figueroa
Entrenamiento vocal: Lucía Díaz
Diseño de vestuario: Pamela Pulido
Apoyo técnico: Jaime Rojo Noguerón
Producción: Alas y Raíces de Michoacán
Productora ejecutiva: María Elena Barrientos
Asesoría: Carlos Converso

RECURSOS EN LA WEB
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El teatro de Morelia en video


La actriz en la Capilla Gótica del Centro Cultural Helénico durante la velada inaugural de la puesta en escena.

Una mesa con libros, un telescopio, un hábito que aguarda colgado e imponente, así como un atril con una edición incunable, son los elementos con los que Alma Muriel desarrolla el monólogo Para ti… Sor Juana, que se estrenó este domingo 2 de mayo en La Capilla Gótica del Centro Cultural Helénico de Conaculta.
“Este es un espectáculo para ir más allá del análisis y el pensamiento rígido, es una invitación a sentir con el corazón el pensamiento de una de las grandes mujeres que cimentaron nuestra cultura”, afirmó Alma Muriel durante la escena introductoria de esta obra.
Durante más de una hora, la actriz, quien sube al escenario desde la sección central de la Capilla Gótica, narra algunas de las andanzas de Sor Juana, desde su niñez hasta la madurez.
“Aún recuerdo cuando a la edad de tres años comenzó mi curiosidad por los libros y desde entonces sentí el fervor por aprender a leer”, refiere el personaje al evocar sus vivencias al amparo de su familia hasta el momento en que llega a la capital con la intención de entrar a la Universidad.
El montaje de este monólogo ha sido realizado con el apoyo del Conaculta, a través del Centro Cultural Helénico y el Instituto Nacional de las Mujeres. La producción corrió a cargo de Luisa Muriel, Alejandro Medina y Antonio Escobar, la asesoría escénica es de Natalia Carriazo, la música de Aurelio Tello y la adaptación dramática de la propia Alma Muriel.

“La sed de aprender”
“Es un trabajo sobre la sed de aprender de una mujer que vivió hace más de 300 años y que casi pierde la vida por este afán. En esa época poca gente tenía acceso a la educación. Los libros nos enriquecen, nos acompañan, nos divierten y nos emocionan y de ahí la importancia de apreciarlos y acercarnos a ellos ahora que los tenemos al alcance de la mano”, afirmó Alma Muriel.
En el espectáculo se incluyen fragmentos de algunas cartas de Sor Juana, como aquella catalogada como Respuesta a sor Filotea de la Cruz, así como los poemas Detente Sombra, Esta tarde mi bien, Este amoroso tormento, Dime vencedor rapaz, Cogióme sin prevención, Finjamos que soy feliz y Al que ingrato me deja, busco amante.
Mientras narra las experiencias de Sor Juana en los conventos donde se entrega a la lectura, Alma Muriel complementa los textos mencionando el marco histórico en el que se desarrollan los pasajes, además de subrayar la difícil situación de las mujeres que deseaban acceder al conocimiento, pero estaban impedidas a hacerlo por la moral retrógrada de la época.
El público reunido en la Capilla Gótica celebró con un gran aplauso la presentación donde Alma Muriel ofreció algunos fragmentos intensos que dan cuenta que, además del afán de conocimiento, Sor Juana fue también una permanente buscadora del amor.
“Es un trabajo para remontarse en el tiempo y descubrir esa otra cara de Sor Juana, fuera de los acercamientos académicos. Las nuevas generaciones deben saber sobre el legado y la valentía de esta mujer adelantada a su época que sin duda encontró en los libros y las palabras las maneras de obsequiarnos un vistazo a la riqueza y fortaleza de su alma”, concluyó Alma Muriel.
Para ti… Sor Juana, se presenta todos los domingos, hasta el 30 de mayo, a partir de las 18:00 horas, en La Capilla Gótica del Centro Cultural Helénico (Avenida Revolución 1500, San Angel Inn).

José Refugio García y Silvia Noguerón en una imagen de La huida. Imagen tomada del blog de la puesta en escena.

Este miércoles cinco de mayo se estrenará en Morelia la puesta en escena La huida, un proyecto de la agrupación teatral moreliana “Espacio Vacío”.
En su temporada inaugural se ofrecerán seis presentaciones los días 5, 6 y 7 en función doble (a las 18:00 y a las 20:00 horas), en el foro La Bodega Alterna (20 de noviembre 871, centro histórico). El precio de admisión es de 60 pesos.
Este proyecto fue seleccionado para participar en el Diplomado de Dirección Escénica y Producción “Prácticas de vuelo”, bajo la dirección de Gunnary Prado y con la producción de Erandini Alvarado.
La huida es una de las piezas teatrales más conocidas y mejor valoradas del escritor chino Gao Xingjian (premio Nobel de Literatura en el año 2000).
Uno de los hechos de interés en torno a La huida es que, debido a este texto, el gobierno chino vetó las obras de Xiangjian en aquel país, ya que la obra recrea y reflexiona críticamente acerca de la matanza de estudiantes en la plaza de Tiananmen en 1989.
Desde esa referencia anecdótica, La huida plantea temas de gran vigencia en el mundo contemporáneo: la soledad, la libertad y la presencia de la mujer en los escenarios sociales y políticos.
La historia nos muestra a tres personajes que logran escapar de los militares, en la plaza Tiananmen y, ocultos en un almacén abandonado, comparten las horas previas al amanecer como si fueran las últimas de sus vidas.
Desde lo inmediato, La huida nos permite aproximarnos al contexto histórico y político actual de China, interpretado desde la perspectiva de un autor considerado “maldito” para el Partido Comunista Chino (Gao tiene ya 20 años exiliado en París). Pero desde una perspectiva más universal el texto expresa problemas de nuestra época que no son ajenos para nuestra nación. De allí la pertinencia del ejercicio. Vale la pena darse un tiempo para acudir a alguna de las funciones.
En el proyecto participan los actores José Refugio García (Hombre), Alejandro Sosa (Hombre Joven) y Silvia Noguerón (Mujer Joven). La dirección es de Gunnary Prado y la producción recae en Erandini Alvarado. En otros créditos, el diseño escenográfico y vestuario es de Ana Lourdes López; el diseño y realización de video corresponde a Alán Quiroz y Ana Lourdes López; la sonorización y música original son de Eros Ortega y la iluminación la ha emprendido José Luis Pineda Servín.

Después del diluvio. Tinta del autor visual y escritor Gao Xingjian, premio Nobel de literatura 2000.

Gao: palabra de autor

En una entrevista difundida en español en la internet por la revista electrónica “Asiared” y por el “Observatorio de la Economía y la Sociedad China”, en 2007, el periodista español Dani Triadó entrevistó a Gao Xingjian acerca de la dramaturgia de La huida. A continuación, lo esencial del documento:
“La huida es el destino del hombre” y “el hombre está en huida permanente”. Estas son algunas de las ideas que esgrime y defiende uno de los personajes de La huida. ¿Significa eso que no hay esperanza ni salvación?
– Yo pienso que nos vemos empujados a huir permanente de la tiranía de la política, pero hay algo de lo que no podemos huir: de nosotros mismos. ¡Eso es muy dramático! Pero estamos obligados a hacerlo. El problema reside en si nos damos cuenta, es decir, de si somos conscientes del hecho de que existe esta huida.
En un momento de la obra, la protagonista femenina empieza a divagar para evadirse de lo que sucede en el exterior (la opresión violenta, por parte del ejército, de una rebelión). ¿Es esa una forma de huida mental?
– Esta mujer huye de una presión sangrienta. Pero de hecho, los tres protagonistas de La huida huyen, aunque cada uno lo hace a su manera. Lo que ocurre es que este personaje, como mujer, se ve obligado a hacer frente a un universo distinto al de la tiranía política pero igual de agresivo: el masculino. No sólo existe la violencia o la opresión política sino que también existe la agresividad masculina. Esta es una huida particular a la que se ven obligadas a hacer frente, no este personaje, sino todas las mujeres.
La huida provocó la censura y prohibición de sus obras en China, pero este texto es también muy crítico con los movimientos de protesta a favor de la democracia…
– Considero que muchos de estos movimientos son estupideces infantiles. Hay en ellos una vertiente muy infantil, protagonizada por una juventud rendida a la pasión. Ante una amenaza abrumadora uno debe de ser capaz de huir porque, si no, si empujamos a la gente a rebelarse, convertiremos en víctimas a mucha gente y eso no es ninguna salida plausible a nada.
Entonces, ¿no debemos luchar por la democracia?
– Debemos reivindicar la democracia porque no todo el mundo puede acceder a ella. Pero ante un poder totalitario hay que seguir una estrategia de lucha. No ir ciegos, sino afrontar las reivindicaciones de forma inteligente.
¿Considera entonces que los estudiantes de Pekín no deberían de haberse rebelado contra el Gobierno de Deng Xiaoping en 1989?
– Los universitarios que protagonizaron los sucesos de la plaza de Tiananmen en 1989 tenían las manos vacías, no tenían nada y la población no los apoyaba. Se presentaron ante el ejército, que estaba armado hasta los dientes y dispuesto a aplastarlos. En casos así, uno debe de ser capaz de dar marcha atrás.

El escritor y dibujante Gao Xingjiang en una imagen reciente.

Algo de las letras de Gao

Quién sabe cuántos de ustedes hayan tenido la oportunidad de acercarse a las letras del Nobel chino de Literatura, quien también es un sobresaliente pintor y dibujante.
Precisamente a raíz del Nobel que recibió hace diez años, buena parte de sus obras, particularmente sus cuentos, fueron traducidas prolijamente al español
Quizá el rasgo más original de la prosa de Gao consiste en que tiene muy pocos detalles que distraigan. El autor se concentra constantemente en sus cuentos en plasmar contrastes emocionales, y el efecto que provoca el autor es muy curioso.
A semejanza de esos finos y precisos navajazos, que sólo duelen y dibujan su hilo rojo cuando el instante del corte ha pasado, los relatos de Gao Xingjian tienen la cualidad de tomarse su tiempo para revelarse y tocar.
De primera mano parecen simples, porque Xingjian evita tanto el argumento completamente desarrollado como la retórica poeticista. En rigor, apenas deja algo para preguntarnos qué es lo que ha sucedido en lo que leímos. En la lectura de primera intención, Gao siempre es curiosamente opaco, casi diría que insípido. Pero sus cuentos son de esos que van creciendo dentro de uno. Y si uno les permite echar raíces de esta manera, pueden inquietarnos, conmovernos o atormentarnos durante mucho más tiempo del que nos tomó leerlos.
La huida representa la segunda ocasión que una obra de Xingjian se presenta en Morelia. En octubre de 2009, en el VII Festival Internacional de Cine de Morelia, el cineasta Mathías Meyer ofreció su versión fílmica de un cuento de Gao:
El calambre, que no corrió con mucha fortuna a pesar de haber sido una experiencia valiosa en su intención de apropiarse no sólo de los temas y la prosa del autor, sino de su estética visual.

S a n t o y s e ñ a

La Huida

Dirección: Gunnary Prado C
Dramaturgia: Gao Xingjian
Con: José Refugio García - Hombre. Alejandro Sosa - Hombre Joven. Silvia Noguerón - Mujer Joven
Producción: Erandini Alvarado V
Diseño escenográfico y vestuario: Ana Lourdes López G
Diseño y realización de video: Alán Quiroz y Ana Lourdes López G
Sonorización y música original: Eros Ortega O
Iluminación: José Luis Pineda Servín
Publicidad: Julián Domínguez.
Producción: Instituto Nacional de Bellas Artes y Grupo Espacio Vacio Teatro.


Algunos momentos de La Oscuridad en su función de medianoche, el 29 de abril.

Es cierto. Como sociedad, cada vez estamos más obsesionados con el sufrimiento. El sufrimiento de los demás, claro. “El terror se disfruta… cuando es otro el que lo padece”.
Desde esta premisa, En la oscuridad procura conducir a sus últimas consecuencias la idea de que nos hemos desensibilizado tanto, inmersos como estamos en un mundo que se entretiene con el asesinato, el caos, y la destrucción, que nos hemos convertido en los voyeurs del dolor de los demás.
La puesta en escena se estrenó durante una premier de medianoche el pasado 29 de abril. La puesta ha sido el examen de dirección escénica de Manuel Frías, alumno del cuarto año de la carrera de teatro en la Escuela Popular de Bellas Artes.
La obra, adaptada por el propio Frías, se inspira en el cuento corto Dread (Temor), escrito por el autor norteamericano Clive Barker en 1984 y aparecido en la antología Los libros de sangre, que es uno de los títulos más populares del compadre de Stephen King.
Han participado en el trabajo los actores Abril Cira (Carmen / Sheryl en el texto original), Javier Bravo Ortega (Jorge / Stephen en el texto original) y José Refugio García (Santiago / Quaid en el texto original).
Una casa particular habilitada para la experiencia ha brindado una buena experiencia a lo largo de casi una decena de cuadros que se desarrollan en cuatro distintos espacios del inmueble (incluyendo la recepción a los invitados, momento durante el cual ya se echa mano de recursos teatrales para preparar la atmósfera).
Actoralmente, Cuco García nos ha dado, en esta ocasión, al personaje más débil al encarnar a un alevoso estudiante de filosofía obsesionado por la idea de explorar el miedo omnipresente en el alma humana y de llevar hasta el umbral experiencias sadomasocas. Al filo de lo rescatable, su trabajo vocal ha sido el elemento más comprometedor. Abril sale adelante con eficacia ("¡Pero si nada más grita!", me observaba alguien... Bien, es cierto. Pero grita muy bien). Javier Bravo está en el justo medio, pero es evidente que el trabajo necesitó en su momento de un periodo de ensayos más amplio (situación que ahora deviene en la necesidad de que la obra se crezca al castigo, sobre la marcha, lo cual no suele ser deseable, aunque tal proceso siempre es beneficioso... duro, pero beneficioso).
Mientras, en términos de dirección de escena, ha habido un buen aprovechamiento de los espacios y de sus posibilidades de juego y de expresión. Evidentemente, la obra crecerá si tiene la alternativa de correr una temporada. Por el momento, hay que pulir su ritmo y su unidad, pero en su conjunto la experiencia es aceptable. También vale la pena destacar el trabajo de adaptación, que ha procurado quedarse con lo indispensable para explorar y jugar con sus posibilidades.


RECURSOS EN LA WEB
Ve este video con un formato más amplio en Youtube, en el canal El teatro de Morelia en video

Las pianistas interpretan a cuatro manos una obra de Ravel durante la parte final del concierto en Alterdans.

Cuatro integrantes del ensamble Mousse Ik, de Morelia, ofrecieron un recital el viernes 30 de abril en el centro de arte Alterdans, de Cristina Iriarte Sauyer. El programa comenzó a las 20:00 horas y se conformó por una decena de temas de autores como Schumann, Pergolesi, Mozart, Chopin, Bach, Scriabin, Giuliani y Mussorgsky.
El concierto formó parte de las actividades que emprende el foro Alterdans para brindar espacios de expresión a autores jóvenes, que en la mayoría de los casos todavía continúan sus estudios de formación artística. Es el caso de las integrantes de Mousse Ik, quienes aún se encuentran cursando estudios de música en la Escuela Popular de Bellas Artes, en la capital michoacana.
En el concierto participaron Dariana Magaña y Lizeth Maupomé (piano), así como Alma Dunya Girón (guitarra) y Georgina Espinosa Ortiz (corno francés). Alma procede del Conservatorio de Las Rosas, donde estudió durante cuatro años antes de ingresar a la EPBA, de la que está a punto de egresar. A su vez, Dariana comenzó su formación en el Cedart Miguel Bernal Jiménez y también está por concluir la carrera. Lizeth y Georgina se encuentran apenas a mitad de la carrera, en la EPBA.

EN VIDEO
Aspectos del recital en Alterdans.


“El mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar”.
José Ortega y Gasset

“La vida de los muertos está en la memoria de los vivos”.
Cicerón

“Hay ciertas pistas en la escena de un crimen que por su naturaleza nadie puede recoger o examinar. ¿Cómo se recoge el amor, la ira, el odio, el miedo…? Son cosas que hay que saber buscar”.
Dr. James T. Reese

Una imagen de La historia de infancia de Nuc como se exhibió en la Muestra Estatal de Teatro 2008, en Morelia.

En alguna comunidad del mundo rural mexicano y apenas adolescente, de luciditos 12 años, la pequeña Nuc ha sido vendida y entregada en matrimonio a John, el sobrino gringo del “señor Smith”, un conocido del pueblo. El esposo muestra pronto su verdadera naturaleza: es un traficante de pornografía y “anda como un tigre hambriento”. Abusa de la niña, la fotografía. También la convierte en objeto de su brutalidad; la golpea y la maltrata ante la indiferencia de la comunidad, que cierra los ojos a cuanto sucede. Libre para actuar a su antojo, John terminará asesinando a Nuc y arrojando su cadáver al río.
Ahora, el pueblo de Nuc vive atormentado. El espíritu de la niña muerta habita entre las gotas de agua. Su tristeza se derrama en una permanente lluvia que amenaza desencadenar una tragedia para los campesinos de la región. ¿Cómo restaurar el orden de un mundo natural que ha sido roto por las trasgresiones de la crueldad humana?
De esto se ocupa la tragicomedia La historia de infancia de Nuc: de cómo se convirtió en fantasma y de cómo descubrió que era una niña eterna (Elena Guiochins, 2006), en dirección de María Elena Barrientos y Ramsés Figueroa. La obra se estrenó en Morelia hace dos años, en 2008; participó en la Muestra Estatal de Teatro de ese año y aunque no obtuvo premio, sino mención honorífica, tanto el exquisito texto de Guiochins como el trabajo de los jóvenes universitarios egresados de la Escuela Popular de Bellas Artes resultaron toda una revelación.
Recuperar esta pequeña joya del teatro michoacano reciente es una excelente manera de reiniciar las actividades de este blog. Vean el video, más adelante; descubrirán que vale muchísimo la pena.

Exorcismo y expiación
Dice el sacerdote del pueblo, durante el rito de exorcismo con el que abre y cierra la obra: “Nuestra niña está enojada. Nuestra niña está destruyendo el mundo con sus aguas. Se oye rugir a la lluvia. ¡Abre los ojos, Nuc! ¡Y perdónanos! Despierta a ver tus ofrendas. Evítanos más desgracias”.
La obra en sí es un exorcismo. Pero debo acotar la palabra; tiene demasiados ecos prestados del pensamiento cristiano, con sus demonios y sus posesos. En Nuc, en cambio, el rito es un supremo acto de toma de conciencia de parte de la comunidad, que nada hizo cuando pudo salvar a la pequeña, y que ahora asume sus culpas. Sucesivamente veremos en tal proceso al anciano sabio de la aldea y al joven que representa a la comunidad, así como a la propia madre de la niña, cuyo personaje cumple un arco particularmente intenso: comenzó ignorando a su pequeña cuando estaba viva, pero ante la Nuc muerta podrá desahogar su desaliento y toda su ternura fracasada. Así se volverá consciente al fin, describiéndolo, del yugo que la ciñe por el hecho de ser mujer.
La obra se desarrolla desde una narración “no lineal”. A lo largo de una sola noche, la del exorcismo, el tiempo escénico se bifurca en dos: el tiempo ritualizado del conjuro y el tiempo idealizado de los recuerdos, a través de los cuales Nuc reconstruye la tragedia que vivió. Ambas líneas avanzan y llegan a su clímax en el cuadro en el que la madre de Nuc acude a las orillas del río y allí, en “tiempo real”, dialoga con la sombra de su hija y pone en orden su corazón. Es así como el espíritu de Nuc es liberado de su pena.

Etnias, infancia, femineidad
La desgracia de las etnias en México consiste en que el Estado Mexicano, una vez consumada la Independencia, asumió la tesis de que, para ser un país moderno, México tenía que dejar de ser un país de indígenas. Esta idea no ha variado en doscientos años y ella misma es heredera del pensamiento de tres siglos de dominio colonial.
Oficialmente, el Estado y sus distintos instrumentos de gobierno afirman trabajar a favor del pluriculturalismo. Esto es así, sobre todo, en una época como la actual, en la que las palabras “democracia” y “tolerancia” son proferidas como panacea para todos los males. Pero los esfuerzos reales que se emprenden en ese sentido son diminutos. Poco o nada pueden hacer contra las grandes mareas globales que han ido uniformando los gustos, las costumbres y la idiosincrasia de los pueblos del orbe a un modelo exclusivo: el impuesto por el modo de vida de las clases medias mestizas occidentales.
Desde un contexto sociopolítico, La historia de infancia de Nuc es una obra muy atenta a estos hechos. Su contexto da cuenta de la situación en que vive la mayoría de los pueblos indígenas nacionales (56 grupos étnicos en el país), con sus ancestrales rezagos en materia de salud, vivienda, educación y derechos patrimoniales. Pero lo significativo del texto de Guiochins es que se ocupa de explorar un tema inédito en la escena, y que se suma a los de pobreza extrema, hambre, insalubridad, inseguridad, violencia, destierro, analfabetismo y desempleo. La historia de infancia de Nuc se ocupa del asunto de la explotación sexual de los niños indígenas (algo que en polos turísticos como Cancún, en el sureste mexicano, es pan de todos los días).
El anterior va estrechamente urdido a otro tema: el de la discriminación hacia la mujer a partir de las actitudes autoritarias, la mentalidad patriarcal y el machismo: actitudes que determinan el papel y el lugar de lo femenino en sociedades como las de América Latina.
He aquí, pues, la exposición de un sistema de control y dominio profundamente arraigado en la mentalidad de nuestras sociedades, en donde mujeres y niños son vistos como objetos y no como personas con derechos y libertades. El panorama se ha ido envileciendo durante las últimas dos décadas con el auge de esa forma de explotación llamada “turismo sexual”, en el que la mayoría de las víctimas que son violentadas sexualmente, prostituidas y explotadas son mujeres, casi todas adolescentes e incluso niñas.
Un informe de la UNICEF emitido en 2008 durante un congreso internacional en Río de Janeiro, indicaba que, en ese entonces, cada día cinco mil 472 niños y adolescentes menores de edad sufrían de explotación sexual en países que integran América latina y el Caribe. La estadística es fuerte: significa que cada hora son ultrajados sexualmente 228 menores de edad en el continente.
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La actriz Nora Lucía Díaz en el papel de la madre de Nuc / Fotos en este post: cortesía de Ramsés Figueroa.

El pensamiento mágico
Lo mejor de La historia de infancia de Nuc es que, aunque no es ajena a ninguno de estos hechos, tampoco los aborda como panfleto; ni siquiera como un espejo que “refleja” una realidad. Remontando ambas posibilidades, esta tragicomedia amplía su mirada social para dotarla de un sentido cósmico, sagrado.
Esto es importante.
Continuamente, el trabajo oscila entre el plano de una circunstancia humana (inmanente), con toda su carga social y aún política y el plano de lo sobrehumano (lo trascendente), en el que cada diminuto acto de los hombres tiene una consecuencia en el mundo como totalidad.
Vemos así, por ejemplo, que la lluvia que asuela al pueblo de Nuc es un símbolo de fecundación terrenal, pero también es una suprema expresión del llanto. Es, asimismo, una manifestación de la urgencia por lavar una culpa, por redimir un error.
Con una poética intensa y precisa, en esta obra la pequeña Nuc actúa al compás de las aguas en las que se ahogó. Canta en el rumor del río pero también se anuncia, amenazante, en la lluvia permanente que se derramar sobre la región.
Es por este vínculo mágico entre la acción cotidiana y los grandes ciclos naturales, entre la voluntad humana y los equilibrios de la naturaleza desde una perspectiva numinosa, que la obra resulta tan intensa. Esta es también la razón por la cual las tensiones del drama culminan con la acción decisiva de los habitantes del pueblo de “darse cuenta”: de asumir la resignación, la ira, el dolor y comprender la culpa de quienes escucharon a la niña pedir ayuda, porque su marido andaba “como tigre hambriento” y no hicieron algo para ayudarla.
Habrá quien diga, con desdén, que una puesta de este tipo coloca al espectador en una cierta posición infantil y reduccionista: la de aceptar sin condiciones la posibilidad de lo mágico, el fenómeno milagroso. Esto no es así. Lo que realmente hace esta obra es colocarnos, como una auténtica “rara avis”, de cara a uno de los estilos narrativos más difíciles de conseguir: el estilo trascendente.

El estilo trascendente
Han pasado casi cuarenta años desde que, en 1972, Paul Schrader articuló analíticamente las características de lo que hoy se conoce en el cine como el “estilo trascendental”, que consiste en la revelación o expresión de lo sagrado, de lo Numinoso en la existencia.
Y aunque la categorización que emprendió Schrader responde específicamente al lenguaje del cine (de hecho, la concibió estudiando los filmes de Ozu, Dreyer y Tarkovski), sus índices son aplicables a cualquier otro arte discursivo. En este sentido, La historia de infancia de Nuc cumple con una estructura en la que están presentes los tres requisitos de ese estilo: su desarrollo entre las estaciones de lo cotidiano, la disparidad y la estásis.
Siguiendo a Schrader, lo cotidiano plasma los momentos comunes de la vida con sus resonancias existenciales, culturales, políticas y sociales. Este punto de partida nos prepara para un hecho difícil de explicar o milagroso, que se manifiesta a través de las estructuras de representación de lo rutinario, lo familiar y lo cercano.
A esta manifestación corresponde la disparidad, que no es sino una suma de elementos poéticos que nos permiten atisbar una realidad distinta que respira a través de lo aparente. Las metáforas son indispensables en esta operación, en la que se plantea una relación intrigante entre el mundo de lo humano y el mundo natural
La disparidad en el estilo trascendental se cierra con la acción decisiva, escribe Schrader, que nos conduce a “una explosión de emoción espiritual totalmente inexplicable dentro del contexto de ‘lo cotidiano’…”. La disparidad se basa también en un sufrimiento profundo que se da en medio del conflicto humano.
Finalmente, la tercera y última fase del estilo trascendental, la estásis, es una mirada reposada y casi estática de la vida que trasciende la disparidad. Muestra de qué manera el ser humano vuelve a ser unidad con la naturaleza (y a través de ella, con “el espíritu”, con todo lo que es sagrado) y devienen una sola entidad. Por ello, lo que rodea al hombre deja de verse de la misma manera. Así, Nuc ha sido humana, pero se convierte en un elemento más de la unidad del cosmos. Es la “niña-lluvia”, la “niña-agua”. La clave –al final de la obra– de un orden que puede ser (y será) restablecido.

La buena puesta
Una excelente escenografía, económica y eficaz, que no precisa más que una enorme tela impresa a la usanza del batik en el piso, semejando la tierra; un cortinaje de carrizos al fondo y un tronco para distintos usos, es la plataforma del trabajo que, lúdicamente, también apela entre sus recursos a una diminuta casita de juguete con la que Nuc evoca el hogar que compartió con John.
El concepto de la puesta no es propiamente minimalista, pero está muy depurado en sus elementos. A la vez, la dirección es pródiga, generosa, en su atención a los detalles de lo poco que hay. De esta forma (a través de la atención a los pequeños detalles) se consigue una experiencia intensa que accede a lo mágico trascendente para mostrarnos a una Nuc que se ha convertido en una niña-lluvia: ella es a la vez un reproche, un fantasma y un elemento del mundo natural, cuyos interminables y copiosos aguaceros están destruyendo el pueblo donde vivía.
Muy sobresaliente, asimismo, la música de Eros Alexis Ortega, que comprende bien el sentido onírico del trabajo y sugiere sin ilustrar. El compositor propone una música de requintos glisados y vestidos electroacústicamente para obtener una atmósfera abierta a permanentes y dinámicas sugerencias de sentimiento.
Uno de los mejores momentos del teatro moreliano de hace dos años, que transcurre en el lapso de una noche, mientras la comunidad emprende un ritual para expiar la culpa de una indiferencia colectiva que hizo posible la tragedia y convoca al espectro para que encuentre la paz. La obra se estuvo presentando en breves temporadas hasta ya entrado 2009 en un formato de teatro de cámara en el foro La Capilla de la Casa de la Cultura de Morelia.

EN VIDEO


Una edición condensada en video de la puesta en escena de La historia de infancia de Nuc.

S a n t o y s e ñ a

La historia de infancia de Nuc: de cómo se convirtió en fantasma y de cómo descubrió que era una niña eterna

Dirección: María Elena Barrientos y Eli Ramsés Figueroa.
Dramaturgia: Elena Guiochins
Con: Yury Gómez (Nuc), Jaime Noguerón (John), Bernardo Villarreal (Anciano), Lucía Díaz (Madre de Nuc) y Manuel Martínez (Relator)
Diseño escenográfico: María Elena Barrientos
Realización escenográfica: Lucina Gonzáles
Casita de juguete: Angélica Cabrera Sanabria
Iluminación: Hassam Díaz Hierro
Apoyo técnico: David Ramírez
Musicalización: Eros Alexis Ortega Ortiz
Diseño de vestuario y maquillaje: Freddy Valdovinos
Realización de vestuario: Venus Solorio
Bisutería: José Manuel Álvarez (“Chester”) y Jaime Noguerón
Diseño de cartel: Jaime Noguerón
Entrenamiento actoral: Eli Ramsés Figueroa Zúñiga
Producción general: María Elena Barrientos

RECURSOS EN LA WEB
La explotación sexual de niños, niñas y adolescentes en América Latina
Esta es la segunda edición de un documento emitido en 2004 por el Instituto Interamericano de la Niñez, que es un organismo dependiente de la Organización de Estados Americanos (OEA), especializado en monitorear el tema.

La Adelita (Ingrid Linuet Nava Tovar) y el Valiente (Quetzalcóatl Rodríguez del Río) en Estampas.

Como parte de las dramaturgias michoacanas presentes dentro del ciclo de lecturas dramatizadas dedicado al bicentenario de la Independencia y al centenario de la Revolución, el Colectivo Artístico Morelia ha participado en el programa con Estampas (José Luis Rodríguez Ávalos, 1997), una obra híbrida que comparte índices del sociodrama y del sketch a partir de una serie de estampas que reflexionan sobre la palabra y la música como forjadoras de memoria, de costumbres, de identidad y de crítica.

El comparsa (José Luis Rodríguez Ávalos, también autor de la obra).

Todo entre tres
Con una pareja antitética y un comparsa, Estampas se erige sobre tres personajes: la Adelita (Ingrid Linuet Nava Tovar), el Valiente (Quetzalcóatl Rodríguez del Río) y el Comparsa (José Luis Rodríguez Ávalos).
Los dos primeros son convocados en el cuadro inicial por el comparsa en papel de pregonero, quien abre el espacio ritual de la puesta a partir del ludismo de la Lotería: ese juego construido a partes iguales de arquetipos y de azar, pero en el que esta vez aparecen además los retruécanos del ingenio popular.
Sin escenografía, los protagonistas sólo portan al pecho carteles que los identifican, “a la usanza del Teatro Campesino”, como detallaría previamente Rodríguez Ávalos.
Y aunque a lo largo de la puesta surcarán la obra diversos ejemplos de la canción popular, del corrido, del son y de la valona, tampoco hay algún predecible instrumento musical (la elección obvia habría sido una guitarra), sino apenas una subrepticia armónica que aparecerá fugazmente en uno o dos momentos, más ambientando que acompañando a alguna letra. Así pues, las canciones serán ofrecidas sin música, privilegiando la palabra y las cualidades de su fraseo natural.
La combinación de estos elementos construye una experiencia bien plantada en un costumbrismo que recrea modismos y usos, tanto existenciales y líricos, como políticos y culturales.
He aquí un teatro de estampas que, como describirá en algún momento la Adelita, “es algo así como retazos de historias que recuerdan hechos que pasaron, personajes, actos heroicos, un pueblo en lucha…”.
De este modo, respondiendo a los arquetipos de los que han sido extraídos, el Valiente se asume a sí mismo como “un hombre valeroso, bragado y entrón”. Sin embargo, en los hechos el personaje terminará revelándose como la encarnación del pensamiento más institucional y, en este sentido, conservador, pero sin perder los atributos del macho, parrandero y jugador, tan caros al prototipo nacional.
La Adelita, en cambio, será la manifestación de la conciencia popular más rebelde y contestataria. Aquella que constantemente pone en entredicho lo ya establecido y que no se conforma con la realidad tal cual (situación clara desde el siguiente diálogo en el que ella lleva la voz cuestionadora: “¿Dice que el pueblo mexicano no existe porque no sale en las fotos?”. “Fíjese bien: todo el mundo conoce a los mariachis y a los charros porque siempre estamos presentes a la hora de la foto”. “¿No será que nuestro pueblo hizo la independencia y la revolución en contra de los de las fotos?”. “¡Qué pasó, Adelita! ¿Aparte de peleonera va a salir revoltosa?”).
Desde este juego de caracteres en oposición, las discusiones y posturas de los personajes echarán a andar el anecdotario de canciones, refranes y apuntes a nuestra historia, con el comparsa dando voz a la letra de los temas que surcan el devenir nacional, desde los días de la independencia a nuestra época.

El director y fundador del Colectivo Artístico Morelia en la plática posterior a la función en el Colegio de San Nicolás.

México a través de su música popular
Son doscientos años de historia los que recorren las letras de canciones que integran Estampas.
La velada comenzará con una décima acerca del amor y con las estrofas del famoso A qué le tiras cuando sueñas, mexicano, de Chava Flores. Proseguirá dando un salto al pasado con el corrido postrevolucionario Juan sin tierra (cuyas líneas miran críticamente el destino del movimiento armado: “El general nos decía: ‘peleen con mucho valor / les vamos a dar parcela… cuando haya repartición’ / Gritó Emiliano Zapata: quiero tierra y libertad… / y el gobierno se reía cuando lo iban a enterrar. / Mi abuelo fue peón de hacienda, yo fui revolucionario, / mis hijos pusieron tienda y mi nieto es funcionario…”)
Seguirá una demostración de que el corrido, siempre asociado a la Revolución Mexicana, en realidad nació mucho antes, durante la Independencia. De ejemplo, un corrido insurgente que se hizo popular tras el heroico episodio en que las fuerzas de Morelos rompen el sitio de Cuautla y cuya estrofa final reza: “Por un cabo doy dos reales; / por un sargento, un tostón. / Por el General Morelos / doy todo mi corazón”.
Pero como el corrido no sólo se ha ocupado exclusivamente de las grandes épicas, sino también de narrar los diminutos dramas personales, también hay espacio para la rima de Juana Matamaridos: “Entre las diez y las once Juana se puso a pensar: / Voy a matar mi marido para salirme a pasear. / Luego que ya lo mató, se agachaba y le decía: / ‘Ya te moristes José, lucero del alma mía’. / Le trasculcaron la casa, como lo manda la ley. / Le hallaron una pistola y una navaja de muey. / Calle de la Palma Real, por qué estás tan espantosa: / Es que se ha muerto José y lo ha matado su esposa”.
Y es que, como dice el Valiente en algún momento, “No me puede negar que la canción mexicana contiene mucha verdad y hace retratos de la vida de nuestra patria”.
De ahí se pasará a la letra de la no menos famosa Adelita y a una sucesión de fragmentos que celebran entrañables excesos etílicos (“nuestro deporte nacional”) que en el imaginario musical mexicano pasan por ejemplo por la primera de siete estrofas de una humorística canción dedicada a la Semana Santa: “El lunes por la mañana, bastante malo me vi / fui a curarme a la cantina, se me pasó y la seguí”; por los desengaños amorosos como excusa para empinar el codo: “Yo me enamoré, ranchera; / tú no me quisiste amar. / ¡Ay, chirriones, ya quisiera! / Vale más irme a tomar” y por otro fragmento de Chava Flores: “La burocracia va a las 2 a la cantina, / todos los cuetes siempre empiezan a las dos” (en Sábado, Distrito Federal).
Habrá asimismo espacios para otros excesos de prosapia centenaria ( “La cucaracha, la cucaracha, ya no puede caminar, porque le falta, porque no tiene, marihuana qué fumar”).
El anecdotario de placeres mundanos exigirá volver una vez más, brevemente, a la dimensión de la querencia amorosa con fragmentos de Cielito lindo y de La piedrecita (“desde que la vi venir le avise a mi corazón que bonita piedrecita para darme un tropezón”).
Pero finalmente, el tema del corrido y de otras formas afines regresará a su entorno natural, que es el de los problemas del país. Por ejemplo los de un campo que “ya pasó a la historia porque ahora los negocios se hacen en la ciudad”.
Con este perfil, la función llegará a su recta final con temas alusivos, como el que reza: “La autopista es de agrarismo, / allá un cerrito se ve. / Son la vaca y el buey / de Secretaría de Turismo. / Al turista da lo mismo / si el campo no es de verdad. / Sólo busca novedad, / que le prendan el sol; / con un poquito de alcohol / se parece a la ciudad,” en los que se describe la miseria de un campo al que “nadie le echa la mano”.
Habrá cuestionamientos al proverbial colonizaje cultural que nos hace admirar las formas musicales pop y foráneas, en detrimento de lo popular, y la velada concluirá con una valona de nuestros días, emprendida al estilo y usanza de la región de Apatzingán, que nos instala en la actualidad con una letra elegante y aguda en sus ironías. El tema comienza, inmejorable: “Amigo vengo a decirle / que este gobierno tan gacho / hizo a este país vendible… / y no me guardó ni un cacho”. Concluye la letra, ominosa, pero realista y contundente: “La despedida es de a mil / y a ver a quién le conviene: / el chingadazo se viene, / yo ya tengo mi fusil”.

EN VIDEO

Algunos instantes de Estampas, de José Luis Rodríguez Ávalos

En honor del corrido
Lo primero que hay que decir de Estampas es que se trata de una dramaturgia muy disfrutable por su sabor carpero, de género chico, armada a su vez con el aire de un teatro contestatario como el del Teatro Campesino que había citado el autor al comienzo de la función, y genuinamente instalado en el nervio de lo popular (no sólo al darle voz a las expresiones de cómo el pueblo padece, soporta y se rebela contra lo injusto político-social, sino al expresar sus penas y alegrías más íntimas: las del amor o las del chínguere y la bravuconería.
En medio de todo esto, incluso son posibles guiños a la parateatralidad (el teatro dentro del teatro) con esos dos personajes continuamente conminados por el director a que cumplan aquello por lo cual han ido al escenario: a montar una obra de teatro que nunca veremos, convidados a compartir con los dos personajes, “tras bambalinas”, sus opiniones, corajes y pasiones más genuinas con una vis humorística deliciosa en la dramaturgia (“Es que yo no vine a hacerle al actor. Yo soy hombrecito, pa’ que lo sepa. Yo vine a cantar”. “Pues cántele, pues”. “¿Y qué canto?” “¡Oh, qué la canción! P’os ahi verá si llamamos a la Judicial para que de veras cante…”).
Este humor, absolutamente mexicano en sus infinitos juegos para el doble sentido, alcanza crestas notables (“¡Ah qué don valiente! –le cuestiona la Adelita a su acompañante en algún momento–; usted no tiene pelos en la lengua, ¿verdad?” Y el otro le replica, zalamero: “P’os porque usted no quiere…”, segundos antes de la sonora bofetada).
Pero lo esencial, en cuanto al discurso, es la revisión que se propone a la música popular y a las distintas variables del corrido, ese género que efectivamente nació en la independencia, pero que se popularizó con la Revolución. Esa forma no sólo musical, sino literaria y popular que derivó a lo largo del siglo XVIII del romance español para cumplir, ante todo, con un fin eminentemente informativo o, si se quiere, hasta noticioso, dando cuenta de las epopeyas y heroísmos o traiciones protagonizadas o padecidas por líderes, causas populares y movimientos sociales.

Palabra de autor
En breve entrevista al término de la función de Estampas en el Colegio de San Nicolás, José Luis Rodríguez Ávalos detalla:
“Esta obra la estrenamos en 1994, con Mariano Rodríguez muy joven aún… bueno, quiero decir, todavía es joven, pero entonces lo era más. Y en Uruapan, en la Universidad Don Vasco. Ante todo es una puesta que se ocupa de las cuartetas, la valona, la décima… estrofas de todo tipo, porque con eso uno puede dar un paseo por la historia nacional, tanto la antigua como la contemporánea. La idea era recuperar lo que la gente opinaba de los tiempos en que le tocó vivir, aquellos coincidentes con lo que ahora son el tema del centenario y del bicentenario”.
Acerca de la respuesta del público en esta nueva temporada de Estampas, indica: “Me preocupaba lo que pensaran los jóvenes. Me alegra haber descubierto que les ha gustado. Este circuito lo comenzamos en la Facultad de Derecho de la Universidad Michoacana y fue una muy buena función. Estuvieron presentes no sólo los alumnos, sino maestros y personal administrativo: secretarias y todo eso. Y hubo debate al final de la función. Se dio solito y a mí eso me entusiasmó mucho”
Otras funciones se realizaron en La Escuela de Letras, en el Liceo Michoacano y ha habido incluso una transmisión radiofónica (muy ad hoc) en Radio Nicolita.
“Hay gente que opina que Estampas deberíamos ofrecerla con música. Pero yo pienso que queda bien así, como está. Porque a fin de cuentas se trata de restituirle su lugar a la palabra, a la música interna, propia, que tiene por sí misma. Finalmente es poesía”.
Con unas diez dramaturgias en su haber, Rodríguez Ávalos señala: “Esta la escribí allá por 1990. Lo más reciente que he escrito son sketches, dedicados sobre todo a indagar en
el asunto del doble sentido y el albur, que aunque lo parezcan, no son lo mismo. Mi idea es llegar al albur, ese otro lenguaje para que la gente diga cosas y me ha funcionado bien con los muchachos, los chavos de ahora capturan el mundo de otro modo y esto les da opción de completar su lenguaje. Es del año pasado. Y le ha ido bien, pero se lo doy a otros a leerlo.
¿Lo primero que escribí? Creo que fue una pastorela, por 1984. ¡Ah, no! En 1974 escribí una obra para jóvenes: El sol se mete por allá, que pretende hablar sobre la guerra, entendiendo que sobre ella no se puede hablar, ya que es algo que sucede a pesar de uno. Son dos historias: una de ellas es la de unos novios que viven en la ciudad y reciben la noticia de que hay guerra y la ciudad será sitiada. Buscan a dónde escapar y se van a un cerro; desde allí ven cómo es destruida la ciudad. Con el sentido de cuestionar la manewra en que los medios masivos ni nos salvan ni nos comunican gran cosa, resolví esa última escena como una experiencia que se convierte en un espectáculo”.

RECURSOS EN LA WEB

La controvertida valona
Un texto de José Luis Rodríguez Ávalos que apareció originalmente en noviembre de 2007, en un ejemplar de Ventana Interior dedicado a la lírica popular mexicana. Pero esta versión on line está tomada de la página electrónica Tramoya2, donde se publicó en junio de 2008. El autor explica que el acercamiento a la estrofa conocida como espinela nos permite reconocer una gran cantidad de ritmos y sonoridades emparentados con su canto o recitación , en ningún caso como producto citadino, sino como parte de la cultura campesina representada por el mestizaje fisiológico y cultural , pues tampoco se encuentra dentro de las manifestaciones literarias ni musicales indígenas prácticamente en toda Iberoamérica.

Fandango llamó a Borondongo
Un breve pero ilustrador artículo sobre las raíces africanas de la voz “fandango”, escrito por el historiador y ensayista Fernando Iwasaki.

Un baile perseguido del siglo XVIII, un son y un juego infantil del XX: algunos textos de la jeringonza en México
Notable ensayo de Mariana Masera que, con el tema de la jeringonza, explora El son del panadero y sus múltiples variantes: una pieza perseguida por el clero novohispano, poco antes del estallido de la Independencia de México, a causa de sus “estrofas licenciosas”, que convocaban al pecado.


Como Judas tembló ante su crimen,
aquel crimen que al mundo asombró,
de un cobarde lo mismo repite,
otra historia que a otro hombre perdió.

Fue Guajardo el vil de los viles,
que no pudo en las luchas de honor
conquistar con aquellos fusiles
la existencia de un libertador.


La traición de Guajardo / Corrido anónimo (fragmento), en Corridos de la Revolución Mexicana. Selección de Jesús Romero Flores. Ediciones Encuadernables de El Nacional. México, 1941, p. 179-182.


Vista parcial de la disposición escénica para la lectura dramatizada Emiliano Zapata, de Contrapeso, en el foro El refugio del juglar.

Implacable, cruda, verista, la pieza en tres tiempos Emiliano Zapata (Mauricio Magdaleno Cardona, 1932) es un estudio de la traición, una crónica del desencanto y un retrato popular de lo que fue, en su momento, la bola suriana.
La obra figura dentro del programa de lecturas dramatizadas impulsado por la Secretaría de Cultura de Michoacán y el proyecto es acometido por la Asociación Teatral Contrapeso, en dirección de Roberto Briceño.
Se trata de una de las mejores propuestas del programa.

Dos intrigas
Nueve años se prolongó la gesta zapatista en México, a comienzos del siglo XX. La pieza Emiliano Zapata se concentra en los dos últimos, antesala de la muerte del líder agrarista. El trabajo explora las circunstancias y los motivos detrás de dos de las intrigas que rodearon al jefe revolucionario, la segunda de las cuales lo condujo fatídicamente a la hacienda de Chinameca. Pero el texto también se ocupa de registrar el espíritu, el pulso íntimo, tanto de los camaradas como de los antagonistas del caudillo.
Divididos en dos actos, los tres momentos de Emiliano Zapata se distribuyen entre 1917 y 1919.
En el primer tiempo vemos cómo, al seno del ejército suriano, los líderes de la bola cuestionan la lealtad del profesor Otilio Montaño, uno de los luchadores más veteranos del movimiento e integrante de la cúpula zapatista. Desilusionado por la violencia y la anarquía propias de toda guerra y en pos de soluciones diplomáticas, Montaño ha entrado en arriesgados tratos con el enemigo, colocándose al filo de la lealtad.
Entre el cariño que le guarda Zapata y los duros cuestionamientos de su propia gente, el general Montaño terminará por ser fusilado (tras el incidente de la revuelta en Buenavista de Cuéllar).
En el segundo tiempo, ubicado dos años más tarde, vemos cómo se desarrolla la emboscada planeada por el general Pablo González, la cual es emprendida por el muy joven y ambicioso general gonzalista José María Guajardo, a la sazón de apenas 27 años de edad, quien se gana la confianza de los revolucionarios y conduce a Zapata, ya cuarentón, al lugar de su sacrificio.
En el tercer tiempo, consumado el crimen, el general Guajardo celebra el éxito de su operación y sueña con los beneficios que espera recibir, absolutamente ciego al destino que le aguarda a él mismo (murió fusilado un año más tarde, luego de abandonar las filas de Carranza para declararle su lealtad a Álvaro Obregón).

Otro aspecto de la pieza. Al fondo, de pie, Justo Alberto Rodríguez en el papel de Emiliano Zapata.

Las estaciones de la deslealtad
El primer tiempo de la puesta cumple con envidiable agilidad los compromisos de presentar a los personajes, su circunstancia y de soltar el conflicto.
Han pasado siete años desde el comienzo de la Revolución y un grupo variopinto que incluye a Remedios, a Feliciano Palacios y a miembros de tropa y simpatizantes de la bola suriana, se reúne. Los zapatistas cuestionan la lealtad de Montaño, quien acaba de liberar a un grupo de presos, soldados del general Bárcenas, que iban a ser fusilados.
Todos desconfían del profesor, pero también saben del afecto que le profesa Zapata. No en balde, Montaño fue quien redactó el Plan de Ayala (el documento que le dio un definido contenido social a la Revolución Mexicana).
Los momentos más intensos de este primer tiempo se dan en el encuentro entre Zapata y Montaño, porque sus diálogos son un intercambio de matices que muestran el complejo escenario de la revolución.
“Quiero que cambiemos el atentado por el derecho”, aduce Montaño, para defender su decisión de liberar a los cautivos. Más tarde le pide a Zapata no ser cómplice de las ilegalidades de la bola (“¿Eran estos nuestros sueños de hace siete años?”).
Zapata le replica que es el precio de la guerra. Le espeta que tiene miedo y le echa en cara: “Haz tenido tratos con el gobierno”. La contestación de Montaño pende en la delicada línea del relativismo moral: “No. Ha sido un intercambio de impresiones”.
Pero, a fin de cuentas, Montaño es un hombre de una sola pieza. Confiesa que ha visto al general González Garza y anuncia su decisión de abandonar el movimiento. Cara a cara, sin disimulos, como hombre, le pide a Zapata un salvoconducto que le permita irse en paz.
La situación es rota por la irrupción de zapatistas que anuncian que su posición está siendo rodeada por las tropas de Bárcenas. La bola se organiza; le da una puerta de escape a Zapata y los demás se aprestan para la resistencia.
Este encuentro Zapata-Montaño explora una crisis interna al seno del zapatismo, pero también es un parámetro que pone en perspectiva la otra intriga, la del segundo acto, donde un agente extraño, el general Guajardo, llega sin escrúpulos para engañar y conducir a su muerte al líder morelense.
Un segundo acto en el que los zapatistas pueden distenderse para hablar de sus sueños y expectativas: la inminente captura del general Bárcenas y la esperanza de que en unos cuantos meses triunfe el Plan de Ayala “para cambiar el rifle por el arado”.
Hay expectación entre la tropa por la gran novedad del momento: ese Guajardo que se ha pasado al lado de los revolucionarios. Pero también encontramos a un Zapata más circunspecto, que echa de menos a su hermano Eufemio, ya asesinado, y al mismo Montaño, que fue fusilado por traición.
Una Remedios muy ilusionada se reúne con Emiliano y los más cercanos a Zapata (Salgado y Palacios) se revelan muy contentos (“Hay algo que huele a feria”).
Lo tremendo de la situación es que los líderes surianos creen en Guajardo porque necesitan y quieren creer en él. En algún momento, Zapata hasta le reconoce una vocación agraria. En cambio, es el pueblo, los indios, quienes dan las voces de advertencia, la mayor de ellas cuando alertan a Zapata de que Guajardo ha llegado a una de las reuniones con hombres del general Bárcenas: 59 de los más crueles soldados, que han provocado mucho sufrimiento en las comunidades de la región.
El clímax de este episodio llega cuando Zapata pone a prueba a Guajardo y le ordena detener a esos 59 hombres para pasarlos por las armas. Es un trago difícil para el traidor, pero el general acepta y se echa al bolsillo a un Emiliano que rechaza ver los pequeños signos que delatan al infiltrado (cuando Guajardo propone tomar Tamaulipas “por las hembras y el mucho dinero” que obtendrán del saqueo, Zapata lo corrige: “un general zapatista es pobre”, pero pasa por alto la actitud del personaje, que revela su temperamento más profundo).
Ya en camino hacia Chinameca, sitio de mal agüero porque los zapatistas ya habían tenido allí dos malas experiencias en la guerra, viene la escena patética, con una Remedios que encarna la intuición popular, pero también el destino de Casandra, y que inútilmente le pide al caudillo que no entre a la hacienda.
Consumado el crimen, Guajardo brindará cínicamente con viandas y coñac (el coñac al que tan afecto era Zapata, en efecto) para ilustrar el camino que tomará la revolución, en manos de personajes más preocupados por el dinero que por cualquier otro ideal (la emergente burguesía y el empresariado del Siglo XX, originalmente protagonizada por los militares sobrevivientes a la época de los caudillos, como Plutarco Elías Calles).

Reconstrucción, breviario y alegoría
No hay vuelta de hoja. Al mismo tiempo reconstrucción histórica y alegoría terrible sobre la crisis revolucionaria, la obra Emiliano Zapata hace del espectador el testigo de los bruscos cambios en el poder. Con un nervio acaso sólo equiparable a lo que en literatura hicieron Rulfo o Azuela, Magdaleno y Contrapeso nos muestran en este trabajo la decepción de una revolución interrumpida y consumada en la traición.
Porque el asesinato de Zapata fue la consecuencia natural de una “época de caudillos”, en la que matar al líder bastaba para desarticular un movimiento.
Pero con los diálogos y actitudes del general Guajardo, la pieza también nos muestra la configuración y el prototipo de los que nacerían los “nuevos ricos” del México postrevolucionario.
Porque a fin de cuentas, el general Guajardo es un “cachorro de la Revolución”: el prototípico hijo bastardo de ese Ogro Filantrópico en el que se convertiría el Estado Mexicano del siglo XX y al que tan bien describiría unas décadas más tarde Octavio Paz.
Pero en la obra hay también espacio para mostrar otros extremos de luz y sombra: la fatiga en los ideales de muchos que empuñaron las armas, así como la congruencia de otros hasta el momento de su muerte.
Surcando todos estos contenidos, Emiliano Zapata nos permite comprender el ambiente y las situaciones extremas de ese período, que orillaron a sus personajes a la corrupción, a la traición o a la muerte, o aún para satisfacer las ambiciones de un caudillo en detrimento de otro. La pieza en sí es un pequeño pero muy completo breviario del maquiavelismo de la deslealtad.

Sheyla Romero como la narradora.

Una puesta que convence
Con un tratamiento definidamente realista, pero que no se niega resquicios para vetas narrativas mucho más audaces, la dramaturgia de Mauricio Magdaleno en Emiliano Zapata tiene una construcción muy contemporánea. Me refiero en especial a esas dislocaciones temporales, apenas perceptibles pero muy presentes, que potencialmente pueden conducir a la puesta a ámbitos oníricos y que le dan muy pertinentes matices de alegoría (la anécdota de la traición a Zapata contiene en sí misma toda la historia de deslealtades y bandazos que marcaron al movimiento armado que estalló en 1910). Esta es una de las grandes y gratas sorpresas del texto. Podría haber sido escrito ayer y no hace sesenta años.
El elemento de poliperspectividad implícito se acentúa por el esquema de lectura dramatizada con que Contrapeso está presentando el trabajo. Los códigos se purifican, gracias al buen desempeño general de los participantes en la lectura y a la buena dirección de Roberto Briceño. El resultado está a punto (o así me lo parece) de elevar todo el asunto al nivel de un auto trágico: una alternativa que no se riñe en absoluto con el sentido didáctico que le da soporte a la obra.
Me es difícil hablar de los trazos de dirección para esta puesta y de la luminotecnia, porque El Refugio del Juglar, donde me ha correspondido verla, no es un espacio noble para un correcto despliegue escénico (lo cual no le resta un ápice a la generosidad de los impulsores de ese foro). Con esta tácita reserva, la estructura emprendida por Contrapeso se intuye muy correcta. Por ejemplo en la distribución que se le da a los actores como punto de partida con la narradora al centro, detrás de todos los demás personajes, los cuales se hallan dispuestos en semicírculo en sus asientos y con los actores que dan vida a los principales antagonistas, Zapata y Guajardo, en los extremos del espacio escénico.
Por lo demás, el nivel actoral de los participantes está bien alineado. Esto contribuye a darle unidad al trabajo, cohesión y eficacia. Y como se trata de una experiencia de teatro en atril, la voz adquiere una importancia singular. Desde este ámbito, ha sido una grata sorpresa descubrir las posibilidades del poeta Ernesto Hernández Doblas (Bitácora Clandestina, Oscura Luz, Lugar de muertos, Museo de Musas, Inventar París), quien no sólo comprende muy bien su texto en el papel del secretario particular de Zapata, Feliciano Palacios, sino que proyecta sus matices con precisión. Ha resultado tener una voz muy bien educada. En este mismo sentido, la presencia vocal más débil y la que precisa más trabajo para ponerse a la altura de los demás es la de Metzery Jacobo (en el papel de Remedios).
Pero en su conjunto, Emiliano Zapata es un trabajo que captura y convence.

Una deuda saldada
Siempre he alucinado con la película El compadre Mendoza (Fernando de Fuentes, 1933), por la sabiduría con la que el filme lleva un tema explícitamente político a un ámbito doméstico y, desde ese terreno aparentemente nimio, lo resuelve en impecables términos dramáticos. No sólo el “espíritu de una época”, sino la idiosincrasia misma de la política mexicana (desmitificada en las entrelíneas de la cinta, de una vez por todas), está plasmada en la historia de don Rosalío Mendoza y sus maniobras constantes, en plena Revolución Mexicana, para quedar bien con los villistas, con los huertistas y con los carrancistas, encontrándose él mismo, como hacendado, en medio de los bandos en conflicto e incluso como compadre de uno de los generales revolucionarios, al que finalmente traiciona.
Pero aunque sabía que Mauricio Magdaleno era el autor del cuento en que se basa El compadre Mendoza (con todo y la frase más lapidaria del personaje: “el respeto que merecen siempre los pesos”, más vigente hoy que nunca), así como de los guiones de varias obras mayores del cine mexicano de la Edad de Oro, mi conocimiento de él llegaba hasta ahí. Me refiero a que jamás me preocupé por escudriñar en su vida o en su obra, más allá de su cita en las fichas técnicas de las películas y ni siquiera tenía su nombre muy presente.
Tan es así que el día de la función de Emiliano Zapata, en El Refugio del Juglar, al término de la función me acerqué al director Roberto Briceño y, al vaivén de la plática, le solté:
– Oye, y el dramaturgo, Magdaleno… me suena pero no lo ubico. ¿Es mexicano? ¿español?
Briceño me miró con los ojos como platos y, con el mismo tono de voz que debieron usar para preguntarle a San Jorge “¿que acabas de matar un qué?”, me espetó:
– ¿Cómo que no lo conoces? Pero si Mauricio Magdaleno es el autor de… –y prosiguió con la bochornosa (para mí) lista de Río Escondido, Maclovia, Flor silvestre, María Candelaria
Y bien. Sí. Hasta hace una semana, Mauricio Magdaleno me era tan desconocido como Elías Lönnrot. Pero las cosas ya son distintas.
Gracias al Emiliano Zapata ofrecido por el grupo Contrapeso, acabo de empezar a saldar esa deuda.
Por lo pronto (¡salve, oh, San Googlebooks!), he pasado una noche y una madrugada imantado a las primeras 70 páginas de la novela histórica El resplandor y entre los propósitos de Año Nuevo que hace unos meses dejé en blanco, “para lo que se ofrezca”, ya incluí el agenciarme la novela para leerla completa. Los interesados en darse un chapuzón en la sabiduría literaria de Magdaleno pueden acceder a la primera parte de El resplandor dando click
aquí.
Para redondear una primera aproximación literaria al autor, también están disponibles los tres primeros relatos de sus Cuentos completos: Las campanas de San Felipe, Pasos a mi espalda y Las víboras (asequibles aquí).

Emiliano Zapata
Asociación Teatral Contrapeso
Dirige: Roberto Briceño
Dramaturgia: Mauricio Magdaleno
Asistente de dirección: Lenina Cuiriz
Iluminación: José Ramón Segurajáuregui
Con: Sheyla Romero (Narradora), Metzery Jacobo (Remedios) Itzel Chávez (Vieja / Jefe indio 2); Curro Toraya (Jefe indio 1); Juan Velasco (Palúdico / general Jesús María Guajardo), José Juan Suanate (Eufemio Zapata / Salomé Salgado [1]), Ernesto Hernández Doblas (general Feliciano Palacios); Miguel Vázquez (general Otilio Eduardo Montaño Sánchez) y Justo Alberto Rodríguez (Emiliano Zapata).


[1] En los estudios que he consultado sobre Zapata no he localizado información acerca de Salomé Salgado. Hay mucha, en cambio, sobre Jesús H. Salgado. Uno de los textos más amplios (click aquí) enfatiza que “en todos los combates que presentó a las tropas contra el gobierno maderista, el general Jesús H. Salgado salió triunfante”. Se detalla que “el general Salgado combatió también contra los carrancistas hasta que, en 1919, perdió la vida en la barranca de Los Encuerados, en Tecpan de Galeana y Petatlán, en la Sierra Madre del Sur”.
Hay, sin embargo, una página de internet en la que sí figura el capitán primero Salomé Salgado. Se le cita como recipiendario de una carta escrita por Zapata. La página web es muy curiosa: su autor cuestiona la verticalidad de Zapata y lo presenta como un títere de allegados a Porfirio Díaz y a intereses estadunidenses para impedir que el Plan de San Luis (que ya llevaba en germen vetos a la explotación petrolera por extranjeros) se cumpliera. El autor del material es el ingeniero Pablo González Miller, hijo del general Pablo González Garza (autor intelectual del asesinato de Zapata). El único problema de la página es que los documentos que presenta su autor como testimonios de su punto de vista tienen los vínculos deshabilitados. La misma página está vedada y sólo se accede a ella desde la versión en caché, que abre desde
aquí.

RECURSOS EN LA WEB

La muerte del general Zapata y la práctica de las emboscadas. El historiador Manuel González Ramírez recuerda que tres años antes de la emboscada contra Zapata en Chinameca, los zapatistas intentaron una maniobra similar contra el general Pablo González Garza, enviándole al general Vicente Navarro para que fingiera pasarse a su bando y lo envolviera en una emboscada que no prosperó. El texto recupera material documental sobre el proceso que se le siguió al general Navarro. Huelga decir que el general González tenía muchas y poderosas razones personales para respaldar la intriga emprendida por los carrancistas y para pagarle a Zapata “con la misma moneda”, enviándole a su incondicional, el general Guajardo.

El Plan de Ayala. Facsimilar del texto original. Se presenta en sus dos versiones: en manuscrito y en el documento impreso.

La muerte de Zapata. Una entrevista con el general zapatista Amador Acevedo, uno de los hombres más cercanos a Zapata y a los hechos que condujeron a su muerte, en la hacienda de Chinameca