Conferencia del doctor Luis Villoro

Los desafíos de una

revolución ordenada

El intelectual se pronuncia por transiciones ordenadas en las que triunfe la razón y la organización de un pueblo desde las bases


El doctor Luis Villoro durante su diálogo con el público, al término de la conferencia ofrecida en la Casa de la Cultura de Morelia.

“Teóricamente, en México vivimos una democracia, pero en los hechos es una partidocracia. Democracia significa el gobierno del pueblo, pero aquí los que gobiernan son los partidos. La mexicana no es una democracia real”, afirmó este jueves 14 de enero el doctor en filosofía Luis Villoro Toranzo (Barcelona, España, 1922), durante la conferencia El concepto de Revolución.
Ante esta perspectiva, que por definición impide el empoderamiento del pueblo, el también Premio Nacional de Ciencias y Artes 1986 defendió la posibilidad de una “revolución ordenada” que, sin renunciar al poderoso motor de la pasión, sea capaz de conducir a un cambio radical por medio de la razón y de una transición pacífica, echando mano del enorme poder de un pueblo organizado desde las bases, capaz de actuar con orden y sin violencia.
“Tenemos por lo menos dos ejemplos de que revoluciones así son posibles –arguyó–: la que encabezó Gandhi en la India y la que emprendió Nelson Mandela en Sudáfrica. En ambas revoluciones se impuso la negociación”.
Durante la charla, realizada en el Auditorio II de la Casa de la Cultura de Morelia, Villoro Toranzo aceptó que, de suyo, las revoluciones son actos violentos. “La revolución rusa y la revolución francesa, por ejemplo, fueron muy violentas. Pero una revolución no es solamente violencia; también es la posibilidad de alcanzar por medio de la razón una sociedad otra, distinta”.
El intelectual ponderó: “Toda revolución es sostenida por la tensión permanente entre pasión y razón. Es la pasión la que le da impulso y sentido a la acción histórica. Pero esa acción va en pos de una meta que cada vez más apunta a un orden racional que sea capaz de imponerse sobre la elección apasionada”.
En este sentido, consideró que la sociedad mexicana actual está dividida, en parte por los efectos de la partidocracia a la que aludió antes, “pero también es dueña de una enorme pasión para regenerarse”.
El doctor Luis Villoro dictó la charla invitado por la Asociación de Promotores Culturales de Michoacán y con apoyo de la Secretaría de Cultura, en el marco de otras actividades emprendidas esa tarde por la asociación, entre ellas la inauguración de la exposición colectiva Bi-centenario y un recital con el grupo Bola Suriana, en el Auditorio Luis Sahagún de la Casa de la Cultura.

El aporte de la Ilustración
Mientras, en la conferencia, Villoro Toranzo comenzó deslindando el orden humano (histórico) de su “Otro” opuesto, que es el orden existente en la naturaleza.
Asumiendo que los hombres somos seres históricos, y por ese sólo hecho, expulsados para siempre del mundo natural (el Edén, para dogmas como el del catolicismo), el doctor Honoris Causa por la Universidad Michoacana indicó que de esa dicotomía emerge también el doble componente de todo lo humano (“somos pasión y razón al mismo tiempo”).
En este tenor, y para abordar el concepto de revolución desde un enfoque moderno (a partir del cual nuestras sociedades se definen hoy), señaló: “La sociedad ordenada por la razón fue el gran triunfo de los procesos que se dieron en Europa en los siglos XVII y XVIII (cuando comienza la edad moderna con el ocaso de las monarquías y el nacimiento de los estados republicanos). “Desde entonces –dijo–, las sociedades ya no quedaron más sujetas a los caprichos de un soberano; un derecho positivo las inscribió a un orden moderno”.
El autor de El poder y el valor. Fundamentos de una ética política (1997), destacó los tres componentes fundamentales aportados por las revueltas sociales de ese periodo para concebir la noción moderna de revolución: fueron movimientos que respondieron a la voluntad de la razón para imponer un nuevo orden, apoyadas en el poderoso respaldo de las pasiones colectivas; fueron procesos a través de los cuales la imagen del soberano se despersonalizó para ser reemplazada “por el ente ficticio de la voluntad colectiva, cuyo beneficio consistió en que no se identificaba con ninguna voluntad personal, sino con el Bien Común”; también fueron gestas a partir de las cuales los sujetos quedaron sometidos al orden jurídico “es decir: se buscó sustituir la decisión arbitraria, propia de reyes y monarcas, por una regla capaz de responder a los designios de una Voluntad General”. Indicó que estos tres elementos son fundamentales, porque a través de ellos se alcanza una soberanía. “Y la soberanía no puede establecerse sin un orden normativo, heterónomo”.


El doctor Honoris Causa por la Universidad Michoacana escucha la pregunta dedicada al caso concreto de Santa María de Guido.

A la lucha de clases
De esta revisión a los movimientos revolucionarios de los siglos XVII y XVIII, Villoro pasó a los movimientos decimonónicos y a los del siglo XX. Consideró: “Las Revoluciones Socialistas fueron racionales en el modelo de Rousseau, pero buscaron un ideal nacional diferente: aquel capaz de liberar de su opresión a las clases dominadas. Finalmente, también se trató de la concepción de un orden social de validez universal, pues la emancipación de las clases sometidas (la proletaria, la campesina…), significaría la emancipación de todos. Esto imponía, naturalmente, la sujeción a una regla: la de la racionalidad práctica, efectiva, que es la función que aportan la Ilustración del Siglo XVIII y el marxismo del Siglo XIX”.

La regulación del azar
Abundaría: “El elemento racional es imprescindible cuando se piensa en las revoluciones desde la perspectiva del pensamiento moderno, porque la razón introduce orden en el caos, ofrece una continuidad en medio de la discontinuidad; regulación en medio del azar”.
“Y aquí ya no se responde exclusivamente a una noción de Voluntad General, como en Rousseau, sino a la contraposición de clases, propia del marxismo, de la cual emerge el componente de una Voluntad Real: la de las clases explotadas que se sublevan contra el sistema que las oprime. Sin embargo, tanto el pensamiento de la Ilustración como el pensamiento marxista tienen como objetivo último la búsqueda del bien común, que sigue siendo el rasgo que los universaliza”
Villoro concluiría proponiendo que, atendiendo a la dialéctica entre los elementos de pasión y razón implícitos en todo movimiento histórico y privilegiando el imperio de la racionalidad, sería posible allanar el camino a revoluciones capaces de lograr cambios radicales sin necesidad de las orgías de sangre y muertos, de caos y violencia, “siempre y cuando tales movimientos emerjan de la pasión característica del empuje popular, desde abajo, y los caudillos sean capaces de encauzar esas fuerzas con la indispensable inteligencia.

Un pueblo organizado
Durante la sesión de preguntas y respuestas hubo cinco diálogos entre el doctor Villoro y el público. Prácticamente todas las inquietudes se dedicaron al tema de cómo lograr en el México de hoy una revolución que se de en términos pacíficos, en la que el elemento racional sea capaz de imponerse a la mera pasión y sus excesos.
En particular, uno de los asistentes cuestionó a Villoro con un caso muy concreto. Como se dice, con nombre y apellido: el personaje se declaró profundamente indignado por la reciente aprobación, en diciembre, de una iniciativa del gobierno de Leonel Godoy Rangel que finalmente deja en desventaja a los colonos de la región de Santa María de Guido y que además violenta la demarcación ecológica de una Zona Protegida. Inquirió: “en casos como este ¿cómo lograr como sociedad, desde unas bases que están organizadas y listas, demandarle al gobernador de Michoacán que reconsidere una decisión que no beneficia al pueblo?”
Fue precisamente aquí cuando Luis Villoro repuso que “México no vive una democracia sino una partidocracia” (la declaración con la que comienza este post). Añadió: “frente a la necesidad de una revolución, yo apelo a la esperanza de que el pueblo mismo, sin violencia, desde abajo, sea capaz de emprender acciones razonadas pero firmes para conducir a un cambio radical. No será en Morelia donde ocurra, sino donde quiera que haya un pueblo dirigido y organizado”.


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