Bajo el signo de noviembre II

La Revolución y México hoy:

recomposición de estructuras

El filósofo neolonés Severo Iglesias reflexiona sobre el México actual y plantea escenarios de cara al bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana



La nueva democracia, mural de Siqueiros en el Palacio de Bellas Artes

De visita en Morelia, donde participó en la conferencia De los sabores y olores a la creación artística, y en vísperas de una conferencia magistral dedicada al tema El arte como metáfora epistemológica, el filósofo neolonés Severo Iglesias fue entrevistado por Poliedro con motivo del centenario de la Revolución Mexicana y los escenarios y perspectivas del México de hoy. A continuación, sus declaraciones esenciales durante la entrevista.

Líneas en conjunto
“El problema por el que atraviesa México es complejo –dice el autor de Estética: teoría de la sensibilidad; Triádica y otros títulos–. Coincide con un deterioro nacional en todos los ámbitos. Pero al pensar en este asunto hay varias líneas que deben verse y estudiarse de manera conjunta; de lo contrario, todo se va a comprender nuevamente a la vieja usanza, a partir de los viejos fantasmas que asuelan a América Latina.
“Por ejemplo: ahora que se habla del bicentenario de la Independencia y del centenario de la Revolución, se acentúa el hecho de que hubo miseria en 1810, que también la hubo en 1910 y que la hay ahora, en la antesala de 2010. Se colige que en los tres momentos hemos sido dependientes de influencias foráneas. Pero juicios como estos siempre implican un error de perspectiva, porque los verdaderos hechos históricos son irrepetibles: tienen un caso y un carácter particulares, de los cuales pueden surgir soluciones. Porque aunque hay líneas generales, los resortes que empujan a las fuerzas en acción siempre son particulares.
Por ejemplo, es evidente que la miseria es un factor que perdura y recurre, que no desaparece, debido a la base social; pero las perspectivas que tiene ante sí el trabajador de cada época son muy diferentes. Por ejemplo, el pueblo, en 1810, era incapaz de guiar la gran transformación que desencadenó el movimiento de los conspiradores de Querétaro. Hoy, en cambio, el trabajador enfrenta una situación difícil, pero dada la evolución tecnológica posee nuevas alternativas para saber, para acceder al conocimiento y para organizarse. Es decir: tiene oportunidades que no tuvo antes. Instrumentos que, por ejemplo, el cura Hidalgo y sus hombres no tenían.
“Pero la miseria que padecemos hoy tampoco es la misma de hace doscientos años. No se trata sólo de la miseria propia de un ‘país atrasado’ sino de esa otra forma de pobreza, más cruel, que, como decía Marx, paradójicamente surge del trabajo mismo”.

El filósofo Severo Iglesias durante la entrevista.

Contra el destino del Leteo
“A mí me parece –añade– que una de las cuestiones más importantes de estas conmemoraciones del año próximo, por el bicentenario de la guerra de Independencia y el centenario de la Revolución Mexicana, es que representan una buena oportunidad para reflexionar acerca de lo que ha sido la nación mexicana a lo largo de estos doscientos años.
Y esto me parece importante porque no hay que permitir la amnesia. No hay que dar lugar a la desmemoria. No podemos permitirnos el lujo de sumergirnos en las aguas del Leteo, ese Río del Olvido entre los griegos, porque la amnesia implica un peligro real y terrible: genera un pueblo que puede ver, pero que no puede pensar. No hay sufrimiento más inútil que ese: el de quien padece pero es incapaz de hacer algo para resolver correctamente ese sufrimiento. Sin memoria tampoco se sabe tener identidad.
“Por eso es importante que el pueblo mexicano recobre la conciencia. Y estas conmemoraciones son una buena oportunidad para reflexionar en la descomposición nacional”.

Factores en acción
Para el fundador de la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana, en los años setenta del siglo pasado, el proceso de descomposición que vivimos opera, pues, desde distintas líneas, varias de las cuales coinciden y en algunos casos corren paralelas, fortaleciéndose unas a otras. Cita las que le parecen más significativas. Dice:
“La primera de la que hablaría consiste en que, en esta crisis que afrontamos, hay un cambio histórico que tiene que ver con la aparición de una nueva tecnología que desde hace unos treinta años está transformando muchas de nuestras experiencias humanas fundamentales: la educación, el trabajo, la comunicación… las mismas relaciones íntimas. Me refiero a la internet y los ordenadores, que constituyen por sí mismos herramientas inéditas, de amplísimas posibilidades.
“Otra más tiene que ver con el hecho de que hemos visto la quiebra del esquema bipolar capitalismo – socialismo, pero no sabemos aún hacia qué mundo nos dirigimos. Es decir, no se nos ha revelado el sentido de todos los reajustes, algunos muy complejos, que se vienen operando en el mundo desde hace al menos cincuenta años y de manera clara, para la coyuntura en que nos encontramos, desde fines de los años ochenta del siglo pasado.
“Un factor adicional y muy significativo se relaciona con el efecto de una recomposición del capital a nivel mundial, con una capacidad de reacumulación de la riqueza que opera exclusivamente en beneficio de unos cuantos, que a su vez representan a una clase supranacional que, desde esa posición privilegiada, es perfectamente capaz de destruir naciones a su albedrío. En este último sentido, lo que percibo en México es una composición de poderes que, a la sombra de esa clase supranacional, tratan de medrar… pero sin jugársela con el papel que les corresponde dentro de la historia, como, digamos, sí lo hizo en su momento la burguesía francesa del siglo XVIII. Ahí hay otro plano.

Villa y Zapata durante su estadía en la ciudad de México.

“Y finalmente está, propiamente hablando, el asunto del fin de la era de la Revolución Mexicana. Esto es muy importante, pero también muy curioso. Porque el hecho es que todavía en fechas tan tardías como los años setenta del siglo pasado, los políticos y el partido en el poder, que era el PRI, se preguntaban por la Revolución Mexicana. Hasta se fundaron organismos e instituciones para dedicarse al tema. Pero hoy podemos advertir que, en el fondo de esfuerzos como esos, la ceguera ante la verdad fue tal que ni el mismísimo PRI se dio cuenta de que la madre Revolución ya estaba muerta. Y murió porque las posibilidades de transformación se dan desde principios sentados, que fundan algo nuevo. Lo esencial es eso: fundar algo, la base general de una sociedad. Ese conjunto constituyente abre a su vez posibilidades que se desenvuelven y que al concluir cierran su vigencia.

Las líneas de la Revolución
Yo reseño esto desde las principales líneas que activó la Revolución Mexicana y el cómo se han articulado con la historia. El hecho es que la revolución cumplió: abrió un nuevo régimen de vida en la sociedad agraria. Claro, lo que realmente hizo del campo fue convertirlo en un mundo subsidiario, saqueado por las urbes y sus necesidades. Eso fue lo que hizo. Pero eso se cumplió, ya se realizó… aunque su alcance era necesariamente limitado.
“Porque para que iniciativas como, digamos, la de la Reforma Agraria, hubieran tenido una duración y sobre todo una eficacia mayor, debieron de haberse establecido otras bases: la reorganización integral, o lo más amplia posible, de las fuerzas de producción propias del mundo rural, y no meramente la repartición de la tierra, ya que a través de ese solo principio no fue posible darle al campo, al mundo rural mexicano, la indispensable dignidad que amerita. Y esa es una deuda pendiente que tarde o temprano nos va a pasar su factura. Que nadie lo dude. El mundo agrario debe alcanzar dignidad.
“Mientras tanto, la verdad es que hoy en día la Reforma Agraria… o lo que se ha dado en llamar así, ya no tiene sentido. Desde el régimen del presidente Ávila Camacho se dijo: ‘La Revolución ya concluyó con la repartición de la tierra y lo demás son pequeñeces’.
“Eso por un lado. Por el otro, ya durante la Revolución, algo así como el 83% del capital, en México, estaba en manos de extranjeros. Y los actores locales eran simplemente empresarios-satélite, como los del negocio de las pulquerías, que en aquel entonces era muy boyante.
Además, la clase obrera que se generó en países como México no era como la pensaban Marx o Lenin, estaba inmersa en procesos similares. Ahí tenemos como ejemplo la configuración, en 1912, de una organización sindical como la de la Casa del Obrero Mundial, que estaba fundada sobre los ideales que emergieron en buena medida del pensamiento magonista y a la que dieron vida trabajadores industriales como una respuesta a las condiciones de inseguridad en las que se desenvolvían.
Pero a propósito de esto vale la pena recordar una diferencia sustancial que se ha dado en los procesos en América Latina y Europa. Esa diferencia consiste en que, en el Viejo Continente, el desarrollo del capital generó a la clase burguesa, que una vez consolidada se apropió del Estado. En América Latina ocurrió exactamente al revés: en diferentes naciones primero se gestó el Estado y luego la clase burguesa o empresarial que tomó las riendas del Estado. En nuestro país el proceso se dio con enorme claridad hace unos treinta años, durante el régimen del presidente José López Portillo”.


Catarsis. Mural de José Clemente Orozco en el Palacio de Bellas Artes

Líneas de descomposición
“México se ve inmerso en líneas de fuerza que han coincidido y que marcan la descomposición del país. Estas líneas tienen que ver con las estructuras energéticas, con las estructuras educativas y con las estructuras del mercado, todas en descomposición.
Por ejemplo, se habla de que hay que impulsar el mercado interno, que a su vez tiene dos vertientes: la de los bienes de capital, que también conocemos como bienes de producción, y la de quien o quienes los compra para crear los bienes de consumo. ¿Qué fue lo que pasó con esta relación? En 1939 se inauguraba la etapa de la protección a la industria, durante el régimen del general Lázaro Cárdenas, quien buscaba fundar una industria mexicana de la transformación que creara bienes secundarios. Para 1941 estas acciones adquirían estatuto de ley con Ávila Camacho; así nació la Canacintra, en medio de acciones proteccionistas que se extenderían hasta la etapa, ya en los ochenta, de la sustitución de importaciones. Cada una de las acciones articuladas en ese arco buscaba ayudar a generar una industria propia y razonablemente sólida, pero ninguna de ellas logró romper la dependencia de México del capital extranjero. Y así llegamos al régimen de Gustavo Díaz Ordaz, en el que concluye la etapa desarrollista bajo un signo de derrota, porque, como se llegó a decir en su momento: ‘queriendo liberarnos, nos esclavizamos más’.
El problema de fondo, en este asunto, es que los esquemas de infraestructura, especialmente el mercado, estuvieron siempre desarticulados, dependiendo de capitales foráneos y de otro porcentaje que estaba en manos del pequeño mercado, cuya eficacia hasta hoy es menor a la que el país necesita. Por eso el PIB no se logra remontar: se navega contra la corriente de la historia”.
“O el caso de la educación superior: es curioso ver que en 1999-2000, la UNAM se paralizó por completo a causa de la huelga desatada por las inconformidades contra la modificación al Reglamento General de Pagos. Y a pesar del desastre que significaba el ver correr los meses mientras las aulas de la mayor universidad pública del país permanecían inactivas, al Estado no le importó. Tampoco al empresariado. Entonces ¿cuál era la alta función de la UNAM? Para advertir en toda su dimensión el trasfondo de esa experiencia basta leer datos como los del INEGI, que son clarísimos: Los sectores más desocupados actualmente en México son los más ilustrados. Es decir que en México, hoy, un peón o un albañil (con todo el respeto que merece su trabajo) tienen mejores perspectivas laborales que cualquier académico o profesionista”.
“Un caso más: La clase trabajadora se ha visto obligada a convertirse en la defensora del líder charro que por décadas la pisoteó. Porque hoy el gobierno busca anular la autonomía sindical y, en esas condiciones, los trabajadores optan por defender a caciques como Napoleón, si tomamos como ejemplo el caso del sector minero, a quienes en otras condiciones no apoyarían.
“Pero el hecho es que el sindicalismo es otra estructura que también ya llegó a su fin, porque ya no es necesario como puntal del sistema político mexicano. Su vieja fuerza se va diluyendo rápidamente, se pierde por completo y a los trabajadores se les van rescindiendo derechos que alguna vez fueron fundamentales: los que garantizan artículos como el 27, el 123 y el tercero.
“Volvamos sucintamente al asunto de la educación. La educación debería propiciar la democracia, así se definió en uno de los incisos del texto constitucional a partir de su segunda reforma, hacia 1946: ‘El criterio que orientará dicha educación será democrático, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo’. Pero esta parte parece haber desaparecido del texto constitucional. Desapareció con el Plan de Desarrollo de la Educación en tiempos de Salinas de Gortari”.


"Han sido los trabajadores, a lo largo de las décadas, quienes sí se la jugaron con la historia. En cambio la otra clase, la burguesa mexicana, nunca arriesgó ni un pelo".

Derecho y sociedad

“Por otro lado, en ámbitos del derecho, podemos considerar que México ha transitado por tres generaciones distintas del Derecho Moderno a partir de la Revolución Mexicana hasta llegar a nuestros días.
“Y es que a fines del siglo XIX en Europa y a comienzos del siglo XX en México se dan los derechos colectivos, como los de los campesinos o los asalariados. Allí, nuestra constitución fue un documento realmente de avanzada.
“Pero hoy, en la tercera generación del derecho, nos enfrentamos a una constelación de derechos inventados: los derechos de los gay, de los niños, de los ancianos, de las mujeres, de los animales… Nos encontramos así con que esta suma de derechos segmentados debilita a los derechos colectivos. Y lo hace además de una forma muy selectiva. ¿No es por lo menos sospechoso que, curiosamente, en esta pléyade de derechos sectorizados, no haya derechos de los estudiantes, a pesar de que en México tenemos 30 millones de estudiantes?
“Y a esto se añaden una serie de derechos internacionales, casi todos relativos a la conservación y protección del medio, que se imponen… pero sin que haya fuerzas coactivas que obliguen a cumplirlos efectivamente. Y mientras tanto, los derechos generales de la sociedad se ven erosionados, los derechos humanos se encuentran en una crisis garrafal y los derechos colectivos se diluyen y parece que el derecho se torna privilegio, una suerte de “ley privada”, como podemos colegir de la etimología de la palabra privilegio, según el estamento medieval. En este sentido es muy evidente que vamos hacia un neo feudalismo.
“Vemos el caso del Sindicato Mexicano de Electricistas. Los trabajadores ya ni siquiera se ven interesados en hacer eco a las demandas de sus compañeros. ¿Por qué? Porque la forma corporativa de las grandes corporaciones, hoy, es muy parecida a lo que ocurría durante el medioevo, donde los trabajadores, sus equivalentes, se ‘ponían la camiseta’ y por eso los analistas dicen que la noción de ciudadanía ha venido a ser paulatinamente absorbida por un sentido corporativo, en medio del cual ya podemos hablar de ‘la sociedad Nike’, ‘la sociedad Sony’ o ‘la sociedad Coca-Cola’, etcétera.
“De esta manera, la sociedad se va tornando una suma de cotos urbanos que van delimitando la estructura social para proteger un interés particular en contra del bienestar social, del bienestar colectivo.
“Y de allí aflora el crimen, la miseria, la educación deficiente. Todo es repercusión de esta descomposición general”.

Recomponer la organización
de los trabajadores de México

“No quiero engañarme –concluye el autor–. Recomponer la organización de los trabajadores de México es la tarea. Han sido ellos, a lo largo de las décadas, quienes sí se la jugaron con la historia. En cambio la otra clase, la burguesa mexicana, nunca arriesgó ni un pelo. Y a estas alturas, esa clase acomodada tampoco tiene las convicciones ni la fuerza real que se necesita para recomponer las estructuras. La burguesía solamente va a empeñarse en medrar, al amparo de esa clase ultra-nacional de la que hablábamos, y va a tratar de conservar lo más posible, pero sin avance social.
“Porque, además, desde tiempos del presidente Zedillo se reconoció: los sistemas de avance no tocan la micro-economía.
“Y hoy Felipe Calderón dice claramente que aunque nos recuperemos, la recesión no va a restituirnos todo lo que hemos perdido en materia de ocupación laboral.
De manera que los problemas fundamentales de México son de su estructura, no los problemas coyunturales que tratan de vendernos como ‘actuales’ o ‘de hoy’. Y no es un problema menor. El mexicano debe empuñar su libertad por sí mismo. Debe ser leal a sí mismo”.

Bajo el signo de Noviembre I

La muerte y


la Revolución


“Noviembre es el mes de la muerte y, al mismo tiempo, el mes de la Revolución. En este 2009, a un año de conmemorar el centenario de la Revolución, esta doble significación se vuelve esencial para nosotros como mexicanos por una razón muy concreta: todos somos hijos de la muerte de la revolución mexicana”.

El escritor moreliano Sergio J. Monreal durante la plática realizada en el foro El Refugio del Juglar.

A comienzos de este noviembre el foro El refugio del Juglar inauguró una serie de actividades dedicadas a los temas de la muerte y la Revolución Mexicana, organizadas por Lourdes Esquivel y Sergio Julián Monreal Vázquez, y emprendidas por alumnos del Cedart Miguel Bernal Jiménez.
En la apertura del programa, Monreal Vázquez ofreció como punto de partida una charla que abordó los alcances y perspectivas de la Novela de la Revolución, así como reflexiones acerca del muralismo y, en el ámbito literario, de los movimientos que respondieron, continuaron o dejaron en puntos suspensivos la herencia que comienza con Mariano Azuela y concluye con José Revueltas.
Más allá de ese ámbito, la intervención del autor de La sombra de Pan, Crecerse al castigo, Caronte, La razón de los monstruos, Los ojos perdidos de Mirmidón y Las raíces del aire (entre otros títulos) se convirtió también en una revisión de las transiciones y reajustes que han conducido, desde hace unos cuarenta años, al desmantelamiento de los ideales y logros del México engendrado por la Revolución bajo el signo de un noviembre cuyas dos conmemoraciones principales (la Noche de Muertos y el aniversario del movimiento de 1910) se convierten en momentos singularmente significativos para los mexicanos en un momento en el que todos los contemporáneos “somos los hijos de la muerte de la Revolución Mexicana”.
A continuación, lo esencial de la charla que se extendió por poco más de una hora.

Crisis y reconfiguración
El autor comenzó señalando que los problemas de este país son más que el narcotráfico o la corrupción.
“Van más allá las cosas que están en juego, las que se están reacomodando en México; el hecho es que nadie sabe en este momento hacia qué desenlace nos conduce la situación en que vivimos. Podemos tener los más negros pronósticos. O los más esperanzadores. Pero el hecho es que nadie puede decir qué va a pasar con este país. No está dicha la última palabra, aunque tengamos un gobierno eminentemente empresarial, que gobierna para intereses muy específicos de este país.
“Esto motiva que mucha gente, simpatizante de la izquierda y de los pobres, diga: ¡uh! pues ¿ya qué caso tiene? Todo es una porquería, ya ganaron los malos, etcétera. Pero la historia no se mueve de esa manera. La historia se mueve a partir de factores muy diversos, entre los cuales figuran (y no como los menores) las tendencias históricas.
“Ahora bien: en este país hay una serie de tendencias históricas, entre las que figura la burguesía mexicana. Nos caigan mal, nos caigan bien, los envidiemos o los detestemos, la burguesía mexicana es una tendencia histórica y en este momento “está diciendo su palabra”, para usar los términos del caduco zapatismo. Y queda muy claro para dónde nos quiere llevar.
“Sin embargo, no hace falta ser un analista político ni ser amigo de Enrique Krauze o de Reyes Heroles para darnos cuenta de que este país, evidentemente, no está en control de la burguesía. De hecho, eso a veces da un poco más de pánico porque si el país estuviera bajo el control de los que podemos suponer que son “los malos”, ¡bueno!, por lo menos alguien tendría el control. En cambio, da la sensación de que en este país hay demasiadas fuerzas, demasiadas tendencias, demasiados protagonistas que todavía no manifiestan cuál va a ser su lugar en la nueva recomposición del país.
“Entonces, estamos asistiendo a una reconfiguración de este país. Y lo ideal sería que la mayor parte de los mexicanos pudiéramos colaborar de la manera más lúcida posible para que esa configuración sea soberana, y no fruto del accidente ni un Frankenstein de esos que acostumbramos hacer en Latinoamérica. Porque, lamentablemente, existe la posibilidad de que esta crisis en la que estamos metidos nos dé como resultado un Frankenstein. Si nos preguntamos: ¿y eso con qué tendrá que ver?, la respuesta es: con el mayor o menor grado de conciencia y de participación ciudadana que se involucre en la configuración de este nuevo país”.

Ciclos y horizonte
“Nuestro antecedente inmediato, incluso para quienes probablemente no guarden mayor memoria de eso, salvo lo que sus padres les han contado de cuando en este país gobernaba el PRI, es la descomposición del México de la Revolución Mexicana.
“El hecho es que hubo una serie de tendencias y configuraciones que adquirió este país, a partir del fenómeno de la Revolución Mexicana, las cuales gozaron de buena salud durante cincuenta años. Nosotros podemos decir que de 1920 a 1968 este país estuvo construyendo un determinado tipo de identidad y que al llegar a 1968 ese país no solamente ya estaba construido, sino que ya había agotado sus horizontes de posibilidad. Entonces, a partir de 1968 y hasta 1982, vino un largo proceso de reacomodo interno. Y para cuando llegó Miguel de La Madrid Hurtado a la Presidencia, comenzó en sí el largo proceso de desmantelamiento de todo lo que fue la estructura de la Revolución Mexicana.
“Nosotros podríamos preguntarnos: ¿Por qué aventarnos 14 años en ese proceso, que son los que median entre 1968 y 1982? En esos catorce años el PRI se estuvo debatiendo entre su apariencia dino y un contenido medio tecnocrático, que era el emergente y novedoso en su interior. La razón de esos casi quince años de transición es evidente: nadie puede cambiar de la noche a la mañana una estructura que tomó cincuenta años consolidar”.

Del país de los derechos
al país de las oportunidades
“Podemos resumir en unas pocas frases, aunque suene esquemático, lo que sucedió en 1968. En 1968 lo que ocurre es que las dos tendencias fundamentales de la Revolución Mexicana topan con su límite.
“Una de esas tendencias es (vamos a ponernos maniqueos y acartonados) la tendencia de Los Buenos, es decir: la de los que piensan en el bienestar de las mayorías, en la soberanía popular, en la soberanía nacional, en la democracia.
“Esta tendencia respondía a una parte significativa de la Revolución, que era la de generar garantías para el pueblo mexicano. Y hay que decir que eso se logró. Le podremos poner ochenta mil peros a eso: que el sistema educativo mexicano no sirve, que el sistema de salud no sirve. Sí. Pero se generó. Y ahí está. Y muchos de los que estamos aquí hemos vivido en menor o mayor medida de un sistema como el educativo, ya como estudiantes o como docentes. Formamos parte de una estructura que es inseparable de una visión de país que se construyó sobre esa base.
“Es decir, para el pensamiento del México de la Revolución, plasmado en la Constitución de 1917, los ciudadanos de este país tenemos una serie de derechos que es necesario garantizar. Y ahí es donde aparece una serie de instituciones públicas. La Secretaría de Educación Pública, la Secretaría de la Reforma Agraria, la Secretaría de Salud, la Universidad Nacional Autónoma de México... Estas conquistas son garantías, derechos: el derecho a la educación, el derecho a la vivienda, el derecho al trabajo... Son una serie de derechos que la Constitución considera como eso: como derechos. Lo que aparece en la Constitución es que nosotros tenemos derechos, tenemos garantías, no que tenemos oportunidades, como ocurre ahora. Hay un abismo enorme entre el concepto de los derechos y el concepto de la oportunidad. A muchos de ustedes les tocó nacer o adquirir conciencia de seres humanos en un país donde ya no había espacio para los derechos, sino en el que, a lo que más puede aspirar un mexicano, es a tener la oportunidad de trabajar o la oportunidad de educarse. Ya ustedes asistieron a un momento donde todas esas cosas habían topado con su límite”.

Utopía y límites
“Esta tendencia que estamos caracterizando y que estamos identificando con las tendencias mas populares del movimiento revolucionario, que son las encarnadas por Villa y Zapata en muchos sentidos, topan con su límite en 1968 por una razón muy sencilla: los militantes de toda esa tendencia histórica, sea dentro del gobierno o fuera de él, se dan cuenta en el 68 de que esas garantías ya no pueden avanzar más.
“Las gentes que hicieron la revolución en 1910 pudieron pensar muy utópicamente: dentro de cincuenta años no va a haber más pobres en este país, pero en 1968 tú sabías que siguiendo con esa estructura los pobres no iban a desaparecer nunca. Pero no sólo eso, sino que el garantizar de manera permanente e irrenunciable para todos los mexicanos estos derechos no era una garantía. Ya desde ahí se notó que a partir de los términos en que estaba redactada la Constitución de 1917 y una serie de condiciones alrededor de eso, no había garantías como tales. Es decir que todas las cosas que se habían logrado se podían llegar a perder.
“Obviamente, mucha gente puso el grito en el cielo o se burló de esas cosas en el 68. Oye ¿cómo se va a perder el derecho al trabajo o el derecho a la jubilación? ¿Cómo va a desaparecer el ISSSTE? ¿Cómo van a desaparecer las prerrogativas de los trabajadores sindicalizados? No sean alarmistas, ¡no sean escandalosos!
“Bueno, ustedes sabrán que eso, en el mundo de hoy, no es alarmismo: es la realidad. Obviamente no es una realidad sencilla. En un fenómeno como la desaparición de Luz y Fuerza del Centro aparecen involucrados muchos temas. Y nosotros como mexicanos con mínimo sentido crítico y sentido común, tenemos que ubicarnos. Yo he escuchado a mucha gente decir: Es que daba muy mal servicio. Ok, pero no pienses que por eso la desaparecieron. No pienses que el desmantelamiento de esta institución obedece a que consideraron a la pobre gente que no tiene luz, que paga mucho y a la que le dan muy mal servicio. Evidentemente ese no es el objetivo.
Y quienes dicen: Aunque no lo hayan hecho por mí, pero qué bueno que lo hicieron, bueno… esos simplemente se están haciendo cómplices de algo que, en el fondo, no entienden”.

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“Noviembre es el mes de la muerte y, al mismo tiempo, el mes de la Revolución. En este 2009, a un año de conmemorar el centenario de la Revolución, esta doble significación se vuelve esencial para nosotros como mexicanos por una razón muy concreta: todos somos hijos de la muerte de la revolución mexicana”.

En manos de la IP
“El hecho es, entonces, que a nosotros nos toca nacer (y a los viejos no sólo nos toca nacer, sino crecer y asistir de manera amplia) a todo el proceso de desmoronamiento, de desmantelamiento, es decir, de clausura del México de la Revolución mexicana.
“La llegada de Vicente Fox a la presidencia no fue más que el último colofón. Cuando aparece Fox en escena y toma la banda presidencial, en ese momento ya es lo único que faltaba. Decir ¡Chin!, es que aquí se muere el México de la Revolución, no. El México de la Revolución ya llevaba mucho rato muerto. Primero a partir de su validez y de su vigencia histórica, y luego a partir de su realidad operativa.
“Debemos comprender que este es un país que tiene un gobierno netamente empresarial desde 1982. Los empresarios tomaron el control de este país desde ese momento y estamos hablando de más de veinte años. Es decir, quien directamente gobierna este país desde hace un cuarto de siglo es la clase empresarial.
“Entonces, cuando la clase empresarial, sobre todo en los momentos electorales, se posiciona ante nosotros diciendo No somos políticos, somos Iniciativa Privada, en vez de que pudiéramos responder: Ah, qué padre, mi alma descansa, más bien tenemos que decir No manchen ¿cuál Iniciativa Privada? porque ellos son realmente los responsables de la orientación que ha llevado el país.
“Ciertamente existe toda una estructura institucional envenenada, pero nos equivocaríamos si pensamos que los políticos como tales son los verdaderos beneficiarios del poder. Esto generalmente se nos va de las manos. Por ejemplo, cuando ocurrió lo de Salinas de Gortari la gente decía: Que regrese Salinas y que regrese lo que se robó, que era un bonito chiste y toda la gente se reía. Pero la verdad es que Salinas no fue el gran beneficiario económico de su sexenio. Él era un empleado.
“Uno se pregunta: Bueno, si tanto se robó y era el hombre más poderoso de México, ¿por qué no figura en la lista de los más poderosos de México? ¿Es que tiene mucha influencia y por eso no lo anotan en las listas? No. Simplemente porque no lo es. El trabajaba para otros.
“Y claro, eso no lo exime de sus culpas y de sus responsabilidades, ni podemos compadecerlo y decir ay, pobrecito Salinas, perdónalo. No. Dios lo tenga a fuego lento desde ahorita y peor cuando se lo lleve. Pero, entonces, lo que vemos es eso: nos tocó nacer en las postrimerías de un México. Y entre los muchos temas necesarios de debate, de análisis, de crítica y de comentario, que se plantean en el horizonte del año que viene está el de qué pasó con el arte en ese contexto. Cómo dialogó la experiencia estética en general y la literaria en particular, con todos estos fenómenos de los que estamos hablando”.

Arte, diálogo y realidad
“Notaremos que al gremio artístico siempre se le ha caracterizado por ser como de izquierda: crítico, revoltoso. Pero, finalmente, eso termina por ser un mote totalmente insustancial en la perspectiva. Realmente qué significa eso. ¿Quiere decir que debemos hacer arte político, o no… o sí pero cómo y hasta qué punto? ¿Y eso significa sacrificar mi obra? ¿Cómo le hicieron otros antes? ¿O el arte no es de este mundo, vive en la torre de marfil y si lo contaminas de realidad se ensucia? Estas son preguntas que nos mueven el tapete, porque el arte está aquí para dialogar con la realidad, pero hasta qué punto se traiciona cuando dialoga de maneta demasiado frontal con ella.
“Y me parece que en el contexto de nuestro país hay pistas, un mínimo conjunto de mapas que no te resumen la realidad pero al menos te dan herramientas para empezar a dialogar con ella.
“No estamos tan perdidos. De pronto nos sentimos absolutamente perdidos y suponemos que estamos inventando el hilo negro, y volvemos a tropezarnos con piedras con las que se han tropezado gentes ochenta mil veces antes. Y yo digo: bueno, si vamos a tropezarnos con las mismas piedras de otros, por lo menos seamos conscientes de que nos estamos tropezando con ellas. Sabes qué, es que a mí me gusta esta piedra y me quiero tropezar con ella y quiero ver mi caída, ya no quiero ver la del otro. Eso está bien, pero el problema es que esto se torna totalmente inconsciente. Y si tuviéramos una mínima perspectiva histórica desde el plano de la creación artística sería muy saludable para todos. No sólo para la gente que se dedica al arte, sino para el propio país en su conjunto, porque cuando empiezas a observar la manera en que el trabajo artístico dialogó con la Revolución, te das cuenta de que muchos de los enfoques más lúcidos, más críticos y más constructivos, los generó precisamente la actividad artística.
“Hay quien dice: El arte no transforma la vida, nunca la ha transformado ¿a poco le da de comer a los pobres? Bien: esa es una visión muy estúpida y muy limitada de lo que es la realidad. No. Yo soy un convencido de que el arte es esencialmente necesario para el ser humano. Y habrá quien cuestione: Oye, pero la gente no lee. Ah, bueno; pero como le digo a mis alumnos de bachillerato: Para que ustedes se puedan mandar sus cuaternarios mensajes por celular, créanme que necesitamos de la existencia del lenguaje. Alguno de ellos me ha respondido: Pero es que con esto me basta y yo procuro hacerle ver que no, que para construir el celular que tiene en la mano, por ejemplo, necesitamos una articulación discursiva mucho más compleja que TQM. Si no, no se puede construir.
“Se necesitan formas más elaboradas del lenguaje. El lenguaje es esencial y necesario. Aun mas, el lenguaje está vivo y la matriz del lenguaje es la poesía. Esto no es orgullo de poeta, simplemente es así. La primera palabra que se pronunció fue poesía, porque fue la expresión de la relación sensible de un ser humano o de un conjunto de seres humanos con la realidad, expresada a través de un significado abstracto en una cosa que se llamaba lenguaje”.

EN VIDEO
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Lo que aparece en la Constitución es que nosotros tenemos derechos, tenemos garantías, no que tenemos oportunidades, como ocurre ahora. Hay un abismo enorme entre el concepto de los derechos y el concepto de la oportunidad.

Revolución, muralismo y novela
“Para entrar con un poco de tiento en estos terrenos, es útil tomar como punto de partida los dos fenómenos estéticos más emblemáticos de la Revolución Mexicana: la novela de la Revolución y el Muralismo. Ambos hablan, tanto de la Revolución Mexicana como del México que emergió de ella, aunque también guardan diferencias entre sí.
“El muralismo es un poco más amplio en perspectiva porque los muralistas, con Diego Rivera como caso emblemático, se remontan al universo indígena. Los muralistas se preguntan qué es el México que acaba de renacer, luego de haber sido uno con el Porfiriato y de reconstituirse a sí mismo con la Revolución. Entonces estos artistas comienzan a pensar en México y a decir: México es el pasado indígena y los héroes de la Independencia y la Reforma. Es decir, comienzan a formular una toma de posición, porque evidentemente México también es Iturbide y Victoriano Huerta, pero los muralistas toman partido: consideran que el México con el que tienen que ver, el que les interesa prolongar y festejar y honrar es este.
“Sobre esa base los muralistas se vuelven un poco maniqueos, hay que decirlo, porque entonces en los murales, exceptuando el caso de Orozco, que se permite mayor lucidez, Hernán Cortés es malo y la Malinche es buena. Pero cuando tú haces una mínima lectura objetiva histórica, te das cuenta de que ahí no hay ni buenos ni malos; simplemente hay seres humanos reales operando a partir de su circunstancia. Ahora, de que Hernán Cortés tiene su dosis de ojetismo, por supuesto que la tiene y nadie tiene por qué negarla. Pero evidentemente ahí tenemos que ajustar las malas cuentas con nuestra conciencia porque tenemos un problema que es incluso freudiano. Y es que Hernán Cortés es nuestro padre. Y ustedes saben que las relaciones con el padre son tremendamente conflictivas. De modo que en Cortés no estamos viendo solamente al conquistador que vino y aniquiló a los indígenas, sino a nuestro padre, así como la Malinche es nuestra madre. Y ustedes saben que para los mexicanos “mi mamá” es una virgen. Es purísima, es intocable. Cada uno de nosotros somos, sobre todo, un hijo de nuestra mamá. Entonces, ahí hay una relación muy disfuncional”.

Épica y muralismo
“La épica es uno de los grandes géneros de la antigüedad. ¿En qué consistía? En cantar. Pero en cantar no cualquier cosa, sino una historia importante que definía el sentido de una colectividad humana, y que además lo definía de una manera afirmativa.
“La epopeya puede contener momentos trágicos. De hecho, la epopeya emblemática es La Iliada, y obviamente lo que está pasando allí es una tragedia. Todo lo que desencadena la cólera de Aquiles es una tragedia. Sin embargo esa obra es una epopeya. Es un canto. Estás cantando las gestas de los héroes. Y las cantas con orgullo. Las cantas con confianza. Las cantas con alegría.
“El muralismo cumplió de alguna manera esa función. ¿Y qué es lo que canta? Está orgulloso de la Revolución. Vayan a ver los murales; están diciendo: estamos orgullosos de ser mexicanos. Y en ellos, además, a los malos los encontramos siempre en las sombras y vencidos, de modo que los que están robando, los asesinos… Victoriano Huerta, los inquisidores, aparecen en las esquinas. Los vemos, a lo más, conspirando. ¿Y por qué conspiran? Porque el pueblo mexicano está triunfando y los pobres, los campesinos, los obreros, los artistas y los grandes héroes están como en una comunión, manifiestan estamos felices porque logramos construir un México nuevo.
“Y hay que decir que los muralistas tienen razón. Es decir: ese México que nos costó un millón de muertos entre 1910 y 1920, es un México que tiene muchas cosas dignas de ser cantadas. Nos agarramos los mexicanos a chingadazos de la manera más despiadada, como acostumbramos hacerlo, y al final fue como los amigos que cuando se van a sacar el mole empiezan dándose picones, muy bravucones: ¡Qué! ¡Pues qué! ¡Y órale! ¡Sopas! Pero terminan los dos sangrantes y abrazados, compartiendo una cerveza y celebrando: Es que nuestra amistad es más fuerte, más perdurable y más grande. Es decir, unos amigos que no se madrean, no terminan de ser amigos.
“Entonces, la Revolución mexicana fue nuestra madriza. Nos sacamos la sangre, nos hicimos un montonal de muertos, pero al final pudimos decir: bueno, aquí está el país que fuimos capaces de construir. Hay cosas que logramos ver colectivamente y otras que no, había muchos intereses encontrados.
“Pero es que la Revolución mexicana, finalmente, no fue de buenos y malos. La Revolución no existiría sin todos los protagonistas. Si alguien pensara: Es que habría sido maravilloso si sólo hubiera estado Zapata y no Carranza, porque Carranza era terrateniente y estaba pensando en los privilegios de clase, pues sí, pero si Carranza no hubiera estado en la Revolución, no habría habido Constitución. Podría tener muy buenas ideas el maestro Zapata, pero le faltaba la visión constitucionalista para pensar una ley general que asentara estas aspiraciones de igualdad y justicia y que les diera un camino legal”.

Héroes de luz y sombra
“Todos los héroes tienen sus espacios de luz y de sombra. Ahí está la sombra de Villa. Villa es probablemente el más entrañable y carismático de los héroes de la Revolución, pero créanme: Si alguna vez ustedes leen o releen El águila y la Serpiente, de Martín Luis Guzmán, verán el pasaje en el que Luis Guzmán afirma que si tú te sentabas junto a Villa sentías que estabas junto a un jaguar que en cualquier momento se te podía lanzar al cuello y tirarte el zarpazo. Y tú puedes pensar: Ah, pinche discriminador. Lo ves como animal porque tú eras un intelectual y eras de derecha. Pero no. Es objetividad narrativa. Y es difícil ser más villista de lo que era Martín Luis Guzmán. Lo que él decía es: Yo le tengo pánico a Villa, pero sé que dentro de todo el desmadre que es esta revolución, donde está el más genuino afán de justicia es con este señor. Y a riesgo de mi vida y a riesgo de mi integridad, yo vengo aquí a sentarme con él.
“Por eso las revoluciones son tremendamente complicadas”.

Entre Orozco y Diego
“Entonces, decíamos, aparece este juego de luces y sombras, y el muralismo opta intencionadamente por la luz. Vean la inmensa mayoría de los murales y verán que los murales son celebratorios. El único prietito en el arroz es Orozco. Ante muchos de sus murales dices ¿No podrías hacerme estampitas más entendibles como las de Diego? Porque veo los murales de Diego y a todo le entiendo.
“Váyanse a ver El hombre en llamas del Hospicio Cabañas y dices: ¿Qué coño me está diciendo Orozco? ¿Este es uno de los grandes murales de la Revolución? ¿Y qué es? ¿El Pípila que se está aventando de…? Pero no, porque el Pípila es de la Independencia, no de la Revolución. Entonces ¿qué es el Hombre en llamas? ¿Por qué Orozco me pinta un Prometeo? O cuando pinta a Cortés y a la Malinche. Tú dices: Oye, pero es que allí no se ve que sean malos, sólo me pones a un hombre y a una mujer encuerados. Pero eso sí, te dan la sensación como de padre universal y de madre universal. De esta manera, en muchos momentos, Orozco se vuelve tremendamente hermético.
“Por el contrario, es muy difícil ver un mural de Diego Rivera y no entenderlo. Es muy claro: mira, aquí están los indígenas en su mercado, poniendo sus cosas para la vendimia. Eso no le resta valor a Diego. Diego es maravilloso en esta forma de construcción, de concepción. Uno se siente a toda madre en los murales de Diego Rivera porque siente no solamente que el mexicano tiene lugar en su país sino que el mexicano, en tanto ser humano, tiene lugar en el cosmos. Y eso es alucinante. Uno ve a los indígenas en su mercado y se siente como una algarabía en la tonalidad de las pieles, en los colores. Hay un equilibrio cósmico. No es que los murales de Diego tengan un equilibrio formal renacentista. No es que simplemente se halla inspirado en frescos como los que hizo Miguel Ángel. Es algo mucho más profundo. Diego es renacentista, pero no por copiar a Miguel Ángel, sino porque él siente una plenitud o por lo menos una inminencia de plenitud muy similar a la del renacimiento. Y eso es lo que uno ve en los murales de Diego. Así que cuando vayan a la ciudad de México, a Palacio Nacional, véanlos y disfrútenlos.
“Claro, en estos momentos, a como está el país, uno puede ver los murales de Rivera y más bien terminar llorando porque ¿cuál armonía? Está padre tu sueño, Diego, pero tu perspectiva queda finalmente como una utopía irrealizable. Pero finalmente ese es el tono que va a ir adquiriendo en lo general el muralismo, especialmente con Diego y Siqueiros. Es una visión afirmativa. El bien, o lo que suponemos el bien, está triunfando o está en condiciones de triunfar”.

De Zalce a Palacio Clavijero
“Nosotros tenemos en Michoacán a una justificada Vaca Sagrada, pero a la cual hay que matizar. Se trata de Alfredo Zalce. No todos los murales de Zalce son grandes obras de arte, pueden ser grandes obras técnicas. Más adelante hablaremos del otro mural, ya que hay dos murales suyos en el Palacio de Gobierno, en Morelia. Uno es el mural de La historia de Morelia, que en lo personal es mi favorito, y el otro, enfrente, es el que se dedica a tradiciones y costumbres de Michoacán. Véanlo: ese parece que lo pintó para patrocinar a la Secretaría de Turismo. Como Michoacán, no hay dos. Todo es padrísimo, con gente trabajadora. Y como se ve que estaba influido por los muralistas rusos, les pone un cuerpo de bailarinas rusas a las indígenas purépechas alucinantes, todos estilizados y largos. Y sí se ve muy bonito, pero también se ve que es una armonía artificial. Se nota que es un mural de personajes posando para la foto: ¡Qué lindo es Michoacán! Por lo tanto, la mirada poética es muy limitada en ese mural. Lo que sí no le podemos poner objeción es a su técnica pictórica. Temáticamente es muy chato y superficial, pero es extraordinario en el manejo del color, de la luz y de la forma. Cosa que otros no tienen. No me acuerdo cómo se llama el que pintó el espantoso mural del Ex Palacio de Justicia, el del Morelos entre llamas. Y la gente, bueno, dice “es que tengo que ver todos los murales de Morelia” y va y se planta igual ante los de Zalce, ante los de Fermín Revueltas en San Nicolás y ante ese. Y se nota un abismo enorme. Y ya no digamos el bodrio del Palacio Clavijero, ante el cual dices es que aquí ya se perdió absolutamente todo. Cada nuevo mural que se pinta en un edificio público da muestra de hasta qué punto el muralismo está muerto y de que lleva cuarenta o cincuenta años muerto. Ya se agotó, ya se canceló, ya cerró su ciclo”.

La visión afirmativa
“Entonces, en el muralismo hay esa visión afirmativa. Y hasta cierto punto está justificada. Uno no les puede reprochar a los muralistas que se sintieran contentos por el triunfo de la Revolución. Y obviamente eso de pronto te genera desconfianza porque es lo mismo que decía el PRI, que hablaba de nuestros héroes que nos dieron patria, libertad y justicia y de un México de derechos, de apego a la ley y progreso. Y tú puedes decir: Eso ya está caduco. Sí, pero tengan en cuenta que hubo un tiempo en el que no lo estuvo. Imagínense a un gobierno que generó algo como la universidad nacional. Le podemos poner ochenta mil peros a la UNAM, pero yo creo que no hay mexicano con mínimo sentido crítico y autocrítico que no se sentiría orgulloso de ser Puma. Y no me refiero al equipo de futbol.
“Yo creo que si un michoacano que esté en perspectiva estudiantil no ha sentido el gusanito de ser nicolaita, algo le falta en su formación. Y eso no significa que endioses a la Universidad. Pero hasta yo, que no cursé carrera universitaria alguna, cuando ando caminando por CU sí me ganan esas como ráfagas de decirme es que sí ha de ser bien padre ser nicolaita y hacer vida académica y ser parte de esto. Y dirán: pero si es sólo el SUEUM y el SPUM, y las huelgas, y que no se definen los programas y que descertifican a la facultad de medicina. Sí, pero hay algo allí, especial. No es lo mismo ser del Tec de Monterrey que ser de la Universidad Michoacana. Y habrá quien diga que es mejor el Tec. A lo mejor, en cuanto a calidad técnica formativa. Pero el sentido público, es decir, el saber que esto lo construyeron los michoacanos para los michoacanos, es prerrogativa de la Universidad Pública. Y el Tec, por más que diga que hay un compromiso público, eso, finalmente, en la Iniciativa Privada, es un compromiso opcional. La iniciativa privada no está obligada a ese compromiso. Y habrá quien opine: Ah, así está mejor, son buena onda. Sí, pero créeme que en cuanto dejen de ser negocio, desaparecen esos compromisos. Y por eso los departamentos o las áreas de humanidades aparecen y desaparecen. ¿Y orientados por qué? Por el interés privado”.

Optimismo, pesimismo y estupidez
“Por el otro lado tenemos al radical opuesto que es la novela de la Revolución, que tiene una visión total y completamente trágica. Muchas veces se dice que es pesimista y que el muralismo es optimista. Yo creo que no. Pienso que cuando el muralismo se vuelve optimista se vuelve medio idiota. Cuando está cantando con plena lucidez y considera que allí hay cosas que vale la pena cantar, no se puede considerar que es optimista.
“Porque el optimismo, finalmente, es estar contento sin ver la realidad. Yo creo que vamos a ser felices. No sé por qué, pero lo creo. No se sustenta en nada. Igual es en el pesimismo. Se asume a priori que las cosas van a estar bien o a estar mal. Y la mirada de los muralistas en sus mayores momentos de lucidez épica tiene una fuerte dosis de inocencia, pero una inocencia que no es bruta, que no es estúpida, que no está obnubilada. Es como la inocencia festiva de los niños. Los mexicanos teníamos derecho… todavía tenemos derecho, pese a lo traumático que es acudir últimamente a los 15 de septiembre, de estar en la plaza gritando Viva México. El gritar con orgullo que somos mexicanos no es el problema. El problema es que eso ya se asoció a una estupidez absoluta, que es la de afirmar a ciegas que Viva México porque México es cien por ciento chingón, que Como México no hay dos y que como la solidaridad michoacana no hay otra en el mundo. Entonces, ¿no hay croatas solidarios en el mundo? ¿Podemos medir los grados de solidaridad y no hay croata que sea más solidario que un michoacano? Eso es una idiotez. Y por ese lado, se llega al fascismo.
“Cuando tú empiezas a ponderar acríticamente, diciendo que México es bien chingón porque a puritita fuerza de voluntad vamos a lograr quién sabe qué, vas directito al fascismo”.

La amenaza del fascismo
“Dice Robert Mussil en relación al nazismo: El nazismo tiene en sus fenómenos de base, es decir, en la gente de los pueblos (él habla sobre todo de los pueblos de la región de Baviera, de ambiente más bien rural) un componente tremendamente simpático, es la gente que está orgullosa de su patria chica. ‘Es que mi pueblo es bien chingón’. Y ese orgullo es con el que uno simpatiza. El problema es cuando no te das cuenta que ese orgullo tienen el mismo derecho de tenerlo los pueblos vecinos, o los de países y continentes vecinos.
“Y ese es un problema tremendamente grave porque, finalmente, ese aspecto tan simpático y pintoresco de ciertas regiones de Alemania fue el caldo de cultivo que permitió el florecimiento del fascismo en el que se sustenta el pensamiento nazi.
“Era algo que parecía tremendamente inofensivo. Y sobre esta base de Como México no hay dos o Mexicano cien por ciento chingón, o te lo tomas a la ligera y te ríes de ti mismo al decirlo, o empiezas a preocuparte. Y cuando vez que esa forma de pensar, hueca y estúpida, gana las elecciones, empieza a dar miedo. Porque superficialmente hay quien dice Ah, qué padre, es la recuperación de nuestra conciencia como mexicanos. Pero no es cierto. Yo no quiero ni pensarlo. Lo que ves es un lenguaje casi tribal: Yo, México: Chingón; fuerte… y ahí tenemos a la ciudad llena de gorilas.

EN VIDEO

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El cine y los últimos
coletazos de la épica

“Pero este no es el caso del muralismo. Tiene una elevada dosis afirmativa, pero ha sido optimista con los ojos abiertos. Y todos nosotros hemos sido optimistas con los ojos abiertos. Somos una punta de sentimentaloides, los mexicanos. Vamos a una comunidad indígena y vemos niños corriendo descalzos y se nos llenan los ojos de lágrimas. Es que esto es chingonsísimo, maravilloso. Somos una porquería en la ciudad. ¿Por qué este país está tan triste y tan deprimido si tenemos estas cosas tan maravillosas? Así que hay muchos momentos en que sentimos que esta vena afirmativa del orgullo patrio está sustentada y no es un formulismo institucional. Eso se rescata en los grandes momentos épicos del muralismo y del cine de la revolución.
“Porque más cándido que el muralismo, sólo el cine de la Revolución. Si ves el cine del Indio Fernández, claro, hoy te pasas la mayor parte del tiempo riéndote. Pero con todo y esa risa autocrítica, hay momentos en que no puedes dejar de sentirte sentimentalmente aludido, y con un sentimiento que no es superficial, sino profundo.
“Cada quien tendrá su repertorio, pero yo tengo como una de mis películas favoritas a Pueblerina, con Columba Domínguez y Roberto Cañedo. Al personaje de Columba le ha pasado de todo: la violaron los caciques, le encerraron al marido, ha mantenido a su hijo, es despreciada por todo el pueblo. Y entonces, cuando su marido regresa ella no quiere hablar con él porque piensa que es impura, que no merece mirarlo a los ojos. Finalmente el otro anda ahí medio rogándole. Y lo único que hace es que un día es llegar a su casa y se lleva su ropa.
“Entonces, hay una escena en la que el Indio filma a Columba bajando entre las tierras de labranza mientras Roberto Cañedo está debajo de un árbol cantando Dos arbolitos, únicamente con su guitarra, y viene Columba Domínguez bajando con la ropa.
“Yo no puedo decirles por qué, pero para mí eso es México. Y está maravillosamente filmada. Y hay quien la puede cuestionar y decir: es que es convencional, es que es machista ¿cómo que la mujer le lleva la ropa al hombre? Pues yo no sé, pero es chingona, es maravillosa esa escena. Hay un aliento allí… y el Indio Fernández se pintaba solo para la épica.
“Cuando tú vez a Pedro Armendáriz, que entre paréntesis era pésimo actor, vestido de Pancho Villa y montado a caballo dices ¡A güevo! ¡Viva México! Cómo no. Claro, ahí ya está palideciendo porque son los años cincuenta, pero todavía el cine mexicano alcanza a reivindicar legítimamente esa mirada épica de la Revolución”.

La mirada crítica
“La contraparte de todo esto es la novela de la Revolución. Los novelistas de la Revolución, muchos de ellos protagonistas del movimiento revolucionario, vieron lo que era ese movimiento y sobre todo acentuaron las líneas oscuras. Es decir: Aquí no hay nada qué celebrar, porque han conocido toda la parte oscura de la Revolución y hay una mirada tremendamente amarga. De hecho, cuando se consienten los momentos orgullosos, se vuelven más tristes todavía.
“En Vámonos con Pancho Villa, de Muñoz, es terrible, porque hay momentos maravillosos de afirmación de los villistas, que en contraste con todo el destino trágico de los protagonistas hacen que al final todo se sienta más terrible. Entonces, por contraste, la novela de la Revolución va a tener esa mirada tremendamente crítica”.

Una propuesta de arco

“Ahorita hablamos sobre todo de obras que hablan de manera directa de la Revolución Mexicana, quién peleó, cómo peleó, qué logró, qué no logró… Pero, ¿qué pasa después con el arte y con la literatura particularmente en México? Yo pienso que lo que en los libros de texto se nos presenta como la novela de la Revolución no es toda la novela de la Revolución. Uno de los planteamientos que pretendo formular un día en algún espacio pertinente para eso, es que se analice como novela de la Revolución desde Mariano Azuela hasta José Revueltas, porque sus novelas, aún aquellas que parece que no hablan de la Revolución, están hablando del México que emergió de la Revolución y nos están ayudando a entenderla.
Hay un enorme conjunto novelístico que nos cuenta varias cosas: cuáles fueron las condiciones que permitieron la explosión de la Revolución Mexicana, cómo fue la Revolución Mexicana como movimiento armado y después cómo fue el país el país que se construyó sobre eso. Y en este sentido nosotros llegamos hasta Carlos Fuentes, que para mí es un novelista de la Revolución. Lo es en La región más transparente, no porque describa la Batalla de Celaya, sino porque te está diciendo cómo se organizó, es decir, a qué dio lugar ese México. Y te ayuda a entender de dónde salió la burguesía mexicana, qué pasó con los héroes, cómo se construyeron las instituciones. Realmente, lo que está contando Carlos Fuentes en sus novelas más importantes es el nacimiento de la burguesía mexicana, que es la otra tendencia histórica importantísima de la Revolución”.

Burguesía y transición
“Para entender esto debemos comprender que antes de la Revolución Mexicana no hay burguesía en este país; hay terratenientes, pero ellos ya no son burgueses y para entenderlo hay que ponernos marxistas porque, aunque ya no esté de moda, hay ideas de Marx que aún valen científicamente.
“Marx hablaba de que la burguesía no son los ricos como los de la colonia Chapultepec, aunque uno diga es que este es bien burgués… y es gerente de la Comercial. Y no. Eso no es ser burgués. A estas alturas, ni siquiera el dueño de la Comercial es burgués.
“Los burgueses son los dueños de los medios de producción, y el hecho es que ya en los tiempos del porfiriato el medio de producción ya no era la tierra, sino las máquinas. ¿Cuál es el gran emblema burgués del siglo XIX? El ferrocarril. ¿Y en manos de quién está el ferrocarril en el México del siglo XIX? Pues en manos de puros extranjeros. No hay burguesía mexicana. No hay mexicanos que sean dueños de los medios de producción.
“Y la Revolución Mexicana opera una cosa muy curiosa. Nosotros asumimos, desde una línea marxista, que las revoluciones se hacen para tirar a la burguesía, pero la Revolución Mexicana no se hizo para tirar a la burguesía. Entre otras cosas, la Revolución Mexicana construyó a la burguesía.
“La burguesía que tanto se queja de la Revolución y del aparato institucional emanado de la revolución, es obra de ella y de él. Y sigue siendo obra de ella y de él, porque cada vez que la IP hace un desastre como el fraude carretero, el fraude azucarero, el Fobaproa y el IPAB ¿quién viene a sacarla del hoyo? Pues el Estado Mexicano. De modo que en este sentido la clase empresarial mexicana ha sido tremendamente parasitaria en este país. Navega con el discurso de que nosotros hemos engrandecido a México a partir del esfuerzo y el trabajo de hombres que con su visión particular han ensanchado al país y debemos seguir en esta línea. Y todo esto es, evidentemente, un fruto de la Revolución Mexicana: una clase mexicana burguesa que está en condiciones de asumir las riendas de este país desde esa perspectiva. Y fue un proceso largo. Se tomó cincuenta años en consolidarse la burguesía mexicana.
“Entre otras razones, por qué ocurre el movimiento del 68. Es un momento en el que la burguesía mexicana dice: ¿sabes qué, Estado Mexicano? Gracias, pero ya no te necesito. Ya puedo gobernar este país yo sola. El problema, evidentemente, es que el Estado Mexicano estaba allí, ya instalado, y era imposible que las cosas fueran tan fáciles como para decirle pues gracias por tus servicios y órale: vete. Así que a partir de allí comienza el otro proceso, que es el de mirar al Estado Mexicano y decir bueno ¿y ahora cómo desarmamos esta cosota?, ¿cómo desarmamos toda esta estructura que, de todos modos, nos fue de mucha utilidad? Y todo esto, toda la visión de esta parte aparece allí, en la novela de la Revolución”.

Entre los dos extremos
“Hay gente que comienza a leer novela de la Revolución y se deprime y mejor la deja porque es durísima. No es melodramática, es pura tragedia. Es esta conciencia dolorosa, para la cual, entre más me duele, más entiendo. Esa es la enseñanza brutal de la novela de la Revolución.
“Y ahora la pregunta sería cómo le hacemos, porque lo que estoy planteando es una situación netamente trágica. Tenemos de un lado el canto afirmativo, pero si yo persisto en él me conduce a la idiotez, a la estupidez. Si yo sigo cantando qué bonito, voy a terminar en poemas como México, creo en ti, que no nos dicen nada, ni poética ni patrióticamente hablando.
“Estas novelas y películas celebratorias del orgullo mexicano, totalmente superficiales, no son alternativa. La otra tampoco, la de hundirse en la mirada oscura, porque así acaba uno suicidándose.
“La gran pregunta es cómo volvemos habitable esto ¿se puede? Porque cuando terminas de leer Muerte sin fin, de Gorostiza, o Pedro Páramo, de Rulfo, la pregunta es ¿y ahora qué? Es decir, esos autores nos dan una mirada lúcida de lo que es la condición humana, de lo que somos los mexicanos, de la disolución, de la muerte, etcétera… ¿y ahora qué sigue? Y dices “Me la dejaste complicada”. ¿Cómo termina Gorostiza su Muerte sin fin? Muy mexicanamente: si ya vimos que todo vale para pura chingada, ¡pues vámonos a la chingada!: Anda, putilla del rubor helado, anda, vámonos. Todo se derrumba, todo se pierde. Volteo a ver al hombre y el hombre se me deshace entre las manos.

Opción a la lucidez
Ese es uno de los planteamientos que he estado desarrollando. ¿Cómo le haces para evitar una claridad que o bien te aplasta o bien te idiotiza. Y entonces llega López Velarde y en Suave Patria dice: Suave patria, te otorgo de tu dicha la clave: sé siempre igual, fiel a tu espejo diario. Eso suena muy bonito, no cambies nunca, que México sea igualito siempre. Pero eso es terrible. México no puede permanecer así. Ni México ni nadie. Ningún ser humano. ¿Quieres permanecer igual durante treinta años? Vean lo que le pasó a María Félix, quien es una de las obras estéticas más acabadas del México de la Revolución. Se decía año tras año hasta los noventa: “María Félix es el rostro de México”. Y uno la veía y decía… me cae que sí, porque su rostro siguió envejeciendo. Y vean los discursos de los años cincuenta del PRI, que se siguieron usando hasta los años noventa. Y hasta hoy, cuando escuchas hablar al líder de la CTM, dices qué chistoso, porque es como escuchar rugir a un dinosaurio: ya no refiere a nada.
“Entonces, ante la disyuntiva de petrificarte por el lado de la depresión, o por el lado de la risa idiota, ¿cuál es la alternativa? Porque finalmente los humanos debemos habitar o plantear el horizonte de un espacio vivible, compartible. Y yo detecto en el ámbito literario y especialmente en la poesía, esa alternativa, esa vía. El que abre el camino es Ramón López Velarde. Su poema fundacional La suave patria tiene una lucidez poética y espiritual profunda, aunque la gente lo asuma como una especie de piropos al rebozo. No lo vamos a analizar aquí, pero podemos resumir su magia central.
“Cuando tú piensas la patria, sientes que te aplasta porque la piensas y se te aparece ante los ojos algo como el Ángel de la Independencia. Pensar la patria es pensar a Medusa. ¿Y qué pasa con Medusa? Que si la miras a los ojos, te petrifica. ¿Qué es México, cómo hablo de esto. Quien haya tratado de escribir poemas o de montar obras de teatro o hacer coreografías sobre el tema de México, sabed que salen unos panfletos infumables. Trato de hablar de la patria y me voy a la convención y no puedo romper. Y eso le pasa a muchísima gente.
“Por ejemplo, el Himno Nacional Mexicano es un repertorio de lugares comunes. Tiene un enorme valor espiritual, pero no tiene valores literarios ni poéticos. Es abominable como poesía. Funciona perfecto para ir a apoyar al Tri, porque es un himno guerrero, lleno de orgullo patriotero.
“En cambio, La suave patria es una cosa rarísima porque parece un poema de esas mismas características, pero apenas lo empiezas a examinar, se te va de las manos. No por intenso, no por fuerte. Por sutil. Tú no puedes aprehender a la patria de La suave patria. Cuando te dice: Suave patria, creeré en ti cada vez que una muchacha en este país estrene una blusa, y con su estreno todo el país quede lleno con el aroma de la estrella. Imagínense eso y sientan esos versos de López Velarde, dice que cada vez que una muchacha estrene una blusa y ese perfume aflore en ese lugar íntimo, yo sentiré que todo el país se llena con ese mismo aroma. López Velarde me habla de cosas profundamente íntimas que cobran una dimensión patria. Y todo lo que me dice López Velarde en ese poema es totalmente íntimo”.

VII Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce

Reafirmaciones a la figuración

Abrió el Museo de Arte Contemporáneo la edición 2009 del escaparate visual dedicado a la memoria del artista patzcuarense


Vista general del presidium en el jardin del museo, la noche de inauguración.

Instalada firme y propositivamente en una vertiente figurativa que hace suyas las actitudes de la transvanguardia que emergió como uno de los últimos movimientos mundiales de la plástica y la gráfica a finales del siglo pasado (su debut internacional: la Bienal de Venecia de 1980), la VII Bienal Nacional de Grabado y Pintura Alfredo Zalce fue inaugurada este viernes 6 de noviembre en Morelia, en el Museo de Arte Contemporáneo, con una colección de 94 obras que afirman restitutivamente la vigencia de lo figurativo. La colección de títulos que conforman a esta colectiva exige la visita obligatoria de todos los interesados por las artes visuales, pues explora las aportaciones que le han incorporado a la vertiente figurativa actual las experiencias del minimalismo, del arte conceptual, de los distintos neo expresionismos y, desde luego, de los diversos informalismos y del arte abstracto de fines del siglo XX y comienzos del XXI.

La crítica y curadora Argelia Castillo durante su intervención en el acto de protocolo.

La muestra bianual que nació en Michoacán en 1997 (cuando el actual secretario de Cultura, Jaime Hernández Díaz, era, a la sazón, director del entonces Instituto Michoacano de Cultura, y cuando el muralista patzcuarense Alfredo Zalce contaba con 89 años de edad) consta este año de 39 títulos en terrenos de la gráfica y 55 títulos en el ámbito de la plástica. Las obras, que permanecerán a la vista del público durante cuatro meses, hasta el próximo marzo de 2010, fueron seleccionadas de entre más de mil doscientas obras enviadas por 471 autores. El jurado responsable de la selección y de los premios y menciones estuvo conformado por los críticos y curadores de arte Argelia Castillo, Laura de la Mora y Luis Rius Caso.

Protocolo en el jardín
La ceremonia de inauguración tuvo como escenario los jardines del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce (MACAZ), en los que se instaló un presídium que compartieron la directora del museo, dos de los tres jurados, funcionarios de la federación y de los gobiernos estatal y municipal, así como representantes de las fuerzas armadas, de los tres poderes y de círculos académicos.Con cuatro intervenciones, el acto de protocolo fue breve y fluido. Comenzó con la participación de María Eugenia Fuentes Lanning, actual directora del MACAZ, continuó con palabras de las jurados Argelia Castillo y Laura de la Mora, y concluyó con la intervención del secretario de Cultura, Jaime Hernández. Posteriormente se hizo entrega de trece menciones honoríficas y dos premios de adquisición.


El michoacano Juan Paulín Lara recibe su mención honorífica durante la ceremonia inaugural.

Los premios
Los premios de adquisición de este año en plástica y grabado recayeron, respectivamente, en los siguientes autores: Luis Carlos Hurtado Hernández (México, Distrito Federal) por su óleo sobre papel Accidente en Xola y Uxmal (2009, 52 x 78 cms.) y María del Pilar Palacio Sánchez (Aguascalientes, Aguascalientes) por su mixta de aguatinta, aguafuerte y ruleta Uno, de la serie Vigilas desde este cuarto donde la sombra temible es la tuya (2009, con una composición de 70 x 123 cms. sobre un soporte de 78 x 128 cms.).

Menciones en plástica
Las menciones honoríficas en plástica han sido para los siguientes autores:
Favio Martínez García (Morelia, Michoacán), por su acrílico sobre tela Mass media (2009, 78.5 x 126 cms.); Juan Paulín Lara (Morelia, Michoacán), por su acrílico sobre tela En la combi (2008, 130 x 130 cms.); Carmen Dolores Chami Pedrosa (México, Distrito Federal), por su óleo sobre macocel Añoranza (2009, 122 x 122 cms.); Juan Castañeda (Aguascalientes, Aguascalientes), por su óleo sobre losetas de vinil Mujer tirada (2009, obra para piso, 122 x 153 cms.); Emmanuel Cruz Muñoz (Xalapa, Veracruz), por su mixta sobre tela Volador del viento (2008, 120 x 100 cms.); Mónica Zamudio Zamudio(México, Distrito Federal), por su tinta china y sanguina sobre madera Estructura muscular (2009, 170 x 40 x 20 cms.), e Iván Méndez Vela (México, Distrito Federal), por su políptico Aún no -Vástago de Prometeo-, de la serie Indiferencias (2008, 156 x 188 cms.).


El listón inaugural es cortado por los funcionarios de distintas instancias de gobierno.

Menciones en grabado
A su vez, las menciones en grabado han sido para los siguientes autores:
César Alberto Chávez Victoria (Oaxaca, Oaxaca) por su xilografía El deseo y el miedo (2008, 89 x 60 cms. en composición sobre un soporte de 112 x 76 cms.); José Humberto Valdez Álvarez (México, Distrito Federal), por su lineografía Asimetría de alta costura de un cosmonauta suprarreal en once canales de TV a la vez (2009, 80.5 x 144 cms. en composición sobre un soporte de 88.5 x 146 cms.); İoulia Akhmadeeva Volochina (Morelia, Michoacán) por su huecograbado sobre placa en cobre, litografía y acuarela 3-5-14-23 (2009, 87 x 80 cms.); Diego Guerra (Tlalnepantla, Estado de México) por la litografía Tiempo de espera (56 x 66 cms.); Héctor Javier Ramírez (Guadalajara, Jalisco), por su punta seca Paso peatonal (2009, 100 x 69.5 cms.), y Edgar Cano López (Atizapán de Zaragoza, Estado de México), por su litografía sobre mármol mexicano Relatos de lo que va y viene (2009 28 x 38 cms.).

Un arte de ideas
Durante breves intervenciones (cuyos contenidos medulares son asequibles en uno de los dos videos disponibles en esta entrega) las criticas de arte y curadoras Argelia Castillo y Laura de la Mora Martí pusieron las cartas sobre la mesa, como corresponde, y compartieron con el público los criterios empleados para valorar y, en su caso, calificar y premiar los trabajos inscritos en esta séptima Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce.
En lo esencial se indicó que el jurado ponderó la calidad en la realización de cada obra, es decir, los aspectos técnicos, pero sobre todo la articulación de esta calidad en aras de obras generadoras de sentido. Esta última premisa responde a la necesidad de asumir al arte contemporáneo como una actividad generadora de ideas y no como una mera representación de lo real. Asimismo, Argelia Castillo describiría los principales ejes temáticos de la obra en exposición: una colectiva de fuertes contenidos urbanos, de sentido crítico y de una vehemente apropiación de la cultura popular, a fin de extraer sus temas de lo cotidiano, “no con la intención de elaborar meta-relatos, sino micro-narrativas”.


Durante el recorrido en el que las curadoras y jurados compartieron con el público las características más sobresalientes de las obras seleccionadas.

Reconocimiento y memoria
A su vez, tanto las críticas de arte como el secretario de cultura ofrecieron discretas pero efusivas felicitaciones a la actual directora del museo, Maria Eugenia Fuentes Lanning, por la actividad que ha realizado al frente de un museo que (no se dijo, pero así es) recibió en las manos prácticamente muerto, y al que ha sabido reactivar devolviéndole una dignidad indispensable, ya sea abriendo trincheras a los grupos más provocativos de la vanguardia local (la colectiva Nodo: estado periférico, como mejor ejemplo) o a autores de dimensión internacional (caso de la danesa Eva Gerd y del italo mexicano Alejandro Gómez de Tuddo, entre muchos otros, con su notable muestra Departamento de Salud Mental).
El secretario de cultura cumpliría también un pertinente ejercicio de resignificación del pasado al bocetar brevemente, durante su intervención, los hechos que hace once años dieron nacimiento a la bienal nacional de pintura y grabado que está llegando ahora a su séptima edición.
El historiador y funcionario recordó los pormenores que en 1997 llevaron a rendirle homenaje al autor patzcuarense Alfredo Zalce con la creación de esta bienal, en la inteligencia de que la mejor forma de reconocer su quehacer era la de crear una plataforma que ayudara a promover y difundir la obra de nuevas generaciones de autores.
Apenas unos años antes (durante la gestión del doctor Irineo Rojas como director del IMC), a Alfredo Zalce ya se le había homenajeado al darle su nombre al mayor escaparate de arte contemporáneo de Michoacán y aún más atrás en el tiempo se había editado, con motivo de una magna retrospectiva, el célebre Libro Azul, en colaboración con instancias como el IPN. Sin embargo, estaba pendiente la posibilidad de generar un espacio de divulgación que hiciera suyo el nombre del artista, quien fue una de las presencias significativas del arte moderno en México. La intervención del secretario de cultura aparece en otro de los videos de este post, pero vale la pena entresacar de ella reconocimientos puntuales a personajes como el arquitecto Jorge Solórzano, quien hace once años era director del MACAZ.


Vista parcial a uno de los salones de la planta alta del museo, donde se aloja la obra plástica.

Crecimiento permanente
La bienal Zalce es una de esas trincheras que muestra un crecimiento permanente en su capacidad de convocatoria. Baste recordar, para ir a lo más inmediato, las cifras de sus dos ediciones previas
Durante la V bienal (en diciembre de 2005), se recibieron 518 obras, de las cuales el jurado seleccionó 36 en la categoría de pintura y 37 en grabado.
Para la VI edición, en noviembre de 2007, se recibieron unas 900 obras de 356 artistas del país, de las cuales se seleccionaron 35 grabados y 51 títulos en plástica.
Ahora, en 2009, la VII bienal ha logrado convocar a 471 autores que enviaron más de mil doscientas obras, de las que el jurado seleccionó 39 grabados y 54 pinturas.
Asimismo, tal como pasó el año pasado, cuando los jurados Miriam Kaiser, Daniel Manzano y José Luis Soto elevaron a seis el número de menciones honoríficas en cada categoría, en 2009 también se ha remontado la cifra oficial de menciones con respecto a las tres anunciadas en la convocatoria, con siete en plástica y seis en grabado.
En cuanto a los galardones en terrenos pictóricos, en la pasada VI bienal el premio de adquisición en plástica fue para Carmen Parra Velasco por la mixta sobre tela Tan lejos, tan cerca.
En 2005, en la categoría de pintura, el Premio de adquisición fue para el moreliano Armando Fraga Villicaña por su acrílico sobre tela Ciclotimia. En este 2009 el Premio de adquisición en plástica se va a la ciudad de México, al serle otorgado a Luis Carlos Hurtado Hernández por su óleo sobre papel Accidente en Xola y Uxmal.


Los invitados conviven en el patio interior del museo.

Tendencias, mirada y prejuicios
La VII Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce estará abierta al público por cinco meses, tiempo suficiente para que todo interesado pueda acercarse a sus contenidos.
Ese lapso también me da la oportunidad de documentar a detalle, desde este blog, los contenidos de una muestra tan significativa, dado que las bienales son espacios clave para tomarle el pulso al quehacer más actual en las categorías a que se dedican.
Quiero comenzar esta serie de entregas considerando los contenidos de esta colectiva al amparo del espíritu que mejor define su perfil general: el de la transvanguardia italiana que fue reconocida por primera vez durante la Bienal de Venecia de 1980, cuando el crítico italiano Achille Bonito Oliva acuñó el término para definir esa nueva tendencia que atraviesa las vanguardias: una pintura ecléctica que (en palabras del propio crítico), “no sólo recorre las opciones de los lenguajes históricos de las vanguardias, sino también las raíces culturales de las regiones” a la que pertenecen sus autores.
Esto es importante. Siempre decepciona hallar comentarios fáciles y tendenciosos de licenciados en artes visuales (imagínate: licenciados en arte) que con un solo adjetivo fatuo y tramposo intentan descalificar esfuerzos como el de esta bienal, apelando a facciosos argumentos como este: “la abstracción fue desterrada de la Séptima Bienal de Pintura y Grabado ‘Alfredo Zalce’, toda vez que el jurado calificador, –a decir de la curadora Argelia Castillo–, se propuso rescatar la pintura ‘en vías de extinción’ mediante la restitución de los lenguajes figurativos y desde ahí incorporarse al ‘discurso posmoderno’ que impera en el arte mundial” (según nota de Carlos Márquez en La Jornada Michoacán del sábado 7 de noviembre).
Puro esnobismo, como se ve, deformado por el prejuicio de que sólo las vertientes del arte virtual y sus distintos conceptualismos dan cuenta de nuestro tiempo. En fin. Sólo el esnobismo explica que alguien afirme que la figuración está en “vías de extinción” en un momento como este, cuando los artistas visuales figurativos más interesantes de México y del resto del mundo no hacen sino innovar nuevas trayectorias con un gozo y un placer que se echan de menos en otros ámbitos.
Por fortuna, para combatir ese sectarismo (en el que nunca faltan los que se la creen, aunque por suerte forman un despistado y auto-elogiatorio Club de Toby), el remedio es totalmente simple y directo: describir y ponderar a detalle los discursos y las estructuras de representación en los que se manifiestan los autores de esta sobresaliente colectiva. De entrada, pues, para cerrar esta primera entrega, unas palabras sobre el sentido de la transvanguardia.

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El secretario de cultura recupera los antecedentes de la bienal.

La bienal y la transvanguardia
Los contenidos de la VII Bienal Nacional de Pintura y Grabado Alfredo Zalce responden bien a la tendencia transvanguardista (prefiero, por ahora, asumirla como tendencia, mejor que movimiento, pues un movimiento pide más acuerdos de los que parece haber en el transvanguardismo). Como sea, lo valioso de esta bienal es que estamos ante un conjunto de obras que reinciden en la representación figurativa, pero concibiéndola como una operación sincrética entre la expresión del individualismo y la continuidad con la tradición, de la cual los autores se apropian temática y estilísticamente de forma totalmente desprejuiciada.
Un principio le sirve de pilar a las camadas incluidas en esta colectiva: el descrédito de la idea de originalidad, sobre la que (no lo olvidemos) se asentaban las tesis de la modernidad artística. Es a partir de este rasgo como los artistas que se alojan hoy en las salas del MACAZ se desmarcan de la tesis del concepto evolucionista del arte (ese que pide o formula una continuidad entre escuelas, corrientes, estilos, movimientos y tendencias) y llevan adelante, en cambio, una revisión (ya crítica, ya desenfadada) de sus orígenes culturales.
Así pues, estamos ante un grupo de autores visuales que, a partir de sus obras, ponen en duda las posibilidades de transgresión e innovación sobre las que se fundaron las vanguardias, y van en pos de otros procesos e incluso de otras categorías cuestionadoras, pero siempre (y aquí está lo interesante) transitando por esas vanguardias, haciendo propias sus aportaciones y manipulándolas como mejor les viene en gana.

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La directora del MACAZ y las jurados comparten los criterios para la calificación.

Hay irreverencia en estos tratamientos, pero también un continuo ejercicio de lucidez, que es tan demandante como exigente a la hora de mostrarnos a autores que son muy conscientes de una herencia: pero no para continuarla, sino para desafiarla.
Este es, sin ir más lejos, el espíritu de las dos obras ganadoras de los premios de adquisición de la bienal de este año.
En su óleo sobre papel Accidente en Xola y Uxmal, por ejemplo, lo que más me sorprende del trabajo técnico desplegado por Luis Carlos Hurtado Hernández es la manera en que va en pos de un tratamiento fotorrealista, pero desde una articulación semántica que se lo debe todo (o casi) a las lecciones propias de lo abstracto.
Por ejemplo, hay una tensión exquisita entre la más antigua premisa de la tradición académica (aquella que dice: “la mejor forma de ver un cuadro es contemplándolo de lejos”) y la manera de responder a esta demanda por parte del autor.
Si uno es atento, descubrirá que al acercarse a este óleo se alcanza un punto en el que no hay ninguna forma, sino un riquísimo juego de ritmos y texturas abstractas. A medida que uno marca su distancia y se va alejando de la obra, esta va adquiriendo una visualidad convencional y cartesiana. Lo más curioso de este tratamiento es que, entre más nos alejamos de la plataforma, son más los detalles “realistas” que captamos”. Entre más nos acercamos, en cambio, mejor descubrimos el acucioso trabajo de estructura desplegado por el autor a partir de la modulación de la pincelada, la recarga o la ligereza de sus pastas y el indispensable quehacer con los trazos, la articulación de planos y el tratamiento a la temperatura del color.
Se ve fácil. Parece simple. No lo es. Y en este espíritu que parece mostrarse sin complicaciones, pero que en realidad exige un muy desafiante ejercicio de problematización, es donde encuentran sus mayores virtudes los autores reunidos en esta colectiva de la que continuaremos hablando en este mes y el siguiente.
Mientras, que nadie deje de visitar la bienal. Descubrirá, si la escudriña cuidadosamente, que uno de los grandes temas de los que se ocupa, o en el que coinciden varios de sus integrantes, es el de una realidad mediada, en la que la lectura del mundo ocurre a través de imágenes que nos remiten a otras imágenes.


Oda de muerte y vida


Entre cadáveres cotidianos de mansa asimilación a la moda en turno, una viviente calaverita infantil surcó las calles morelianas en estos días de muertos. Foto; cortesía de la fotógrafa moreliana Luisa Hernández Corona


Porque el hombre descubre en sus silencios
que su hermoso lenguaje se le agosta
en el minuto mismo del quebranto,
cuando los peces todos
que en cautelosas órbitas discurren
como estrella de escamas, diminutas,
por la entumida noche submarina,
cuando los peces todos
y el ulises salmón de los regresos
y el delfín apolíneo, pez de dioses,
deshacen su camino hacia las algas;
cuando el tigre que huella
la castidad del musgo
con secretas pisadas de resorte
y el bóreas de los ciervos presurosos
y el cordero Luis XV, gemebundo,
y el león babilónico
que añora el alabastro de los frisos
-¡flores de sangre, eternas,
en el racimo inmemorial de las especies!-
cuando todos inician el regreso
a sus mudos letargos vegetales;
cuando la aguda alondra se deslíe
en el agua del alba,
mientras las aves todas
y el solitario búho que medita
con su antifaz de fósforo en la sombra,
la golondrina escritura hebrea
y el pequeño gorrión, hambre en la nieve,
mientras todas las aves se disipan
en la noche enroscada del reptil;
cuando todo -por fin- lo que anda o repta
y todo lo que vuela o nada, todo,
se encoge en un crujir de mariposas,
regresa a sus orígenes
y al origen fatal de sus orígenes,
hasta que su eco mismo se reinstala
en el primer silencio tenebroso.

Muerte sin fin, Canto XIV
José Gorostiza, 1939

Manuel Ortega en entrevista

Treinta años como actor


El actor Manuel Ortega se ocupa este año de dar vida a don Juan Tenorio en la puesta en escena de la obra de José Zorrilla. Esta es la cuarta ocasión en que Ortega colabora en el montaje, pero la primera en la que lleva el estelar. El intérprete está cumpliendo treinta años como hombre de teatro, algunos de cuyos perfiles comparte en esta entrevista.

Manuel Ortega en camerinos, enfundado en sus atuendos y listo para el ensayo general antes del estreno, este miércoles, de Don Juan Tenorio.

Estás cumpliendo treinta años como actor. Creo que yo siempre te voy a recordar por tu protagónico en Macbeth (Fernando Ortiz, 2001). Esa fue inolvidable, pero ¿cómo empezó todo?
Mi primera temporada como actor comenzó a finales de 1979, en la ciudad de México, en la puesta en escena de Quiero vivir, que se presentó en el Foro Azcapotzalco y más adelante en el teatro El Galeón. Yo considero que allí nací como actor.

Y antes de eso, estudiaste… ¿en el Centro Universitario de Teatro (CUT) de la UNAM?
No. Yo había egresado del Centro de Arte Dramático A.C. (CADAC), en Coyoacán, y tuve la suerte de formar parte de la última generación que recibió clases directas del maestro Héctor Azar, quien más adelante se ocupó exclusivamente de la dirección del plantel.
Conocí al maestro Azar en el grupo Ejército Blanco. Ahí participé en la ópera rock Eco para mi grito, que incluyó la grabación de un álbum con los temas de la puesta en escena.
Luego, cuando dejo Ejército Blanco, entonces sí me voy a hacer teatro en la UNAM.

¿También con un teatro socialmente conciente?
Sí. La primera obra en la que participé allí fue una paráfrasis de Asesinato en la Catedral, de Thomas S. Elliot, que se inspira en un hecho real: el asesinato de Thomas Becket, Arzobispo de Canterbury, quien regresaba a Inglaterra después de un exilio de siete años en Francia y fue asesinado a la puertas de su propia catedral, allá por el año 1170. Lo emboscaron cuatro caballeros del rey de Inglaterra, a la sombra de un conflicto entre religión, política y poderes. En esa puesta en escena trabajé con Roberto Sosa padre y con Roberto Sosa hijo, con Teresa Rábago y Víctor Trujillo, con varios de los cuales conservo una buena amistad hasta ahora.

¿Víctor Trujillo?
Sí. Con Trujillo hice televisión, primero en la UTEC, hace ya 25 años, así como teatro-bar y otras experiencias. También he participado en labores de cine, en María de mi corazón, y de doblaje.

El doblaje es una experiencia muy demandante. ¿Fue directamente para alguna firma como Televisa?
No. Yo era actor del SAI, el Sindicato de Actores Independientes. Y te hablo de hace más de veinte años; de modo que el sistema, me refiero tanto a la Iniciativa Privada como al gobierno, no nos quería por rojillos. En ese sentido, yo y muchos de mis compañeros enfrentamos vetos y otros obstáculos. Por ejemplo, nunca pudimos hacer trabajos de doblaje para empresas como Televisa, pero sí emprendimos una serie de trabajos de doblaje, como una cooperativa, para programas que se transmitían en países de Centro y Sudamérica.

Eran tiempos difíciles para lo que en ese entonces era todavía la izquierda.
Así es. Pero no me arrepiento en absoluto. En el SAI, por ejemplo, conocí a Pepe Caballero, quien había estudiado con los grandes de la generación anterior: Héctor Mendoza, Ludwik Margules, Luis de Tavira, y Juan José Gurrola. Con él, yo y otros actores hicimos muchísimas cosas, incluyendo teleteatro. La primera obra a la que Caballero me invitó a participar fue El destierro. También en el SAI pude trabajar bajo la dirección de Margules en La cabeza del dragón, de Valle Inclán. De las obras de ese periodo que recuerdo con cariño están Los hombres subterráneos, de Alejandra Gutiérrez, quien venía regresando de una estancia en la Unión Soviética, en Moscú. Ese título se inspiraba en la obra de Fedor M. Dostoievski, autor al que ella había ido a estudiar. En aquella ocasión trabajé también por primera vez con el escenógrafo Alejandro Luna y con Álvaro Guerrero, que ahora está más dedicado al cine.

Animoso, pero con la cara de desvelo, Manuel Ortega durante la entrevista realizada tras el ensayo general emprendido entre la noche del lunes y la madrugada del martes, para la XXXII temporada de Don Juan Tenorio.

¿Y Alejandro Aura? Recientemente participaste en un acto de conmemoración a Aura, aquí en Morelia. Lamento no haber podido ir.
Conocí a Alejandro a comienzos de los años ochenta. Un hombre admirable por todo lo que supo hacer. Fue cuentista, empresario, poeta, promotor cultural, dramaturgo, funcionario del sector cultural, conductor de radio… Me parece que para que una persona sea capaz de darse a sí misma como lo hizo Alejandro se necesita mucha, muchísima generosidad.
Comencé a colaborar con él en la puesta de Salón Calavera, que se estrenó en 1982. De gira con esa obra, llegué por primera vez a Morelia en 1984 y todos nos enamoramos de esta ciudad. Dimos casi ochocientas funciones con Salón Calavera en aquella gira y recorrimos prácticamente todo el país. Fue una experiencia inolvidable y a partir de ese momento cultivé con Alejandro una amistad estrecha, que se prolongó hasta el final, en 2008, pasando por experiencias como la de las tertulias en El hijo del Cuervo, ese centro bohemio y cultural que fundó Aura a fines de los ochenta en colaboración con Carmen y Pablo Boullosa como parte de los muchos esfuerzos que hizo para promover espacios y actividades culturales.

Hablabas de tu visita a Morelia en 1984. ¿Desde entonces te instalaste en Michoacán?
No, eso fue unos años más tarde. Pero esa visita sí fue indispensable para que mi familia y yo eligiéramos esta ciudad cuando decidimos abandonar el DF, en 1987. Por cierto, hablando de mi familia, me emociona mucho, ahora que Alejandro ya no está entre nosotros, recordar que yo me casé usando el smoking que él se ponía para las funciones de Salón Calavera. Ya próxima mi boda, le comenté a él un día que aún no había resuelto lo de mi smoking para la ceremonia. Alejandro me dijo: “Pues el mío te queda ¿no?” Y me lo dio.

Es la generosidad de la que hablabas
Sí. No es fácil encontrar personas como él.

¿La de Salón Calavera fue tu primera experiencia en una gira nacional como actor?
De esas dimensiones tan amplias, sí. Pero no fue la última. Luego de Salón Calavera, y ya colaborando con los circuitos culturales que en aquellos años auspiciaba el ISSSTE, participé en una gira nacional casi tan amplia como la que tuve con Salón Calavera. Fue para un recital con obras del poeta León Felipe. Alcanzamos las 750 representaciones. Más adelante, también en los circuitos del ISSSTE, me animé a adaptar una farsa de Juan José Arreola: Tercera llamada, tercera, o empezamos sin usted, y nos volvimos a ir de gira.

¿Es decir que has conocido todo el país?
Casi. No todo, pero casi. Lo que sí es cierto es que en esas giras del ISSSTE llegamos a dar funciones hasta los sitios más insólitos.

A ver. Sorpréndeme. ¿Cómo cuáles?
Las plataformas petroleras marítimas de PEMEX. Hay unas cien plataformas de ese tipo, sólo en la región de la Sonda de Campeche. Puede haber cientos, a veces miles de obreros trabajando en cada una. Así: miles. Sin duda es una vida dura, difícil. Esos trabajadores del petróleo son personas admirables.

Sí me sorprendiste. ¿De modo que se iban en barco?
No. En helicóptero, de una a otra plataforma. Así que te puedo decir que he dado funciones de teatro incluso a veinte kilómetros mar adentro, casi en los límites de las aguas territoriales mexicanas.

¿Y dejaste todo eso para venir a Morelia?
A mí me parece que nunca debes lamentar las decisiones que tomas. Después de todo, se supone que las tomas responsablemente ¿no? Lo de Morelia tuvo que ver fundamentalmente con la salud de mi hija, que padece de los pulmones. Tú sabes que la ciudad de México dejó de ser hace mucho La región más transparente de la que escribía Carlos Fuentes. Hablando con mi esposa, y recordando la experiencia de 1984, cuando conocimos Morelia, decidimos dejar la capital en 1987 para instalarnos aquí.

¿Cuál dirías que fue el cambio más drástico que supuso dejar la ciudad de México?
Precisamente el de hacer teatro con la regularidad de antes. En el Distrito Federal puedo decir que pude vivir de hacer teatro. En Morelia eso es muy difícil, ante todo porque ya tenía la responsabilidad de ver por mi familia. El hecho es que al llegar a Morelia intenté recuperar el proyecto de la farsa de Juan José Arreola, para continuar con las giras y hablé con los actores que me parecían más interesantes en la ciudad. Lamentablemente… ¿cómo lo diré con justicia?... todos tenían ya sus vidas armadas, ¿no? Tenían trabajos, recibían un sueldo y tenían la obligación de cumplir horarios y labores específicas por ese salario, de manera que nadie se animó a abandonar su seguridad económica a cambio de una aventura teatral como la que implica una gira. Así se dio. Ni modo. Tuve que cancelar el convenio que tenía con el ISSSTE.

Y te convertiste en empresario…
Me convertí en empresario. Pero estoy contento. Nunca he dejado el teatro. Unos años más tarde regresé a la escena en lo que era el restaurante bar Cantera Jardín, de Sofía Rojas. Tuvimos una larga temporada con ¡Ay, Cuauhtémoc, no te rajes! Así empecé a hacer teatro bar, un género al que le tengo mucho cariño precisamente por el recuerdo de Alejandro Aura y de otras experiencias en el DF, como las que tuve en el bar Guauuu! con Ana Ofelia Murguía, Germán Robles y otros. Luego monté Bajo la ley de Herodes y más tarde, con Alfredo Durán, comienzo a colaborar en Don Juan Tenorio. Esta es mi cuarta ocasión en esta puesta. Mientras tanto, En 2001, con Fernando Ortiz, presentamos Macbeth. En 2005 participé en la película La dama que llora, en el Festival Internacional de Cine de Morelia.

Y aparte de aparecer en Don Juan Tenorio ¿piensas hacer algo para conmemorar tus treinta años de actor?
Sí, pero todavía es un proyecto. Estoy pensando en un monólogo, aunque dados mis compromisos y mi agenda, ya será para el 2010.

¿Te vas a subir, como otros, al tren del Bicentenario de la Independencia?
No. Para nada. Pero no porque ese tema no valga la pena, al contrario, sino porque lo que tengo necesidad de decir no pasa por el bicentenario.

¿Estás contento con el Tenorio?
Mucho. De cierta manera es muy significativo porque en 1979 mi primera temporada como actor en Quiero vivir también comenzó a finales de año, por estas fechas, así que el Tenorio es una excelente forma de celebrar.

Temporada XXXII de Don Juan Tenorio

Como un hijo pródigo

Este miércoles la tradicional puesta en escena de temporada de Noche de Muertos se estrena en la Casa de la Cultura de Morelia, conducida con los trazos que le otorgó José Manuel Álvarez y conducido por primera vez por una directora: Graciela Morales


Los actores Elizabeth Silva (Doña Inés) y Manuel Ortega (Don Juan), durante el ensayo técnico para definir el trazo de luces, la noche del lunes.

“Como un hijo pródigo”, la tragicomedia Don Juan Tenorio llega este otoño a sus treinta y dos años de vida y los conmemora volviendo a sus orígenes locales: recupera el trazo escénico definido en 1977 por el director y dramaturgo michoacano José Manuel Álvarez (Santa Clara del Cobre, 1931 – Morelia, 1998).
También es la primera vez que la obra tradicional de Noche de Muertos en Michoacán es dirigida por una mujer, la parachense Graciela Morales, quien fue discípula de Álvarez y ha participado como actriz en 18 de las temporadas de la obra.
La reposición del Tenorio tal como lo concibió Álvarez se da luego de que, en su edición 2008, este título alcanzó su nadir con la versión emprendida por la Compañía Carro de Heno en dirección de Arnulfo Martínez.


La directora de la XXXII temporada de Don Juan Tenorio, Chela Morales, durante la entrevista.

Regreso a casa
“Lo más importante, para mí –dice la directora Chela Morales en entrevista con Poliedro– es rescatar la propuesta del montaje tal como la formuló el maestro Álvarez en los años setenta. José Manuel afirmaba que la obra en sí misma no requería tanta ciencia. Decía que lo importante era saber elegir a los actores adecuados, buscando la calidad interpretativa”.
Mientras, el coordinador general de la puesta de este año, el actor Jesús Pérez Gallardo, declara: “El gusto que tengo es el de ver reconstruida la puesta original de José Manuel Álvarez, con el canon clásico, su tratamiento costumbrista e incluso empleando el mismo espacio físico definido por el maestro Álvarez, en la esquina noreste del claustro mayor, que abarca lo que hoy es la cafetería, una ventana de la galería Efraín Vargas, la entrada principal al inmueble y la escalera a un costado de la arcada mayor. En este sentido, para mí, esta puesta del Don Juan Tenorio es como un hijo pródigo: regresa a su casa”.


Una imagen en camerinos. Actores y comparsas se enfundan en sus atuendos.

En pos de los orígenes
La edición número XXXII del ya clásico texto de Zorrilla se estrena el miércoles 28 de octubre en Morelia, en el claustro mayor de la Casa de la Cultura.
Desde el año pasado, tanto la directora Graciela Morales como el actor Jesús Pérez Gallardo presentaron sendos proyectos para retomar la obra y restituirle el tratamiento del maestro Álvcarez.
Pérez Gallardo, quien es el coordinador general de la presentación de este año, indicó: “Para este año Chela Morales y yo platicamos y decidimos presentar un proyecto conjunto, ya que ambos buscábamos esencialmente lo mismo: retirarnos un poco de los experimentos para ofrecerle al público, tanto al que ha seguido a esta obra como a los jóvenes que apenas se acercan, la oportunidad de conocer la puesta en escena original. Pedimos una entrevista con el secretario de Cultura, Jaime Hernández Díaz y le planteamos la propuesta, respaldada por nuestras trayectorias. Yo comencé en el teatro en 1961 y Chela también tiene muchos años sobre la escena. Además, los dos participamos en el Tenorio desde el principio y los dos nos formamos en la manera de hacer teatro de José Manuel”.
“Por fortuna, al secretario le agradó la idea. Pasaron apenas quince días desde esa cita cuando se nos comunicó que la propuesta había sido aceptada”.


Durante un breve receso Chela Morales y Jesús Pérez Gallardo intercambian impresiones.

A su vez, Graciela Morales detalla: “Yo estoy muy contenta. En el equipo que hemos integrado tenemos un ambiente muy padre, sin pleitos, ni gritos ni sombrerazos y se ha conjugado un elenco amplio, que reúne a teatristas como Jesús Pérez Gallardo o como yo, que trabajamos directamente con el maestro Álvarez, pero también a gente de teatro de otras generaciones. Por ejemplo, como Don Juan participa Manuel Ortega, que entró al Tenorio durante las puestas en escena de Alfredo Durán; el caso de Manuel es significativo porque, aparte de todo, él está cumpliendo este año tres décadas como actor. Esta es la cuarta ocasión que participa en la puesta del Tenorio, pero es la primera que lleva el protagónico. Por lo demás, tenemos actores de tablas, como Eduardo Guízar, quien interpreta a Don Luis Mejía o Anco Marcio como el capitán Centella, pero también a actrices más jóvenes, como Rocío Torres, que representa este año a doña Ana de Pantoja o a la misma Elizabeth Silva, quien después de las pruebas de casting fue elegida para el papel de doña Inés”.


Rubén Ramírez en la cabina de luces, emprende los ajustes necesarios para el diseño luminotécnico de la puesta en escena.

La primera directora
Graciela Morales, que en su haber cuenta con el desarrollo, durante varios años, del programa nicolaita Al teatro los lunes, en el auditorio José Rubén Romero, respaldado por la Secretaría de Difusión Cultural de la Universidad Michoacana, es la primera directora que toma bajo su responsabilidad la dirección de Don Juan Tenorio. Al respecto dice:
“Lo primero que tengo que expresar es mi agradecimiento al secretario de Cultura, por la confianza que ha depositado en mí. De lo demás, en esta puesta en escena lo que me interesa no es darle ninguna perspectiva de género, porque eso sería ponerse a experimentar otra vez. Lo que quiero, como el resto del equipo creativo de este año, es presentar una versión del Tenorio lo más fiel posible a la manera en que concibió la puesta el maestro Álvarez”.


Parte de la escenografía para la escena de la taberna.

Colaboradores
Entre los colaboradores que apoyan este año a Chela Morales y Jesús Pérez Gallardo figuran Jorge Gutiérrez en la asistencia de dirección; el siempre imprescindible Rubén Ramírez como técnico de luminotecnia (ha venido a Morelia exclusivamente a apoyar el montaje, dejando momentáneamente el Teatro Obrero de Zamora, del que es responsable) y Villeli Matilde en el vestuario. En la comparsa participan alumnos de teatro de la Escuela Popular de Bellas Artes así como integrantes del ballet Calé Bari, de danzas españolas.
Mientras, la música de este año incorpora obras originales del siglo XVI, seleccionadas durante un proceso de casi tres meses. La única excepción a este perfil es el tema musical con el que inicia la obra, que es una pieza original del siglo XIX.
“En general hay una gran disposición a trabajar de parte de todos los colaboradores –añade–, hay un ambiente muy animado, alegre, y eso enriquece el trabajo porque significa que se hace por placer, no por competir o solamente por lucirse. Desde luego, no va a faltar algún prietito en el arroz, pero nuestro compromiso es el de sacar la obra lo mejor que sea posible”.


Ignacio Tena (Ciutti), con otros compañeros.

Una noche de ensayo
El buen ambiente que ha privado en los ensayos del Tenorio fue confirmado entre la noche del lunes y la madrugada del martes. El ensayo técnico para definir el guión de luces comenzó poco después de las nueve de la noche, retrasado apenas unos quince minutos a causa de una llovizna pertinaz que por fortuna se disipó. La jornada nocturna concluiría hacia las 1:20 a.m., cuatro horas después.
En camerinos, las faenas de maquillaje, peinado y vestuario se desplegaron con fluidez. Ya sobre el espacio escénico, la definición del trazo de luces demandó mucho más tiempo, pero los intervalos propios de esta faena no generaron ningún estrés, por el contrario, desataron el sentido del humor de toda la compañía, con Jesús Pérez Gallardo secundando las bromas de compañeros más jóvenes del equipo, en un entorno muy fraternal, y con distintas ocurrencias (algunas realmente deliciosas) de los distintos actores durante los breves momentos de ensayo para ajustar las luces de cada escena.
El relajamiento, perfectamente válido, porque se ha tratado de un ensayo técnico, no de un ensayo general, ha dado cuenta de una complicidad que necesariamente se proyectará durante las funciones.


Don Luis y Doña Ana en la esquina noreste del claustro mayor.

Medios desvelados
Aparte de Poliedro, sólo el diario impreso Provincia estuvo presente esta noche de lunes en el ensayo para captar las impresiones de los diferentes participantes del equipo, observar el proceso en sí y realizar las entrevistas de rigor.
Aquí en Poliedro, para este miércoles, desahogaremos dos de ellas. Una con el actor defeño (pero moreliano adoptivo desde los años ochenta) Manuel Ortega, que está celebrando treinta años en la escena, y otra con la actriz michoacana Elizabeth Silva Moreno, cuya trayectoria teatral en Morelia ha corrido a la par de su carrera como docente. El caso de Elizabeth es singular porque, procedente de una experiencia escénica que la ha encasillado en las comedias de caracteres o en las comedias de situación, esta es la primera vez que le corresponde encarnar a un personaje que no es cómico y del cual ella misma señala: “Estoy muy conciente de que el personaje de Doña Inés es uno de esos que es muy esperado y que también es el blanco perfecto para muchas críticas, pero yo me siento tranquila, muy bien cobijada por mi directora y por mis compañeros”.


La actriz Elizabeth Silva se maquilla en camerinos, al comienzo de la jornada nocturna.

A un día del estreno
La XXXII temporada de Don Juan Tenorio se estrena este miércoles 28 de octubre en Morelia con cuatro funciones, hasta el día 31, en horario de las 20:30 horas en el Claustro Mayor de la Casa de la Cultura de Morelia. Los boletos tendrán un precio de 60 pesos, con descuentos a tarjetahabientes de INSEN y sindicalizados del Gobierno del Estado.
Para el día uno de noviembre se emprenderá la tradicional función en la Capilla Abierta de Tzintzuntzan, a las 22:00 horas, con un boleto de 60 presos en gradas y de 90 pesos en sillas.
El ciclo 2009 de la puesta en escena concluye el día 3 de noviembre a las 20:00 horas en el Ex Convento Agustino en Cuitzeo, donde la entrada será gratuita.


Ya durante el trazo para el segundo acto de la tragicomedia de José Zorrilla.

El nacimiento del Tenorio
El actor Jesús Pérez Gallardo (Morelia, 1942), ha participado en esta puesta en escena novembrina desde la primera función, hace 32 años.
Durante estas tres décadas, en 31 de los 32 años del montaje, ha interpretado al personaje del Comendador, que le fue otorgado desde la primera vez por José Manuel Álvarez.
La única excepción (que escapó totalmente de sus manos), ocurrió en 2005, durante la edición número XXVIII del Tenorio cuando, inexplicablemente, la recién nacida Secretaría de Cultura afirmaba que le rendía un homenaje a la trayectoria del actor y (paradojas de la vis institucional), justo en esa ocasión lo despojaron del personaje, que le fue encomendado a Víctor Sandín.
Pero a estas alturas el Tenorio es inseparable de Jesús Pérez Gallardo, quien ya forma parte de la conmemoración ritual de esta puesta en escena.
Desde tal perspectiva, el actor recuerda el nacimiento de este trabajo en Michoacán:
“Fue en 1977 cuando nació la idea de montar una versión local del Don Juan Tenorio de José Zorrilla. La verdad es que al maestro José Manuel Álvarez no le gustaba la obra y, por lo menos al principio, se resistió. Hasta donde recuerdo, fue en la ciudad de Jiquilpan, durante una gira con la obra Farsas de Casona, que varios actores le propusimos a Álvarez montar el Tenorio. Un año antes, en 1976, una compañía de la ciudad de México la había presentado en Morelia con muy buen éxito de público”.
“A José Manuel la obra le parecía cursi –añade Pérez Gallardo–, pero cuando finalmente aceptó la propuesta y se la presentó al Instituto Michoacano de Cultura, el organismo convino en apoyar el proyecto a condición de que se invitara a dos actores de la ciudad de México para darle más proyección a la experiencia. Fue así como en la primera representación michoacana de Don Juan Tenorio participaron como actores invitados Blanca Sánchez en el papel de doña Inés y Guillermo Orea en el papel de Ciutti”.
“Mientras, desde el primer casting, el maestro José Manuel Álvarez me dijo: ‘tú me gustas para el Comendador’ y así se hizo. Desde entonces no he dejado de interpretar al personaje que me dio el maestro”.


Vista parcial a la escenografía de las tumbas, para la puesta 2009 del Tenorio.
El saber de Sabina y Sabines

Cotidianidades paralelas

A veces en medio de la noche, los recuerdos como luces de bengala, vuelven trascendental y policroma nuestra perplejidad.
Renato Leduc

Canta la canción de las noches perdidas, / quema como el gas azul de los mecheros, /
sirve para echar vinagre en las heridas, / miente como mienten todos los boleros.

Joaquín Sabina

Concebido por el diseñador gráfico y director editorial de la Secretaría de Cultura de Colima, Víctor Uribe Clarín, El saber de Sabina y Sabines es un espectáculo de bohemia y nostalgia, de carácter ligeramente performativo, que conjuga a dos de las voces más populares de la cultura hispanoamericana contemporánea: el poeta chiapaneco Jaime Sabines (1926–1999) y el cantautor jaenense Joaquín Ramón Martínez, mejor conocido como Joaquín Sabina (Úbeda, 1949).
El programa, de una hora de duración, reúne unos veinticinco títulos, entre poemas y canciones, y fue presentado en Morelia este domingo 25 de octubre en el claustro mayor de la Casa de la Cultura. Habrá dos funciones más en territorio michoacano: hoy lunes en Uruapan (en el Auditorio Manuel Romero de la Universidad Don Vasco, a las 20:00 horas) y el próximo viernes 30 de octubre en Zitácuaro (en el Auditorio Municipal Samuel Ramos, a las 20:00 horas).

Simetrías: JS & JS
La idea de reunir en un mismo programa el trabajo de Sabines y Sabina no es descabellada en absoluto. Una semejanza evidente entre los dos es que sus nombres comienzan con las mismas iniciales: Joaquín Sabina y Jaime Sabines, JS. Pero ¿habrá algo más en lo que se parezcan?
Una revisión a sus biografías permite distinguir que la vida de cada uno de ellos no corre paralela a la del otro, a pesar de ciertos guiños significativos. Por ejemplo, en 1949, cuando nace Joaquín Sabina, Jaime Sabines está abandonando su natal Tuxtla Gutiérrez para irse a la ciudad de México, donde nacerá a la vida política nacional y a la poesía como acción pública (su primer poemario, Horal, es editado en 1950). Sin embargo, esto es meramente anecdótico. Epidérmico.
Hay dos razones por las que estos dos autores sí pueden codearse y entenderse. La primera es que los dos han sido poetas. La segunda es que los dos han sido, a su modo, hombres que desde su habilidad poética han decidido explorar la cotidianidad, como si fueran meros paisanos que escudriñan las dichas y desdichas de la existencia.

En efecto, el mayor atributo de Jaime Sabines es la mirada que le dedica a lo cotidiano, a lo simple, a cuanto lo rodea. La larga agonía de su padre, víctima del cáncer, es un ejemplo. Allí donde un hombre común se limitaría a llorar una pérdida íntima, a la cual mantiene en el ámbito de lo privado, de lo familiar, Sabines lo transforma en una larga elegía de reflexión sobre el dolor, la muerte, la espera, el recuerdo y la nostalgia ante la fugacidad de la vida.
A su vez, Joaquín Sabina no se reduce (salvo en unas pocas ocasiones complacientes y perfectamente disculpables) a crear “canciones de amor”, sino a mirar críticamente su realidad a través de ellas.
El sabor agridulce que acompaña a los dos autores en algunos de sus mayores momentos poéticos es otro denominador razonable.

Velada discreta
Así pues, la velada a cargo del ensamble colimense, comenzó a las 19:00 horas, haciendo que se dieran la mano dos clásicos de Sabina y Sabines: el tema Calle Melancolía y el poema Los amorosos.
Concluiría, una hora más tarde, a las ocho de la noche, con el poema Me encanta Dios y el tema Más de cien mentiras.
En el Inter, Karelia Amezcua y Armando Hernández dieron voz a los poemas No es que muera de amor, Tú tienes lo que busco y Algo sobre el Mayor Sabines, entre otros, que se alternaron con temas como Contigo, Y sin embargo, Autonecrología, Noches de boda, A la orilla de la chimenea y 19 días y 500 noches.

Junto a los actores participaron, en breves intervenciones, los bailarines Cristina Zamora e Ignacio Sánchez, miembros de Ángulo Móvil, todos acompañados por la soprano Mariana Corona (del grupo colimense Cantarte) y el cantante y guitarrista Pepe Huataza en un espectáculo discreto, íntimo, no exento de bemoles (qué extraña sonó Y sin embargo), pero que resultó propicio para convocar a la nostalgia.
Una noche de cuarto creciente, con una concurrencia que (de menos a más), fue llegando al espectáculo de entrada gratuita y que concluyó con el voto de los participantes en el sentido de que la presentación sirviera de pretexto o acicate para acercar al público a la lectura de Sabina y a la música de Sabines. ¿O es al revés?