Una foto de Los Cuatro de Cradock, activistas rurales asesinados en los años ochenta en Sudáfrica. El caso se revisa en La jornada de una larga noche hacia el día.

“La verdad os hará libres” (Evangelio según San Juan, 8:32), dice una de las frases más famosas de la tradición en Occidente. Lo que la frase no dice es lo difícil que puede ser alcanzar esa forma de libertad.
Pocas veces la experiencia de alcanzar una verdad de manera institucional ha sido tan dolorosa como lo fue durante las audiencias emprendidas al seno de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación organizada por el gobierno de Nelson Mandela en los años noventa, a fin de cerrar la puerta a 40 años de Apartheid y de proponer una alternativa de reconstrucción para la nación sudafricana.
La comisión fue el instrumento indispensable para restituir de alguna manera el tejido social en Sudáfrica; un espacio clave para que acusados de crímenes políticos durante el Apartheid pudieran alcanzar el perdón social que los devolvería a la vida pública.
De este tema se ocupa el largometraje documental Viaje de una larga noche hacia el día (Francis Reid y Deborah Hoffman, 2000), que forma parte del programa 2010 de la gira de documentales ambulante.
La película da testimonio de cuatro historias que resumen la amplia gama de matices al seno del proceso de amnistía. Son historias que hablan de rabia, perdón, impotencia, discriminación, cinismo, odio, reconciliación y tolerancia. Lo interesante es que todas estas emociones se decantan, en su punto más extremo, hacia la opción de un verdadero ajuste de cuentas con el pasado y con la posibilidad de un encuentro con el Otro, reconociendo que antes que blancos o negros, hombres o mujeres, todos somos simplemente personas.

1. Amy Biehl
La primera historia del filme se ocupa del asesinato de la activista estadunidense Amy Biehl durante los últimos momentos del Apartheid y del posterior encuentro, ya durante el proceso de amnistía, entre las familias de la joven estudiante norteamericana y de Mongezi Manqina, uno de los líderes que azuzó el crimen.
Lo más terrible de este caso es que Amy Biehl, a la sazón una joven becaria había viajado desde Estados Unidos a Sudáfrica con el fin exclusivo de sumarse a la lucha a favor de la gente de color, como activista de derechos humanos.
A pesar de esto, el 25 de agosto de 1993 la muchacha fue interceptada dentro de su automóvil en la comunidad de Guguletu por una turba enfurecida.
En su libro Jóvenes sin tregua: culturas y políticas de la violencia (Anthropos, Barcelona, 2005, pág. 65) Carles Feixa evoca el episodio: “Fue apedreada por jóvenes exaltados que cantaban ‘¡muerte a los colonos!’ (…). Mientras las piedras continuaban lloviendo sobre su coche, Amy, que ya estaba herida, se arrastró hasta el exterior y, todavía sonriendo, se aproximó a los enfadados jóvenes identificándose como una amiga, como una camarada. Sin embargo, el grupo de alrededor de 20 jóvenes la persiguió mientras seguía tirando piedras. Entonces uno de ellos se adelantó y la apuñaló en la espalda, en la cabeza y en la cara hasta que ella cayó al suelo”.
Este es el contexto. El filme se ocupa, ante todo, de poner en perspectiva el genuino arrepentimiento de Mongezi Manqina, quien en algún momento confiesa a cuadro que a la hora de alentar el crimen contra la Biehl, él ignoraba que ella peleaba por su misma causa y que en aquel instante sólo podía verla (muy razonablemente) como “un objetivo político”, ya que ella era una persona de raza blanca. Mucho más intensos son los segmentos dedicados a la madre de Manquina, Evelyn, al exhibir su dolor por tener a un hijo en prisión por el delito de homicidio y, sobre todo, los conmovedores momentos en que los padres de Amy Biehl viajan hasta Ciudad del Cabo y se encuentran con Evelyn, en el contexto del proceso de amnistía. Ambas familias intercambian vulnerabilidades y compasión mutua.

El sacerdote anglicano y Premio Nobel de la Paz 1984 Desmond Mpilo Tutu, co-director de la Comisión de la Verdad en Sudáfrica, uno de los personajes que aparece en el filme.

2. Los cuatro de Cradock
El segundo segmento del filme se dedica al caso de “Los cuatro de Cradock” (Matthew Goniwe, Fort Calata, Sparrow Mkhonto y Sicelo Mhlauli, activistas de color del Frente Democrático Unido, en la comunidad de Cradock), quienes fueron emboscados y asesinados de manera particularmente brutal por un “escuadrón de la muerte” conformado por policías blancos el 27 de junio de 1985. La historia se centra en uno de los siete agentes que se acogieron a la amnistía por ese episodio: un personaje de convicciones católicas casi fanáticas, a las cuales invoca cuando procura explicar sus motivaciones en los días del crimen, pero que también habla del impacto que le causaría más adelante conocer una película como Mississippi en llamas (Alan Parker, 1988) o acceder a la lectura de textos de Mandela. El documental cumple al darle voz al agente confeso, pero también a las viudas de los activistas asesinados, ninguna de las cuales está convencida del arrepentimiento sincero del personaje.

3. Bombazo en el bar Magoo
El tercer episodio se ocupa de Robert McBride y su atentado con bombas al bar Magoo cuando era miembro del ejército del Congreso Africano Nacional en 1986. La acción dejó un saldo de tres muertos y 69 heridos. El segmento se concentra especialmente en las reacciones y declaraciones de Sharon Welgemoed, hermana de una de las parroquianas que murió en el incidente. Welgemoed aduce en el filme que, aunque ella y su familia blanca gozaban de los privilegios del Apartheid, jamás se pronunciaron políticamente contra la comunidad sudafricana de color, hecho que despoja a Robert McBride del indispensable “objetivo político” que demandaba la Comisión de la Verdad para conceder la amnistía.

4. Los siete de Guguleti
Finalmente, el cuarto caso del documental está dedicado a la historia de “Los siete de Guguleti”: un grupo de jóvenes negros que fueron manipulados y conducidos a una trampa por agentes de la policía que primero los contactaron y les ofrecieron entrenamiento como “rebeldes”, hasta que finalmente los jóvenes fueron emboscados y asesinados por los mismos policías que los estaban “entrenando”.
De acuerdo al filme, sólo dos de los 25 policías que intervinieron en el asesinato de los muchachos se acogieron a la amnistía, para rendir testimonio de sus actos: uno blanco y otro negro. Este último, Thapela Mbelo, fue el que colaboró de manera más amplia durante el proceso.
Este episodio muestra una de las experiencias más extremas del filme: a las sesiones de la Comisión de la Verdad acuden las madres de los siete muchachos muertos, ninguna de las cuales ha tenido hasta entonces, siquiera, el consuelo de darle sepultura al cadáver del hijo perdido. Durante una de las sesiones, se exhibe un video interno de la policía en el que los agentes han grabado a los jóvenes, ya asesinados. Esta clase de documentos internos eran filmados por los policías para demostrar a sus superiores que habían cumplido con su trabajo. En plena sesión, al tener frente a sí las imágenes en video de sus hijos muertos, tres de las siete madres se desmoronan, dos de ellas entran en una crisis de histeria. Es un momento en el que los procedimientos de la Comisión de la Verdad parecen absolutamente crueles e innecesarios. Sin embargo, poco más adelante, el filme muestra a una de las mujeres ya repuesta. Hay una nueva fortaleza en su mirada y ha superado el trance. Declara con sencillez: “se siente tan bien conocer al fin la verdad”.

La cruz erigida en el sitio donde murió asesinada la activista norteamericana Amy Biehl durante uno de los muchos hechos violentos durante el Apartheid en Sudáfrica.

5. “Libertad a cambio de la verdad”
El asunto de la catarsis, de esta experiencia de enfrentar un hecho, por duro que sea, para alcanzar una certeza o una verdad, es el centro de gravedad del filme de Reid y en muchos sentidos resume el espíritu del proceso de amnistía en Sudáfrica.
Para describir este espíritu (tanto de la Comisión de la Verdad como del documental) y para concluir esta entrega, no hay mejores palabras que las del arzobispo anglicano de Ciudad del cabo y Premio Nobel de la Paz 1984 Desmond Mpilo Tutu, co-director de la Comisión de la Verdad en Sudáfrica:
“Aquellos a los que les interesa el futuro de nuestro país se preocuparon porque la concesión de amnistía podría, entre otras cosas, alentar la impunidad, pues parecería que se sacrifica la justicia. Creemos que este punto de vista es incorrecto. El solicitante de amnistía debe admitir la responsabilidad del acto por el que se busca la amnistía; de esta manera se trata el tema de la impunidad.
“Más aún, a excepción de las circunstancias extraordinarias, la solicitud se maneja en una audiencia abierta. Así, el solicitante debe reconocer sus actos a plena luz pública. Imaginemos lo que esto significa. A menudo esta es la primera vez en que la familia y la comunidad de un solicitante se enteran de que un hombre en apariencia decente fue, por ejemplo, un torturador insensible o un miembro de un escuadrón de muerte despiadado que asesinó a muchos adversarios del régimen anterior. Por lo tanto, sí se paga un precio. La revelación ante la gente trae como consecuencia la vergüenza pública.
“Una razón por la que la amnesia no es una solución es porque el pasado se rehúsa a permanecer silencioso. Tiene el extraño hábito de hacer apariciones (…). Aunque la experiencia haya sido muy dolorosa, no debemos permitir que las heridas del pasado supuren. Es necesario abrirlas. Deben limpiarse. Tenemos que poner bálsamo en ellas para que sanen. Esto no es obsesionarse con el pasado. Es cuidar que la historia se maneje de manera correcta por la seguridad del futuro.
“En nuestro caso, tratar con el pasado significa conocer lo que sucedió. ¿Quién ordenó que esta persona debía morir? ¿Por qué ocurrió esta gran violación a los derechos humanos? También necesitamos entender el pasado para poder renovar nuestra resolución y compromiso con el fin de que estas transgresiones no vuelvan a suceder. Debemos comprender el pasado para establecer una cultura de respeto de los derechos humanos. Sólo al responder sobre el pasado podemos hacernos responsables del futuro.
Por todas estas razones, nuestra nación, a través de aquellos que negocian la transición del apartheid a la democracia, eligió la amnistía individual y no general.
Y creemos que esta amnistía individual ha demostrado ser valiosa. Uno de los criterios que deben cumplirse antes de poder concederla es la completa revelación de la realidad. Se otorgó la libertad a cambio de la verdad. A través de estos medios fuimos capaces de descubrir mucho de lo que sucedió en el pasado. Conocemos lo ocurrido a Steve Biko, a los Tres PEBCO, a los Cuatro Cradock. Ahora sabemos quién ordenó el ataque con bomba en Church Street y quién fue el responsable de la masacre en la iglesia de St. James. Pudimos exhumar los restos de cerca de cincuenta activistas que fueron secuestrados, asesinados y enterrados en secreto”.

RECURSOS
Introducción al Informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de
Sudáfrica, por Desmond Mpilo Tutu



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