Séptimo aniversario luctuoso de Alfredo Zalce

Ofrenda y exposición

Conmemoran funcionarios de la Secretaría de Cultura al artista


El secretario de Cultura durante su intervención. A su lado, el representante de la XXI Zona Militar, teniente coronel de la fuerza aérea Miguel Arellano Delgadillo.

Con varias ofrendas florales, la presencia de personajes como Miguel Bernal Macouzet y la apertura de una exposición con cinco de sus obras menos difundidas, este 19 de enero funcionarios de la Secretaría de Cultura conmemoraron el séptimo aniversario luctuoso del autor visual Alfredo Zalce (Pátzcuaro, 1908 – Morelia, 2003). El acto de protocolo, muy breve, comenzó puntualmente en el jardín del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce a las nueve de la mañana y concluyó veinte minutos después.

Tributo permanente
De acuerdo al comunicado de prensa emitido por la Secum, Jaime Hernández Díaz, secretario de Cultura, declaró que “a sabiendas de que a Alfredo Zalce no le agradaban este tipo de homenajes y reconocimientos, la SECUM pretendía a través de este acto modesto y sencillo rendirle un homenaje, y refrendar el compromiso por parte de quienes se dedican a la cultura de continuar con la divulgación de su obra, ya que mucho se debe al quehacer del artífice michoacano”.
Explicó que las actividades y exposiciones que se albergan en el MACAZ son el mejor testimonio del homenaje que, de manera permanente, se ofrece al autor patzcuarense y que “el Museo de Arte Contemporáneo, lejos de ser un espacio de reunión de objetos, es un espacio vivo, lleno de creatividad, en donde queda de manifiesto el esfuerzo colectivo y cotidiano a través del cual, dicho tributo se realiza constantemente”.
Recordó asimismo que que durante la gestión de la actual directora, María Eugenia Fuentes Lanning, la obra y el legado de Alfredo Zalce se han empezado a divulgar por medio de la organización de exposiciones itinerantes, en lugares y espacios en donde, hasta ahora, no se habían presentado.

Palabras zalceanas
A su vez María Eugenia Fuentes Lanning, directora del MACAZ, dio lectura a las siguientes palabras, que el muralista patzcuarense escribió en 1958: “En momentos cuando hasta el hombre sensible cargado de problemas no tiene tiempo para la contemplación o goce de manifestaciones culturales, cuando vemos cómo día a día se envilece el gusto del pueblo con toda clase de engendros de arte comercial, cuando la juventud contempla atónita el éxito de dudosos campeones de boxeo, el endiosamiento de artistas de cine, idiotizantes programas de televisión, toneladas de historietas dibujadas, en fin todo ese fúnebre regocijo en lo podrido, es un bello espectáculo ver cómo un joven pintor hijo del pueblo se presenta con una exposición de calidad, para recordar que en ese pueblo está la fuente limpia de donde salen las fuerzas creadoras del hombre.”
Fuentes añadió que, además se prolífico artista, el maestro Zalce fue también un hombre generoso con aquellos que lo conocieron y que mantuvo las puertas abiertas de su casa y de su taller para quienes decidían emprender la aventura en las artes visuales.

Exposición temporal
Tras el acto, en el que estuvieron presentes el teniente coronel de la fuerza aérea Miguel Arellano Delgadillo, representante del general de brigada de la XXI Zona Militar, Mauricio Sánchez Bravo; Miguel Bernal Macuzet coordinador del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución del ayuntamiento de Morelia; Rosario Ortiz Marín, secretaria de Difusión y Extensión Universitaria (en representación de la rectora de la UMSNH Silvia Figueroa Zamudio) y Azucena Solórzano Ávila, jefa del Departamento de Artes Visuales de la SECUM, se inauguró la breve muestra de cinco obras instaladas en caballete que componen la exposición de homenaje y que pertenecen a colecciones particulares.
Encabeza la muestra el dibujo mixto Los discípulos de Emaús (Carbón, sanguinea y pastel, 1989), un trabajo perteneciente a un coleccionista particular y en el que sorprende descubrir a un Alfredo Zalce que acomete un tema bíblico. Acompañan a este trabajo obras en batik, linoleografía, acuarela y el repujado en cobre.
Las obras proceden de la recientemente concluida exposición con obras de Zalce en el Museo Nacional de la Acuarela de la ciudad de México y permanecerán a la vista del público hasta el 19 de febrero.

VII Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce


Intimismo y mediación


Una primera entrega dedicada al premio de adquisición y algunas menciones en la categoría de plástica, en la exposición que aloja el MACAZ


El óleo sobre papel Accidente en Xola y Uxmal (2009, 52 x 78 cms.) de Luis Carlos Hurtado Hernández.

Este miércoles 19 de enero se conmemora el séptimo aniversario luctuoso de Alfredo Zalce y, por lo menos desde la trinchera de este blog creo que una manera directa y valiosa de reconocer al personaje consiste en revisar algunas de las características más significativas de las obras que participan de la VII Bienal Nacional de Pintura y Grabado que lleva el nombre del artista y que actualmente se aloja en las salas del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce.
Para emprender esta labor es preciso ubicar a Alfredo Zalce en su contexto. Es asombroso descubrir la cantidad de juicios perezosos en torno al autor (ya a favor o en contra), sólo por no poner al artista y a su obra en la justa perspectiva.
Y Zalce es un gran autor. Pero sólo podremos empezar a alcanzar acuerdos sobre la naturaleza de su grandeza y las parcelas de su genio si lo ubicamos en el lugar que le corresponde.

Perspectiva y fundamentos
Zalce pertenece a la pintura moderna mexicana y, como otros integrantes de esa vieja guardia, emprendió un arte nativo que se nutrió de las influencias que germinaban en la Europa de fines del XIX y comienzos del XX. Las lecciones del postimpresionismo, bien aprendidas, debidamente exploradas y digeridas, le permitieron configurar un lenguaje personalísimo, a la vez sintético, lírico y geométrico.
Y aunque Zalce no tuvo la experiencia de viajar a Europa para empaparse directamente de los maestros del periodo, caso de Diego Rivera y otros, recibió influencias bien ubicables que se pueden rastrear hasta llegar a autores como Paul Cèzzane (de ahí los rasgos constructivistas que jamás lo abandonaron y sobre los que cimentó su estilo, geometrizando las formas y despojándolas de todo lo accesorio, en pos de lo esencial indispensable, aunque con un intimismo muy emotivo que siempre le estuvo vedado al severo e hiperintelectual temperamento cezzaniano).
La aportación de Zalce en términos de estilo ha consistido precisamente en la manera de acometer sus soluciones geométricas, siempre sujeto a la línea para modular y expresar una idea (como corresponde al notable dibujante y grabador que jamás dejó de ser) y ensayando y manifestando cumplidamente una densidad espiritual a partir del trabajo con la vibración de los colores (como el romántico que en el fondo siempre lo acompañó a la hora de pintar), todo problematizado en cromatismos complejos, alejados de la simplicidad de los tonos primarios.
Zalce le aporta una sensualidad y un intimismo insólitos a la geometría (porque le imprime una manifestación emotiva inédita a un principio que es, de suyo, cerebral, matemático y ordenador). Es así como interpreta cuanto ve sin abandonar las figuras. Pasa incluso de la mera representación a la creación de signos en sus momentos de mayor talento imaginativo. Sobre todo, es un autor que comprende como pocos la importancia de la estructura y, en especial, el valor gráfico y dibujístico que reposa en las tensiones y en los ritmos visuales que subyacen y animan formas y planos.
Todas estas son conquistas y aportaciones de Alfredo Zalce al modernismo mexicano y son las que lo hacen grande. Es su contribución al arte moderno nacional. Lo importante es reconocer estos atributos, que atesoran la esencia de su genio creador y, sobre todo, importa advertir que Zalce y los autores de su generación envejecieron en el cumplimiento de una tarea gloriosa: preparar el terreno para la aparición de las vanguardias, abriéndole de esa manera las puertas a lo porvenir. En particular, Zalce y Tamayo cumplieron a conciencia con esa misión y sería absolutamente necio demandarles algo más.

Bienal y transvanguardia
Lo anterior no agota el tema, pero establece elementos para poner en perspectiva los trabajos que participan de la VII Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce, que aloja el MACAZ.
Como corresponde a la obra del personaje al cual está dedicada la bienal, las piezas inscritas se manifiestan en los terrenos de la figuración, que por lo demás es la más auténtica tradición visual mexicana: esa que se desarrolló a partir del pictograma y los códices precolombinos.
Bien afianzados en esta herencia figurativa, los jóvenes autores de la VII Bienal presentan obras que reinciden en la figuración, pero concibiéndola como una operación sincrética entre la expresión del individualismo y la continuidad con la tradición, de la que se apropian temática y estilísticamente de forma totalmente desprejuiciada. Son muy conscientes de la herencia de la que provienen y la atienden, pero no para continuarla, sino para desafiarla. La idea rectora de los diversos desafíos presentes es el descrédito de la idea de originalidad, sobre la que se asentaban las tesis de la modernidad artística. Desde tal posición (que en un texto previo relacioné con la transvanguardia), los artistas que se alojan en las salas del MACAZ se desmarcan del concepto evolucionista del arte (ese que pide una continuidad entre escuelas, corrientes, estilos, movimientos y tendencias) y llevan adelante, en cambio, una revisión (ya crítica, ya irreverente) de sus orígenes culturales: ponen en duda las posibilidades de trasgresión e innovación sobre las que se fundaron los movimientos que los antecedieron y van en pos de otros procesos y de otras categorías, ya proponiendo o ya cuestionando.


Detalle a Accidente... para apreciar los rasgos de la pincelada (el ritmo y la manera de abordar las cualidades matéricas del acrílico), así como el control del color a partir de una serie de tensiones de inspiración abstracta.

Extremos en tensión
En su óleo sobre papel Accidente en Xola y Uxmal (2009, 52 x 78 cms.), merecidísimo ganador del Premio de Adquisición en la categoría de pintura, Luis Carlos Hurtado Hernández interpela eficazmente a dos de las más extremas corrientes de la vanguardia del siglo XX (el fotorrealismo y la abstracción). Por otro lado, en términos dialógicos, el autor nos presenta una imagen muy íntima, muy personal, en torno a los temas de la violencia, del distanciamiento y de la indiferencia (esas “micro narrativas” de vocación urbana, de las que hablaba la crítica de arte Argelia Castillo en la inauguración de la bienal, en noviembre pasado).
Revisando el segundo aspecto, Hurtado Hernández nos propone una situación a la vez trágica y cotidiana: ha ocurrido un accidente en la esquina de la calle en que vive. Desde la ventana de su casa o departamento, en un segundo o tercer piso, él observa al personaje atropellado, la llegada de la ambulancia y las unidades de policía, así como el aglomeramiento habitual de curiosos en casos así. La violencia ha irrumpido en el crucero, con su saldo de muerte o de heridas, alterando la percepción de un espacio que ya no es cotidiano y anónimo; se ha cargado de significaciones que inciden en el permanente drama de la supervivencia. Una vida agoniza o ha sido segada. El hecho cuestiona a cada testigo (ya en las realidades imaginativas de la tela o en la realidad directa del espectador del cuadro) acerca de su propia vulnerabilidad.
Con una elegancia encomiable, que no es el menor de sus aciertos, Hurtado nos cuestiona sutilmente acerca de nuestra actitud ante la violencia, ante lo impredecible, ante la vida y la muerte.
Pero si en términos discursivos Accidente en Xola y Uxmal hila muy fino para llevarnos a una experiencia extrema desde el territorio más rutinario, es en los términos formales, técnicos y estilísticos donde este pequeño óleo se revela como una obrita maestra.
Porque el autor va en pos de un tratamiento fotorrealista, pero desde una articulación semántica que se lo debe todo a las lecciones propias de lo abstracto. Por ejemplo, aunque construye formas que nos hacen sentir “como si” estuviéramos viendo el incidente desde una postura anecdótica, jamás acude a la línea para concretar las figuras. En cambio, traza, perfila y define a partir de los puros planos de color, con una paleta muy calculada tanto en su densidad matérica como en su equilibrio cromático.
Si uno se acerca lo suficiente a la superficie del soporte, advierte que todo se ha resuelto en un juego de ritmos y texturas muy vitales, todos abstractos.
En cambio, a medida que uno marca su distancia y se va alejando de la obra, esta va adquiriendo una visualidad convencional y cartesiana. Lo curioso de este tratamiento es que, entre más nos alejamos de la plataforma, son más los detalles “realistas” que captamos.
Esta tensión exquisita entre la más antigua premisa de la tradición académica (“la mejor forma de ver un cuadro es contemplándolo de lejos”) y la manera de responder a esta demanda por parte del autor, es el triunfo del lienzo. Parece fácil. No lo es. Exige un muy desafiante ejercicio de problematización.

Acrílico sobre tela Mass media (2009, 78.5 x 126 cms.), de Favio Martínez García (Morelia, Michoacán).


La falacia exquisita
El acrílico sobre tela Mass media (2009, 78.5 x 126 cms.), de Favio Martínez García (Morelia, Michoacán) es un eficaz fetiche pop. Sobre un plano/muro (en realidad un fragmento estampado de papel tapiz), aparecen unas chicas/modelo en plan de camisas mojadas que posan en sus breves ropas, chorreadas del dulce, para montar las galletitas que dan forman al título o para incitar al espectador a regodeos de una sensualidad chatarra explícitamente chocante, rodeadas por textos que intervienen gráficamente la composición.
Desde este discurso, Mass Media es un cuadro que cumple lo que ofrece. Las formas tienen una factura lisa y despersonalizada. Son pura epidermia, apariencia, al punto que irrita su misma significación, que es demasiado fácil, demasiado acartonada, demasiado digerida.
Todo esto es voluntario.
Recuperando parcialmente ciertos principios de ese arte folclórico urbano neoyorquino que llamamos Pop Art, Favio Martínez ironiza con la trivialidad propia de los medios masivos en esta, nuestra era de la supercarretera de la información, que en términos prácticos no es sino la supercarretera de la titilante e inútil fragmentación y trivialización de sentidos.
Desde este punto de vista, el tema mismo del cuadro es una coartada. Pareciera que es una crítica hacia el sexismo cosificador contra la mujer, pero en realidad la crítica va más allá y se desprende de los valores del cuadro mismo: de su composición y del diálogo de su estructura.
Deliberadamente, Mass media es una construcción de imágenes que no alientan la imaginación, sino que la frustran; que se desentienden de cualquier noción de pasado o de futuro para consumirse en el puro instante (por lo cual, inevitablemente, carecen de cualquier presente).
La ironía alcanza una dimensión sardónica muy latina con las frases que la surcan y acentúan su sentido: "Nueva imagen", "¡50% más!", "Rico sabor a Influenza".
Es así como Martínez García nos fuerza a vivenciar el vacío mediático desde una situación de absoluta neutralidad. Lo hace con un gusto comprometido que lo vuelve atrevido y original.


El políptico Aún no -Vástago de Prometeo-, de la serie Indiferencias (2008, 156 x 188 cms.), de Iván Méndez Vela (México, Distrito Federal).

Génesis y registro
El políptico Aún no -Vástago de Prometeo-, de la serie Indiferencias (2008, 156 x 188 cms.), de Iván Méndez Vela (México, Distrito Federal), nos presenta a un joven pensando en los pasillos de una escuela de arte (¿Cenart? ¿La Esmeralda?). La idea lo ronda, presente pero aún inasible: apenas sugerida como un pejesapo, esos peces del abismo que atraen a sus presas con un apéndice luminoso que las conduce a su boca.
He aquí uno de los trabajos más conmovedores de la bienal. Porque en definitiva lo que el autor quiere es compartirnos una de esas “pequeñas proezas” que pasan de largo ante nosotros: la de un joven atendiendo a sí mismo, concibiendo y dándole forma a una inspiración. El tema, obvio, no por eso es menos significativo. Iván procura captar el proceso creativo justo en el momento en el que “el arte con imaginarlo basta”, cuando pulsiones y conceptos van cobrando carta de cabalidad en la mente de un autor, antes de pasar a la solución formal y comunicativa.
Pero además el realizador de esta obra necesita aprehender el tiempo, el discurrir de esa génesis (porque se trata del registro de un proceso). Para lograr este objetivo sin abandonar el terreno de la pintura, Iván emprende un políptico de seis imágenes que son una secuencia cinemática imaginativa. Y aquí la palabra clave es “imaginativa”. A través de la secuencia nos propone desarrollar imaginativamente el movimiento vedado a la pintura. Muy contemplativo, a pesar de todo, Aún no también vale por la atención que el autor le presta a la materialidad de los pigmentos y a una solución formal que es, al mismo tiempo, naturalista y evocativa.


El óleo sobre macocel Añoranza (2009, 122 x 122 cms.), de Carmen Dolores Chami Pedrosa (México, Distrito Federal).

Intimidad compartida
El óleo sobre macocel Añoranza (2009, 122 x 122 cms.), de Carmen Dolores Chami Pedrosa (México, Distrito Federal) es uno de los lienzos más académicos de la bienal. A mí me recuerda lo importante que es volver a los clásicos. No para imitarlos, sino para mostrarnos a nosotros mismos que sí los hemos comprendido y que somos dignos de dar el “siguiente paso” sin que el resultado vaya a ser una boutade o un “parto de los montes” de esos que abundan por falta de disciplina.
Pasando al cuadro en sí, Añoranza es una obra que nos hace cómplices de un momento de intimidad emotiva. La obra busca la exaltación dinámica de los objetos y seres del lienzo, a quienes Carmen Dolores representa con el mismo amor que un naturalista y con la misma pasión que un barroco.
Hay una mujer en primer plano, sentada sobre un equipal. Ha detenido momentáneamente la lectura de la carta que tiene en las manos para mirarnos de frente… sin desafiarnos, sino para compartirnos por un instante las emociones que la anegan. Por el piso de la sala, sobre el piso de madera, están desperdigadas muchas otras cartas. Un sillón rojo, al fondo, da la nota vivaz contra el oscuro estampado del vestido de la mujer. En segundo plano, en tanto, un personaje varón, de espaldas a nosotros, lee otro de los documentos.
La autora le saca mucho partido a la pincelada libre, pero en trayectorias cortas que enriquecen el empaste y le permiten, a la vez, crear una atmósfera muy definida (a la hora de mediar el espacio) y una gestualidad muy expresiva (a la hora de plasmar el rostro de la mujer, con todos los matices emotivos que lo surcan). Así crea una composición tan preñada de romanticismo que el espectador siente que la emoción fluye incontenible, siempre modulada por un dibujo extremadamente riguroso, a la vez severo y provocador.


El acrílico sobre tela En la combi (2008, 130 x 130 cms.), de Juan Paulín Lara (Morelia, Michoacán).

Nuestra combi
El acrílico sobre tela En la combi (2008, 130 x 130 cms.), de Juan Paulín Lara (Morelia, Michoacán) nos presenta a cuatro personajes que han sido sintetizados hasta alcanzar la caricatura grotesca. Los pasajeros de esta combi, metáfora de nuestra realidad, son una mujer sin piernas, un trajeado perplejo, una anciana manca que mira abstraídamente por la ventana, dotada de un garfio, y un último personaje, a la derecha, que se lleva manos a la cara en un gesto de espanto que no deja de hacerle eco al célebre El grito, de Munch, porque divisa en el piso una bolsa que lo mismo podría contener dinero que algún dispositivo explosivo.
Totalmente alegórico por la solución bárbara, brutal, de los trazos, el dibujo encuentra su equilibrio en el tratamiento del color, que Juan Paulín Lara acomete aquí para crear volúmenes y contrastes muy sombríos (el rostro lívido de todos los personajes, el nebuloso e incierto paisaje que se filtra por el parabrisas sembrado de insectos muertos, las zonas de penumbra que los rodean por los flancos, a pesar de la zona de claridad, ligeramente liberadora que se alza por encima de ellos…).
Y, como alegoría (una alegoría rica en sus valores gráficos), el trabajo nos presenta una visión que interpreta nuestro momento actual. Los personajes son, cada uno, testimonios de una sociedad mutilada: cercada por el miedo, la indiferencia y la violencia que es la que los ha tocado a todos en su integridad física.
Siempre que escuchamos o leemos la palabra “caricatura”, solemos pensar en diversión o entretenimiento, pero la caricatura que Paulín Lara nos ofrece aquí nada tiene de divertida. Es, en cambio, el más eficaz de los recursos para acentuar el sentimiento de horror. Ante una desesperación tan enorme, tan inasible como la que permea nuestros días, la protéica brutalidad de los trazos en La combi es la última defensa de retaguardia contra los temores que amenazan con paralizarnos.


La mixta sobre tela Volador del viento (2008, 120 x 100 cms.), de Emmanuel Cruz Muñoz (Xalapa, Veracruz).

La breve epifanía
A contrapelo de la obra anterior, la mixta sobre tela Volador del viento (2008, 120 x 100 cms.), de Emmanuel Cruz Muñoz (Xalapa, Veracruz) es una de las propuestas más luminosas de la bienal. En un extraordinario escorzo, el autor nos presenta el rostro en éxtasis de un joven que participa de la tradición de los Voladores de Papantla y que, sujeto por los pies (que no vemos) a la proverbial cuerda en lo alto de la columna, gira y comulga con lo numinoso.
Nuevamente, como en muchos de los casos que conforman a esta bienal, estamos ante un momento de supremo intimismo. Nadie, salvo el protagonista ficcional del lienzo, experimenta o puede compartir el breve momento de epifanía que el pintor (a pesar de todo) nos obsequia.
Para resolver esta visión, Emmanuel Cruz Muñoz acude al academicismo más depurado. La pincelada, suave y –en los acabados finales– con los pigmentos muy secos para esfumar eficazmente las transiciones tonales, está al servicio de lo literal a la hora de atender a los rasgos expresivos más indispensable (la tensión en las manos cuyos dedos se entreabren generosos, en entrega; el gesto de los párpados y la relajada concentración del rostro, el sereno abandonarse que delatan los labios sueltos, sin la menor tensión…)
Absolutamente naturalista, de todos modos Cruz Muñoz interpreta en varios momentos (la fuga de las líneas blancas establecidas por la pintura corporal ritual en el cabello al viento del personaje, por ejemplo, o la claridad de la que parece emerger el cuerpo).
El resultado es de un intimismo gozosamente dionisíaco… y todo a partir de un fotorrealismo que, muy saludablemente, ha sido mediado para impedir la despersonalización propia de esa tendencia. Al mismo tiempo discreto y encantador como una copla, brioso como un himno, Volador del viento nos concita a no olvidar que ideales de todo tipo son capaces de colocarnos por encima de nosotros mismos, marcando un camino con el cual afrontar las horas oscuras, el desafío de las sombras.


Olvidados por

los centenarios


El busto de Concha Urquiza, en la calzada de los poetas, en terrenos del Centro de Convenciones de Morelia.

Los festejos que se organizan en Michoacán para conmemorar el bicentenario del comienzo de la guerra de Independencia y el centenario del estallido de la Revolución Mexicana corren el riesgo de dejar en el olvido a algunos de los personajes más significativos que tiene nuestro Estado en el contexto de tales celebraciones.
Tales serían los casos de la poetisa Concha Urquiza, del compositor Miguel Bernal Jiménez y del periodista Alejandro Ruiz Villalós, los tres nacidos en 1910.
Otro personaje michoacano que también se ve amenazado por la amnesia histórica es el general José Rentería Luviano, uno de los combatientes que enarboló los ideales más auténticos de la Revolución Mexicana, pero que al entrar en conflicto con el gobierno de Obregón, en 1923, fue perseguido y finalmente asesinado dos años más tarde.
A Rentería se vienen a sumar los nombres de Cecilio García, Manuel M. Gómez y aún el de Salvador Escalante.
De todos ellos poco o nada se ha proferido en relación a las conmemoraciones que tienen atareadas a las comisiones, grupos e instancias gubernamentales, legislativas et al encargadas de programar, realizar y difundir las acciones festivas, honomásticas o evocativas.
Estos y otros personajes fueron recordados el sábado 16 de enero por el historiador Ramón Sánchez Reyna dentro de una charla dedicada a puntualizar las omisiones más notables que se han registrado hasta ahora al hablar de las actividades conmemorativas del bicentenario del movimiento insurgente y del centenario del movimiento armado de 1910.


El compositor michoacano Miguel Bernal Jiménez. Poco se ha hablado de él en el contexto de los festejos centenarios.

Cuestión de perspectiva
Durante la charla, que formó parte del programa semanal Morelia, ciudad con historia, Sánchez Reyna señaló que el 2010, para Morelia, no representa solamente los festejos de hechos directamente relacionados con la independencia y con la revolución.
“Hay que saber vincular los hechos históricos –señaló–. Ahí tenemos por ejemplo un personaje como el doctor Nicolás León (Quiroga, 1859-1929), que muy posiblemente sea el médico más importante que ha dado México y a quien le tocó vivir precisamente en el contexto del México de la Revolución. O a Miguel Bernal Jiménez (Morelia, 1910-1956), quien fue un integrante significativo del movimiento nacionalista mexicano”.
Desde una perspectiva similar ubicó a la poetisa Concha Urquiza (Morelia, 1910-1945), quien nace en el año en que comienza la Revolución, pero cuya importancia, en el ámbito del México de comienzos del siglo XX estriba en que fue una mujer moderna de su tiempo. “Fumaba, era maldicionenta, pero también muy devota”. El historiador recordó que Conaculta prepara en estos momentos una nueva edición que se ocupa de la obra de esta autora, la cual se ubica a la altura de Rosario Castellanos y apenas por debajo de Sor Juana Inés de la Cruz, pero de la cual “los grandes públicos no conocen gran cosa porque poco se ha hecho por difundirla”.
En un estado similar se encuentra el poeta jiquilpense Ramón Martínez Ocaranza (1915-1985), cuya obra se dedica a desentrañar poéticamente muchas de las características del México que nació con la Revolución Mexicana, varias de ellas de naturaleza política. De Martínez Ocaranza el ponente recuperó de manera especial los títulos Vocación de Job y Otoño encarcelado.
El general Francisco J. Múgica, personaje michoacano nacido en Tingüindín fue otro de los citados por el historiador, quien recordó que fue militar revolucionario, general de división, constituyente en 1917 y gobernador de varias entidades, entre ellas Tabasco, en la que emprendió un proyecto denominado La República Educativa que ameritaría un esfuerzo de divulgación por lo que el proyecto implicó para fortalecer una idea de nación.


El general huetamense José Rentería Luviano, otro de los personajes olvidados hasta hoy en las conmemoraciones de la Independencia y la Revolución.

También la arquitectura
Entre uno y otro personaje, el historiador ofreció asimismo un breve recorrido por elementos arquitectónicos morelianos que también podrían ser objeto de atención en el contexto de los festejos, ya que se trata de obras cuyos estilos nos hablan elocuentemente de las ideas que prevalecían en los tiempos de los conflictos armados que se conmemoran.
Entre estos protagonistas de la historia citó los quioscos de la Plaza de Armas y del bosque Cuauhtémoc. El primero de ellos tiene la característica de ser el último quiosco de origen británico que queda en todo México “porque conforme iban pasando de moda se les desmantelaba y se les convertía en chatarra para poner uno nuevo en su lugar”. Por lo demás, quioscos como ese datan de los tiempos del régimen porfirista y dan cuenta de los modelos de vida a que aspiraban las clases poderosas, pero también de los entornos que se volvieron familiares para el pueblo durante sus reuniones.

Observaciones precisas
A lo largo de la charla no faltarían las críticas específicas, coloreadas con el sabor de la confidencia, hacia diferentes hechos que se vienen dando en el contexto de las conmemoraciones.
Entre ellas sobresalió una observación al acto oficial emprendido el 21 de diciembre para conmemorar el bicentenario de la Conspiración de Valladolid, con la asistencia del presidente de la República.
“El orador oficial iba a ser el historiador Carlos Herrejón, pero de último momento lo fue el presidente municipal de Morelia, Fausto Vallejo, quien ocupó su intervención en pedir perdón por la muerte de la mujer que sufrió el atentado con una granada en Tres Puentes. No digo que no sea un hecho importante, pero sustituir una cosa por otra en el marco de un acto de conmemoración es una burla a la memoria histórica”.
Una observación más se la dedicaría a la manera en que la paraestatal Teléfonos de México se ha sumado a los festejos de conmemoración. “Te van a cobrar tres pesos por minuto para darte información sobre determinados monumentos históricos relativos a la independencia que figuran en una guía que abarca varios estados del país. Hay que marcar un número específico para eso. De entrada, no lo podían hacer gratis porque a lo mejor Slim se queda pobre –ironizó–, pero lo más delicado es que el impacto de divulgación masiva de esa estrategia es muy inferior a lo que se lograría a través de acciones alternativas, pero que no le dejarían ganancias al conocido empresario mexicano”.
En todo caso, a lo largo del encuentro Sánchez Reyna mostró su malestar como historiador por lo limitado de los enfoques que se están aplicando para los festejos y por lo poco que se está abordando a determinados personajes. “No sé –reincidiría–. Es el centenario de Bernal Jiménez. Tendría que ser un año de grandes festejos, pero no se escucha absolutamente nada”.
La historia es válida –concluyó– cuando crea conciencia en los individuos”.

Histeriósmosis II

Babel de híbridos

Segunda entrega dedicada a la exposición abierta en la Sala de Patrimonio de la Casa de la Cultura de Morelia, que se ocupa de los trabajos de Desmond Ray Ramírez

El autor Desmond Ray Ramírez durante la noche inaugural.

A medio camino entre cierto naturalismo de vocación orgánica, visceral, y una honesta y profunda inspiración demiúrgica, los trabajos de Desmond Ray Ramírez (Colorado, Estados Unidos, 1973) son un festín de la alteridad. Dinámicas mutaciones operan en cada personaje que puebla sus dibujos y lienzos.
Y en esta intensa babel de híbridos, Desmond expresa algunas de las pulsiones más significativas de nuestro tiempo: independencia e individualismo exacerbados, el ego desde su reflejo mental más irracional, así como la irrupción violenta de los contenidos de una realidad interior (dirían los freudianos: el asalto del ello).
En medio de estos rasgos, los trabajos tienen el suficiente coraje para ser totalmente audaces a la hora de cantarle (ya como himnos, ya como elegías), a las luces y abismos de nuestro mundo psíquico.

Collage, dibujo e infrarrealismo
El autor acude en la mayoría de sus obras al collage (una de las grandes aportaciones del Dadá), pero también a una sabiduría gráfica y dibujística en la que el realizador atesora sus mejores cualidades.
Porque Desmond Ray Ramírez se revela aquí como un pintor infrarrealista, lo suficientemente romántico como para apasionarse por el riesgo y la aventura de sumergirse en un subversivo caldero de protoformas psíquicas, pero desde estos recursos, se nos muestra ante todo como un dibujante de lo irracional iluminado por un espíritu confesional tan directo que le permite plasmar la mayor identidad posible entre lo que siente y lo que expresa.


¿Otra pastilla para poder dormir y soñar en blanco y negro? (mixta [acrílico, tinta y collage] sobre papel, 63 X 47 cms.).

El lirismo salvaje
Pocas veces vemos por estos lares una actitud intimista que sea tan salvajemente lírica (y en este sentido, tan eficazmente expresiva) como en las obras de este autor nacido en los Estados Unidos, pero educado en México. Porque, finalmente, las deformaciones oníricas y las bioformas caprichosas de sus dibujos y pinturas son medios para fragmentar la realidad y abrirle paso a la infrarrealidad del instinto, que es de donde emerge el monstruismo objetivo que define sus trabajos.
Aquí, a diferencia de lo que hace Jorge Alberto Ortega, no hay alusiones políticas y muy pocas que puedan ser consideradas explícitamente populares, sino una proyección pura y directa de la emotividad individual del autor; una individualidad que se manifiesta en los terrenos del más llano existencialismo. La operación se cumple con tanta pureza, especialmente en las tintas y dibujos, que de ahí procede su nota más auténtica: bárbara e impredecible.


El bosque (mixta [acrílico, tinta y collage] sobre cartulina , 35 X 19 cms.)

Incitaciones y temores
El bosque (acrílico, tinta china y collage), es en realidad una incitación a lo prohibido, tomando como punto de partida la idea-arquetipo de uno de los cuentos infantiles más clásicos del mundo: la Caperucita Roja.
Un texto muy intencionado surca este collage y aduce: “You may find from time to time you run into the big bad wolf” (“Puedes descubrir, de vez en cuando, que entras corriendo en el gran lobo malo”).
El motivo principal de la composición es una Caperucita cuyo rostro es todo labios y ojo (labios y ojo explícitamente sensuales, tomados de otra modelo), pero la caída final de los pliegues de la caperuza hace pensar que el atuendo está vacío por dentro (a pesar del incitador detalle de una capa muy abierta en el escote).
Un pequeño detalle le da una insólita intensidad al personaje: dentro del ojo de la modelo parece asomarse, apenas insinuado como apunte, el rostro –ese sí infantil y temeroso–, de una niña.
La silueta de una cabeza de lobo resuelta a tinta concluye la composición.

Tos (mixta [collage, acrílico y tinta] sobre papel, 35 X 20 cms.)

Estornudos que revelan
Mientras, en Tos (acrílico, tinta, papel y collage sobre papel), el punto de partida es la glamorosa foto de una de esas modelos de revista juvenil, que originalmente ilustraba un artículo dedicado a temas de maquillaje. Con la tinta diluida y el pincel muy húmedo, se ha dejado sobre su frente un rojo carminado que alude a sangre reseca. Otros accidentes controlados surcan el rostro, pero el gran apunte de la composición es la suerte de estornudo que se desborda, poderoso y en azules y blancos, no por la nariz o la boca del personaje, sino por su ojo izquierdo. Mientras, el anoréxico tronco de la modelo aparece apenas sugerido y con breves atuendos verdes. El trabajo es una mirada muy crítica hacia el mundo de la epidermia, de la apariencia, de lo superficial.


Malí (acuarela, tinta y acrílico sobre papel, 34 X 28 cms.)

Lo irracional pulsional
Uno de los grandes momentos dibujísticos de Desmond se encuentra en su mixta (acuarela, tinta y acrílico sobre papel) Malí.
El retrato de un personaje brinda una de las notas más agresivas de la exposición, a partir de la gran eficacia de un dibujo libre, espontáneo, absolutamente suelto, de cuya libertad emerge una genuina nota de irracionalidad pulsional.
Este enorme acierto dibujístico se ve reforzado por la fluidez de accidentes controlados como las salpicaduras en rojo, todo modulado por un trabajo atento que le da una inquietante ambigüedad expresiva al personaje retratado: la lengua lúbrica, la mirada taimada, torva y los amenazantes dientes cuya agresividad se extiende a ciertas formas dispuestas en la espalda del personaje, como si fueran visiones distorsionadas de las vértebras de su columna. Un retrato muy cumplido… no porque revele a un personaje “tal como lo vemos”, con los ojos del sentido común, sino porque lo revela “tal como lo siente” el autor, mostrando así su naturaleza más oculta. Una pequeña obra maestra.


Jorge Alberto Ortega, el otro autor que participa en la muestra, ante la instalación que comparte con Desmond, localizada al centro de la galería.
Histeriósmosis I

Delirios urbanos

en estado de gracia


Una primera entrega a la exposición inaugurada en la Sala de Patrimonio de la Casa de la Cultura de Morelia, aquí dedicada a los trabajos de Jorge Alberto Ortega


Vista de la intervención ¿Qué es esto?, de Jorge Alberto, una de las obras alojadas en la sala de Patrimonio de la Casa de la Cultura.


Primero fue el ayuntamiento de Morelia, hace un par de semanas, con la inauguración de la colectiva Game Over, abierta en la galería del Archivo Histórico Municipal (Museo de la Ciudad). Ahora es el departamento de Artes Visuales de la Secretaría de Cultura el que comienza su año con una dignísima exposición que reúne a dos autores jóvenes: Jorge Alberto Ortega y Desmond Ray Ramírez.
Este jueves 14 de enero la Casa de la Cultura de Morelia abrió de manera simultánea dos muestras de artes visuales. Una fue la colectiva Bi-centenario, que se localiza en la galería Luis Sahagún, en la planta alta y de la que me ocuparé en breve. La otra ha sido Histeriósmosis, a la que dedico dos entregas para así atender como es debido a cada uno de sus autores. El empeño vale la pena por los resultados de una serie de afortunadas audacias que se configuran, a mi modo de ver, de la siguiente manera:

Entre folclor y ensueño
Como imágenes impetuosas que fluyen desde el inconsciente, pero dotadas de una fuerza que las hace vivir en el plano de la experiencia sensible sin violentar su origen, cada una de las cincuenta obras que conforman la exposición Histeriósmosis (Jorge Alberto Ortega y Desmond Ray Ramírez, 2009-2010) mantiene una vibración misteriosa, propia del mundo psíquico, ante la cual debe ponerse a trabajar como colaborador el consciente de cada espectador que se instala ante los lienzos.
Esta provocación, que hunde sus raíces intensamente en el onirismo propio de lo subconsciente, pero que a la vez alude muy directamente a realidades socio-populares de nuestra vida cotidiana, es el elemento más valioso de una exposición audaz, fresca y arriesgada.
El caso de Jorge Alberto Ortega, con quien comienzo, es muy interesante porque tanto sus formas como sus temas se nutren de lo popular y lo hacen desde una perspectiva muy precisa: la del folclor. De allí sus águilas emblemáticas de la nacionalidad mexicana y sus personajes barriobajeros que emergen, briosos, de las abigarradas composiciones (ya cínicos, ya inconformes, ya dolientes o alevosamente carnavalescos), siempre a medio camino entre la estética del cómic y la de algunos momentos afortunadísimos, en los que la caricatura o el apunte grotesco alcanzan una acidez y una vehemencia muy similar en su potencia a las que hace cien años manifestaba Orozco en algunos de los frescos de San Ildefonso, por ejemplo.
Entre los personajes que nos brinda Ortega figuran luchadores enmascarados, diablitos, calaveras, agresivos perros callejeros, granaderos con máscaras antigas, chavos-banda y una galería más o menos amplia de faunas antropomorfas.
Lo delicioso en todo esto es que el de Jorge Alberto no es un folclorismo meramente ilustrativo. Muy por el contrario: en sus lienzos estamos ante formas folclóricas, sí, pero que se combinan activamente con el recuerdo, con la fantasía, con el instinto y con el ensueño.
El resultado de esta fecunda mixtura es el retrato de un México profundamente vital, dinámico, contradictorio y violento. Un México que, en la hora de las incertidumbres, se debate en el desgarramiento del caos. Ese caos manifiesta las enormes pasiones vitales que barruntan, indomables y telúricas, en el más oculto y secreto corazón de nuestra sociedad actual.
Así pues, he aquí, con una videncia que resulta insólita en un autor tan joven (León, Guanajuato, 1982), una serie de expresiones que a pesar de su coqueteo con lo surrealista no pretenden divinizar lo inconsciente (como haría un surrealista), sino que nos muestran el vigoroso y salvaje estado de espíritu de una nación mexicana que se debate en las contradicciones del azar y en la efervescencia de la brutalidad, justo en el precario gozne que separa a una idea de mundo que agoniza de aquella que se asoma en las emergentes generaciones (aún en proceso de configuración y resignificación) para apropiarse del todavía nebuloso porvenir.

Mexicanos al grito de caos
En su intervención ¿Qué es esto?, por ejemplo, Jorge Alberto Ortega nos entrega, como summa de lo que veremos, una propuesta que abraza y acota las intenciones y alcances de su discurso.
Un dibujo a blanco y negro sobre el muro nos presenta un abigarrado conjunto de personajes y símbolos, dominados todos ellos por la figura de un águila de mirada desafiante y de cuyo pico se desprende una gota de sangre rojísima (el único elemento cromático en el dibujo y, por lo mismo, poderosamente eficaz en su dramatismo). Del pecho de esta patria sangrienta (es decir, de su corazón) emergen tres cañones en pleno estruendo. Bajo este signo bélico, seis personajes diversos ilustran las identidades, generaciones y circunstancias de una polimorfa sociedad que se entremezcla con un rostro dinámicamente estilizado, que a momentos recuerda a un toro o a una res y al cual acompaña, a un lado, una de las garras del águila.
Así pues, el “Mexicanos al grito de guerra” que nos heredó hace más de un siglo Jaime Nunó deviene aquí en un “Mexicanos al grito del caos”. Un caos cuyo sentido nos es revelado en las dos pinturas que, como ensoñaciones enmarcadas en muy gráficos globitos-nube, dan cuenta de todo aquello en lo que piensan los personajes del primer conjunto.


El óleo sobre madera y tela Bam – 3 +, de Jorge Alberto Ortega.


Violencia y agonías
Los dos lienzos son Bam – 3 + (óleo, madera y tela, 60 X 122 cms.) y Ellos sufren (acrílico sobre lienzo, 80 X 80).
Bam – 3 + no tiene vuelta de hoja. Es el sonido de un balazo, ante el cual tres nuevos muertos añaden puntos a las estadísticas alusivas a la violencia. Tres vidas menos. Tres manifestaciones más de la irracionalidad.
Los cuerpos yacen amontonados, grotescos, uno de ellos en escorzo. El sentimiento de brutalidad que emana del trabajo procede de la potencia expresiva de las líneas (gruesas, fluidas, intensamente gráficas, aunque se trate de una pintura), de la gestualidad impresa a personajes como el de la extrema derecha, con su rostro lívido y la roja lengua de fuera, y de las intensas vibraciones rítmicas de una pincelada apretada, cuyos pigmentos muy diluidos generan complejas veladuras. Mientras, en Ellos sufren el autor nos muestra un breviario de personajes que configuran al doliente pueblo mexicano actual. Un pueblo de diablitos, enmascarados, indios, calaveritas, mestizos, mujeres, engabanados y el insólito apunte de ese personaje en azul y de rapada cabeza que lanza un grito acentuado por el escurrimiento en verde de biliosas agonías.


Detalle a los perros en el acrílico sobre lienzo Los temores.


Del pulp
Otro trabajo importante de entre los que ofrece Ortega es Los temores (acrílico sobre lienzo, 184 X 186.5 cms.). Esta es quizá, de entre todas, la obra más en deuda con una estética de cómic. Sin embargo, la vocación que, en principio, es totalmente ilustrativa, deviene algo más profundo por las realidades que significa.
La composición, agobiante por lo recargado de sus elementos, muestra en su apunte más cruel a un joven que se levanta la camisa, con rictus de horror (ojos saltones y dientes pelones) para que un par de feroces perros lobunos puedan desventrarlo a gusto mientras un personaje que algo tiene de Nosferatu hace algo con su cremallera. En otra parte, un personaje con máscara de lucha libre atenaza a una joven rubia y trata de asaltar sus senos mientras otro personaje al lado de ellos desenrosca su muy lúbrica lengua y una chica que se autoerotiza nos permite ver, en su hombro y brazo izquierdos, un tatoo con la leyenda “Mariachi Morelia”. Aquí no hay pierde. Acudiendo a una estética de historieta que pasa lo mismo por un toque a la Richard Corben que a los Sensacionales de editorial Mango en los puestos de periódicos (¡eso es irse a los extremos!), el autor consigue formas muy pop y reincide en la tesis de las poderosas pasiones que barruntan y se desatan en distintas formas de violencia.


Detalle del acrílico sobre lienzo Son unos animales para atender al trabajo gestual en los rostros.


Y a mucha honra
Pasando por alto un trabajo tan notable como Las consecuencias (acrílico sobre madera, 250 X 230 cms), que es en donde Ortega se aproxima notablemente a lo orozquiano, en Son unos animales (acrílico sobre lienzo, 50 X 60 cms.) nos comparte el mejor momento de una saludable veta irónica que marca importantes distanciamientos críticos en todo cuanto el autor nos ofrece en la exposición.
Tres personajes que dominan el lienzo son el machín de barrio (con el explícito taparrabos que dice Hot Dog para acentuar el temple lúbrico de su feroz rostro, caracterizado como el de un Doberman), la chica complaciente (“inexperta y sensual,”, dice el tópico, con esos rasgos felinos inconfundibles y el gorrito azul de osito de peluche que enmarcan tanto la mirada como la sonrisa frívolos y cómplices) y el pusilánime (que aquí aparece como un cerdo enmascarado de ojo expectantes que se come las uñas, lleno de ansiedad).
Otros dos personajes, en la parte inferior de la composición, son mucho más sombríos por su carácter enigmático: un minotauro, a la extrema izquierda, y un personaje grotescamente enano, de casco o gorro, que cómplicemente le da la mano al personaje Doberman. El distanciamiento al que aludí al referirme a Las consecuencias también opera en este lienzo. Es que, tal como lo percibo, Jorge Alberto Ortega no pretende demostrarnos algo. Simplemente nos lo muestra. En el caso de Son unos animales, la fauna registrada no es juzgada por el autor. En todo caso, la ironía que la matiza dota a los personajes de una curiosa dignidad, no por ello menos legítima. Son lo que son y no les preocupa disimularlo en lo absoluto.


Un fragmento de El mártir.


El mártir
Finalmente, en El mártir (acrílico, madera y tela, 122 X 120 cms.), Jorge Alberto Ortega consigue uno de sus trabajos más gráficos. Como en varias otras de sus obras, hay una tensión muy explícita entre el fondo, donde aparecen colores planos, y los ritmos mucho más complejos que surcan los trazos que definen a los protagonistas.
Por lo demás, muy dolorosa porque es una imagen que acude el tema clásico del sacrificio del inocente, pero revirtiéndolo para caracterizarlo como el sacrificio del ciudadano común, El mártir nos muestra a un (déjenme ponerlo así) Juan Pueblo que es traicionado, humillado y atormentado de distintas maneras (la oscura forma que le da un sombrío beso en la mejilla izquierda, el personaje de rostro nebuloso que le pone “cuernos” y lo sujeta obsequiosa pero ominosamente, el corazón rojo que se asoma por debajo de la camisa, el recurrente perro que emerge de un costado). Otras presencias del lienzo comparten, con sus gestos, el sufrimiento y la agonía del personaje principal y el conjunto, apretado, tiene una enorme potencia visual acentuada por la forma en que Ortega integra textos como elementos gráficos, herencia una vez más (casi sobra decirlo) de las historietas.
Con este trabajo concluyo este primer repaso. Falta Desmond Ray para mañana. Por lo pronto, Jorge Alberto nos ofrece sus obras como una experiencia de trance.
En efecto, como en delirio, como en estado de Gracia, las imágenes nacidas de una visión de barrio y de personajes y pulsiones muy populares, exaltan potencias demoniacas (incontenibles, salvajes, ya rebeldes o revolucionarias).
También hay, en el temperamento del autor, ataques al buen gusto que son muy disfrutables. Y lo son porque se antojan como algo más allá que una mera provocación. Se dan, en cambio, para atacar la vanidad y superar el sentido trágico de la realidad actual y cotidiana. ¿Todos nuestros males proceden del pecado de razonar o del pecado de dejarnos llevar por los instintos? En todo caso, los trabajos de Jorge Alberto Ortega multiplican las zonas de misterio y en ciertos momentos llega a las supremas claridades de un arte que por ser elemental, natural, indómito, expulsa cualquier conformismo y nos coloca de cara ante lo que (como escribe Erandi Ávalos en una de las cédulas): “nadie quiere ver, lo que todos temen vivir y que, sin embargo, es necesario experimentar para trascender”.



Comunicado de la Secretaría de Cultura

Anuncian oficialmente

los daños en el Macaz


Acercamiento a la estatua Mujer, tras el incidente del jueves. La obra permanecerá in situ hasta que un especialista avalado por el INBA la revise.

La Secretaría de Cultura de Michoacán (Secum) emitió este viernes por la tarde un comunicado de prensa donde da a conocer que la escultura Mujer (Alfredo Zalce. Unicel, alambre y cemento, 1995), así como la torre octogonal popularmente conocida como el torreón, en el ala norte del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce, en Morelia, sufrieron daños a consecuencia de la caída de un pino, el jueves, tal como este blog difundió en exclusiva.


Otro aspecto del Macaz, con el árbol de pino que cayó sobre la torre octogonal del inmueble, el jueves, a causa de los fuertes vientos.

Recuento de los daños
La Secum señala en el documento que se convocará a un conservador-restaurador profesional avalado por el INBA para obtener un dictamen preciso de los daños en el caso de la escultura y para que gire las instrucciones especializadas “para levantar o, en su caso, mover la escultura, para su restauración”.
Mientras, también se indica que la Dirección de Patrimonio, Protección y Conservación de Sitios y Monumentos Históricos de la propia Secum ya realizó una primera valoración de los daños sufridos por el inmueble. El análisis permitió determinar lo siguiente:
“Se estropeó el bastidor de acero, recubierto de lámina metálica, que forma la cubierta (de la torre) y la cornisa de cantería que se encuentra en su desplante. La intervención requiere la liberación del bastidor y laminillas, la reintegración de láminas y material, así como la liberación e integración de parte de la cornisa fracturada”.
El comunicado añade un hecho que es visible en el video emitido ayer en este blog, aunque por la premura para subir el material no lo describí: la caída del árbol también dañó la estructura metálica de la carpa donde cada sábado se emprenden los talleres infantiles en el jardín del MACAZ.


Desde el interior del museo la mampostería del torreón no muestra daños visibles. El foro mantiene abiertas sus puertas. En estos momentos exhibe la VII Bienal Alfredo Zalce.

Pormenores del incidente
La Secum indica que el árbol se precipitó contra la torre octogonal hacia las 14:00 horas del jueves y que no hubo lesionados.
Por lo demás, luego que el cuerpo de Bomberos declinó intervenir, personal de la Dirección de Parques y Jardines del ayuntamiento de Morelia llegó al MACAZ a las 14:45, apoyado por una grúa telescópica y sierras eléctricas.
La idea original consistía en cortar la parte más alta del árbol, mientras la grúa, con el brazo extendido totalmente, lo sostenía. Pero el peso del tronco (de unos veinte metros de longitud) comprometía la estabilidad de la grúa, por lo que se optó por comenzar a seccionar el tronco del árbol desde abajo.
El comunicado no lo indica, pero en la operación se realizaron siete cortes al tronco del pino (el video publicado aquí ayer registra seis de ellos). Durante el último “al momento de separar las partes provocó una palanca que hizo que una parte grande del árbol girara, golpeando la escultura en la parte más baja, justo por encima de la base de metal y concreto, doblando la estructura metálica y desestabilizando la escultura”.

Zona acordonada
También ayer por la tarde la zona del jardín en la que quedó la escultura Mujer fue acordonada con cintas amarillas para que la obra permanezca tal como quedó a causa del percance, en espera de que un restaurador calificado gire instrucciones.
Por lo demás, el museo mantiene sus puertas abiertas al público. En estos momentos mantiene en exhibición la colectiva de la VII Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce.
Vale señalar que, desde el interior, no se perciben daños visibles a la mampostería del torreón.

Conferencia del doctor Luis Villoro

Los desafíos de una

revolución ordenada

El intelectual se pronuncia por transiciones ordenadas en las que triunfe la razón y la organización de un pueblo desde las bases


El doctor Luis Villoro durante su diálogo con el público, al término de la conferencia ofrecida en la Casa de la Cultura de Morelia.

“Teóricamente, en México vivimos una democracia, pero en los hechos es una partidocracia. Democracia significa el gobierno del pueblo, pero aquí los que gobiernan son los partidos. La mexicana no es una democracia real”, afirmó este jueves 14 de enero el doctor en filosofía Luis Villoro Toranzo (Barcelona, España, 1922), durante la conferencia El concepto de Revolución.
Ante esta perspectiva, que por definición impide el empoderamiento del pueblo, el también Premio Nacional de Ciencias y Artes 1986 defendió la posibilidad de una “revolución ordenada” que, sin renunciar al poderoso motor de la pasión, sea capaz de conducir a un cambio radical por medio de la razón y de una transición pacífica, echando mano del enorme poder de un pueblo organizado desde las bases, capaz de actuar con orden y sin violencia.
“Tenemos por lo menos dos ejemplos de que revoluciones así son posibles –arguyó–: la que encabezó Gandhi en la India y la que emprendió Nelson Mandela en Sudáfrica. En ambas revoluciones se impuso la negociación”.
Durante la charla, realizada en el Auditorio II de la Casa de la Cultura de Morelia, Villoro Toranzo aceptó que, de suyo, las revoluciones son actos violentos. “La revolución rusa y la revolución francesa, por ejemplo, fueron muy violentas. Pero una revolución no es solamente violencia; también es la posibilidad de alcanzar por medio de la razón una sociedad otra, distinta”.
El intelectual ponderó: “Toda revolución es sostenida por la tensión permanente entre pasión y razón. Es la pasión la que le da impulso y sentido a la acción histórica. Pero esa acción va en pos de una meta que cada vez más apunta a un orden racional que sea capaz de imponerse sobre la elección apasionada”.
En este sentido, consideró que la sociedad mexicana actual está dividida, en parte por los efectos de la partidocracia a la que aludió antes, “pero también es dueña de una enorme pasión para regenerarse”.
El doctor Luis Villoro dictó la charla invitado por la Asociación de Promotores Culturales de Michoacán y con apoyo de la Secretaría de Cultura, en el marco de otras actividades emprendidas esa tarde por la asociación, entre ellas la inauguración de la exposición colectiva Bi-centenario y un recital con el grupo Bola Suriana, en el Auditorio Luis Sahagún de la Casa de la Cultura.

El aporte de la Ilustración
Mientras, en la conferencia, Villoro Toranzo comenzó deslindando el orden humano (histórico) de su “Otro” opuesto, que es el orden existente en la naturaleza.
Asumiendo que los hombres somos seres históricos, y por ese sólo hecho, expulsados para siempre del mundo natural (el Edén, para dogmas como el del catolicismo), el doctor Honoris Causa por la Universidad Michoacana indicó que de esa dicotomía emerge también el doble componente de todo lo humano (“somos pasión y razón al mismo tiempo”).
En este tenor, y para abordar el concepto de revolución desde un enfoque moderno (a partir del cual nuestras sociedades se definen hoy), señaló: “La sociedad ordenada por la razón fue el gran triunfo de los procesos que se dieron en Europa en los siglos XVII y XVIII (cuando comienza la edad moderna con el ocaso de las monarquías y el nacimiento de los estados republicanos). “Desde entonces –dijo–, las sociedades ya no quedaron más sujetas a los caprichos de un soberano; un derecho positivo las inscribió a un orden moderno”.
El autor de El poder y el valor. Fundamentos de una ética política (1997), destacó los tres componentes fundamentales aportados por las revueltas sociales de ese periodo para concebir la noción moderna de revolución: fueron movimientos que respondieron a la voluntad de la razón para imponer un nuevo orden, apoyadas en el poderoso respaldo de las pasiones colectivas; fueron procesos a través de los cuales la imagen del soberano se despersonalizó para ser reemplazada “por el ente ficticio de la voluntad colectiva, cuyo beneficio consistió en que no se identificaba con ninguna voluntad personal, sino con el Bien Común”; también fueron gestas a partir de las cuales los sujetos quedaron sometidos al orden jurídico “es decir: se buscó sustituir la decisión arbitraria, propia de reyes y monarcas, por una regla capaz de responder a los designios de una Voluntad General”. Indicó que estos tres elementos son fundamentales, porque a través de ellos se alcanza una soberanía. “Y la soberanía no puede establecerse sin un orden normativo, heterónomo”.


El doctor Honoris Causa por la Universidad Michoacana escucha la pregunta dedicada al caso concreto de Santa María de Guido.

A la lucha de clases
De esta revisión a los movimientos revolucionarios de los siglos XVII y XVIII, Villoro pasó a los movimientos decimonónicos y a los del siglo XX. Consideró: “Las Revoluciones Socialistas fueron racionales en el modelo de Rousseau, pero buscaron un ideal nacional diferente: aquel capaz de liberar de su opresión a las clases dominadas. Finalmente, también se trató de la concepción de un orden social de validez universal, pues la emancipación de las clases sometidas (la proletaria, la campesina…), significaría la emancipación de todos. Esto imponía, naturalmente, la sujeción a una regla: la de la racionalidad práctica, efectiva, que es la función que aportan la Ilustración del Siglo XVIII y el marxismo del Siglo XIX”.

La regulación del azar
Abundaría: “El elemento racional es imprescindible cuando se piensa en las revoluciones desde la perspectiva del pensamiento moderno, porque la razón introduce orden en el caos, ofrece una continuidad en medio de la discontinuidad; regulación en medio del azar”.
“Y aquí ya no se responde exclusivamente a una noción de Voluntad General, como en Rousseau, sino a la contraposición de clases, propia del marxismo, de la cual emerge el componente de una Voluntad Real: la de las clases explotadas que se sublevan contra el sistema que las oprime. Sin embargo, tanto el pensamiento de la Ilustración como el pensamiento marxista tienen como objetivo último la búsqueda del bien común, que sigue siendo el rasgo que los universaliza”
Villoro concluiría proponiendo que, atendiendo a la dialéctica entre los elementos de pasión y razón implícitos en todo movimiento histórico y privilegiando el imperio de la racionalidad, sería posible allanar el camino a revoluciones capaces de lograr cambios radicales sin necesidad de las orgías de sangre y muertos, de caos y violencia, “siempre y cuando tales movimientos emerjan de la pasión característica del empuje popular, desde abajo, y los caudillos sean capaces de encauzar esas fuerzas con la indispensable inteligencia.

Un pueblo organizado
Durante la sesión de preguntas y respuestas hubo cinco diálogos entre el doctor Villoro y el público. Prácticamente todas las inquietudes se dedicaron al tema de cómo lograr en el México de hoy una revolución que se de en términos pacíficos, en la que el elemento racional sea capaz de imponerse a la mera pasión y sus excesos.
En particular, uno de los asistentes cuestionó a Villoro con un caso muy concreto. Como se dice, con nombre y apellido: el personaje se declaró profundamente indignado por la reciente aprobación, en diciembre, de una iniciativa del gobierno de Leonel Godoy Rangel que finalmente deja en desventaja a los colonos de la región de Santa María de Guido y que además violenta la demarcación ecológica de una Zona Protegida. Inquirió: “en casos como este ¿cómo lograr como sociedad, desde unas bases que están organizadas y listas, demandarle al gobernador de Michoacán que reconsidere una decisión que no beneficia al pueblo?”
Fue precisamente aquí cuando Luis Villoro repuso que “México no vive una democracia sino una partidocracia” (la declaración con la que comienza este post). Añadió: “frente a la necesidad de una revolución, yo apelo a la esperanza de que el pueblo mismo, sin violencia, desde abajo, sea capaz de emprender acciones razonadas pero firmes para conducir a un cambio radical. No será en Morelia donde ocurra, sino donde quiera que haya un pueblo dirigido y organizado”.


EN VIDEO

Anuncian conferencias

Ciclo El cine y

el bicentenario

Organiza la Secretaría de Difusión Cultural de la Universidad Michoacana; comienzan el 22 de enero


Una imagen de La virgen que forjó una patria, uno de los filmes que se proyectarán durante el ciclo de conferencias.

Un ciclo de conferencias dedicado al tema El cine en las celebraciones centenarias, coordinado por la Secretaría de Difusión Cultural de Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo dará comienzo el próximo viernes 22 de enero, dentro de las actividades que ha preparado la comisión del bicentenario de la UMSNH.
El anuncio se hizo ayer, jueves 14, a través de un comunicado de prensa, por la propia Secretaría de Difusión Cultural.

Programa de conferencias
El ciclo está conformado por once conferencias, una por mes, que tienen por objetivo hacer una revisión de cómo el cine mexicano, y aún el extranjero, ha retratado estos dos conflictos armados de nuestra historia, así como reflexionar en cuestiones más subjetivas de ciertos íconos que el cine histórico utiliza para la construcción de sus mensajes. Todo ello desde la perspectiva de cómo el cine puede abonar a la construcción de una identidad patria.
El ciclo inicia con la conferencia La guerras patrias en el cine y la identidad nacional que estará a cargo del doctor Víctor Manuel Pineda Santoyo, el viernes 22 de enero. Continuará con La añoranza porfiriana; La virgen de Guadalupe en el cine, con el maestro Juan Carlos González Vidal, y Los símbolos en el cine histórico, que será impartida por la maestra Mónica García Abraham. Seguirá La música en el cine histórico, con Alejandro Mercado Villalobos.


El documental Los rollos perdidos de Pancho Villa (proyectado hace un par de años en el FICM), también figura en el programa.

Otros participantes
También se analizarán de manera especial dos películas: Reed, México Insurgente (Paul Leduc, 1970) y ¡Viva Zapata! (Elia Kazan, 1952), está última será abordada en una plática a cargo del maestro Rafael Orozco Flores.
El ciclo incluye Cine y Revolución Mexicana, con el maestro Andrés de Luna; El cine como espectáculo durante la revolución mexicana será impartida por el doctor Ricardo Pérez Montfort. Vendrá después Postrevolución: cine cardenista, con la maestra Tania Celina Ruiz Ojeda y terminará con la conferencia Documentos fílmicos de la Revolución Mexicana a cargo del doctor Eduardo de la Vega Alfaro.


Vista parcial del cartel de El rayo del sur, largometraje dedicado al personaje de José María Morelos.

Proyecciones en el ciclo
El ciclo de conferencias estará acompañado en su desarrollo con una selección de películas relativas a la temática como La virgen que forjó una patria (Julio Bracho, 1942), El rayo del sur y El padre Morelos, de Miguel Conteras Torres; Mina, viento de libertad que dirigió el español Antonio Eceiza en 1976; Que viva México y ¡Viva Zapata! de Serguei Eisenstein y Elia Kazan, respectivamente y el documental Los rollos perdidos de Pancho Villa (Gregorio Rocha, 2003), entre otras.

Catálogo en proyecto
De manera colateral se proyecta la edición de un Catálogo cinematográfico, crítico y biográfico de la Independencia y la Revolución Mexicana (y de otras luchas intestinas) que además de un capitulado específico sobre el tema de las luchas armadas en nuestro país, intentará identificar todas aquellas cintas -documentales o de ficción- que aborden el tema, así como los personas vinculadas con esta parte de la producción fílmica.
A los asistentes al ciclo de conferencias, que se realizarán en el Centro Cultural Universitario, que acudan a por lo menos ocho sesiones, la Universidad Michoacana les otorgará una constancia de participación.

Cae un árbol sobre el

Museo Alfredo Zalce


Las lluvias recientes y los fuertes vientos propiciaron que un añoso pino se precipitara contra el torreón del recinto; durante las tareas para retirarlo, el tronco alcanzó a la escultura Mujer, en el jardín

El añoso pino, momentos antes de que personal de la dirección de Parques y Jardines del ayuntamiento moreliano diera comienzo a las labores para retirarlo.

Las lluvias de los recientes días, aunadas a los fuertes vientos y a la debilidad de sus raíces, ocasionaron que un pino se precipitara sobre el ala norte del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce, en Morelia, causando daños al torreón, que es el elemento arquitectónico más bello del inmueble. Durante las labores para retirar el árbol, el tronco alcanzó a lesionar la escultura Mujer, realizada por el artista patzcuarense, la cual se localiza en el jardín del museo.


La escultura Mujer, tal como quedó en el suelo del jardín tras la caída del árbol.

El incidente ocurrió al filo de las dos de la tarde de este jueves 14 de enero, cuando uno de los pinos que flanquean los jardines del MACAZ cedió a los embates del viento. Al accidente contribuyeron dos hechos: que el terreno se había reblandecido a causa de las lluvias de la última semana y que las raíces del pino no eran muy profundas.


Un acercamiento a la cúpula, que sufrió daños a causa del percance.

Trabajadores de Parques y Jardines del ayuntamiento de Morelia acudieron al museo al filo de las tres de la tarde para retirar el árbol luego de que el departamento de Bomberos de la ciudad se declaró incapaz de emprender esa tarea.
Los trabajadores municipales se vieron obligados a talar el tronco del árbol en por lo menos siete ocasiones, ya que el peso del tronco impedía cualquier maniobra.


La escultura de Zalce, al recibir el impacto del árbol.

A pesar de los cuidados que se tuvieron durante la operación, cuando el tronco del árbol finalmente pudo ser desplazado y se precipitó, alcanzó a rozar la escultura Mujer, una de las varias obras zalceanas que adornan los jardines del MACAZ.
La pieza sufrió raspaduras en su cara frontal y su base de cemento se desprendió del suelo.
Una vez que el tronco del árbol fue seccionado en fragmentos más pequeños y se liberó a la base de la escultura de su peso, la Mujer se precipitó al suelo.


Las cortas raíces propiciaron que las lluvias y el viento derribaran el pino.


El Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce es una casona de estilo neogótico francés. El inmueble, erigido en la segunda mitad del siglo XIX, se caracteriza por sus dos plantas, su fachada con escalinatas que llevan a un pórtico, y de manera singular, la torre octagonal con la que remata su ala norte.


EN VIDEO